CANCIÓN NAPOLITANA (SEGUNDA PARTE)

Por: Alfredo Piquer Garzón


III.- 

En 1919 -20 Axel Munthe, médico sueco,  fue arrendador de Luisa Casati de su villa de San Michele en la isla de Capri, frente a Nápoles. Aunque Casati no había sido la primera arrendataria de alguno de los habitats de Munthe en Capri.  

Axel Martin Fredrik Munthe (1857 -1949), médico y también, por lo que logró fama internacional,  escritor sueco.  Había estudiado en Upsala, Montpellier y París,) por el trabajo de su Tesis Doctoral, especialista en Obstetricia y Ginecología. También en una  incipiente Psicología, todavía no bien diferenciada de otras ramas de conocimiento que se decantarían después más bien como ‘parapsicología’. Había sido discípulo de Jean Martín Charcot y años después, descreído del hipnotismo y otras prácticas entraría en clara pugna con Charcot y sus ideas.  Comenzó a ejercer la medicina en París y con 23 años se convirtió en el médico más joven de Europa.

Había visitado Capri por primera vez a los 18 años y en 1887 se traslada allí y describe  su propia llegada a la isla: la subida de la  ‘Escala Fenicia’ construida por colonos griegos en el siglo VII al VI a. J.C., que remonta con 921 escalones y más de kilómetro y medio de longitud total el acantilado norte de  la isla desde el puerto y la población de Marina grande  hasta su punto más alto. Describe también su encuentro con el maestro Vincenzo, del lugar, y la posibilidad de comprar la ruina de un antiguo palacio del emperador romano Tiberio y la capilla de San Miguel, adyacente, que acabará dando nombre a toda la villa construida y que se llamará por tanto San Michele. Compra San Michele y construye casi sin dinero, sobre  las ruinas romanas donde aún aparecen a flor de tierra fragmentos y restos pétreos, »roba di Timberio» como los denomina Vincenzo.  Levantará San Michele con sus propias manos y con la ayuda de Vincenzo y sus tres hijos.   Llegará a vivir allí cerca de 56 años en total, la mayor parte de su vida.

En su libro “Peregrinos de la belleza”, Maria Belmonte habla de Axel Munthe. Le interesa Munthe y seguramente por eso  alude ‘de pasada’ a la llegada de Casati a Capri y a San Michele,  sin explicar quién fue ella en realidad.  Munthe había conocido a Luisa Casati en una recepción en Roma y la invitó a San Michele. Sin embargo cuando conoció su  comportamiento decidió no hacerlo. Ella se presentó de todos modos creando todo tipo de problemas y al final, aunque tarde, Alex Munthe fue arrendador arrepentido  de Luisa Casati porque ella  tomó posesión de San Michele con su exacerbada excentricidad. Casati  llega a Capri en 1920, y se ha escrito que decide quedarse en San Michele con el permiso de Axel Munthe o sin él.  Se presenta  una noche de verano de improviso; se avisa a Munthe de que llega una extraña comitiva: la marquesa, el sirviente negro con el guepardo, dos galgos, una boa constrictor, dos loros, dos gacelas un búho y un montón de baúles.  Casati entra en San Michele ‘campando por sus respetos’; cambia por completo la decoración y los muebles de la villa y coloca sus muebles negros de ébano, cubriendo el suelo de alfombras negras y las ventanas de cortinas asimismo negras.  Reserva un cuarto para sus ritos esotéricos clavando en la pared una piel de oveja negra tiñendose el pelo del verde al negro. En la pared escribe: »oser, vouloir, savoir, se taire»: Osar, querer, saber, callar».  Famosa, hace amistades, con la pintora Romaine Brooks, por ejemplo,que la retrata;  y con el barón  Jacques D’Adelswärd-  adicto al opio que fuma con la marquesa.

Casati entra en San Michele ‘campando por sus respetos’; cambia por completo la decoración y los muebles de la villa y coloca sus muebles negros de ébano, cubriendo el suelo de alfombras negras y las ventanas de cortinas asimismo negras.  Reserva un cuarto para sus ritos esotéricos clavando en la pared una piel de oveja negra tiñendose el pelo del verde al negro. En la pared escribe: »oser, vouloir, savoir, se taire»: Osar, querer, saber, callar».  Famosa, hace amistades, con la pintora Romaine Brooks, por ejemplo,que la retrata;  y con el barón  Jacques D’Adelswärd-  adicto al opio que fuma con la marquesa.  Romaine Brooks constituye una de las presencias importantes en Capri que hubiésemos podido enlazar con las biografías que vertebran este artículo. Su vida y su obra plástica tienen entidad notable imbricada de manera intensa, sobre todo en lo que a su estancia en Capri se refiere, en este relato. Retrató a Casati evocando su alargado desnudo rompedor y su inusual pelo rojo; admiró a D’Annunzio y mantuvo con él una relación vehemente y duradera, y su propia biografía fue otro de los paradigmas que sintomatizan ese entramado complejo de relaciones tejido por  una serie de  personalidades extraordinarias y fuera de esquemas en un contexto histórico jalonado por dos guerras mundiales y sus intervalos.    Por todo ello no nos sustraeríamos a hablar de ella con algo más de extensión en otro escrito.

