LA CASA GRANDE ROSANA ACQUARONI

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


Número de páginas: 86
Editorial: BARTLEBY EDITORES
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788494767173
Año de edición: 2018

Sinopsis

ESTE ES UN POEMARIO QUE DARÁ MUCHO QUE HABLAR. Rosana Acquaroni nos ofrece La casa grande, su sexto poemario, un retorno a ese bancal de tierra removida que es la infancia. Una infancia marcada por un secreto familiar y atravesada por la presencia/ausencia de una madre, víctima de una época siniestra y tenebrosa como fueron la posguerra y la dictadura. La casa grande se convierte, así, en escenario vivo donde ir recuperando, a través de la mirada de una niña, sensaciones, vivencias, desencuentros; no como un ejercicio de nostalgia sino de denuncia. Un espacio poético donde no se descuida la preocupación por el lenguaje, pero que es capaz de desalojarnos, de dejar a la intemperie nuestras más íntimas renuncias.

Fuente: Casa del Libro

Sobre la autora

Poeta española nacida en Madrid en 1964. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid, trabaja como profesora de español para extranjeros en la Universidad Complutense de Madrid desde 1992. Es autora de materiales didácticos para la enseñanza de ELE, ha impartido cursos de formación de ELE en Inglaterra, Estados Unidos y Túnez, y es profesora del Máster de formación de profesores de ELE de la Universidad Complutense de Madrid. Entre los reconocimientos obtenidos, se destacan el Accésit del Premio Adonáis de Poesía 1987 con el libro «Del Mar bajo los puentes», la Ayuda para la Creación Literaria del Ministerio de Cultura para su libro «El Jardín Navegable» y el Premio de Poesía Cáceres Patrimonio Mundial 1995 con el libro «Cartografía sin mundo». Su último libro, «Lámparas de arena» fue publicado por la Comunidad de Madrid y la Fundación Gerardo Diego. Sus poemas han sido traducidos al francés, al alemán y al árabe y aparecen recogidos en varias antologías.

Fuente: A media voz

Sobre este poemario

Manuel Rico escribe lo siguiente: «En toda infancia hay una casa que acaba convertida en el lugar de la permanente evocación. El de la eternidad a la que aludiera César Vallejo en un verso inmortal: Murió mi eternidad y estoy velándola. En La casa grande, su sexto libro de poemas, Rosana Acquaroni vela una parte de esa eternidad que es la niñez y la adolescencia, entra en los espacios en sombra de los secretos familiares, rinde cuentas con sus seres más queridos y construye, con lenguaje revelador y deslumbrante, un hermoso edificio poético a partir de un proceso de recapitulación: el que se nutre de la memoria de la propia experiencia en un permanente diálogo con la vida de los otros. Aquí está la madre, su vida visible y su vida invisible y secreta, los momentos felices y los dolorosos, las servidumbres de la realidad opresiva de una posguerra interminable y la rebelión íntima y el desafío a las convenciones amorosas, eróticas, sentimentales impuestas con su secuela de trastornos emocionales y frustraciones. También están los sueños, casi siempre incumplidos, y el universo de objetos (armarios, toallas, peines, botones), presencias y deslumbramientos que dieron sentido a la vida en la edad más temprana. La casa grande es un pequeño mundo que, en gran medida, es, ha sido y será el de todos nosotros».

Fuente: Zenda libros

Mis consideraciones sobre la obra

Las vivencias como metáforas del dolor («las guerras no prescriben / son quirófanos huérfanos /que se han quedado inmóviles»), los vínculos familiares enmarcados en el retrato histórico inflexible de la postguerra, los destellos y sombras de una vida detenida por las imposiciones, por los límites y los miedos de la condición femenina. La inmersión en el pasado, los objetos y la evocación, el duelo y la resiliencia, la represión, la justicia y la reivindicación, el deslumbramiento y el desencanto, la ternura y la desolación, la locura y la orfandad, la honestidad y el deseo de reparación, los secretos y la memoria, la presión social y las dictaduras (el franquismo, la locura), las atmósferas irrespirables («de la obediencia no se sale indemne») son solo algunos de los temas claves del poemario.

