EDGAR DEGAS | EL REALISMO ARTÍSTICO

Por: Isabel Rezmo


Proverso abre este mes  su sección EL ATRIL con Edgar Degas.

Dibujante, escultor y pintor transformado al realismo contemporáneo con ribetes de impresionismo, por convicción. Virtuoso en la técnica académica clásica, pero moderno en su búsqueda de imágenes. A menudo se le nombra como uno de los fundadores del Impresionismo, pero queda claro que no pertenece al reducido grupo de «impresionistas puros», como Monet, Pissarro o Cézanne.

Degas es uno de esos pintores con un estilo único, especialista en captar el movimiento del cuerpo, hasta un punto casi obsesivo: más de la mitad, unas 200, de todas sus obras están ambientadas en el Ballet, de ellas el 80 lo muestra tras bambalinas. Sus retratos son muy apreciados por la complejidad psicológica y sensación de verdad que transmiten.

A finales de la década de 1880, Degas comenzó a desarrollar una gran pasión por la fotografía. Retrató a varios amigos, muchas veces bajo la luz de lámparas, como en su retrato doble de Renoir y Mallarmé. También fotografió bailarinas y desnudos, los cuales fueron utilizados como referencia para varias de sus pinturas y dibujos.

VIDA DEL ARTISTA

Primogénito de una adinerada familia parisiense, Degas abandonó tempranamente los estudios de Derecho en la Sorbona para dedicarse a la pintura. En 1855 entró en el taller de Louis Lamothe, discípulo de Ingres, donde adquirió una sólida formación académica. De 1856 a 1859 viajó por Italia copiando a los maestros renacentistas, descubriendo  la pintura de Signorelli, Botticelli, Rafael.

En 1860, realiza la obra Jóvenes espartanas provocando a los jóvenes (Londres, National Gallery) de inspiración neoclásica, pero innovadora en su composición. En 1862 realiza su primera pintura moderna La familia Bellelli (París, Museo de Orsay), donde la inspiración realista es evidente. Frecuenta los cafés, y es allí donde conoce a  artistas como Monet, siendo uno de los primeros en interesarse a las estampas japonesas que el grabador y amigo suyo Bracquemond había introducido en París en 1859. Aquellos años marcaron la explosión del Impresionismo y Degas participó en la primera exposición del grupo (1874). Sin embargo, sus obras se alejaban de la poética de sus amigos. Las pocas escenas que Degas realiza al aire libre tienen lugar en el hipódromo captando el rápido movimiento de los caballos y creando efectos atmosféricos sorprendentes.

«Se veía a sí mismo como un pintor realista o naturalista…»

Degas fue en cierto modo un antiimpresionista. Se veía a sí mismo como un pintor realista o naturalista, y su veneración por el dibujo acabado de Ingres marcó toda su producción. Por otra parte, se centró principalmente en el estudio del cuerpo humano y nunca estuvo interesado, como lo estuvieron los impresionistas, ni en la pintura de paisaje al aire libre ni en captar las condiciones atmosféricas cambiantes. Compartía, sin embargo, con ellos la influencia de la nueva técnica de la fotografía y de los recién descubiertos grabados japoneses, así como el interés por la captación del movimiento. Las variaciones sobre un mismo tema, como las bailarinas, que repitió tanto en pintura como en escultura, son una muestra de esa obsesión por observar y reproducir el ritmo y las posturas de personas y animales. Como a los impresionistas, a Degas le interesó especialmente la realidad de la vida urbana de su entorno; así la ópera, el teatro, el café-concierto o las carreras de caballos fueron temas constantes en su obra.

A pesar de que Degas fue un verdadero virtuoso en todas las técnicas artísticas, a partir de 1870 comenzó a utilizar principalmente el pastel, en el que destacó como un verdadero maestro. Esta técnica, tan de moda durante el siglo XVIII, había caído en desuso hasta que fue recuperada por los impresionistas. A Degas le abrió infinidad de nuevas posibilidades y le permitió agudizar la representación del movimiento y la fugacidad de sus escenas.

