«NOS EQUIVCAMOS AL CONSIDERAR LA POESÍA COMO UN OBJETO COMÚN O VULGAR EN LUGAR DE CONSIDERARLA COMO UN BIEN PRECIOSÍSIMO»

Por: Isabel Rezmo


El arte, la literatura, está sujeta al amor incondicional ( en la mayoría de los casos) de quienes de forma altruista o de forma desinteresada , la cuidan, la trasmiten y lo convierten en centro de su vida y actividad.

La poesía es el género que lleva el peso de los sentimientos, de la utopía. Que nos proporciona herramientas  para  desarrollar actitudes de valor, comprensión, empatía, respeto, y también de conocimiento. El conocimiento de los autores que nos han precedido, es vital no solo para  perpetuarse en el tiempo, sino además para el aprendizaje. Todo autor  que se precie debe  tener un conocimiento de ese tesoro que nos han legado las generaciones anteriores, y por supuesto no perder de vista la actualidad. Ese es el equilibrio que supone dedicarte a ella consolidar su permanencia.

Igual ocurre como hemos mencionado con el arte en general.

Hemos aprendido a lo largo del tiempo que cuidar nuestro patrimonio es parte fundamental para poder asimilar, adquirir y entender un modo de vida, dejar el legado familiar, lograr proyectos futuros.

Hay una cita de Osho que nos dice: “Ser creativo significa estar enamorado de la vida. Sólo puedes ser creativo si amas la vida lo suficiente para que querer aumentar su belleza, sólo si le quieres traer un poco más de música, un poco más de poesía, un poco más de baile.”

Hoy en Proverso tenemos a una persona que toda su fuerza se dirige a cuidar una parte de nuestro patrimonio cultural y literario. Que ama, y siente el arte como una energía que desborda la piel, y la propia experiencia.

Enamorada de Bécquer,  defiende su legado  y promueve multitud  de actividades tanto en relación a su obra como otras de carácter literario (es actualmente la presidenta  de la Asociación Literaria “Noches del Baratillo” de Sevilla). Y hoy queremos acercarnos a su intensa actividad literaria y también  creativa,  ya que hablamos además, de que es poeta. Una gran poeta, colaboradora de esta casa. Hablamos con Pilar Alcalá García.

Nacida en Sevilla en 1962, licenciada en filóloga hispánica. Durante 12 años fue profesora de Italiano en el IDI de la Universidad de Sevilla. Actualmente es presidenta de “Noches del Baratillo” y secretaria de “Con los Bécquer en Sevilla”. Ha publicado artículos sobre la enseñanza del Italiano y sobre Gustavo Adolfo Bécquer, así como un capítulo en el libro SEM, Los Borbones en pelota, y poemas en las revistas Álora, la bien cercada y Estación Poesía. En 2015 obtuvo el premio “Voces Nuevas” de Poesía de la editorial Torremozas y el “Premio Nacional de Poesía Rumayquiya” en su X Certamen con el poemario “Adamar”. En 2019 ha publicado su segundo poemario, “Poemas de názora y azófar”.

RP: Buenas tardes Pilar, encantados de poder hablar contigo, ¿Qué es para ti el arte?        

PA: Buenas tardes y muchísimas gracias por haber contado conmigo y encantada de responder a tus preguntas.

Pregunta complicada. Para mí el arte es lo que me emociona. Es verdad que hay muchos tipos de emoción y yo la que prefiero es la que me hace sentir escalofríos, la que acelera mi pulso porque me siento invadida por una sensación de felicidad, la que me hace llorar y no de pena. Es cierto que a veces ante una “obra de arte” siento cierto rechazo, me siento incluso estafada, eso sería también un tipo de emoción, pero para mí el arte es la suma belleza, es no cansarte de mirar, escuchar, leer algo, es echar de menos ese algo porque se te ha metido en las venas.

Dijo George Bernard Shaw: “Los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma”. Y estoy totalmente de acuerdo, porque el arte te salva porque te reflejas en él. A mí me pasa que, según mi estado de ánimo, prefiero un tipo de arte u otro, el que vaya en consonancia con mi alma, si estoy triste necesito escuchar una determinada pieza de Rachmáninov  porque me acompaña mientras lloro, hace que mi llanto fluya con menos dramatismo. Si estoy triste quiero arte triste, si estoy alegre quiero arte no triste.

