FLORBELA ESPANCA, LA DAMA DEL ALENTEJO

Por: Pilar Alcalá García


¡Ser poeta es ser más alto, es ser mayor
de lo que son los hombres! ¡Morder como quien besa!

Los poetas, como los amigos, (a veces son los mismos), llegan a tu vida por caminos muy diversos y Florbela Espanca llegó a la mía por vericuetos extraños, tuvimos encuentros inesperados y otros buscados y se quedó en mi vida, y algo me dice que será para siempre.

Conocida como “la poetisa del amor”, como nuestro Bécquer, “el poeta del amor y de la muerte”, hoy es leída en Portugal como en España leemos a Bécquer. Flor Bela de Alma da Conceição, hija de madre soltera, marcada por una fecha, el 8 de diciembre, que también nos une. En vida sólo se publicaron dos de sus libros: las antologías, “Livro de Mágoas” en 1919 y “Livro de Sóror Saudade” en 1923. Forma parte de la lista de poetas suicidas junto a Storni, Plath, Pozzi, Sexton, Wolf, Tsvetaeva y Pizarnik entre otras. Durante los últimos años de su vida luchó ardientemente

por ver publicado su libro “Charneca em Flor”, “Sou a charneca rude a abrir em flor!”. Según Antero de Figueiredo, «el libro Charneca em Flor será uno de los testimonios literarios más bellos del corazón portugués de ayer, hoy, de todos los tiempos». Florbela se suicida en Matosinhos el 8 de diciembre de 1930, día de su 36 cumpleaños, con una sobredosis de barbitúricos. Cinco días antes de su muerte había escrito la última línea: “Y que no haya gestos nuevos ni palabras nuevas”.

Resulta complicado situarla en un movimiento literario pero es cierto que está más próxima al neo romanticismo y a algunos poetas finiseculares que a los modernistas. Florbela nunca se resignó a acatar ese papel que se le suponía a una mujer de principios del siglo XX, como consecuencia, su vida independiente, su poesía cargada de erotismo y sus tres divorcios fueron motivo de escándalo.

Nació el 8 de diciembre de 1894 en Vila Viçosa, hija de João Maria Espanca, pionero de la cinematografía portuguesa, y Antonia, una sirvienta de este. João al no poder tener hijos con su esposa decide tenerlos con Antonia, lo que hoy llamaríamos vientre de alquiler. Tras la muerte de Antonia en 1908, Florbela es criada por la esposa del padre, Mariana do Carmo, que es además su madrina. Por cuestiones legales, Florbela es acogida como una “hija de la vida”, es decir, que legalmente se desconoce quiénes son sus padres. Lo mismo sucederá con el hermano menor de Florbela, Apeles, fruto también de la unión de su padre con Antonia Lobo, que nacerá tres años después. La madre de Florbela también fue “hija de la vida” y su vida estuvo llena de dolor y penalidades. Forbela lo expresa en versos: “mi pobre madre, tan blanca y fría/ con su leche me dio a beber la Angustia”.

Desde su infancia sus pasiones son los libros y las flores, estudió pintura y música, fue una gran lectora, con 8 años escribió su primer soneto, que sería su estrofa preferida, y con 12 escribió su primer cuento. En 1903 escribió el primer poema que conocemos “A Vida e a Morte”. Su vida estuvo llena de tragedias: se casó y se separó varias veces, sufrió dos abortos involuntarios y su hermano, al que adoraba, murió en un accidente de aviación. Tantos acontecimientos traumáticos le crearán graves desequilibrios mentales.

“Tuve siempre esa sensibilidad enfermiza, esta profunda y dolorosa sensibilidad a la que cualquier nadería martiriza”. Así se veía Florbela, una mujer que, según ella misma confiesa, tuvo los mejores profesores tanto en Évora como en Lisboa. Terminó un curso de Letras en 1917, y después se matricula en Derecho, será la primera mujer en hacerlo en la Universidad de Lisboa. Precursora del movimiento feminista portugués, su vida fue muy inquieta, fumaba, bebía y trasnochaba; y todos sus sufrimientos los transformó en poesía, una poesía cargada, a veces, de erotismo, una poesía nacida de lo más íntimo.

Se casó tres veces, la primera el 8 de diciembre de 1913, con Alberto de Jesus Silva Moutinho, compañero de estudios, de quien se separó en 1921, año en el que se casó con Antonio Guimarães, oficial de artillería, del que se separó en 1925 para casarse con el médico Mário Lage del que se separó en 1930. Podemos decir que encadenó los matrimonios. En 1919 sufrió un aborto involuntario y ahí empezaron sus desequilibrios mentales; lo terrible es que en 1923 se repite el triste suceso. Y como la vida de Florbela estuvo llena de adversidades, en 1927 pierde a su hermano en un accidente de avión el 6 de junio. Este suceso le afectará muy gravemente y

como homenaje escribe “As máscaras do destino”, una serie de cuentos que se publicaron póstumamente, al igual que “Charneca em Flor” (1931), su obra maestra, “Juvenília” (1931) y “Reliquiae” (1934). Su obra poética fue reunida por Guido Battelli, profesor italiano visitante en el universidad de Coimbra, en “Sonetos Completos” y publicada por primera vez en 1934. Las primeras publicaciones, hechas en revistas, fueron recopiladas por Mária Lúcia Dal Farra, quien en 1994 editó “Trocando Olhares”. Los sonetos de Florbela sorprenden por su perfección formal, por su elegancia a pesar de estar llenos de tristeza y melancolía, son sonetos muy cercanos al simbolismo.

