FORTUNATO RAMOS | LA PROFUNDA VOZ DE LOS ANDES

Por: Tomás Sánchez Rubio


Antigua tierra de los indios omaguacas, la Quebrada de Humahuaca (Argentina) fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2003. Se extiende a lo largo de 170 kilómetros en una pronunciada pendiente norte-sur a ambos lados de la cuenca del Río Grande. Vínculo geográfico entre los Valles y la Puna, se encuentra rodeada por empinados cerros. Allá encontramos pueblos de calles estrechas, casas de barro y capillas blancas; veranos frescos y cálidos inviernos; ancestrales creencias, bulliciosas y coloridas fiestas y arte milenario. La Quebrada, impresionante y mágica, se extiende a través del conocido como Camino del Inca, que sigue el curso del Río Grande y su espectacular valle, desde su nacimiento en el altiplano desértico y frío de los Altos Andes hasta su confluencia con el Río León, unos 150 kilómetros al sur.

La Quebrada de Humahuaca forma parte, junto con los Valles, las Yungas y la Puna, a la provincia de Jujuy, uno de los veintitrés estados federados de Argentina. Situada al NO del país, limita al Sur con la provincia de Salta, y al norte y al oeste con Bolivia y Chile respectivamente. Su capital es San Salvador de Jujuy. En una tierra de llamas -la única bestia de carga domesticada que hallaron los españoles al llegar a esta zona del imperio incaico-, guanacos y aligustres, el 16 de octubre de 1947, con pocos días de diferencia respecto a otro conocido cantautor argentino, Raúl Carnota, nació en Coraya -a casi 1.500 kilómetros de Buenos Aires- Fortunato Ramos, interesantísima figura dentro de la poesía y la música popular de aquel territorio.

Se dice de Fortunato Ramos que es músico, poeta, recitador, escritor, maestro rural y labrador. En su búsqueda de la difusión y afirmación de la ancestral cultura de la Quebrada de Humahuaca, es una presencia constante en el Tantanakuy, festival anual que tiene lugar en aquellas tierras y que se celebra desde 1974 por iniciativa del músico charanguista Jaime Torres, precisamente descubridor y mentor de Ramos, así como del poeta Jaime Dávalos. El Tantanakuy, cuyo nombre, proveniente del quechua puede traducirse por “encuentro”, reivindica las manifestaciones artísticas de la región, a la vez que promueve el intercambio entre músicos, pero también estudiosos de la cultura popular, que llegan de otras tierras de fuera y dentro de Argentina. Allí se cantan las coplas aprendidas de generación a generación, se baila el carnavalito -alegre danza prehispánica conocida también en Colombia, Chile o Perú-; y se tocan instrumentos de origen inmemorial como el siku, el erke o la quena. A partir de 1982 se celebra, asimismo, el Tantanakuy infantil, donde los más jóvenes festejan con orgullo su identidad cultural, repitiéndose todos los meses de octubre en diferentes localidades de la Quebrada y la Puna.
En 1983, Miguel Pereyra y Federico Urioste realizaron el cortometraje Ecos sobre los Andes, un viaje a la cultura incaica de la mano de Fortunato Ramos, que acabaría convirtiéndose en documental sobre la figura y el alma de este noble humahuaqueño, sobre su música, su poesía y su fascinante historia viva…

Ramos, por otro lado, ha llevado su voz y su son a diferentes países de Europa junto al grupo jujeño Huayra Muyoj, así como al continente asiático y Oceanía acompañando al maestro Jaime Torres. Su acordeón y su erke han quedado inmortalizados en grabaciones con el propio Torres o el grupo Los hijos de Humahuaca y los Cacharpaya; también con la banda de rock Divididos, y al lado de artistas como Tomás Lipán o Mónica Pantoja.
Su obra escrita publicada consta de cinco libros: Poemas costumbristas de un maestro rural, Los runas y changos del alto, Costumbres, poemas y regionalismos, Collas de la Quebrada de Humahuaca -traducido al francés, alemán e inglés-, y Personajes de la Quebrada de Humahuaca.

En las letras y versos de este peculiar y entrañable autor argentino merece especial atención la presencia de la ancestral Pachamama, así como la del milenario pueblo colla.

La Pachamama o Mama Pacha es la gran y venerada Madre Tierra, una diosa totémica de los incas, a la que se ofrecían presentes en las ceremonias agrícolas y ganaderas. Es el núcleo del sistema de creencias de los pueblos indígenas de los Andes Centrales de América del sur: la diosa femenina de la tierra y la fertilidad, una divinidad agrícola benigna concebida como la madre que nutre, protege y sustenta a los seres humanos. En la tradición incaica es la deidad de la agricultura comunal, fundamento de toda civilización y el Estado Andino, la más popular de las creencias mitológicas del ámbito incaico que aún sobrevive con fuerza en las provincias del noroeste argentino.

