STROMBOLI, ROSSELLINI Y BERGMAN: ALGO MÁS QUE CINE

Por: Tomás Sánchez Rubio


La España de 1952 era la España del Sexto Gobierno del régimen franquista (1951-1956). Además de su intensidad, el otro rasgo característico de la depresión de los años cuarenta, recién acabada la contienda civil, fue su larga duración: hasta 1951 y 1952 no se recuperaron los índices del PIB y PIB per cápita, respectivamente, de 1935 . El fracaso del modelo autárquico obligó al régimen a modificar la política económica. Se liberalizaron parcialmente los precios y el comercio, y en 1952 se puso fin al racionamiento de alimentos de primera necesidad. Los españoles pudieron comprar libremente a partir de entonces algo tan básico como el pan, si bien el hambre perduró unos años más. Aparte de que las medidas de la dictadura propiciaran una cierta expansión económica, la guerra fría y el posterior cambio en la política internacional norteamericana hicieron el resto, ya que la ayuda a España desde 1953en el marco de la firma de los Acuerdos de Madrid– proporcionó al régimen un balón de oxígeno.

En sus años de fotógrafo que precedieron a los de cineasta, Carlos Saura (Huesca, 1932) captó fielmente con su cámara las miradas, los rostros y los paisajes de este periodo. El director de cine y el editor alemán Gerhard Steidl mostrarían más tarde, en el libro documental España, años 50 aquel país que, compartiendo frontera con otros donde se desplazaban en automóvil desde hacía años, seguía utilizando burros y mulos como principal medio de transporte.

Es 1952 el año de Carrusel Deportivo, programa decano de la radio deportiva en nuestro país. Ideado por Bobby Deglané, comenzó a emitirse el domingo 12 de octubre de ese año con motivo de la celebración de la quinta jornada del Campeonato Nacional de Liga de Primera División 1952/53. Era la época de Ladislao Kubala en el Barcelona, Roque Olsen en el Madrid y Ricardo Zamora como entrenador de la Selección nacional. También tuvieron lugar los Juegos Olímpicos de Helsinki, donde un Joaquín Blume de tan solo diecinueve años se reveló como figura sobresaliente a nivel internacional en la disciplina de gimnasia artística. 

También fue 1952 el año del XXX Congreso Eucarístico Internacional, que tuvo lugar en la Ciudad Condal durante el pontificado de Pío XII. Fue promovido por el obispo de Barcelona, Gregorio Modrego, quien en 1937 firmara la denominada Pastoral de la Cruzada, cuyo objetivo fue dar autoridad moral a los sublevados.

En el panorama literario, la asturiana Dolores Medio, maestra republicana depurada en la inmediata postguerra, obtiene el 6 de enero de 1952 el premio Nadal por su novela Nosotros, los Rivero, obra de corte social realista inspirada en su Oviedo natal. En teatro, se estrena el 11 de enero en Madrid La tejedora de sueños, interesante y novedosa recreación de La Odisea de Homero, cuyo autor, Antonio Buero Vallejo, había sufrido cárcel  desde 1939 hasta 1946, coincidiendo en prisión con el poeta Miguel Hernández. En el cine, como productos nacionales destacan por su éxito La niña de la Venta, estrenada el 1 de febrero, con Lola Flores y Manolo Caracol, así como Violetas imperiales, coproducción hispanofrancesa dirigida por Richard Pottier y estrenada el 12 de diciembre. Sus protagonistas eran  Carmen Sevilla y el cantante irunés Mariano Eusebio González y García, más conocido por Luis Mariano. Como estrenos extranjeros, destacan ¡Viva Zapata!, estrenada el 15 de diciembre, y Stromboli, tierra de Dios, estrenada en Madrid el 8 de diciembre, dos días antes de la primera sesión de los setenta y ocho diputados de la Asamblea de la CECA, organización supranacional que se creó mediante el Tratado de París de 1951, antecesora de la CEE -actual UE-, en la que no entraría España hasta 1986.

La película Stromboli, terra di Dio había sido rodada en 1950, estrenándose en Estados Unidos el 15 de febrero de ese año, pero no llegando a Italia hasta el 8 de octubre. Desde el principio, El filme se había visto envuelto en la polémica por cuestiones no precisamente artísticas.

La cinta era una coproducción italo-estadounidense, dirigida por Roberto Rossellini (1906-1977) y protagonizada por Ingrid Bergman (1915-1982). Rossellini había conocido ya el éxito con Roma città aperta (1945), Desiderio (1946) o Germania anno zero (1948), obra maestra esta última del neorrealismo italiano, uno de cuyos máximos exponentes era considerado el realizador romano junto a Luchino Visconti, Cesare Zavattini o Giuseppe de Santis entre otros.

Ingrid Bergman, por su parte, después de protagonizar una docena de películas en su Suecia natal, se traslada en 1939 a los Estados Unidos para protagonizar la nueva versión de Intermezzo, al lado de Leslie Howard. En 1942 protagonizaría, junto a Humphrey Bogart, la película de Michael Curtiz Casablanca, estrenada en 1943, año en el que la actriz fue postulada por vez primera a los Óscar, en este caso por su brillante labor en la película Por quién doblan las campanas. No lo ganaría en esta ocasión, pero sí al año siguiente con Luz que agoniza. En 1945 recibe su tercera candidatura consecutiva a los Óscar; esta vez por la película Las campanas de Santa María. La actriz recibiría su cuarta candidatura a los Óscar en la categoría de mejor actriz en 1948 por su memorable papel en Juana de Arco.

