LA PRINCESA INSATISFECHA

Manuel Valero Yañez


Dicen que en un castillo lejano, en un lugar desconocido, había una Princesa que en tiempos lució manifiestas hermosuras, de las que solo disfrutó su soberano Señor.

Pero las bellezas sin par que poseía la bonita Princesa contenían un mar de ardores y deseos ocultos, regado por ríos inagotables de amor y pasión.

Aunque los calendarios volaron de su vida no por ello lograron ajar su beldad, de modo que juvenil y atractiva permanecía, con un enjambre de mariposas en su interior, que se alborotaban en cualquier ocasión de cruzarse con pajes apuestos por la mansión, o a la vista de varonil visitante hospedado en el castillo de su Soberano Señor.

Encadenada por lazos afectivos a su en otro tiempo tan amado Principe, aquel amor, de tanta usanza, con el tiempo deshojado se quedó, pues las íntimas fantasias desbordadas de la Princesa, en verdad, con su soberano Señor plenamente nunca satisfació.

Por eso, en su interior bullía un volcán de lava caudalosa de sueños ardientes de amor, con erupciones secretas que su mente reservaba para un guapo Principe, digno de su inédito ardor.

En sus momentos solitarios, recluída en oscura estancia, clandestina oteaba, desde su ventana entornada, recios caballeros que por el campo pasaban, a los que dedicaba arcoiris de goces, disfrutados en la penumbra de su aburrida y monótona habitación.

Hubo veces que, siendo irresistible su tentación, a algún visitante sus discretos tejos tiraba; escarceos realizados de quiero y no puedo que a la Princesa dejaban en peor situación de deseos, sólo calmados en el secreto de las cuatro paredes de su silenciosa habitación.

La Princesa apenada, golpeada por los días, en sus reconcomios se dolía de cómo desplegar sus alas plegadas, y volar y volar en un inmenso cielo de fogosos y locos amores, e inmolarse en una pira ardiente hasta convertirse en cenizas de amor con su Príncipe tantas veces imaginado.

Así volaron sus días habiendo ignorado el sabio dicho de que ” la ocasión la pintan calva”, refrán que anima a vivir proclive y diligente a los caprichos de lo inesperado, más se dice que debió hacerse adepta a la vulgar expresión de “a falta de pan, buenas son tortas”, porque se sabe que un día aquella Princesa insatisfecha mostraba gran felicidad cuando el tosco caballerizo de su soberano Señor la enjaezaba su corcel y la acompañaba en sus dilatadas cabalgaduras por los espesos bosques de la región, aunque de sobra es sabido que de los cuentos de Princesas y Principes nunca se puede afirmar lo que es realidad o ficción…

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2019 Revista Proverso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site is protected by wp-copyrightpro.com

error: Content is protected !!