CINE Y POESÍA

Por: Evaristo Cadenas Redondo


El cine transformó, para bien, mi personalidad. Contaré algo sobre mi experiencia como espectador. Debo decir que es imposible meter el agua del mar en una taza de café. El cine es el mar, la taza de café, las tres páginas de que dispongo para este precipitado artículo.

Empecé a ver cine mucho antes de aprender a hablar. En mis recuerdos permanecen imágenes múltiples que atestiguan mis principios en el cine de mi pueblo. Tendría ocho o nueve años cuando regresaba a casa con mi padre, noche oscura de invierno, de ver una película y se me ocurrió decirle que quería vivir en Madrid influido por las imágenes del Nodo o de una película con Pepe Isbert o Tony Leblanc. Mi padre no hizo caso. Llevo viviendo en Madrid desde los 23 años.

Cuando niño me parecía que el cine era el Arte más importante, porque juntaba imagen, música y palabra. Arte que transmitía emociones diversas y la vivencia visual producía tal emotividad que era frecuente la sublimación de sentimientos que provocaban el llanto. Llorar en el cine era, y sigue siendo, frecuente. Una vez llegué a casa desconsolado porque aquella noche habían matado a Gary Cooper. No te preocupes hombre, dijo mi padre, el cine es mentira, los actores no mueren de verdad. Al domingo siguiente volvieron a proyectar otra del Oeste y el protagonista era Gary Cooper demostrando que no había muerto. Menos mal que la realidad de las películas no tiene nada que ver con la realidad de la vida o quizá, inconscientemente, prefería la realidad de la vida de cine que la vida real. Por eso me gustaba tanto. Lloré desconsoladamente y quise ser misionero evangelizador de exóticas tribus lejanas, o de leproserías, como el Padre Damián al ver Molokai, la isla maldita (1959), dirigida por Luis Lucia e interpretada magistralmente por Javier Escrivá.

Me identificaba con King Kong y me parecía una injusticia lo que hacían con el pobre animal. Temprano me gustaba ponerme del lado del más débil. La fascinación por el cine era tan grande que quise descubrir más detalles y me hice amigo del hijo del dueño de la Sala para que me dejara ayudarle a montar la película cada domingo en las bobinas para que fueran proyectadas en sus enormes proyectores, valga la redundancia. Descubrí el celuloide, Olvidados” la acetona y el papel de fumar que mi amigo utilizaba para pegar un rollo con otro. Me daba trozos de fotogramas de película que sobraban y que luego, en mi casa en soledad, observaba al trasluz una y otra vez.

Cuando empecé a estudiar en una ciudad, lejos de casa, todos los domingos, en sesión infantil, ponían dos películas. Nunca falté. Poco después, influido por el cine, (la película fue “Anna” con Silvana Mangano, dirigida por Alberto Lattuada en 1951), (“Ahí viene el negro zumbón bailando alegre bayón…“) descubrí la belleza, el erotismo y eso. Explosión salvaje de adolescencia e interés agrandado por ver todas las películas del mundo. 

Un día me encontré con un amigo que me preguntó por la película que acababa de ver. Yo apenas si sabía el titulo. Tienes que aprender a ver cine.: ¿Quién la dirige? ¿Quién es el productor? ¿Quiénes la protagonizan? ¿Quién compuso la banda sonora? ¿En qué lugar está localizada? ¿Quién es el montador? ¿Quién es el guionista? ¿Diseño de vestuario? etc. Aquél amigo me abrió los ojos y me enseñó a analizar el cine de forma más profunda por decirlo así. La primera película que vi con ese criterio, fue “Améríca, América“, (1963) dirigida, producida y escrita por Elia Kazan. Luego vinieron “La caza”, (1966) de Carlos Saura, “Los olvidados”, (1950) de Luis Buñuel y todas las demás de una infinita lista imposible de enumerar.

Así fue el principio, y al poco tiempo las revistas sobre cine, principalmente Nuevo Fotogramas que durante muchos años coleccioné. Y Nickel Odeón, dirigida por Juan Cobos y editada por José Luis Garci, al que tanto debemos los que amamos el cine. En su programa “Qué grande es el cine”, descubrimos el cine de Kurosava, Kusturica, “El intendente Sansho” de Kenzi Mizoguchi  y querer, incondicionalmente, a Kim Novack en Vértigo de Hitchcock.