Durante su vida, la recepción pública de las obras de Degas osciló entre la admiración y el rechazo.  Su carrera artística terminó prácticamente en 1912, cuando deja de trabajar y es obligado a mudarse debido a la demolición de su residencia en Victor Masse.

Debido a su aislamiento social, Degas nunca estuvo casado y vivió las últimas décadas de su vida solo, casi ciego debido a la enfermedad ocular que se le había desarrollado a través de los años, solitario por las calles de París hasta su muerte en septiembre de 1917.

“He sido, o parecido, duro con todo el mundo porque me dejé llevar por una especie de brutalidad que nace de mi desconfianza en mí mismo y mi mal humor. Me he sentido tan mal equipado, tan suave, a pesar del hecho de que mi actitud hacia el arte me pareció tan justa. Yo estaba indignado con todo el mundo, y sobre todo conmigo mismo”.

OBRA: RENOVACIÓN Y MODERNIDAD

Edgar Degas ha sido uno de los pintores que ha renovado de forma más profunda el tema de la pintura, instaurando una verdadera visión moderna de la realidad.

Degas se interesa poco a la pintura de paisaje que le aburre y se dedica exclusivamente a las escenas de interior que representa con encuadres cada vez más innovadores (La Oficina de algodón en New Orleans, 1873); el mundo del teatro, los cantantes, los músicos y las bailarinas son temas recurrentes en su pintura. El artista representa las bailarinas en pleno ensayo estudiando el movimiento puro de los cuerpos y más tarde, convirtiéndolos en la esencia del color vivo e intenso. A partir de 1871, las bailarinas se convertirán en los únicos personajes de sus pinturas mientras se entrenan en la sala de ensayo o detrás de la escena, mientras se preparan para su entrada. Nos transmite con realismo y naturalidad los gestos de las bailarinas, incluso los menos agraciados y poco femeninos, para hacernos comprender que son como todas las otras chicas y la gracia y elegancia que el público admira son fruto de entrenamientos largos y tediosos:

“Me llaman el pintor de las bailarinas. Ellos no entienden que el bailarín ha sido para mí un pretexto para pintar hermosas telas y la representación del movimiento. “

También representó humildes trabajadoras en su entorno laboral como las planchadoras (Dos planchadoras, 1884), las modistas y todo tipo de figuras femeninas: Como   artista figurativo condenaba los temas académicos, interesándose de modo especial al ocio de la alta burguesía, de forma especial a la ópera y las carreras de caballos. Pero no se mostraba indiferente a los problemas sociales uniéndose así  a la corriente realista; el trabajo de las planchadoras, sumidas en una atmósfera húmeda y poco saludable, es como la otra cara de las escenas de fiesta de Renoir. Después del viaje a Nueva Orleans (1873) Degas comenzó a inspirarse en la vida cotidiana y austera de  estas  lavanderas, camareras y costureras en sus modestas viviendas.

«…no se mostraba indiferente a los problemas sociales uniéndose así  a la corriente realista…»

Se dedicó también a la escultura (Bailarina de catorce años  de1880, bronce con un verdadero tutú de tul presentado en el Salón de 1881). De sus estudios al pastel emana una poesía vaporosa, con colores  que serán cada vez más saturados hasta el final de su vida.

Se apasiona por la fotografía, que él considera como una imagen instantánea y mágica. Los críticos han observado en muchos de sus cuadros elementos típicos de las instantáneas fotográficas, como el punto de vista especial, las asimetrías, la disposición de los objetos y las personas, a veces reunidos en los bordes de la composición.

Degas no comparte el interés de los impresionistas por el color y la luz. Más bien, se siente fascinado por el punto de encuentro sutil entre movimiento y equilibrio de las bailarinas en puntas. Acentúa sus gestos y los subraya con toques rápidos. Su forma de distribuir los colores del fondo parece crear una especie de torbellino a su alrededor, como si nuestra percepción visual se viera influenciada por el rápido giro de brazos y piernas, hasta el punto de tener la impresión de que toda la sala se mueve.

Cuando la vista de Degas comienza a declinar, su toque pictórico se vuelve rápido, casi taquigráfico, hasta que finalmente, casi ciego, se dedicará a la escultura en arcilla y bronce.

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