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MUJERES DE POE

Por: Alfredo Piquer Garzón


Edgar Allan Poe es casi un lugar común en literatura, uno de los autores cuyo nombre ha sido más universalmente divulgado. También más encasillado como autor de relatos de terror. Todo lo que no significa que sea bien o verdaderamente conocido, incluso hoy; todavía subsisten incertidumbres y contradicciones sobre su biografía.

Si bien la esperanza de vida en los Estados Unidos en la primera mitad del S. XIX rozaba los sesenta y tantos años, la vida de Poe llega sólo a los cuarenta. Su padre, David Poe, había dejado a su primera mujer para casarse con la bella actriz Elizabeth Arnold, de la que nacería Edgar y sus hermanos, abandonando la abogacía para hacerse actor como su esposa. La pareja desemboca así en una vida de precariedad y penurias. David abandonará a la familia y posteriormente ambos cónyuges morirán víctimas de tuberculosis. Edgar tiene apenas un año cuando su padre les abandona y solo dos cuando muere su madre. Será adoptado por John Allan, comerciante de Richmond, y su esposa Frances. Su hermano Leonardo será también acogido por los abuelos; llevará una vida desordenada y morirá a los veinte años. Rosalie, la hermana, hija póstuma y con deficiencia mental, será recogida por la familia McKenzie y relegada más tarde a una institución donde morirá en 1874.

Edgar causara a sus padres adoptivos todo tipo de problemas. Dará problemas en la Universidad de Charlottesville en Virginia, de donde será expulsado. Se ha dicho que antes de los veinte años se ha dado ya a la bebida. Algunos testimonios acreditan sin embargo lo contrario. También se ha hablado de su inclinación al juego. Puedan ser todos, factores de un comportamiento rebelde, inadaptado e indisciplinado. Sin embargo, es preciso decir que Rufus Wilmot Griswold, gran enemigo de Poe, y quizá por exceso de confianza de Poe su ejecutor testamentario o Albacea, se dedicó a desprestigiar vilmente al autor tras su muerte. Griswold publicó capítulos autobiográficos sobre Poe llenos de mentiras y ofensas, tildándole de depravado, borracho y drogadicto (se ha demostrado que Poe no tenía adicción a las drogas). Una de sus biógrafas, Emile Hennequin acusa también a Griswold, de haber levantado esos infundios. Quizá su enquina contra Poe se debió a la competencia de ambos por el afecto de Frances Sargent Osgood, sobre lo que volveremos en este artículo.

Sarah Elmira Royster

En 1823, todavía adolescente, ha conocido a Jane Stith Stanard, madre de un amigo. Edgar está acostumbrado a humillaciones y menosprecios de unos y otros. Un día, en casa del amigo, Jane le coge de las manos y le habla cariñosamente. Poe queda mudo; con prurito juvenil se enamora de ella, la adopta como consejera, le dedicará versos. Cuando al año siguiente Jane Stith muere tras un periodo de demencia, Poe se tiende sobre su tumba toda una noche. Objeto de su amor será después Sarah Elmira Royster, que vive enfrente de la casa de los Allan y que supondrá un nuevo fracaso. En 1825 se promete en matrimonio con Sarah, plan que frustrará la madre de la novia tras la expulsión de Poe de la Universidad de Charlottesville y Sarah se casará con Alexander Shelton. Poe es finalmente rechazado por John Allan, su padre adoptivo que rompe cualquier tipo de contacto con él. Se instala en Baltimore en casa de su abuela y su tía donde empezará a dar clases a su prima Virginia. Virginia Clemm, había nacido en 1822, también en Baltimore.

Pero ante el rechazo absoluto de su padre adoptivo y sin ningún tipo de recursos Edgar decide ingresar en la academia militar de West Point. Miente sobre su edad para poder entrar en el ejército y se alista con el nombre de ‘Edgar A. Perry’. Tras cuatro años llegará al grado de sargento mayor y sin embargo su carrera de militar será anómala por irregularidades e indisciplina y será igualmente expulsado de la Academia, siendo a partir de aquí la literatura su opción decidida. Publicará su primer libro, «Tamerlán y otros poemas» todavía en la época de su ejercicio militar.

Poe se gana la vida a duras penas como articulista y redactor de revistas y publicaciones (a veces de la totalidad del periódico). El Southern Literary Messenger, The evening mirror, The Brodway Journal y otros. A veces usando un pseudónimo (‘Henri Le Rennet’). Incluso al frente de algunas de ellas en las que luchará denodadamente por mantenerlas a flote. Tantas veces por sueldos de miseria. Aun siempre precario, es su modo de vida y por otro lado tendrá en él la posibilidad de publicar sus relatos y adquirir fama literaria. Tras la publicación de “El cuervo”, ya en los años 40, se convierte en una celebridad literaria. Sus relatos elevan muy considerablemente los tirajes de algunos de las periódicos y revistas donde trabaja y publica. Pero ello es inherente a su consideración de escritor ‘rebelde’, aún ‘terrible’ y fuera de esquemas. Los escándalos no le son ajenos. Atacará y acusará de plagio a escritores locales, acostumbrados a la mediocridad del ‘refrito’ publicando a base de copiar de aquí y de allá, incluso al mismísimo Henry Wadsworth Longfellow, poeta estadounidense que escribió trabajos que aún hoy siguen gozando de fama popular, uno de los cinco miembros del grupo conocido como los ‘Fireside Poets’ (Poetas hogareños). No se le perdona que elogie a Tennyson o Browning, ingleses, aun escasamente conocidos en Estados Unidos, y los sitúe por encima de los norteamericanos; se verá envuelto en disputas y pleitos y su alcoholismo le supondrá rechazos y reveses. Ha tenido más de una crisis suicida.

Se enamora perdidamente de su prima Virginia a la que había conocido tiempo atrás con solo siete años de edad y con la que intentará casarse en secreto (tal vez lo hicieron) aunque finalmente lo hará en una ceremonia pública en 1836. Le dedicará relatos como “La carta robada” y todos los biógrafos coinciden en que Poe y Virginia fueron una pareja feliz. Sin embargo, La Tuberculosis hace auténticos estragos en esa primera mitad del XIX y en 1842 Virginia sufre una primera hemorragia pulmonar. Sufrirá la enfermedad a lo largo de una época terrible de penuria hasta su muerte en 1847. El hecho destruye física y moralmente a Edgar siendo al parecer el detonante de una entrega definitiva al alcohol. Aún enamoradísimo de Virginia y destrozado por su muerte, Edgar Allan Poe no renuncia a la compañía, al consuelo y a la comprensión que ha buscado siempre en las mujeres. En 1848 intercambia poemas con Sarah Helen Whitman. Se le declara; Sarah acepta, pero después se arrepiente y rompe con él. Poe se carteará aún con otra mujer: Annie Richmond.

Frances Sargent Osgood

En 1845 había conocido a la poeta Frances Sargent Osgood. Quizá se enamoró de ella y quizá ella de él. Hubo correspondencia entre ambos tras el elogio que Poe, siempre muy duro en sus críticas, hizo de ella en una conferencia. La señora Osgood se ausenta de Nueva York y la esposa de Poe, Virginia, ya enferma, le ruega que escriba a su marido como si pensase en una candidata a sustituirla. Pero los celos de una tercera, Elizabeth F. Allet difunden rumores sobre ambos y convencen a Frances de que exija la devolución de las cartas dirigidas a Poe y a intervención de unos y otros hacen derivar el asunto hacia el escándalo. Frances S. Osgood había dedicado a Poe algunos de sus poemas y Poe le dedicó a su vez el poema de veinte versos “A Valentine” que es en realidad un acróstico especial que contiene el nombre y los apellidos de la destinataria.

En 1849, ya viudos ambos, -Virginia ha muerto en 1847- , Poe recupera su relación con Sarah Elmira Royster y aunque no es lo mismo para Poe el amor en la primera juventud, el amor como pasión, que el amor en última instancia y ya marcado por la muerte de los cónyuges de uno y otro, le propone matrimonio. Sarah acepta, pero Poe morirá antes de realizarlo. Sin que se sepa aún bien donde exactamente y en qué momento preciso, al parecer haciendo un alto en Baltimore de camino a Nueva York, Edgar Allan Poe, ya enfermo, debilitado y delirante, muere tras un coma etílico el 7 de octubre.

Muchos estudiosos han tenido, con todo, la vida y la obra de Edgar Allan Poe. Hablar de las mujeres en la vida de Poe, sin analizar en profundidad y específicamente esas relaciones es lo mismo que decir que en la vida de todo hombre existen mujeres o que las mujeres habitan también este planeta. Poe proyecta su necesidad de afecto en las mujeres, pero no solamente por una cuestión biológica. Su deseo de comunicación, tantas veces sin saber discriminar al interlocutor, su voluntad fuerte, su tendencia a expansionarse de modo total, exponiendo su pensamiento sin disimulo ni precaución, el exceso de franqueza y sobre todo la necesidad y el deseo de una afectividad recíproca, tan pocas veces lograda, le identificaron tal vez más con el otro sexo.

«Tal vez el mejor testimonio de la historia de amor entre Edgar Allan Poe y Virginia Clemm se encuentre en poemas como “Annabel Lee” o “Leonora”…»

Puesto que nos referimos en este artículo a algunos de los personajes femeninos de Poe, sin entrar en ningún tipo de análisis ni menos tratar de establecer modelos o referentes, redactamos nuestro epígrafe sin artículo determinado porque no nos referimos a todas las mujeres y porque tampoco nos referimos, o no solamente, a las mujeres reales de la vida de Poe sino a sus posibles referentes femeninos reales y sobre todo a sus mujeres de ficción; a las especialmente oscuras y por tanto más poéticas desde nuestra apreciación o gusto personal. Posiblemente haya una conexión entre unos y otras porque lo que sí parece cierto es que hay un ingrediente ‘fatídico’ en el lado femenino de su vida. Las mujeres son objeto especial de su dibujo literario, de su consideración y tratamiento poéticos, del planteamiento de la virtud o perversidad, de la transgresión entre la vida y la muerte, en definitiva, de la presencia de la muerte como misterio. Y la frustración, el rechazo, la muerte están presentes de manera continua en la biografía de Edgar Allan Poe.

Si todo ello está en la oscuridad de los relatos o los poemas de Poe es más que lógico. Sus personajes se inspiran tantas veces en personas reales y él mismo proyecta frustraciones propias en ellos. Otras veces construye lo que hubiesen sido sus propios ideales de talante, aptitudes o comportamiento. En una ocasión dice a Sarah Helen Whitman que el ‘Elison’ de “La posesión de Arnheim” tiene mucho de su propia alma. Pero jamás claudica, nunca cambia o invierte su convicción o su inteligencia a tenor de las circunstancias, siempre impuestas por una sociedad que le hubiese encumbrado de haber querido integrarse en su esquema de comportamiento ‘estándar’ burgués y biempensante.