“Las almas de las poetisas están hechas de luz, como la de los astros: no ofuscan, iluminan…”.

Los críticos la miraron siempre con desprecio, todo en ella les parecía exagerado, su espontaneidad, su forma de ser apasionada, su feminidad. Era un espíritu libre e indomable y eso no lo soportaban. Florbela no encajaba en su país ni en su tiempo ni en el papel que entonces se reservaba a la mujer. Hay un poema que la retrata como ningún otro, es Versos de Orgullo, editado póstumamente en el libro “Charneca em Flor”, libro que es un monumento de sublime belleza, en él reúne los poemas escritos durante los últimos años de vida, sus poemas de madurez estética y vivencial:

VERSOS DE ORGULLO

¡El mundo me quiere mal porque nadie
tiene alas como yo las tengo! Porque Dios
me hizo nacer Princesa entre plebeyos
¡en una torre de orgullo y de desdén!
¡Porque mi Reino queda más Allá!
Porque traigo en mi mirada el vasto cielo,
¡y porque oros y resplandores son todos míos!
¡porque Yo soy Yo y porque Yo soy Alguien!
¡El mundo! ¡¿Qué es el mundo, oh amor mío?!
El jardín de mis versos todo en flor,
la mies de tus besos, pan bendito,
mis éxtasis, mis sueños, mis cansancios…
Son tus brazos dentro de mis brazos:
¡Vía Láctea cerrando el infinito!…

La lírica de Florbela es primordialmente amorosa. Su autoridad poética se manifiesta en la originalidad de sus imágenes y metáforas que aportan tanto talento a la literatura. Como dice el poeta Ángel Crespo, “escribió una larga serie de sonetos repartidos en varios libros pero que forman una coherente unidad, algunos de los cuales se cuentan entre los más bellos de la lengua portuguesa”. César Antonio Molina la considera “continuadora moderna de Rosalía de Castro, poeta a la que son seguridad tuvo que leer”.

Su discípula Aurelia Borges dice que su personalidad como mujer era compleja, su carácter y su mirada de un magnetismo que imponía respeto porque traslucía una grandeza de alma poco común. Allá por donde iba era una “leona entre ovejas” o mejor, “cisne entre patos” que provocó celos, envidia e incluso odios profundos. Su libertad interior era admirada, temida y criticada.

El cansancio emocional de sus fracasos amorosos, dolores de estómago que le acompañaron sus últimos diez años de vida, y sobre todo, la muerte de su hermano menor, Apeles, a quien consideraba su alma gemela, hizo que, ya demasiado cansada, agotada, decidiera poner fin a su vida. Y fue su último deseo que cubriesen su sepulcro de flores, con las que en su divino panteísmo se identificaba. Nunca tuvo miedo a la muerte, y el suicidio no fue algo imprevisto, sino algo largamente meditado. Es admirable, no que se suicidara, sino cómo, la valentía con que siempre miró cara a cara, los “vertiginosos ojos de la muerte”. Intentó suicidarse dos veces. Una en

octubre y otra en noviembre de 1930, en vísperas de la publicación de su obra maestra, “Charneca em Flor”, cuya primera edición consta de cincuenta y seis sonetos, mientras que la segunda, del mismo año, contiene veintiocho piezas más. Es este un libro de recuerdos en el que quería inmortalizar sus mejores momentos. En él se enfrenta a su totalidad humana, condensando sus vivencias y fabricando poesía con ellas. Sin duda es su trabajo más sincero, donde retrata su fase más difícil y personal como poeta y donde presta una atención especial a su tierra natal, el Alentejo.

Tras el diagnóstico de un edema pulmonar, se suicida el día de su 36 cumpleaños con dos botellas de veronal, el 8 de diciembre de 1930.

A LA MUERTE

Muerte, mi Señora y Dueña Muerte,
tu abrazo, ¡debe ser tan bueno!
Lánguido y dulce como un dulce lazo
y como una raíz, sereno y fuerte.
No hay mal que no sane o no conforte
tu mano que nos guía paso a paso,
en ti, dentro de ti, en tu regazo
no hay triste destino ni mala suerte.
Doña Muerte de los ojos de terciopelo,
¡cierra mis ojos que ya todo lo vieron!
¡Sujeta mis alas que ya volaron tanto!
Vine de la Moirama, soy hija de rey,
mal hada me encantó y aquí quedé
a tu espera… ¡quiebra el encantamiento!

Hoy es la poeta más amada en Portugal, más amada por la gente que por las Academias. Ha alcanzado la categoría de Musa y es llamada la Dama del Alentejo. El pueblo ha convertido sus versos en fados. Y en 2012 su vida fue llevada al cine por el director Vicente Alvés do Ó. Fue la película más vista en Portugal ese año.

¡Minh’alma, de sonhar-te, anda perdida
meus olhos andam cegos de te ver!
¡Não és sequer a razão do meu viver,
pois que tu és já toda a minha vida !
Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2019 Revista Proverso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site is protected by wp-copyrightpro.com

error: Content is protected !!