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NO ESTOY PRESO

Por: Alberto Morate


No estoy encerrado, ni confinado, ni preso, ni detenido, ni quieto, ni parado… ni sin sentidos ni sin sentimientos; estoy contigo, estoy cada noche y cada mañana con los que hacen su trabajo, con los que sanan a los enfermos, con los que consuelan a los que pierden a un ser querido; estoy con los que, solos en sus casas, hablan consigo mismo, y combaten este desconcierto; estoy en el aire y en el viento, estoy en los poetas de todos los tiempos, y en los músicos y en los sueños. Estoy en los besos al aire, y en los abrazos al cielo. Estoy en los aplausos y en los silencios. Estoy libre de llantos aunque las lágrimas sean mi sustento; estoy aferrado al tiempo que vendrá, a los recuerdos, a los proyectos; estoy despierto, amanezco cada día con un deseo renovado, no estoy preso.

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LA SOCIEDAD YA ESTABA ENFERMA

Por: Alberto Morate


Estamos viviendo unos tiempos difíciles, distintos, nunca experimentados hasta ahora. Nos hablan de contagios, de pandemia, de que no salgamos para no transmitir ni que nos traspasen un virus infecto que, encima, lleva puesta una corona, como si de un gran monarca tirano se tratase que nos persigue por no obedecerlo.

Pero, no nos estamos dando cuenta de que la sociedad, nuestra sociedad, ya estaba enferma de antes. Sí, con sus egoísmos, su egocentrismo, su poco cuidado por la naturaleza, sus intereses económicos del que se benefician solo unos cuantos, sus guerras veladas o reales, sus fronteras, la huida de los individuos de sus naciones a otras donde no les dejan entrar, la explotación de niños, el maltrato a las mujeres, el abuso de poder de políticos, empresarios e, incluso, cabezas de familia. Y en la sociedad, esa sociedad enferma y putrefacta, también están los que gobiernan. No nos engañemos. No me vengan ahora con dimisiones y que si hay errores, y que no están llevando bien la gestión de esta lucha porque, estuviera quien estuviera, lo harían mal. Véase sino, el signo de los diferentes países. Da igual. Y da igual, porque la sociedad ya estaba enferma y esos gobernantes forman parte de ella.

Es verdad que dentro de esa SOCIEDAD con mayúsculas hay individuos no contaminados. Esos sanitarios que se están dejando la vida, esos son los anticuerpos que necesitamos. Pero hay más. Obreros de toda condición que, en su día a día, a pesar de su precariedad laboral echan horas y horas y solo protestan en la intimidad, en familia. Esos profesores que cada lunes, cada semana, tienen que intentar inculcar conocimientos, cultura, educación a un alumnado que solo les llama la atención la fama y el dinero o, simplemente, pasan. Esas señoras, por lo general, abuelas, madres, que cuidan de su gente sin esperar nada a cambio, lo hacen porque les sale de dentro, porque no estaban de antes enfermas. O esos artistas de toda condición, escritores, poetas, intérpretes,… sí, a los que esta sociedad enferma les considera privilegiados porque hacen lo que les gusta cuando, realmente, muchos de ellos tienen que subsistir en medio de esa sociedad que no ve bien que te dediques a lo que mejor sabes hacer porque
consideran que no es productivo.

A todos esos, la sociedad enferma les impide respirar, los ahoga, los aprieta.

Lo que está enfermo es el conjunto, la mal llamada humanidad, que ya estaba contaminada desde que la historia es vieja.

No sé el remedio. No lo conozco. No tengo la fórmula del antivirus. Ojalá lo supiera.

Últimamente vengo leyendo que esto nos servirá para enmendar. Pero creo que dará igual si no cambiamos nuestra forma de ser. Si no hacemos que, realmente, la sociedad sane, en su conjunto, que ganemos la pelea, no a nivel individual y particular, sino como un solo cuerpo donde cada célula, nosotros, veamos la vida de otra manera.

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