LOS CLÁSICOS EN VERANO

Por: Mohamed El Morabet


—Yo dedico el verano a los clásicos.
—¿De fútbol?
—No, hombre, no. A leer los clásicos, ya sabes.

Con la caña de cerveza a medio terminar, me dediqué a espiar a gusto la conversación. La terraza no estaba muy llena todavía a esa hora y mi cita llegaba tarde.

—Yo una vez me llevé uno de Bécquer a la playa y lo mojó mi sobrino. Ese es un clásico, ¿no?
—Claro, aunque a ese no le leí nada. Recuerdo que nos cayó en Selectividad.
—Yo aprobé en septiembre.
—Tú y casi todo el mundo.
—¿Tomas otra?
—Venga.
—Dos botellines, porfa.
Encendí un cigarrillo y me coloqué bien en la incómoda silla de resina.
—¿Y con quién estás ahora?
—Si ya te lo conté. Desde que lo dejé en mayo con Lucía no quiero más líos.
—Los clásicos, digo.
—Ah, sí, pues empecé a leer Metamorfosis de un tal Olvidio, pero enseguida me rayó.
—¿Pero ese no era de un judío?
—No sé, creo que en esa época no había judíos todavía.
—Que sí, hombre, que sí, ese, ¿cómo se llama, joder?, lo dimos en tercero de BUP o en COU.

Al traerles el camarero los dos botellines, aproveché su presencia para pedir una caña doble.

—Es igual. ¿Entonces te rayó y lo dejaste sin más?

—Lucía dejó libros en casa y los llevo hojeando todo el verano, encontré también uno de San Agustín. Confesiones, se llama.

—¿Y de qué va?
—Todavía no lo he empezado.
—¿Me pasas el otro? A lo mejor me mola.

—Pásate un día por casa y te lo llevas. O por qué no vienes a comer la semana que viene, por si quieres echarles un ojo a los otros y llevártelos también.

—¿Por qué no los vendes?
—Son suyos.
—Si los dejó será que no le importan mucho.
—Ya.
—¿Con quién sale ahora?

—Con el gilipollas ese de su compañero de Departamento. Estuvo en mi cumpleaños, ¿lo recuerdas?

—Cómo lo voy a olvidar. Me pilló por banda en la cocina y me soltó una sarta de tonterías sobre Pompeya y Cartago. Pensé que me estaba tirando los tejos.

—Ese es, el cabrón se las da de leído para ligar, como si eso aún se estilara. No se habrá enterado de que existe el Tinder.

—¿Te viene bien el miércoles? A comer no podré, pero me paso a eso de las seis a tomar una.
—Me mandas un WhatsApp y listo. Y si llevas unas litronas, de puta madre.
—Hecho. ¿Sabes que este año la Liga empieza pronto?
—Lo estoy deseando, tío. A ver si empieza ya.
—A ver a quién ficha el Barça. Con la millonada de Neymar andan sobrados.
—Mientras exista Cristiano, lo llevan crudo.
—Y que lo digas. Este año, a matar.
—O como digo yo y un filósofo inglés: Ser o no ser.

A punto estuve de pedir otra caña doble cuando vi a Lucía saludándome inquieta desde la esquina de la calle. Me mandó de inmediato un WhatsApp: «Te espero aquí. Luego te cuento». Pagué la cuenta y me fui. Jamás me contó nada.

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