ALGERNON BLACKWOOD | TERROR AL OTRO LADO DE LA LÍNEA TELEFÓNICA

Por: Tomás Sánchez Rubio


El sábado 27 de febrero de 1909, una semana después de que el diario parisino Le Figaro publicara el Manifiesto Futurista del escritor italiano Filippo Tommaso Marinetti, salió a la luz, en las páginas del periódico británico The Westminster Gazette, el relato corto “You May Telephone From Here” (“Puedes telefonear desde aquí”), de Algernon Blackwood.

The Westminster Gazette, un influyente diario liberal con sede en Londres, fue fundado el 31 de enero de 1893, y se mantuvo independiente hasta comienzos de 1928, cuando se fusionó con su principal rival, el Daily News. En sus treinta cinco años de existencia, incluyó en sus páginas, como era propio de los diarios de la época a un lado y otro del Atlántico, bocetos, humor gráfico y cuentos. En él aparecieron, por ejemplo, los primeros trabajos del autor norteamericano de novela negra Raymond Chandler, de Anthony Hope, o bien de D.H. Lawrence. También se dieron a conocer la escritora de origen neozelandés Katherine Mansfield, o Hector Hugh Munro -más conocido por su seudónimo literario Saki-. Allí reveló el joven y arrebatador poeta Rupert Brooke sus diarios de viaje por Estados Unidos y Canadá, mientras un maduro, pero chispeante Francis Carruthers Gould ofrecía sus ingeniosas caricaturas sobre todo de carácter político.

Poco después de su publicación en The Westminster Gazette, el relato de terror “You May Telephone From Here”, volvió a reeditarse en una antología de 1914, la sexta de su autor, titulada Cuentos de diez minutos (Ten Minute Stories): veintinueve narraciones fantásticas e inquietantes sacadas a la luz por Edward Payson Dutton and Company, de Nueva York. Además del relato mencionado, aparecen en el libro otros inquietantes títulos como “Allanamiento de sueños” (“Dream Trespass”), “La casa del pasado” (“The House of the Past”), “Los que susurran” (“The Whisperers”) o “La extraña desaparición de una baronesa” (“Strange Disappearance of a Baronet”). Efectivamente, Cuentos de diez minutos incluye algunos de los mejores relatos de Algernon Blackwood, convertidos luego en verdaderos clásicos del género, y con la particularidad de que las cinco o seis páginas de que consta la mayoría de ellos pueden leerse efectivamente en menos de un cuarto de hora. Tal es el caso realmente del cuento que nos ocupa. Sin querer destripar el final, si bien lo más importante es su ambientación, admirablemente conseguida en tan breve espacio, y esa desazón que pronto comienza a provocar en el lector, diremos que la acción se desarrolla en una casa de North Kensington, Londres, Una mujer angustiada le pide a su prima que pase un par de noches con ella tras la partida de su marido en tren a París. Con el paso de las horas ambas notan que el teléfono suena repetidas veces y nadie responde del otro lado, así que deciden desconectar la línea telefónica. Sin embargo, de madrugada el aparato suena inesperadamente. La esposa responde: es su marido que tiene que hacerle una importante, digamos, “confesión” …

De carácter paranormal, “Puedes telefonear desde aquí” ofrece como novedad, frente al terror tradicional, la introducción de un avance tecnológico como es el teléfono transformado en vehículo de lo sobrenatural. A este respecto, debemos reparar en el detalle de que “solo” hacía treinta y tres años que el teléfono había sido patentado como invento por el científico británico Alexander Graham Bell -la interesante polémica sobre el descubrimiento o no por parte de Antonio Meucci, veintidós años antes, la dejaremos para otra ocasión… -, en enero de 1876 en Nueva York. Tan revolucionario y popular como necesario en un mundo en expansión, en menos de veinticinco años una de cada cincuenta personas tenía ya teléfono en Estados Unidos, pasando a Europa y a otras partes del mundo con relativa rapidez. Tras posibilitar en 1884 la compañía Bell las llamadas a larga distancia, un empresario de pompas fúnebres de Kansas City, Almon S. Strowger, después de descubrir que su principal competidor en el negocio, que se trataba casualmente del marido de la telefonista local, conseguía sospechosamente más encargos, ideó en 1889 las centrales telefónicas automáticas, es decir, las llamadas sin intermediario, si bien es verdad que tardarían aún en implantarse de modo general.