¿Y la poesía? La poesía está implícita en el cine como lo está en la pura esencia de la vida. Poesía es lo que queda en el corazón al salir de la Sala de Cine después de haber visto una obra de Arte. Poesía es el nudo en la garganta al contemplar cómo se besan los protagonistas, poco antes de The End, porque siempre triunfa el amor. Poesía es la soledad de la Sala del cine a oscuras y los ojos brillantes al contemplar la pantalla iluminada de belleza. “La Gran Belleza“, 2013 de Paolo Sorrentino.

El espacio de que dispongo, tan limitado, solo da para mencionar películas emblemáticas que se significaron por su profundidad poética, y algún aspecto de especial  sensibilidad.

El lado oscuro del corazón. Escrita y dirigida por Eliseo Subiela en 1992. Producción argentina. Intérpretes: Darío Grandinetti, Sandra Ballesteros y Nacha Guevara. Poemas de Mario Benedetti, Juan Gelman y Oliverio Girondo. Cameo de Mario Bendetti recitando en alemán.

El lado oscuro del corazón II. Escrita y dirigida por Eliseo Subiela en 2001. Producción española y argentina. Intérpretes: Darío Grandinetti, Ariadna Gil y Nacha Guevara. Poemas de Antonio Porchia, Oliverio Girondo, Mario Benedetti, Patricia Díaz Bialet, Cátulo Castillo, Dylan Thomas, Eliseo Diego, Homero Expósito, Alejandra Pizarnik, Vicente Huidobro, Octavio Paz, José Hierro y Antonio Machado.

El poeta y director de cine soviético, Andrei Tarkovski, (El espejo, Solaris), dijo: “La pureza del cine y su fuerza intransferible se muestran no en la agudeza simbólica de las imágenes por muy audaces que estas sean, sino en el hecho de que las imágenes expresan la concreción y la irrepetibilidad de un momento concreto”. Andrei Tarkovski. “Esculpir en el tiempo”.

“El club de los poetas muertos“, dirigida por Peter Weir (1982) Intérpretes: Robin Williams y Ethan Hawke. (Costó 16.400.000 dólares. Recaudó 236.000.000) Óscar al mejor guión original. (Poema de Walt Whitman dedicado a Abraham Lincoln: “Oh capitán, mi capitán“.

 Juan Eduardo Cirlot, poeta, critico de arte y músico (Barcelona, 1916- 1973) quedó tan impresionado por la belleza de la actriz Rosemary Forsyt interpretando el personaje de Bronwy en la película “El Señor de la Guerra” (1965), que la acogió como motivo de inspiración de una gran obra poética titulada precisamente Bronwy.

Memorias de África, dirigida por Sydney Pollack (1987), Intérpretes: Robet Redford, Meryl Streep y Klaus María Brandauer. Música de John Barry. Basada en la novela de Karen Blisen (Isak Dinesen). “Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong” La memorable y poética banda sonora de John Barry potencia infinitamente el despertar de la fibra sensible del espectador.

Muerte en Venecia, dirigida por Luchino Visconti (1971), Intérpretes: Dick Bogarde y Silvana Magano. Basada en una novela corta de Thomas Mann. Nobel de literatura de 1929.

Leolo, (1992) dirigida por Jean Claude Lauzon. El protagonista, preadolescente, le canta a su enamorada: “Bianca, mi dulce amor. Mi único amor.” y también “La soledad es mi palacio”. Leolo es un película cargada de PURA POESÏA.

Ojos negros, (1987) dirigida por Nikita Miljalkov. Marcelo Mastroianni música de Francis Lai. Película de singular tristeza y alegría que resulta, finalmente, poesía pura.

Y… hay que mencionar las Salas de Arte y Ensayo y las películas en Versión Original, con subtítulos, y por lo tanto de Bergman, Dreyer, Truffaut, Renoir, Godard, Passolini, Eisenstein, Fellini, Manuel Oliveira. De los españoles, para que no se diga, Berlanga, Almodovar, Amenábar, Isabel Coixet, Martín Patino y de Luis Eduardo Aute. Aquí me detengo. Comprenderán que el mar es inmenso y la taza de café muy pequeña.

Aute, poeta, director de cine, pintor, dibujante, músico y cantante, cantó maravillosamente:

Cine, cine, cine,
más cine por favor,
que todo en la vida es cine,
y los sueños,
cine son.

Muchas gracias. Les dejo que tengo que ir al cine a ver una coreana. La película es “Parásitos” del director de Corea del Sur, Bon Joon-ho, ganadora del último Festival de Cine de Cannes de 2019.

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