FERNANDO AGUILÁ | LA MÚSICA HECHA VERSO

Por: Inma J. Ferrero


La revista PROVERSO ha tenido el gran placer de realizar una entrevista el director del “Parnaso español” Fernando Aguilá, el cual ha tenido la ambilidad de responder a nuestras preguntas.

Fernando Aguilá, fundador y director de EL PARNASO ESPAÑOL, está especializado en la interpretación del repertorio de los siglos XVII y XVIII. Fruto de este interés ha sido su labor como director de los grupos Il Modo Frigio y Camerata Antiqua, y su investigación sobre la práctica del bajo continuo sobre instrumentos de tecla en España, materializada en su trabajo Las Reglas Generales de Acompañar de José de Torres (ca.1670-1738), estudio y edición crítica de la edición de 1736 del emblemático tratado del gran compositor español.

Director y organista de formación, como intérprete se ha comprometido con la difusión del repertorio del barroco hispánico, colaborando habitualmente con diversos grupos especializados y habiendo ofrecido numerosos conciertos como solista. Compagina además una intensa actividad en el ámbito de la música coral con el estudio y la interpretación del repertorio histórico para tecla y la dirección vocal e instrumental. Como compositor ha obtenido varios premios (Premio Ángel Barrios de Composición, Premio Lacetània de Composición Coral o Premio de Composición Coral de la Federació de Cors de la Comunitat Valenciana, entre otros), y varias de sus obras han sido grabadas y retransmitidas por RNE y publicadas por diversas editoriales (EMEC, Piles). Recientemente ha obtenido el Premio Juan Bautista Comes de Composición Coral.

R.P: ¿Podrías darme una definición de la música barroca según tus palabras?

F.A: La música barroca es el elogio de la retórica. La práctica musical del periodo que hemos denominado “barroco” se relaciona de forma maravillosa con el resto de las manifestaciones artísticas de su época: la pintura, la escultura, la arquitectura, la literatura… Y en todas ellas, el gusto por el detalle es la norma, por lo que visualmente entiendo esta música, sobre todo a partir del primer tercio del siglo XVIII, como una artesanal filigrana, ya que la ornamentación es también una parte intrínseca de su lenguaje. Sin olvidar precisamente que la retórica, esencial en la literatura barroca, constituye en este periodo el basamento de su arte musical.

“la música barroca es el elogio de la retórica…”

R.P: ¿cuáles son la música y los periodos históricos que prefieres?

F.A: ¡Difícil elección! Como compositor e intérprete, el siglo XX es para mí un periodo realmente fascinante. Si existiera la posibilidad de viajar por el tiempo, no dudaría en visitar el París de principios de siglo, que sería maravilloso por todo lo que significó para los compositores de esa generación. Y claro está, el siglo XVIII español. Aunque nunca he ocultado mi fascinación por la polifonía renacentista, de la que en España podemos y debemos sentirnos realmente orgullosos, encuentro en el siglo XVIII un interesante punto de inflexión en la Historia que lo hace realmente interesante para todos aquellos a los que nos gusta bucear por ella. Concretamente en lo musical, el XVIII en España ha sido un siglo muy maltratado por los historiadores y los musicólogos hasta hace muy poco tiempo, llegando hasta nosotros de manera tan distorsionada que hacía poco o incluso nada apetecible su investigación. Afortunadamente, este panorama empezó a cambiar hace ya varias décadas, y hoy se nos presenta como lo que realmente fue: uno de los periodos más interesantes y fructíferos de la historia de la música española.

R.P: ¿Prefieres los instrumentos antiguos o actuales?

F.A: Hoy tenemos la posibilidad de interpretar la música del pasado con instrumentos históricos originales o bien con reconstrucciones de esos instrumentos, que es lo que la mayoría de los músicos historicistas hacen si no pueden disponer de los originales. Para mí, volver a la antigua práctica instrumental es esencial para entender la música de épocas pasadas, puesto que los compositores concibieron su música pensando en aquellos instrumentos, incluidas las limitaciones técnicas que con el paso del tiempo se fueron limando hasta llegar a nuestros perfeccionados instrumentos actuales. El estudio de tantos siglos de práctica musical tan diversa se acumula en el intérprete actual como una pátina de polvo que conviene limpiar a conciencia si queremos acercarnos a esa música sin prejuicios.

