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EL CABALLO DE TROYA EN LA DEMOCRACIA

Por Antonio Tello


¿Cuáles son los factores que impiden un desarrollo pleno de las virtudes democráticas y, consecuentemente, que la ciudadanía alcance un estado generalizado de bienestar y felicidad? ¿Cuáles son los agentes que agrandan la brecha entre ricos y pobres cuando el desarrollo tecnológico hacía presagiar un mundo socialmente más justo?

La clase política occidental ha dado por hecho que al fracaso del sistema comunista le sucedería una era de bienestar mundial patrocinado por un nuevo orden sustentado en las bases de la democracia liberal y en los principios económicos del capitalismo. Sin embargo, todo parece haber retrocedido a tiempos feudales.

El principal síntoma de la degradación del sistema democrático se verifica en la vacuidad del discurso político. Con la vergonzosa complicidad de los medios de comunicación, que contribuyen al ruido que oculta el sinsentido convirtiéndolo en espectáculo de masas, los representantes de la clase dirigente se abroquelan en su impotencia política. Nadie habla sinceramente sobre la necesidad de que el Estado recupere, tal como lo expuso Keynes, el control de la economía, hoy perdido y en manos del poder económico-financiero, y lidere la reactivación de la productividad, el consumo y el empleo.

Ningún dirigente, cualquiera sea el partido al que pertenezca, parece reaccionar al tratamiento de shock que han sufrido los políticos y que los ha convertido en zombis neoliberales que confunden las leyes de la vida con las leyes del mercado. Incluso ignoran que estas leyes son en realidad una y que la formuló Jean-Baptiste Say en ¡1803! cuando el capitalismo estaba en pañales; una ¿ley? que dice algo tan estúpidamente elemental como que «no hay demanda sin oferta» y que si hay oferta, habrá demanda y si hay demanda habrá empleo y si hay empleo habrá consumo». Pero claro, para que esta ley funcione tiene que haber libertad de mercado. Exactamente lo que dicen los jefes de gobierno   cuando aluden “a la mala herencia” recibida de sus antecesores en el cargo, y a la necesidad de un plan de choque para recuperar empleo, sin decir que la mentada libertad de mercado exige privatizar sanidad, transportes, educación, energía, etc. y “liberar el mercado de trabajo”. Algo que contradice flagrantemente su reivindicación de la «soberanía popular frente al mercado y los tecnócratas» y la  afirmación de que ha llegado «la hora de los buenos gobernantes», como otro dijo hace tiempo de que había “llegado la hora de la espada”. Esta situación revela por un lado que la clase política ha sido tomada por los tecnócratas y por otro que el pueblo ha sido reducido a la condición de elector excluido del debate político y convertido en masa productiva sin voz.

Esta ceremonia de la confusión se celebra a través de un discurso contradictorio sostenido por palabras carentes de sentido y de la fuerza que les da la coherencia ética. Lo que necesita el mundo globalizado no es un «gobierno como dios manda», es decir el mercado, sino un gobierno como manda el contrato social y el compromiso de los representantes con la ciudadanía de velar por el bienestar y la felicidad de la comunidad y no por la libertad neoliberal del mercado, porque ésta significa la libertad de unos pocos y la esclavitud de todos los demás.

De lo escrito puede inferirse de que el capitalismo es el caballo de Troya, el presente griego, que el liberalismo dejó en un territorio agotado por las  guerras y el esclavismo, cuyo propósito, con la equívoca utilización de la bandera de la libertad, era crear un perverso sistema de dominio.

Las ideas republicanas, cuyos orígenes hay que buscarlas en la antigua Grecia, impulsan el desarrollo de la democracia sobre dos pilares fundamentales: la soberanía popular y la libertad. La primera permite concebir un sistema de gobierno basado en las virtudes cívicas de los ciudadanos y el imperio de la ley como mecanismo defensivo frente al imperio de los hombres. La segunda, en el marco del imperio de la ley, surge de modo natural como principio de no dominación de los hombres por otros hombres. La libertad individual no existe por sí misma sino como expresión de la libertad colectiva que emana de las instituciones.

