MANIÁTICA DONCELLA TRASLÚCIDA

Por: Francisco Acosta (Profesor de Piano. Compositor y Pianista)


No, no es la misma sangre azul esmerilada la que inunda su mano blanca. No es la sangre primigenia de cualquiera de nosotros, es el manantial que derrama ternura en cada yema de sus dedos. El Nocturno de Chopin está creado con el delicado polvo de ala de mariposa mezclado con hiriente hacha de revolución interna despiadada. Frédéric canta a la opresión del genocidio y calma sus ansias besando con labio blando el marfil de su piano. Cada sonido es una huella de amor; no lo puede evitar. Llegó a París buscando refugio artístico, y lo logró. Aclamado por lo más selecto de la sociedad Chopin gestó sus Nocturnos para piano en cada sacudida emocional que lo zarandeó, y fueron muchas. De alma cándida y espíritu trascendente encontró en el piano aquello de lo que escapar. Sus melancolías y sus arrebatos de furia (flores y bombas) confluyen en un ir y venir de armonías rayanas en lo impresionista (afrancesamiento de una nueva e incipiente ruta musical). El Nocturno es su forma musical por antonomasia donde el polaco despliega toda su artillería sonora. Los presenta plácidos y cuasi inocentes, para volcar, en un clímax ardoroso, la meta de su vida. Después la calma, el sigilo, la llanura tras el descenso de las montañas. El destino de esa música es narrarte la vida en pocos minutos. Ahí está todo lo que la condición humana siente. El tránsito vital en el camino del hombre. Estamos hechos de emociones y su piano se apodera de todas. La mano de Chopin es vapor de agua y su pecho un volcán de acordes turbulentos que te describe. El hijo de Justyna nace con cada rayo de sol y aspira a grandes bocanadas el oxígeno que sus maltrechos pulmones tuberculosos bloquean. ¡Ay…!, avanzar, siempre avanzar asombrándonos de lo que ya conoces  pero quieres repetir el placer que da brillo a tus ojos. El piano de Chopin es una maniática doncella traslúcida de labios violáceos. Su Nocturno es un barco fantasma que navega en aguas abrasadoras; a veces avista tierra pero no ancla porque el mar es hipnótico y su inmensidad atrapa. Y ahí las aventuras son fuente de vida; ¡Para qué arribar si la poesía está servida en los océanos de sus Nocturnos!

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