¿EXISTE…?

LAS PALABRAS IMPOSIBLES

Por: Antonio Mata Huete


Existe.

Existe un juego interminable en el que la palabra es hambre y sed perenne y perpetua. Existe el hueco, el ojo de la cerradura por el que los cuervos observan y las miradas acechan esperando arrancarlas de sus cuajos y posarlas en altar de sacrificio, ofrenda a lo innombrable, culto al misterio y al arcano que se esconde en el próstilo del ara de la diosa.

Existe, más allá del otro lado, el verbo y sus matices, la sangre que se escapa por los poros y duele con los sueños. ¡Dolor de tiempo! De risas y de nadas pintadas en los umbrales, prendidas en las jambas y dinteles, ancladas al alma, atadas al costado fluyendo por la sudorosa frente, fría de muerte y de distancia, negra de angustias y olvidados pecados.

Existe… «la poesía más allá de los poetas».

Y ayer es un adverbio,
Mañana una distancia inalcanzable,
El mar un sentimiento,
El tiempo una jugada del viento y su destino, cuando pasa
Rozando con los dedos…
Y duele cuando sangra
La sangre en los espejos…

Y haces el equipaje, desnuda de sueños. Revuelves el cajón con la mirada y la duda de las horas. Dudas de la vuelta de la esquina que no doblas. De la noche, quieta, del callejón, del susurro de los cuentos que nunca te contaron, del último silencio.

Dudas, como yo y como todos los vencidos, del cielo y sus heridas, de las uñas que escupe el viento devolviendo las palabras, del penúltimo grito de angustia que nos ata a la vida, que araña los ojos y asfixia las gargantas…

Mudas de arpegios quedan las sonatas. Rasgan la madrugada con sus besos y venenos, amargan con acíbar sus insomnes baladas frías, ciegas, sin sentimientos, sin sensaciones que arroparse sobre la piel desangrada… gimiendo, suplicando, mendigando muertes de amor, derrotas de deseo, salmodias de placeres incompletos, nunca encontrados, siempre buscados más allá de cualquier aurora de luto, sin rojo en el horizonte que amanece…

Y al final te entregas, desgranas con las yemas de los dedos un rosario de matices, un sinfín de soledades que se vierten en la espuma que pintas en los cristales con cuentos que te cuentas y te inventas y que creas y no crees… porque no quieres…

Te entregas a tus delirios y juegas a lo imposible…
Al juego de los besos y de los versos,
Al olor y al aroma de las miradas,
Al color de los labios y los misterios
Al sabor, dulce, de la palabra…

Eterna y bendita, inerte y maldita, muerta, ahogada en un mar inmenso de sensaciones que te arrastran hacia el fondo infinito, al remoto lugar escondido donde nunca podrás encontrarte, donde nunca sabrás lo que esperas, donde siempre estarás esperándote… sin saber ni cuándo ni cómo ni dónde ni nada ni nunca ni acaso ni tal vez quizá…

Ni tampoco por qué…

Al fin y al cabo, esto, no deja de ser un sueño de locos solitarios que juegan a encontrarse y nunca se hallan… Al fin y al cabo, esto, es sólo una forma de conjugar, de reír y cambiar los adverbios de tiempo y de lugar, de esconder, jugando al escondite, las preposiciones y las copulativas, las oraciones relativas, los complementos de nombre y circunstancias de lugar…

Al fin y al cabo, yo, al menos, sólo me siento un complemento indirecto. Fuera de tiempo. Y de modo…

Pero yo lo sé, que yo lo he visto «existe… la poesía más allá de los poetas».

Y tú también lo sabes.

¡Bienvenida a El club de los poetas muertos! Carpe diem…

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