Sin embargo, el liberalismo, que se desarrolla como sostén ideológico del capitalismo, define a la libertad como un derecho natural del individuo a cuya voluntad no puede oponérsele impedimentos y, por lo tanto,  ha de tener patente de corso para hacer lo que quiera. Esta concepción de la libertad individual en detrimento de la libertad colectiva es la que acaba imponiéndose arrastrada por las revoluciones liberales de los siglos XVIII y XIX. La Constitución de EE.UU. y la Revolución francesa consagran la soberanía popular como fuente de todo poder político, pero también la libertad individual como bandera del progreso y el bienestar de todos en el falso supuesto de que todos tienen igualdad de oportunidades. «Libertad, igualdad y fraternidad» es el lema de los revolucionarios franceses.

De este modo tan sutil como perverso el liberalismo introdujo en el imaginario popular la idea de que todos los individuos son libres e iguales ante la ley, cuando en realidad habían abierto la puerta al dominio de una oligarquía burguesa, cuya capacidad de poder se demostraría históricamente muy superior a las oligarquías aristocráticas que, en Occidente, alcanzaron su máxima expresión en las monarquías absolutas. El soberbio poder de esta oligarquía se fundamentó desde el principio en el control acumulativo de los bienes de producción, el cual trajo consigo su hegemonía económica y cultural, y, finalmente, la reducción del concepto de libertad al de libertad de comercio y flujo de capitales en detrimento de las demás libertades civiles y de los derechos humanos.

Una vez introducido su caballo de Troya en el sistema democrático, esta oligarquía, que hoy podemos identificar con bancos y compañías multinacionales, fue vaciando de contenido las instituciones democráticas, debilitando el papel regulador del Estado, deslegitimando a la clase política al convertirla en marioneta de sus intereses y con ello reduciendo la soberanía popular a una mera ilusión, y, lo más grave, adormeciendo, mediante el consumo y la vacuidad del discurso, el impulso contestatario de los pueblos.

El resultado de este proceso natural del sistema capitalista es la alienación social, la frustración y la carencia de ilusiones en el futuro, mientras una minoría sostenida por especialistas de la violencia [la producción de la industria militar es superior a la alimenticia] goza de un dominio global y muy pocos creen que las cosas puedan cambiar. Mientras por el camino se desintegraban los principios de igualdad y fraternidad y el de libertad era canibalizado por el mercado, los gurús del posmodernismo sentenciaban el fin de las ideologías, de las utopías y el fracaso del comunismo, pero nada han dicho ni dicen de la degeneración y fracaso de la democracia. Llegado a este punto ¿qué hacer? aparece como una pregunta que vuelve a cargarse de sentido para que los pueblos den una respuesta a las agresiones del poder.

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CAPITALISMO GLOBALIZADO Y LITERATURA

Por Antonio Tello


El sistema capitalista encabalgado a los principios del liberalismo, desde la emancipación de EE.UU. ha orientado sus pasos hacia la concentración de los capitales y la conversión del mundo en un vasto mercado. Tal proceso ha condicionado todas las actividades humanas y el arte y la literatura no son excepciones.

El desasosiego que hoy relacionamos con la parcial y mercantil difusión de los autores argentinos en particular e hispanoamericanos en general, en realidad es el síntoma de un problema más profundo que atañe a la creación artística y al producto que genera en el marco de una sociedad hegemonizada por las doctrinas económicas de corte monetarista propias del neoliberalismo.

Tal circunstancia es el resultado del progresivo avance del pensamiento racionalista sobre todos los órdenes de la actividad humana que, al romper el equilibrio entre espiritualidad y materialidad en favor de esta última, ha determinado una nueva escala de valores.

Cuando se habla de nuevo orden económico o de economía globalizada se tiende a pensar que se trata de una de las entelequias a las que son dados muchos economistas poskeynesianos. Sin embargo, este nuevo orden económico internacional es una realidad que supone el triunfo absoluto de la materia sobre el espíritu, de la razón sobre la imaginación, que, en un plano más concreto, se traduce en el aceleramiento de las tendencias concentracionarias del capital -sobre todo desde la desaparición de la Unión Soviética y el auge de las doctrinas monetaristas-, y, como parte de las necesidades de mercado y consumo, de homogeneización cultural.