Hay otra elección, respetable sin duda, aunque no la comparta, que es la de interpretar la llamada “música antigua” en instrumentos modernos. Pero para mí es algo alejado de la esencia de esa música. Recuerdo que no hace mucho, una conocida editorial reeditó un cuaderno con obras de Cabezón en cuyo título rezaba el epígrafe “para piano”. ¡De lo anacrónico que resultó hasta me pareció poético! No obstante, la búsqueda del sonido original no dejará nunca de ser una quimera. Y no porque no nos hayan llegado instrumentos perfectamente conservados, que así ha sido, sino porque nuestros oídos ya no son los mismos que los que escucharon nacer aquellas obras.

R.P: ¿cómo interpretas las partituras de esta música? ¿Qué criterios crees que debe defender el intérprete actual de la música barroca?

F.A: La interpretación de la música del pasado ha de fundamentarse en un trabajo serio y riguroso, pero sin renunciar jamás a la fantasía. El estudio de las fuentes y el conocimiento exhaustivo de la práctica musical de la época no deben estar reñidos jamás con la imaginación musical, puesto que tanto para intérpretes y musicólogos la práctica científica y la artística están condenadas a entenderse. Y digo esto porque antes era bastante común que cada cual mantuviera su terreno a salvo de intrusiones. Así nos encontrábamos musicólogos con un paupérrimo conocimiento de la armonía y un letargo en su intuición musical de tal magnitud que eran incapaces, por ejemplo, de reconstruir un fragmento musical con la mínima coherencia o de corregir errores flagrantes en la copia de un bajo continuo, al igual que intérpretes con un conocimiento elemental y casi ridículo de la música que tenían entre manos. Por fortuna esto ha cambiado, y salvo muy contadas excepciones, tanto los musicólogos como los intérpretes (que lo habitual es que ya trabajen de manera conjunta) están respaldados por una sólida formación interdisciplinar que garantiza un resultado como mínimo satisfactorio en ambos terrenos, y que obviamente resultan indisolubles, puesto que la práctica musical “históricamente informada” (como gusta llamarla en el ámbito académico) es impensable sin el estudio de sus fuentes históricas, al igual que resultaría absurdo investigar y rescatar nueva música para que ésta acabara en un cajón. Y es ahí donde recae nuestra responsabilidad como intérpretes: darle forma a una música que, en muchos casos, es una mera consecución de pistas que sólo deja entrever lo mucho que se oculta entre sus notas. Conviene recordar que el intérprete actual de estas obras se enfrenta a una gran dificultad que se añade a todas las propias de su profesión: se ha perdido mucha información por el camino. Los músicos del siglo XVII, por poner un ejemplo, estaban acostumbrados a una serie de prácticas en la ornamentación, la articulación o el aire, que no era necesario plasmar por escrito, puesto que todos las conocían y practicaban. Y no sólo exigían conocimiento y destreza, sino también imaginación. Afortunadamente hoy disponemos de numerosas fuentes y documentos para reconstruir esta práctica.

“Pienso que todo crítico, ya sea musical, literario o crítico de arte, debe poseer dos cualidades indispensables: conocimiento y ecuanimidad…”

R.P: ¿Qué piensas de los críticos de la música barroca?

F.A: Desconfío de los críticos “especializados”, pues son aquellos en los que he observado un mayor uso de clichés en sus críticas. Pienso que todo crítico, ya sea musical, literario o crítico de arte, debe poseer dos cualidades indispensables: conocimiento y ecuanimidad. Puede resultar una obviedad, sin duda, pero la carencia de una de estas cualidades (o de ambas) puede convertir el difícil ejercicio de la crítica en un juego muy peligroso, como por desgracia hemos visto y seguiremos viendo en demasiadas ocasiones. El concierto, el cuadro o la novela son sólo la punta de un iceberg de horas, días e incluso años de trabajo y sacrificio que merecen el más profundo de los respetos. El mismo respeto, por supuesto, que merece la crítica musical ejercida con rigor y profesionalidad. A un crítico le exigiremos coherencia, por supuesto. Pero precisamente con esa misma coherencia deberemos afrontar una crítica que, buena o menos, siempre será beneficiosa.

R.P: ¿crees que está aumentando la demanda para este tipo de música?

