TOYO SHIBATA | EL MILAGRO DE VIVIR EN LA POESÍA.

Por: Tomás Sánchez Rubio


El pasado mes de marzo, Mario García Obrero, un estudiante de catorce años, natural de Getafe, recibió el Premio Félix Grande otorgado por la Universidad Popular de San Sebastián de los Reyes. Se convertía así en el ganador más joven de las -precisamente- catorce ediciones celebradas hasta el momento. Su poemario Carpintería de armónicos, segundo de su autoría, fue elegido entre los ochenta títulos que se presentaron al certamen. Algunos de sus escritos son de lo mejor que he leído últimamente. Nos regala imágenes increíblemente ricas.

En la historia de la literatura contamos con autores precoces de una calidad indudable, cuyo reconocimiento, no ya su afición a escribir, les llegó de manera muy temprana. La narrativa de todos los tiempos nos ofrece frecuentes ejemplos: Mary Shelley, con tan solo veintiún años publica Frankenstein. Anna Frank, comienza con apenas trece años su tristemente célebre Diario. Thomas Mann, nacido en 1875, empieza cultivando el relato breve antes de cumplir los veinte; concretamente “Visión” (1893) fue su primer cuento, publicado en la revista Frühlingsturm, que había fundado con un grupo de amigos. Ernest Hemingway saca a la luz su opera prima, Fiesta, con veinticinco años; mientras que Bret Easton Ellis escribe con veintiún años Menos que cero, y con veintisiete su celebérrima American Psycho. Truman Capote, en 1948, con veintitrés años publica su primera novela, Otras voces, otros ámbitos, con un tratamiento abierto y novedoso de la problemática homosexual.

En nuestro país, y centrándonos en el género poético, tenemos casos como el de Elena Medel, que nace en 1985. Su original poemario Mi primer bikini (Premio Andalucía Joven de 2001) fue publicado en 2002 por la editorial barcelonesa DVD. Por otro lado, han gozado de un merecido reconocimiento autores nacidos en los 90 como: Raquel F. Menéndez (Vallouta, 1993), una de las voces más importantes -y premiadas- de la nueva poesía en asturiano; Guillem Gavaldà (Cerdanyola del Vallès, 1997), cuyo poemario Fam bruta le valió el Premi Francesc Garriga en 2016; Patricia Úbeda (Almería, 1994) quien muy poco tiempo después de darse a conocer a través de las redes, ganó con su libro La casa de las luciérnagas el I Premio Valparaíso.

En el extremo opuesto, tenemos a autores cuya obra se desarrolla durante la madurez. A veces no se trata de “vocaciones tardías”, sino más bien de un reconocimiento demorado en el tiempo. Ejemplos no faltan. Aparte de casos como el de la célebre Laura Ingalls Wilder o Sam Savage, es llamativo el del irlandés Frank McCourt, que no empezó a escribir hasta que se jubiló tras años trabajando como profesor. Su primer libro se publicó cuando tenía sesenta y seis años: Las cenizas de Ángela, novela autobiográfica con la que ganó el premio Pulitzer. Alberto Méndez, si bien relacionado con el mundo litarario durante toda su carrera profesional, ya que trabajó en diversas editoriales, tenía sesenta y tres años cuando publicó su única obra, Los girasoles ciegos, formada por cuatro relatos ambientados en la Guerra Civil española. A José Saramago, que se revela como escritor a los sesenta, con setenta y seis La Academia Sueca le acababa concediendo el Premio Nobel…

Nunca es tarde para hacerse un lugar en la historia de la literatura, para el merecido reconocimiento; de modo que, con frecuencia, una carrera en el mundo de las letras, breve y tardía, termina por ser fecunda y meritoria.

Este preámbulo me sirve para tratar la obra de una escritora japonesa a la que admiro sincera y profundamente, por haber florecido casi al final de sus días, y ser ejemplo de una existencia de plenitud, de sencillez y de amor a la vida…

Toyo Shibata nació en Tochigi, el 26 de junio de 1911, y murió el 20 de enero de 2013, en un hogar de ancianos en Utsunomiya, al norte de Tokio. Tenía ciento un años. Esta poeta empezó a escribir pasados los noventa de edad, motivada por su hijo Kenichi para afrontar un periodo de depresión, y vio su primera obra publicada con noventa y ocho años. Tomando como inspiración la propia experiencia vital y momentos de la vida cotidiana, Toyo Shibata logró construir un pequeño corpus poético que vio la luz en la sección “El poema de la mañana” del diario Sankei. Su primera antología poética, Kujikenaide (cuya traducción sería No te desanimes), se publicó en 2009, logrando vender un millón y medio de copias en Japón.

La obra Recoge la luz del sol con las manos, traducida al español por Keiko Takahashi y Jordi Fibla, y con dibujos de la autora, fue publicada en nuestro país, por la editorial Aguilar, en 2013. Con cuarenta y dos poemas en setenta y ocho páginas, este librito vendió dos millones de ejemplares en su país natal. El prólogo era de Kazue Shinkawa, poeta y compiladora de los poemas para la citada sección “El poema de la mañana” del diario Sankei. Especialmente entrañables -como lo es su delicada poesía en general, por otra parte-, resultan las últimas páginas, que encierran una pequeña autobiografía.

Un año antes de nacer Toyo, un Japón victorioso y hegemónico se anexiona Corea. En 1912 muere Mutsuhito, emperador meiji desde 1867. Le sucedió su hijo Yoshihito (conocido como el emperador Taishō), aunque en 1921 su deterioro mental convirtió en regente a su hijo Hirohito (1901-1989). Antes de la Gran Guerra, con sus bombardeos, su miseria, así como la pérdida inevitable de los seres queridos, tendrá lugar el gran terremoto de 1923, el seísmo más mortífero de la historia nipona, en la poblada región de Kantō… El año de su muerte, 2011, tuvo lugar nuevamente otro gran terremoto, así como un tsunami que arrasó la costa del Pacífico en la región de Tohoku.

Los versos de Toyo Shibata, como afirma la propia autora, nacen de la cotidianeidad, de la vida… Una vida que, llegada casi al final del camino, cobra luminosidad gracias a la poesía y al efecto terapéutico que ésta logra en la propia escritora.

Mis poemas preferidos son “La mañana llega”, “Ventilador”, “Me siento afortunada” y “La familia”. Sinceridad siempre; resignación a veces… Esperanza, sabiduría y vida, mucha vida. Una vida que no acaba con su muerte, sino que continúa en nosotros como lectores a quienes no solo emociona con su amor por los pequeños detalles de su día a día, sino que nos hace conectar, no pocas veces, con la Naturaleza que ama, comunicando finalmente una extraña paz y una visión inusitada de las pequeñas grandes cosas que a todos nos rodean.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2018 Revista Proverso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site is protected by wp-copyrightpro.com

error: Content is protected !!