EL ORDEN DEL DÍA | ÉRIC VUILLARD

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


EL ORDEN DEL DÍA
Éric Vuillard
PREMIO GONCOURT 2017
Traducción de Javier Albiñana.
Tusquets editor
Colección: Andanzas
Barcelona, 2018
144 páginas
17,00 €

«El sol es un astro frío. Su corazón, agujas de hielo. Su luz, implacable. En febrero, los árboles están muertos, el río, petrificado, como si la fuente hubiese dejado de vomitar agua y el mar no pudiese tragar más. El tiempo se paraliza. Por las mañanas, ni un ruido, ni un canto de pájaro, nada. Luego, un automóvil, otro, y de pronto pasos, siluetas que no pueden verse». Así comienza este fantástico relato, la narración de un día olvidado por los libros de historia y que, sin embargo, cambió el curso de ésta de forma radical.

EL ORDEN DEL DÍA reescribe un lunes olvidado como muchos otros, un día donde «toda la epopeya de nuestra existencia se reduce a una pantomima diligente». Aquel 20 de febrero 1933, veinticuatro sombras penetraron en el palacio del presidente del Parlamento alemán. Eran el Nirvana de la industria y de las finanzas alemanas. Entre ellos figuraban los dueños de Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Bayer, Telefunken, Agfa y Varta. Sus intenciones e intereses se materializaban en la búsqueda de una estabilidad esencial para su futuro, para vencer la incertidumbre imperante y generar las condiciones ideales para que sus empresas prosperaran. Para conseguirlo había que «acabar con un régimen débil, alejar la amenaza comunista, suprimir los sindicatos y permitir a cada patrono ser un Führer en su empresa». Era una ocasión única para salir del estancamiento. Hitler solo tuvo que intervenir pocos minutos: él sí les ofrecía todo aquello. A cambio sólo tuvieron que desembolsar una cantidad astronómica de dinero, financiar la llegada del nazismo. Poco importaba que la mayoría de las poblaciones europeas, poco tiempo después, descendiera a las puertas del infierno.

La llegada al poder de Hitler fue apoyaba firmemente: el nuevo régimen en pocos años redujo de forma drástica el desempleo, rompió de forma unilateral la deuda a los ganadores de la primera guerra mundial y, gracias también a las expropiaciones de las riquezas judías, pudo generalizar prestamos a miles de familias y generar trabajo invirtiendo capitales en obras públicas. De esta manera la mayoría de los alemanes, salidos de la crisis y del hambre, renunciaron plácidamente a sus libertades a cambio de «una casa, un trabajo y unas vacaciones». Prevaleció el interés de la nación sobre el interés del individuo. El milagro económico alemán de los años treinta permitió emborronar las violencias y los crímenes que se cometieron durante este mismo periodo. Solo citaré algunos hechos: la esterilización de los enfermos mentales, «la noche de los cuchillos largos», las leyes para la salvaguarda de la sangre y del honor alemán (que fue el primer paso hacia el confinamiento de la población judía), el censo de las características raciales, son hechos que nos aclaran y nos certifican los métodos y la violencia nazi. Pese a que su propaganda falseaba la opinión pública, manipulando los informativos de los medios de comunicación en su propio beneficio, el autor remarca que era imposible no darse cuenta de las brutales intenciones nazis. La élite económico-financiera no podía obviar a lo que se enfrentaba. Todo lo contrario: se aprovecharon de ello…

La historia demuestra que las veinticuatro sombras reunidas aquel lunes no solo fueron culpables por omisión en los crímenes cometidos, sino que lo fueron por responsabilidad directa.

Me parece fundamental remarcar algunos hechos particulares:

  1. La compañía Siemens tuvo responsabilidades y apoyó el nazismo con la construcción de las cámaras de gas;
  2. El componente mortífero del gas utilizados para el asesinato de más de un millón de personas, en su mayoría judío, era el denominado Zyklon B, marca registrada y fabricada por la compañía IG Farben;
  3. Gustav von Krupp, director general del grupo Krupp AG (líder en la producción de acero, armamento y maquinaria agrícola pesada) llegó a construir empresas en las cercanías de Auschwitz para utilizar mano de obra esclava, mano de obra judía;
  4. Durante los años del conflicto se calcula que al menos 4 de cada 5 trabajadores de la planta de producción de Volkswagen eran esclavos. Al parecer, el mismo Ferdinand Porsche, su dueño, llegó a tener enlace directo con la SS para pedir directamente esclavos de Auschwitz;
  5. Casi todas las corporaciones afines a Hitler tenían esclavos en sus instalaciones: Bayer, BMW, Siemens, Agfa, Shell, Telefunken, IG Farben, utilizaban mano de obra procedente de Mauthausen, Dachau, Auschwitz;
  6. Las condiciones higiénico-sanitarias y de trabajo de estos obreros-esclavos eran tales que éstos morirían antes de cumplir un año en su puesto de trabajo.

Al terminar la guerra las empresas mencionadas apenas respondieron por sus crímenes. Krupp, por ejemplo, pagó indemnizaciones ridículas a los deportados que sobrevivieron a la esclavitud en sus fábricas. Es más, estas sociedades casi no tuvieron pérdidas. Durante la posguerra, aumentaron su poder con fusiones, salieron renovadas, cambiaron de piel, financiaron nuevos partidos, se fusionaron en nuevas compañías, siguieron ampliando su tamaño hasta llegar a las multinacionales que hoy conocemos. Al parecer son entidades que no tienen responsabilidades, aunque lleguen a manejar nuestras vidas. Sus estructuras no perecen, su poder económico sigue siendo una sombra invisible que está en todas partes. Somos sus clientes, nuestra vida cotidiana es la suya: «son nuestros coches, nuestras lavadoras, nuestras radios, nos iluminan, nos transportan» … siguen manejando el destino de muchos de nosotros.

El trabajo de Vuillard no solo se centra en la reunión entre Hitler y la élite germana: su objetivo es escalecer la atmósfera que prevalece en aquellos años. Por ello nos habla de la política internacional de los estados europeos, en particular de la vecina Austria y de Inglaterra; nos habla de las plásticas falsedades de los vídeos de Goebbels, de la gloriosa marcha del ejercito alemán y de cómo paradójicamente consiguió atascarse, de los movimientos de palacio, etc. Las anécdotas que se hallan en estas páginas son de gran interés, algunas aterradoras, otras divertidas, otras una lección de la historia. Solo quiero recordar la del filósofo polaco de origen judío Günter Anders que, al sobrevivir a la segunda gran guerra, termina limpiando zapatos nazis…

Considero que EL ORDEN DEL DÍA es una pequeña obra maestra de gran valor simbólico, a medias entre una ficción novelada y una eficaz reconstrucción histórica, es una fiel mezcla de talento narrativo con una crónica grotesca y terrible de lo acaecido.

Muy recomendable su lectura.

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