MIGUEL HERNÁNDEZ | LA POESÍA NECESARIA

Por: Francisco Escudero Galante

(Gestor del legado literario de Miguel Hernández)

Tercer poemario del Miguel Hernández

“Miguel Hernández demostró que la literatura podía y debía cambiar la vida de la gente, podía dignificarla”. Así reza la voz narradora del documental que recibe a los visitantes en el nuevo Museo “Miguel Hernández / Josefina Manresa” de Quesada, y, ciertamente, no le falta razón. La poesía es una manera de ver y saborear la vida desde el prisma humanístico de las cosas, y como tal, también es una herramienta de cambio emocional y social. Miguel Hernández lo hizo siendo consecuente, en primer lugar, con su entorno natural, dignificando el campo, la huerta y la sierra, y colocando a los pájaros, las cabras, los árboles, la lluvia…. en el primer plano del interés poético, situándolos como los verdaderos protagonistas de la escena literaria. Posteriormente hizo lo propio con su entorno social, dignificando la causa de los trabajadores y colocando su sudor, su cultura de esfuerzo, su nobleza y su humildad como carta de presentación de los que nunca han contado para nadie. Tener unas manos encallecidas y deformadas por la dureza del trabajo era para Miguel motivo de exaltación poética, como así plasmó en su tercer poemario Viento del pueblo. Y, finalmente, fue consecuente con su entorno más íntimo, priorizando su autenticidad como hombre íntegro y su sensibilidad como esposo y padre. Y es en este contexto en el que, por ejemplo, debemos entender poemas tan entrañables como las Nanas de la cebolla, un precioso canto de esperanza en medio de un entorno de muerte. Solo desde la autenticidad, la integridad y la sensibilidad contra viento y marea es posible crear poemas tan bellos.

Este contenido vital lo podemos contemplar en el Museo “Miguel Hernández / Josefina Manresa” de Quesada, del que se cumple el primer aniversario de su existencia a finales del presente mes de marzo. Este espacio cultural ha recibido ya la visita de miles de personas de todas las edades y procedencias, y su impacto en las redes sociales vía internet está siendo sencillamente impresionante, con unas 30.000 personas alcanzadas cada mes solamente en la página de Facebook del museo y 27.000 visualizaciones de vídeos en su canal Youtube. Los comentarios que los visitantes dejan en el libro de dedicatorias son diversos, pero la inmensa mayoría presenta un común denominador que destaca sobre los demás comentarios: la emotividad de la exposición. Y, precisamente, ese era uno de los grandes objetivos que nos planteamos cuando diseñamos el museo: conseguir que fuera, no solamente una muestra informativa sobre el poeta, sino también pedagógica y eminentemente emotiva. Queríamos que el visitante saliera del museo con el corazón en un puño y con una lección aprendida: que la educación y la cultura son los ejes que hacen progresar a los pueblos y nos empujan a convertirnos en hombres y mujeres libres, con criterio propio. Por esa razón, cuando algunos se asoman a esta ventana cultural esperando obtener una respuesta exclusivamente relacionada con la rentabilidad económica del museo, me lleva a pensar que han entendido muy poco de lo que aquí se cuece y de lo que aquí nos jugamos. La inversión en educación y cultura es la mejor inversión posible, porque no hacerla sale carísimo y su consecuencia la pagamos durante toda una vida. Miguel Hernández así lo entendió, y dedicó su vida a formarse de manera autodidacta, con un empeño permanente por la cultura y la educación fuera de lo común, a pesar de los fortísimos condicionantes sociales de su época. Así lo expresaba el propio Miguel en una carta fechada en 1931 dirigida al maestro de las letras del momento, el escritor Juan Ramón Jiménez:

Entrada al Museo Miguel Hernández / Josefina Manresa. Quesada (Jaén)

“Mire, odio la pobreza en la que he nacido, yo no sé…, por muchas cosas…, particularmente por ser causa del estado inculto en que me hallo, que no me deja expresarme bien y claro, ni decir las muchas cosas que pienso […]”.

Pero no se detuvo ante la adversidad, y su empeño por ser un hombre culto y formado, a pesar de no contar apenas con educación académica reglada, le hizo llegar al umbral que la historia le tenía reservado: ser un poeta universal con una obra convertida en una auténtica joya de las letras españolas. Este empeño en aprender y en leer continuamente lo ratifica el propio poeta en la misma carta citada, dirigida a Juan Ramón, cuando dice “Venerado poeta: solo conozco a Vd. por su Segunda Antología Poética, que –créalo- ya he leído cincuenta veces, aprendiéndome algunas de sus composiciones. ¿Sabe Vd. dónde he leído tantas veces su libro? Donde son mejores todos: en la soledad, a plena naturaleza y en la silenciosa, misteriosa, llorosa hora del crepúsculo, yendo por antiguos senderos empolvados y desiertos entre sollozos de esquilas […]”.

Recuerdo una conversación muy cordial que mantuve en 2010, durante la celebración del centenario del poeta, con uno de los cantautores que más y mejor ha divulgado la obra de Miguel Hernández. Me dijo en aquella ocasión: “mira Paco, la literatura española es muy rica, está llena de grandísimos escritores, pero hay un pequeño grupo de diez o doce autores que son fundamentales, y después hay uno que, además de fundamental, es también imprescindible, Miguel Hernández”. Efectivamente, es imprescindible para nuestra formación en valores, esos que nos hacen más humanos y nos ayudan a construir nuestra personalidad. Por esa razón Miguel Hernández es un poeta eminentemente didáctico, cuya obra merece la pena ser divulgada en la escuela entre las futuras generaciones. Es por ello un poeta que no tiene fronteras, ni geográficas ni temporales. Es actual como la vida misma porque, en definitiva, es poesía de la vida.

Vayan al museo de Miguel Hernández en Quesada. Les servirá para aprender y saborear esa poesía de la vida, esos valores formativos que tanta falta nos hacen hoy en día cuando contemplamos cómo la crisis se lo lleva todo por delante, incluso nuestros principios más esenciales como seres humanos.


Info:

Museo Miguel Hernández / Josefina Manresa
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