“ESTUDIO SOBRE NOVIEMBRE”, DE TULIA GUISADO. LA FEROZ IMPERMANENCIA.

Por: José María Herranz Contreras


El libro comienza con una cita de Pessoa que alude al desasosiego que produce el sabernos conocedores de nuestra propia muerte, de nuestra desaparición en un futuro más o menos lejano. La extinción de las cosas, la naturaleza feroz de la impermanencia que caracteriza la vida, marca el tono de este nuevo libro de Tulia Guisado. El tema central de toda la obra de Guisado –por lo menos la que conozco- es precisamente este, unido al drama lírico y existencial que supone la aceptación forzosa del cambio continuo consustancial a la naturaleza y a la vida. Esta idea y su tortura es la que orbita en torno a toda su poesía y su creación literaria, y realmente es algo que difícilmente asumimos las personas: la feroz impermanencia de las cosas.

A continuación se expone contundentemente, en un poema inicial titulado “Estudio sobre noviembre”, el tema de la obra sobre el que orbitará el conjunto del dietario posterior, donde habla del silencio, el ruido y la destrucción. Después se inicia el capítulo sobre “Noviembre”, que es en mi opinión el más importante de todo el libro. En este capítulo se desarrollan en verso y en prosa poética las ideas que posteriormente se irán particularizando con anécdotas, reflexiones, versos y aforismos en los capítulos correspondientes a los meses posteriores del año, hasta cerrar el libro finalmente en octubre, aludiendo al ciclo repetitivo de la propia vida.

¿Con qué fin puede escribir un diario un artista, y más concretamente un escritor? Una poeta como Tulia Guisado se enfrenta a esta compleja tarea de universalizar un conjunto de reflexiones y vivencias, que lejos de ser meras anécdotas –aunque muchas veces sean estas el detonante del escrito- se configuran como literatura. El diario suele usarse como herramienta de conocimiento, al situarnos fuera de las vivencias propias como observadores, sobre todo con el paso del tiempo, para examinar con la perspectiva que da el distanciamiento temporal y emocional las cosas sucedidas de otro modo; y también puede servir como conjuro al paso del tiempo, para que el recuerdo de lo vivido no se extinga con nosotros. Tulia Guisado parte de premisas más abstractas y líricas, a partir de la idea del silencio, como objetivo ineludible –e imposible- a alcanzar en su vida. A lo largo de un año completo, la poeta quiere atestiguar su paso por eso que llamamos “vivencias” o “experiencias” para desbrozar el dietario de lo accesorio y superfluo –las anécdotas, en suma- para desnudar lo auténtico, lo esencial. Entiendo –o así lo percibo- que este es uno de sus objetivos, usando –vuelvo a repetir- el silencio como motor que le impulsa por un lado a aislarse “del ruido del mundo” y de ella misma, de su interior también, de su continuo y desasosegante diálogo u honda herida.

Porque la poesía de Tulia Guisado –y este libro no deja de ser pura poesía, aunque bajo la forma de un dietario- nos hace compartir con ella un sufrimiento básico y su honda herida: la impermanencia, como ya he señalado. Todos los poetas sufrimos –y también gozamos. Los motivos suelen ser diversos, aunque casi siempre los mismos, los dolores y goces universales que compartimos como humanos –e incluso los que percibimos más allá de nuestra pobre condición. Pero en este libro late crudo y desnudo un mal universal: la impermanencia. Y eso es algo que no solamente tortura a la poeta, sino que a los lectores nos hace conscientes de ese dolor básico, de esa tragedia que supone estar vivos en un mundo imperfecto.

Para conjurar ese dolor básico producido por el “ruido” continuo de las cosas, el texto intenta construirse sobre el silencio, ya que ese lugar debería ser el punto donde algún tipo de permanencia pueda alcanzarse. Y en torno a esto que estoy describiendo, se articulan las anécdotas, el día a día con sus pequeñeces. Y también se construye sobre el amor –particularmente hacia los animales, los gatos, y hacia el ser amado, el compañero-, tomando como base dichas anécdotas, yendo magistralmente de lo particular a lo universal, como toda auténtica literatura.

También hay lugar para hondas y sencillas reflexiones que, como una piedra preciosa, emergen en medio de estos textos como lírica filosofía:

Pasa el tiempo y nosotros pasamos, a veces nos sujetamos unos a otros, como niños cogidos a la cuerda en una excursión hostil.

O hablando de sus hijos perdidos:

Mi corazón os acoge
cualquier día
mis pequeños
aprenderéis la inutilidad de la belleza
la imposibilidad de lo eterno.

En varias partes del texto aparece la imagen de la “detonación” como símbolo de la trágica fragilidad de las cosas, los acontecimientos. En cualquier momento, en efecto, se puede producir una explosión –íntima, desde nuestro interior- o circunstancial –desde el exterior- que desbarate las cosas y su orden, y de nuevo nos sumerja en la tragedia de lo mutable, lo impermanente, en suma, en el sufrimiento:

Detener el instante como un relámpago.
Y no arder.
Cómo hacerlo.

Ese exorcismo contra el desorden viene líricamente de la mano del silencio en el verso, y por ende en el pensamiento. De hecho, el primer poema del libro, como prefacio a los capítulos dedicados a cada mes, es una vindicación del silencio:

El silencio se construye y se lesiona.
Cuando todo calla todo sigue aquí. No puede durar siempre el ruido, la luz eléctrica,
la oscuridad.

Y más adelante:

Habláis demasiado. Escribís demasiado. Opináis demasiado.

O estos versos impresionantes:

Hablo. Pero en realidad renuncio a la palabra como método de comunicación.
El silencio.
Si quieres decir algo, cállate.

Aunque pudiera no parecerlo, en realidad la poesía de Guisado tiene mucho de espiritual y de mística, pero desde presupuestos ateos, más que agnósticos, ya que la asunción de la naturaleza y sus leyes es intentada como solución –una profunda conformidad con el dictado de la vida:

La naturaleza no. La naturaleza no es cruel. Ella no tiene tiempo.
Ella permanece.
No nos necesita.
Nosotros a ella sí.

Los místicos, sin embargo, aspiran a conseguir esa permanencia, esa “eternidad” en el más allá, o en una radical liberación en vida de la esclavitud de la existencia. Pero en lo que coinciden la lírica de esta autora y la de los poetas místicos es en el rechazo profundo del sufrimiento, dolor y caos que suponen este mundo imperfecto en el que hemos nacido. Y sin embargo, el hallazgo afortunado del instante lírico, de su eternidad mística:

Lo he visto en el mapa.
En algún lugar está Noruega.
De día.
Y somos rubios.
Y serenos.
Vivos, comiendo luz. Eternos.

Ahí tenemos la serenidad poética, su lección, la asunción del orden de las cosas en el satori, en la iluminación. Grandes lecciones nos brinda la auténtica poesía. Y gracias a Tulia Guisado y su “Estudio sobre noviembre” pueden servirnos de ayuda en este periplo por la vida, la belleza y el dolor.


ESTUDIO SOBRE NOVIEMBRE,
de Tulia Guisado.
Huerga y Fierro, editores. Colección Graffiti.
Madrid, 2018.
ISBN: 978-84-948230-1-5

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