Con la consagración del orden materialista en la sociedad mundial culmina un proceso de descapitalización de las creaciones del espíritu y los valores humanistas, cuyas consecuencias en el campo de la producción y difusión literarias significan la transformación del editor en gestor y del escritor en productor cultural de una industria que necesita generar y publicar miles de títulos anuales para satisfacer sus expectativas de beneficios. Desde el poder económico la creación artística es, así, despojada de su carácter indagador y crítico y reducida a cumplir un papel recreativo dentro del mercado.

Los principales problemas que afectan a la narrativa como consecuencia de estas transformaciones están en la grieta abierta entre el autor y el editor por un lado y la sanción de tendencias literarias que se acomodan a las exigencias de un mercado global por otro. La distancia entre el escritor y el editor está determinada por la distinta valoración que uno y otro hace de la obra literaria.

Mientras para el escritor la obra literaria es el fruto de un esfuerzo intelectual por comprender el mundo a través de los actos, pensamientos e inquietudes humanos, para el editor, cuando se identifica exclusivamente con las premisas mercantilistas, es poco más que la materia prima de una mercancía a vender. Es cierto que la obra literaria al editarse y convertirse en libro asume un carácter de mercancía y también que este hecho no desvirtúa necesariamente su calidad artística original. Pero el problema se suscita cuando el editor, reduciendo el libro a objeto de consumo, aparta su contenido del ámbito del desarrollo espiritual y, condicionándolo a las pautas del mercado, lo acomoda a los gustos de los consumidores. Es decir que, en la medida que el editor, a expensas de su carácter de difusor cultural, asume un papel de gestor mercantil e interviene de modo decisivo en la formulación del producto como objeto de consumo, no sólo vacía conceptualmente el libro de contenido sino que vulgariza y falsea la idea misma de literatura.

Los efectos de esta gestión se multiplican en proporción geométrica cuando, respondiendo a las tendencias concentracionarias de los medios de producción, la empresa editorial se estructura en grupo nacional o multinacional de editoriales con miras a controlar parcelas cada vez más grandes de mercado con el soporte de los grandes medios de comunicación que, en no pocos casos, también pertenecen al grupo.

En el organigrama de estas estructuras empresariales, el editor abandona definitivamente su tradicional labor específica al mismo tiempo que su opinión cede ante la presión especializada de los jefes de marketing, quienes diseñan «líneas editoriales» de acuerdo a prospecciones de mercado y pautas financieras. En este marco, un editor ya no es considerado por su cultura, sensibilidad y capacidad para intuir y consagrar a un autor de talento o reconocer un texto literariamente valioso, sino por la rapidez y eficacia para noticiarse de lo que pasa en el mercado internacional, detectar un valor seguro en Publishers Weekly y contratar a cualquier precio un top ten antes que ningún otro, incluso antes de que la obra se haya escrito. En este caso, el editor-gestor no duda en pagar millonarios anticipos a cuenta de derechos de autor que, en función de las expectativas de beneficios de la empresa, acaban por ser detractados de los anticipos de autores menos «comerciales».

En la organización de las mega-editoriales, el autor, incluido aquel que cobra millonarios adelantos, desciende al escalafón de amanuense de un único y repetitivo libro, no muy diferente en su tarea al chaplinesco operario de Tiempos modernos, y el valor de su firma queda, por regla general, por debajo del que ostenta la marca editorial. ¿Hay algún autor a quien alguna vez no le hayan devuelto un manuscrito diciéndole que «lamentablemente no se ajusta a la línea de la editorial»?. Independientemente de que esta sea una fórmula retórica para rechazar un manuscrito, lo cierto es que de su enunciación se infiere que ha tomado carta de naturaleza el hecho de que los valores artísticos de una obra literaria sean siempre confrontados y supeditados a los valores mercantiles que sustentan la línea editorial.

