LA MIRADA DEL MIRCEA ELIADE PUESTA EN LA CIUDAD DE BUCAREST SU OBRA “EL BURDEL DE LAS GITANAS”

Literatura de viajes y espacio urbano

Por: Almudena Mestre


El paisaje bucarestino es básico e imprescindible  en la obra Mircea Eliade, sobre todo el de entreguerras. La vida literaria discurre entre los cafés, los bulevares, los jardines, los parques y mansiones, las casonas señoriales en un ambiente sereno y relajado aunque siempre sumergido en una serie de misterios y secretos. Un extraño profesor de música visita un burdel regentado por gitanas que trastornan su existencia.  Tres jóvenes bellas y exuberantes (la cíngara, la griega y la judía) le incitan a averiguar su procedencia a lo largo de una serie de pruebas sumergiéndole en una continua alucinación que alteran su propia percepción de la realidad. Quizás el acierto le hubiera llevado a la felicidad o tal vez el error le hubiera conducido a la confusión.

Bucarest y su paisaje aparece como un espacio mitologizado, un paraíso vertido en lo sagrado y velado por las apariencias. Al lector se le sumerge en el misterio y en el sueño donde los elementos espacio-temporales tienen un valor simbólico.Aparecen numerosas metáforas espaciales llegan a funcionar como instrumento de búsqueda del vivir simultáneo dentro y fuera del mundo, y el espacio urbano se presenta dentro de una geografía mítica. El espacio bucarestino descrito abunda en topónimos reales, los cuales, por reflejo metonímico, amplifican la sensación de autenticidad de lo narrado, produciendo un “efecto de lo real” según Roland Barthes. El espacio no es nada exótico ni pintoresco ni exuberante a lo largo de la coordenada temporal, un fluir de una sola jornada. La obra a través de referencias que se dan en el texto se puede situar cronológicamente entre los años 1834-35 por la alusión a Lawrence de Arabia (p.108).

El burdel de las gitanas

En cuanto a los temas del relato, Eliade nos presenta la salida del tiempo, lo sagrado camuflado en lo profano y el laberinto en el cual se adentra el ser humano. Se han hecho muchas analogías entre los personajes de El burdel de las gitanas y los mitológicos comparando a las tres muchachas con las Magas, seres imaginarios que según las creencias populares rumanas, deciden la suerte de los hombres al nacer o la vieja con Cerbero y el cochero con Caronte en medio de una ciudad agobiada por el calor tórrido del verano de Bucarest.

Los relatos eliadianos se sitúan en un plano contemporáneo y donde todo parece normal y, de pronto, dentro de esa normalidad sucede lo extraordinario a un personaje, sale del tiempo, cambia de plano, pasa de lo profano a lo sacro, sin que nadie lo advierta, incluso a veces ese personaje es incapaz de ver esa irrealidad en la que vive, como el caso de Gavrilescu el de las gitanas que busca toda clase de explicaciones lógicas a su anormal situación de salida del tiempo.

Mircea Eliade, creador impresionante de tipos humanos, sobre todo del encanto, frescura y atracción magnética de la mujer. En su obra se solapan el arte y la realidad, la historia y la ficción y el ambiente de Bucarest cargado de simbolismo profundo en sus casas bucarestinas con jardines verdes. Eliade reivindica el pasado mítico por medio de la verosimilitud de su relato y se introduce en la literatura fantástica pasando de lo real a lo irreal. El folklore y los mitos se convierten en el principal objeto de estudio de Eliade. La concepción de mito en Eliade no es algo imaginario, ideal, fantástico, sino un modo de categorización de lo real expresando una forma de verdad que permanece con la racionalidad moderna.

Bucarest se convierte en una ciudad llena de signos resaltando la experiencia de lo sagrado en medio de la realidad y la trascendencia. Existe una oposición entre lo cotidiano y sobrenatural, una contracción temporal a través de un “eterno presente intemporal” es decir, un eterno retorno, la estructura cíclica temporal es sobre lo que construye la mitología de la ciudad, la estructura cíclica del eterno sagrado.

La ciudad se asemeja a lo fantástico, lo sagrado, lo ilusorio de la realidad visto como un horizonte aperceptivo que sorprende y contradice las expectativas por medio de la intriga que se desarrolla en el relato. Aparecen unidos, lo cotidiano y lo fantástico sumergidos en un mundo real que transita con uno irreal introducido por señales diferentes con cierto sentido simbólico. Se medita sobre el tiempo y la muerte, sobre la realidad que se divide entre lo profano y lo sagrado apareciendo de ese modo, los enigmas encabezados por el cambio de identidad del protagonista.

Entre los espacios naturales de la ciudad aparece los jardines repletos de tilos, ramas frondosas, tupidas, en flor, con el frescor y el aroma hojas del nogal, semejantes a un bosque. Son el símbolo del recuerdo, nostalgia y tristeza que aparece en el autor. En cuanto a los espacios públicos surge el tranvía en el cual aparece el protagonista, Gavrilescu, se siente perdido en el tiempo cuando el cobrador le pide más dinero que la vez anterior que montó (según él hace escasas 4 horas). Se sorprende porque el cobrador y los pasajeros le aseguran que hace años que subieron los precios del tranvía. Se repiten las confusiones y el propio tranvía se convierte en un gemido metálico mediante la personificación que el autor hace de él.

La taberna como espacio público se asemeja a un lugar de conversación, recuerdo y confusión; el carruaje conducido por un agradable cochero simboliza la guía necesaria para salir y volver a entrar en el laberinto con un sentido espiritual y ontológico.

El burdel como espacio fronterizo se convierte con sus prostitutas en un lugar donnde surge la consciencia de Gavrilescu como cúmulo de recuerdos que le crean confusión y opresión al pensar que tan solo ha pasado unas horas en el burdel, pero, en realidad, han pasado muchos años y su mujer ya ha muerto. Es el lugar de tránsito de la vida a la muerte del personaje principal, de lo profano a lo sagrado que el autor nos lo presenta con sencillez y naturalidad donde Gavrilescu pasa al otro mundo junto a Hildegard, su mujer amada.  El Bordei es una especie de choza enterrada en un jardín donde el protagonista tiene que atravesar un espacio intermedio para acceder a él pero en realidad es un territorio que roza lo fantástico con un predominio de árboles, flores y vegetación. Se convierte en un espacio iniciático que le sumerge en la confusión adentrándole en su propio laberinto, el suyo interior y el propio físico del burdel. El interior es un lugar extravagante, fantasioso y con un sentido de irrealidad. La casa del protagonista como espacio privado almacena recuerdos y se convierte en la imagen de la intimidad protegida que de acuerdo a Bachelard, resume la situación del hombre en el mundo. Mircea Eliade centra toda su obra narrativa en los mitos y en la historia de las religiones estableciendo juegos espacio-temporales y analiza las caras más ocultas de sus personajes por medio de una mirada de introspección y misterio.

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