Lo cierto es que el tema de los mensajes del más allá a través del hilo -o la radiofrecuencia- del teléfono ha sido un tópico de la literatura y el cine de terror constante a partir de Blackwood. Leyendas urbanas como la del “teléfono negro” o la prolífica serie de películas de “llamadas perdidas” en el cine oriental y occidental son prueba de ello…

Respecto a nuestro autor, Algernon Blackwood, diremos que nació el 14 de marzo de 1869 en Shooter’s Hill (una localidad que forma hoy parte de Londres, pero que pertenecía entonces al condado de Kent). Es ese el año en que también nace nuestra Concha Espina, Premio Nacional de Literatura en 1927, y se publican en el mundo La educación sentimental de Flaubert, Guerra y paz, de Tolstoi, o Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne. Con ochenta y dos años, Blackwood sufre una trombosis cerebral que le provoca la muerte el 10 de diciembre de 1951. Al cabo de unas semanas su sobrino llevó las cenizas desde Londres al puerto de Saanenmöser, en el cantón suizo de Berna. Ese mismo año se había publicado La colmena, de C. J. Cela, así como El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, o Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.

Algernon Blackwood se caracterizó por sus obras fantásticas y por su gran afición al ocultismo. Publicó unas diez antologías de cuentos y escribió catorce novelas, la mayor parte de las cuales quedaron inéditas. Su narrativa busca, al igual que tantas obras del género de terror psicológico, provocar el asombro y el desosiego en el lector más que el horror o el miedo. Sus historias, perfectamente hiladas y ambientadas, buscan y logran sugerir más que mostrar.

Aparte de escritor, fue periodista y narrador de radio. Sus obras son consideradas, por diversos críticos, como las mejores de la literatura del horror y de lo extraño junto con las de sus contemporáneos, considerados clásicos del género, Lord Dunsany, autor de Cuentos de los tres hemisferios, o Arthur Machen, a quien debemos la magistral novela corta El gran dios Pan.

A lo largo de su vida, desempeñó oficios muy variados: granjero en Canadá, minero en Alaska, reportero en Nueva York… De vuelta a Inglaterra, comenzó a escribir sus relatos de terror con gran éxito. Al igual que a otros escritores británicos del género -como es el caso del mencionado Arthur Machen- se le relaciona con la Golden Dawn, organización secreta cuyas enseñanzas pudieron haber influido en la peculiar atmósfera mágica de sus cuentos. Su obra es citada como una de las principales influencias de H. P. Lovecraft; de hecho, el célebre relato La llamada de Cthulhu lo inicia el narrador de Providence con una cita de Blackwood.

En los años 40 y 50 participó a menudo en radio y televisión narrando sus propios cuentos de terror. Amaba apasionadamente la naturaleza, y muchas de sus historias dan fe de ello. Escribió también una autobiografía centrada en sus primeros años, Episodios antes de los treinta (1923).

No obstante lo dicho hasta ahora, a pesar de mi admiración por “You May Telephone From Here”, no puedo dejar de mencionar el relato “The Wendig” (“El Wendigo”), aparecido por primera vez en The Lost Valley and Other Stories (1910), y muy diferente al anterior. Tal vez -junto a “The Willows” (“Los sauces”), de 1908, o “The Sacrifice” (“El sacrificio”), de 1914-, es el cuento más conocido de Algernon Blackwood; sobre todo después de que su criatura acabara incluida en el panteón de los dioses lovecraftianos por August Derleth, antologista estadounidense, primer editor de los escritos de H. P. Lovecraft y fundador de la editorial Arkham House. Fue precisamente ese relato, traducido muy pronto al castellano, el primero que leí de su autor en esa edad en que ya se dibujaba en mí el inquietante gusto por el género sobrenatural… ¿Y qué es el Wendigo? No es fácil de definir. Podemos decir que se trata de una de esas leyendas – ¿vivientes? – en las que siguen creyendo pueblos y tribus ancestrales: mitad hombre, mitad animal, mitad inmortal, que se desplaza con grandes saltos y que corre por encima de los árboles llevando a sus presas. Su velocidad es tal, que la fricción con el aire de la noche acaba quemando los pies de las víctimas… El ser humano se encuentra con algo que está muy por encima de su naturaleza, y que, además, habita el mundo desde mucho antes que él, mucho… Solo con pensarlo da vértigo. Os lo digo yo.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2019 Revista Proverso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site is protected by wp-copyrightpro.com

error: Content is protected !!