El progreso de la identificación entre la sociedad humana con el mercado ha generado de modo casi natural lo que podría llamarse cultura del camalote. El camalote es una especie de planta acuática invasora, parecida al loto, que se distingue por tener poca raíz, grandes hojas y vistosas flores que flotan ocupando un gran espacio y dejándose arrastrar por la corriente. De acuerdo con el carácter de este vegetal, común en los ríos de Sudamérica, la cultura del camalote invade todas las corrientes merced a la acción de muchos agentes polinizadores. Entre éstos están los críticos, quienes, como parte del engranaje mediático, están sometidos al mismo proceso de vulgarización que el escritor. Sin entrar en mayores detalles, puede decirse que su labor específica también ha sido desvirtuada por el sistema vigente al quedar condicionada por la línea editorial del medio para el que trabajan, la famélica retribución que reciben y el corto tiempo del que disponen para leer y analizar el libro y redactar su reseña. Una reseña cuya finalidad primordial es orientar al lector y moldear sus gustos según los dictados de los intereses empresariales, los cuales se ocultan detrás de la falaz «tiranía del mercado».

Mayor complicidad con el sistema imperante tiene el estamento académico cuya pereza intelectual lo lleva a dormirse sobre la redonda y verde hoja del camalote y dejarse arrastrar por la inercia académica, mientras se mira el ombligo y sueña con el grado cero de la escritura. Sobre la base de políticas educativas que valoran la eficacia sobre la imaginación y la lógica racional sobre el vuelo poético y en el marco de una universidad cada vez más alejada de la vida y del conocimiento del mundo, los profesores de literatura, los filólogos, los lingüistas, los semiólogos, los académicos en general, dan sus clases y realizan sus investigaciones imbuidos de un cientificismo estéril que propicia el inmovilismo, la conservación del statu quo y, consecuentemente, la ignorancia ilustrada. Obviamente no todos los profesores son así, pero en general tienden a serlo.

Estos factores explican que, en el contexto de la cultura del camalote, los grandes creadores de la literatura son reconocidos y estudiados, pero también reducidos a iconos de estantería; a una especie de clásicos despojados, en algunos casos, del carácter subversivo de su arte. De esta forma los autores consagrados de pasadas generaciones marcan la frontera entre lo existente y lo inexistente.

Este vacío virtual generado por el orden dominante justifica ideológicamente la acción de llenar las librerías de ingentes novedades que resultan de una superproducción que no responde tanto a una lícita pretensión de beneficios como a otra, ya más discutible, de grandes beneficios. Cabe señalar en este punto que la enorme avalancha de títulos de efímera existencia no sólo colapsa las librerías sino que limita al público el acceso a las obras realizadas y editadas según criterios no exclusivamente mercantiles. Esta clase de libros, frecuentemente ignorados por la prensa y por lo tanto invisibles para el público, se queda, así, sin un espacio y un tiempo de exposición acordes con el tiempo que ha llevado su creación y preparación, lo cual acaba por distorsionar sus verdaderos costos de producción, incluidos en éstos los trabajos intelectual y editorial.

A tenor de esta política editorial que ha consagrado la cultura del camalote, los escritores que aspiran a ser leídos y vivir de su oficio son empujados a adoptar un estilo internacional. Tal estilo, diseñado por los arquitectos de la mercadotecnia como trasunto de la literatura globalizada, se caracteriza por una expresión minimalista y, con algunas excepciones, conceptual y estéticamente pobre. Son estos autores los elegidos para aparecer como los verdaderos artífices del quehacer literario y, como tales, para ocupar las páginas de diarios y revistas, especializadas o no, y los espacios radiofónicos y televisivos; también para recibir algunos de los muchos premios nacionales o internacionales, comerciales o institucionales, los cuales, por otra parte, operan más como factores de promoción comercial que de distinción artística.

Mientras tanto, los escritores que se niegan a perder su identidad literaria y a renunciar a sus proyectos estéticos para formar parte de la cultura del camalote quedan prácticamente aislados de su contacto con el lector. Invisibles para el gran público. Abocados a la condición de inéditos o a la auto publicación, a menos que tengan la fortuna de entrar en los ajustados programas de los llamados pequeños editores independientes, estos autores, irónicamente llamados «de minorías», «de culto», «raros» y hasta «literarios», mientras elaboran trabajosamente sus obras, invierten gran parte de sus energías creadoras en tareas alimenticias que, en el mejor de los casos, se desarrollan en el territorio de la producción editorial.