En rigor, Poe empieza antes a escribir poesía que prosa. Todavía casi un niño, en 1822, compone una oda al profesor Joseph H. Clarke en su jubilación. Si la amada muerta es tema recurrente tanto en los poemas como en los relatos de Edgar Allan Poe se debe con probabilidad a su propia experiencia vital, pero no diríamos que todos sus bellos fantasmas son fiel reflejo de su vida real por mucho que la muerte de sus textos sea por frecuente también una metáfora. Poe es romántico hasta la médula, aunque su lírica esté también a veces inmersa en sus relatos. Y sus referentes literarios y sus fuentes de inspiración también existen. Que Poe ha leído a Novalis lo prueba la cita del autor alemán con que Poe introduce su relato ‘El misterio de Marie Rogêt’. No ha transcurrido mucho tiempo desde la desaparición de Novalis (1801) y el eco de su precursora efusión romántica esta todavía vigente y enlaza desde luego con la temática de Edgar Allan Poe. Novalis había conocido en Grüningen a Sophie von Kundt de doce años con la que, en su cumpleaños número trece se comprometió sentimentalmente. La enfermedad (¡tuberculosis!) de Sophie se interpondría en su relación hasta su muerte en marzo de 1796. A pesar de que tal vez la crítica puso especial énfasis en centrar la obra del poeta alemán en torno al amor póstumo por Sophie, lo cierto es que en “Himnen an die nacht”, “Himnos a la noche”, Novalis acusa la marca que ha dejado la desaparición de su joven novia:

“…tú me has anunciado la Noche: ella es ahora mi vida
–tú me has hecho hombre–
que el ardor del espíritu devore mi cuerpo,
que, convertido en aire, me una y me disuelva contigo íntimamente
y así va a ser eterna nuestra Noche de bodas”.

Tal vez el mejor testimonio de la historia de amor entre Edgar Allan Poe y Virginia Clemm se encuentre en poemas como “Annabel Lee” o “Leonora”. Se afirma que también “Ulalume”, es un homenaje a Virginia. En él, el personaje de Psique contesta al poeta (Al ‘yo’ poético en el poema) “Ulalume, Ulalume, es el sepulcro de tu perdida Ulalume”. Leonora se llama también el amor perdido por el protagonista de ‘El cuervo’ donde un ser como un pájaro negro, llega para siempre de modo ineluctable y desesperantemente afirma la imposibilidad del retorno, de la recuperación del pasado, del carácter definitivo de manera absoluta de la muerte. ‘Never more’.

«Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas,
en el dintel de la puerta de mi cuarto»

Efectivamente ‘Annabel Lee’ está muerta
“Y así, durante toda la noche, permanezco tendido al lado
De mi querida, mi querida, mi vida y mi esposa,
allá en el sepulcro junto al mar
en su tumba junto al mar sonoro”.

En 1829 había muerto la que había sido madre adoptiva de Edgar Allan Poe, Frances Allan, en realidad, su única madre. Poe escribe ‘A mi madre’ en el que se habla en realidad de ambas.

“Mi madre – mi propia madre-, que murió a temprana edad,
No era más que mi madre; pero tú
Eres la madre que yo tanto quería… “

También “A Helena” que dedica a Jane Stith Stanard, o “La durmiente” tienen sujeto femenino. En “La durmiente” Poe recurre de nuevo a su argumento emblema:

“¡El amor mío duerme! ¡Oh, puede dormir
tan profundamente como largo sea su sueño!
¡Que los gusanos se deslicen a ella suavemente!

“Leonor” está igualmente muerta: “la vida todavía en la cabellera, la muerte en los ojos”. “Eulalia”, “A F.”, “Para Annie”, “Serenata, “A Isadora”, o “A alguien en el paraíso”, son poemas asimismo con protagonista femenina, y aun ‘necrofilos’, no dejan de ser poemas de amor; en “Serenata”: “…a ti, y a tu fascinante amor, Adelina mía…” y en “A alguien en el paraíso” de nuevo la frustración final de la pérdida de la amada. Mismo tema en “A Elena” (No es el mismo poema que “A Helena”) Cuyos ojos permanecen a través de los años “iluminando y llenando el alma de belleza que es esperanza” como dos “Suaves, centelleantes Venus”: “Y tú, fantasma entre el sepulcro de los árboles”

Otra vez en las estrofas de “Un Peán” (Canto coral griego en honor de Apolo), la joven de precaria y delicadísima salud, finalmente muerta:

“Pero ella se ha ido arriba,
con la joven esperanza a su lado,
y yo estoy embriagado con el amor
de la muerta, que es mi novia.”

Haremos un inciso para decir que “Al Aaraaf” es un poema, no solo simbolista porque sus conceptos y sobre todo su conjunto son casi una bstracción, apenas hay menciones o alusiones a los personajes que detentan su hipotético diálogo, el yo poético, Ianthe la amada, Zante, Nesace, sino porque en su ‘decorativismo’ es casi un poema modernista. Pero “Al Aaraaf” está escrito en 1829 y publicado al igual que “Tamerlán” por la editora Hatch and Dunning por lo que se adelanta estéticamente al modernismo casi unas cuantas décadas. En “Al aaraaf se evoca a Ligeia, figura central de uno de los relatos más impresionantes de Edgar Allan Poe.

Finalmente“Tarjeta del día de San Valentín” es un acróstico dedicado a Frances Sargent Osgood. Pero es un acróstico especial porque no son las primeras letras de cada verso las que componen el nombre de la destinataria del poema sino la primera del primer verso, la segunda del segundo, la tercera del tercero y sucesivamente hasta veinte con lo que tuvo seguramente mayor dificultad en su composición, pero constituye casi un juego en la comprobación de su pequeño secreto y su habilidad.

En los relatos Poe pone de manifiesto igualmente el tema de la muerte de la amada, recurrente en toda su obra casi como verdadero ‘leit motiv’, la amada que es el sujeto paradigmático de la belleza, por tanto, ineluctablemente marchitada.

Berenice es el nombre de la esposa del faraón Ptolomeo III Evergetes. La leyenda del ofrecimiento a Venus de su cabellera fue glosada de modo elegíaco por los poetas clásicos y dio nombre a una constelación estelar. Basado al parecer en hechos reales acaecidos en Baltimore en 1833, Poe escribe un relato terrible, aun no exento de la descripción fantasmal de la figura femenina, la prima amada que indefectiblemente muere repentinamente de un ataque de epilepsia -dice Poe- cuando el final del relato parece hablar en realidad de catalepsia, y es objeto de la espantosa profanación de su tumba por parte del propio primo amante, obsesionado por… sus dientes! “…de Berenice creía yo aún más seriamente que ‘tous ses dents etaient des idées’. Ah! He aquí el pensamiento idiota que me ha perdido! Des idées! Ah! Por eso los codiciaba yo tan locamente!”

El tema de ‘Morella’ es la ‘metempsicosis’, la reencarnación en otro ser después de la muerte. Poe recrea en su relato otro precedente de Henry Glassford Bell y lo magnifica de modo espléndido. La opresión terrible del potente intelecto extraño y oscuro de la mujer sobre su esposo llega a convertirse para éste casi en horror. Crecerá la hija de ambos y crecerá sin un nombre. Cuando la madre muere (ineludiblemente), la hija va reproduciendo en su crecimiento como trasunto idéntico y absoluto los rasgos y la personalidad oscura de la madre. Cuando el padre pronuncia el nombre de la madre muerta: Morella, la hija responde: ‘Aquí estoy’. La hija muere también y cuando es llevada a la tumba materna para ser enterrada, el cadáver de la madre no está.

‘Ligeia’ es una obra cumbre en la narrativa de Poe; junto a ‘El hundimiento de la casa Usher’ sean tal vez los hitos más elevados de su prosa. Es también un relato de reencarnación. Era el preferido de su autor y desde luego alcanza una cota de belleza y de poesía rayana en lo emocionante. Ligeia tiene dos fuentes de inspiración, en parte, en uno de los capítulos de ‘Los papeles póstumos del club Pickwick’ de Charles Dickens y también, incluído alguno de los nombres propios, en la historia de Rebeca y Rowena de ‘Ivanhoe’ de Walter Scott. El protagonista, narrador, no conoce el origen de su amada y describe pormenorizadamente su extraordinaria belleza, -Ligeia tiene el pelo negro ‘como el plumaje de un cuervo’-, así como su inmensa cultura, conocimiento, sabiduría. Ligeia cae enferma, pero resiste en una denodada ‘lucha contra la sombra’ pero finalmente muere. Inmediatamente antes, en su lecho de muerte, hace recitar al esposo unos versos que se repiten en la narración en boca de ambos protagonistas y constituyen la cita (de Joseph Glanvill) y la idea de fondo que Poe quiere expresar en su relato: “El hombre no se rinde a los ángeles, ni por entero a la muerte, salvo únicamente por la flaqueza de su débil voluntad”. Tras la pérdida él decorará extravagantemente la torre de la abadía inglesa donde se recluye, con cortinajes y tapices lóbregos, extrañas esculturas egipcias, muebles raros de efecto fantasmagórico cuya visión será aún más extraña y distorsionada por el recurso y el hábito al opio de su dueño, estancia que calificará él mismo de ‘maldita’.

En un breve párrafo Poe cuenta eficazmente el nuevo matrimonio de su protagonista con la rubia de ojos azules Lady Rowena Trevanion de Tremaine, como sucesora de la inolvidable Ligeia. Pero Rowena enfermará igualmente y desde su lecho, oye ruidos, `percibe movimientos extraños. Beberá una copa de vino donde el esposo ve caer como desde el aire unas extrañas gotas de color ‘rubí’ sin que ella se dé cuenta. Rowena empeora y muere. Su cadáver, de pronto parece volver a adquirir coloración y calor para volver a caer en la frialdad y la muerte, adquiriendo viscosidad repulsiva y rigidez cadavérica. Sin embargo, el proceso se repite una y otra vez a lo largo de la noche en una pugna delirante y terrorífica y finalmente el cadáver amortajado se levanta definitivamente. Cuando la mortaja cae, el cabello de la mujer es “más negro que las alas del cuervo de medianoche” y los ojos, “son los grandes, los negros, los ardientes ojos” de Lady Ligeia.

‘El hundimiento de la casa Usher’ es y sin reducirlo ni mucho menos a uno solo de sus aspectos y sus temas, un relato de catalepsia. Su éxito y su popularidad fueron rápidos; también su influencia ha sido notoria. Se ha especulado con un referente real en los hermanos James Campbell y Agnes Pye Usher, enfermos, hijos de unos amigos íntimos de Elizabeth Arnold Poe, madre de Edgar, sin que haya nada seguro en ello. También existe diversidad de opiniones sobre las posibles fuentes literarias del relato. Su tema, es desde la intención del autor, la identificación y la unicidad de la casa, como un ser vivo, con sus moradores. En destino de una y otros es el mismo, está íntimamente ligado. En lo anecdótico, es también un personaje femenino, el de la hermana lady Madeline, el que, presa como en tantos otros argumentos de Poe, de extraña enfermedad, estando su hermano sobre aviso del tipo de su enfermedad, fallece en apariencia por lo que es enterrada en un ataúd atornillado y depositado en una lóbrega y profunda cripta aherrojada con una pesada puerta de plomo. Cuando el protagonista narrador trata de calmar el ánimo del hermano ya enajenado de su propio horror, leyéndole una historia, el contenido de esta coincide de modo metafórico con los ruidos y chirridos que se oyen en la cripta. La hermana aparentemente muerta ha quebrado y escapado de su ataúd y aparece en la estancia arrastrando también a su hermano a una muerte real y definitiva. El huésped, en su huida presa de terror presencia el hundimiento de la casa, “los helados muros, las ventanas parecidas a ojos vacíos”, bajo el fétido y profundo estanque que se extendía ante ella.

