LLUISA VIDAL | PINTORA DEL MODERNISMO CATALÁN

EL ATRIL

Por: Isabel Rezmo


Proverso abre el atril y el lienzo este mes,  para recuperar la figura de las artistas y mujeres  muchas de ellas silenciadas, y otras olvidadas en nuestro país.

Lluïsa Vidal (1876-1918) formó parte de la generación joven de artistas modernistas catalanes. Pintora, dibujante e ilustradora, fue una gran retratista, muy valorada por su capacidad de captar el estado emocional del retratado.  Su obra se percibe una clara influencia de los grandes maestros de la pintura clásica española. Otra faceta de su obra es la pintura de género, muy característica de la pintora y en la que muestra con total naturalidad la vida cotidiana de las mujeres. Podemos destacar  también la pintura al aire libre y los temas preferidos del artista: fiestas populares, bailes de pueblo, playas y calles, casi siempre con figuras, colores vibrantes, trazo seguro y pinceladas atrevidas.

Sus obras desvelan lo que hay detrás de la obra de arte, lo que no está a la vista, lo que explica su historia y transmite la importancia del primer trazo, de los esbozos y tanteos que elabora hasta llegar a la obra definitiva.

A pesar de su singular enfoque del modernismo, su visión femenina y de cronista de su tiempo, y a pesar de ser considerada la más dotada de las pintoras catalanas, Lluïsa Vidal desaparecería prácticamente del mapa artístico como si no hubiera existido nunca.

Después de su muerte la contribución de la pintora al modernismo catalán se borró de la historia del arte de Cataluña y su obra cayó en el más absoluto de los olvidos.

En un  universo lleno de hombres de la pintura modernista,   consiguió hacerse un hueco. Con su habilidad llegó a realizar obras destacadas que, años después de haber fallecido a los 42 años víctima de la gripe española, anticuarios y comerciantes del arte las hicieron pasar por pinturas de artistas como Ramon Casas, tras borrar la firma de ella y falsificar la de él.

En 1996 Marcy Rubio, investigadora americana establecida en Barcelona, publicó una primera biografía de la pintora que dio pie a una exposición en 2001 que viajó por varias ciudades catalanas, pero no se vio en Barcelona. Desde 2008 el relevo lo ha cogido Consol Oltra que desde entonces no ha parado de investigar la vida y la obra de esta mujer. Realizó en 2013 una monografía con documentación inédita conservada por la familia de Vidal; sobre todo su correspondencia y los esbozos de sus trabajos; además de recuperar un buen número de obras, incluso en países tan lejanos como Uruguay y México. Luego, en junio de 2014, hizo una primera exposición en el Museo del Modernismo de Barcelona. Y una segunda, en septiembre de 2016, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, un centro que tiene nueve obras de la pintora (entre ellas, una espléndida de su hermana Marta Vidal) donadas por la familia en 1935 y que hasta hace unos años no exponía ninguna. La exposición estuvo acompañada de una monografía sobre la pintora.

Profundizaremos en su vida y en su obra.

SU VIDA Y OBRA

Lluisa Vidal nace en Barcelona, el dia 2 de abril de 1876  Pertenecía a una familia acomodada y culta, que se relacionaba con el ambiente modernista de la época. Eran doce hermanos, nueve niñas y tres varones, una de sus hermanas fue la primera esposa de Pau Casals, y otra se casó con el filólogo y escritor Manuel de Montoliu.

Creció en un ambiente propicio a las creaciones artísticas. Se educó con su padre, recibiendo lecciones de Joan González (hermano del escultor Julio González), de Arcadio Mas, del xilógrafo Gómez Polo; y en París, de Eugène Carrière. Influirían en ella artistas como Rusiñol y Casas (este en el retrato, y Rusiñol sobre todo en cuanto a soluciones compositivas).

