ANTONIO PRAENA | MISTICISMO DEL SIGLO XXI

Por: Isabel Rezmo


Después del parón del verano PROVERSO se asoma de nuevo este mes de septiembre, presentando a uno de los mejores poetas que hay en la actualidad.  Desarrolla su trabajo en el ámbito de la poesía, el ensayo y la investigación teológica.

Antonio Praena (Purullena, Granada, 1973) ha publicado los libros Humo verde (Accésit Premio Iberoamericano Víctor Jara, Amarú 2003), Poemas para mi hermana (Accésit Premio Adonáis, Rialp 2007), Actos de amor (Premio Nacional José Hierro, Univ. Popular “José Hierro” 2011) y Yo he querido ser grúa muchas veces (Premio Tiflos, Visor 2013). Premio de poesía Jaime Gil de Biedma 2017, por el libro “Historia de un alma”. Premio Andalucía de la Crítica 2018. Premio de la Crítica Valenciana de poesía 2018.

Actualmente es profesor de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia desde el año 2001. En ella complementa su docencia e investigación con seminarios y opcionales sobre la relación entre teología, cine, poesía y arte contemporáneos. Profesor de DOM2​UNI (Universidad francesa asociada a la Pontificia Universidad St. Tomás de Aquino de Roma​) en su sección española. Ha publicado obras de reflexión filosófica, estética y teológica, así como numerosos artículos especializados.  Poemas suyos han sido traducidos al francés, inglés, griego, italiano y polaco.

La crítica ha caracterizado su obra dentro de diversas categorías, tales como el humanismo, posmodernismo o la  mística.

Hay una sencillez en el trato y en la poesía de Antonio Praena. Una voz envolvente, afable y pausada,  y un deseo en adentrarse en todo su espíritu para comprender  al poeta y a la persona. Poeta y persona que se reúne en un mismo ser y se queda al descubierto en cada poema y en cada libro.

Salida 13

Si una especie de hombres se atreviera
sólo a soñar las cosas que yo he visto,
todos los sueños morirían.
He visto Barbys desvirgadas
entre los guantes impolutos
de un tipo trajeado.
Marquesas y fervientes
regalar pitilleras
con tal de ser tratadas como golfas.
He visto el Maserati de un famoso
en los arcenes de Las Barranquillas
-ya sabéis: salida 13
de la Autovía de Valencia-
buscando mefedrona junto a un chulo
con Wranglers de elastano.
También he visto anillos de brillantes
al fondo de condones
y polvo de kamagra
sobre botines de serpiente genuina.
¿Qué esperabais del arte? ¿Alguna vez
te has preguntado cuántos mundos
se esconden en lo oscuro de este mundo?
Los sueños no podrían respondernos,
porque los sueños son absurdos e idealistas
igual que el niño muerto que llevamos
muy dentro de nosotros.
Y he visto, finalmente, te lo juro
-porque las letras son ajenas a los sueños-
sobre un cuerpo ciclado
con anabolizantes esteroides,
un tatuaje que dice:
“aquí no queda espacio para tanto vacío”.

(Historia de Un Alma, Visor 2017)

Hemos querido acercarnos más a su visión sobre la poesía actual, su trabajo y sus impresiones.

R.P: Buenas tardes, Antonio,  un placer que te asomes a PROVERSO. ¿La poesía sigue siendo un “arma cargada de futuro” como decía Celaya?

A.P: La cita quizás está cargada de demasiado  optimismo, quizás por las circunstancias históricas en las que se basó, de ilusión, de intentar cambiar un presente concreto. En nuestro mundo la poesía ocupa el lugar que ocupa. Yo veo la poesía como “un arma resistente al tiempo”, no pasará nunca.  Me parece más realista no pensar que  la poesía puede cambiar demasiado las cosas; puede poco a poco lentamente las consciencias. Puede ayudarnos a ser más críticos  y por ese motivo siempre  estará presente  y volveremos a ella.    Lo escrito, ahí queda para que cada  conciencia,  en cada momento histórico o circunstancia,  vuelva a ello. Pero hay que ser  consciente que hay que implicarse y comprometerse de  otras muchas  formas para cambiar las cosas, sabiendo que cambian  muy lentamente, siendo difícil y necesitando el esfuerzo de todos.

«…Creo que más que ser un gran lector tienes que ser un buen lector. Hay que leer pero de una manera determinada…»

RP: ¿Crees que hay demasiados poetas y poca poesía? ¿Cómo ves la poesía en la actualidad? 

AP: Veo que hay demasiadas personas que quieren hacerse famosas por la poesía. Me refiero, por ejemplo,  al fenómeno juvenil de las redes sociales. Piensan que la poesía es un juego banal,  sentimental  y decir cosas bonitas. La poesía requiere un tiempo, un aprendizaje, una profundidad personal  y una maduración. Y hay demasiada gente que cree que la poesía es un juego o una forma rápida de hacerse conocido en las redes sociales. Y eso no es poesía. Puede ser un diario íntimo, una forma de comunicación social… El poeta es algo más profundo.  Al igual que en la música y en la  pintura tienes que pasarte años estudiando y practicando miles de horas, la poesía es lo mismo. La gente se engaña con creer que es fácil escribiendo dos versos y ya tienes un poema.

