IGNACIO ZULOAGA | EL SENTIDO CRÍTICO DE LA ESPAÑA NEGRA

Por: Isabel Rezmo


El atril se asoma de nuevo al lienzo.

Componemos nuestro cuadro este mes en torno al pintor Ignacio Zuloaga.

¿España blanca o España negra? ¿Modernidad europea o esencia celtibérica? ¿Simbolismo o españolada? ¿Las condesas de París o los toreros de pueblo? ¿La efervescente Belle Époque o el rancio 98?

Ignacio Zuloaga perteneció cronológicamente de lleno a la Generación del 98 y fue el pintor favorito de los intelectuales de aquel tiempo, también su amigo, contertulio y retratista. Tuvo gran relación con Unamuno, quien lo defendió con ahínco; también a Regoyos.

Fue amigo de Degas y conoció a Rodin; hablamos de un artista completamente cosmopolita (en 1925 fue objeto de una muy reconocida exposición en Nueva York) que tuvo éxito internacional hasta su muerte, aunque su peculiar interpretación de lo español produjo sentimientos ambivalentes de rechazo y admiración sobre todo, cuando apoyo la guerra civil y al bando nacionalista.

VIDA: Cambios de residencia. Plenitud y reconocimiento

Ignacio Zuloaga

Nació el 26 de junio de 1870 en Eibar.

En 1872, ante el avance del general carlista Lizarraga, que entra y ocupa Eibar, su familia emigra a Francia instalándose en San Juan de Luz, donde permanecen hasta el fin de la guerra. De regreso a Eibar, demuestra desde edad temprana grandes aptitudes para el dibujo.

Su vida se caracterizó por frecuentes cambios de domicilio, que le llevaron a residir en París, Segovia, Andalucía, Madrid y Zumaya. Fascinado por la imaginería popular (tauromaquia, bailarinas de flamenco), más tarde eligió como tema de sus pinturas diversas escenas de la vida cotidiana, a menudo festivas o religiosas, que plasmó con una paleta oscura, fuertes dosis de realismo y un gran sentido dramático. Retrató a damas, escritores famosos y toreros (era muy aficionado a los toros y fue alumno de la escuela de tauromaquia de Sevilla), entre otros.

Expuso en numerosas ciudades europeas, y también en Nueva York y Buenos Aires, lo que proporcionó a su obra una considerable resonancia internacional. Dejó también famosos retratos (Unamuno, Marañón, Falla) y hermosos cuadros de paisajes.

Rompió con el movimiento impresionista que conoció en París y optó por el realismo de la escuela española. Fue copista en el Museo del Prado antes de viajar a Roma en 1884 y un año más tarde a París.

Hace amistad con pintores como, Pablo Uranga, el escultor Paco Durrio, Rusiñol y «la banda» catalana. Asiste a la academia libre de «La Palette» aprendiendo junto a Pierre Puvis de Chavannes. Allí conoce a Degas,Gauguin y Toulouse-Lautrec estudiando la técnica del Impresionismo.

«Rompió con el movimiento impresionista que conoció en París…»

Se interesa más tarde por temas taurinos y andaluces, realizando obras con escenas de costumbres que retratan a la España del 98. Se traslada en el año 1898 a Segovia, donde pinta personajes de Castilla. Su relación con la generación del 98 evoca temas de una España en crisis. La dureza de sus obras sufre el rechazo de la crítica nacional. En obras como El Cristo de la sangre retrata con acritud la idiosincrasia del pueblo español. Rechaza el impresionismo y busca un lenguaje propio en el que predomine la pastosidad y las curvas decorativas del modernismo.

El Cristo de la sangre

En 1902 es declarado socio de la Nacional de Bellas Artes de París. Augusto Rodin le da el tratamiento de “mi estimado maestro”. En exposición conjunta con Rodin, Zuloaga triunfa en Düsseldorf, 1904. Se le abren totalmente las puertas de Europa. En estos años y sucesivos va a ser ensalzado al acudir al Salón de Bellas Artes de París. En 1909 envía cuadros a los Estados Unidos, será la primera de las cuatro exposiciones en que triunfará. La última, de 1924 y 1925, por varios estados de la Unión y, finalmente, la de Cuba es apoteósica. Mientras, es aplaudido en Méjico, Argentina y Chile, ya tiene el gran premio de Venecia, 1903, y el del rey de Italia en Roma, 1911 (Sus paisanos se reúnen con él en Eibar en un gran banquete el 6 de enero de 1912 para festejarlo; los artistas afincados en Madrid lo harán en 1914, celebrando así los continuos éxitos.)

Ha colgado cuadros en los más importantes museos estatales; se los han comprado exigentes coleccionistas; ha sido solicitado para realizar retratos. Sus obras están bien esparcidas por Europa: de San Petersburgo a Budapest, de Berlín a Triste; de América, ya se ha dicho. ¿No es ya universal?