«‘Ligeia’ es una obra cumbre en la narrativa de Poe…»

‘Eleonora’ es un precioso relato al que quizá habría que calificar en realidad como poema en prosa cuyo final sorprende por inesperado. Se escribe probablemente en 1841, mucho antes de la muerte de Virginia. Su historia es una historia romántica y bucólica, aunque la descripción del paisaje ideal donde se desarrolla es desde luego asimismo romántica en el sentido esta vez de la época histórica. Las descripciones de Poe se adelantan casi al simbolismo y al modernismo. A pesar de todo, su protagonista morirá irremediablemente como no podía ser de otro modo, y como tantas otras en los relatos de Poe. Cuando se espera que caiga la maldición sobre el enamorado que ha quebrado finalmente el juramento hecho a la amada muerta, enamorándose nuevamente ya lejos del “valle de la hierba polícroma” de la ‘fúlgida y seráfica’ Ermengarde, la maldición o el castigo no se producen y una voz dulce le dice: “Duerme en paz…” “Quedas relevado por razones que te serán dadas a conocer en el cielo, de tus votos para con Eleonora”.

Mencionaremos también ‘El retrato ovalado’ en el que la vida en la ejecución del retrato de la amada progresa lentamente en paralelo a su pérdida por parte del modelo, la propia mujer del artista que dócil y siempre sonriente al requerimiento de su esposo el pintor, tras muchas semanas de haber posado para la obra, extingue poco a poco su propia vida. Cuando el cuadro recibe su último toque definitivo, el artista lo ve y grita: ¡En verdad es la vida misma! y vuelve los ojos bruscamente despavorido y estremecido de horror hacia su amada que está muerta.

Algunas narraciones de Edgar Allan Poe incurren todavía en el tema casi obsesivo de la muerte inevitable de la amada, la belleza definitiva y terriblemente marchita y el consecuente terror que inspira la presencia o el retorno o la reencarnación de su entidad fantasmal, la transgresión entre la vida y la muerte. Berenice, Ligeia (“Ligeia, la amada, la augusta, la bella, la sepultada”), Lady Rowena. Lady Madeline Usher: todas ellas devienen finalmente en figuras espectrales, como las etéreas mujeres pintadas por Bernard Knopf. Eleonora habla a su esposo con voz que se oye misteriosamente. Morella abandona su tumba para reencarnarse en su propia hija. Ligeia regresa del más allá por medio de Rowena Trevanion. La joven esposa del pintor traslada su vida al lienzo oval. Y sin embargo, como explica Margarita Rigal en su ensayo ‘Aspectos estructurales y temáticos recurrentes en la narrativa breve de Edgar Allan Poe, (Univ de Castilla la mancha Cuenca 1998) a pesar de las apariencias no hay “vampiros” en los relatos de Poe. El tema del ‘vampiro’ aparece en Europa en el siglo XVIII y evoluciona paulatinamente hasta desembocar en el tópico que conocemos hoy del ser de ultratumba, maligno y ‘bebesangre’, conformado en la actualidad también desde la novela de Bram Stoker e instancias cinematográficas basadas en él; pero en Poe no hay succionadores de sangre de afilados colmillos ni tampoco seres demoniacos ni malignos; sus relatos están poblados de reencarnados y fantasmas pero sus espectros son mucho más sutiles, más poéticos, más ‘bellos’. Entre otras cosas porque casi siempre se trata de mujeres. “El miedo, -dice Margarita Rigal Aragón en su libro, nunca procede del exterior sino que está en nosotros mismos.”

Charles Baudelaire

Entre las fuentes principales donde Julio Verne se inspiró está Edgar Allan Poe. Verne lee a Poe y aprende y asimila del maestro, de su coherencia semántica y temática, de lo imaginativo de su inspiración. Prueba de esta admiración es el intento de continuación de Las aventuras de Arthur Gordon Pym en La esfinge de los hielos, por poner un ejemplo; o el artículo dividido en cuatro capítulos, que tituló Edgar Poe y sus obras, publicado en abril del año1864. Charles Baudelaire había traducido en 1848, un año antes de la muerte de Poe, sus obras que se publicaron en Francia entre 1856 y 1857 bajo el Título Historias extraordinarias. En su ensayo sobre Edgar Allan Poe, Baudelaire escribió: “Desde la entraña de un mundo voraz, hambriento de materialidad, Poe se lanzó a sus ensueños. Ahogado por el ambiente americano, escribió en su “Eureka” * esta dedicatoria: “¡Ofrezco este libro a quienes han depositado su fe en los ensueños, considerándolos las únicas realidades!

Edgar Allan Poe es un escritor inmarcesible. Desde su muerte hasta hoy, ha sido alternativamente alabado o denostado. Fue confiado y tal vez ingenuo en el sentido más adulto y maduro del término; integro y consecuente en sus ataques a la mediocridad de su entorno. Consciente de las propias deficiencias y caídas. Tal vez el mayor daño se lo causó a sí mismo. Su obra trasciende las épocas, porque su inteligencia creativa y literaria queda de manifiesto en ella independientemente de unas u otras lecturas, de una u otra óptica. A pesar de todas la enormes dificultades y la ‘fatalidad’ de tantos momentos en su vida, mantuvo una voluntad tenaz desde su propia idiosincrasia peculiar, desde su convicción. Y no claudicó ante la fama o la vulgaridad. La fiebre de lo misterioso, lo sublime, la belleza ‘que no es sino el principio de lo terrible’ como expresó Rilke, le había atacado. La poesía está tanto en sus poemas como en sus relatos, con enorme belleza y emoción. La deuda de la historia de la literatura y la creación con Edgar Allan Poe es impagable.


* (Tratado de ‘Astronomía trascendente’ que Poe escribe de manera entusiasta y que sin embargo no alcanza ningún éxito)

Referencias:

V.V.A.A. Edgar A. Poe. Poesía completa (Edición bilingüe) Libros Rio Nuevo 2ª Ed. Barcelona 1975

V.V.A.A. Edgar Allan Poe. Cuentos Completos. Penguin clásico. Ed. Española. Barcelona 2015

https://goo.gl/35d8bX

 

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EL MANUSCRITO RÚNICO DE SNORRI STURLUSON. (O LA POESÍA DE JULIO VERNE)

Por: Alfredo Piquer Garzón


Es sabido que el afamado profesor alemán Otto Lidenbrock de Hamburgo, autor del “Tratado de cristalografía trascendental” había hallado en la tienda del judío Evelius de su ciudad un antiquísimo libro “…en cuarto, cuyas tapas y lomo parecían forrados de grosero cordobán, y de cuyas amarillentas hojas pendía un descolorido registro”, libro además manuscrito en caracteres rúnicos. Era ni más ni menos que un ejemplar del “Heims kringla, de Snorri  Sturluson, el famoso autor islandés del S. XII. La crónica de los príncipes noruegos en Islandia”. Corría a la sazón el año de 1863. Asimismo se sabe que entre las páginas de aquel libro apareció “un pergamino grasiento que, deslizándose de entre las hojas del libro, cayó al suelo”. Aquel extraño pergamino estaba escrito también en caracteres rúnicos que, aparentemente imposibles de descifrar en principio, el azar quiso que fuese el sobrino del profesor Lidenbrock , Axel, quien descubriera su significado. Se trataba de unas breves frases en latín; su autor era el sabio islandés del siglo XVI Arne Saknussemm, que afirmaba en él algo asombroso: haber llegado al centro de la Tierra. El pergamino decía:

“In SneffelsYoculiscrateremkemdelibat
Umbra ScartarisJulii intra calendas escene,
Audax viator, et terrestre centrum attinges.
Kodfeci. Arne Saknussemm”.

“Desciende al crater Yocul del Sneffels que la sombra del Scartaris roza antes de las calendas de Julio, audaz viajero y llegarás al centro de la tierra, lo que yo hice. Arne Saknussemm”

En su novela “Viaje al centro e la tierra”, Julio Verne, planteó un imaginario viaje a través de una tierra sólida en su interior con un mundo central hueco, trasunto de épocas geológicas pretéritas. Leí en mi juventud con avidez un buen número de las novelas de Verne y releí en la madurez otras cuantas. Ya entonces me impactó la belleza de algunas de sus descripciones y de sus reflexiones. Y aunque pienso que Verne no era propiamente un poeta si por tal se entiende una percepción, una sensibilidad y una capacidad de expresión especiales por su hondura y por su lirismo, soy de la opinión de que la poesía de Verne, la que refleja su verdadero yo personal está, no solo en muchos de los pasajes de sus novelas sino en su mismo planteamiento; en el misterio de los enigmas propuestos, en lo salvaje, desconocido o exótico de sus escenarios , en lo visionario de su anticipación, en el poder de su imaginación.

Jules Gabriel Verne, había nacido en Nantes el 8 de febrero de 1828. En paralelo con otras biografías contemporáneas como la del inventor de la Litografía Aloys Senefeler, fue conminado desde el planteamiento burgués de la instancia paterna, siendo su vocación otra, a estudiar Derecho, lo que hizo en París. Fue, sin embargo escritor y por ende, poeta y autor teatral. Célebre para la Historia por sus novelas de aventuras y según la opinión tópica y más divulgada, por su gran influencia en el género literario de la ciencia ficción.

«Se ha considerado a Verne como el padre de la ciencia ficción pero en realidad él nunca se propuso cultivar este género…»

Verne escribe más de cincuenta novelas y una veintena de relatos cortos. Pero también teatro, ensayos, discursos, cartas y… poemas. Con el apoyo inicial de Alejandro Dumas y del editor Pierre-Jules Hetzel, publica sus primeros trabajos literarios en la revista “Le Musée des Familles”, entre ellos dos relatos: «Martín Paz» y «Un drama en México» ( cuento histórico inspirado en el Viaje al equinoccio americano, del naturalista y explorador alemán Alexander von Humboldt) . También obras dramáticas, libretos para operetas de moda y varios de sus relatos de viajes imaginarios y de carácter fantástico. En otra revista Magazind”Éducation et de Recréation publica una de sus primeras novelas notables “Cinco semanas en globo” (1863). Un año después publica otro de sus clásicos: “Viaje al centro de la Tierra” (1864), al que seguirán “La vuelta al mundo en ochenta días” (1873), “Veinte mil leguas de viaje submarino” (1870) o “Los hijos del capitán Grant”, otros de sus libros más conocidos.

Entre las fuentes principales donde Verne se inspira está Edgar Allan Poe. Charles Baudelaire había traducido en 1848 las obras del escritor norteamericano que se publicaron en Francia entre 1856 y 1857 bajo el título de Historias extraordinarias. Verne lee a Poe y aprende y asimila del maestro, de su coherencia semántica y temática, de lo imaginativo de su inspiración. Prueba de esta admiración es el intento de continuación de Las aventuras de Arthur Gordon Pym en La esfinge de los hielos, por poner un ejemplo; o el artículo dividido en cuatro capítulos, que tituló Edgar Poe y sus obras, publicado en abril del año 1864, en la mencionada revista Musée des familles. Pero a su vez Verne tuvo un auténtico coro de seguidores y admiradores del calibre de T. Gautier, L. Tolstoi, I. Turgueniev, M. Gorki, R. Roussel, P. Claudel, R. Kipling o Saint Exupery. Le Clezio comparaba la “épica” verniana, como un mito moderno, con las imágenes de la poesía homérica. Y a su vez, Verne es entronizado, desde el estudio de Michel Butor, en un viaje de ida y vuelta, en el museo de lo imaginario en compañía de Baudelaire, Victor Hugo, W. Blake, Lautreamont… y Egar A. Poe.

