JUAN DURÁN | EL DISCURSO SONORO

Por: Inma J. Ferrero


La revista PROVERSO ha tenido el placer de entrevistar al compositor Juan Durán, autor de obras de música de cámara, vocal, sinfónica e escénica, además de arranxos e orquestaciones de música galega. Ha sido Premio da Cultura Gallega en 2013 y Premio Reina Sofía de Composición en 2018.

R.P: ¿Cómo empezaste con la música, existe alguna tradición en tu familia?

J.D: La música está en mí desde siempre. Mis padres se conocieron en un teatro en Vigo haciendo zarzuela. Mis hermanos son todos músicos. Nunca supe hacer otra cosa.

R.P: ¿Qué hizo que te decantaras por el piano como instrumento y más tarde por la composición?

J.D: Inicialmente quería ser cantante como mi padre. Durante la espera para la muda de voz, en la adolescencia, empecé mis estudios reglados de piano, armonía, etc. Ahí encontré una vía de expresión para mis emociones que me satisfizo más que el canto lírico.

“Enfrentarse hoy a una obra nueva, nacida en pleno siglo XXI, es tanto para el compositor como para el público una incógnita respecto de su resultado sonoro.”

R.P: ¿Qué concepción tienes de la relación entre el músico y el instrumento?

J.D: Para el compositor el instrumento es sólo un medio, una herramienta que ayuda en el proceso de creación. Mi relación con el piano es de esa índole. No obstante, a veces tengo desarrollado cierta actividad como pianista acompañando mi música vocal.

R.P: ¿Sientes una gran responsabilidad a la hora de escribir una obra nueva?

J.D: Sin duda. Siempre me pregunto qué puede aportar mi música en un tiempo donde todas las estéticas compositivias parecen agotadas. En 1951, Arthur Honegger en su libro Je Suis Compositeur, anunciaba el fin de un tipo de música que todavía algunos seguimos practicando. Escribo por necesidad vital, sólo para comunicarme con el mundo que me rodea. Y trato de ser fiel a mí mismo, a lo que quiero decir.

R.P: ¿Crees que para la comunicación en una obra musical es necesario que haya elementos que sea fácilmente distinguibles, como una melodía o un patrón que se repita?

J.D: Mi formación es académica, sólida tras el paso muchos años por el conservatorio y, en consecuencia, mis herramientas son las de la tradición. En ese sentido, nunca he abandonado los referentes que consideramos imprescindibles para expresar nuestro discurso sonoro: ritmo, melodía, armonía, color… El público necesita referencias, asideros donde poder anclarse durante la escucha de la obra. De otro modo, se siente perdido a lo largo de una abstracción sonora que muchas veces resulta demasiado exigente.

R.P: Muchos compositores actuales escriben música para músicos, ¿Es quizás una música comparativamente mucho más complicada que la que escribían Mozart o Beethoven en su época?

J.D: Por supuesto que hoy es mucho más difícil que en la época del clasicismo. Mozart o Beethoven no tenían que cuestionarse el lenguaje en el que se expresaban. Hoy el compositor tiene ante sí, y especialmente detrás de él, todo un mundo de estilos tan interesantes como disímiles entre ellos. Enfrentarse hoy a una obra nueva, nacida en pleno siglo XXI, es tanto para el compositor como para el público una incógnita respecto de su resultado sonoro. La vanguardia, tal y como se entendía hace medio siglo, ha desaparecido. Todavía la inmensa mayoría del público no ha asimilado obras que nacieron hace cincuenta años. Tengo una visión muy pesimista sobre este asunto, aunque no por ello voy a dejar de hacer mi propia música.

“Las políticas culturales deberían estudiar estrategias que permitieran la regeneración de los futuros consumidores de música.”

R.P: En tu opinión ¿Crees que existe un desapego de la sociedad con la música de hoy día?

J.D: Absolutamente. Tanto es así que un intelectual que está “a la última” en literatura y que asiste con interés a exposiciones plásticas innovadoras, una persona “culta” en suma, demuestra una ignorancia casi absoluta por las manifestaciones musicales en el ámbito de la llamada música clásica o culta. Es más que probable que esté leyendo a Kundera, visitando una retrospectiva de Tapies, asistiendo a un estreno de Polanski y sin embargo sus gustos musicales se orienten a una música de consumo. Algo falla, indudablemente.

R.P: ¿Crees que actualmente la música clásica tiene influencia en España? ¿Qué podría mejorar en nuestro país con respecto a ella?

J.D: Sólo nos queda pensar en la educación de nuestros jóvenes como la única medida que pueda hacer que esto mejore. Hay que buscar nuevos públicos. Las políticas culturales deberían estudiar estrategias que permitieran la regeneración de los futuros consumidores de música. No hay más que ver la edad media de nuestro público. Cuando voy a un museo a contemplar lo que se hacía hace quinientos años veo jóvenes interesados. Eso no ocurre cuando voy a un concierto donde se interpreta música del siglo XIX. Piense que un alumno que termina el bachillerato es capaz de hacer un comentario de texto sobre un poema de Machado o sobre un cuadro de Velázquez. ¿Por qué no puede hacerlo sobre una composición de Manuel de Falla.

R.P: ¿Qué piensas del actual programa de estudios de música en España?

J.D: Pienso que en los últimos cuarenta años, desde que yo era un estudiante a hoy en día, se ha avanzado muchísimo. Nada tiene que ver lo que era un conservatorio de entonces con toda la oferta educativa que existe actualmente. Sin embargo, creo que en la enseñanza general (ESO y BAC) debemos ser más exigentes con la formación musical.

R.P: ¿Qué le dirías a los jóvenes que se acercan a la música clásica por primera vez?

J.D: Les diría que no tengan miedo. Que acercarse a una obra sinfónica nueva de media hora de duración es siempre difícil para todos pues exige de una gran concentración, pero que a cambio, cada vez que la escuchen una y otra vez se irán familiarizando con ella hasta llegar a gustarla y desearla nuevamente. No se trata de “entender”, se trata de disfrutar. Eso sí: es importante ir poco a poco y no tirarse de cabeza a la Tercera de Mahler. Yo recomendaría empezar por Star wars de John Williams, de ahí seguir por Los Planetas de Holst y terminar con la Obertura 1812 de Tchaikovsky. Sin saberlo, habrán recorrido un siglo de música de un modo que puedan asimilar. Después ya llegaríamos a Beethoven con más facilidad.

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1 comment

  • Elisa Moscoso

    Interesantisima entrevista. Bien planteada por la periodista y magnificamente desarrollada por el compositor Juan Durán. Una leccion muy pedagógica.

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