JUAN RAMÓN JIMÉNEZ SIMÓN | EL AFILADO PERFIL DEL VERSO

Juan Ramón Jiménez Simón

Decía Pedro Salinas, «la poesía es encontrar la esencia de la realidad, descubriendo el tiempo y sus interrogantes», de este modo descubrimos la poesía de Juan Ramón Jiménez Simón, poeta que nos desvela verso tras verso la esencia de la palabra, como un otoño interminable que se resiste a revelar el secreto último de la vida.

El mes de noviembre se viste de poesía nostálgica en la voz del poeta, Juan Ramón Jiménez Simón. Poeta que posee una voz única dentro del mundo de la lírica actual y que nos emocionará en cada uno de sus versos.

Juan Ramón Jiménez Simón (Sevilla, 1972) es licenciado en pedagogía por la Universidad de Sevilla, doctor en ciencias sociales (área de pedagogía social y laboral) por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y diploma de estudios avanzados en Sociología por la Complutense de Madrid. Desde 2000 trabaja en una consultora de recursos humanos como coordinador de orientación y formación.

A partir de diciembre de 2015 se dedica a la literatura. Desde 2016 ha publicado poemas en varias revistas literarias y antologías literarias, tanto de Latinoamérica como de España. En octubre de 2016 publica su primer poemario “Los que son en tu daño”, de Bohodón Ediciones. Es colaborador de la Revista Literaria Resonancias, y miembro de la Asociación de Escritores y Artistas de España. Participa activamente con sus poemas en las redes sociales.

«Cuando era pequeño jugaba con las palabras desde el silencio…»

Actualmente se halla inmerso en varios proyectos literarios, siendo la poesía la matriz más importante que aglutina a todos ellos.

R.P: ¿Cuándo llegaste a la poesía?

J.R.J.S: Más bien es la poesía la que llegó a mí desde que nací, aunque no fui consciente de su seducción hasta la edad adulta. Cuando era pequeño jugaba con las palabras desde el silencio, y su coqueteo con el sonido, cuál metrónomo que oscilaba entre la curiosidad y el asombro. Todo ello, respetando su magia y su propia capacidad de retroalimentación. Mi vida gira en hacer vivo el lenguaje y que éste permanezca a través del verso. Me apasiona crear arte a través de la palabra. Es ella la que me suscita una imagen y un espacio intemporal, para devolverla con el juego de la metáfora y de la realidad. Para mí, la palabra tiene un poder transformador, pues considero que se apropia de mí, y respira en los trazos con que voy explorándome como persona y poeta. Con la poesía, todo cobra sentido y todo es posible.

R.P: ¿Qué es la poesía para mí?

J.R.J.S: Es difícil definirlo, sobre todo cuando mi interés es dar todo el sentimiento posible a mí creación literaria. La palabra y su estética me seduce constantemente y soy todo para ella. Se apropia de mí, impregnándome de sus intertextualidades y de sus acentos, de sus emociones y de sus bifurcaciones.


POESÍA

Muerte muda.

A veces morir
convoca mi ego,
la fuga del espejo
a contrapelo de tangos,
escondida y lejos
en consolados olvidos
de las últimas hojas,
mírame al mirarme

pero no sabré si soy
sola muriendo silencio
¿quién soy en salida
y en frío desarbolado
que gotea lo que nadie
sabe en mi agua?
Lloraré en el rubro
de una pausa,
la mía.

Silencio privado

La que brilla en el vacío
sea el temblor del beso, lo cercano
tantas veces mirado cuando muere la muerte.
Y ese soplo, una mano en la sangre.
En esa ausencia que regresa por asombro,
entre alturas y bajuras -oído de una lengua-,
es el agua que yace en el viento
que un día es aspirado por otro eco.
En su frente blanca se desliza la carnación
de un piadoso reflejo que sólo la aurícula
destiñe el ocaso del olvido.
Mas el pausado arco desnuda
la liturgia insaciada de una perla
en el abrazo tan sublime del contemplado.
Y aún en su silencio que saboreó la noche
trasluce los regazos deseados
como el temor del aire, en ti disuelto
que se anhela por un alma vacía,
de darse por espléndida escucha.
Desasosiego

No tienen fecha los besos de este hoy
y acaso no es verdad que su fin lo sea.
Ni queda sordas en sus alientos
ni su saliva aguarda la soledad del momento.

Es sólo levadura, solsticio,
lazada de luz cuando se es,
al cerrar los ojos
para buscar tu nombre de tres letras.

Palabras, dinteles alzados,
susurros que han prestado la piel,
los gozosos ríos de mañana
que se dibujan en tus pelos.

Hay un cielo en este instante
detenido de tu piel ,
en los poros de una mirada que te es.

Tuyo y mío,
desde el este al alcor,
la inquietud que  falta
para soñarte sin gravedad.

Gracia.
Vuela el aire,
¿es su vuelo?.
Soy el aire,
su viento,
el soplo suyo.

Pálpito desnudo.

¡Oh azul!,
en el mar
donde muere el respiro
en las esquinas del beso,
que a todos deja,
y lleva, por amor,
el cielo dado.

El testamento de los últimos

Atardece, el incendio esconde

la cercana aurora del desierto.

Frente a frente entre el veneno

que repta por su barro.

Tu cuerpo es el ocaso solemne
que lamenta el rojo esparcido.

Se muere al silencio de las tristes calles

cuando se oye el adiós cercano
cuyo eco se esparce en las sombras,

¿dónde están las alas que navegan
sobre las palmeras y las colinas?,

Si te digo “¿has visto el cielo?”,

gimes ¡cuánta luz antes que sangre
habrá en el susurro de la tierra!

Clamo. Si. Duermo al alba.

De donde sangran las siluetas
se derrumban los postreros labios
en los vientos vacíos,

¿se iluminará la muerte
que avivará el anhelo
de las entrañas del destino?,

¿será hoy mi mañana primera?

Campanas que no han nacido
para nacer en el morir
que resucita al amanecer.

 

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