EL MAYORDOMO DE BORGES | FABIO BUSSOTTI

Por: Elisabetta Bagli


El 28 de septiembre en una bonita velada presenciamos a una gran presentación en Madrid en la Biblioteca Eugenio Trías de El Retiro, la de “El mayordomo de Borges” de Fabio Bussotti. Intervinieron la Mincione Edizioni, representada por Susanna Panitti, la Revista cultural Proverso, representada por su directora Inma J. Ferrero, la Asociación Italia Altrove, representada por Claudia Giommarini y a la Asociación Amici della Puglia, representada por su Presidente Domenico Maggi. Las fotos están tomadas en esta ocasión.

La novela de misterio es un género literario que hizo su aparición en la segunda mitad del siglo XIX, siendo la madre de muchos detectives que han llegado hasta nuestros días y de otros que se van creando actualmente para animar y dar vida a nuestras lecturas de enigmas e intriga.

En español para indicar una novela de misterio se utilizan las locuciones de novela policíaca (si se trata de una historia en la que interviene la policía) o novela negra (si la novela policíaca tiene un fondo realista socio-político, que también refleja el mundo del crimen organizado que se mueve en entornos sórdidos y violentos).

La serie de novelas policíacas de Fabio Bussotti que gira en torno a la figura del Comisario Bertone forma parte de la novela policíaca clásica, es decir aquella novela policíaca en la que el investigador mientras investiga adquiere una serie de elementos, que aparecen a menudo engañosos para los fines de la misma investigación, y que pero luego serán útiles para la resolución del enigma de la historia. Se diferencia de la novela policía clásica con respecto a los personajes y a los ambientes, porque sus personajes no forman parte de un pequeño círculo de personas y porque las investigaciones no tienen lugar en un único entorno, es más, me atrevo a decir que su entorno es el mundo. De hecho, Bertone, a pesar de ser un molisano que se ha trasladado a Roma hace más de veinte años, y a pesar de haber adquirido algunas peculiaridades y características del romano puro, es decir aquella actitud ajena a los desplazamientos y al movimiento, acaba dando la vuelta a medio mundo para proseguir una investigación, sin tener miedo de hacerlo, ya que actúa de forma casi inconsciente. El Comisario Bertone toma aviones y se catapulta a lugares nunca vistos y conocidos, atrapado sólo por la intuición y por los acontecimientos fortuitos que le llevan a estar en un lugar determinado en un momento determinado con el fin de desentrañar una madeja difícil de manejar. La madeja es la maraña que trata de dominar contra las adversidades desenvolviéndola casi sin darse cuenta, al igual que hacía Ciccio Ingravallo en “Quer pasticciaccio brutto de Via Merulana” de Carlo Emilio Gadda. De ahí el apelativo de Ingravallo, a menudo utilizado para referirse a él por el cuestor Mostocotto.

Aunque, en la lectura, todo parece dejado al azar, de hecho, la sucesión de estos eventos, que se produce casi por accidente se debe a la escritura hábil de Fabio Bussotti, así como a su gran cultura, derivada de sus estudios clásicos, de su inmensa experiencia artística como actor y también de la curiosidad inteligente y viva que lo lleva a investigar en primera persona, mediante el examen del contexto en el que vive, transportándonos a vivir los lugares de la novela como si estuviéramos con él, incrementando nuestro deseo de conocerlos mejor y haciéndonos partícipes de aventuras que nunca hubiéramos pensado vivir.