R.P: ¿Cómo llegaste a ella?

A.P: En Estos días me he acordado mucho de cuando era pequeño y escribía … no sé si eran poemas.  Recuerdo la anécdota de mi abuelo: cuando murió llevaba en la cartera un papelito con un poema mío manuscrito. Tendría yo 11 o 12 años. Él lo llevó consigo desde entonces.

La poesía apareció muy pronto.  Siempre sintiendo una necesidad de escribir,  luego, con los estudios y el cultivo de mi vocación, la dejé de lado y me reencontré con ella en serio al final de mis estudios. Creo que eso ha tenido un sentido, porque en medio ha habido una maduración, un aprendizaje que hizo que esa vocación temprana madurara muchísimo más. La poesía aparece cuando quiere.

R.P: Entre la dicotomía de nacer, o hacerse poeta, yo te abro un interrogante que a veces encontramos: la necesidad de la lectura; ser un gran  lector. ¿Para llegar a ser un buen poeta  (aparte de otras aptitudes o de otros elementos) es preciso antes ser un gran lector?

A.P: Creo que más que ser un gran lector tienes que ser un buen lector. Hay que leer pero de una manera determinada, leer empapándose bien, siendo receptivo, crítico y aprendiendo de lo que lees, de los mejores, así como discerniendo lo de menos calidad y fortaleciendo un estilo, un gusto, una capacidad para gustar la poesía y escribir y encontrar tu camino.  Igual que en la música, puedes y debes escuchar música de todo tipo,  pero para ser músico tienes que escuchar determinados autores. Preguntarte cómo, por qué se hizo esta obra. El sentido de esa obra. En poesía es igual. Se trata de oír, escuchar desde una profundidad y desde una inteligencia también. Evidentemente a eso hay que sumarle un don que hay que trabajarlo.

R.P: ¿Autores preferidos? ¿Alguien especial que te haya abierto las puertas completamente hacia este camino?

A.P: Fue determinante Luis Rosales. Luego más actuales Juan Antonio González Iglesias. Cada uno aportó algo, por ejemplo, Claudio Rodríguez: esa ebriedad que él tiene que te da la clave de lo que es lo poético o el vuelo de ese misterio que es la poesía. Por supuesto los clásicos: están ahí y hay que volver a ellos, como a San Juan de la Cruz, Juan Ramón Jiménez, o Cernuda. Cernuda para mí es descomunalmente grande,  imprescindible.

R.P: Seguramente más de una vez te habrán hecho esta pregunta. ¿Es fácil llevar tu doble condición de poeta y religioso? ¿Ves esa convivencia fácil y cercana en todos los ámbitos y en la propia identidad?

A.P: A veces es difícil. Debería ser lo normal y habitual que personas que tienen una vocación religiosa cultiven el arte, la poesía, la oratoria. Si vamos a la historia de la literatura, es así: San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Calderón de la Barca, Fray Luis de León… Pero en estos tiempos que vivimos es extraño que suceda, primero porque para mucha gente del ámbito  cultural, lo que tiene que ver con la religión es un estorbo: no lo valora o lo rechazan de plano; hay muchísimos prejuicios, que yo he vivido en primera persona. En alguna ocasión ha habido quien no ha querido que se cuente contigo en algún foro: “ah el cura aquí no pinta nada…”. La cultura incluso se ha convertido en una herramienta al servicio de una ideología antireligiosa.

Por otro lado, en algunos ámbitos religiosos encuentras un fuerte rechazo y prejuicios hacia la cultura contemporánea. Incluso ven sospechosa mi relación con artistas declaradamente ateas. Para personas con una concepción religiosa muy cerrada, mi forma estar en el mundillo literario es extraña, incomprensible. Parece que mi lugar es exclusivamente el culto o la sacristía. Hay prejuicios también y te preguntan por qué acudes a determinados ambientes.

La Iglesia debe abrirse  más a la cultura como antaño. Y la cultura debe acercarse de nuevo a la fe. Hay una escisión en ambas que aparece a partir  del siglo XIX. Siempre la Iglesia apoyaba la cultura y ésta se apoyaba en ella:   artistas, pintores, músicos, poetas, etc. Acudes al Museo del Prado y no se puede entender la historia de occidente sin el cristianismo o la cultura judeocristiana. Y esa escisión es dramática para ambas, porque la fe cuando llega a la cultura consigue  obras excepcionales y sublimes: miremos, por ejemplo la Capilla Sixtina, o la Divina Comedia de Dante o la obra de Santa Teresa, cientos de miles más -sin exageración-.