Se ha considerado a Verne como el padre de la ciencia ficción pero en realidad él nunca se propuso cultivar este género, por otro lado, inexistente como tal en su época. Precisamente él, así como H.G. Wells serán sus iniciadores, pero en el caso de Verne no consciente o deliberadamente. Las fantasías de Wells eran tantas veces, a su juicio, arbitrarias o simbólicas y no era esa ni mucho menos la intención de Verne; su fundamento es muy otro. Verne es un autor de literatura científica, que desea difundir al público los nuevos conocimientos y sus posibles aplicaciones técnicas. En ese sentido es un progresista y sueña con el futuro bienestar, la libertad del hombre y su control de la naturaleza. El interés apasionado por la exploración geográfica , trasunto del mismo interés que impregna la segunda mitad del XIX (Exploración – Paso del Noroeste- , -Fuentes el Nilo- etc y Colonialismo, en la época de los grandes imperios coloniales, superado el espíritu romántico y su afán exclusivo por lo legendario), es científico y específicamente geográfico y participa de la mentalidad que busca el trasfondo histórico y real el relato referenciando lugares y paisajes verdaderos.A lo largo el tiempo Verne viajaría a Noruega, Islandia , Irlanda, Escocia e Inglaterra y después a España y Portugal; más tarde a Marruecos, Argelia y los países del Báltico.

«Entre las fuentes principales donde Verne se inspira está Edgar Allan Poe…»

Miguel Salabert Criado expone lúcidamente que los tópicos tienden a mantenerse mucho tiempo sin ser reexaminados y los que se refieren a la obra de Julio Verne la han reducido “por la pereza mental y la inercia de la memoria a una serie de aventuras para la juventud. Y son estos tópicos los que han impedido el acceso – o el regreso- del lector adulto a una obra cuya profundidad o significación sólo ahora comienzan a ser desveladas”. Raymond Roussel escribe en una carta a Eugène Leiris: “Es por otra parte tan monstruoso hacerlo leer a los niños como hacerles aprender las fábulas de La Fontaine, tan profundas que ya muy pocos adultos están en condiciones de apreciarlas”. Sin que por ello deje de ser cierta la frase de M. Proust: “Quizá no hay días en la infancia tan plenamente vividos como los que hemos creído dejar sin vivir, como los que hemos pasado con un libro preferido”.

Se deberían volver a leer con detenimiento las novelas de Verne para valorar la poesía tácita, casi oculta, en tantos de sus pasajes; un verdadero sinfín de fragmentos de gran belleza descriptiva y poética en novelas emblemáticas como De la tierra a la luna y Alrededor de la luna, Cinco semanas en globo, Dos años de vacaciones, El secreto de Maston, El soberbio Orinoco, La jangada, La isla misteriosa, Los quinientos millones de la Begún, El castillo de los Carpatos, La vuelta al mundo en 80 días, Cinco semanas en globo, Los hijos del capitán Grant, Un capitán de quince años, Miguel Strogoff, La esfinge de los hielos, Robur el conquistador, tantas otras.

Recurriré solamente por la necesaria brevedad de este artículo a algún párrafo pertenecientes a uno o dos de sus títulos más famosos, más populares, sea por la difusión posterior de las reediciones de todo tipo, de las obras de Zarzuela en su momento, y con seguridad del cine, -muchas veces en producciones de poca calidad o escasamente fieles a los textos originales- , sea por la propia originalidad y plasticidad del relato, o por el interés particular de su extraordinaria aventura. Así: Viaje al centro de la tierra, o Veinte mil leguas de viaje submarino. Ambas novelas, dice Antonio Muñoz Molina, resumen las dos metáforas centrales no solo de su literatura, sino de toda la literatura: la inmersión y el viaje. “No hay lectura que no requiera una completa inmersión ni historia que de algún modo no trate de un viaje.”

Por otro lado, sabemos que Verne estuvo siempre interesado en la poesía y sin embargo el Verne textualmente poeta que conocemos es escaso. Julio Verne escribió efectivamente algunos poemas que apenas se han glosado. Algunas traducciones en la red de Internet por parte de Ariel Pérez, carentes de esa glosa o comentario. Parece que muy recientemente investigadores escoceses han encontrado poemas manuscritos inéditos de Julio Verne de tipo Haiku (tan lejos del estilo o la influencia de Poe o de Hugo!), lo que no hemos podido constatar. Tampoco aquí entraremos en el análisis de su calidad limitándonos a mencionar algunos de sus títulos como La Muerte (Soneto, Diciembre de 1847),El vapor (Soneto, abril de 1847), La Luna (Soneto, Diciembre de 1847), ¿Conoce usted a mi andaluza? (Julio de 1848), Amo esos dulces pájaros (Julio de 1848), Cuando por el duro invierno (Soneto, Diciembre de 1849), A la morfina (Soneto, Marzo de 1886), Vacilación,Oh tú que mi amor profundo…

(A Herminie).
Ô toi, que monamourprofond et sansmélange
Formé de ton image et de ton souvenir,
Avait su distinguer en l’augustephalange
Des jeunesbeautésdontnousfaisonsnotreange
Pournousguiderdansl’avenir, (…)

Oh tú, que mi amor profundo y sin mezcla
formado de tu imagen y tu recuerdo,
supo distinguir entre la augusta falange
de las jóvenes bellezas de las que hacemos nuestro ángel
para guiarnos en el futuro, (…)

Poemas de amor, a veces, como si hubiesen sido el cauce de una efusión o desahogo personal que no se permitió traslucir en sus novelas. Pero no está aquí esencialmente la verdadera poesía de Julio Verne sino en sus relatos.

En sus comentarios a la obra verniana, Michel Butor escribe: “…él cumple las promesas que están inscritas en el interior de las cosas…” “… él puede conocer sus razones”. “Él las descubre pero no las descubre sino poco a poco y como al azar. El mundo, a la vez en su totalidad y en sus detalles, es un enigma cifrado”.

Viaje al centro de la tierra contiene, como cada una de las novelas de Verne, a todas las demás, según explica Miguel Salabert, en la media en que todas ellas no son sino un despliegue de temas y variaciones esbozados y desarrollados en las otras. Un criptograma enigmático descifrado casi por casualidad, como un mensaje del pasado, supone el detonante de un viaje. Pasado, presente y futuro imbricados. Por eso se trata de un viaje iniciático. El profesor Lidenbrock sigue la pista del fantástico camino realizado hace siglos por un alquimista y en esa medida se someterá como sus acompañantes a la trasmutación alquímica de un proceso secreto. Secreto porque se trata de un viaje en la oscuridad del interior de la tierra. Poético porque tal viaje significa remontar el tiempo, superarlo, reencontrar sucesivamente las etapas de la evolución geológica del planeta pero también la metáfora de los lugares comunes de toda la literatura, la, literatura y sobre todo la poesía precisamente como tránsito, como un descenso casi literal al Hades homérico, como regreso al origen, al reencuentro interior con nosotros mismos, transformados por medio de esa transmutación alquímica a través de la dificultad, del esfuerzo y de la memoria.

Se puede recorrer la superficie del globo en mil trayectos distintos, se recorrerá de hecho posteriormente a este viaje fascinante, pero el destino último, el verdadero final de todo viaje se halla en profundidad, en el núcleo esencial del propio planeta. Viaje poético por su mismo misterio y fascinación del mismo modo que J.L. Borges formulaba la poesía como un descenso hacia la experiencia existencial común a todos los hombres y por tanto el nexo de comunicación profunda que los une.

Axel, el sobrino de Lidenbrock y su acompañante en este viaje nos dice: “ Todo este mundo fósil renace en mi imaginación y me retrotrae a las épocas bíblicas de la creación, mucho antes del nacimiento del hombre, cuando la Tierra incompleta no podía bastarle aún. Mi sueño se anticipa a la aparición de los seres animados. Desaparecen los mamíferos; luego, los pájaros; luego, los reptiles de la época secundaria, y, por último, los peces, los crustáceos, los moluscos, los articulados. Los zoofitos del periodo de transición regresan a la nada, a su vez. Toda la vida de la Tierra se resume en mí, y mi corazón es lo único que late en este mundo despoblado. No hay ya estaciones, ni climas. El calor propio del Globo aumenta sin cesar hasta neutralizar al del astro radiante. La vegetación se exagera. Paso como una sombra entre los helechos arborescentes, hollando con mi paso incierto las irisadas margas, los abigarrados gres del suelo. Me apoyo en los troncos de las inmensas coníferas. Me tiendo a la sombra de los esfenófilos, de los asterófilos y de los licopodios, elevados a más de cien pies.

Los siglos pasan como días! Me remonto por la serie de las transformaciones terrestres. Desaparecen las plantas. Pierden su pureza las rocas graníticas, El estado líquido va a reemplazar al estado sólido bajo la acción de un calor más intenso. Las aguas corren par la superficie del Globo, hierven, se volatilizan. Los vapores envuelven a la Tierra, que) poco a poco, se convierte en una masa gaseosa, incandescente, grande y brillante como el Sol.
En el centro de esta nebulosa un millón cuatrocientas mil veces más grande que el Globo que formara un día, me siento arrastrado a los espacios planetarios. Mi cuerpo se sutiliza, se sublima a su vez, y se mezcla como un átomo imponderable a estos inmensos vapores que trazan en el infinito su órbita inflamada”.

Hoy sabemos que un viaje al centro de la tierra no es posible. La moderna investigación científica confirma la realidad que geológicamente han manifestado a lo largo de la edad del planeta seísmos, volcanes, movimientos tectónicos etc. La sismóloga danesa Inge Lehmann formuló en 1936 su teoría de la “Discontinuidad” según la que la tierra está formada por un núcleo interno sólido y un manto externo líquido, es decir, magmático, que, desde luego sería absolutamente inimaginable atravesar en la realidad.

En 1870 Verne publica Veinte mil leguas de viaje submarino. Si el viaje al interior de la tierra y en definitiva a su pasado es un viaje “sólido”, el viaje de “Veinte Mil leguas de viaje submarino es un viaje a través del líquido e igualmente iniciático y fascinante, igualmente poético. En él Verne se proyecta, se reencuentra y se transforma, nos transforma a todos, desde lo que somos racional, convencional y aceptadamente, en lo que somos y queremos ser en profundidad; nos transforma de Lidenbrock, en Saknussem; de Aronnax, en Nemo.

Verne poseyó sucesivamente tres barcos: el Saint Michel, el Saint Michel II y el Saint Michel III. Entre 1868 y 1886 realizó algunas travesías por mar. Pero aun anclado el barco, es un lugar de trabajo donde tal vez se siente mejor que estando en tierra. Del mismo modo que descender al centro de la tierra es acceder a su esencia, descender a las profundidades del mar supone también conocer e integrarse en su esencialidad. Recuerdo aún la fascinación que me produjo de niño la película del entonces joven Jacques Cousteau, ‘El mundo del silencio’. En el final el XIX la navegación submarina es prácticamente inexistente y un barco submarino puede ser fácilmente confundido con un monstruo o un cetáceo gigante.

