GEOGRAFÍA DEL EXILIO INTERIOR | BLAS DE OTERO

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


Hablar de Blas de Otero para mi, es regresar a mis días de instituto, a los días en los que Miguel Ángel León (Mi maestro de literatura) se afanaba en mostrarme el camino que llevaba a la senda del verso de la forma más correcta posible.

De mi maestro aprendí grandes cosas que no tienen precio porque no son materiales, y también conocí a los grandes poetas del parnaso español. Este fue el caso de Blas de Otero, recuerdo la lectura casi frenética de “Ancia” a altas horas de la madrugada, cuando todos dormían en casa y el silencio solo se rompía con el tardío pasar de las hojas, y la perpetúo deseo de que aquellos versos no acabaran nunca.

NIÑEZ

Blas de Otero nació el 15 de marzo de 1916 en Bilbao. Dentro del seno de una familia perteneciente a la histórica burguesía vasca, la que se ubica en la orilla derecha de la ría, lugar que siempre fue el coto de la clase poderosa. Su familia se había dedicado al comercio marítimo desde el siglo XIX. Su abuelo materno, fue un reputado médico de Bilbao y el paterno un Capitán de la maría mercante. desde los 12 a los 7 años entró en el colegio de Juana Whitney, madre de María de Maeztu; pero tuvo que abandonar ese entorno pedagógico progresista para cursar el Preparatorio e Ingreso al Bachillerato en un colegio de jesuitas.

El estallido de la Primera Guerra Mundial permitió a la familia Otero obtener grandes beneficios. Armando, el padre del poeta, se enriqueció con el comercio de metales. Pero concluida la Gran Guerra, en 1927, iniciado el proceso de la depresión posbélica, la familia quedó en la ruina y deciden mudarse a Madrid, donde sacó su título de bachiller en el Instituto Cardenal Cisneros. A la edad de 13 años muere su hermano, tres años mayor que él, y tres años después fallece su padre. Blas de Otero comienza a estudiar Derecho en 1931, siguiendo así los pasos de su hermano muerto, pero la ruina familiar le obliga a volver a Bilbao.

JUVENTUD Y MADUREZ

Ya en su ciudad natal, Blas de Otero trabaja y estudia, colaborando así al sustento de la economía familiar. Vive con su madre y sus dos hermanas. En esta época comienza también a participar en publicaciones, como el periódico El pueblo vasco (donde firma con el seudónimo “El poeta”). Dirige la página “Vizcaya escolar”, es portavoz de los estudiantes católicos en 1935. También publica sus primeros poemas, estos influenciados por los místicos españoles y la literatura cristiana, esta colección de poemas toma el nombre de “Baladicas humildes” y se publican en la revista jesuita de Los Luises, revista que será precursora de Alea y Nuestralia. Dentro de las celebraciones por el centenario de Lope de Vega, Blas de otero gana el premio de poesía. En 1935 se licencia en Derecho en la universidad de Zaragoza.

Con el inicio de la Guerra Civil en julio de 1936, Blas de Otero se incorpora a los batallones vascos como sanitario, pero tras la toma de Bilbao por el bando nacional, es recluido uno de los llamados “Campos de depuración” para más tarde ser reenganchado por el bando nacional y es enviado al frente de Levante.

Concluida la guerra, comienza a trabajar como abogado en una empresa metalúrgica en Vizcaya. También se dedica a la crítica musical y a la de pintura para el periódico Hierro. Más tarde comienza a publicar en Cuadernos de Alea, donde en 1942 aparece “Cantico Espiritual”, su “primera obra” [1]. Aunque es uno de los fundadores de Alea [2], no es uno de los más asiduos debido a su espíritu solitario. Más tarde forma parte de Nuestralia, formado por Blas de Otero y cuatro amigos, es aquí donde el poeta comienza a experimentar con recursos expresivos desconocidos. Durante este periodo su obra poética está influenciada por Juan Ramón Jiménez, la Generación del 27, Miguel Hernández, César Vallejo, etc. En estas reuniones acostumbraban a citar y recitar versos en sus reuniones: es a partir de aquí cuando Blas de Otero comienza a usar uno de sus recursos más interesantes: la intertextualidad [3].