Existe un nexo entre la casa de antaño y las ruinas presentes, entre las cicatrices aún abiertas y las grietas sangrantes que supuran los poemas: La Casa Grande es el escenario y el álbum de unas instantáneas suspendidas en la infancia, ancladas en un tiempo irrepetible; es el primer hogar de la autora, un piso de más de 200 metros en la calle Reyes Magos, muy cerca del parque de El Retiro, el centro de sus recuerdos y experiencias.

La autora pone luz y aclara su vivencia desde su condición de adulta, rinde homenaje a su madre (Tu ojo centinela iluminándome, / tus palabras formando un avispero / en mitad de la infancia.), cuyo retrato encarna las mujeres maltratadas por el franquismo («Lejos de aquella España enardecida / de la camisa nueva que empezó a anochecernos»), cuya condición es víctima a su vez de una cultura judeocristiana que la sometió a una vida servil y que debilitó su salud hasta llevarla a una enfermedad («me ataron con correas y me apagaron la luz»), la misma que terminó matándola.

Rosana Acquaroni es una niña derrotada, una niña que revive y reelabora sus recuerdos, la dolorosa relación con su madre («cada quehacer lleva su nombre»), una madre vencida a su vez. Su presencia vuelve en el poemario y acaba salvándola. La catarsis, el alivio y el salvoconducto de la memoria ajustan cuentas y hacen justicia.

La casa grande es a un tiempo «organismo vivo, presencia anfibia, útero materno o cementerio de recuerdos», es el centro de una reminiscencia en la que se encuentran la voz de la superviviente y la niña atrapada en el dolor («Y es así como encuentro la tibieza / de una madre que sangra en otra herida, / que prende en otro cuerpo de mujer»); es la autopsia de un tiempo muerto («ahora hay silencio enfriando la casa»), de un conjunto de voces, la de un adulto y la de una niña, que se alternan, como si ambas voces luchasen para sobresalir del poemario.

La madre que la abandonó para entrar en un sanatorio («madre, mi libertad / se engendra en tu locura. /Tu locura se prende en mi latido»), ahora la rescata («mirar a la madre como se mira al futuro») y ambas salen con alivio del poemario («para enterrar por fin todo lo que perdimos»). No existe un impulso más potente para escribir un libro.

Muy recomendable.

Selección de poemas

LLEVO ALOJADA EN EL CORAZÓN
una bala de plata.
La misma que mi madre
no supo disparar.

HACIA DÓNDE
la senda
que nos conduce
a hielo firme.

Hasta cuándo
el silencio
enfriando la infancia.

(Para qué
guardaditos de ira
tantos encajes muertos).

UNA MUJER QUE SIENTE QUE ESTÁ SOLA
tiene muchas maneras de morir
a manos de ella misma.
Basta con extraer de su mirada
aquel brillo incendiario de la niña que fue.

Una mujer que siente que está sola
tiene muchas maneras de caer.
Basta con tatuar en su centro:
estás hecha de nadie
y no sirves de nada sin un hombre.

Una mujer que siente que está sola
tiene muchas maneras de inmolarse por dentro
sin que nadie lo note.

Basta con amarrarse
un corazón de hielo alrededor del cuerpo
y esperar.

MADRE
he venido hasta aquí a restañar tus ataduras
a contener el frío alojado en tu boca.

Soy la hija
que te aguardó despierta cada noche
y que ahora regresa
para lavar tu lengua
de la herida silente.

He cruzado el jardín del abandono
He abatido sus puertas,
llevo una piel de niña para arropar tu cuerpo
y llenarte de juncos
mariposas
botones.

He vaciado tus frascos de pastillas,
las trago una por una
–sagrada eucaristía del olvido–.

