“TODO LO Q YO EXISTO NO EXISTE”. LA BELLEZA SALVAJE Y LIBÉRRIMA DE LA DESTRUCCIÓN.

Por: José María Herranz Contreras


Le Corbeau es el seudónimo de Víctor Martínez Rodríguez, joven poeta, que usa el nombre de “cuervo” para firmar este su primer libro de poemas publicado por la editorial “El sastre de Apollinaire” (un sello de Legados) en cuidada edición, y cuyo título es “Todo lo que yo existo no existe”. “Le Corbeau” fue una polémica película francesa estrenada en 1943, en plena segunda guerra mundial, que trataba sobre las delaciones y traiciones en la Francia ocupada por los nazis. Más que la traición a los propios principios y la claudicación mezquina ante la injusticia y los tiranos (posible tema de dicha película), “Todo lo q yo existo no existe” alude más bien al “cuervo” de lo funesto encarnado en la parte oscura de nuestra mente (la locura), que nos evoca el trabajo de Edgar Allan Poe y sobre todo de Antonin Artaud, y al carácter irreal de la existencia.

Formalmente el poemario está construido en una prosa poética adecuada al tema y al ritmo del libro, mediante la cual se enfatiza la libertad de la escritura y del mensaje con un cierto automatismo surrealista que indaga, fundamentalmente, en el mundo interior del autor y en las contradicciones de su mente, para intentar dotar de algún tipo de sentido a la propia vida. El espíritu de Antonin Artaud, así como el de Poe, emergen en el libro. La violencia de su escritura golpea al lector con imágenes libérrimas, ecos del teatro de la crueldad que el propio Artaud definió. Con aquel gran poeta, Le Corbeau comparte la disección minuciosa –a veces casi masoquista- de su terrible mundo interior, teñido por la insanidad de la locura.

Ahora bien, todos sabemos que a los artistas nos gusta caminar por el border line de la vida, y ello es así porque transitar los paisajes interiores con la libertad que lo hacemos los creadores –tránsito vetado al común de las personas- nos conduce a esos lugares extremos, casi en las afueras de la razón, donde la verdad y la belleza deslumbran y nos revelan algunos de los secretos de la existencia. Y para muestra un botón:

 

“MIRAS EL PAISAJE q sabes q otra persona lo ha visto tal cual, pq estás en su misma posición, un paisaje q ha visto un millón de veces, y por un momento crees conocer a esa persona.

el conocer a nadie nunca me ha demostrado nada, ya q nunca he conocido a nadie.

pero he observado muchos paisajes.”

 

Rotundo hallazgo lírico, uso del koan tibetano que sume en la perplejidad y la reflexión, la mente como trampa que construye el pensamiento, la irrealidad de lo que vivimos. Tal vez a eso mismo aluda el título del poemario, ya que nuestra visión del mundo no deja de ser una mera imagen de nuestra lucha interior, de nuestros propios demonios, muchos de los cuales, por cierto, desfilan por este libro. Ese aroma que envuelve lo oscuro, lo caótico, arrastra e hipnotiza al lector como ya lo hiciera Isidore Ducasse con sus “Cantos de Maldoror”. Le Corbeau prácticamente no filtra su lírica, y si a priori esto es una ventaja en un primer momento –por lo libérrimo de algunos versos-, también puede convertirse en un problema si no se ejerce algún tipo de control posterior al impulso creativo, como es el caso de algunos poemas prescindibles en este libro –los menos- por lo excesivamente “particulares”.

Destaca en todo el poemario el uso abreviado del pronombre “que” y la conjunción “porque”, al estilo del lenguaje fracturado de las redes sociales, pienso que intencionadamente, al igual que la supresión del uso de mayúsculas al comienzo de las estrofas, aunque respetando los puntos finales de las mismas. El lenguaje de este texto, como el de las redes sociales, es telegráfico, roto, incompleto, como la propia mente en el decurso del libro, a veces con desesperación, pero siempre con valentía, pues el poeta no admite freno ni contención en su búsqueda de respuestas y su testimonio del dolor y la locura. Podría aludir al carácter engañoso de la existencia y a la percepción de lo que es real y lo que no. Podría también mencionar la claudicación ante la insensatez de la vida cotidiana, bien para sobrevivir, bien por nuestra propia mezquindad y cobardía. Todo ello se condensa en los poemas de “Todo lo q yo existo no existe”.

Estéticamente, los poemas en prosa construyen un libro muy hermoso, enriquecidos con tres haikus puntuales hacia el final del mismo. Tengo que destacar que las ediciones de “El sastre de Apollinaire” son impecables y bellas, tanto en su diseño como en la calidad de su contenido. El objeto en sí, el libro, es algo importantísimo también en poesía. Y temáticamente, de forma complementaria a lo ya indicado, Le Corbeau trata muchos y variados asuntos, siempre construyendo el mundo exterior desde el universo interior, frecuentemente por lugares duros de transitar y rechazados por el común de todos nosotros: la declaración de intenciones de manchar el mundo, el caballo de la destrucción, los cadáveres bajo la moqueta –lo que no se quiere ver-, la violencia del Estado y la sociedad, las interrogaciones acerca de lo que se es cuando somos incapaces de identificar nada -¡ah, ese problema milenario que todos los místicos han intentado resolver en sus búsquedas!-, la renuncia a la vida y los disfraces sociales, lo oscuro (el cuervo, la araña, la enfermedad, el carbón de los ídolos), el ejercicio de contemplación-observación a partir de una silla que le permite construir un poema sobre la realidad o la irrealidad de lo contemplado –su apariencia-, la muerte de la moral (aquí también Nietzsche), impermanencia de lo que somos (somos humo q vuelve a su cigarro), el amor como lugar de esperanza al que aferrarse –y su degradación posterior, intencionada-, una bella y dura descripción fracturada de lo que es la entelequia “dios”, miradas fugaces y atroces al rostro de la hidra, la locura, y una final declaración de su trabajo como un minero del tiempo donde renuncia a su propia vida –una vez la ha vivido- y donde afirma que la percepción de las cosas las mata, trae su destrucción. El último poema, ciertamente, es de una belleza fieramente salvaje, pura, libérrima, como no podría ser de otra manera en un poeta auténtico –muy joven- que nos trae evocaciones, como ya he dicho, de Artaud y de Ducasse. Bienvenido al parnaso de los poetas con los que usted nunca estaría de acuerdo, Le Corbeau, yo le saludo. Como no podía ser de otra manera la casa de la poesía le pertenece por derecho propio.


TODO LO Q YO EXISTO NO EXISTE, de Le Corbeau.
El sastre de Apollinaire, ediciones de poesía.
Madrid, mayo de 2017.
ISBN: 978-84-945536-6-0

 

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