RAY CHARLES ANTES DE DORMIR

Por: Mohamed El Morabet


El humo de las hierbas amarillas de mi taza se entremezcla con el humo del cigarro consumiéndose en el cenicero mientras escribo esta frase. Escucho Here We Go Again interpretada por Norah Jones y Ray Charles. Me apresuro a fumar más que el cenicero. Sostengo el cigarrillo con los dedos índice y mayor de mi mano izquierda a la vez que tecleo esta misma frase. Ahora el humo ocupa la pantalla de mi ordenador y el timbre de voz de Ray Charles lo envuelve de vida. Se acaba la canción y la lista continúa.

Releo lo escrito y decido seguir. La canción que suena no me gusta y paso la lista. Ahora el dúo lo forman Ray Charles y Diana Krall. Me acabo de acordar que una vez vi a Diana Krall en un concierto cuando empecé a coquetear con el jazz. Creo que sigo coqueteando con él. Siento que nuestra relación todavía no se ha afianzado del todo. Me invaden imágenes de aquel concierto, aunque no me acuerdo con quién estaba. Fue en el Café Central de la Plaza del Ángel de Madrid, y seguramente estaba con alguna chica. ¿Quién era? Lo pienso y miro cómo se llama la canción y me topo con este título: You Don’t Know Me.

Quiero seguir escribiendo a pesar de la fuerza de la ideas que me sobresaltan. Una idea me sugiere que siga canción por canción hasta agotar el álbum y dedicar un párrafo para cada una. Otra idea me advierte de la ligereza de las ideas comunes y me insta a que la idea anterior era una de ellas. Otra idea, creo que la más natural, me fuerza a seguir escribiendo sin cortapisas. Es demasiada presión y enciendo otro cigarro. Pienso que ni siquiera han pasado diez minutos desde el último cigarro, pero esta idea es la más poderosa de todas y mientras la escribo ya tengo en el cenicero el cigarro encendido.

Suena la inconfundible voz de Elton John. Y dejo de escribir. He escuchado la canción entera y mientras lo hacía y releído dos veces lo que hasta aquí he escrito. Sorry seems to be the hardest word. Lo siento, parece ser la palabra más difícil, dice la canción y no puedo estar más de acuerdo. Siento el sabor fuerte del segundo cigarrillo en mi boca y recuerdo mis hierbas amarillas. Doy un sorbo a la taza y la infusión esta templada, tirando a fría. Me alivia inmediatamente el regustillo del tabaco y la lista prosigue su camino. Suena una canción que no me dice nada. El vacío quiere buscar su hueco en este texto y yo no se lo quiero otorgar. Escribo a contracorriente de la vacuidad de la canción que suena. Quiero que se acabe ya y sé que lo hará si me concentro en la escritura y creo que lo hago, porque estoy tecleando cosas que no entiendo mucho pero cumplen con la función que les he encomendado desde que empecé, más o menos, este medio párrafo.

Ahora suena un medio blues que me agrada. No quiero dejar de escribir. Así que no sé quién es el cantante que forma dúo con Ray Charles esta vez. Mi pareja, B. A., me ha interrumpido requiriendo mi atención y le supliqué que me esperara un minuto. Cuando atendí a su llamada me dijo que ya no se acordaba de lo que me quería decir y que había tardado mucho. Y ya que hablábamos aprovechó la oportunidad para recordarme que me quería. El amor sustituye lo olvidado. Seguro que fue más de un simple minuto.

El álbum sigue su curso natural. Son las 22:24 y estoy tumbado en el sofá con el ordenador encima, escribiendo sin mover ni un musculo más de lo necesario para teclear, fumar y beber. En breve voy a dormir. ¿Soñaré con Ray Charles esta noche? ¿O con la desconocida chica que me acompañó a ese concierto de Diana Krall? No lo sé, ni siquiera sé si soñaré. De hecho, llevo mucho tiempo sin hacerlo.

Acabo de ponerle título a este texto y me salió Antes de dormir. Creo que ha sido condicionado por el anterior párrafo. Y en este párrafo quería apostillar que quizás escribo porque ya no sueño. Me refiero a que ya no sueño de noche, con los ojos cerrados y la luz apagada. ¿Será que escribo porque quiero soñar de esta forma? Escribir es soñar, esto seguro que ya lo habrá escrito alguien antes. Incluso habrá quien haya teorizado sobre el asunto. Aun así, me asusta esta última reflexión. Parece una frase sencilla y llana. Escribir es soñar. Sin embargo, presiento que encierra a miles de monstruos despiertos que ni sueñan ni escriben. Monstruos azucarados y con ansias de vivir las pesadillas que habrían de hacerme vibrar. De ahí mi miedo. Y sé que si una reflexión me asusta es porque necesito reflexionarla más tiempo y puede que llegue a crear algo con ella. Un texto, quizá, sobre el sueño y el tiempo que lo precede.

Creo que ya tengo un propósito para ir a dormir. Soñar sobre si escribir es soñar. Y si mañana, al despertarme, me acuerdo de algo lo escribiré. Y si no es el caso, Ray Charles habrá cumplido probablemente con su misión apaciguadora.

Enciendo mi último cigarro y mi infusión de hierbas amarillas está imbebible. Ya me pican los ojos y la lista llega a su fin al igual que el día de hoy. Un domingo remolcado por una lista de canciones hacia un lunes cualquiera.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2018 Revista Proverso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site is protected by wp-copyrightpro.com

error: Content is protected !!