Pierre Aronnax, un profesor y biólogo francés, su criado Conseil y Ned Land, un arponero canadiense son hechos prisioneros por el Capitán Nemo, un hombre oscuro y misterioso pero tremendamente inteligente, y conducidos bajo los océanos a bordo del submarino Nautilus. En una carta a su editor Hetzel, Verne escribe: “Es necesario que este desconocido no tenga ninguna relación con la humanidad, de la que está separado. No está en tierra, y prescindirá de la tierra. EI mar Ie basta, y por ella es preciso que el mar le procure todo, vestimenta y alimentos, Nunca pondrá el pie en un continente. Continentes e islas habrían de desaparecer bajo un nuevo diluvio, y el seguiría viviendo como si nada. Y puede usted creer que su arca estará un poco mejor instalada que la de Noe”.

No se negará que Nemo es un personaje completamente marginal y marginado, automarginado el mundo por su extraordinaria sensibilidad, inteligencia y cultura, tanto científica como humanista. Nemo es oscuro y misterioso, su pasado es un enigma y por tanto, las causas de su espíritu doliente y atormentado permanecen ocultas; en definitiva tiene mucho de poeta. Pero es un misántropo que parece desengañado y hostil hacia la humanidad; Si Verne se proyectó en su personaje en mayor o menor medida, es más que probable. “Señor profesor, yo no soy lo que usted llama un hombre civilizado. He roto por completo con toda la sociedad, por razones que yo sólo tengo el derecho de apreciar. No obedezco a sus reglas, y le conjuro a usted que no las invoque nunca ante mí”, dice Nemo al profesor Aronnax en el capítulo diez de “Veinte Mil leguas de Viaje submarino”.

Pero si la personalidad de Nemo es misteriosa lo verdaderamente fascinante de la novela es el viaje submarino en si mismo. Los tres prisioneros descubrirán un navío extraordinario: El Nautilus. A través de las grandes aberturas del navío sumergido, el espectáculo del fondo es bellísimo. Será asimismo fascinante la expedición de caza con las avanzadísimas escafandras, o la visión tétrica del pecio donde son aún visibles los cuerpos de los ahogados, el funeral del marinero muerto sobre los arrecifes de coral, los campos de ostras perlíferas o la caza de tiburones. Aún espera la visión de las ruinas sumergidas de la legendaria Atlántida o la pelea con un pulpo gigantesco, trasunto del mítico Kraken.

Y el ámbito, el universo, es el mar. “El mar es todo… Su hálito es puro y sano. Es el inmenso desierto en el que el hombre no está nunca solo, pues siente agitarse la vida a su lado. El mar es el vehículo de una sobrenatural y prodigiosa existencia: es movimiento y amor: es el infinito vivo. Es la suprema tranquilidad… No está dotado el océano de una vida real? No tiene sus cóleras y sus ternuras?.. Posee un pulso, arterias, tiene sus espasmos, una circulación tan real como la circulación sanguínea en los animales.”

“Sí, amo el mar. El mar no pertenece a los déspotas. En su superficie pueden aún ejercer derechos inicuos, batirse, entredevorarse, transportar a ella todos los horrores terrestres. Pero a treinta pies de profundidad, su poder cesa, su influencia se apaga, su potencia desaparece. ¡Ah, viva usted, viva en el seno de los mares! ¡Allí solamente está la independencia, ahí yo no reconozco dueño, ahí yo soy libre!”, dirá el propio Nemo.

Si Nemo busca en realidad como se deduce al final del libro una venganza que tal vez empaña su talante avanzado y visionario, refleja en cierta medida el mismo tránsito personal de Verne, del talante progresista y de ideas redentoras el hombre a través de la ciencia al desencanto vital producido por una época convulsa y ajena a la poesía de la imaginación y la aventura.

Sus héroes son buenos y justos. Desde los planteamientos burgueses de defensa del sistema social evoluciona hacia posiciones cada vez más progresistas por sus contactos con círculos socialistas y anarquistas. En su novela Matías Sandorf Verne dibuja la figura de un rebelde contra la tiranía el Imperio Austriaco. “¿Cree vd. que yo ignoro que existen seres que sufren, razas oprimidas en esta tierra, miserables que aliviar, víctimas por vengar?”, dice Nemo en “veinte Mil leguas de viaje submarino.

Se ha hablado de una última época de “desencanto” en la obra verniana. Pero la verdad es que en 1863, Verne escribe una novela llamada París en el siglo XX cuyo protagonista vive en un mundo de rascacielos de cristal, trenes de alta velocidad, automóviles de gas, calculadores y una red mundial de comunicaciones, etc. que sin embargo no puede alcanzar la felicidad y se dirige a un final trágico. Hetzel pensó que esta novela pesimista dañaría la prometedora carrera de Verne y sugirió que esperase veinte años para publicarla. Descubierto el manuscrito por el bisnieto del escritor en 1989, fue publicada en 1994.

Problemas personales como como su propio matrimonio, la negativa relación con el hijo y los acontecimientos políticos del momento le llevarán a escribir relatos más sombríos en los que su primera visión de la Ciencia como impulsora del progreso de la Humanidad, será sustituida por otra en la que los seres humanos serán víctimas de esa misma Ciencia y del Capitalismo. Verne hará una fuerte crítica del imperialismo y llegará a exponer sus propias ideas políticas en Los náufragos del Jonathan.

En marzo de 1886, Verne tiene cincuenta y ocho años, y absurdamente, su sobrino Gastón, de veinticinco, , con quien mantiene una relación cordial, le dispara con un revólver, sin motivaciones claras. La bala le hiere en la pierna izquierda, provocándole una cojera de la que no se recuperará. Gastón será recluido el resto de su vida en un manicomio.

Enfermo de diabetes desde hace años, Julio Verne muere en casael 24 de marzo de 1905. Será enterrado en el cementerio de La Madeleine, en Amiens, en cuya tumba se representa a Verne emergiendo del sepulcro y levantando el brazo hacia la altura, obra del escultor Albert Roze.

Julio Verne llegó a ser el escritor más leído del mundo, según numerosas fuentes. Su vigencia se mantiene a través del tiempo. En la actualidad, sus obras continúan leyéndose y valorándose como clásicos de la literatura. Sin dejar de lado características importantes de este autor como precursor de la ciencia ficción y de la moderna novela de aventuras.

Noventa y cinco películas, son el trasunto más o menos fiel, de treinta y tres de sus novelas.Pero aparte el trasunto cinematográfico que aun con su virtud divulgadora y plástica reduce inevitablemente a Verne a un puro guión de aventuras visuales soslayando absolutamente cualquier otro trasfondo ideológico, literario o aún filosófico, Verne trasciende en otro ámbito de la cultura contemporánea como es el comic. Porque sus historias han tenido reflejo y de algún modo continuidad en la obra dibujada de Georges Remy -Hergé-, el autor de las aventuras de Tintin. Así por ejemplo, Hergé dibuja en dos álbumes el viaje interplanetario a la luna: Objetif Lune y On a marché sur la lune. Del mismo modo y aún siendo una historia de tesoros y piratas hay mucho de exploración submarina en Le secret de la Licorne y sobre todo en Le trèsor de Rackham le Rouge. Otras historias remiten también a la tradición verniana pero sobre todo, al igual que Verne, Hergé es un cronista absoluto del acontecer histórico de su propio tiempo.

Poesía en Verne, por tanto, si no textualmente, sí, desde luego, y tal vez de modo más profundo, más intenso, en la hondura de toda su obra, en su poder de sugestión, de seducción, de deslumbramiento, en el despliegue de su belleza descriptiva, en su significado verdadero. Como un paso dado hacia el futuro desde su afianzamiento en el presente y en el pasado, no tanto a través de la geología del pasado del planeta, ni a través de las profundidades submarinas, sino a través del conocimiento objetivo y científico de la naturaleza, como fundamentos para el progreso de la Humanidad.


Referencias:

El desconocido Julio Verne. Miguel Salabert. CVS Ediciones. Madrid. 1974

http://laberintosdeltiempo.blogspot.com.es/2016/11/julio-verne-coleccion-completa-78.html

http://julesverneastronomia.blogspot.com.es/2010/11/poemas-de-julio-verne.html

https://es.scribd.com/doc/14243956/Julio-Verne-Ensayos-Discursos-Poemas-y-Cartas

https://elpais.com/cultura/2014/11/11/babelia/1415725151_293321.html

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MUJERES FATALES

Por: Alfredo Piquer Garzón


La historia del siglo XIX, evoluciona desde el Neoclásico y el Romanticismo, que impregna sobre todo una gran parte del espíritu del siglo, hasta el Modernismo, e incluso ya entrado el XX, hasta el Decó. Indudablemente la era industrial, el capitalismo, la sociedad de clases han ido transformando esa historia para cambiar los estereotipos y los paradigmas femeninos desde las heroínas románticas hasta desembocar en la figura de la ‘femme fatale’ de la ‘Belle-Époque’, pasando por las neurastenias que optan finalmente por el láudano ante un dominio masculino que ya se intuye y quizá en alguna medida se siente también insoportable. Hay algo que relaciona, aun literaria o estéticamente, algunos de esos paradigmas femeninos a lo largo del Siglo XIX y muy entrado el XX; y aunque su significado o su alcance distan mucho de las circunstancias o premisas de una revolución aún ni con mucho concluida, podría ser la premonición y la metáfora de una rebeldía que se atisba histórica y humanamente necesaria.

Declina el siglo del Romanticismo y la Revolución; languidece la época que abrió su puerta con la Revolución, que se nutrió con la Revolución y se cerró con la Revolución y con la Guerra. En lo interno, en lo cotidiano de su transcurso cupo la anécdota de millones de vidas; también las pequeñas, imperceptibles y desapercibidas rebeldías personales. Para Byron o para Tennyson, la mujer es todavía la exclusiva referencia de un lirismo exacerbado y con todo no deja de ser el alto ideal de belleza, felicidad y amor cuya validez, el siglo venidero impugnará so pretexto y en aras de una igualdad no del todo bien entendida. Pero en ellas está el germen de la referencia de un algo femenino que adquiere poco a poco un protagonismo incipiente y progresivo.

Es verdad que la Dama de Shallot muere de amor, pero la decisión de su propia muerte, de la determinación de cuál es el sentido de su vida, es solamente suya. Igual que Butterfly, cuya ingenuidad, cuya esperanza, la opción que determina su verdadera motivación vital, por encima de la lógica sórdida de la realidad, es inalienable y consecuente en sentido absoluto. La Dama de Shallot es, en definitiva, una recreación del XIX por mucho que su leyenda, recreada por Tennyson o Waterhouse, sea medieval. Elaine de Astolat y también Cio Cio Shan, la Madam Butterfly de Long, Loti, Giacosa, Illica y Puccini, son mujeres de ficción. La Mary Shelley de la noche de Villa Diodati en el verano oscuro de 1816 a orillas del lago de Ginebra, es sin embargo real y desde luego sin saberlo, como creadora, el artífice de un mito prematuramente moderno, que diagnostica al hombre como un ser fragmentario y monstruoso. En la misma jornada, el propio John William Polidori, médico de Byron, escribirá ‘El Vampiro’, precedente al posterior famoso personaje de Bram Stoker, tal vez asimismo la metáfora de otro varón que, periclitado ya su rol ancestral masculino y dominante, busca aún desde la oscuridad de la Historia su venganza de violencia y de sangre. Las modelos de los pintores Prerrafaelitas, Elisabeth Siddal, Fanny Cornforth, otras, son igualmente primeros ejemplos de mujeres que no se atienen a esquemas preconcebidos, mujeres olvidadas por la Historia, creadoras, artistas, autoras y que pagan su ‘diferencia’ con una trayectoria vital dolorosa y finalmente con ese olvido.