Será en 1949 cuando el director italiano recibiría una carta de la actriz sueca donde le expresaba su admiración y le proponía trabajar juntos, dándose comienzo así a una de las más conocidas historias de amor en el mundo del cine, con Ingrid Bergman y Rossellini en la cumbre de su popularidad e influencia. Comenzaron a trabajar juntos un año más tarde en Stromboli, terra di Dio, en la isla del mismo nombre, que encuentra situada en el mar Tirreno al norte de Sicilia, y cuyo volcán entró precisamente en erupción durante el rodaje. Le seguiría al año siguiente la película Europa ’51. En 1954 Viaggio in Italia completaría la conocida como «Trilogía de Ingrid».

La relación que se estableció entre ambos fue más allá de lo estrictamente profesional,  dando lugar al nacimiento de una hija que tuvieron fuera de sus respectivos matrimonios: la futura actriz Isabella Rossellini. Este hecho causó un gran escándalo en Estados Unidos, y Bergman fue reprendida públicamente por el senador del Partido Demócrata Edwin C. Johnson, obligándola a trasladarse a Europa durante varios años hasta su regreso a Hollywood con la exitosa película Anastasia en 1956, y que le valió un nuevo Óscar. En 1972, el senador Charles H. Percy presentó una disculpa en el Registro del Congreso por el ataque realizado a la persona de la actriz veintidós años antes.

Del mismo modo, además de algunos políticos y parte de la opinión pública, los críticos -en especial los americanos- habían sido muy duros con la película. En concreto, el New York Times la calificó de «producto débil, inarticulado, falto de inspiración y penosamente banal». Hoy en día, en cambio, todo el mundo la reconoce como una obra maestra y un título imprescindible del cine neorrealista.

La protagonista de Stromboli se llama Karin, una joven exiliada lituana en Italia, que, desesperada, tras escapar de un campo de concentración, se casa con Antonio, un prisionero de guerra al que ha conocido estando él al otro lado de la valla del campo. Se traslada con su marido a la pequeña isla de Stromboli, a casa de Antonio, donde él se dedica a la pesca. Sin embargo, escapar de una prisión la lleva al final a meterse en otra, y considera su vida en la isla también una condena. Es tierra yerma y dura, con gentes de hábitos y creencias muy tradicionales y conservadoras. Los habitantes del lugar actuarán con hostilidad hacia esa mujer extraña y extranjera. Karin habla solamente un poco de italiano, lo que dificulta más aún la comunicación con su entorno. Personaje de una gran fuerza interior, se siente atrapada, asfixiada en el pequeño mundo que la rodea. Pasado un tiempo, Karin, totalmente abatida, intenta escapar de la isla… El final resulta, a mi modo de ver, estremecedor.

En cuanto al reparto de la película, acompañan a Ingrid Bergman -Karin-, Mario Vitale, actor de breve carrera cinematográfica, interpretando a Antonio; Renzo Cesana, amigo de la infancia de Rossellini, en el papel del cura; Mario Sponzo, como “el hombre del faro”, y Gaetano Famularo como “el hombre de la guitarra. En su mayoría, quienes aparecen en la película como habitantes del pueblo, vivían en verdad allí. Emplear lugareños que no son actores para que representen personajes es un rasgo típico del neorrealismo. También característica propia de esta corriente cinematográfica es ese carácter de documental con frecuentes escenas realistas como la de la pesca, o bien la evacuación de la población tras la erupción del volcán.          

Pienso que vale realmente la pena dedicar unas líneas al neorrealismo italiano, que al fin y al cabo, influiría tanto en el cine español de los 50 -con títulos memorables como El pisito, la niña de luto, El verdugo…-, señalando algunas ideas muy significativas reflejadas en los estudios de una investigadora rigurosa como Sara Velázquez García, de la Universidad de Salamanca:

-Se produce un alejamiento de la retórica propagandística del fascismo, a cambio de una mirada realista de una sociedad devastada que busca sobrevivir en un país asolado por la miseria.

-Es un cine austero, de pocos medios, que busca la objetividad más cruda en su mirada a las clases populares y marginales.

-Los personajes se interpretan a sí mismos, expresándose en su lenguaje habitual. No hay lugar para el cine de “estrellas”.

-Se prestará atención a dos nuevos tipos de protagonistas: las mujeres y los niños; así como a un nuevo tipo de “decorado”: la calle y su cotidianidad.

-Desaparece la “obligación” del final feliz.

-Hay un fuerte componente de denuncia social.

-Existencia en algunos directores de otro modo de expresión en tono de comedia, algo que fue catalogado, a menudo de modo despectivo, como “Neorrealismo rosa”.

Solamente añadiríamos a tan certera descripción de este cine, la influencia, no solo fuera de Italia, sino en las posteriores generaciones de realizadores italianos, como la que aparece en el originalísimo Pier Paolo Pasolini (1922-1975), quien creó creó una suerte de “Segundo Neorrealismo” explorando los aspectos de la vida cotidiana, centrando su mirada en los personajes marginales, la delincuencia y la pobreza que no dejó de arrastrar Italia desde la posguerra, y estableciendo un estilo narrativo y visual en el que priman el patetismo y la ironía junto al humor, a veces sórdido, de sus historias, valiéndose con frecuencia de actores no profesionales, sacados de la calle y que se expresaban en su propio dialecto, apartándose de la lengua estándar.

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