ANDREA DE SARTO | EL ARTISTA PERFECTO

El Atril

Por: Isabel Rezmo


El atril vuelve cargado de elementos muy interesantes en esta nueva temporada en PROVERSO.

Hoy retrocedemos hasta el siglo XVI y nos envolvemos de una de los movimientos más espectaculares y vitales en la historia del arte y de la literatura: EL RENACIMIENTO.

Renacimiento significa resurgimiento de algo. En este caso significa un nuevo resurgir de la cultura grecolatina que se había olvidado tras la caída del imperio romano. Este movimiento social, artístico y literario surgió en Italia pero se extendió por toda Europa, especialmente en Alemania y España. Supuso un importante cambio social y cultural respecto a la Edad Media. Está estrechamente relacionado con una serie de conceptos:

– Humanismo: movimiento cultural iniciado en Italia que, considerando al hombre centro del universo, dedica sus esfuerzos al estudio de las letras humanas. Estos estudios acaban por extenderse a todas las ramas del saber y configuran una visión del mundo inseparable de las nuevas condiciones socioeconómicas de la época.

– Dignidad del hombre: Centro del mundo y dueño de su destino, lo cual se opone al teocentrismo y al inmovilismo medieval. Estamos ante el individualismo burgués.

– Vitalismo: Se manifiesta tanto en el arte y en la literatura de este periodo como en el esplendor casi pagano de cortes y palacios, con sus fiestas y lujos. Se canta al amor y los placeres en una sociedad muy secularizada y alejada de la concepción teocéntrica de la Edad Media.

– Optimismo: Es una época esencialmente optimista en la que se cree que el hombre es la medida de todas las cosas y es capaz de dominar el universo con sus conocimientos.

– Racionalismo: Será el rasgo dominante de la época. La confianza en el poder de la razón explica el nacimiento de una idea tan fecunda desde entonces: la idea de progreso. La idea de progreso indica que la economía y el mundo material pueden avanzar de forma indefinida y también el hombre en el terreno moral puede alcanzar cotas de humanidad desconocida. Considera que el saber puede hacer mejor al hombre.

– Neoplatonismo: La realidad material no es sino una manifestación del orden espiritual superior, armónico y perfecto, que el hombre puede alcanzar por el conocimiento, el amor, la contemplación de la belleza natural.

– Afán de reformas: La insatisfacción intelectual humanista lleva a proponer profundas reformas, propugnar utopías y, en algunos casos, al escepticismo y al desengaño.

– Revalorización del latín: Se produjo una revalorización del latín, al mismo tiempo que se promociona el uso de las lenguas vulgares. Por una parte, se intenta llegar al máximo de lectores. Por otra, la cultura se va convirtiendo en coto cerrado para los entendidos, los humanistas, y el latín es el idioma apropiado para entenderse entre ellos por encima de las fronteras, pero también el muro de contención adecuado para impedir el acceso a intrusos
Todos estos elementos invadieron no solo la política y la sociedad surgiendo importantes imperios como el Inglés o el español con las figuras clave de Carlos V y Felipe II, si no que llegó incluso a todas las artes: ciencia, arquitectura, literatura, pintura, etc.

Vamos a centrarnos en la pintura renacentista.

La pintura del período renacentista, comenzó a finales del siglo XIII y floreció desde principios del siglo XV hasta finales del siglo XVI en Italia, que en ese tiempo ese encontraba dividida en muchas áreas políticas. Los pintores de la Italia Renacentista, recorrían Italia comúnmente ocupando un estatus diplomático y difundiendo ideologías artísticas y filosóficas.

La ciudad de Florencia en la Toscana se conoce como el lugar de origen del Renacimiento, en especial de la pintura Renacentista.

La Pintura del Renacimiento Italiano se puede dividir en cuatro períodos: Protorrenacimiento (1300–1400), Renacimiento Temprano (1400–1475), Alto Renacimiento (1475–1525), y Manierismo (1525–1600). Estas fechas son aproximadas ya que la vida de cada artista y sus estilos personales traspasaron diferentes períodos.

