PALABRAS CON HISTORIA | BISIESTO

Palabras con Historia

Por: Marcos López Herrador


Se llama bisiesto al año que tiene 366 días, en lugar de 365, cosa que suele ocurrir cada cuatro años.

Corría el año 49 a.C., cuando Cayo Julio César llegó a Egipto, donde pudo comprobar lo avanzados que estaban los egipcios en astronomía. Por entonces, el calendario romano estaba hecho un desastre, pues sus años eran de 355 días, correspondientes a 12 meses lunares, a los que el Sumo Pontífice añadía cada dos años un mes intercalar de unos 20 días, para recuperar el retraso sobre el año solar, pero durante las guerras civiles este ajuste no se hacía con lo que el retraso acumulado resultaba más que notable en relación con las estaciones.

César encargó a Sosígenes de Alejandría, filósofo, matemático y astrónomo, la elaboración de un calendario que solucionase el problema y que valiese para el futuro. Y, entre el 48 y el 46 a.C., el astrónomo entregó un calendario basado en el egipcio, pero adaptado a los meses romanos. En él los años tenían una duración de 365 días, y cada cuatro años se añadía un día más.

El nuevo calendario se aplicó por primera vez en el año 46 a.C. que fue conocido como “el año de la confusión” porque duró nada menos que 445 días, para hacer que volviera a coincidir con las estaciones naturales.
Todo esto nos explica qué es un año bisiesto, pero no nos dice por qué se llama así.

Para llegar a ello tenemos primero que conocer cómo era el calendario de los antiguos romanos y cómo contaban los días, cosa nada fácil de aclarar porque lo hacían de una forma que nada tiene que ver con la nuestra.

Para los romanos, en cada mes había tres hitos: las Calendas, Nonas e Idus hacia los que los días transcurrían. Para simplificar tomemos como ejemplo el mes de marzo: el día 1 eran las Calendas, el día 7 eran las Nonas, y el 15 eran los Idus.

Nosotros contamos los días del mes consecutivamente y en orden ascendente: el 1, el 2, el 3, etc. Sin embargo, los romanos contaban hacia atrás: Para identificar un día, lo que se contaban eran los días que faltaban para llegar al hito siguiente, contando el día en que se estaba y el día del hito. Así el día 3 de marzo era el quinto día ante Nonas de marzo, y el 26 de febrero era el cuarto día ante Calendas de marzo.

Pues bien, en los años bisiestos, tal y como se hace hoy, se incluía un día más en el mes de febrero, pero en lugar de situarse al final del mes, se incluía un segundo día 24 de febrero. Había por tanto un primer día 24 de febrero y un segundo día 24 de febrero, que tal y como ya hemos explicado la forma en que contaban los romanos, el primer día 24 era el sexto día ante Calendas de marzo, y el segundo era el “bisexto” día ante Calendas de marzo.

Con el tiempo resultó que ese “bisexto” día dio nombre al año que lo contenía. Y desde entonces a estos años se les llama bisiestos.

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