NOÉMIA DE SOUSA: EL CALLADO CLAMOR DE ÁFRICA

Por: Tomás Sánchez Rubio


Mãe! Minha mãe África
das canções escravas ao luar,
não posso, não posso repudiar
o sangue bárbaro que me legaste…
Porque em mim, em minha alma, em meus nervos,
ele é mais forte que tudo,
Eu vivo, eu sofro, eu rio através dele, mãe!

Noémia de Sousa, Sangue Negro

 

Mozambique es un país situado al sureste de África, a orillas del océano Índico. Se dice que su nombre proviene de Msumbiji, el puerto suajili en la Isla de Mozambique; también se afirma que los portugueses la denominaron así por derivar de Mussa Ben Mbiki, un comerciante árabe que visitó y se estableció en la mencionada isla. Su historia se parece bastante a la del resto de las tierras del continente africano. Vasco da Gama exploró las costas del país en 1498, durante su periplo alrededor del Cabo de Buena Esperanza y Portugal lo colonizó en 1505, convirtiéndose en asentamiento permanente en la nueva ruta comercial hacia el oriente.

En Mozambique se practicó desde muy pronto la esclavitud por parte de jefes tribales africanos, comerciantes árabes, y colonos portugueses “prazeiros”. De hecho, entre 1500 y 1800, cerca de un millón de personas fueron vendidas como esclavos.

Como consecuencia de la llamada Conferencia de Berlín, celebrada entre finales de 1884 y principios de 1885, escenificación del reparto sistemático del continente africano por parte de las potencias europeas, que ya llevaban siglos explotando sus riquezas, toda África -excepto Liberia- fue adjudicada a las distintas potencias signatarias. Sin embargo, Abisinia, cuyo control había sido otorgado a Italia, resistió a la invasión y permaneció independiente. Los portugueses extendieron o afianzaron su dominio sobre Angola, Cabo Verde, Guinea-Bisáu, Santo Tomé y Príncipe y Mozambique.

En las décadas de 1920 y 1930, el régimen colonial instaura un sistema racial separando a los africanos «asimilados», que recibieron las bases de una educación que les permitió eventualmente ocupar un sitio en la administración, de otros indígenas, privados de derechos y sometidos al trabajo forzado -que no será abolido hasta 1962-.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el dictador portugués António de Oliveira Salazar rehusó entrar en el proceso descolonizador voluntariamente, y el país vecino fue la última nación europea en retener sus mayores colonias en suelo africano, apelando al uso de la fuerza militar en caso necesario.

A principios de los sesenta, se desata la guerra en el África portuguesa, lo cual significó que el gobierno de la metrópoli debió invertir gran cantidad de recursos en sostener campañas bélicas, intentando abarcar cuatro frentes simultáneos en Angola, Mozambique, Cabo Verde y Guinea-Bisáu.

El autodenominado régimen del Estado Novo de Salazar y su sucesor, Marcelo Caetano, acabó en 1974 al triunfar en Portugal la Revolución de los Claveles. Uno de los primeros actos del nuevo gobierno fue dar término a la guerra colonial y negociar la entrega de todas las posesiones africanas a la resistencia indígena; proceso que culminó en 1975, si bien de modo desigual según el territorio. En Mozambique y Angola, los grupos rebeldes entraron pronto en una guerra civil después de la retirada portuguesa. A gobiernos populares entrantes respaldados por la Unión Soviética, Cuba, y otros países comunistas, se enfrentaron grupos de insurgentes apoyados por naciones como Zaire, Sudáfrica y Estados Unidos. Las secuelas de esta confrontación fueron más de novecientos mil muertos en combates y por inanición; cinco millones de civiles fueron desplazados, perdiendo muchos de ellos miembros del cuerpo por amputación debido a las minas, un legado de esta guerra que continúa azotando a Mozambique, ya que se calcula que aún dos millones permanecen activas. Los combates acabaron en 1992 y las primeras elecciones multipartidistas no tuvieron lugar hasta 1994.

Carolina Noémia Abranches de Sousa Soares, más conocida por Noémia de Sousa, nació el 20 de septiembre de 1926 en Lourenço Marques, nombre con el que se conoció la capital de Mozambique, Maputo, hasta 1976. El nombre de Lourenço Marques fue impuesto a la ciudad, en el siglo XVI, por el rey Juan III de Portugal -hijo de Manuel I el Afortunado y de la reina María de Aragón, cuarta hija de los Reyes Católicos-, en honor al explorador portugués del mismo nombre.

