CARLO FRANCESCO DEFRANCESCHI | EL ACORDE POÉTICO

Por: Inma J. Ferrero

Traducción: Elisabetta Bagli


Carlo Francesco Defranceschi es compositor y multidisciplinar. ha crecido dentro del ambiente musical (su madre era contralto), Carlo Francesco asistió al Conservatorio «Giuseppe Verdi» en Turín, donde obtuvo un Diploma de Composición, en Piano y uen Clarinete ambas especialidades con honores. También asistió a clases con algunos de los mejores maestros contemporáneos de composición en Mantua. Perfeccionó su educación musical gracias a un Maestro Nacional de Especialización para refinar su técnica de jazz en Busto Arsizio.

Mientras realizaba sus estudios musicales, Carlo Francesco también se graduó en Filosofía con orientación teórica y lógico-matemática en la Universidad de Turín. Ha sido reconocido en varios concursos internacionales de composición. Desde el año académico 2006/2007, es maestro de música en el Conservatorio ‘Lucio Campiani’ en Mantua y, actualmente, trabaja en varios conservatorios y escuelas de música en Lombardia, Veneto y Sicilia. Durante los años 2017-19, es miembro de la Junta de Edición de ‘ANTONIO SALIERI CRITICAL EDITION’ (https://salieriedition.com/edition-board/).

Además, Carlo Francesco participa también con sus compocisiones en una discográfica conocida y en 2011 algunas de sus composiciones fueron transmitidas por la Radio Nacional de Rusia. Sus composiciones musicales contemporáneas para piano, guitarra clásica, viento y conjuntos de cuerdas han sido grabadas por artistas famosos. Según la revista Jazz Italia Notes, en 2006 su cuarteto quedó quinto en el Top Ten de los Italian Jazz Groups. Las obras musicales de Carlo Francesco Defranceschi incluyen partituras para piano, clave, órgano, guitarra, voz y piano, coro, conjuntos de viento, cuartetos, quintetos, sextetos con cuerdas y orquesta (Musical Editions: https://davinci-edition.com/ – http://www.vallegiovanniedizioni.it/ – http://www.sinfonica.com/ – http://www.delcamp.org/)

«Creo poco en las inspiraciones místicas…»

R.P: ¿Cómo empezaste con la música, existe alguna tradición en tu familia

C.D: Desde niño. Mi madre es un contralto lirico y mi padre un ingeniero, pero un buen guitarrista de Jazz.

R.P: ¿Qué hizo que te decantaras por el piano como instrumento y más tarde por la composición?

C.D: Toco muchos instrumentos. Lo primero que hice fue estudiar composición, e incluso después del curso académico y la enseñanza en los Conservatorios, continúo estudiando constantemente.

R.P: ¿Sientes una gran responsabilidad a la hora de escribir una obra nueva?

C.D: Quiero que sea técnicamente impecable. Cuido cada detalle. Creo poco en las inspiraciones místicas; estoy convencido de que uno solo puede dar lo que uno posee. Por lo tanto, privilegio la investigación y el estudio, a través de los cuales se obtiene la máxima libertad creativa.

R.P: Aparte de esto, suponemos que también tendrás la preocupación de que tu obra quede para el futuro, ¿o no te preocupa en absoluto?

C.D: El mayor deseo es que tu propia arte permanezca para las generaciones futuras. A menudo sueño con que dentro de 200 y 300 años un joven pianista de un país pequeño y lejano se enamore de mi música. Por lo tanto, el compositor podría pecar incluso después de su muerte.

R.P: ¿Crees que para la comunicación en una obra musical es necesario que haya elementos que sea fácilmente distinguibles, como una melodía o un patrón que se repita?

C.D: Sí, fue el caso del genio de Mozart. Para diseñar música técnicamente compleja, escondiéndola admirablemente y transportándola a través de frases melódicas pegadizas y reconocibles para el oyente no es una tarea fácil, pero es el secreto del gran compositor: hacer crecer al público musicalmente, atrayéndolo con una sabiduría artística desviada, pero benigna.

«La música debe dirigirse a todos….»

R.P: ¿Consideras, pues, que en la actualidad se ha llegado a una saturación en cuanto al lenguaje de vanguardia y por ello no se tiene una necesidad obligada de innovar en el lenguaje como en los años 60 y 70?

C.D: El lenguaje siempre estará en movimiento. Sobre todo en lo que respecta a la compleja investigación armónica y al hábil movimiento de varias voces, se puede construir mucho, tomando del pasado, pero con nueva libertad creativa. La armonía es el aspecto más complejo de la Música, donde se encuentra el genio del Compositor.

R.P: Muchos compositores actuales escriben música para músicos, ¿Es quizás una música comparativamente mucho más complicada que la que escribían Mozart o Beethoven en su época?

C.D: La música debe dirigirse a todos. Pero no por esto, debe reducir su nivel de complacencia inútil y la consiguiente decadencia. Por el contrario, los músicos deben dedicarse a educar y a aumentar continuamente la sofisticación y el refinamiento de la escucha, para acercar la Música contemporánea al público en general.

R.P: En tu opinión ¿Crees que existe un desapego de la sociedad con la música de hoy día?

C.D: Sí. A diferencia de hace 100 años, nuestros abuelos y bisabuelos, incluso si no hubieran estudiado música, conocían la Ópera. Debemos dedicarnos más a educar y a afinar el oído para escuchar la música que evoluciona, ya que de evolución natural se trata, en una aparente complejidad que se traduce en educación a la Libertad. Para elegir, debemos crecer sabiendo.

R.P: En la actualidad ¿Se escribe música para músicos?

C.D: Muchas veces sí, y me atrevo a decir que, a veces, se escriben partituras de dudoso valor estético.

R.P: ¿Piensas, por tanto, que cuando se escribe música hay que escribir pensando en el público también?

C.D: Sin duda. La música es comunicación de emociones. Sin la emoción del público, no existe y pierde de todo significado.

R.P: ¿Escribes música para ti mismo?

C.D: Sí escribo música también para mí. Como juez estricto que soy también hacia mí mismo, debo ser el primero en emocionarme por mi música. Solo de esta manera sabré sinceramente que también puedo entusiasmar a los demás que la escuchen

R.P: ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

C.D: Después de 200 composiciones musicales publicadas para diferentes “ensembles”, hasta para la orquesta sinfónica, estoy completando, bajo comisión, mi primera Opera lirica, con un folleto complejo e intrigante. Once personajes, dos coros y orquesta. Un gran esfuerzo, al que me dedico con mucho orgullo.


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