Cada uno de sus personajes, desde el Comisario Bertone al cuestor Alvarino Mostocotto, a sus fieles colaboradores incluyendo Pizzo, al gran fugitivo y criminal Evaristo Torriani, al anciano Vincenzo Binetti, a las mujeres que le rodean, que lo aman y no lo aman, su ex mujer Giuliana Camilli y la Profesora del Círculo de Bellas Artes de Madrid, Mafalda Moraes, está descrito con rasgos tan específicas que lo hacen único y fácilmente identificable. La caracterización de los personajes no es sólo física, sino sobre todo psicológica: nos encanta Bertone enamorado y la inseguridad disfrazada de Alvarino o el remordimiento de Giuliana por no ser ya la esposa del Comisario o la insatisfacción y un malestar interior, más que por el trabajo, de Moraes que la lleva a comer fuera de horas, intentando convencerse de que es una persona segura de sí misma y de su vida, o incluso nos gusta la calma del anciano Vincenzo Binetti que esconde una dualidad mucho más fuerte y poderosa, no sólo en su mente, sino también en su físico. Sus personajes tienen una caracterización cultural muy pronunciada (a menudo se hace referencia a los estudios realizados por el Comisario y por el cuestor y a los de su ex mujer y de Mafalda Moraes) y también de orden socioeconómico, ya que muchos son los elementos utilizados por Bussotti para reconstruir el ambiente socioeconómico en el que viven los personajes, evidenciando por ejemplo, no sólo qué tipo de trabajo desarrollan, sino también describiendo los hogares donde viven y sus hábitos. Además, no hay que dejar de señalar que los movimientos de algunos personajes, como los que hace el propio Comisario Bertone, nos dan el aliento irónico y cómico de la narración, mientras otros movimientos nos meten en los recovecos más oscuros de la historia, regalándonos momentos de gran tensión, siempre engastados de un toque de ironía.

Lectura de un fragmento del libro lleno de ironía

 

«Apoye las manos en la pared y mantenga las piernas abiertas. No haga tonterías soy un comisario de policía.»

Siempre con el rostro girado para el otro lado, el ladrón se inclinó hacia delante hasta apoyar las palmas de la mano contra la pared. Luego en una fracción de segundo se transformó, por arte de magia, en el Pelé de la película «Fuga per la Vittoria» de John Houston. Dobló las rodillas echando para fuera el culo. Con el primer salto voló hasta el otro lado del descansillo, junto a la cabina del ascensor y luego haciendo palanca sobre el pasamanos se catapultó hacia atrás: una voltereta formidable, una especie de salto mortal carpado. Cuando Bertone se repuso de la sorpresa, el acróbata estaba ya en el tercer piso. Tenía demasiada ventaja pero el comisario se lanzó igualmente a seguirlo.

«¡Detente! ¡Detente!

En el segundo piso resbaló y se dio un espaldarazo contra la puerta de la agencia de seguros. No se hizo demasiado daño. Se levantó y lanzó sin demasiado convencimiento otro: «¡Detente!» y luego, con la barriga bamboleante, llegó hasta el bajo. Encontró la puerta del portal abierta de par en par. Se asomó a la acera de via Santa Croce in Gerusalemme. Pero nada, el ladrón había desaparecido. Fuera en la calle a aquella hora el consabido tráfico de coches y motos. Sintió que hacía fresco. A la fuerza, pues estaba en calzoncillos y con la pistola en la mano.

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A pocos pasos de ellos, rostros alucinados contemplaban a la extraña pareja. Por orden: el profesor Peppino y su mujer Alba, de regreso de su paseo por los jardines de viale Carlo Felice; la señora Graziela Niccolini con su hija Agnese de ocho años; Marco, joven director del supermercado Pam; y por último Michela, la empleada de la agencia de viajes Orizzonti, que no era capaz de cerrar la boca. Todos allí, sobre la acera, observaban incrédulos a su vecino en calzoncillos y pistola.

Lectura de un fragmento del libro con un toque de ironía

>Giuliana estaba de pie, al lado del Skoda, decidida a morir junto al amor de su vida. El drama inminente, dentro de la más pura tradición italiana, se teñía de melodrama. La abogada Giuliana Camilli, había decidido, ipso facto, que aquel era el último acto del Andrea Chénier. Y para ser más precisos, el final, cuando Maddalena y Andrea se abrazan y, completamente enloquecidos, gritan: ¡Viva la muerte juntos!

Bertone, rabioso, pero todavía inmerso en el mundo real, apuntaba con su pistola al del rugby. Quién sabe si también estaba armado el otro.

¿Quién habría disparado el primero?