El 20 de septiembre de 1920, seis años antes del nacimiento de Noémia, podría considerarse como la fecha de inicio del movimiento no violento de Mohandas Karamchand Gandhi, en defensa de los derechos humanos en la India, ya que el congreso de aquel país permitió ese día la primera campaña del movimiento de no colaboración -o “resistencia no violenta” frente a las autoridades coloniales británicas- emprendida por Gandhi.

Celebrada como una de las más grandes poetas de África, Noémia de Sousa, a pesar de una obra no prolífica -aunque no por ello de menor calidad e intensidad-, influyó de manera indiscutible en toda una generación de escritores africanos. La constante presencia de las raíces y valores de aquel continente, así como la protesta y la reivindicación como ciudadana africana y del mundo, poeta y mujer, son los temas predominantes en su fértil poesía.

Noémia de Sousa murió el 4 de diciembre de 2002, a los setenta y seis años, en Cascais, Portugal, víctima de una larga enfermedad. Nuestra autora resulta un caso único en la literatura: apenas escribió de manera regular entre 1948 y 1951, y su primer y único libro se publicó un año antes de su muerte. No obstante, sus poemas aparecieron en varias revistas, tales como Mensagem, O Brado Africano o Présence africaine, publicación semestral −esta última− especialmente interesante, fundada en 1947 por el profesor y político senegalés Alioune Diop (1910-1980). Dirigida luego por su viuda, Christiane Diop, dio lugar también a un sello editorial del mismo nombre desde 1949, y, posteriormente, a una librería en el Barrio Latino de París.

Noémia de Sousa realmente nunca buscó ver publicados sus poemas, pero, gracias a la decisión de uno de sus seguidores, el escritor Nelson Saúte, escritor y profesor de ciencias de la comunicación también mozambiqueño, fue editado en septiembre de 2001 el poemario Sangue Negro, con cuarenta y seis poemas escritos entre 1948 y 1951. Lo sacó a la luz la Editorial Kapulana, con ilustraciones de la brasileña Mariana Fujisawa y portada de Amanda de Azevedo; el prólogo estaba escrito por la profesora Carmen Tindó, e incluía estudios de Fátima Mendonça, Francisco Noa y del propio Nelson Saúte. Completaba el volumen el testimonio de varios lectores apasionados por la obra de la escritora.

Noémia de Sousa, además de por su actividad creadora, destacó por su labor periodística: ejerció como reportera de las agencias noticias ANI, ANOP y Lusa.

En 1951, Noémia se había establecido en Lisboa huyendo de la persecución de la policía política portuguesa en Mozambique y se empleó como traductora en una agencia de noticias. En 1964 vivió un tiempo en París, donde trabajó como funcionaria del Consulado de Marruecos, y luego retornó a Portugal, hasta su muerte. Desde que dejó su país en 1951, no volvió a escribir poesía, excepto algunos trabajos en homenaje con ocasión de la muerte, en 1986, de su admirado Samora Moisés Machel, presidente de Mozambique desde 1975, considerado como el padre de la independencia mozambiqueña.

Con una poesía rotunda y seria, solemne y cruda a un tiempo, Noémia de Sousa antepone el respeto del otro, el derecho a la dignidad de los negros, el acceso a la educación y la cultura en pie de igualdad con todos los otros grupos sociales del país. Se trata de uno de los más claros referentes de la ruptura con la literatura colonial. África merecía otro tipo de metáfora que la que esta última ofrecía para definir su peculiar realidad.

Pienso que no hay mejor homenaje a nuestra autora que mencionar aquí a otras poetas africanas dignas de ser conocidas y reconocidas: unas, cercanas en el tiempo a Noémia; otras, más actuales; todas ellas diferentes pero unidas por una misma identidad y un parecido lenguaje de libertad y vida. Hay bastantes más. Solo ofrezco una somera muestra:

Alda Lara (1930-1962). Cuentista y poeta angoleña en lengua portuguesa. Los poemas y cuentos cortos de Lara abordan principalmente temas de maternidad e infancia, así como de la necesidad de libertad y justicia.

Antjie Krog (n. 1952). Académica, poeta y periodista sudafricana, escribe en afrikáans e inglés. En 1970, durante los años más crudos del “apartheid” de John Vorster, comenzó a escribir duramente contra la segregación escandalizando a su comunidad afrikánder y llamando la atención de los medios nacionales.

Sitawa Wafula (n. 1984). Joven poeta keniata cuya experiencia personal como superviviente a una violación la llevó a buscar en la poesía un vehículo para compartir y expresar sus experiencias. Además de escritora, Sitawa es una activista que busca visibilizar el tema de la salud mental y la epilepsia en África a través de su organización My mind, my funk. En sus escritos cobra especial relieve la esperanza y las cosas hermosas que nos ofrece la cotidianidad.

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