ANTONIO TELLO | EL DOBLE COMPROMISO DE LA POESÍA

Por: Isabel Rezmo

Imágenes: Jorge Raúl Tello


Proverso tiene el honor de presentar a sus lectores una entrevista concedida por el escritor y poeta  argentino Antonio Tello.

En la noche yerma,  su último poema.

“El día en que el pueblo reventó de angustia” (1973)  supuso el inicio de su  vida literaria pero también la persecución por los diferentes gobiernos peronistas y militares. Su compromiso social y humano le lleva también a otros enfrentamientos y por ello se exilia en París, y luego llega a Barcelona donde se instala.

La torre de la canción, poética de la ciudad”- Radio Universidad de Río Cuarto, FM 97.7, que es declarado de Interés Cultural. En 2014 es nombrado  Coordinador del Área de Literatura de la Casa de la Cultura provincial. EN 2015, la Agencia Córdoba Cultura del Gobierno provincial le concede el Premio Reconocimiento al Mérito Artístico, en el capítulo de Letras, por el conjunto de su obra y por sus aportes a la cultura, en particular a la poesía, tanto nacional como provincial.

R.P: Buenas tardes Antonio, es un enorme placer tenerte en esta casa, con nuestros lectores.

Tu vida ha sido un constante compromiso con la literatura: tanto en novela, literatura infantil y juvenil, teatro, poesía… ¿Te queda algo por descubrir u ofrecer  en la literatura y en la poesía?

A.T: Siempre tenemos algo por conocer. De hecho la literatura es una de las vías que el ser humano tiene para indagar acerca del mundo y de la condición humana. El hecho de haber practicado casi todos los géneros narrativos hasta la poesía, pasando por el ensayo, la dramaturgia e incluso el periodismo, ha sido para mí una forma de aproximarme al conocimiento, saber por qué el ser humano es, como escribió Kazantzakis, “un fulgor entre dos abismos”, es decir, una chispa entre los misterios del origen y de la muerte, que la religión disimula con la idea de la divinidad, pero que aun así no logra aliviar la angustia existencial en la conciencia del hombre. La literatura como las demás expresiones del arte es un modo de hallar sentido a nuestra existencia en el cosmos. En otras palabras, mi escritura no puede ofrecer sino esa desesperada búsqueda de una respuesta a sabiendas de que nunca fue ni será dada.

R.P: No solamente has tenido un compromiso literario, sino social y humano. En la sociedad actual  ¿crees que es posible caminar en ese compromiso? ¿Crees que realmente el poeta hoy en día tiene un compromiso real con la sociedad en la que vive?

A.T: No creo que haya un compromiso literario, otro social y otro humano. El compromiso, si entendemos éste como una forma de responsabilidad civil, es uno. El individuo, en tanto ser inteligente y consciente de su existencia, sabe que su estar y su bienestar en el mundo depende del otro y que para protegerse ha de contribuir a la protección y felicidad de los demás. Por eso pienso que el poeta tiene una doble responsabilidad. La primera con la poesía y la segunda con la sociedad. Esta doble responsabilidad siempre ha generado confusión entre los artistas, especialmente entre los artistas de izquierda que se abanderaron en el compromiso con el pueblo y produjeron un arte para él sin caer en la cuenta de que de este modo traicionaban su condición poética. No se escribe para el pueblo como tampoco se escribe para el lector, se escribe para conocer la verdad y aunque ésta no se muestre en plenitud hemos de revelar lo entrevisto sin concesiones ideológicas, políticas, económicas o religiosas; hemos de ser fieles y leales a nuestro cometido artístico si queremos conocer lo que la realidad oculta en las sombras, como diría Lévinas. Es en este punto que se activa la responsabilidad civil, porque el artista, en tanto ciudadano, ha de colaborar activamente en la instrucción de la ciudadanía para que ésta pueda acceder al conocimiento que le enseñan las claves para comprender el mundo. Por esto pienso que no es cierto que las elites hayan secuestrado el arte, porque esto significa cargar al artista genuino con una traición que no ha cometido. Lo que han secuestrado las elites dominantes no es el arte, sino la educación.

R.P: Tu vida literaria y periodística se ha desarrollado en Barcelona, ¿qué ha significado para ti todas tus vivencias, toda tu trayectoria en Barcelona?