El Comisario Bertone vive en Santa Croce in Gerusalemme, una zona del barrio romano del Esquilino y se encuentra a gusto en un ambiente que refleja el típico multiculturalismo romano de hoy. Los mismos delitos, relativamente menores, reflejan una parte de esa realidad que se ha ido creando en la actualidad en nuestra sociedad: hay pushers que “trabajan” en las áreas alrededor de las escuelas, maníacos sexuales que van por ahí mostrando sus atributos a los transeúntes… Pero los extranjeros que poblaron esta zona de Roma son también grandes y honestos trabajadores: nos encontramos con camareras moldovas y chinas que trabajan duro en un ambiente a veces hostil, con el fin de continuar su viaje de la vida. Y el Comisario Bertone los conoce bien.

Desde este punto de vista podemos decir que Bertone está muy cerca de la figura de Maigret, ya que representa la típica persona que vive en un lugar realmente existente, Roma, así como Maigret representa París – en esto se diferencia de Montalbano por ejemplo, ya que Vigata no (¿) es un lugar ficticio-; pero Bertone, sin saberlo, tiene una actitud marcadamente internacional, lo que le lleva a proyectarse en el extranjero, capaz de enfrentarse a los obstáculos y a las dudas con valor e inteligencia, humanidad y proximidad que lo hacen atractivo a los ojos del lector quien, atrapado por sus historias, no se distrae y continúa impertérrito en su lectura.

Pero, ¿cómo investiga nuestro personaje? Fabio Bussotti logró crear lo que Leonardo Sciascia llamò la “gracia iluminadora” del investigador. No tiene un método investigativo deductivo frío, racional e insensible a lo Sherlock Holmes. Para Flavio Bertone es crucial descubrir cuál fue el recorrido vital del delincuente y las razones por las cuales se han producido ciertos eventos. Podemos decir que el método de investigación de Bertone se asemeja al de Maigret: el denominado método-no-método, es decir, se deja guiar por un conjunto de ideas e impresiones que lo sumergen casi por completo, sin darse cuenta, en el entorno donde se han producido los hechos importantes y significativos para la investigación. De esta manera, obtiene información que le lleva a descubrir, también con una pizca de buena suerte, la personalidad de los protagonistas de la novela policíaca y algunos elementos que determinarán la resolución de la misma.

A pesar de ser el jefe de la Comisaría, Flavio Bertone prefiere actuar en primera persona y delegar en sus empleados sólo las tareas administrativas de la investigación. En estos casos, es importante la contribución del fiel Pizzo que informa minuciosamente de la investigación llevada a cabo por él, aunque sean sólo a través del ordenador o el teléfono.

Como he subrayado anteriormente, a Flavio Bertone no le gusta el lado burocrático de la investigación, y a pesar de no tener un físico atractivo y de ser un hombre que ya ha cumplido los 50 años, decide moverse siempre en primera línea: prefiere ir a la calle, conocer personas, entornos, entrar en las casas e investigar, conocer los hábitos y las costumbres de las personas involucradas, ingresar en su mundo hablando su mismo idioma, respetando su lado humano.

Fiel a su carácter un poco confuso y sui generis, descuidado y torpe, el Comisario Bertone no hace nada para disfrazarse y ocultarse durante una investigación; de hecho, parece querer ser percibido como una advertencia al criminal de turno. No hace falta decir que, incluso en estas situaciones, el talento léxico de Fabio Bussotti destaca, haciendo que este personaje nos parezca cada vez más simpático.

En el mundo en que se mueve Bertone no siempre es posible llevar a los culpables ante la justicia, y aunque en esta novela Bussotti respeta el canon del bien contra el mal, de la justicia contra la injusticia, se descubrirá una verdad sorprendente en la que, tal vez se permiten vislumbrar una serie de suposiciones que mantienen al lector siempre en alerta.

La indudable humanidad de Bertone se demuestra por la rabia dictada por la impotencia de no poder cambiar algunas situaciones (por ejemplo, la relación con Mafalda Moraes o incluso la resolución del enigma de la novela) y ya que no consigue aguantarlas psicológicamente se entrega a la comida y al alcohol para consolarse, como si fueran la panacea para curar todos sus males.