Luisa Casati fue, como decimos, su modelo porque la marquesa  recibió en Capri numerosas relaciones y mantuvo múltiples relaciones, entre ellas la de  Diaghiliev y desde luego  la del propio Gabriele D’Annunzio. Cuando después de  un tiempo  la desmesura de la forma de vida de su excéntrica inquilina disgusta profundamente a Munthe e intenta echarla, ella se niega y responde aduciendo derechos.  Evidentemente debió haber obligaciones legales  y Casati recurrió a abogados; suponemos que también Munthe; hubo conflicto largo y  la ley dio la razón a Casati. Pero finalmente y tras  cuatro años de  pleitos y proceso judicial  la marquesa abandonó Capri. Munthe volvió a San Michele retornándolo a su estado original y mantuvo exclusivamente el lema de la pared. Crompton McKenzie, escritor escocés autor de casi cien libros y miembro de la inteligencia británica en el Mediterráneo oriental, amigo personal de Munthe e inqulino de la isla un tiempo, describió aquel periodo en sus »Diarios». 

Al norte de las isla de Capri, sobre los acantilados que van desde  la ‘Gruta Azurra’ hasta el puerto de Marina Grande, a 327 metros sobre el mar, San Michele  sería la morada de Axel Munthe entre 1896 y 1907. Decorada con el gusto postromántico de final del XIX  y con los objetos antiguos, romanos, etruscos, egipcios (la famosa esfinge y el Horus egipcios son también de época romana aunque se han fechado alguna vez de modo muy inexacto) rescatados y puestos en valor. »Necesité diez años para ultimar este asunto», explicaría su artífice. “Mi casa debe estar abierta al sol, al viento y a la voz del mar, como un templo griego, con luz, luz, luz por todos lados”, escribió. Paradójicamente su posterior dificultad visual le obligaría a alejarse de la luz; había perdido parte de la vista a los 52 años por un desprendimiento de retina pero pudo recuperarla tras una operación  en 1934 , sin embargo parece que al final con uno solo de los ojos. Ello condicionó un regresó a Suecia por varios años. 

La villa es un balcón con vistas frente al golfo de Nápoles y la costa de Sorrento.  La llamada Logia de las esculturas, el claustro de la fuente, la Pérgola y las terrazas panorámicas de tantos paseos con Victoria de Suecia, el  Salón Veneciano, la terraza de  los conciertos, el ‘Olivetum’, el jardín, la capilla, las esfinges, el Horus, etc. componen y articulan un espacio único en su ubicación privilegiada y su peculiaridad original  e histórica.  San Michele y otras propiedades de Munthe son ahora instituciones culturales suecas. La fundación Stifielsen que mantiene San Michele lo hace también con el santuario de aves “Barbarossa”, para la protección de aves migratorias creado por Munthe, en Capri.

IV.-

Axel Munthe escribe a su editor en Londres, John Murray en 1928: » He escrito un libro llamado la historia de San Michele, el nombre de mi hermosa villa en Capri de la que fui arrojado por la deslumbrante luz del sol. En contra de mis intenciones ha terminado por convertirse en la historia de mi propia vida». »No escribes sobre San Michele y los preciosos fragmentos de mármol de la quinta de Tiberio. Únicamente das a luz algunos fragmentos de arcilla de tu propia vida rota». Así es; la Historia de San Michele es mucho más que el anecdotario de un médico. Es toda una biografía pero de una vida extraordinaria.

De hecho Axel Munthe accede  a la fama y la notoriedad internacional con la publicación de “La Historia de San Michele” en 1929 traducido a más de 45 idiomas. Se dice que fue el libro más vendido en el s.XX.   Su escritura es  ágil y con cierto fino humor muchas veces rayando en la ternura, describiendo la vida a todos sus niveles y descubriendo la miseria y la grandeza de los humanos, su idiosincrasia tanto de ricos como de pobres. 

