DEL PENSAMIENTO, LA POESÍA Y EL AJO

Por: Enrique Gracia Trinidad


¡Vade retro el homo sapiens, paso al homo ludens! o lo que es lo mismo: ¿Para qué ponerte a pensar y argumentar sin histrionismo, con voz tranquila y equilibrada si puedes soltar un mensaje publicitario gritando un poco, poniendo voz de rapsoda del siglo XIX, pronunciando con un acento medio francés y medio gilipollas, o haciendo un perfomance que la mayoría de las veces no es más que eso que ya hacían hasta las monjas en los años 70?

Y no es que el juego (ludum) no sea de vital importancia para el desarrollo humano, es que pasada la infancia, podría irse, sin abandonar del todo el entretenimiento, a etapas de mayor contenido. Y ahí es donde empieza a patinar buena parte de la modernidad, que algunos malintencionados llaman «modernez» con la clara intención de desprestigiarla ¡ya ves tú!

¿Que a qué viene todo esto? Pues a la terrible sensación que me asalta periódicamente —no soy original porque le pasa a mucha gente— de habitar el reino de la banalidad, de la falta de sustancia, del pensamiento aborregado.

Escribía Clifford Simak en uno de sus relatos de ciencia ficción: «Hemos sido reducidos a números: el de la Seguridad Social, el de Hacienda, los de las tarjetas de crédito, los de las cuentas corrientes, los de tantas otras cosas. Estamos siendo deshumanizados y, en la mayoría de los casos, con nuestro consentimiento, ya que este juego de los números parece hacer la vida más fácil, pero más a menudo porque nadie se molesta en protestar» (¿ciencia ficción?).

No sé qué diría Simak, muerto en 1988, si nos viera hoy que, además de lo dicho, andamos perdidos entre claves de acceso informático, avatares diversos, nombres de usuario y otras lindezas.

Y no es que todo eso sea malo en sí, es que lleva a muchísimos ciudadanos a la despersonalización, al ocultamiento personal entre una masa de forajidos igualmente despersonalizados; en definitiva hacia el extremo absurdo de ser pasto de manipuladores de cualquier pelaje: políticos, publicitarios, chamanes religiosos, adivinos, empresarios sin escrúpulos y otros manipuladores sociales.

Y no es lo peor que el fútbol tenga a bastante personal adocenado, ni que tantos hayan sustituido el pensamiento y la conversación por la cháchara tonta del tuit o del Whatsapp, lo peor es que el Arte y la Literatura se están contagiando a marchas forzadas. Y vuelvo con esto a las primeras frases de este artículo: He visto a mucha gente poner los ojos en blanco y babear con insustanciales mensajes, «modernos y rompedores», como el de esa jovenzuela llamada Ajo, que anda soltando sus micropoemas —así los llama—, como si fuesen el no va más de la arquitectura poética. Cierto que la muchacha es eficaz en un escenario, pero sus corifeos y epígonos son los que suelen hacer gala de cretinismo al servicio de lo que les haga pensar por sí mismos lo menos posible.  (*) 

Entre otras frasecitas de mejor corte —nada que no hiciera Gómez de la Serna hace mucho y con más calado—, la señorita Ajo va y dice, alargando algunas letras y a modo de cantinela: «Me pongo nerviosa tranquilamente porque soy transparente y efervescente…», y al personal se le hace el culo gaseosa con la profundidad del mensaje.

Claro que tendrá que ser así, si periodistas de toma pan y moja como Ruth Toledano, poeta ella y cronista y todo de la Villa de Madrid, por obra y parte de afinidades políticas y una pizca de paridad de género, dice que esta «micropoetisa» es muy buena y que «se vuelve enorme como un gran poema«, mientras que «los recitales de poesía suelen ser un tostón«. En el artículo en que he leído estas afirmaciones, llega a decir la  Toledano: «Mientras el gran poeta sigue leyendo su testamento vital frente a la pequeña audiencia, que quizá ya esté muerta de fortuna o aburrimiento, aquí, sin embargo (no le vamos a embargar nada al pobre gran poeta), la micropoetisa se ha metido al personal […] en el bolsillo del bolso«.  (**)

Pues nada, ¡viva la señorita Ajo y sus frases ingeniosas! ¡viva el aliento poético de la Toledano! ¡Vivan el Whatsapp, el usar y tirar, la bisutería, lo descafeinado, lo desnatado y la madre que los parió! Del pensamiento elaborado estamos pasando al tuit ingeniosillo y aún es mucho; deberíamos terminar en el gruñido a secas que es más rápido y no veáis lo que expresa.

Enrique Gracia Trinidad

(*) 
Enlace de una actuación de María Josefa Martín de la Hoz, alias «Ajo». A mi modo de ver, con cierta dosis de inteligencia, algún detalle original y otra buena cantidad de elementos ya vistos muchísimas veces. Está bien, pero tampoco es para suponer que el «pobre gran poeta», que dice Ruth Toledano, mate de aburrimiento a la audiencia. https://www.youtube.com/watch?v=MsixXzQ_LEQ

(**) Enlace de un recital de Jaime Sabines , considerado uno de los grandes, en el que puede apreciarse que los asistentes no estaban precisamente «muertos de aburrimiento» sino todo lo contrario. (He elegido a Sabines por no provocar innecesariamente polémica comparativa ya que no era español, falleció no hace mucho y dijo estos versos ante una audiencia no precisamente «pequeña». https://www.youtube.com/watch?v=evr7wBgabV8

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