A.T: Es verdad, casi toda mi obra y mi actividad periodística e intelectual se ha desarrollado en España y, principalmente, en Barcelona, de donde no me he ido del todo, porque tal cosa es imposible. Cuando leí siendo estudiante los elogios que de ella hace Cervantes en el Quijote pensé que era una exageración para contraponerla a la Castilla oscurantista de la Contrarreforma, pero tuve la suerte de comprobar que eran ciertos. Su entorno, su dinamismo y la buena vecindad me ayudaron a forjar mi carácter y a sobrevivir. Por otro lado, no hay que olvidar que, aunque algunos nacionalistas digan tonterías sobre los castellano parlantes, Barcelona es la capital mundial de la edición del libro en lengua castellana y gran parte de su PIB procede de la industria editorial. Esto sin duda creó una serie de condiciones muy favorables para quien, como yo, tenía la escritura por vocación. Primero en el periodismo y después en el mundo editorial, en el que practiqué todos los oficios pertinentes, desde corrector orto tipográfico hasta editor incluyendo la escritura de innumerables libros que, aunque de encargo, me ayudaron a crecer profesionalmente y aprovechar sus recursos para mi propia escritura. Esta experiencia significó para mí tomar conciencia de que el escritor, más allá de su vocación o talento, no era un elegido sino un trabajador y que, como tal, pertenecía a la clase trabajadora, cuyos derechos debía contribuir a mejorar.

R.P: Volver a Argentina, ¿supuso para ti un reconocimiento y una manera de devolverte algo que te arrebataron injustamente?

A.T: En una de las primeras veces que, acabada la dictadura, regresé a Argentina me preguntaron en una entrevista qué pretendía y si estaba dispuesto a perdonar a quienes me habían arrebatado tantas cosas. Lo que respondí entonces lo sigo pensando ahora. No es mi intención pasar factura y tampoco puedo arrogarme autoridad moral para dispensar perdones, porque son miles y miles las personas damnificadas, las víctimas de la maldad. Si  bien en mi alma no hay lugar para el rencor o el resentimiento, el perdón es un acto de curación para la víctima que ella sólo puede otorgar cuando su espíritu está preparado. En cuanto a si busco algún reconocimiento para mi obra creo que éste se producirá, si lo merece, cuando la conozcan y en eso estamos.

R.P: ¿En cada una de tus facetas: periodismo, ensayo, novela, etc.  se percibe  el poeta que llevas, o por el contrario ellas te han conducido a una visión más poética  de la vida y de tu producción?

A.T: Como ya dije, el periodismo, el ensayo, la narrativa, la poesía, etc. siempre han sido para mí distintos caminos de aproximación al conocimiento, pero ellos no me han conducido a la visión poética porque ella me pertenece a mí. En este sentido, siempre he trabajado sobre la idea de conseguir una escritura poética para trascender la realidad más evidente. Una escritura convencional no puede hacerlo, porque carece de los recursos retóricos que se precisan para alcanzar esos registros que, como ya dije, ocultan las sombras. Desde mis primerísimos escritos está en mi disposición lograr esa escritura poética, que no es exclusivamente la que empleamos para escribir poemas sino para escribir poesía en su sentido más profundo. De hecho esta es la razón por la que destruí todos los poemas escritos antes de 1980. En mi entender eran poemas sin poesía y mi exigencia de rigor no me permitía publicar algo que no respondía a mi idea de lo poético. Por esta misma razón también destruí toda la narrativa escrita antes de 1968, año en que empecé a imaginar lo que luego sería mi universo literario y que perfilé por primera vez a través de los cuentos de “El día en que el pueblo reventó de angustia”, publicado en 1973 y reeditado en una edición príncipe en 2014, al cumplir cuarenta años, por UniRío Editora, la editorial de la Universidad Nacional de Río Cuarto.  Prácticamente todo lo que he escrito desde entonces ya está contenido aquí.

Antonio Tello con Francisco Umbral Rafael Alberti el día en que éste regresó a España, el 27 de abril de 1977.

R.P: Las nuevas tecnologías han supuesto una revolución a la hora de hacer poesía, y en la aparición de nuevos “poetas” y la manera de moverse las editoriales  ¿Crees que son contraproducentes, crees que es positivo?

A.T: No estoy seguro de que las nuevas tecnologías hayan revolucionado el modo de hacer poesía. Pensemos que la poesía surge de un acto de creación profundo y genuino que tiende a descubrir todo lo que concierne a nuestra naturaleza humana y al mundo que nos rodea; este acto de creación es por tanto un acto de resistencia frente a la ignorancia y también un acto limitado porque no podemos abarcar la totalidad. Quiero decir que nada externo puede cambiar su esencia y hacemos poesía del mismo modo como lo hacían nuestros antepasados. Otra cosa es que vayamos evolucionando en nuestros modos de expresarnos a medida que conocemos el lenguaje, pero aparte de esto hacemos poesía igual con nuestros dedos, con pluma, máquina u ordenador.  Ahora bien, lo que han hecho las nuevas tecnologías y su aplicación en las redes sociales es crear la fantasía de que la poesía es democrática y de que cualquiera puede acceder a ella.  Lo que han generado las nuevas tecnologías es una hiperinflación de poetas, es decir, de personas que se creen poetas y escriben versos, pero que no son necesariamente poetas. La poesía no es democrática. La poesía es selectiva porque su compromiso ético con la verdad y el conocimiento es extremadamente exigente.

