LA CIUDAD COMO PROTAGONISTA FICCIONAL

Literatura de viajes y espacio urbano

Por: Almudena Mestre


Dentro de la literatura de viajes se puede describir el espacio urbano o el natural. En la modernidad y posmodernidad predomina la ciudad y más concretamente, el papel que juega en función de la literatura. Existe una tentativa de captar y agotar un lugar en la modernidad donde emerge en el XIX Charles Baudelaire, Émile Zola y Charles Dickens. La ciudad se desarrolla alrededor de su centro ejerciendo a su vez como poder de creación. Galdós dibuja a Madrid, Víctor Hugo a París…En la literatura realista, la ciudad ejerce el papel de marco, un escenario que acoge a los personajes y va recogiendo de ella los elementos urbanos; en la literatura post-realista, la ciudad se dibuja como un personaje, a veces se disuelven y se hacen irreconocibles como es el caso de Nueva York en la ciencia ficción en el caso de la novela Cosmópolis de Don Delillo; otras ciudades pierden su soporte real, tal es el caso de Las ciudades invisibles de Italo Calvino.

La ciudad entendida como cuerpo se percibe en El vientre de París de Zola, como sueño la vemos descrita en los relatos de Borges, Cortázar, o en Arthur Rimbaud; como parque temático, como discurso e incluso como mito nos adentramos en las ciudades de París o Venecia. En la obra Muerte en Venecia (1912) de Thomas Mann, el personaje principal, un prestigioso y reconocido escritor, Gustav von Aschenbach galardonado por sus méritos literarios y artísticos enviuda a edad temprana y siente grandes deseos de viajar durante sus vacaciones. Numerosos episodios trascurren para que en vez de llegar a las costas del imperio austro-húngaro desembarque en Venecia y se hospede en el Grand Hôtel des Bains en El Lido. El clima húmedo y cálido de la ciudad empieza a afectar a la salud del escritor y decide irse de Venecia lo antes posible; sin embargo, conoce a Tadzio, un joven polaco que le atrae por motivos artísticos y estéticos y tal es el interés que despierta en él, que decide quedarse en la ciudad. La observación y la persecución que se produce por la ciudad mantienen al lector con la intriga constante hasta el final de sus páginas, haciéndole soñar ante la posibilidad de hacer realidad las fantasías oníricas de la conquista de lo único y absoluto, en una “ciudad anti-ciudad edificada sobre dos elementos antagónicos el agua y la tierra – flotante, inestable, polimorfa y ambigua”. [1] Luchino Visconti adaptó la novela de Mann al cine, haciendo que su protagonista fuera un compositor en lugar de un escritor y se estrenó en 1971 donde el amor quedó patente y reflejado en la ciudad de los canales.

Una Lisboa real aparece dibujada en la obra posmoderna Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi, logrando en la crítica de sus lectores una respuesta masiva a la forma de tratar y diseccionar la ciudad en plena dictadura ofensiva de Salazar, el fascismo italiano y la guerra civil española. Una novela ambientada en 1938 que lleva al protagonista a tomar conciencia y denunciar los crímenes de guerra de la dictadura. ¿Se describe una Lisboa real o ficcional de acuerdo a la “verdad histórica”? Del mismo modo José Saramago reflejó en su novela Historia del cerco de Lisboa (1989) quedando patente la ciudad medieval, la ciudad barroca en Memorial de un convento (1982) o la moderna de la pluma de Ricardo Reis en El año de la muerte (1984), claras ficciones sobre hechos históricos.

El escritor para acercar las ciudades al lector posee tres tipos de espacio urbano donde desarrollar la acción y sumergir a sus personajes: los lugares públicos que engloban las calles, las plazas y los parques; los fronterizos como por ejemplo, los bares y los lugares privados que están formados por las casas donde habitan y viven los personajes. De esa forma, Antonio Muñoz Molina nos acerca a los entresijos de Madrid en una parodia del espacio urbano en su novela circular Los misterios de Madrid (1992). Dentro de esta novela de aventuras aparece el viaje dentro del código narrativo axiológico como forma de conocimiento, descubrimiento e iniciación. El amor, la amargura y el desengaño se perfilan en el rostro del protagonista que viaja desde Mágina (Úbeda) a Madrid y al mismo tiempo, realiza un recorrido o tránsito por los sitios más emblemáticos de la gran capital para buscar las pesquisas de un misterio que le encargan resolver. La Puerta de Atocha abre el escenario a las calles por las que transitar, pasear y conocer. Antes las estaciones eran lugares de apertura en los que era posible entablar conversaciones, despedir a los familiares y relacionarse con la gente. Madrid queda reflejada por Muñoz Molina como una ciudad extraña, llena de peligros, en la cual se siente inmerso el protagonista que proviene de una provincia cuyas costumbres distan mucho de las que ve en la ciudad inventada de Mágina, el espacio ficcional de Úbeda y a su vez, transformarlo en un mito literario. El autor asume que la ficcionalidad de ese extraño lugar de Mágina está en los libros y pertenece a su pasado, a su historia, a lo que él vivió y conoció.