El duque de Alba pide que realice su retrato, el de su esposa y el de su hija; estas series de obras le abren las puertas de la nobleza española. Los potentados de la industria, del comercio, de las finanzas le reclaman. Es el mejor retratista de España.

Esta gloria la saborea viviendo de nuevo en su tierra vasca. Recorrió la cornisa del Cantábrico y cerca de Eibar, en Zumaya compró terrenos para vivienda, museo y taller.

«…su obra fue polémica y discutida en su época, por la crudeza de su dramatismo…»

Junto con Gutiérrez Solana es el representante de la vertiente costumbrista de la pintura de principios del siglo XX, aunque a diferencia de éste, su paleta es más brillante y su visión de los tipos y de las costumbres del campo castellano es menos pesimista, aunque encuadrado dentro de un realismo expresionista.

Gana el primer premio en la Bienal de Venecia de 1938.

Ignacio Zuloaga falleció en su estudio de las Vistillas de Madrid, el 31 de octubre de 1945.

OBRA: Pintor, retratista.

Víspera de la corrida

Víspera de la corrida

Su fama como retratista creció rápidamente en París y de allí pasó a Estados Unidos, donde tuvo una numerosa y acaudalada clientela, y donde expuso sus obras a lo largo de su vida, cosechando enorme éxito por todo el mundo.

A pesar de estos logros, e influido por la ideología de la Generación del 98′ española, volcó todo su esfuerzo e interés en el paisaje y el costumbrismo de las raíces de los campos y las gentes castellanas.

Es por esto que se puede apreciar en su pintura la austeridad en sus paisajes, y la dignidad callada y humilde de su gente.

Las características de esta temática le exigieron unos colores en su paleta que resaltaban los aspectos más dramáticos de lo que conocemos como “España Negra”, que la citada Generación reflejó de forma dura y descarnada.

Es por todo esto que su obra fue polémica y discutida en su época, por la crudeza de su dramatismo, de un realismo y expresionismo casi obsesivo por plasmar en sus lienzos la crónica social de la época.

En los últimos años de su carrera, pintó sobre todo bodegones y retratos de encargo, que restaron originalidad a su obra por ser en su mayoría algo convencionales y reiterativos, considerado por los historiadores de arte, su periodo más notable su producción hasta la década de 1920.

La obra de Ignacio Zuloaga puede agruparse en tres etapas:

1º Etapa: De 1890 a 1898: «La España Blanca», coincide con sus años de formación en Paris y las estancias e inspiración en Andalucía. En esta época tiene dudas sobre su vocación y se forma como torero. Su gran ídolo es el Greco. En sus cuadros pueda apreciarse influencia de los pintores que «corregían» en su Academia de la paleta como Gervex, y Puvis de Chavannes.

2º Etapa: De 1898-1914:«La España Negra» o su consagración como artista universal, coincide con su trabajo e inspiración en Segovia, pintando sus grandes cuadros de composición, especialmente entre 1906 y 1911: Los Torerillos de pueblo, Los Flagelantes, El Cristo de la Sangre, Las Brujas de San Millan, La Victima de la Fiesta… Comienza la «Cuestión Zuloaga» y se convierte en el pintor de la Generación del 98.

3ª Etapa, Desde 1915 hasta su fallecimiento en 1945: La Madurez: El pintor con un estilo propio reconocido internacionalmente se instala entre Paris y su estudio de Zumaia donde pinta la mayor parte de su obra. Cada vez más se dedica a pintar para él mismo: paisajes, bodegones y desnudos. La sociedad internacional, sin embargo, le reclama como retratista.

En los retratos interpretaba a su manera su personalidad, que plasmaba en el cuadro según su gusto, tomándose todas las libertades que consideraba necesarias en cuanto al parecido. Esto le supuso algunos conflictos con personajes famosos – como su célebre altercado con el famoso concertista Paderewski, empleado para fines publicitarios por la empresa de pianos Steinway – que no les gustaba el resultado.

Al pintar paisajes, incluso manipulaba aún más la realidad, cambiando de sitio, eliminando o añadiendo elementos para conseguir su objetivo: plasmar lo que consideraba esencial, aquello que es más característico e imperecedero.

Miguel de Unamuno escribió: «… la visión de los cuadros de Zuloaga me ha servido para fermentar las visiones que de mi España he cobrado en mis muchas correrías por ella… Contemplando esos cuadros he sentido lo mucho que tenemos de lo que queda y lo poco de lo que pasa».

Ortega y Gasset impresionado por sus cuadros y la fuerza que trasmitía, escribió: «Con los cuadros de Zuloaga penetra en las exposiciones un siroco, no sería extraño que los demás lienzos se separaran, se resquebrajaran, se abarquillasen, se desprendieran de sus marcos».

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