En 1943, abandona el trabajo y viaja a Madrid para matricularse en Filosofía y Letras. Más tarde regresa a Bilbao defraudado por el ambiente universitario de posguerra, allí se dedica a dar clases particulares.

La “Afirmación de la vocación poética” de Blas de Otero se produce entre los años 1944 -1955

En el año 1945 es ingresado en el sanatorio Usúsbil, debido a una fuerte depresión. Fruto de este ingreso nacen las tres obras que forman parte de su ciclo existencial. “Ángel fieramente herido” [4] “Redoble de conciencia” [5] que darán lugar a “Ancia”. En el año 1950 viaja a Paris, y conoce a Tachia Quintanar [6], con quien mantiene una relación amorosa. En 1955 comienza a ser considerado como uno de las grandes poetas del periodo de entreguerras.

Entre los años 1955 – 1964 se produce su paso del existencialismo al co-existencialismo. A pesar de su espíritu solitario, en ese periodo hace amistad con poetas y artistas del grupo bilbaíno y viejos alumnos del Instituto Cisneros. Su obra llama la atención del poeta Dámaso Alonso y Alarcos, y aparece en antologías. Sin embargo, se autoexilia en París donde comienza a relacionarse con círculos del exilio español. En París se fragua “Pido la paz y la palabra”. Con su regreso a España, Blas de Otero se integrará en círculos obreros y rurales. Trabajará con mineros; recorrerá los pueblos del interior de Castilla y León. Durante este periodo concluye Pido la paz y la palabra y comienza “En castellano”.

Desde 1956 a 1959 vive en Barcelona, donde frecuenta los grupos artísticos, los cuales rechazan su libro “En castellano”, pero en son estos mismos grupos los que consiguen que “Ancia” gane el Premio de la Crítica en 1958 y el Premio Fastenrath en 1961.

Viaja a la Unión Soviética y a China en 1960, invitado por la Sociedad Internacional de Escritores. Por esta época se publican “Esto no es un libro” (Puerto Rico, 1963) y Que trata de España (París, 1964) [7]. En 1964 se traslada a Cuba, donde se casa con Yolanda Pina y se le concede el Premio Casa de las Américas. En 1967, tras tres años viviendo en La Habana, se divorcia y regresa a Madrid. Cuando vuelve recupera su relación sentimental con Sabina de la Cruz. Durante ese último periodo de su vida publicó numerosas antologías recopiladas por él mismo, y un puñado de libros nuevos. Blas de Otero muere el 29 de junio de 1979 de una embolia pulmonar en su casa de Majadahona (Madrid) y es enterrado en el cementerio civil de la capital.

OBRA POÉTICA
ETAPA RELIGIOSA

Su período religioso se encuadra alrededor del año 1935, durante su juventud, en esta época es católico y practicante. La poesía de esta etapa es escasa, incluso el poeta llegará a renegar de ella más tarde. Esta ruptura con la religión es claramente palpable en su obra Ángel fieramente humano, Blas de Otero ha dejado de seguir los preceptos católicos, hecho, este, tan visibles en sus primeros poemas. A partir de aquí se plantea la duda de si esta etapa es verdaderamente importante dentro de la poética del Blas de Otero, ya que muchos autores la consideran como una mera práctica poética llevada a cabo por el poeta. Pero es importante no olvidar que precisamente es esta pérdida de fe, la que da lugar a la poesía existencial de Blas de Otero, producida esta por el fracaso de los temas de su primera etapa y la oposición con estos. Por esto puede decirse que esta etapa constituye un punto clave en su evolución poética. Solo se conserva de esta época su “Cántico espiritual” y algún que otro poema suelto incluido en alguna publicación.