Me he cubierto de musgo
para no lastimarte
y llevarte conmigo
hasta un claro del bosque,
donde enterrar por fin
todo lo que perdimos.

Y CÓMO RESISTIRSE
al hombre acicalado
que se quita el sombrero
y te saca a bailar
y te dice
que quiere amanecer en tu sonrisa.

Quién podría negarse
a las salvas de honor de aquel artificiero
que te llena de pájaros la noche.

(Y después,
cómo no conformarse
y ocupar el lugar de la querida.
Que estudien tus hermanos,
que la vida desprenda su perfume
de nardos y promesas
contra el plato vacío).

Acaban de apagarse las últimas bombillas.
La orquesta ya no toca.

Vuestro coche atraviesa,
como un jinete frío,
la explanada vacía.

LA DESTRUCCIÓN Y EL AMOR
Se querían, sabedlo (Vicente Aleixandre)

Se querían.
Ocultos, pusilánimes,
como ratones ciegos en su rueda infinita.
Al principio sufrían por la luz.

Se citaban de noche
primero en los tranvías de azul amaneciendo,
después en los garajes,
o en las bocas de metro,
o en la senda escondida
hallada en algún parque.

Se rendían
al arrecife calcáreo del deseo.

Sus cuerpos se buscaban
como busca la herida el salitre del tiempo.

Se querían
como las flores a las espinas hondas,
a pesar del misal y la ceniza,
de los ciclos bursátiles,
de la murmuración de los serenos.
De los viajes de él
la costura de ella
(y la culpa acechante
como un rifle apostado en cualquier agujero).

Se querían de noche, cuando los perros hondos
nunca en los cines/dd>
nunca entre las familias
que arropan a sus hijos.

Se querían.
Sabedlo

LA LLUVIA ES LA ANTESALA DEL RECUERDO.
Ahora llueve en Madrid
y yo arrastro tu cuerpo por las calles
como un disfraz de infancia comido por el fango.

Y quisiera contarte
que el atado de cartas sigue estando reunido
en aquel escritorio,
como tú lo dejaste.
Que nada se ha perdido,
excepto las palabras que no supe decir.

Y ahora llueve contigo,
sigue lloviendo
un agua inconsolable
que lava mis heridas
y hace que al recordarte
pueda verte de nuevo
en aquel hospital
respirando tus últimas palabras:

De la obediencia no se sale indemne.

Y ahora siento tu muerte
llamando a mi ventana
como un pulso de sangre,
o es la lluvia que bate en el cristal
con su pájaro herido,
con un ala de nadie

que te nombra
y me dice
que sigo estando allí
en aquel mes de julio
para desmantelar sin ti
la casa grande.

Y quisiera contarte
que estuve en Benarés
hace cuatro veranos,
y tú estabas allí,
a orillas del Ganges,
con los pies sumergidos
y la cabeza ungida por el limo sagrado.

Hija voluntariosa,
desando
los caminos
de la sangre.

Nada me pertenece.
Ni siquiera el olvido.

Ya ha cesado la lluvia.

Oigo tu corazón desafiante,
desalojando en mí
su última ola.

Más poemas

http://amediavoz.com/acquaroni.htm

https://www.poemas-del-alma.com/rosana-acquaroni.htm

Más noticias

https://www.todostuslibros.com/autor/rosana-acquaroni

http://www.rtve.es/alacarta/videos/palabra-voyeur/lamparas-arena-rosana-acquaroni/4903218/

 https://conoceralautor.es/libros/ver/la-casa-grande-de-rosana-acquaroni

http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=acquaroni-rosana

https://www.escritores.org/biografias/22001-acquaroni-rosana

http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4362

https://www.youtube.com/watch?v=hmczNW3zWN4

https://www.zendalibros.com/en-alas-del-aire-de-rosana-acquaroni/

https://www.diariocordoba.com/noticias/cuadernos-del-sur/rosana-acquaroni_1305915.html

  

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