Pero no debe suponerse que se trata de una conspiración, sino de una realidad en la que tanto autores como lectores son empujados a aceptar las reglas del establishment económico y a tomar por cierta e incontrovertible la falacia de la cultura del camalote y, dentro de ella, la de la literatura globalizada o en vías de globalización. En otras palabras, en el marco de una sociedad dominada por un economicismo fundamentalista que la ha reducido a mero espacio mercantil, los grandes grupos editoriales, como expresiones acabadas del sistema dominante en el plano de la actividad cultural, tienden por principio ideológico y necesidad comercial a homogeneizar la cultura, cuya expresión literaria es el estilo internacional. Un estilo que simboliza la depreciación del artista y la sustitución de la obra de arte por un simple objeto de consumo. Esto explica, por ejemplo, que muchos supongan que después del boom de la literatura hispanoamericana que consagró, entre otros, a autores como García Márquez y Vargas Llosa, no hayan surgido nuevos autores de verdadero peso. Pero tal suposición es infundada. América Latina, que en su reciente historia ha sufrido los terribles efectos de la deuda internacional, las dictaduras y los ajustes económicos de corte monetarista, se presenta en el siglo XXI como un soberbio mercado, cuyo control se disputan no sin ferocidad las fuerzas económicas de Estados Unidos y la Unión Europea. Como consecuencia de esta situación y frente a la debilidad o permeabilidad de los medios locales, los principales grupos editoriales europeos a través de sellos españoles han tomado posiciones en el continente y emprendido una política de armonización lingüística y homogeneización cultural en el diverso ámbito que dominan. En este contexto, la narrativa hispanoamericana o iberoamericana sigue viva y creativamente activa, pero las tendencias que afloran indican que no escapa  al influjo de las estrategias mercadotécnicas y al adocenamiento intelectual y del gusto popular sancionado por la cultura del camalote como correlato del nuevo orden económico mundial.

No obstante, es razonable suponer que esta situación de hegemonía materialista que ha consagrado los desequilibrios sociales, la homogeneización cultural y la sobrevaloración científico-tecnológica no se prolongará durante mucho tiempo más y que la inteligencia, sensibilidad e instinto de supervivencia humanos activarán las fuerzas correctoras de un modo de vida que parece abocar la civilización a su colapso.

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LA CLOSERIE DES LILAS | EDICIÓN 2ª (JUNIO 2019)

ÍNDICE DE AUTORES

Evaristo Cadenas

Francisco Delgado-Iribarren Cruz

Ana Galán

Ana García Briones

Ana Garrido

Enrique Gracia Trinidad

Alfredo Piquer

Antonio Tello

* Haz click en el nombre de los autores para ver sus poemas!

Evaristo Cadenas

Villaquejida (León) 1950. Estudia Bachillerato en Villablino y Magisterio en León. Viene a Madrid en 1973. Empieza a escribir poesía y relatos de forma habitual en 2001. Ha colaborado, como tertuliano y presentador, en programas de radio y televisión en emisoras locales.

Le han publicado poemas, relatos, y dibujos en diferentes revistas literarias y libros de poesía colectivos. Algunos de sus micro relatos han sido leídos en el programa “Todos somos sospechosos” de Radio 3 de R. N. E. Es miembro de la Junta Directiva de Versos Pintados del Café Gijón y de la tertulia Aula de Encuentros del Círculo de Bellas Artes. Finalista del Premio de Poesía del C. B. A., en 2006, un premio de micro relato en Radio 3 de R. N. E. y el 30 de Noviembre de 2011 le han concedido el XII Premio de Poesía del C. B. A.

Escribe artículos sobre cine, cuando el tiempo se lo permite, en la revista digital Proverso, dirigida por la poeta Inma J. Ferrero. Desde Octubre 2016 dirige y coordina la Tertulia Poética y Literaria de Retiro “Poesía y amigos en Pacífico”, en el Centro Sociocultural Clara Campoamor.

NUDO EN LA GARGANTA

Soy el que comienza a no existir
y el que solloza todavía.
Antonio Gamoneda

Pocas veces me habréis oído hablar del mar.
En mi paisaje de nacimiento las únicas olas
eran las de las cebadas junto a los tesos.
El cimbrear de los tallos
humedecía los ojos de las espigas.

Mi madre me ponía el abrigo viejo
para acostarme bajo la encina
mientras segaba la mies con la hoz.
Dormía entre la hojarasca
habitado de sueños con cuchillos
que asesinaban insectos para los pájaros.