RP: ¿Crees que vivimos una etapa en la que se comprende mejor la necesidad de cuidar nuestro patrimonio cultural y literario?

PA: Creo que hay una parte de la sociedad que está muy involucrada en temas y cuestiones culturales, pero también creo que hay otra parte a la que no sólo no le interesa la cultura sino que hasta la rechaza, no la valora y no la considera necesaria. Lo ideal sería que todos en mayor o menor medida contribuyésemos a mantener el patrimonio cultural pero por desgracia sigue siendo una cuestión algo minoritaria. También es verdad que el concepto de Cultura es muy amplio para algunos y más reducido para otros. A veces hay cosas consideradas cultura que a mí me parecen un atentado a la misma.

RP: Hay una frase de  Ossie Davis  que nos dice: “Cualquier forma de arte es una forma de poder; causa impacto, puede influir en los cambios: no sólo puede cambiarnos, sino que nos hace cambiar.” ¿El arte nos cambia, nos hace ser mejores o más críticos? ¿Cuál es tu impresión?

PA: Por supuesto que sí, el arte tiene mucho poder sobre nosotros, sobre aquellos que lo amamos, claro, sobre las personas con una sensibilidad exagerada, los hiperestésicos (¡qué palabra tan fea para definir un concepto tan hermoso!). El arte te puede hacer cambiar tu concepto de muchas cosas y, sobre todo, el arte te abre los sentidos, te abre el alma y creo que te hace mejor persona, entendiendo el arte como belleza. Ya lo dijo Dostoyevski, “La belleza salvará al mundo”. No sé si eso será así, pero desde luego sí que la belleza salva al hombre en muchas ocasiones, puede tratarse de una salvación en un momento puntual, y lo digo porque a mí me ocurre a menudo. Asistir al espectáculo de lo bello me libra de ciertas situaciones desagradables. La belleza, no entendida como un canon, claro está, cada uno tiene su concepto de belleza y lo que para mí es hermoso puede ser horroroso para otro. Pero se trata de que la belleza, individualmente, nos salve, sólo así podrá salvarnos colectivamente. Lo que es imprescindible es acercarse a ella con la inocencia de un niño. Alguien hablaba del arte como un estado del alma, pues eso, más claro, agua.

Sobre si el arte nos hace más críticos, no sé qué decir, pero me gustaría que nos hiciera más críticos con nosotros mismos. Es muy fácil juzgar a los demás, lo hacemos muy alegremente, lo difícil es juzgarse a sí mismo.

RP: ¿Cómo surge ese amor incondicional  a la figura de Bécquer? ¿Qué ha significado para ti?