El “Cántico espiritual” es un poema de amor a lo divino, sigue los preceptos de la poesía castellana, concretamente de la mística. Su estructura es cuatripartita: una «Dedicatoria» inicial en forma de soneto; una «Introducción» de 189 endecasílabos libres; «Liras», compuesta por 10 liras; y el «Final», dos villancicos y dos sonetos.

La introducción es un diálogo abierto entre el yo (del poeta) y el tú (divino). El “Yo” es un amante deseoso de recibir al amado. La presencia del amado paradójicamente da lugar a una intensa felicidad e intenso dolor. La paradoja como figura retórica, como en toda la poesía mística, cobra una gran importancia, ya que se recurre a ella para tratar de expresar lo inefable.

El amor hacia lo divino es un sentimiento creador de vida, pero provoca dolor y sufrimiento. El amante se entrega completamente, pero por decirlo de algún modo, el corazón del amante en una “diana” y el amor es una “flecha”. Este amor también puede ser entendido como un “Surco” que recibe la semilla de Dios, y este da vida, (Ej. Vid, espiga), símbolos estos del sacramento de la Comunión y también del mismo Cristo. En la unión entre el hombre y Dios, el poeta participa de su eternidad divina.

Pero este anhelo, esta ansia de unión no se ve realizado, es solo una aspiración que causa dolor al verse incumplida. Y esto es así porque el hombre es mitad cuerpo, mitad alma y este binomio hace que el acercamiento a Dios solo pueda darse a través del conocimiento. Pero este acercamiento es superficial e insuficiente ya que si viene dado por la razón es un conocimiento parcial. Por lo que se llega a la conclusión de que Dios es inalcanzable e incognoscible. Y esto es así, aunque se manifieste en las cosas concretas. Dios no es alcanzable para el saber del hombre, porque sus modos de conocimiento son, por definición, insuficientes. La única manera que le queda es, pues, la fe: el abandono al sentimiento puro.

El “YO” se manifiesta como un ser desvalido en plana lucha entre la ascensión y la caída, la gracia y el pecado, y solo Dios puede darle la salvación que necesita. La divinidad da sentido a la vida y ayuda a superar las limitaciones y defectos. Así, Blas de Otero, impone en su poesía una vida purgativa, ya que Dios no puede unirse a un ser imperfecto o convertirse en un ser imperfecto sin contradecir su esencia de perfección absoluta. Es el hombre el que debe buscar el camino hacia Dios. De ahí que el hombre solo y aislado llame a Dios, avivando su deseo de no ser más un ser incompleto. Dando paso de este modo a la vía iluminativa, que da origen a un diálogo de unión entre Dios y el “YO”, puesto que la presencia divina es más cercana.

En el “Cántico espiritual” se muestra un proceso de desarrollo místico a través de la vida purgativa e iluminativa. Pero la unión mística no llega a producirse. Ya que Dios parece imposible de alcanzar. Pero Blas de Otero muestra una nueva alternativa a través de la poesía, que aparece como un camino que produce cierta salvación. La vivencia religiosa se convierte pues en una experiencia estética para el poeta.

ETAPA EXISTENCIAL

A esta etapa corresponden los libros Ángel fieramente humano (1950), Redoble de conciencia (1951) y Ancia (1958).

El existencialismo [8] Básicamente, postula que existe una gran diferencia entre «ser» y «existir». «Ser» es un hecho pasivo: los objetos «son», porque no protagonizan ninguna acción; en todo caso son receptores de ellas, no pueden elegir su propio destino. Sin embargo, el hombre «existe»: no tiene por qué coincidir con lo que es, puede cambiar su propio ser con sus decisiones. El hombre se caracteriza por tener finitud espacial y estar contenido en una contingencia temporal: es decir, tiene un cuerpo mortal y esto es una crítica del “ser” concebido como eternidad. Así pues, el hombre no sólo «existe», sino que además debe hacerlo.