En aquellos años había problemas con la colonia de Cuba, se leía a Zola y a Dostoievski, se escuchaba a Richard Wagner, ya se había inventado el teléfono, el nacionalismo catalán crecía, y la Renaixença catalana estaba en plena fiebre neogótica ecléctica en Barcelona. José Vilaseca, Antoni Gaudí, Lluís Domènech i Montaner eran la vanguardia y comenzaban a construir edificios.  En aquellos momentos el resto de Cataluña contrastaba enormemente con el resto de España.

Respecto a Cataluña impusieron una política restrictiva y autoritaria. El movimiento anarquista adquiría en Europa, una fuerza sin precedentes.

Lluïsa fue la única mujer de su época que se dedicó profesionalmente a la pintura y la única que fue a París a estudiar. Primero visitó el Louvre, y la exposición del Salón de París, se sentía sola, aunque el hecho de conocer artistas y visitar sus talleres le estimulaba la ambición artística, pero también le socavaba la confianza en su propio talento. Su falta de aprendizaje formal previo, la obligaba a realizar un esfuerzo importante durante las clases para así recuperar el tiempo perdido. Por primera vez estudió los valores, la relación dentro de la pintura entre la luz y las sombras. Conocedora de sus carencias trabajó intensamente. Picard la animaba. Lluïsa informaba a su padre de sus actividades, aunque ella ya se había forjado sus opiniones, se hacía cargo de sus estudios, había alquilado un puesto de trabajo y controlaba sus finanzas. A medida que pasaba el tiempo, Lluisa cada vez era más independiente.

Cuando vuelve de París se afilia al grupo de feministas católicas lideradas por Carme Karr. En ese círculo, se movió desde entonces y muchos de sus retratos fueron de las mujeres de este entorno, de su familia y de amigos.

Mujer activa y comprometida socialmente, vivió de la pintura y de las clases particulares que impartía en su taller de la calle de Salmerón, hoy Grande de Gracia, que antes había ocupado Nonell, y de sus colaboraciones en revistas. Entró en contacto con todo el grupo de artistas europeos, fugitivos y refugiados de la guerra y establecidos en Cataluña, convirtiéndose en una activa pacifista formando parte del Comité Femenino Pacifista de Cataluña.

Su participación en el mundo artístico se inició en Els Quatre Gats, donde fue la única mujer que expuso. Colaboró en la revista Feminal, en ella ilustró cuentos de las mejores escritoras catalanas del momento (Dolors Monserdà, Caterina Albert, Carme Karr, etc.). En 1910 se incorporó al Instituto de Cultura y Biblioteca Popular para la Mujer, creado por Francesca Bonnemaison, del cual fue presidenta del Tribunal de exámenes y jurado de la sección de arte. También participó en el Patronato de Obreras de la Aguja, fundado por Dolors Monserdà, y en La Llar, la residencia para estudiantes y profesores fundada por Carme Karr.

Siempre disfrutó de buenas críticas, aunque su obra se calificara de viril, calificativo positivo para los críticos de la época.​ Murió joven a causa de la pandemia mundial de la gripe española, en Barcelona.

EL MOVIMIENTO MODERNISTA CATALÁN

Lluïsa perteneció a la segunda generación de artistas modernistas.​ Tal movimiento será ecléctico e individualista, a la vez que moderno e intrínsecamente catalán. Cirici Pellicer afirmó que Lluïsa Vidal aportó al movimiento una única visión artística femenina, y que fue bastante parecida a la de Berthe Morisot dentro del movimiento impresionista de Francia.

