NACIONALISMO (I)

Palabras con Historia

Por: Marcos López Herrador


Sentimiento político e ideológico de exaltación de las cualidades propias de una nación, que se pone de manifiesto mediante una intensa devoción por el propio país, al exaltar su grandeza y defender su independencia en todos los órdenes.

Dicho en pocas palabras, el nacionalismo es una manifestación de amor a la nación, por lo que no está de más que definamos qué es la Nación.

La Nación puede definirse como aquel grupo humano, suficientemente amplio, que se identifica a sí mismo como una comunidad uniforme, unida por su tradición, costumbres, historia, lengua, religión, origen étnico o por su territorio, con capacidad real o potencial para decidir su destino con independencia, y cuyos componentes desarrollan un sentido de identidad y pertenencia al grupo, percibiendo a sus miembros como iguales, en tanto que comparten solidariamente intereses, sentimientos y ambiciones comunes, y se sienten diferentes de quienes forman parte de otros grupos. La Nación es la condición previa y necesaria para la constitución de un Estado moderno.

El origen del concepto de Nación lo encontramos a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Es a partir de 1789, con la Revolución francesa, cuando comienza a adquirir su actual significado, al identificarse con el conjunto ciudadanos que han dejado de ser súbditos. Hasta este momento, el rey era el depositario de la soberanía y su reino estaba formado por territorios heterogéneos, que podían pertenecer a la corona de forma permanente o circunstancial y cuyos habitantes no tenían por qué sentirse unidos como parte de un todo. A partir de entonces, la nación sustituye al rey como depositaria de la soberanía, y da homogeneidad a la comunidad que la forma.

En nuestro caso, el concepto de nación surge a partir de la Guerra de la Independencia de 1808 y se consagra en la Constitución de Cádiz de 1812, pero por una curiosa paradoja, España, que, entre 1808 y 1814, había dado prueba de una unidad y de un vigor nacional excepcionales, verá como, a finales del s. XIX, regiones como Cataluña o el País vasco, únicas regiones que presentan un desarrollo industrial de modelo europeo, manifiestan un sentimiento nacionalista propio y quieren transformarse en “estados”.

El resto de España presentaba un perfil de país agrícola y subdesarrollado, a causa fundamentalmente del fracaso de la revolución liberal que puso al país en manos de las clases aristocráticas financieras y terratenientes, situación que vino a agravarse con la desaparición de mercados que supuso la pérdida de las últimas colonias de ultramar, con el desastre del 98.

Los industriales catalanes no perdonaron entonces a la España central y meridional, agrícola y pobre, la debilidad de su poder adquisitivo, reprochándole su situación como derivada de su indolencia y holgazanería, considerando un justo castigo su pobreza, decadencia y ruina.

La burguesía industrial catalana consideraba que los dirigentes de Madrid, aristócratas, banqueros, generales o políticos liberales representaban a las clases no industriales, incapaces de entender el lenguaje del nacionalismo económico. Es entonces cuando los dirigentes catalanes empiezan añorar un pasado bien lejano, al considerar que el mercado español es más restringido que el que la corona de Aragón fue capaz de conquistar en la época de su autonomía y que la convirtió en una potencia mediterránea.

Resulta llamativo que sea una cuestión de mercados y de capacidad de consumo del resto de España lo que subyace en el origen del problema, además de un sentimiento de superioridad de la burguesía, sobre todo catalana, que para legitimar su riqueza apoyaron la cultura, las artes y las ciencias, en contraste con una élite madrileña a la que consideran reaccionaria, dogmática y antigua.

Lo que asombra es que, en poco más de cien años, lo que era un conflicto entre capitalistas y élites locales, haya sido asumido por el pueblo llano, en su propio perjuicio, pues un pueblo dividido y enfrentado nunca es más fuerte, y queda indefenso ante esas mismas élites que están en la raíz del problema.

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