Pocas veces hablo del mar.
A las cinco de la tarde continuaba
el trabajo en la era, y la trilla
esparcía esporas de insolación.
Cuídate, hijo, de la fiera
que acecha tras las parvas.

Nunca hablo del mar.
Mis manos cogen la herramienta
con la que domesticar a la bestia del frío
que corrompe la serenidad de la nieve.
Mi madre hervía una sopa
en la cocina de carbón. Toma hijo, no llores.

¿Para qué hablar de lo que no sé?
Aquí, a la brigada de los hondones,
me encuentro a salvo del huracán
y de la noche en la que aúllan los perros.
No existo más allá de la memoria,
y mi madre hace mucho que murió.

Me he propuesto invertir en ángeles guardianes
que vigilen éste inhóspito nudo en la garganta.

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Francisco Delgado-Iribarren Cruz

Nació en Valencia en 1985, aunque desde los 2 años vive en Madrid con su familia. Su pasión por la Literatura empieza desde muy niño, devorando los libros de Los Cinco, los clásicos de aventuras y las colecciones del Barco de Vapor. Durante muchos años lee todo lo que se le pone a la vista: periódicos, revistas, libros de entretenimiento y libros de estudio. Sus autores preferidos son Arturo Pérez-Reverte, Gabriel García Márquez y Camilo José Cela, entre otros. Desde los 16 años empieza a escribir algunos poemas, epigramas, palíndromos y más tarde greguerías. Es licenciado en Derecho y diplomado en Relaciones Internacionales por la Universidad Pontificia Comillas (ICADE), donde también hizo dos cursos de Administración y Dirección de Empresas. Durante esta etapa colabora en la revista universitaria Glasnost, con artículos y poemas que encuentran una gran acogida entre la comunidad universitaria.

Francisco ha publicado un total de 9 libros, todos ellos con la Editorial Círculo Rojo: Artes Marciales (2011), Ficcionario (2011), Versos dispersos (2012), Viaja a Santa Fe (2015), Tiempos difíciles (2016), La gran boda medieval de Sébastien y Camille (2016), Namasté Katmandú (2017), El crimen de Archidona (2018) y 35 días en Tailandia (2018).

SIN TI

Sin ti te estoy pensando a todas horas,
te elevo a las regiones más etéreas,
te mezo, subo y bajo y doy la vuelta,
te sueño del ocaso hasta la aurora…

Sin ti te estoy penando sin descanso,
te llevo en los bombeos de mi sangre,
te siento en huesos, alma, mente y carne,
te busco entre las palmas de mis manos…

Sin ti vuelco hacia ti toda mi vida,
y te convierto en una obra de arte.
Sin ti yo sólo vivo para amarte.
Contigo… Yo no sé lo que te haría.

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Ana Galán

Ana Galán Vigo nació en A Coruña. Licenciada en Psicología y Diplomada en Magisterio ha dedicado toda su vida profesional a la enseñanza, como maestra en E. Primaria y como orientadora en la E. Secundaria. Es autora de los poemarios Celdas de luz (2014), Detrás de la sonrisa (2016), Desnudez del hilo (2018) con la editorial Lastura. Tiene poemas editados en varias antologías y en revistas como Calicanto, Piedra del Molino, Álora, Cuadernos del Matemático, Luces y Sombras, Frontera D, La hoja azul en blanco… Premio Círculo de Bellas Artes 2015 y finalista en el premio Soledad Escassi del CBA 2015. Ha participado en numerosos recitales y certámenes poéticos y desde el año 2006 frecuenta tertulias como, Taller de Enrique Gracia Trinidad, Gerardo Diego (Café de Oriente) y el Aula de encuentros del Círculo de Bellas Artes donde continúa. Ha dirigido el programa semanal de poesía Contrapartida en Radio Círculo.

http://anagalan2.blogspot.com/

A VELA

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años…

Konstantin Kavafis

La vida es un velero en alta mar.
Crecerás siendo tú mismo
si de esa isla no pierdes la visión.
Es necesario audaz sabiduría:
cuándo ir a toda vela,
cuándo el placer del agua.

Tensar cabos no es fácil,
debes atar y desatar sin miedo.
Tal vez se rompan contra ti,
la piel abierta,
sin nada que cubra la herida.
Sal y sol formarán cicatriz en el olvido.