La Pachamama, junto con las deidades Mallku y Amaru, conforman la trilogía de la percepción aimara del binomio naturaleza-sociedad, y sus cultos son las formas más antiguas de celebración que realiza este pueblo. Con la invasión de los españoles y la persecución de las religiones nativas, tal deidad, como producto del sincretismo, comenzó a identificarse frecuentemente con la Virgen María. En Perú concretamente, se la identifica con la Virgen de la Candelaria.

Las principales ceremonias en honor a esta divinidad telúrica se realizan al inicio de la siembra y cosecha, y en las marcadas y señaladas de la hacienda, pero el homenaje principal se lleva a cabo durante todo el mes de agosto, especialmente el primer día del mes. El 1 de agosto es cuando se alimenta a la Pachamama, para lo cual se entierra una olla de barro con comida cocida, junto a hojas de coca, alcohol, vino, cigarros y chicha, entre otras cosas. También es costumbre que los festejantes usen cordones blancos y negros –atados en los tobillos, muñecas y cuello- confeccionados con lana de llama hilada.

En cuanto al otro gran protagonista de la poesía de Fortunato Ramos, el pueblo colla, coya o kolla, diremos que con tal nombre se denomina al conjunto culturalmente sincrético y homogéneo de pueblos indígenas andinos de las provincias del noroeste de Argentina, principalmente Jujuy, Salta y Catamarca. Actualmente, por causa de la emigración se encuentran kollas viviendo en todas las provincias de Argentina, así como en la región de Atacama, en Chile.

La cultura kolla no es estrictamente indígena, sino mestiza -chola-, pero a pesar de la transculturación sufrida por la acción colonizadora y la imposición del cristianismo, aún practican sincréticamente algunos de sus rituales primitivos, como los relacionados con la Madre Tierra, y mantienen otras formas culturales como la minga -antigua forma de cooperación y trabajo solidario- o el sirviñaku -matrimonio a prueba-.

El idioma español es la lengua de los kollas actuales, pero se conserva el conocimiento y uso del idioma quechua en los departamentos de Santa Catalina y Yavi, junto a la frontera boliviana, en áreas que se integraron a Argentina a comienzos del siglo XX.

Relacionado con los kollas, debemos mencionar el emotivo encuentro entre el niño jujeño Eyen Federico Quispe y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ante quien este, vestido con el traje típico de su pueblo, recitó el poema de Fortunato Ramos No te rías de un colla. Fue durante la apertura de la edición de 2013 de Tecnópolis, gran muestra de ciencia, tecnología, industria y arte, que se celebra anualmente en Argentina. El vídeo del acontecimiento podéis encontrarlo fácilmente en las redes.

Aquí os ofrezco el poema. Vale realmente leerlo y saborearlo.
No te rías de un colla que bajó del cerro,
que dejó sus cabras, sus ovejas tiernas, sus habales yertos;
no te rías de un colla, si lo ves callado,
si lo ves zopenco, si lo ves dormido.

No te rías de un colla, si al cruzar la calle
lo ves correteando igual que una llama, igual que un guanaco,
asustao el runa como asno bien chúcaro,
poncho con sombrero, debajo del brazo.

No sobres al colla, si un día de sol
lo ves abrigado con ropa de lana, transpirando entero;
ten presente, amigo, que él vino del cerro, donde hay mucho frío,
donde el viento helado rajeteó sus manos y partió su callo.

No te rías de un colla, si lo ves comiendo
su mote cocido, su carne de avío,
allá, en una plaza, sobre una vereda, o cerca del río;
menos si lo ves coquiando por su Pachamama.

Él bajó del cerro a vender sus cueros,
a vender su lana, a comprar azúcar, a llevar su harina;
y es tan precavido, que trajo su plata,
y hasta su comida, y no te pide nada.

No te rías de un colla que está en la frontera
pa’l lao de La Quiaca o allá en las alturas del Abra del Zenta;
ten presente, amigo, que él será el primero en parar las patas
cuando alguien se atreva a violar la Patria.

No te burles de un colla, que si vas pa’l cerro,
te abrirá las puertas de su triste casa,
tomarás su chicha, te dará su poncho, y junto a sus guaguas,
comerás un tulpo y a cambio de nada.

No te rías de un colla que busca el silencio,
que en medio de lajas cultiva sus habas
y allá, en las alturas, en donde no hay nada,
¡así sobrevive con su Pachamama!

Fortunato Ramos
Costumbres, poemas y regionalismos (2003)

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