LOS PECES NO CIERRAN LOS OJOS | ERRI DE LUCA

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


Erri De Luca
Los peces no cierran los ojos
Nº de páginas: 128 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: SEIX BARRAL
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788432214172

«Nacer y crecer en Nápoles agota el destino: vaya uno donde vaya, ya lo ha recibido como dote, mitad lastre, mitad salvoconducto». Así podría introducirse la historia de este texto que se desenreda en una tierra convaleciente por las heridas de la guerra y está poblada por ciudadanos cuyo futuro está aún por definir (solo hay dos perspectivas posibles: continuar con la construcción de un difícil porvenir o ir en búsqueda de futuro en el extranjero).

En este contexto, el de la vida costera de unos pescadores en una isla durante los años 50, para un niño el destino es una experiencia, extraordinaria y sencilla, que comienza al cumplir los diez años, una edad que se escribe con dos cifras.

Por ello, las páginas (autobiográficas) de este libro se tiñen de azul por el mar Tirreno; son pinceladas de múltiples tonalidades por el estallido de fuegos artificiales o por los destellos de los botes de pesca (los boquerones al mirarlos se quedan con la boca abierta); son rojas como la sangre o como el color de las conservas de tomate; doradas por el tórrido sol veraniego; blancas y negras por el recuerdo y transparentes por el olor de la sal. El autor presenta un trabajo personal que no es un diario, ni tampoco artificio: Los peces no cierran los ojos es un camino que todos deberíamos recorrer, es la relectura de una parte dormida que llevamos dentro de nosotros mismos, la que nos guio y nos hizo hombres (y mujeres). Cronista de sí mismo, Erri nos regala una prosa poética deliciosa, lírica, profunda, emotiva, sencilla, genuina. Nos invita a un viaje sin nostalgias, el de un hombre adulto que recorre la experiencia de un verano fundacional. En este lapso de tiempo el autor experimenta cambios mayúsculos en su alma de crío (su mente se ensancha por los libros, su intelecto tiene perspectiva por las experiencias) y observa, sin embargo, cómo la cascara de su cuerpo crece con lentitud de árbol. Madurar “a fuego lento” es hervir al igual que un país antes de ser liberado por los americanos. Su cuerpo, proyectado hacia la adolescencia, es un motor que tiene prisa por explotar, por moverse, por correr, por vivir, por crecer. Es un envoltorio que contiene su forma futura: «se mira hacia fuera como presentes adultos, pero encajonados en una talla mínima de zapatos».

La educación de Erri, un niño solitario que anhela ser invisible, es práctica, callejera: vivir es curtirse en una atmósfera mitad violenta y mitad pícara, y luchar contra los elementos es esencial. Los coetáneos son parte de los obstáculos a superar: darse tortas es fundamental, tener cicatrices es hacerse mayor; soportar una paliza es romper su “cáscara corporal”. Los cortes le harían más hombre; el carácter, fortalecido, sería el medio de transporte que le llevaría a la edad adulta; su silencio, frente a la elección de una justa denuncia, le haría un hombre valiente.

Aprender es también una aventura mayúscula y maravillosa: Erri asimila todo aquello que le rodea. En el cine, con su Neorrealismo y su fotografía poética y fulminante, ve su país como espectador a pesar de quedarse dormido a menudo; a través de los libros, con sus páginas liberadoras, se adentra en el mar («Las líneas eran olas, la nariz era la proa») y descubre la palabra amor; a través de las mujeres permanece a la escucha («mis frases escritas no son más largas que el aliento que se precisa para pronunciarlas»). En el colegio se mide a sus coetáneos y compañeros, definidos como la espuma que queda después de la marejada. En su presencia todo se convierte en histeria (chillidos, carcajadas, empujones…) y sus compañeros se convierten en chicos y chicas, en sexos contrapuestos que «exasperan sus diferencias para gustarse».

Sin embargo, la experiencia mayor para llegar a la edad adulta es el conocimiento del amor. Una amiga, una forastera conocida en la playa, es quien le enseña el significado de esta palabra. Ella empieza dándole la mano, y él se enamora de la suya (las manos se volverán caricias). Después se enamorarán sus propias heridas a pesar de que el amor sea peligroso: «se parece a una marejada de ábrego, revuelve el mar por encima y por debajo lo remueve». En definitiva, el amor es un beso que cierra la infancia, una etapa, una parada breve entre varios aislamientos.

Entender el amor es clave para entender todos los libros.

El beso es el fruto del conocimiento y la vida, después, solo será divagación.

Erri De Luca es uno de los escritores más interesantes y más exitosos del panorama italiano actual. Recomiendo su lectura, fluida y sencilla, con una copa de vino y con la compañía del mar.

Cierro mi aportación dejando otra de sus frases que explican en parte el título de este libro: “Se anche tu vedessi quello che vedo io, non chiuderesti gli occhi”. Dejo a ustedes el placer de descubrir su significado.

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