«Para Byron o para Tennyson, la mujer es todavía la exclusiva referencia de un lirismo exacerbado y con todo no deja de ser el alto ideal de belleza, felicidad y amor…»

El siglo se convierte en un fantasma que ronda los pasillos de un lujoso hotel de California, que se aloja en sus habitaciones, que pasea por la orilla de una playa que delimita una nueva época. En él, Kate Morgan toma la difícil decisión de liberarse de la égida masculina que la atenaza. Y por eso, en este caso, es asesinada. Pero ella misma como fantasma, transita aún con hábito elegante y funeral por las estancias del vetusto ‘Hotel del Coronado’ (donde Tony Curtis aún se resistirá cinematográficamente a perder su rol de macho seductor y ridículo ante el personaje de Marylin Monroe), y es la metáfora de una sublevación femenina que multiplica, aun paulatina, su potencialidad exponencialmente.

——

En la Primera Guerra Mundial, al regreso del Somme, Marc Pourpe, ‘as’ de la aviación francesa, se estrella desgraciadamente contra una ladera inesperada, quizá, tras un hipotético combate con un piloto alemán. Y su madre, Liane de Pougy añade ese dolor a una vida que excede con mucho a los patrones sociales bienpensantes de la época y se integra sin embargo en la marginalidad que constituye asimismo el lujo y también la precariedad de una mujer etiquetada como “demi – mondaine”. La Gran Guerra había terminado con la hipotética ‘belleza’ de toda una época, la relativa paz de Europa desde el final de la Guerra Franco-Prusiana de 1871.

En plena ‘Belle-Époque’, lejos aún la Guerra, los salones de París se abarrotan de nobles, de burgueses y artistas de todo pelaje; en ciernes la exposición universal de 1900, los ricos y nuevos ricos americanos y europeos visitan la capital del mundo y en ese momento las revistas y sus vedettes, el “music-hall”, se abren camino como nuevos y brillantes espectáculos nocturnos. Liane de Pougy, aristocrático nombre ‘de guerra’ de Anne Marie Chassaigne, medio española, esposa jovencísima ya maltratada, violada en su noche de bodas y hallada después por su marido en flagrante infidelidad a base de un disparo de revolver, por fortuna sin consecuencias graves; que se evade de la égida marital y familiar abandonando asimismo un hijo habido tan joven que “era como una muñeca viva dada a una niña”, para optar por una rebeldía contradictoria, la única tal vez que permite la época, al convertirse en una estrella de los salones elegantes y mundanos de la época, ‘mujer fatal’ en competencia con la ‘Bella Otero’ , Agustina Otero Iglesias, asimismo española gallega. Su bisexualidad fue, si no determinada, si reafirmada por la necesidad del favor obligadamente masculino en ese ámbito y de modo paradójico, también por la misma rebeldía contra ese sacudido dominio que conducirá sus afectos hacia su mismo sexo. Pero se sucederán amantes de ambos sexos: el Príncipe de Gales, el Rey de Portugal, Leopoldo II de Bélgica, el propio Lord Carnavon que auspicia y financia a Howard Carter en el hallazgo de la tumba de Tut Ank Amón en 1922 y otros cuantos condes, duques y príncipes de las familias reales europeas.

«En plena ‘Belle-Époque’, lejos aún la Guerra, los salones de París se abarrotan de nobles, de burgueses y artistas…»

Todo queda de manifiesto en sus novelas, escritas cuando ya consagrada como estrella del Folies Bergere parisino, se halla en la cumbre de su carrera. Pero también en esas líneas transitan sus amantes femeninas, Emilienne d’Alençon o Valtesse de la Bigne y sobre todo Natalie Cliford Barney. Varios textos diferentes constituyen el trabajo literario de Liane de Pougy: “Idilio sáfico” de 1900, traducido por Luis Antonio de Villena y editado en 2008 por primera vez en España por Editorial Egales, que ofrece un retrato del París frívolo del periodo. Sus protagonistas, Flossie (en la que retrata a Barney) y Annhine (en la que se autorretrata), mujeres elegantes y provocativas de las que la autora describe con eficacia su mutuo amor. Pero entre sus obras también ‘L’Insaisissable’ 1898, ‘Myrrhille’ 1899, ‘Les sensations de Mademoiselle de La Bringue’ 1904, ‘Yvée Lester’ 1908, ‘Yvée Jourdan’ 1908 y ‘My Blue Notebooks’ (Mes cahiers bleus. Mis cuadernos azules), sus memorias. Publicado en inglés en 1979.

En 1910 decidió casarse con el príncipe rumano, Georges Ghika, marido a la larga infiel con el que se reconciliará e irá a Suiza huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Su trayectoria vital, dará sin embargo un giro radical y paradójico cuando una vez viuda y tras un profundo acercamiento a la obra religiosa del asilo francés de Santa Agnes, decide meterse monja de la Orden Terciaria de las Dominicas bajo el nombre religioso de María Magdalena de la Penitencia y dedicándose al cuidado de niños con defectos de nacimiento. Fallecerá precisamente en Lausana, Suiza, en 1950.

Natalie Clifford Barney, Flossie en la novela de Liane de Pougy y su amante en la vida real, nace en 1876. Recibió al parecer una educación carente de proyecto y fue asimilando unas y otras influencias de índole diferente. Aprendió francés, por ejemplo, ante la necesidad de entender los relatos de Verne que una institutriz leía en voz alta, llegándolo a hablar con perfección y sin acento lo que facilitó su adopción parisina. En su creatividad influyó seguramente la vocación artística y pictórica de su madre Alice a raíz de un encuentro durante las vacaciones en la playa de Long Beach con Oscar Wilde, vocación que su marido se encargó de dificultar y reprimir y sin embargo llevó a cabo.

La propia Barney declararía más tarde que era consciente de su condición homosexual desde muy joven y de haber tomado asimismo desde entonces la decisión de no ocultarse. Con 23 años se presenta un día ante Liane de Pougy disfrazada de paje suscitando la acogida incondicional de esta. Ello será precisamente el tema central del “Idilio sáfico” de Pougy. Esta describe a Barney (como Flossie) en el capítulo cuarto de su novela, tumbada y escondida a sus pies para no ser vista, en el palco del teatro donde Sara Bernhardt representa el Hamlet de Shakespeare. Pougy hace en las páginas de su libro una serie de reflexiones interesantes sobre los personajes shakespearianos y su base histórica y su sentido real en relación a la condición de la mujer, que pone en boca de sus personajes:

“Sabes que el delicado y triste Hamlet que nos pinta Shakespeare en vez de ser sensible fue en realidad un guerrero de instintos burdos y salvajes. En lugar de enviar a Ofelia a un convento, gozó brutalmente de ella en un bosque y luego la mandó al infierno…”

“Ofelia no es, desde luego, la sencilla muchacha que nos muestra [Mellot] -decía Flossie-. Su virtud no procede de la ignorancia, ni su pureza de la inmadurez…” ”…La verdadera tiene un alma grande apasionada e impresionable que conoce las cosas…”

“Qué pueden hacer las que sienten en su carne la fiebre y la tempestad de obrar mientras el destino inmisericorde las ata con cadenas de hierro forjado…?”

Con 24 años Barney publica su primer libro en 1900 ‘Quelques portraits – Sonnets de femmes’. Los poemas siguen pautas formales tradicionales y fueron calificados “de principiante”. Sin embargo, se ha dicho también que fue la primera en escribir abiertamente sobre el tema lésbico después de la propia Safo. Su madre, Alice, ilustra el libro sin saber que las modelos de las ilustraciones son las amantes de su hija. Algunos críticos no entendieron, equivocaron o disimularon su temática, en cambio un titular de prensa levantó la liebre diciendo: ‘Safo canta en Washigton”. Apercibido el padre, compra y destruye los restos de la edición y las matrices de imprenta. Barney se ve obligada a publicar con pseudónimo al año siguiente ‘Cinq petits dialogues grecs’ (Cinco pequeños diálogos griegos). La muerte del padre en 1902 le dará finalmente la libertad de publicar sin ocultarse aparte de dejarle una fortuna.

En 1904 escribe ‘Je me souviens’ (Me acuerdo), prosa poética sobre su relación con Renée Vivien. Y en ‘Equivoque’ (Equívoco), título traducido en alguna ocasión como ‘Ambigüedad’, cuando su traducción clara como ‘Equívoco’ expresa la versión de Barney sobre la muerte de Safo en clave feminista: Safo no se suicida por el amor de Faón sino por el matrimonio de la mujer que ama con éste. En ‘A perilous advantage’ (Una ventaja perigrosa) hace en prosa una serie de retratos de amigos y amantes, Renée Vivien, Collette, Romaine Brooks, James Joyce, Proust, Isadora Duncan, y anota sus observaciones como anfitriona de la vanguardia artística e intelectual parisina desafiando los contenidos y los métodos del dominio masculino en el ámbito literario. Su último libro de poemas ‘Poemes & Poemes: Autres alliances’ (Poemas y Poemas. Otras alianzas) editados por Ezra Pound, reúne memorias y epigramas escritos desde 1910. En 1910 publicaría también ‘Eparpillements’ (Dispersiones), colección de pensamientos e ideas. El libro le propició la amistad y el auspicio de Remy de Gourmont quien publicó una serie de artículos apoyando su carrera donde la apodó como ‘La Amazona’. La gratitud (mutua) para Gourmont se manifestó en sus ‘Pensées d’une Amazone (pensamientos de una amazona). Publicado en 1920, dos años después del final de la Gran Guerra, expresa la posición antibelicista y feminista de Barney que describe la guerra como un “suicidio involuntario y colectivo ordenado por el hombre”. Se interpreta su opinión, no siempre con facilidad a partir de sus epigramas, en el sentido de que la agresión que conduce a la guerra está siempre presente en todas las relaciones masculinas. “Aquellos que aman la guerra carecen de amor por el deporte del arte de vivir”.

En 1904 escribe ‘Je me souviens’ (Me acuerdo), prosa poética sobre su relación con Renée Vivien. Y en ‘Equivoque’ (Equívoco), título traducido en alguna ocasión como ‘Ambigüedad’, cuando su traducción clara como ‘Equívoco’ expresa la versión de Barney sobre la muerte de Safo en clave feminista: Safo no se suicida por el amor de Faón sino por el matrimonio de la mujer que ama con éste. En ‘A perilous advantage’ (Una ventaja perigrosa) hace en prosa una serie de retratos de amigos y amantes, Renée Vivien, Collette, Romaine Brooks, James Joyce, Proust, Isadora Duncan, y anota sus observaciones como anfitriona de la vanguardia artística e intelectual parisina desafiando los contenidos y los métodos del dominio masculino en el ámbito literario. Su último libro de poemas ‘Poemes & Poemes: Autres alliances’ (Poemas y Poemas. Otras alianzas) editados por Ezra Pound, reúne memorias y epigramas escritos desde 1910. En 1910 publicaría también ‘Eparpillements’ (Dispersiones), colección de pensamientos e ideas. El libro le propició la amistad y el auspicio de Remy de Gourmont quien publicó una serie de artículos apoyando su carrera donde la apodó como ‘La Amazona’. La gratitud (mutua) para Gourmont se manifestó en sus ‘Pensées d’une Amazone (pensamientos de una amazona). Publicado en 1920, dos años después del final de la Gran Guerra, expresa la posición antibelicista y feminista de Barney que describe la guerra como un “suicidio involuntario y colectivo ordenado por el hombre”. Se interpreta su opinión, no siempre con facilidad a partir de sus epigramas, en el sentido de que la agresión que conduce a la guerra está siempre presente en todas las relaciones masculinas. “Aquellos que aman la guerra carecen de amor por el deporte del arte de vivir”.

