BEFANA, LA BRUJA BUENA DE ITALIA

Por:Pilar Alcalá García


Acabamos de vivir las últimas navidades, quizá muchos todavía no han guardado las figuritas del belén en su caja ya un poco deteriorada pero que es la mejor para que reposen pastores, reyes magos, un niño y unas ovejas. Quizá quede un poco de “espíritu navideño” en las casas y en las calles, quizá llevamos aún pegado en la suela de los zapatos un trocito de caramelo de la cabalgata del día cinco. Es por ello que me gustaría hablar de la Befana, un personaje italiano que visita a los niños italianos la noche del cinco al seis de enero, sí, la misma que los Reyes Magos, pero no pasa nada, hay niños para todos y no se hacen la competencia, al contrario, se ayudan y complementan. Y con la fiesta de la Befana se acaba todo, hay un refrán italiano que dice: “Viva l’Epifania che tutte le feste si porta via”, (Viva la Epifanía porque con ella se acaban todas las fiestas).

La Befana es otro más de los numerosos personajes que en Navidad llevan regalos a los niños (los Reyes Magos, Papá Noel, Santa Claus, el Olentzero) y es curiosamente el único personaje femenino. El origen de la palabra befana está en el griego ἐπιφάνεια (epifáneia), y además, en ἐπιφαίνω que significa mostrarse, aparecer. Del latín epiphanĭa, se trataría de una deformación del término latino que con el paso del tiempo, a través de un proceso de “corrupción léxica”, se modificó en bifanìa, befanìa (latín vulgar), befana. En italiano existen algunas palabras derivadas de befana: befanaccia, una mujer muy fea; befanina, para referirse en broma a una niña traviesa; befanata, canción de la befana que pandillas de muchachos cantan en Toscana la noche del cinco de enero acompañados de instrumentos musicales y van llamando de puerta en puerta pidiendo regalos. Esto recuerda la costumbre española, sobre todo en los pueblos, de cantar villancicos para pedir el aguinaldo o aguilando. Y también la palabra befana se utilizaba para denominar a un muñeco de trapo que se hacía en los días previos a la Epifanía y el día de la fiesta se colgaba de las ventanas.

La Befana, es un personaje fantástico que tiene su origen en el folklore popular, derivado probablemente de antiguos ritos paganos propiciatorios vinculados a la agricultura y a los ciclos estacionales. Se trata de una mujer anciana, no precisamente guapa, una especie de brujita buena que, volando sobre su escoba mágica, en la noche que precede a la Epifanía, lleva regalos a los niños, más bien dulces y golosinas que juguetes. Baja por la chimenea y deja en los zapatos o, mucho mejor, en los calcetines, sus regalos. Si en España es costumbre dejar dulces y licores o leche para los Reyes Magos y agua para los camellos, en Italia los niños dejan una mandarina en la mesita de noche para la Befana. Y algo que hay que resaltar es que hasta mediados del siglo XX era ella, la Befana, quien traía los regalos a los niños italianos, Babbo Natale no visitaba Italia.

En la actualidad y después de un periodo en el que estuvo relegada por Papá Noel, la historia de la Befana se ha recuperado desde un pueblo de la región de Marche, Urbania. De nuevo la Befana se viste con sus ropas un poco estropeadas y sale a entregar regalos y pequeñas regañinas a los niños caprichosos. Es como si la simpática anciana estuviera viviendo una segunda juventud gracias al redescubrimiento y a la valorización de las antiguas raíces de la auténtica identidad cultural. Se piensa que la Befana es sucesora de la diosa Sabina conocida como Strenia, diosa que representa la buena salud y suerte, por lo que las golosinas que deja la bruja buena serían una especie de sortilegio. ¡No olvidemos lo supersticiosos que son los italianos! De Strenia deriva la palabra “stenna”, regalo. Según la enciclopedia “Treccani”, en esos días de fiesta los romanos se hacían regalos como manera de desear lo mejor para el nuevo año, regalos con carácter simbólico o de significado religioso que enseguida se transformaron en regalos en dinero incluso para el emperador. El origen de la Befana está en los ritos paganos entre los siglos X y VI a.C. muy vinculados a las estaciones del año y sobre todo a la agricultura, estas ceremonias fueron adquiridas por los antiquísimos romanos vinculándolas a su calendario. Lo cierto es que a partir del siglo IV la iglesia empezó a castigar todos los cultos y creencias paganas, y poco a poco el catolicismo fue adoptando la vieja figura pagana femenina. La Befana recuerda la cultura religiosa de santa Lucía que daba regalos a los niños, al igual que San Nicolás antes de Papá Noel.