El Proto-Renacimiento comenzó con la vida profesional del pintor Giotto e incluye a Taddeo Gaddi, Orcagna y Altichiero. El Renacimiento Temprano estuvo marcado por el trabajo de Masaccio, Fra Angelico, Paolo Uccello, Piero della Francesca y Verrocchio. En el Alto Renacimiento destacan Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael y Tiziano. El período Manierista incluyó a Andrea del Sarto, Pontormo y Tintoretto.

Nos vamos a centrar en el último periodo Manierista con la figura de Andrea del Salto.

Pintura Manierista: ANDREA DEL SARTO

La pintura manierista es un estilo artístico que predominó en Italia desde el final del Alto Renacimiento (1530) y duró hasta alrededor del año 1580 en Italia, cuando comenzó a ser reemplazado por un estilo más barroco, pero el manierismo nórdico persistió hasta principios del siglo XVII por gran parte de Europa hacia el año 1610. Se inició en la Roma de los Papas Julio II y León X, y se difundió por el resto de Italia y de Europa.

Hace referencia a aquellas obras que se decían realizadas a la manera de los grandes maestros del Alto Renacimiento. La imitación de las obras de Leonardo, Rafael y Miguel Ángel hace que se produzcan imágenes artificiosas. En cierto sentido, la propia grandeza de esas obras maestras cerraba las vías a la creatividad artística, y a las jóvenes generaciones no les quedaba sino la imitación. Es un arte propio de la época de crisis, tanto económica como espiritual en el medio de la Reforma protestante; los diversos problemas se ven simbolizados en el Saco de Roma en 1527. Los comitentes no son burgueses, sino los aristócratas, mecenas que deseaban complicadas alegorías cuyo sentido no siempre es claro. Resultaba un estilo inadecuado para el tema religioso, por lo que en la Contrarreforma se optó por otras formas más apropiadas.

No se intenta representar la realidad de manera naturalista, sino que se hace extraña, un poco deformada, como un capricho. Los cuadros ya no transmiten el sereno orden y equilibrio del Alto Renacimiento sino que se inclinan por representaciones anticlásicas, intrincadas y complicadas en cuanto a su sentido. Los modelos adoptan posturas complicadas. Se las representa de manera desproporcionada, elásticas, alargadas. La perspectiva es infinita. El manierismo resulta refinado y de difícil interpretación, debido tanto a su sofisticación intelectual como a las cualidades artificiales de la representación. La luz no es natural sino fría y coloreada de manera antinatural, lo mismo que los colores: son extraños, fríos, artificiales, violentamente enfrentados entre sí, en vez de apoyarse en gamas.
A este periodo, pertenece el pintor Andrea del Sarto de quien hablaremos a continuación.

Vida y Obra

Nace en Florencia el 16 de julio de 1486 y muere el 21 de enero de 1531. Por su depurado estilo fue apodado «Andrea senza errori» («Andrea sin errores»). Sarto se formó como orfebre y grabador.

A los seis años Andrea pasa a ser aprendiz de un orfebre, y más tarde pasa al taller de un pintor llamado Gian Barile que, al ver sus grandes progresos, lo envía al taller del más prestigioso Piero di Cosimo.

De 1508 son sus primeras obras, inspiradas directamente de los pintores que le eran más familiares a él y a su amigo Francesco Franciabigio: Fra Bartolomeo y Mariotto Albertinelli, junto al estudio de Rafael Sanzio. Una Piedad de Andrea que se encuentra en la Galería Borghese de Roma recuerda a Fra Bartolomeo ( también podemos apreciarlo en la Virgen de las arpías de 1517) y la Virgen con niño del Palacio Barberini une la sutil delicadeza de Leonardo; otra Virgen con niño, de 1509, une a la solidez estructural de la composición de Rafael una mayor desenvoltura y cordialidad en su representación.

