CRONOS | GUILLERMO DEL TORO

El Arte sin morir de frío

Por: F. J. Guerrero


No son pocos los numerosos elementos que han convertido a Cronos (1993), la obra iniciática del ilustre director mexicano Guillermo Del Toro, en una indiscutible película de culto. De entre todos ellos, obtiene especial relevancia el tratamiento de sus creadores a ciertas propuestas características del cine de género vampírico. No obstante, Del Toro expone en este film un planteamiento narrativo que, en cierta medida, subvierte gran parte de las convenciones que vienen encontrándose íntimamente ligadas a la pureza de la temática vampírica en relación con la literatura universal que ha abordado dicha figura.

Si nos remontamos a los orígenes del género vampírico en la literatura, debemos fechar en 1819 el año de publicación de The Vampyre[1], relato escrito por el galeno personal de Lord Byron, John W. Polidori. Esta pieza influirá decisivamente, dada su controversia y su repercusión, en la inspiración de posteriores literatos que continuarán profundizando en las corrientes narratológicas y estéticas creadas por Polidori. A saber, Carmilla (1872) de Sheridan Le Fanu, que fue llevada al cine en 1932 por Carl Theodor Dreyer con el título Vampyr, y Drácula (1897) de Bram Stoker, pieza de relevancia monumental que supone un hito en la caracterización general del vampiro como futuro personaje cinematográfico.

El celuloide ha reflexionado sobre la vida y condición del no muerto[2] y ha adaptado las convenciones icónicas que se desprenden de la literatura. Las versiones cinematográficas de Drácula, a las que insuflaron vida Bela Lugosi (Tod Browning, 1931) y Christopher Lee (Terence Fisher, 1958), han perdurado como las más canónicas representaciones del mito y han servido para forjar los elementos que han caracterizado históricamente al cine de vampiros.

Del Toro siempre se ha considerado un gran cinéfilo y un fan del terror. De hecho, aseguró: “Cronos es una película hecha por alguien que creció viendo películas de Terence Fisher y de H. G. Lewis. No he utilizado el género como trampolín y no lo considero menor. Para mí ha sido la mejor manera de expresar mis ideas e imágenes, y opino que la fantasía es una de las formas más elevadas del arte y de la narración”.[3] El analista Steve Beard, a través del magazine Empire, constató con prontitud en Cronos el cariño de Del Toro a dichos clásicos: “This is a wonderfully baroque, gleeful subversion of the days of Hammer. Unique, terrifying”.[4]

Debemos dar por hecho que el director mexicano es, desde tiempo atrás, erudito y conocedor de los códigos vampíricos que han marcado su estética en el cine. Ya desde adolescente, su tutor anticipó su talento: “Guillermo del Toro-Gómez ‘Torito’ o simplemente ‘Memo’, actor innato, cómico natural (…). Impulsó el cine entre los compañeros. Será excelente comunicador porque tiene muchas cualidades. Dicen que el primer cuento que oyó en su vida fue: “Drácula”.[5]

En las representaciones de Polidori y Stoker, los vampiros han sido caracterizados como seres diabólicos, que deben su inmortalidad a un pacto demoníaco y de incuestionable maldad. Presentan un estilo de vida excelsamente aburguesado, de alta cuna, modales refinados y encantadores, así como un gusto hedonista por los placeres y caprichos de la vida a par que por los netamente carnales, con unos caracteres tendentes a la voluptuosidad, sensualidad encantadora y desbocada lujuria.[6] El célebre escritor estadounidense H. P. Lovecraft se refirió al vampiro en estos términos: “His elevation of disease, perversity, and decay to the level of artistically expressible themes was likewise infinitely far-reaching in effect[7]. Del Toro opta por renunciar a la mayoría de aspectos que acaban de ser mencionados y mantiene únicamente las cualidades hematófagas y fotofóbicas más características de estos seres.

El primer dato que se debe mencionar es el modo en que el protagonista, Jesús Gris, perpetúa su condición de existencia eterna. El vampiro clásico requiere de un pacto oscuro con el Diablo, concienzudamente realizado cuando aún es mortal, para obtener la gloria de la vida imperecedera. Sin embargo, en Cronos no se produce dicho pacto, sino que se trata de un desafortunado fenómeno que combina la ciencia con la técnica.