Como las mujeres no podían cursar estudios oficiales, no podían disponer de los modelos que había en las escuelas. Así Luisa, inteligentemente, usó a sus hermanos y hermanas, muy a menudo, pero eran modelos neófitos, impacientes, y tenía que trabajar con rapidez, por eso muchas veces utilizaba sanguinas​. Su pintura reflejaba poder de observación como artista y como mujer, su obra en general tiene intensidad pictórica y una mirada directa. La producción plástica de Lluisa se movía dentro de la tradición modernista moderada. Únicamente Lluïsa y Pepita Teixidor desarrollaron su labor de pintores exponiendo regularmente y teniendo una clientela fiel. Pepita se dedicó a la pintura de flores, un género considerado femenino y Lluisa tuvo que recurrir a la enseñanza, para completar las ganancias que obtenía como artista.</`p>

También le agradaba trabajar al aire libre. No había nada de aficionada en su manera de enfocar el arte. Su padre le había inculcado unos rasgos considerados masculinos en la época: capacidad de trabajo, competitividad, pensamiento independiente y gusto artístico.34​ Vivía en un entorno de intercambio artístico constante. Su energía y calidad hizo que sus colegas masculinos la aceptaran. Fue la única mujer con suficiente talento para ser admitida a Quatre Gats, así sus dotes siempre se etiquetaron como masculinos.

Su aprendizaje fue heterogéneo, y sus influencias se pueden reconocer en la pintura de Lluïsa: Los temas elegidos, la elección cromática y el uso vibrante de los colores de Arcadio Mas; las tonalidades más sombreadas de Carrière y los fondos fluidos y las pinceladas las aprendió de los grandes maestros españoles, sobre todo de Diego Velázquez.

En octubre de 1903, expuso en la Sala Parés diez óleos y dos dibujos a la sanguina. Los críticos una vez más alabaron a Lluisa por su extraordinario talento masculino. Aplaudieron la excelencia y la variedad de la pintora, la creación de arte superior mediante un dominio técnico absoluto, la firmeza del dibujo, y la fuerza y la veracidad del color.  Lluisa lo que quería era demostrar en aquellos momentos, su versatilidad artística. Todo lo que había expuesto en la Sala Parés formaba parte de las nuevas tendencias aceptadas por el arte francés.

Sus retratos ya se destacaban en las primeras exposiciones, y la crítica sería unánime en elogiarla. Destacan los retratos a Maria Luisa Güell, Mossèn Jaume Collell de Vich, Carme Karr, Caterina Albert (Victor Català), Dolors Monserdà, Margarita Xirgu, Ricard Canals, Manuel Fuxà entre otros.

Lluïsa pintó un retrato de Dolors Vidal, esposa de Miquel Utrillo, director de Pèl & Ploma, posteriorment ese retrato se atribuiría erróneamente a Casas. ​ Posiblemente se debió a evidentes paralelismos entre la pintura de Lluisa y la de Casas. En la obra de los dos se puede observar la influencia de Diego Velázquez, la de Sargent, Whistler, y Manet posteriormente.

Tiene tres autorretratos conocidos, cada uno en una posición diferente. el más famoso: Posant-se la jaqueta (Poniéndose la chaqueta), de 1908, la pintora en el estudio se prepara para marcharse después del día de trabajo. A fines de 1907, el Círculo Artístico organizará en la Sala Reina Regente, una Exposición de autorretratos patrocinada por la casa real. Lluïsa, fue la única pintora representada, con este  óleo . Los críticos lo alabaron, porque era un cuadro lleno de vida, pintado con energía y libertad.

También pintaba costumbres locales, fiestas tradicionales, celebraciones religiosas, y actividades de ocio y al aire libre. Muestra fragmentos de la vida cotidiana, que son vivo retrato de la época. Retrató las tareas femeninas más tradicionales. Lo transmitió con naturalidad, pero llenas de calor y luz. Mostró chicas estudiando, saliendo a la calle, pintando o leyendo, actividades modernas y avanzadas por la época, poniendo al descubierto el entorno progresista en el que vivía y trabajaba.

Su  pintura ha estado considerada como modernista por los tonos de su paleta, el uso de la transparencia luminosa en los colores de fondo, y también en la elección de los temas. Juntamente con Joaquín Mir, Oleguer Junyent, Julio González, Javier Gosé, Ricard Canals, Josep Maria Sert, Ramón Pichot, y el joven Picasso; siendo incluida dentro de la segunda generación de los modernistas.

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