Esta ruptura que observamos en la realidad  ha provocado una herida profunda que ha perjudicado  a ambas. La religión se ha quedado encerrada en la sacristía, hemos llegado a veces a una religiosidad muy superficial,  manifestaciones  muy piadosas sin capacidad de iluminar al mundo, el saber, la ciencia, la moral o la sociedad.  Lo ideal es que un sacerdote, no solo “de” misa sino que además  pueda entrar con su obra artística a una sala de conciertos, un museo, o lea sus poemas en un garito a gente que si no fuera a través de eso no iban a ir a escuchar tus poemas. Tienes que ir a ellos, estar con ellos, porque somos ellos también. No hay un ellos y un nosotros separado. Es lo que dice el Papa Francisco, ir al encuentro de la humanidad y no esperar que vayan a ti o a  tu sacristía.

RP: “Historia de un alma”   libro ganador del XXVII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma y del Premio Andalucía de la Crítica otorgado por la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios. ¿Es la historia de muchas almas,  o de un alma vista en diferentes perspectivas? ¿Has plasmado los terribles devaneos de esta sociedad en la que vivimos?

AP: He cogido un personaje o un  alma que puede ser representativo  de lo que ocurre en nuestro mundo. A través de él se representa un alma colectiva. A través de un personaje narras un tiempo, una situación cultural, histórica para que a través de él valerte para recuperar muchas cosas. Representa nuestro tiempo, y nuestra sociedad.

RP: «No existe el amor si no se dice”. Hoy parece que esta frase es necesaria más que nunca.   ¿Hasta dónde somos capaces de llegar por amor? ¿Actualmente nos movemos en un baile que no deja ver nuestros más profundos sentimientos?

«…la cultura debe acercarse de nuevo a la fe…»

AP: Es un verso de  mi libro “Actos de Amor”. Aunque, como debe ser en poesía, su interpretación es abierta, viene a significar la necesidad de comunicación.   Tenemos mucha comunicación pero no tenemos una  comunicación profunda. Tenemos una  concepción del amor muy superficial, muy consumista. Solo sirve el amor romántico, y este es una versión del amor no muy real, o que, al menos, no da cuenta de toda su anchura y su belleza profunda. El amor es un proyecto, una construcción, un camino muy largo y no siempre estamos dispuestos a recorrerlo, aunque nos digamos que sí… El amor es algo muy serio, hay que cuidarlo, trabajarlo. Nos han convencido a través de los medios que el amor  es un estado transitorio, y cuando pasa su etapa de enamoramiento, porque es inevitable y necesario y hasta humanizador, tiene que dar lugar a un darse, comprometerse, un no inhumanp sino hermoso sacrificio que nos lleva a lo mejor de la vida y de nosotros mismos, a un proyecto común. Para ello has de superar etapas en las que sólo se busca el placer fácil y, entonces, ya no nos gusta evolucionar, elegir, donarnos. Entonces, salimos huyendo, rompemos los lazos, o vamos buscando un amor tras otro; vamos buscando el amor verdadero  y no lo encontramos porque no sabemos o no estamos dispuestos a darnos a nosotros mismos. El amor no es solo sentir un efluvio, o que nos adoren y necesiten… es aprender a querer a la persona tal como es y eso nos asusta. Quedarnos desnudos frente a los demás y esa vulnerabilidad nos repele. El amor es paciencia, compromiso, sacrificio.

R.P: ¿Y la belleza? El poeta está obligado a buscarla es un encuentro fortuito?

A.P: La belleza es una opción más y podemos caminar hacia a ella. Pero el poeta no  solo debe buscar la belleza formal o estética. Tienes que inclinarte a cosas que no son tan bonitas a priori. Hay poéticas de la belleza y otras que caminan por otros derroteros, como la poesía social. La poesía tiene también la facultad de expresar cosas que no tienen que ser bellas pero que despiertan la conciencia. El poeta tiene que enfrentarse a la oscuridad y llegar a otras bellezas: moral, espiritual, social… Y los caminos son múltiples. Uno de ellos es la belleza. Por otro lado, hay aspectos que a priori no serían contados como bellos y la poesía, incluso con crudeza y fealdad asimilada estilísticamente, acaba convirtiendo en algo hermoso.

R.P: ¿Cuáles son tus proyectos más inmediatos?

AP: Me gusta dejar  tiempo entre libro y libro,  Historia de un alma me ha desbordado un poco, porque ha sido recibida muy bien, al menos por los críticos, sin yo esperarlo lo más mínimo: tenía miedo de que fracasara porque es un libro muy extraño y provocador. En él,  quería cambiar la relación que tiene el lector con la poesía.    Y ahora estoy en un momento de tránsito, dejar pasar un tiempo, volver a leer. Creo que la poesía te va indicando,  marcando   el momento para volver a ella.  Por eso creo que estoy en una actitud de escucha a ver por dónde va a ir nuevas cosas.

R.P: Para despedirte  quisiera que me dejaras  un pensamiento o reflexión   a modo de conclusión para todos aquellos que se atreven asomarse a la poesía, o que tienen dudas de cómo enfrentarse a ella.

A.P: No nos dejemos obnubilar por la fama facilona, ramplona… Busquemos el contenido y la forma con entusiasmo y esfuerzo. Que los poetas busquemos aportar una voz auténtica. Lo demás son fuegos de artificio que duran dos meses y se olvidan. No buscar lo ramplón, si no construir una verdadera voz y personalidad poética.

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