RENDICIÓN | RAY LORIGA

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


REDENCIÓN
RAY LORIGA
N.º de páginas: 216 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: ALFAGUARA
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788420426860

 

 

 

SINOPSIS

Él es un hombre de campo, ella es su antigua patrona. Viven una vida sencilla en la comarca, aunque, tras unos diez largos años de conflicto, siguen sin conocer el paradero de sus hijos (años atrás se los llevaron a las trincheras para combatir), ni los motivos de la contienda, quienes son los enemigos, el agresor o el agredido. Viven una guerra sin matices: existe y la padecen.

Toda la ciudadanía está aislada: por alguna razón el gobierno ha cancelado las pulseras de comunicación impidiendo de ese modo que las familias puedan estar al corriente si sus seres queridos siguen con vida. Tampoco está en funcionamiento el tradicional servicio de correo por carta al caer asesinado el empleado de la oficina. Entre la gente van brotando roedores o quizá los roedores son traidores que sirven al enemigo: crecen las sospechas entre vecinos, las bajas por delación son tan numerosas como las bajas registradas en el frente. Los enseres escasean y por la tele siguen transmitiendo únicamente divertidos clásicos que casi nadie ve. No obstante, los días transcurren sencillos y rutinarios…

Un día un muchacho de pocas palabras entra en sus vidas. El cariño entre ese pequeño hombre mudo y el matrimonio se fortalece hasta convertirse en una adopción. Cuando la guerra llega a las puertas del pueblo y se ven obligados a huir, le bautizan como Julio y se fugan guiados por las autoridades. Se dirigen hacia la ciudad transparente.

Una vez instalados, él y ella van distanciándose: él, cada vez más inerme hasta la enajenación; ella, cada vez más lejana hasta la traición. Julio sigue sin habla y recibe cuidados en un centro especializado, aunque es motivo de felicidad para ambos.

COMENTARIO SOBRE LA OBRA

Rendición es una parábola con personajes sin nombres, una historia con una guerra como fondo que se desarrolla sin explicación; una narración plana, seca, cuyo lenguaje sobrio, cristalino, desnudo y sin detalles se aproxima al conformismo como quien camina hacia un destino próximo e inevitable.
Heredera de la filosofía existencialista, a medias entre un sueño-monólogo y una pesadilla kafkiana, la historia de Ray Loriga es la de una voz solitaria que nos habla de tú a tú (o de tú a él) y nos mete de lleno en un relato hacia lo absurdo, en un camino literario lleno de resonancias que evocan autores como Orwell, Camus o Salinger entre otros.

La ciudad transparente es casi un paraíso de organización, de armonía, de limpieza y seguridad. Es una ciudad sin paredes, donde no existen tabúes, donde todo se ve, pero nada se mira, y donde hay un orden imperante sin poderío: nadie manda órdenes y nadie las cumple. Todos deciden y nadie es responsable. Nada se oculta, nada está prohibido: todo es de dominio público.

La ciudad es maravillosamente aburrida: no existe la delincuencia, no hay gente sin trabajo o sufrimiento. Todo es paz y alegría, todo es gratis, todos pueden ver, escrudiñar, juzgar constantemente. Todas las facetas de la vida están reguladas, estudiadas y programadas: lo establecido es ley, una dictadura sin dictadores, y quien sale de lo establecido se convierte en un fantasma en su propia tierra. En esta ciudad existe una luz imperante y una felicidad aparente que está por encima de todo.

Rendición entra en nuestras vidas lentamente: el sistema se erige contra nosotros y, a pesar de lo absurdo que pueda ser, no es normal rebelarse contra lo establecido si la ley es igual para todos. Las consciencias están dormidas, no son libres, no calculan los efectos demoledores que tienen la sociedad y la cultura imperante. Tanto en la novela como en la realidad, se ofrece muy poca consideración a las voces independientes, a las opiniones distintas: todos somos borregos caminando hacia el vacío. Las redes sociales son vivo ejemplo del poderío, de la manipulación a la que estamos sometidos, de una entidad colectiva que no está controlada por nadie, pero que terminará por controlarlo todo.

¿Somos realmente ajenos al destino de este protagonista sin nombre?

«Nuestro optimismo no está justificado, no hay señales que nos animen a pensar que algo puede mejorar. Crece solo, nuestro optimismo, como la mala hierba, después de un beso, de una charla, de un buen vino, aunque de eso ya casi no nos queda. Rendirse es parecido: nace y crece la ponzoña de la derrota durante un mal día, con la claridad de un mal día…».

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