Y nos gustaría detenernos en la figura de santa Lucía que, siendo siciliana, es muy celebrada en el norte de Italia. Su nombre significa la que porta luz. En las regiones del Trentino, Friuli, Emilia, Lombardia y Veneto, el 13 de diciembre, que es la noche más larga del año, se recibe una visita muy especial: una santa que viaja en burro, y solo de madrugada, pasa para dejar regalos a los más pequeños. Sin embargo, para que santa Lucía pueda hacer bien su trabajo es necesario que no sea vista, en caso contrario, se enfadará y tirará a los ojos un puñado de ceniza al valiente que la espere despierto. Para aumentar la expectativa de los niños, en las calles suenan campanas avisando a los más pequeños que deben ir a la cama, para evitar que la santa les vuelva ciegos, arrojando cenizas a sus ojos. Con el fin de agradecer a la santa los regalos que les traerá, es costumbre dejar alimentos para ella y para su burro en las ventanas de todos los hogares; por lo general naranjas, galletas, café, medio vaso de vino tinto, heno o harina de maíz y sal para el burro. En la mañana del 13 de diciembre, los niños encontrarán caramelos y monedas de chocolate. La costumbre de celebrar Santa Lucia en el Véneto empezó alrededor del siglo XIII d.C., y quizás la ciudad donde esta tradición es más fuerte sea Verona donde para celebrar Santa Lucía desde hace un siglo hay una tradicional feria que dura tres días en Piazza Bra, que se llena de mostradores con juegos, dulces y bombones de cada tipo. Entre los dulces típicos de esta fiesta están las “pastefrolle de Santa Lucia”, de formas variadas: estrella, caballito, corazón. Algo muy especial de la fiesta es que se puede admirar la estrella de Navidad que desde el interior de la Arena de Verona aterriza luminosa en Piazza Bra.

Pero volvamos a nuestra protagonista. La imagen de la Befana se personifica con una bruja, pero en realidad se trata de una anciana cariñosa que se sube sobre una escoba y viaja por los aires, y su presencia representa la limpieza espiritual de las viviendas, así como de las almas, para preparar la llegada de una nueva estación del año. La Befana va vestida con una falda larga oscura y ancha, un delantal con bolsillos, un chal, y en la cabeza un pañuelo y un sombrero, todas las prendas con remiendos de colores vivos. Los niños italianos cantan con entusiasmo esta cancioncilla: “La befana vien di notte con le scarpe tutte rotte il vestito alla romana viva viva la Befana”, que literalmente se traduce así: ¡La befana viene de noche con los zapatos rotos y el vestido a la romana, viva viva la Befana! Se puede relacionar el símbolo de la anciana simpática con lo viejo, específicamente con el año que apenas ha terminado. La escoba que usa se puede relacionar con la limpieza de lo malo y lo antiguo y la entrega de regalos puede tener un valor positivo para iniciar un venturoso año nuevo. La costumbre es que los niños dejen una naranja o una mandarina y un vaso lleno de vino para que la Befana recupere sus energías, ella en agradecimiento barre la casa para purificarla. La Befana, como vimos, lleva puestos unos zapatos rotos, por lo que muchos niños dejan cerca de la chimenea o la cama los suyos, para que los coja si los necesita, a cambio les deja más cantidad de golosinas y obsequios.

En Italia el cinco de enero las calles se llenan de cientos de símbolos representando a la Befana colgados de los campanarios. Los romanos tienen la creencia de que en la medianoche del seis de enero se puede ver a la Befana por una ventana de la Piazza Navona y van allí para ver si aparece, aunque en realidad se trata de una excusa para comprar dulces y juguetes en el mercadillo de la plaza. Y algo muy simpático es que la Befana cuenta con un espacio muy singular, la “Casa della Befana”. Esta casa se encuentra en un pueblo de la provincia de Pesaro llamado Urbania, en ella se puede ver la cama y la gran olla en la que cocina sus pociones, también se puede ver el garaje donde aparca su escoba voladora. Además en Urbania está la oficina de correos, “La Posta della Befana”, y allí están los asistentes de la Befana que te ayudan a escribir la carta.

Y ahora que casi lo sabemos todo de la Befana vamos a saber qué cuenta su leyenda. Se dice que cuando los Reyes Magos iban hacia Belén para visitar al Niño Jesús no sabían el camino que debían seguir porque perdieron de vista a la estrella que les guiaba porque unas nubes negras la ocultaron. Empezaban a preocuparse y preguntaban a todas las personas que se encontraban, pero nadie sabía decirles nada y ya estaban un poco desesperados, cansados y tristes porque pensaban que nunca encontrarían al Niño Jesús cuando se encontraron a una anciana de cabellos largos y blancos y vestida de oscuro; fue muy cariñosa con ellos y les invitó a entrar en su casa para que descansaran y comieran y pasaran allí la noche. Los Magos, agradecidos, le pidieron que les acompañara a visitar al Niño Jesús pero ella se negó. Los Reyes Magos se dieron cuenta de que los niños del lugar no querían a la anciana y le gritaban “bruja Befana” y se fueron de allí algo sorprendidos. Continuaron su camino y mientras tanto la anciana se sintió arrepentida de no haber aceptado la invitación de los Reyes Magos, así que decidió salir de casa para ir con ellos, pero ya era tarde, estarían lejos. Decidió llenar un canasto con dulces y salió de casa pero, tal y como imaginaba, no pudo encontrarlos. La Befana llamaba a la puerta de todas las casas que encontraba y cuando había niños le regalaba dulces de su canasto, ¿por qué hacía eso? porque tenía la esperanza de que alguno de aquellos niños fuera el Niño Jesús. Y así, desde entonces iba por todos sitios regalando golosinas a los niños, para hacerse perdonar por no haber acompañado a los Reyes Magos. Por eso en Italia, aunque por supuesto existen los Reyes Magos y se celebran cabalgatas, como la de Firenze, inspirada en el precioso fresco que pintó Benozzo Gozzoli en la Cappella dei Magi del Palazzo Medici-Riccardi, la auténtica protagonista de la noche mágica del cinco de enero es ella, la Befana.

Por tratarse de una bruja buena, tal vez a alguno de mis lectores le apetezca recibir su visita el próximo año. Si así fuera, ya sabe lo que tiene que hacer…

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