Comienza a escribir en 1884 durante la terrible epidemia de cólera en Nápoles. Allí, la descripción brutal de la muerte y el horror por todos lados, la agresividad creciente de las ratas, etc. y sin embargo la voluptuosidad desatada como modo instintivo de  la especie  para compensar la muerte masiva  »…  habíanse vuelto locos de voluptuosidad ante la misma muerte». Munthe combina lo real y lo onírico y manifiesta  una cierta obsesión con laidea de la muerte y a la vez por el amor a la vida , da voz en sus viajes a todo tipo de personas y establece de modo tácito un punto de vista ecléctico ante la riqueza y por ende una clara comprensión y conmiseración  ante la pobreza y el dolor.  Da voz a los mitos, los duendes, los perros …

A pesar de su título en La Historia de San Michele no hay exactamente una historia de la villa. Se trata de un libro un tanto inclasificable, como se ha afirmado. Una biografía, el anecdotario de un médico, la crónica de una vida intensa y un documento humano excepcional, todo ello; tomo prestadas esas palabras y las comparto.  Munthe habla entre líneas de la ética de la profesión médica, del comienzo de su ejercicio en París, su consulta del Quartier Latín, en la Avenue de Villiers, su encuentro con la muerte, los enfermos reales, los enfermos ficticios e hipocondriacos. Ya en esa época alude a temas como el  de la homosexualidad con cierta distancia y eclecticismo, reconocimiento de su iognorancia pero sin condenarla.  Describe con naturalidad su integración como médico en la alta sociedad y su dinámica vital y desprende  de ello la lección de la necesaria sensibilización ante la pobreza. Las historias de las prostituta de París, la terrible historia de Flopette y su bella hija moribunda.  Tras el viaje a Laponía narra la experiencia entre los lapones y sus mitos (la bruja Skogsra toma forma de mujer  hermosísima que si hay luna llena en el bosque viene a sentarse  a  tu lado y te echa  los brazos al cuello »como cuando una mujer quiere que la ame un hombre’ aún cuando lo que quiere en realidad es  chuparte la sangre»). Su regreso a Paris, Charcot y la Salpêtrière;  los viajes a Suecia, las escaladas al monte Cervino: (encuentra el cadáver del escalador Burkhardt a quien retira »la nieve reciente de la cara pacífica y tranquila como si estuviera dormido’)’. También al Mont Blanc, en la que es sepultado por un alud y se salva  milagrosamente.  No es extraño el éxito del libro por algunos episodios tratados con humor a pesar de su dramatismo,  el referido al vizconde  Maurice  con el que acabará batiéndose en duelo de pistola. La adopción forzosa del mono Billy al que cura de su adicción al alcohol y más tarde de su comportamiento reincidente. Habla con sus perros (»los canes habían perdido el don de la palabra  cuando está le fue dada al hombre») y estos con él.  Dialoga con la luna en un diálogo poético (»La luna es una vieja doncella marchita que espía de lejos con ojos traidores la inmortal tragedia del mortal amor»), y también  con el duende que le sirve para evocar su infancia. En 1880 con escaso dinero alquila la casa que había  sido del poeta romántico John Keats en el esquinazo de la piazza di Spagna, a la derecha de la escalera que sube a Santa María dei Monti, en Roma y abrirá consulta con progresivo prestigio en competencia con otros médicos. Atenderá allí a la población local y  a personajes de la nobleza europea. En Capri y ante la captura masiva y el comercio de sus habitantes con las aves migratorias para enviarlas a los restaurantes europeos, comprará el monte de ‘Barbarosa’ para crear un santuario para los pájaros y salvaguardar sus especies.

Munthe no menciona en absoluto a Luisa Casati ni las vicisitudes de su estancia en Capri en La Historia de San Michele. Tampoco  su experiencia en  la Primera Guerra Mundial convertido en ciudadano británico y sirviendo en el cuerpo de ambulancias en los principales frentes y batallas de guerra: Verdún, Somme y Arrás (el frente occidental, detenido prácticamente hasta 1917, no estuvo lejos de la propia capital francesa). En general, al menos durante  las dos terceras partes del libro no se habla propiamente de villa San Michele sino de muchos otros jalones biográficos.  Sólo pasadas cerca de trescientas páginas el autor viene a la descripción de la villa, contando de modo poético  el hallazgo de la esfinge egipcia de granito rojo. Y también del santuario de los pájaros. Hace una defensa cerrada del emperador Tiberio criticando los ‘Anales’ del historiador romano Tácito y finalmente , en la vieja torre describe su propio juicio final en el que los Santos le condenan y es salvado del castigo eterno en última instancia por el propio San Francisco de Asís por haber salvado a los pájaros.

La Historia de San Michele eclipsa otras publicaciones anteriores de Munthe difíciles de encontrar: además  de su tesis doctoral, los relatos de viajes en Diario de Estocolmo, la descripción de sus trabajos de ayuda durante la peste de Nápoles que describe también en parte en la historia de San Michele, los artículos publicados en 1887 en inglés y en una segunda edición de 1899 traducida también al inglés  ahora por el propio Munthe. “Memories and vagaries”  publicada  en Londres en 1898 de la que se hicieron tres ediciones. Y desde su experiencia en la Guerra Mundial,  el libro “Cruz roja, cruz de hierro”.

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