Efectivamente, Barney auspició a lo largo de más de cinco décadas un salón literario semanal donde se manifestó y se debatió sobre arte, literatura, música u otros temas. Con la idea esencial de poner en relieve la obra de las mujeres, dio lugar también a la de los escritores varones importantes en su tiempo. A las primeras reuniones en su casa de Neuilly siguieron las de la Rue Jacob en el Quartier Latin parisino donde se mantuvieron hasta finales de los años sesenta del siglo pasado. Durante la Primera Guerra Mundial, el salón adquiere carácter de refugio y reunión de los antibelicistas, Auguste Rodin entre ellos. Terminada la guerra, la iniciativa de Barney y Pound intenta apoyar económicamente a Paul Valery y T. Eliot, apoyo que estos rechazaron. En 1927 Barney inicia su Académie des Femmes como alternativa a la Academia Francesa detentada exclusivamente por varones. Por el salón pasaron nombres como André Gide, Anatole France, Louis Aragon, Somerset Maugham, Scott Fitgerald o Rainer Maria Rilke; la pintora Tamara de Lempicka o la bailarina Isadora Duncan. Una de las lecturas exitosas a reseñar en la historia el salón fue la de ‘El pozo de la soledad’ de la autora de origen inglés Radclyffe Hall, de 1928, por su temática lésbica. En 1929 Barney publica ‘Aventures de l’esprit (Aventuras del espíritu) donde retrata asimismo a numerosas personalidades.

Las relaciones amorosas femeninas de Clifford Barney fueron numerosas. Propugnó las relaciones múltiples y simultáneas y alentó a ello a sus mismas amantes. Sentía sin embargo con dolor las rupturas y trató en ocasiones de recuperar la relación rota con alguna de sus amantes. No todas sus relaciones tuvieron la misma intensidad y ella misma las calificó como más o menos importantes. Algunas relaciones fueron intermitentes a lo largo del tiempo. La primera relación de Cliford Barney fue con Eva Palmer. Ambas coinciden en su interés por la literatura. Eva Palmer escribirá su autobiografía bajo el título: ‘Upward panic’ (‘Creciente pánico’ Harwood Academic Publishers). Palmer tenía un larguísimo y abundante pelo de tono rojizo que recordaba los ideales de belleza del arte prerrafaelita. Cómplices ambas en la conquista de otras mujeres, Eva se marchará finalmente a Grecia para casarse con Angelos Sikelianos rompiendo su relación con Barney. Ya en la madurez, ambas se reconciliaron haciendo un balance sereno de su antigua relación.

Entre las más importantes para Barney estuvo Olive Custance, poeta británica parte del movimiento estético de 1890, reflejo del parnasianismo y simbolismo francés y europeo, quien publicó varios libros de poemas, ‘Opals’, ‘Rainbows’, ‘The blue bird’, ‘The Inn of dreams’ y ‘The selected poems of Olive Custance’. Custance, bisexual, se casó tras su relación con Barney falleciendo durante la Segunda Guerra Mundial.

Tambien Elisabeth de Gramont, Romaine Brooks y Dolly Wilde fueron amantes de Barney. A partir de 1927 mantuvo relación con las tres simultáneamente, lo que ellas toleraron a veces y aceptaron relativamente. Elisabeth, duquesa de Clermont-Tonnerre, “Lily”, fue conocida como “la duquesa roja” por sus ideas socialistas. Escritora, casada con un marido violento, redactó con Barney un contrato de matrimonio, calificando su relación como la más fuerte, tierna y duradera.

«Después de nueve años de vida juntos, las alegrías y las preocupaciones compartidas, y los asuntos confesados, porque la supervivencia del vínculo que creemos -y deseamos creer- es inquebrantable, ya que en su nivel más bajo de emocionalidad recíproca es la conclusión alcanzada. La unión, duramente ensayada por los años pasados, falló doblemente la prueba de fidelidad en su sexto año, mostrándonos que el adulterio es inevitable en estas relaciones donde no hay prejuicio, no hay religión que no sea sentimientos, no hay leyes aparte del deseo, incapaces de sacrificios vanos que parecen ser la negación de la vida … «

Fue más duradera su relación con Romaine Brooks, pintora norteamericana. Beatrice Romaine Goddard, trabajó en Paris y Capri. De colores grises y terciarios, su excelente dibujo y su paleta profunda produjeron retratos y cuadros excelentes. De padre alcohólico y madre autoritaria, tras una infancia dolorosa de internados y desentendimiento familiar, Romaine se marcha a París con 19 años. Canta en el cabaret y, embarazada, entrega la criatura en un convento. Estudiante de arte en Roma, acosada sexualmente, abrirá después un estudio en Capri. Fallecida su madre heredará con su hermana la fortuna familiar. Décadas más tarde dirá: “Mi madre muerta se interpone entre mí y la vida”.

El trabajo artístico de Brooks como el de muchas otras mujeres ha sido en gran medida olvidado. Las vanguardias y la abstracción y su manipulación por el capitalismo han sido responsables a un nivel de cosas histórico y generalizado del olvido de tantos buenos artistas figurativos, y más en el caso de las mujeres si bien la revalorización de lo figurativo al final del XX y la reflexión sobre el género han llevado, aún no del todo, a una revisión de su trabajo. Brooks crea la imagen de una mujer fuerte como símbolo de empoderamiento femenino (‘La cruz de Francia’) y no pinta para vender los cuadros. El retrato de Natalie Cliford Barney con más dulzura que otros, sintomatiza lo prolongado de su relación con ella también compartida con Lily de Gramont. Brooks conoce a Barney cuando ésta está ya implicada con Gramont: A pesar de su ‘contrato matrimonial’ con Gramont, Barney no renuncia a Brooks, y constituyen un trío estable y consciente durante mucho tiempo. Gramont dirá: “Los seres civilizados son los que saben sacar más de la vida que otros”. Sin embargo, si algo caracteriza a Brooks es su deseo de soledad, de aislamiento, de ensimismamiento. En ello se diferenció rotundamente de Cliford Barney, aunque esta trató de respetar siempre el carácter de su amante.

Dorothy -Dolly- Wilde, sobrina de Oscar Wilde, autora de ingeniosos epìgramas, famosa y continua invitada en los salones por el encanto y el humor de su conversación no consiguió sin embargo poner de manifiesto un hipotético talento literario, quizá familiar, en sus escritos, si bien el reconocimiento del mérito de su famoso tío es, desde luego, un ‘a posteriori’. Conoce a Barney en 1927. Alcohólica y heroinómana, intentó suicidarse varias veces y Barney costeó las terapias subsiguientes. Afectada después por un cáncer y rechazando los tratamientos de la época se separaron en la Segunda Guerra Mundial. Fallecería, sin que exista certeza de ello, por sobredosis de paraldehídos.

Pero quizá, entre las dos o tres relaciones más importantes de Barney esté la entablada con Pauline Mary Tarn, Renée Vivien. Nacida en Londres en 1877, pasa algunos años infantiles en Paris y al morir el padre regresa a Inglaterra. Mayor de edad, vuelve a Paris. Allí, Violette Shillito le presenta a Natalie Cliford Barney y ambas se enamoran. Pauline escribe una serie de poemas que formarán parte de su primer libro: ‘Estudios y preludios’ y cambia su nombre por el de Renée Vivien (renacida) como símbolo de su nacimiento a una nueva vida y eligiendo el apellido al azar de una guía de teléfonos. Adopta el francés como único idioma literario y su obra es una apología de la relación lésbica. Los escasos hipotéticos fragmentos de Safo siempre referentes en su trabajo, pero sobre todo imbuida del espíritu literario de la época, su obra es claramente parnasiana y simbolista, (por mucho que algunos antiguos manuales antiguos opusieran ambos movimientos, el simbolismo se decanta desde su procedencia claramente parnasiana y se conecta con prerrafaelismo y modernismo). Como en otros casos mencionados Renée Vivien hereda muy joven una considerable fortuna familiar.

1901 es un año agitado y terrible, su relación con Cliford Barney termina; no coinciden en su concepción de la fidelidad en la que Vivien cree. A diferencia de Gramont, Brooks o Wilde, Vivien no soporta la promiscuidad de Barney y rompe con ella. Y sin embargo su relación había sido para ambas una motivación para escribir. Barney intentará durante años recuperar a Vivien y en un momento dado han viajado juntas hasta la isla de Lesbos, en el Egeo, para crear una escuela poética femenina tras la estela de Safo. Pero su relación es difícil. “Tu risa es clara y tu caricia es profunda/ Tus besos fríos aman el mal que causan”. Dice en un poema. Por otro lado, Violette Shillito fallece ese año y el color violeta que evoca su nombre estará presente como un símbolo en la vida de Renée en recuerdo de la que fue, quizá, su más bello y apasionado amor.

“Enterraré, entre las oscuras violetas, /tus ojos, tus manos, tu frente y tus silenciosos labios, /¡oh tú, que duermes entre las oscuras violetas!”

Pero Vivien ha conocido a Heléne Betty Louise Caroline de Rothschild, francesa, por matrimonio Heléne van Zuylen van Nyevelt van Haar, escritora y pionera pìloto de carreras automovilísticas destacada en la vida mundana parisina como miembro además de la familia de banqueros Rothschild e inicia una relación con ella. Heléne, casada y con dos hijos, deberá mantener la relación en secreto. Sobrevivirá con mucho a Renée Vivien.

Porque si la vida de Barney es también larga, la de Vivien, en contrapartida es muy corta y sin embargo tal vez aún más intensa. Renée Vivien se convierte en un paradigma de libertad vital y sexual. Inmersa con apasionamiento en la bohemia, se entrega al “hada verde”, la absenta, y al láudano. Fuma cigarrillos encajados en su larga boquilla de vampiresa y no renuncia al exceso o al escándalo y su vida se precipita en una carrera desbocada. Habla y escribe de sexo abiertamente. Una nueva amante, Kerimé, la mujer de un diplomático turco, fascinante y oculta tras el velo islámico, desata en Renée una pasión extremada. Finalmente, el alcohol y las drogas pasarán la factura y el láudano es la tentación de un final deliberado que llegará más tarde, ya debilitada por completo entre la neumonía y la anorexia, en 1909.

“Se parece el ocaso al morir e un poeta. / ¡Gravedad de los años y los sueños vividos! /Mis horas de derrota las saboreo en paz:/es amiga la noche piadosa del vencido.” Escribe en el poema ‘Vencida’ de la recopilación ‘A la hora de unir las manos’ de 1906.

