“LA ÚLTIMA VIRGEN JURADA”, DE LEONOR ANTÓN | EL TRÁNSITO POR LA IDENTIDAD, EL DESEO Y LAS EMOCIONES.

Por: José María Herranz Contreras


LA ÚLTIMA VIRGEN JURADA
Leonor Antón.
Autoedición digital, 2015. Disponible gratis.
Página oficial
Sitio Wix

Leonor Antón es una joven artista creativa multidisciplinar, escritora, novelista y poeta. Nacida en Cartagena, ha vivido en Barcelona, Santiago de Chile y actualmente en Madrid. A fecha de hoy ha publicado 14 obras en diversos formatos, tanto impresos como digitales, y es muy activa en redes sociales, twiteer, instagram y facebook, disponiendo de canal propio en youtube. Ha realizado también numerosas performances, conciertos poéticos y participa con regularidad en slam y jam sessions de poesía. Estamos, pues, ante una artista polifacética integral, de carácter multidisciplinar.

“Leonor Antón ejemplifica el momento actual de crisis de los medios impresos editoriales…”

Leonor Antón ejemplifica el momento actual de crisis de los medios impresos editoriales y su transición hacia un nuevo modelo digital, siempre en pugna con los derechos económicos y retributivos de los autores en las nuevas plataformas, y visibilizando el problema del maltrato endémico nacional –sempiterno- hacia los artistas que intentan no ya vivir, sino sobrevivir, de su trabajo, en un país que desprecia y odia –sobre todo los sectores más conservadores y reaccionarios- la cultura, y por ende, a sus mejores artistas, que frecuentemente obtienen más reconocimiento fuera de España que aquí. Víctima de una estafa con una editorial que iba a publicar el poemario objeto de esta crítica, “La última virgen jurada”, decide autopublicar y difundir gratuitamente en la red gran parte de su obra escrita hasta ese momento en formato digital. Actitud rebelde, coherente, y muy encomiable, pues pone de manifiesto, repito, el maltrato sistemático del sistema cultural de este país que menosprecia, condena al ostracismo y a la pobreza, a sus mejores artistas y creadores. El propio estado debería subvencionar, mantener, fomentar y difundir la labor de tantísimos poetas, escritores, músicos y artistas en general, a fin de elevar el nivel cultural y de conciencia de su ciudadanía, pero esto que estoy diciendo es una completa utopía en el sistema seudodictatorial de los mercados “democráticos” que padecemos en el primer mundo, el desarrollado. El dinero –el privado, y sobre todo el público- debería también servir para eso. Lo único que aquí se paga y subvenciona por parte del estado y los medios son televisiones, radios y periódicos digitales o impresos sectarios, ultraconservadores, que lo único que forman son ciudadanos zombis, sumisos al orden establecido y con un nivel ínfimo de conciencia crítica y nula formación humanística. Es el sino de estos tiempos oscuros, una suerte de Medioevo Digital Plutocrático.

Y por si esto fuera poco, la radicalidad y coherencia de esta magnífica poeta va mucho más allá, porque las cuestiones de género e identidad son puestas de manifiesto por Leonor Antón en muchas de sus obras, especialmente en la que nos ocupa, “La última virgen jurada”. El libro está basado en una realidad que aún perdura –aunque ya se esté perdiendo- en una de las culturas más remotas del llamado primer mundo, Albania, y es el de las vírgenes juradas. En el mundo rural albanés, la muerte del varón de la familia –generalmente el padre- es un auténtico drama en una sociedad en la que mujer es menos que nada en cualquier aspecto de la vida y las costumbres ratifican. Tradicionalmente, ese problema lo suplieron convirtiendo a una mujer de la familia en “hombre”, para que a todos los efectos, se comportara como tal a partir del momento de su juramento como “virgen jurada”, burnesha, adquiriendo todos los privilegios de la condición masculina como cabeza de familia, incluyendo el uso de las armas y el derecho a la venganza, obligándose a realizar todas las tareas y obligaciones consideradas masculinas de cara a su núcleo familiar y social, y comprometiéndose a no tener relaciones sexuales ni hijos en adelante, ya que se transforma en un auténtico “hombre”. Esta realidad sirve a Leonor Antón para construir un sólido poemario que arrastra al lector por los territorios insólitos de una realidad que juega con el género como baza para mostrarnos que ser hombre o mujer es una cuestión casi aleatoria y no ligada en absoluto a la biología –el “género”, en efecto, no está ligado al sexo biológico, ya que es un constructo social y cultural-, y también jugando con el deseo de la figura protagonista del poemario –heterosexual a todas luces, pero transformando en homosexualidad reprimida su afecto íntimo y profundo por los hombres a partir de su juramento como burnesha.

“…arrastra al lector por los territorios insólitos de una realidad que juega con el género…”

El poemario se divide en dos partes que aunque bien diferenciadas –la segunda supone un nacimiento a su nueva condición de hombre, incluyendo la numeración de los poemas- mantienen el tono unitario, pero dramáticamente bien diferenciados ya que el personaje que habla en los versos ama inicialmente su condición y su identidad femeninas, describe íntimamente sus sentimientos biológicos, su rabia y su impotencia ante la opresión de las normas sociales hacia “lo femenino”, y luego cómo se ve impelida hacia una nueva condición masculina, por las circunstancias, y tras el juramento su proceso de adaptación a una nueva identidad, ciertamente nada fácil, pero que acaba abrazando y posteriormente aceptando. Todo ello trufado con una reflexión acerca del terrible sistema comunista que sumió al país en la pobreza y la paranoia de la guerra y la invasión permanente “frente al enemigo exterior” propias de toda dictadura. Ahí es nada. Pues bien, Leonor Antón resuelve este reto magistralmente, construyendo un poemario íntimo, auténtico, creíble y al mismo tiempo reflexivo y muy sugerente, puesto que nos hace pensar y sentir, a través de los ojos de una mujer que se transforma en hombre, y que transita por los claroscuros –nada es blanco ni negro en la vida- de la identidad, el deseo, las emociones, y sobre todo las ventajas y opresiones de los géneros llamados “masculino” y “femenino”. Tengo que decir que me ha cautivado completamente este poemario, es muy original y formalmente se agradece la escritura libre, sin encorsetamiento alguno hacia los metros habituales, sin signos de puntuación ni mayúsculas, con el uso de las cursivas en versos muy concretos y contundentes, y utilizando el lenguaje como la herramienta de construcción de pensamiento y realidad que debe ser, no exento de reflexión ni de análisis, sin abandonar la lírica propia de toda auténtica poesía. Como ejemplos:

si se llevan a los hombres
alguien
tendrá que ser
hombres

O bien:

para qué me enseñaron
a coser
a lavar
a planchar

para qué me enseñaron
a ser
mujer

para qué

para

d sap re er

O bien:

me he dejado crecer
los cuatro pelos repartidos
de mi barba

no fue tan fácil
aprender el golpe en la mesa

O bien:

adquirir ciertos privilegios
a veces
requiere de la propia renuncia
no percibo ya la pérdida

Estamos ante un libro excelente y una autora integral –poeta verdadera- a la que debemos seguir con atención en su ya dilatada carrera artística, puesto que con total seguridad nos seguirá brindando muchas buenas obras que deberían ser reconocidas por la crítica literaria y los medios. Larga vida a la poesía, a nuestra poesía, la de todas y todos, Leonor Antón, porque eres una auténtica poeta, y a tu través la poesía nos quitará las vendas de los ojos y nos iluminará.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2018 Revista Proverso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site is protected by wp-copyrightpro.com

error: Content is protected !!