F.A: Afortunadamente es un hecho. Hay un interés creciente, tanto por los músicos como por el público. Cada vez más conservatorios ofrecen especialidades de instrumentos antiguos, así como de canto histórico, y su demanda es asombrosa. No hace muchos años era casi obligatorio salir de España para formarse en la práctica histórica, y hoy se ha convertido en sólo una elección más. También el público, cada vez más formado e informado sobre el repertorio, se mantiene ávido de nuevas propuestas que enriquezcan su disfrute. Y es ahí donde la recuperación del patrimonio musical encuentra su razón de ser: músicos preparados para enfrentarse a él y un público entregado para su disfrute. Por ello, y a pesar del escaso apoyo institucional de propuestas como la nuestra, el panorama actual es muy alentador. E insisto, a pesar de las instituciones que deberían velar por ello.

R.P: ¿Cuáles son tus influencias en referencia a otros grupos u orquestas que tocan el mismo estilo?

F.A: La influencia que han ejercido los grupos más veteranos en los músicos más jóvenes es incuestionable. Una figura imprescindible en nuestro país ha sido la del maestro Emilio Moreno, que desde su doble faceta como docente e intérprete ha iluminado el camino de varias generaciones de músicos. El gran Jordi Savall, por supuesto, merece mención aparte. En nuestro caso, El Parnaso Español intenta continuar el trabajo que ya iniciaron en su día pioneros como el maestro Eduardo López Banzo, que desde Al Ayre Español ha llevado a cabo una espectacular labor de recuperación de autores de nuestro barroco tan importantes como Durón, Torres, Nebra, De la Puente o Iribarren, pues nuestro grupo nació con el objetivo prioritario de la recuperación del patrimonio musical español e iberoamericano. Aunque a cada conjunto le corresponde su propia personalidad, es muy beneficiosa la comunicación y la buena relación que existe hoy entre los colegas, enriqueciéndonos entre todos de las diferentes propuestas y aportaciones que cada cual realiza desde sus grupos. De esta forma, sólo en España ya nos encontramos con un deslumbrante panorama de orquestas y conjuntos importantísimo y cada vez más numeroso: la Orquesta Barroca de Sevilla, El Concierto Español, La Real Cámara, La Madrileña, La Danserye, La Galanía, Los Músicos de su Alteza, La Tempestad, Accademia del Piacere, Forma Antiqua, Los Afectos Diversos…, que unidos a grupos más jóvenes pero excelentes como Dolce Rima, Concerto 1700, L’ Apothéose, Lodi Musicali o Íliber Ensemble prometen un futuro alentador.

R.P: ¿cuáles son tus proyectos futuros?

F.A: Nuestro próximo CD estará dedicado a José de Torres, que merecía sin duda un monográfico de sus cantadas sacras, que son bellísimas. Es un precioso proyecto al que estamos dando ya los últimos retoques. En cuanto a nuevos programas, me hacen especial ilusión dos proyectos que estrenaremos este año. Uno será el estreno conjunto del Miserere de Antonio Literes y el Te Deum de José de Torres, dos obras espectaculares que haremos en colaboración con el Coro Tomás Luis de Victoria de Granada, la excelente formación vocal que dirige Pablo García Miran da, y que este año cumple su vigésimo aniversario. El otro proyecto, no menos fascinante, será la recuperación de la magnífica Ópera a 4 de Francisco Hernández Illana, una interesantísima obra que estrenaremos en mayo en el Festival de Música Antigua de Granada. Hernández Illana es uno de esos compositores injustamente olvidados que merecen urgentemente que se les restituya su lugar en la historia de la música española. Aprovecho para mencionar a los responsables de las transcripciones de estas obras: Raúl Angulo y Antoni Pons, dos excelentes musicólogos con los que colaboramos estrechamente. Ambos, responsables del proyecto Ars Hispana, realizan una titánica labor de investigación sin la cual no sería posible nuestro trabajo. Aprovecho desde aquí, una vez más, para agradecerles su encomiable esfuerzo por la recuperación de nuestro patrimonio musical.

R.P: algo que quieras decir para motivar a más público a escuchar y a descubrir este tipo de música que está renaciendo en las últimas décadas.

F.A: Que no sólo disfruten, sino que se arriesguen a conocer aquellos autores completamente desconocidos, pues en ellos descubrirán una música dispuesta a hacerles disfrutar del más fascinante viaje en el tiempo. Hoy tenemos en España un barroco más vivo que nunca. ¡Y grandes músicos deseando mostrarlo!


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