PA: Surgió cuando estudiaba en el Instituto Gustavo Adolfo Bécquer y leí sus “Rimas y leyendas”. Tenía 14 años, una edad crítica en la que los sentidos están muy despiertos y muy receptivos, y fue una rima, en concreto la XX, (Sabe si alguna vez tus labios rojos…) la que hizo saltar algo dentro de mí, la que hizo que ese señor de cabellos rizados, paisano mío y que daba nombre al centro donde estudiaba, pasara a ser mi héroe. Nunca me gustaron los cuentos de hadas y princesas y creo que era porque estaba esperando a que apareciera Gustavo para que yo tuviera por fin mi lectura favorita. Años más tarde, en la facultad de Filología volví a encontrarme con el chico de nombre de rey sueco y volvió a desatarse la tormenta porque, además, tuve la suerte de que esta vez Gustavo llegara a mí de la mano de una persona maravillosa, el profesor Rafael de Cózar, él me abrió los ojos con Bécquer, me mostró a un Gustavo que nada tenía que ver con esa imagen ñoña que todavía muchos tienen de él. Se me abrió la curiosidad, no ya de una adolescente, casi lo era todavía, sino de una mujer que estudiaba para ser filóloga porque la literatura era y es lo que más amaba y ama en el mundo. Había encontrado a alguien, Gustavo, con quien quería llenar mis horas, quería saberlo todo de él, no sólo del escritor, sino del hombre. Me había enamorado. Y empecé a devorar biografías y estudios sobre él y empecé a sentirlo cada vez más cerca, incluso percibía que nos parecemos en muchas cosas (puedo estar equivocada, a lo mejor es la pasión que me ciega). Empecé a viajar para conocer cada lugar en el que estuvo y que le inspiró. Y pasó que quise transmitir mi pasión y mi amor por Bécquer a los demás, a sus paisanos. Y es que me daba pena y vergüenza ver que, por ejemplo, en Soria o en la zona del Moncayo, tienen a Bécquer entre algodones, le admiran y le respetan. Yo quería que en Sevilla pasara lo mismo, quería que todos supieran quién era Bécquer, porque siempre lo digo, a Bécquer todo el mundo le conoce pero es el gran desconocido. Se dicen y se escriben muchas tonterías sobre él, pero poco a poco algunos se van convenciendo de que no es un romántico ñoño, ni fue un muerto de hambre. Y lo más importante, hay que conseguir que todos le reconozcan su importancia en la literatura española. Bécquer cambió el rumbo de la lírica y menos mal que nos salvó de esa poesía anodina del XVIII de la que intentaron rescatarnos Zorrilla y Espronceda, pero sin mucho éxito. Salvo Rosalía nadie hizo nada. Y Gustavo lo revolucionó todo, el contenido y la forma, con sus asonancias que hacían presagiar el verso blanco, siendo el rey del hipérbaton… y se adelantó al concepto de poesía pura que luego llegaría de la mano de Juan Ramón Jiménez. Bécquer modernizó la lírica, la sacó de un letargo que duraba demasiado. Hoy Bécquer es considerado el primer poeta moderno y ya empieza a aceptarse que es un presimbolista, sin olvidar por supuesto sus textos románticos, que son de lo mejor de la literatura europea, pero las Rimas no son románticas, salvo alguna excepción. Sin Bécquer no tendríamos a los Machado, Salinas, Guillén, Cernuda, Montesinos, García Montero, Juan Lamillar y un larguísimo etc. De poetas. Todos los que escribimos somos hijos de Bécquer.

El acicate fue el encuentro casual o causal, en 2012, con el comisario de una exposición que se estaba preparando en honor a Bécquer y en cuya organización, al final, participé. Fue entonces cuando comprendí que tenía que pasar a la acción, creé la asociación “Con los Bécquer en Sevilla” y desde entonces y desde ella no paramos de hacer cosas en torno a Bécquer, en la medida de nuestras posibilidades.

Con Bécquer he llenado muchas horas de mi vida, no sólo con la lectura de su obra, sino intentando entenderle, intentando saber cómo fue ese hombre, y movilizando a mucha gente para hacerle homenajes.

RP: Estamos en el 150  año del centenario de su  muerte ¿cómo se está planteando este acontecimiento?

PA: Pues afortunadamente, muy bien. El año pasado contacté, como portavoz de la asociación “Con los Bécquer en Sevilla”, con el Ayuntamiento, el Ateneo, la Casa de los poetas y las letras, etc. y fueron muy receptivos por lo que durante el año 2020, que será “Año Bécquer”, habrá muchos actos en homenaje a los hermanos Bécquer. No olvidemos que Valeriano murió el mismo año que Gustavo, tres meses antes. No puedo dar más detalles porque todavía no se ha hecho público desde el ayuntamiento cuál será el programa de actos, y se me ha pedido discreción, pero sí puedo decir que va a ser un año de leyenda en el que todo rimará. Va a ser un año en el que la ciudad de Sevilla va a estar llena de Bécquer y dará a Gustavo y Valeriano todo lo que se merecen, porque no olvidemos que ellos hicieron mucho por Sevilla y la llevaron siempre en su corazón y en su obra. Por eso, aunque murieran en Madrid, su ciudad natal debe volcarse en este 150 aniversario. Y como tenemos la suerte de que reposen en el Panteón de Sevillanos Ilustres, los tenemos con nosotros, son vecinos de Sevilla.

Además, también desde la sociedad civil hay ganas de hacer cosas para homenajear a los Bécquer y eso es muy hermoso, eso demuestra el cariño que los sevillanos le tienen a sus paisanos. Hay gente que me contacta para decirme que se les ha ocurrido hacer tal o cual cosa, incluso quien me presenta un proyecto en muy avanzado estado de ejecución. Voy a ser optimista y voy a creer firmemente que este 2020 será un gran año para los hermanos Bécquer y para Sevilla.