Renée Vivien ha comenzado ya a ser antologada en la poesía francesa contemporánea. Su obra no deja de tener extensión. Un primer libro fue ‘Estudios y preludios’. Cuando conoce a Heléne van Zuylen, publica ‘Cendres et poussières’ (Cenizas y polvo) y ‘Brumes de Fjords’ (Brumas de fiordos) prosa poética; en 1903, ‘Evocations’ (Evocaciones), elogiado por los críticos; ‘Sapho’ (Safo), traducciones y adaptaciones de los textos de la poeta griega y Du vert au violet (Del verde al violeta) asimismo prosa poética. En 1904, ‘Une femme m’apparut’ (Se me apareció una mujer) novela autobiográfica, Les Kitharedes, traducción moderna de ocho poetas griegas y ‘La Venus des aveugles’ (La Venus de los ciegos), nueva recopilación de poemas que sin embargo desconcierta a la crítica. Seguirán dos recopilaciones de sus poemas de 1906 y 1909 con el mismo título A l’heure des main jointes (A la hora de unir las manos); en 1907, ‘Chanson pour mon ombre’ (Canción para mi sombra), antología de poemas firmada con su propio nombre Pauline Mary Tarn, y ‘Flambeaux éteints (Antorchas apagadas); más tarde, numerosas prosas irónicas y satíricas, y también aforismos. ‘Dans un coin de violettes’ (En un rincón de violetas), Le vent des vaisseaux (El viento de los navíos) o Haillons (Retales), son recopilaciones póstumas de sus poemas.

La pasión por la Grecia clásica es total. Reprocha a su madre no haberle hecho estudiar griego y cuando en 1900 viaja con Barney a EE.UU. recibe clases durante varias semanas. Su traducción de Safo no se detiene en ningún rigor y utiliza traducciones de otros, Swimburne o incluso del propio Catulo. Con todo, puede imbricarse en la historia de las traducciones ‘sáficas’ como manifiesto y adscripción a una intelectualidad absolutamente femenina.

La validez de la poesía de Renée Vivien es absoluta y su puesta en valor una tarea aún pendiente, aunque una antología de sus poemas, prologada por Aurora Luque, ha sido al menos publicada en castellano por Ediciones Igitur en 2007. Aurora Luque destaca ciertas opiniones contemporáneas ya a la autora sobre su destreza en el uso de los moldes parnasianos: “cincelados como medallas, se admira la seguridad de su contorno”. En esa medida la tradición lírica del XIX está presente en la temática de Renée Vivien, antigüedad clásica, mitología nórdica o personajes shakespearianos impregnan sus poemas relacionados con la estética prerrafaelita lo que acredita en el fondo la pervivencia y la procedencia original de su cultura.

Una de las asistentes al salón de Barney fue la pintora Maria Gurwik-Górska, Tamara de Lempicka. Lempicka representa mucho más allá del 1900 la herencia de una rebeldía femenina que comienza a cuajar en personalidades independientes y de valor y trascendencia histórica. Esta vez en el mundo de las Artes Plásticas. Educada en un entorno femenino, abuela, madre, tía, estudia con Maurice Denis y asiste a las clases de la emblemática academia parisina “La Grand Chaumiere”. Influída por la pintura cubista pero con claras connotaciones clásicas constituye uno de los más notorios exponentes del Art Decó. Representa en sus cuadros una mujer poderosa, sujeto de belleza y atractivo sin destinatario preconcebido. Aunque Tamara acepta el matrimonio, no oculta su bisexualidad. Famoso su ‘Autorretrato en un Bugati verde’ que simboliza quizá la incursión de la mujer en el mundo de las actividades o los deportes hasta ahora reservados a los varones y que recuerda a otra de las pioneras automovilistas, Heléne van Zuylen.

Aunque se afirmó que fue en un Bugati, lo cierto es que Isadora Duncan subió al Amilcar CGS al que la invitó su piloto Benoit Falchetto, tal vez con la intención de convencerla de que comprara el coche. Isadora, de rojo y con un larguísimo foulard de seda que flota al viento se despide diciendo: “Au revoir, mes amis, je vais à l’amour!” (“¡Adiós, amigos, voy al amor!”). El foulard se engancha fatalmente en los radios de la rueda trasera del coche en veloz marcha, y tira del cuello de Duncan hasta estrangularla, arrojándola incluso contra la calzada; muere casi al instante. La fatalidad se ensañó con ella. Antes, sus dos hijos se habían ahogado al caer su automóvil al Sena y en una trágica coincidencia su padre había muerto ahorcado por la correa de un baúl.

Isadora Duncan detestaba la falta de naturalidad de la danza clásica, que ella calificó como simple gimnasia y quiso inspirarse en las representaciones clásicas de las ménades griegas y también en cuadros del Renacimiento abriendo varias escuelas de danza para difundir este modo de entenderla. Recorrió el mundo con espectáculos con los que cosechó éxitos y también escándalos: se presentaba en los mejores teatros vistiendo una mínima túnica, enseñando las piernas o incluso el pecho desnudo; abandonó a su único marido, apenas un año después de la boda, por su alcoholismo, y su trato violento. Tuvo multitud de amantes, al parecer de ambos sexos. Intentó en definitiva ser una mujer libre. Se la considera una de las iniciadoras de la danza contemporánea.

Iniciábamos este artículo con el vuelo de un aeroplano en la Primera Guerra Mundial y sobre otro aparato más moderno, un Lockheed Vega 5B, Amelia Earhart, enfermera en Canadá durante esa primera Gran Guerra, intentó con éxito, tras la paulatina experiencia como piloto y la acumulación de récords y horas de vuelo, la travesía del Atlántico. Era la primera mujer en realizar tal proeza en solitario. Tras el Atlántico, el Pacifico, que logró también atravesar con éxito y en 1935 planeó volar alrededor del mundo en su mayor distancia sobre el ecuador. Esta vez pilotará un Lockheed Electra 10E. Los Angeles, Florida, Puerto Rico, Venezuela, Sudamérica, Africa, Arabia, Pakistán, Birmania, Indonesia, Australia. Partió después de Papúa Nuevva Guinea tras 35.500 kilometros de vuelo. En ruta hacia las islas Howland se pierde su contacto…

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Se llamó “demi-mondaine”, entre los siglos XVIII y principios del XX, a cierta clase de mujeres galantes y de costumbres calificadas como “ligeras”. Esta palabra, creación de Alexandre Dumas hijo, fue definida por su autor del modo siguiente: «Asentemos pues, aquí para los diccionarios futuros, que la palabra demi-monde no representa como se cree y como se la imprime la barahunda de las cortesanas, sino la clase de las desclasificadas. El demi-monde está separado de las mujeres honestas por el escándalo público y de las cortesanas por el dinero»; Fue el calificativo que se aplicó contemporáneamente a la mayoría de las mujeres algunas de cuyas resumidas biografías hemos expuesto. El análisis no sería hoy tan sencillo ni superficial; hay una realidad mucho más compleja y también más profunda tras todo ello.

Si consideramos el periodo en el que transcurren sus biografías, es tan amplio como el transcurso de los siglos XIX y XX. No quiere decirse que hoy no exista un trasunto femenino equiparable a la actitud y las vidas de las mujeres mencionadas; también hoy medran de modo similar vedettes, actrices, personalidades incluso de la aristocracia, etc, sino que por la perspectiva de tiempo es posible hablar de las premisas y la génesis de una rebeldía y por tanto una reivindicación ya antigua, que todavía no ha alcanzado sus legítimos y lógicos objetivos. Pero hemos centrado en términos generales nuestro artículo en aquellas biografías evolucionadas a caballo de ambos siglos que coincidieron muchas veces en una actitud similar de homosexualidad o bisexualidad, como síntoma además de una liberación específicamente femenina. Y de modo quizá arbitrario y basándonos en la mera cronología, solo con un criterio metodológico y en absoluto histórico, hablaríamos de dos generaciones biográficas femeninas en todo este amplio periodo.

A una primera “generación”, anterior a la Belle-Époque podríamos adscribir a Cora Pearl, a Virginia Oldoini, Condesa de Castiglione, a Marie Duplessis o a Lola Montez, cuyas biografías muchas veces apasionantes, deben quedar lamentablemente fuera de la extensión ya excesiva de este artículo. Otras como Lina Cavalieri o Elsie Hodder (Lily Elsie) cantantes y actrices entrarían dentro de un tema exclusivo de reivindicación feminista aunque no en el contexto de rebeldía contra el convencionalismo sexual y social. Una segunda generación la constituyen aquellas biografías que transitan sobre los dos siglos y que articulan una serie de encuentros, algunos de los cuales hemos glosado. Unas son cortesanas y otras no. Unas son bisexuales y otras claramente homosexuales. En algún momento determinado la adopción del modo de vestir masculino, el corte de pelo asimismo masculino, tomadas por la gente en general solo como una moda, fueron las señales deliberadas a espectadores entendidos para visualizar su verdadera sexualidad. La escritora Alicia Misrahi habló en uno de sus libros de “las mujeres que se atrevieron a disponer de su sexo”.

«…la adopción del modo de vestir masculino, el corte de pelo asimismo masculino, tomadas por la gente en general solo como una moda, fueron las señales deliberadas…»

Combinan facetas tan diversas como la artística, cantantes, actrices, bailarinas, pintoras, o deportistas y tantas veces escritoras. En casos, estas actividades son la tarjeta de visita aceptable para justificar otra vida dedicada a explotar cualidades personales en pro de interés económico o de prestigio social en los ámbitos nobles, elegantes o mundanos, como cortesanas por voluntad propia. Su trayectoria, aun azarosa o enrevesada, a veces paradójica, a veces sorprendente como el caso de Liane de Pougy, no tiene vuelta atrás. Más de una, de modo coincidente y hasta frecuente, proviene de familias ricas y acaban heredando una fortuna, lo que explica tal vez una rebeldía más fácil; otras labran esa fortuna de modo distinto. Unas y otras se ‘desclasan’ y optan por una vida independiente y libre. En esa medida son rebeldes.

Añadido a todo ello, en tantos casos, una actividad intelectual como mujeres sensibles y cultas, escritoras, novelistas o poetas. Carácter intelectual que se acentúa en algunas sobremanera, Renée Vivien es a nuestro juicio el referente poético por excelencia en este grupo, aunque en otras, aun existiendo cierta actividad literaria, se reduce a la composición de unas Memorias o una autobiografía y tiene menos relevancia.

Natalie Clifford Barney parece ser en gran medida, tal vez por su eminente labor de auspicio intelectual, por su convicción feminista, su rompimiento con lo establecido y su valentía vital, el eje axial sobre el que se articula el entramado relacional de esta serie de personalidades femeninas a caballo entre los dos siglos. Su biografía es extensa siendo la más longeva de las mujeres que componen este entramado. En estas relaciones se da ya claramente y de manera consciente por parte de muchas de sus protagonistas el planteamiento que asocia los ingredientes de una liberación femenina de corte radical, incluído su lesbianismo, pero que no se limita a él, lo que sería volver a acotar toda la validez de su postura al tema exclusivo del género, aun íntimamente ligado, sino que trasciende a lo social, a lo cultural y a lo político. Desde luego, pudo, quizá, en su tiempo, el ingrediente “machista” diríamos en términos actuales, al ser la mayoría de ellas mucho más conocidas por sus relaciones amorosas o sus escándalos o excentricidades que por su tarea creativa o intelectual. “Mujeres fatales” respondiendo al estigma ancestral de la mujer no sometida, fatales desde el punto de vista y para aquellos que fueron utilizados al querer utilizarlas, porque rompieron los moldes impuestos en el ejercicio de su libertad y su individualidad. Por muchos motivos la Historia está en deuda con ellas y les debe un desagravio. Tal cosa no ha llegado aún de modo satisfactorio porque, a causa de la opresión del poder casi siempre reaccionario, la progresión de lo humano y de lo social se construye secularmente con el sacrificio y la lucha de las generaciones. En esa medida la revolución pendiente, la redención de todo lo humano es necesariamente feminista. Nuestra tarea hoy es, al menos, optar decididamente por la memoria.

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