Ordena cada rumbo,
capea temporales
resistiendo a la furia de las olas.
Que no te importen los naufragios,
el reto es continuar con otras velas,
que los astros alarguen tu destino.

Mas si nunca alcanzaras Ítaca
tenla siempre en el corazón.
Y no lo dudes,
recoge en el cuaderno de bitácora
el prodigioso hilo azul,
marino de experiencias.
Desnuda tu palabra ante el papel.

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Ana García Briones

Natural de Baños de la Encina ( Jaén ) dónde transcurre su infancia entre calles de piedra y el olor a geranios y lilas de los patios de sus abuelas , lo recuerda como un lluvia fresca que baña todos sus anhelos. Actualmente reside en Linares (Jaén).

Tiene publicados los libros Partos de luz, Anida en mi ser y junto al poeta de Huelva Pedro Javier Martín Pedrós Violines sin música. Sus versos han sido incluidos en diferentes antologías, colabora en blogs y revistas literarias, así como en distintos proyectos solidarios. Es coordinadora del blog literario Siempre Poesía.

http://ana-siemprepoesia.blogspot.com.es/

Para Ana la expresión SIEMPRE POESÍA es un llamamiento a estar siempre vivos , a no quedarnos indiferentes ante la belleza que pasa delante nuestra , ante el sufrimiento o ante los interrogantes en la búsqueda de nosotros mismos. Es un llamamiento a abrir el corazón, a sentir ese relámpago que nos estremece. Por eso cree que es necesaria compartirla y tenerla presente en nuestro día a día.

DAME TU VOZ

Ayer soñé contigo
y tu sonrisa era amplia
como las alas de un pájaro.
Tú creías que la vida
era otra cosa,
pero una nace a veces así, torpe
y todo cuanto toca
se va convirtiendo en cenizas.
A veces, es tarde para rectificar toda una vida
y no acostumbrarse a envejecer
detrás de los cristales.
Yo te dije que apenas ayer mismo,
eras una muchacha
con calcetines blancos
y hoy, te miras al espejo
encogida de hombros,
avanzando insegura entre las sombras.
Levanta tu mirada
y respira toda el agua del cielo,
recuerda siempre la primavera en las calles
el perfume de los besos, a cada paso.
No te quedes desnuda como el desierto.
Dame tu voz
que es mi propia voz,
el canto de un ave aturdida, cruzando el aire
consumida de sueños y tristeza.

¿EN QUÉ PAISAJE RESPIRAN LOS SUEÑOS?

¿En qué paisaje
respiran los sueños?

Un cielo sin aves
es parecido
a una tristeza
en los ojos,
a un poeta sin tinta
arrastrado a la dimensión
de los cuerdos.
No te quedes como
un árbol sin hojas,
sin viento,
ausente de brotes,
como una carta
sin noticias dulces,
como una ausencia de aire
en la sangre.
Allí, en los silencios del alma,
escucha la música
que cantan las estrellas.

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Ana Garrido

Actualmente preside a la Asociación Literaria Verbo Azul, desde la que realiza una constante labor de difusión de la poesía como forma de vida, como afirmación de la propia existencia, y codirige junto a Juan José Alcolea su revista “La hoja azul en blanco”. Su obra literaria se ha visto reconocida en varios certámenes entre los que podemos destacar las XLIII Justas Poéticas de la Ciudad de Dueñas (Palencia), el XVI Concurso Internacional de Poesía “Palomar Teresiano de Gotarrendura” (Ávila), el Premio de Poesía “Pedro Marcelino Quintana” de Arucas (Gran Canaria) por el poemario “Traigo en vilo los ojos y las ganas”, el XXI Premio Nacional de Poesía “Poeta Mario López” de Bujalance (Córdoba) por el poemario “Noticia del Asombro”, el XVI Premio Internacional de Poesía “Luis Feria” de la Universidad de la Laguna. el Premio “Flor de Jara” de la Diputación de Cáceres, en su edición de 2017, por “Acaso el espejismo” o el Premio Barcarola de Poesía 2018, por “El ruido transparente”. De corte fundamentalmente intimista, reflexivo, su poesía ha evolucionado hacia la esencialidad, hacia la búsqueda del conocimiento exterior en la indagación de la propia identidad.