RP: ¿Qué otros autores han influido en ti?

PA: Siempre he sido muy lectora,  sobre todo de poesía y tuve la suerte de contar con un gran aliado, con mi suegro, que me dio a conocer más poetas y más interesantes de los que conocía en las aulas de la facultad. Creo que en mi poesía no se nota la influencia de ningún poeta, ¡ni siquiera de Gustavo!, todas mis lecturas están muy diluidas en mis poemas. Hay autores que son imprescindibles para mí: San Juan de la Cruz, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Ángel González, Julia Uceda, Luis García Montero, Ada Salas, por hablar de poetas españoles. También algunos italianos me son necesarios: Giuseppe Ungaretti, Salvatore Quasimodo, Mario Luzi, Alda Merini, Patrizia Valduga. Y más allá, mis adoradas Florbela Espanca y Wislawa Szymborska. Todos son poetas que releo continuamente, a los que recurro en momentos de desolación.

RP: ¿Crees que ahora  hay una actividad literaria más definida y  más intensa?

PA: Es un tema complicado. Hay mucha actividad pero no todo lo que se hace responde a una realidad literaria y mucho menos poética. Creo que a la Poesía se le está haciendo mucho daño porque hoy cualquiera se considera poeta y eso es un error gravísimo. Hay mucho egocentrismo en este mundillo pseudopoético. Yo misma digo siempre que me considero aprendiz de poeta porque la palabra poeta muy pocos pueden vestirla. Hay un ansia de llevar la poesía a todos sitios y creo que no hay que forzar las cosas, aunque no guste lo que voy a decir, pienso que no a todos tiene que gustarle la poesía, de la misma manera que no a todos nos gusta la novela policiaca. Creo que nos estamos equivocando al considerar la poesía como un objeto común o vulgar en lugar de considerarla como un bien preciosísimo. Hay que acercarse a la poesía como lo que es, algo delicado y frágil, una joya.

RP: La poesía es parte de tu vida, eres autora de varios poemarios, ¿cómo te ves a ti misma dentro de ella?

PA: Te diría que no me veo y acabaría rápidamente la respuesta. Lo cierto es que son los demás los que deben decir cómo me ven dentro de esa maravilla llamada Poesía y por la que siento tanto respeto, a veces creo que demasiado y es ello lo que me impide publicar más. Me asusta ser una ofensa para la Poesía, no me lo perdonaría, y por eso soy muy cauta a la hora de publicar. Soy perfectamente consciente de que mis poemarios no han aportado nada a la poesía, eso es algo muy difícil y que se produce en contadas ocasiones. Lo que sí sé es lo que la Poesía, incluso la que yo escribo, me aporta. Sin ella no podría vivir. Lo he dicho muchas veces, la Poesía para mí es una necesidad vital, como respirar, beber o dormir, pero de ahí a aportar algo para la historia de la poesía, hay un mundo. No olvidemos que ya todo está dicho en poesía, sin embargo lo que no está agotado es el cómo decir, la manera de expresar. Hay que ser muy original para hacer una aportación a la poesía, porque además para escribir antes hay que empaparse de poesía y por desgracia hoy son muchos los que tienen la insolencia de escribir sin haberse dado antes un banquete de poesía.

RP: ¿La poesía sigue siendo para un público minoritario?

PA: Para la inmensa minoría, como dijo Juan Ramón Jiménez. Que hoy día se hagan muchos actos poéticos o se publiquen muchos libros de poesía no significa que la poesía tenga un público de masas, de lo cual me alegro. Sé que tengo gustos bastante raros, y la verdad, prefiero la poesía en la intimidad que en grandes recitales. Intimidad que puede ser compartida con otros, pocos, que además tengan mis mismas inquietudes y gustos.