Los frailes del convento de la Annunziata, para completar los frescos empezados en 1460 por Alessio Baldovinetti y continuados por Cosimo Rosselli, que no los terminó, encargan en 1509 a Andrea cinco historias de milagros de san Felipe Benizzi, que finalizó al año siguiente. Estos frescos son de carácter muy descriptivo, un poco al estilo de los de Ghirlandaio en la iglesia de la Santa Trinidad y de Santa Maria Novella, pero renovados en cuanto a su lenguaje, que se decanta más por una atmósfera cercana a Leonardo, y con un ritmo más dinámico.

Viaja a Roma en 1510, lo que le habría permitido conocer los desarrollos pictóricos de Rafael, visibles en la Adoración de los Magos de 1511 y en el Nacimiento de la Virgen de 1514. Su lenguaje formal desenvuelto, de una serenidad narrativa propia del Siglo XV, se enriquece con las matizadas atmósferas y los estilismos propios de Leonardo y Rafael.

En 1514 empieza a trabajar en los frescos monócromos del claustro del Scalzo en Florencia, que completará, con muchas interrupciones, en 1526: una larga experiencia que atraviesa casi toda su obra.

El gran número de dibujos del período siguiente, que dieron la fama al Andrea dibujante, nos lo muestran atento a las enseñanzas de Miguel Ángel, a la singularización de la imagen plástica, como en la Virgen con niño y San Juan niño junto a los rebuscados escorzos de la cara del niño y del brazo tenso de San Juan, representados en un dinamismo frenético acentuado por la fría composición de colores.

Andrea se dedicó al retrato de modo esporádico. Era éste un género lejano a las disposiciones de Andrea, más propenso a la articulación compleja de la figuración. El Retrato de mujer se identifica como su mujer Lucrezia, y en el llamado Retrato de escultor hay quien reconoce a su amigo Jacopo Sansovino, o incluso a Baccio Bandinelli. De esta época es la Disputa de la Trinidad.

En mayo de 1518 viaja a Francia, invitado por Francisco I, para el que ya había hecho en Florencia la Virgen con niño, Santa Isabel y San Juan niño y otras obras hoy perdidas. El lienzo con las virtudes teologales, junto a sus habituales niños, y la granada en primer plano, típica de la cultura florentina de su época con su construcción piramidal y el plasticismo figurativo, tiene una calidad pictórica yesosa, señal de una crisis en la que sus contemporáneos Rosso Fiorentino y Pontormo se inclinarán hacia deformaciones manieristas, mientras Andrea, una vez agotada su vena original, se inclina por la reelaboración de motivos antiguos, confiados con frecuencia a su taller.

Supuestamente por culpa de su esposa Lucrezia, Andrea abandona Francia sin cumplir sus compromisos con Francisco I y está de nuevo en Florencia en 1520.

En sus últimos años Andrea renueva las tradicionales imágenes de las piedades florentinas en sus composiciones de Viena y del Palacio Pitti, esta última pintada para las monjas de San Pedro de Luco, en Mugello, donde Andrea se había refugiado en 1523 para huir de la epidemia de peste que asolaba Florencia. Se inspiró para ella en la Piedad de Fra Bartolomeo.

En la Virgen con niño, un ángel y un santo del Museo del Prado de Madrid, llamada tradicionalmente Virgen de la Scala, la atención del pintor se centra en la definición de un progresivo rigor en la composición: todo ello reafirmando los efectos de la monumentalidad compositiva, que expresan en las figuras una naturaleza sustancial.

Andrea del Sarto hizo una importante contribución a la reforma naturalista del Renacimiento, de su carrera se dice a menudo que fue poco ambicioso, y por lo tanto eclipsado por sus contemporáneos, como Rafael, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel.

Se caracterizó en sus obras por el ritmo, orden, la belleza, la naturalidad, el colorido, la frescura y trasparencia en el trazo.

Actualmente tiene obras expuestas en el Museo del Prado, en el Louvre, y una Última Cena que fue su último trabajo con éxito antes de su muerte. Andrea del Sarto pintó también autorretratos y retratos de su esposa, entre otras personas, que aún se encuentran en los museos de Florencia, sino también en la National Gallery de Londres.

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