NOVELA Y POESÍA (PRECIO Y VALOR) 

Por: Enrique Gracia Trinidad


Es curioso comprobar que algunas veces estás de acuerdo con algo y, sin embargo, no estás de acuerdo —siempre pensé que la contradicción es una de las esencias del ser humano—.

Hoy es una de esas veces, cuando constato que a los premios literarios de este país que tienen distintas modalidades les ocurre siempre lo mismo: económicamente, dotan muchísimo más a la novela que a la poesía.

Recordemos algunos, aunque la crisis de la segunda década del siglo XXI haya modificado las cantidades: El Tiflos con 17.000 € para la novela y 10.000 para la poesía; el Ciutat de Palma con 26.000  y 12.000 respectivamente; el Ciudad de Salamanca, con 15.000 y 8.000; y no digamos uno de los más grandes que fue el Ciudad de Torrevieja, que dotó a la novela con más de 360.000 €  y a la poesía con 18.000, hasta que se acabó por el endeudamiento de su ayuntamiento (que no me extraña por la presunción de querer ser uno de los mejor pagados del castellano, desde una ciudad relativamente pequeña).

Cabe preguntarse: ¿Las distintas valoraciones se deben a la diferencia entre el tamaño de las novelas y los poemarios? ¿Es porque la novela es la lectura preferida de los españoles? ¿Es por el supuesto mayor tiempo que se tarda en escribir una novela? ¿Será cuestión de intensidad?¿O es sencillamente «al peso»?

Si fuera por el tamaño, prevalece el continente sobre el contenido lo que en comercio tiene cierto sentido, pero en literatura es un despropósito. Si es por la preferencia de los lectores, habría que considerar la calidad y la maltratada educación lectora de los españoles. Si se trata del tiempo utilizado, debería medirse bien el tiempo real de gestación y si corresponde a las horas escribiendo o a las horas, días, años de pensamiento, emociones y vida que tanto una novela como un poemario pueden requerir. Si hablamos de intensidad, entre una buena novela y un buen libro de poemas sospecho que hay mucha más intensidad en el último, pese a su menor tamaño (o tal vez por eso mismo). Si es «al peso», nada que objetar, suele pesar mucho más una novela, pero con ese criterio  las obras completas de Neruda podía costar tanto como el Quijote.

Obsérvese que estoy hablando de coste y, en todo caso, de valoración, no de valor. Y a esto debe añadirse que el precio de venta de una novela parece más rentable que el de un libro pequeño; no en vano buscan los grandes vendedores de libros, volúmenes de los que se dicen «gordos», aunque se les note el relleno.

Respetando absolutamente a los novelistas y a sus lectores, debo dejar claro que, a mi modo de ver, la poesía supera a la novela, prevaleciendo la intensidad por la cantidad. Si un novelista y su lector necesitan quinientas páginas para contar un amor que durará más allá de la muerte, recuérdese que Quevedo lo solucionó en un soneto de menos de cien palabras, y aún más, lo clavó en los dos últimos versos del mismo: «serán ceniza, más tendrá sentido; polvo serán, más polvo enamorado». Claro que puede que el lector que no desee poner sus neuronas emocionales a trabajar, prefiera que le cuenten con todo detalle cómo son las cenizas, cómo se enamoró el polvo antes de serlo, dónde, cuándo y hasta cómo se llamaba la cuñada del difunto enamorado.

Recordando a Ortega —»Las ideas se tienen, en la creencia se está»—, alguien tuvo la idea de que la novela tenía más precio que la poesía y debía premiarse mejor, y todos le han seguido, fieles a la marcha inconsciente del rebaño, sin pararse a pensar más que como tenderos. Yo estoy más en la creencia de que no es el precio, sino el valor el que está del lado de los poemas.

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