El poeta y escritor Umberto Saba dijo que las novelas de misterio le recordaban las inagotables aventuras de hidalgos y caballeros, con la única diferencia de que, en lugar del caballero, se había colocado al policía. Bertone no puede ciertamente ser definido como un caballero en el sentido antiguo de la palabra, considerando sus andanzas inciertas por la vida, llena de inseguridades y miedos, pero tiene el sentido de la justicia dictada por una conciencia sana y recta que le lleva a actuar de forma totalmente alejada a su naturaleza y que le hace parecer casi heroico a los ojos de los otros personajes y del propio lector (por ejemplo, cuando intenta salvar a Giuliana).

La verosimilitud es una característica que aproxima los personajes al lector, que se siente involucrado en la investigación y casi siente la necesidad de ingresar en ella para contribuir activamente a la identificación de las motivaciones que llevan a los personajes a actuar de cierta manera.

Como se ha podido ver, en esta reseña no he hecho hincapié en el resumen de la trama de “El mayordomo de Borges”, porque al ser una novela policíaca pienso que es mejor leerla directamente y que los lectores saquen sus propias conclusiones, pero he resaltado los puntos principales de la caracterización de los personajes y de la fluida escritura y perfección técnica, incluso en las pausas adecuadas a este género literario, que adopta Fabio Bussotti para contarnos esta historia que es tan vasta en el tema que reducirla en un resumen-reseña sería realmente un “crimen” (ninguna palabra era más apropiada en este contexto). Todo esto porque creo que el libro de Bussotti tiene mucho que ofrecer al lector, así como todos los libros de la serie del comisario Bertone, porque Fabio tiene la peculiaridad de partir de un elemento artístico, en este caso un manuscrito, quizás perteneciente a Borges, con el fin de desentrañar una narrativa que va de la historia a la literatura, a la poesía, involucrando otras artes, como la música, haciendo un juego casi de espejos en el que visiones y realidad están fusionadas en un solo flujo dinámico que llevará al Comisario Bertone y a nosotros, los lectores, al ajuste de cuentas final.

De hecho, también la música comparece en esta aventura y la banda sonora de esta novela policíaca es Afterglow del grupo Génesis, que también es también el título de un poema de Borges. Precisamente en estas situaciones se revela el alma poética de Fabio Bussotti que nos hace escuchar la voz de Phil Collins y la de Borges que tocan, sugieren, proponen y seducen al lector y al Comisario Bertone al mismo tiempo, en una intrincada, sugestiva y contundente trama:

Afterglow es una palabra intraducible que define el límite último, el confín impalpable entre el día y la noche. El brillo desesperado y final.</p>

Se terminó. Al final, se terminó

Y Fabio – Borges añaden poesía sobre la poesía al enigma del libro:

... no todos los anocheceres son iguales. Algunos son silenciosos como linternas mágicas, otros cuentan historias, otros incluso son como canciones.

Al igual que las otras novelas de la serie, “El mayordomo de Borges” es una novela única, una novela policíaca que vale la pena leer con mucho cuidado, aunque, por experiencia personal, os digo que una relectura (yo tuve el privilegio de leerlo en italiano y en español, traducido por la talentosa Nuria Fernández) sin duda le dará la perspectiva exacta de lo que ha hecho Fabio Bussotti junto con su compañero de aventuras, Flavio Bertone. Es un libro que hay que guardar en nuestra librería, junto con los demás de la serie.

Después de mi breve disertación sobre la novela policíaca de Fabio Bussotti, tendría una pregunta que hacerle a nuestro autor: las iniciales del nombre del Comisario curiosamente coinciden con las del autor, ¿podría resolver este enigma, querido Bussotti?

1- ¿Cuál es el misterio detrás del resultado positivo de esta serie de novelas protagonizadas por el Comisario Bertone?

2- El escritor policíaco italiano Camilleri se reunió en julio de 2013 con John Simenon, hijo del escritor belga Georges Simenon, autor de la saga de Maigret y le dijo que se inspiró en el Comisario inventado por su padre y aprendió a escribir novelas de misterio como ayuda en la producción de RAI de la serie TV con Gino Cervi. ¿Cuál es el modelo de inspector de Fabio Bussotti, si tiene uno?

3- Además, en esta conversación, Camilleri dijo: “No sé inventarme cosas desde cero, tengo que partir de la realidad, de las noticias reales”. ¿Es lo mismo para Fabio Bussotti?

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