Un lugar de encuentro y acercamiento humano, sin embargo, en el siglo XXI, las estaciones y los aeropuertos son lugares hostiles y peligrosos, enigmáticos donde el ser humano encuentra desarraigo y soledad. El metro es también una réplica subterránea de la ciudad y entraña los mismos peligros, una estructura donde habitan y transitan miles de personas ya sea en Nueva York o en Japón y en muchas novelas son el origen de su trama. En Cosmópolis (2003) de Don Delillo, la ciudad se hace caótica y virtual, abstracta diríase y poco real; es la propia ciudad la que guía al personaje. El céntrico distrito de Nueva York es el centro neurálgico de la acción de la novela; el protagonista en medio de continuos desatinos y avatares con una multitud de personajes decide recorrer de punta a punta la ciudad con el único fin de cortarse el pelo. Aparecen los fantasmas, los medios, las penurias de la vida en medio de una “ciudad atrozmente deshumanizada, en la que existe una extensión generalizada la paranoia, la universalización del terror, y la apoteosis de la violencia”[2]. La visión de la ciudad pues es caótica, una amenaza constante en la que el poder queda una vez más, por encima del propio ser humano y se configura como un recorrido lento y misterioso del protagonista a lo largo de un día transcurrido por una sola calle. La ciudad de Nueva York incita a la violencia, aterra desde un coche blindado desde el cual, “supone una odisea contemporánea que dura veinticuatro horas y supone un corte, una visión de arriba abajo en el momento en el que parece acabar una época de seguridad y empieza otra llena de incertidumbres y miedos en la que nadie puede confiar en nadie”[3].

La ciudad posee diversas connotaciones que fomentan su belleza siendo un ambiente de acogida de sus gentes; sin embargo, en la época medieval también la ciudad era el origen de pestes, enfrentamientos religiosos, lugar de hambre y suciedad. Durante el renacimiento aumentan las descripciones arquitectónicas, principalmente de palacios; en el barroco aparecen los extramuros, las villas, la naturaleza y los jardines privados, los conventos, etc. En el siglo XX surgen los espacios naturales a las afueras de las ciudades como escenario principal (Le Bois de Boulogne, La Casa de Campo de Madrid o El Retiro). En la época moderna surgen ciertos cambios estructurales que afectan a la parte urbanística considerando a las ciudades como un tablero de ajedrez, alrededor del cual, existen calles anchas, arboledas y bulevares. A partir del romanticismo, la ciudad cobra verdadera importancia con Víctor Hugo, véase Nuestra Señora de París en la cual, la catedral es el verdadero personaje de la novela o en Los Miserables, en la que París aparece como ciudad marco. Woody Allen ficcionaliza la capital francesa y la lleva a la gran pantalla en 2015 con su película Midnight in Paris, mediante los «viajes en el tiempo» en los que en esta comedia romántica, el protagonista conoce a grandes artistas y escritores como Pablo Picasso, Gertrude Stein, Salvador Dalí o Ernest Hemingway y consigue que su público fantasee o sueñe.

Orhan Pamuk escritor turco, Premio Nobel de Literatura en 2006, posee una gran devoción y pasión por la vida y la literatura siendo uno de los personajes más polémicos de su patria demostrando una posición cívica ante los derechos humanos, principalmente los problemas armenio y kurdo. Influenciado por Franz Kafka y Jorge Luis Borges su obra se encuadra dentro de la prosa poética en la literatura turca como un fuerte compromiso ético y social.

Es un escritor que busca el alma melancólica de su ciudad natal, encontrando símbolos donde reflejar el choque e interconexión entre las culturas. Y así lo demuestran sus obras traducidas a cuarenta idiomas. Una ciudad de recuerdos, Estambul (2005), una memoria en la que vierte las sensaciones más profundas y los sentimientos que le causaron desde que era un niño aquella ciudad que muchas veces percibía en blanco y negro, la que le provocaba novedad y sorpresa cuando la nieve cubría el barro de sus calles y se percibían los lugares descuidados en un aire de inquietud y desastre. Orhan Pamuk dota a la ciudad de un espíritu introvertido, reflejando su acentuada amargura inherente como si se tratase de una oscuridad ciega y fuerza misteriosa que inevitablemente ha transformado su carácter. Esa sensación de hundimiento del imperio otomano entre las ruinas y la pobreza de la ciudad ha definido al autor de una ciudad envejecida, mezcla de múltiples culturas, razas y pueblos.


[1]  Fernández, Jaime. La ciudad de los extravíos. Visiones venecianas de Shakespeare y Thomas Mann. Madrid: Forcola, 2010, p. 9.

[2]  Cortés, José Miguel G. La ciudad cautiva. Control y vigilancia en el espacio urbano. Akal, Arte Contemporáneo, 2010, p. 119.

[3] Op. cit. p.119

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