Una corriente importantísima dentro del existencialismo, y que probablemente marca más que ninguna otra la poética oteriana, es la iniciada por Jean Paul Sartre: una filosofía primordialmente moral, que denuncia el compromiso del hombre con su propia libertad. No existe una predestinación, no hay dioses ni almas: cada uno es responsable de sus propios actos, está solo, sin más. Ese sentimiento de soledad existencial es uno de los pilares de esta etapa poética de Otero.
Durante el año 1945, Blas de Otero experimenta una paulatina pérdida de fe, y como respuesta a esta crisis espiritual aparece el existencialismo dentro de su poesía. A través de él llega a lo que será el estadio definitivo de su poética, la poesía social.

Tras su fallido intento de unión mística, su “YO” poético queda solo y comienza su búsqueda por una nueva fe o razón de vivir. El hombre está destinado a la muerte, esto provoca una gran desolación en el poeta que busca desesperadamente a Dios. Lo que antes era una llamada ahora es una pregunta a gritos. Sin embargo, sólo obtiene silencio como respuesta; en ese silencio su corazón se llena de miedo, miedo a la muerte que le aprisiona y le condena a que todas las cosas que está haciendo no sirvan para nada.

En esta poética, al igual que en la anterior, hay sólo dos personas: yo (el poeta) y tú (Dios). Pero los papeles han cambiado: el tú está ausente. Cansado de gritar sin respuesta, el yo vuelve su mirada hacia su propio interior y lo encuentra destruido, roto, arruinado, como una ciudad arrasada por una guerra. Busca en la poesía la salvación humana, algo que integre la plenitud vital con la humanidad mortal.

Tampoco en su propio interior está la respuesta que alivie el terrible sufrimiento de la voz del poeta. Al hacerse consciente de su propia tragedia, el yo reconoce la existencia de otros hombres con el mismo problema que él. Tras un largo proceso de búsqueda poética, que va del «tú» al «yo» y del «yo» a «los demás», empieza a vislumbrar la salida del largo túnel: no hay que renunciar a nada por una vida futura ni hay que negar la propia humanidad. Lo que debe hacerse es aceptar el propio destino, y así encontrar un nuevo absoluto de vida. De este modo halla dos tablas de salvación: el amor y la poesía.

Dentro de este período se sitúan

“Ángel fieramente humano” consta de 18 sonetos y 16 composiciones libres o semilibres; en general, los poemas que lo componen mantienen cierto clasicismo formal. Su estructura es de introducción (presentando el problema existencial y el estado anímico del poeta), desarrollo (la búsqueda poética de una nueva razón vital) y conclusión (hay que aceptar la propia mortalidad; el hombre tiene valor de por sí, y es a él y no a Dios a quien debe dirigirse la poesía).

Redoble de conciencia consta de 14 sonetos y 8 composiciones libres o semilibres. Esta obra también está marcada por el clasicismo formal y tiene una estructura casi equivalente a la de Ángel fieramente humano.

Ancia está compuesto por 32 de los poemas de Ángel fieramente humano, todos los de Redoble de conciencia y 49 poemas nuevos. La estructura también es tripartita, pero el distinto orden en que aparecen las composiciones ofrece una lectura distinta: la introducción reitera la defensa de un personaje colectivo, y el epílogo la aceptación de la naturaleza del hombre en general y el poeta en particular. El desarrollo está dividido en cuatro partes: la primera desarrolla el enfrentamiento entre el hombre y Dios; la segunda trata la salvación del hombre en el amor de la mujer; la tercera desmitifica e ironiza sobre la religión; la cuarta intensifica la realidad histórico-política del poeta, España y Europa. En Ancia se refuerzan las cuestiones humanistas y se debilita el planteamiento de los problemas metafísicos y teológicos: es la proclamación de la postura poética a favor del hombre. En cuanto a la forma, aunque siguen apareciendo poemas de corte tradicional y clasicista, hay otras composiciones de nueva tipología: poemas en prosa y versículos y poemillas breves.