R.P: Acaba de salir en España, México, Argentina y otros países latinoamericanos  tu último poema –En la noche yerma– publicado por Vaso Roto Editorial.  Este libro será presentado en Argentina en el marco del VIII Congreso Internacional de la Lengua española en marzo. ¿Qué vamos a encontrar en él?

A.T: Como ya se anuncia en el título, este poema, como en La tierra baldía de T.S.Eliot, trata de la decadencia de nuestra civilización y, consecuentemente, de la degradación de la lengua. Pero esa es toda la coincidencia.  Eliot, poeta inteligente y sensible a cuanto sucede a su alrededor y en su tiempo, observa y describe con claridad el derrumbe desde su torre social con el catalejos de su educación y su cultura eurocéntricas y anglosajonas sin que el polvo de los escombros ensucien sus ropas ni manchen sus zapatos. En cambio, el poeta de En la noche yerma vive la degradación de la civilización en carne propia y se arriesga no sólo a describirla sino a usar su propia lengua agónica en medio de un entorno hostil. Sobre la tierra baldía cubierta por los escombros de la guerra y los desechos humanos que Eliot vislumbraba ha caído la noche y la violencia campea encarnada en las sombras. Nadie escapa al horror.

el exiliado sabrá que  tampoco él escapará

al sino de los dioses y habrá de alzar la

quijada del asno contra los cazadores que

cortaron la lengua a los perros e hicieron

de sus sembrados cotos privados de batalla

 

R.P:   Hacer poesía es algo más que pasión y sentimiento, ¿Dónde se enmarca la poesía de Antonio Tello?

A.T: Mucha de la poesía que se hace actualmente es epidérmica porque está centrada en lo emocional antes que en el pensamiento y la imaginación. Los poetas actuales parecen estar más preocupados en emocionar para ganarse una parroquia de fieles y compartir con ella las circunstancias cotidianas que en explorar y conocer. Mi poesía en cierto modo desdeña la sentimentalidad romántica, pero no la pasión. La pasión es una de las formas de la voluntad y del deseo de superación, es, para decirlo siguiendo a Schopenhauer, el motor que mueve el mundo. Me he propuesto, aunque no sé si lo he conseguido, que mi poesía sea un eslabón más de la tradición poética. Conservo la oralidad y la musicalidad porque creo que también los sucesos y tribulaciones que embargan el espíritu son narrables del mismo modo como las noticias de los pueblos o las hazañas de sus héroes lo eran para aedas y juglares.

R.P: Hay un poema publicado en el blog de Claudia Ainchil, un poema tuyo “Odiseo” que empieza:

“Escribo.

Anudo palabras para conjurar el olvido.”

¿Qué te reporta la palabra?

A.T: Sí, ese poema pertenece a Sílabas de arena y expresa lo que es mi poética. La palabra es el sustento de nuestras vidas, porque ella no sólo define y significa el mundo que vivimos, sino que sienta las bases de la justicia y la convivencia entre los seres humanos. Si no fuera por la palabra el olvido se adueñaría de nuestras vidas y reinaría la impunidad, pero mantener esa idea significa conocer y “atravesar el laberinto de voces que brillan y mudan de sentido”

R.P: En el análisis de tu obra afirman que te sustentas en  la tradición literaria castellana en particular y anglosajona en general: Cervantes, Borges, Kafka, Camus o  Faulkner.  Tú has desarrollado congresos y conferencias  sobre la lengua y la literatura. En la actualidad  no se ve una base literaria en   lo clásico, muchos poetas tienen otros referentes más actuales o incluso un sustento más limitado, ¿es necesario volver a lo clásico? ¿Es necesario conocer o estudiar  a quienes nos han precedido con anterioridad, conocer la lengua, para ser buen escritor o poeta?

A.T:  Hace un momento dije que pretendía que mi poesía, mi obra en general, fuese un eslabón de la tradición. Creo que no se puede escribir en serio si no se conoce desde donde escribimos y si no se conoce la lengua. No se trata de que volvamos a los clásicos, sino de que nunca los dejemos para saber en todo momento hasta donde han llegado y avanzar ¿Podría haber escrito, por ejemplo De cómo llegó la nieve –mi primera novela- si no hubiese conocido el Mío Cid o El Quijote o En la noche yerma sin saber de T.S.Eliot, la Biblia o el Popol Vuh?

R.P: Para terminar, deseamos que tu nuevo proyecto literario sea un éxito,  y agradecerte de nuevo  el que nos hayas concedido esta entrevista. ¿Algún consejo, alguna sugerencia que quieras aportar a los lectores de PROVERSO?

A.T: Para dar consejos se necesita ser maestro y no sé si éste se vería con autoridad de darlos.

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