Creo que la Poesía debe tener algo de elitista y soy consciente de que mis palabras no gustarán. Y cuando digo elitista me refiero más a quienes la escriben que a quienes la leen. Todo el mundo tiene derecho a leer lo que le dé la gana, ¡faltaría más! Y todo el mundo tiene derecho a escribir lo que quiera, pero hay que poner un límite y ese límite está en el hecho hacer público lo que se escribe. Yo creo que cada vez hay menos pudor poético y todo el mundo se cree poeta. Me llama poderosamente la atención el hecho de que en un país donde pocos leen, casi todos publican. Con este tema podríamos estar páginas y páginas, porque aquí vendría a colación el mundo editorial, esos editores sin escrúpulos y sin conocimientos poéticos que sólo piensan en enriquecerse y de paso hacer daño a la Poesía. No todo lo que se escribe debería tener el derecho de ser publicado. En poesía no todo vale, como en cualquier otra disciplina artística. De ahí mis reticencias a publicar, no me prodigo mucho, sólo he publicado dos poemarios y todavía no estoy segura de que un tercero ve la luz, aunque ya esté escrito.

RP: Eres presidenta de la Asociación Noches del Baratillo, una institución muy arraigada en tu ciudad, ¿qué objetivos os estáis marcando para estos años?

PA: Me alegro de que me hagas esta pregunta porque precisamente este 2020 cumplimos 70 años. Somos la institución literaria decana de Sevilla y eso es una gran responsabilidad, después viene lo de ser un orgullo. Es una institución muy peculiar en la que convivimos personas de varias generaciones con maneras diferentes de sentir y escribir poesía. Todavía sigue frecuentando nuestras tertulias de los jueves alguien que ya estaba en el año 1950, cuando se fundó la institución por los poetas Florencio Quintero y Juan Sierra, entre otros, y cuando las reuniones se hacían en un almacén de chatarra. Eso es lo que le da un encanto y un cariz interesante a nuestra institución, lo que le da valor e importancia en el panorama poético sevillano. Desde los años 50 del pasado siglo Noches del Baratillo ha sido un ir y venir de poetas y un cambio a distintas sedes. En nuestra institución puede verse, en cierto sentido, cuál ha sido la trayectoria de la poesía sevillana. En una ciudad en la que tan difícil es cambiar las cosas, en nuestra institución creo que se va notando el aire fresco y la luz que empezaron a llegar con la reforma del local y que ahora están contagiando a quienes damos vida a esas cuatro paredes.

Llevo de presidenta casi dos años y he de decir que el camino no ha sido fácil, precisamente por esos cambios que eran necesarios y que no fueron bien recibidos por algunos demasiado anclados en lo de siempre. Poco a poco la institución va cambiando, tiene más luz, más alegría. Y quiero decir que estos cambios que vamos consiguiendo han sido posibles gracias a todas las personas que me acompañan en la Junta Directiva, pero sobre todo gracias al vicepresidente, Tomás Sánchez Rubio, que en momentos delicados para mí se hizo cargo de todo y desde entonces trabajamos codo a codo con una complicidad exquisita.

Nuestros objetivos son darle al Baratillo lo que se merece, poesía de calidad y por ello cada jueves invitamos a poetas que tienen algo que aportar, algo nuevo que traernos. No podemos quedarnos encerrados en nosotros mismos escuchándonos unos a otros, el objetivo de Noches del Baratillo es el de tener las puertas abiertas de par en par para dar cobijo a quienes de verdad aman la poesía. Un hecho que me parece muy positivo es que hay poetas que nos llaman para pedirnos presentar sus obras en nuestra sede y eso quiere decir algo, dice mucho y bueno sobre nosotros. Además el pasado año recuperamos nuestro “Premio de Poesía Noches del Baratillo” y tenemos intención de darle continuidad. Es una manera de descubrir a nuevos poetas y abrirles el camino de la poesía.

Lo que es cierto es que nuestros objetivos son a corto plazo, es mejor organizar lo más cercano y no poner la vista en un futuro muy lejano. Este año, por ser el del 70 cumpleaños, queremos organizar algunos actos para conmemorar esta efemérides, pero siempre desde la sencillez y con la poesía y los grandes poetas como prioridad.

Nuestro objetivo es darle a la poesía el sitio que se merece y abrir nuestra sede no sólo a los poetas sino a todas aquellas personas que aman y respetan la poesía. Me gusta pensar que el número 28 de la calle Macasta es la casa de la poesía.

RP: Muchísimas gracias por tu tiempo.

PA: A vosotros por haberme regalado este espacio para que exprese mis ideas y opiniones.

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