ETAPA SOCIAL

El principal paso que da la poesía existencial para volverse social es el cambio de persona, del «yo» al «nosotros». El poeta, aceptada su condición humana, encuentra su sitio entre el resto de seres humanos, y halla también una razón vital: la solidaridad humana, la búsqueda de un mundo mejor a través de la poesía. El poeta defiende la utopía humanista porque ya no tiene una fe religiosa: no hay un más allá perfecto al que aspirar, pero, aunque el hombre esté condenado a venir de la nada y caminar hacia ella, se debe luchar para conseguir que su vida sea digna y feliz.

El poeta se convierte en un profeta que señala los errores del presente para conseguir superarlos y acceder a un futuro mejor; Otero aún está obsesionado con los valores absolutos, pero ahora los busca en el presente histórico. Así se distinguen tres tiempos poéticos:

El pasado histórico: expectativas de trascendencia y eternidad.

El presente histórico: tiempo en el que transcurre principalmente la poesía social.

El futuro utópico: es la ilusión que justifica el trabajo y el esfuerzo del presente.

Formalmente, la poesía social de Blas de Otero presenta rasgos propios muy marcados. Otero maneja a la perfección todas las posibilidades expresivas, desde los recursos más tradicionales al experimentalismo lingüístico más complejo; utiliza el verso libre, el versículo y formas semilibres; aparecen en su obra versos académicos y vanguardistas; prosa y verso; algunos, largos poemas, frente a otros brevísimos, como el conocido dístico «Poética», el poema más breve en lengua castellana.


TRES POEMAS DE BLAS DE OTERO

Todo el amor divino, con el amor humano,
me tiembla en el costado, seguro como flecha.
La flecha vino pura, dulcísima y derecha:
el blanco estaba abierto, redondo y muy cercano.

Al presentir el golpe de Dios, llevé la mano,
con gesto doloroso, hacia la abierta brecha.
Mas nunca, aunque doliéndose, la tierra le desecha
al sembrador, la herida donde encerrar el grano.

¡Oh Sembrador del ansia; oh Sembrador de anhelo,
que nos duele y es dulce, que adolece y nos cura!
Aquí tenéis, en haza de horizontes, mi suelo

para la vid hermosa, para la espiga pura.
El surco es como un árbol donde tender el vuelo,
con ramas infinitas, doliéndose de altura

“Hombre”
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuando
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser – y no ser – eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

“A la inmensa mayoría”

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos su versos.
Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.
Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.
¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.
Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno.


[1] Cantico Espiritual se considera la primera obra de Blas de Otero por ser lo más extenso dentro de lo publicado por el poeta hasta 1942.
[2] Alea, tertulia de la que Blas de Otero es uno de los creadores, y a la que acuden toda índole de artistas.
[3] Intertextualidad es la relación que un texto (oral o escrito) mantiene con otros textos (orales o escritos), ya sean contemporáneos o históricos.
[4] Ángel fieramente herido presentado al premio Adonáis.
[5] Redoble de conciencia premio Boscán en 1950
[6] Tachia Quintanar Poeta y actriz vasca, con la que Blas de Otero tiene una aventura amorosa y con la cual conserva una gran amistad a lo largo de toda su vida.
[7] “Esto no es un libro” (Puerto Rico, 1963) y Que trata de España (París, 1964), se publican fuera de España por la censura
[8] Existencialismo: movimiento filosófico que tiene sus antecedentes a finales del siglo XVII, con Blaise Pascal, aunque nace de manos del filósofo danés Sören Kierkegaard y se desarrolla principalmente en el período de entre guerras.

BIBLIOGRAFÍA

Fundación Blas de Otero

Wikipedia

Rincón Castellano

 

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