Nuestro protagonista comienza a padecer falta de sueño y una superlativa sed que no consigue saciar por más agua que beba. A esto se le suma el progresivo descubrimiento de la sangre como necesidad para alimentarse. A pesar de ello, Del Toro decide no hacer referencia durante la película a otros males que provocan aflicción a los vampiros, tales como la plata, el agua bendita, el ajo o las imágenes de representación religiosa.[8] El escritor y crítico de cine español Jesús Palacios así argumenta en este sentido: “Cronos es un retablo religioso que se debate, como tantas obras de cierta tradición simbolista y surrealista, entre el paganismo y los misterios del cristianismo”.[9]

Finalmente, encontramos la moralidad del protagonista en Cronos. En otros films como Innocent Blood (John Landis, 1992) y The hunger (Tony Scott, 1983), las jóvenes y sensuales vampiras no se cuestionan la ética de asesinar personas inocentes para satisfacer su necesidad y sus instintos sexuales. Esto no ocurre en el film mexicano, donde Jesús Gris se encuentra en el dilema moral de desangrar a su propia nieta para continuar sobreviviendo o bien aceptar la muerte y acabar con su tormento. En base a la moralidad, la escritora de novelas vampíricas Anne Rice dijo: “La gente que cesa de creer en Dios o en la bondad todavía suele creer en el demonio. La maldad es siempre posible, la bondad es una dificultad eterna”.[10]

En síntesis, la ópera prima de Guillermo del Toro enlaza con la tradición histórica y socio-cultural de la literatura contemporánea vampírica, pero rehúsa en la utilización de numerosos elementos ornamentales característicos de las novelas que otorgan un estatus glamoroso y dionisíaco, quedándose en el hueso de la representación y exportando meramente los registros más primarios y relevantes del hematófago, obteniendo sin objeto de duda una película de relevancia intachable dentro del cine de carácter, fondo y forma vampíricos.

[1] Escrita en junio de 1916, obra absolutamente seminal para el género vampírico que propició la fama de Polidori al convertirse en el padre del vampiro romántico.
[2] El no-muerto es una concepción universal y su origen no se puede delimitar con precisión pues es como si siempre hubiera estado entre nosotros. Según las opiniones de Ken Gelder y el upirólogo Matthew Bunson, el vampiro se instaura como mito enraizado tanto en nuestra cultura como en nuestra historia.
[3] PUIG, Alexis: The great book of the Vampyre, Gidesa, Buenos Aires, 1997. Pág.38
[4] BEARD, Steve: http://www.empireonline.com/reviews/review.asp?DVDID=7482, 6 de Febrero de 2013, [21 de Abril de 2013]
[5] Anuario del instituto de Ciencias, en la ciudad de Guadalajara en 1981.
[6] La iconografía vampírica está plagada de ritos y referencias sexuales: los servicios de las concubinas de Drácula o el acto de succión sanguínea del vampiro chupando el cuello de las víctimas, por ejemplo.
[7] LOVECRAFT, H. P.: Supernatural Horror in Literature, E. F. Bleiler, New York, 1973. Pág.106
[8] El editor Alan Ryan, en su polémica narración Following the Way, presenta concomitancias entre el vampirismo y la doctrina cristiana, llegándose incluso a sugerir la existencia de vampiros católicos.
[9] PALACIOS, Jesús: http://www.kane3.es/cine/el-arte-de-guillermo-del-toro-tauromaquia-racial.php,
26 de Julio de 2007, [21 de Abril de 2013]
[10] Cita de Anne Rice, http://www.pobladores.com/channels/fantasia/La_Boca_del_Dragon/area/16,
12 de noviembre de 2007, [21 de Abril de 2013]

Bibliografía

ANSCOMBE, Roderick: El diario secreto de Laszlo, Conde Drácula, Plaza & Janés, Barcelona, 1994.

CARILLA, Emilio: El cuento fantástico, Editorial Nova, Buenos Aires, 1968.

FROST, Brian: The monster with a thousand faces: guises of the vampire in myth and literature. Bowling Green State University Popular Press, Ohio, 1989.

LOVECRAFT, H. P.: Supernatural Horror in Literature, E. F. Bleiler, New York, 1973.

MARTÍN PÁRRAGA, Javier: La reinvención del mito vampírico en ‘Cronos’, de Guillermo del Toro en Frame, Facultad de Comunicación, Córdoba, 2010, nº6, Pág: 57-67.

OLIVARES MERINO, Julio Angel: Cenizas del plenilunio alado: Pálpitos y vestigios del vampiro en la literatura inglesa anterior a “Drácula”, Universidad de Jaén Colección: Alonso de Bonilla, Jaén, 2001.

PUIG, Alexis: The great book of the Vampyre, Gidesa, Buenos Aires, 1997.

SIRUELA, Jacobo: Vampiros, Siruela Ediciones, Madrid, 1992.


Webgrafía

http://elcinequenuncatedije.blogspot.com.es/2011/05/cronos-1993-de-guillermo-del-toro.html (última consulta, 14-4-2013)

http://www.elojoquepiensa.net/elojoquepiensa/index.php/articulos/155  (última consulta, 14-4-2013)

http://www.kane3.es/cine/el-arte-de-guillermo-del-toro-tauromaquia-racial.php  (última consulta, 21-4-2013)

http://www.pobladores.com/channels/fantasia/La_Boca_del_Dragon/area/16 (última consulta, 21-4-2013)

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