LLEGARON DE LA LUZ

LLEGARON DE LA LUZ, desposeídos
de su antiguo lenguaje.
Consagraron las piedras al abrigo del día.

Desoyeron los gritos de los héroes.

En un claro del bosque escogieron la noche
y un lugar junto al fuego.

En esta tierra triste
anterior a la tierra,

se reúnen a veces para rezar a solas.

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Enrique Gracia Trinidad

(Madrid, España, 1950). Autor de más de cuarenta publicaciones, veintiséis de ellas de poesía. Muestras de su obra han sido traducidas a nueve idiomas y figura en antologías o publicaciones de quince países.

Tiene en su haber una docena de reconocimientos literarios por distintos libros, además del Vicente Gerbasi por el conjunto de su obra.

Se dedica a la divulgación cultural (conferencias, cursos, talleres literarios teatro de voz, recitales, radio, etc.). Biografía completa en wikipedia.

HABRÁ QUE TRABAJAR
(Homenaje a Gabriel Celaya)

Era un arma cargada de futuro, pero ahora no es más que un tirachinas, una honda con poca precisión, una regla de escuela convertida en espada, una simple correa con vocación de látigo y el palo de una escoba que quisiera ser lanza.

Era el aire que a veces respiramos, pero ahora se asfixia, tose y respira con dificultad, enferma del pulmón de su conciencia, fatigada y a punto del desahucio.

Era tan necesaria como el pan de cada día, pero la han puesto a régimen sin gluten, medio vegetariana y medio torpe, ni maneja el cuchillo ni rebaña la salsa; siempre se queda hambrienta y sin consuelo.

Fue poesía-herramienta y ahora sirve de poco, lujo sin trabajar en los aceros, cultural vanidad, torpe grito con muy poco futuro, que ni mira de frente ni dice las terribles y bárbaras verdades.

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Alfredo Piquer

Madrid 1951. Licenciado en Filosofía y Letras, especialidad de Historia Antigua, en la U.C.M., Graduado en Artes Aplicadas y Oficios Artísticos (Escuela nº 10 Madrid), en 1985. En 1998 obtiene el grado de Doctor en Bellas Artes por la U.C.M. Desde 1985 y hasta 1999 ha sido profesor numerario de las Escuelas de Artes Aplicadas. Desde 1999 y hasta la actualidad es ‘Profesor Titular de Universidad’ de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Realiza numerosas exposiciones individuales y colectivas nacionales e internacionales de su obra plástica y obtiene diversos premios. Es desde 2005 Coordinador del Grupo de Poesía del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Organiza y coordina numerosos recitales, así como programas de radio en el Círculo de Bellas Artes. También varios recitales en la red de Bibliotecas de la Comunidad. Desde 2011 y hasta 2016 ha organizado, coordinado y presentado el Ciclo de poesía y música ODISEA en “Libertad 8” en Madrid. Ha publicado sus poemas en varias Antologías y revistas literarias. Asimismo ha realizado lecturas individuales en diversos ámbitos poéticos como la Tertulia Rafael Montesinos, la Asociación Prometeo, la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, etc. En 2002 fue Premio de Poesía del Círculo de Bellas Artes y en 2010 finalista del “Ciudad de Mérida”. En 2009 publica el poemario «Paleografías», y en 2012 publica «Mar sobre este altar», ambos de Ediciones Vitruvio; También en 2012 publica «Memoria de Naufragios» de Legados (Netwriters) Ed. En 2016 publica “Tu oscuro nombre” en Ed. “Cuadernos del Laberinto”. En 2017 edita “Circe” y “Museo”, ambos en “Línea de Sombra” Ediciones.

MÁS ANTIGUA TODAVÍA TU BELLEZA EXTRAÑA…

“Dime, dime el secreto de tu corazón virgen,
Dime el secreto de tu cuerpo bajo tierra…”

Vicente Aleixandre

“Pero quien sabría por dónde entrar en su corazón”
Saint John Perse

«Ojalá que la espera no desgaste mis sueños»
Marilyn Monrae

Más antigua todavía tu belleza extraña
tu belleza triste, oh gacela, oh torre,
tu única mirada que contempla el vacío,
la eternidad oscura de tus ojos
sobre las tristes sábanas y la inyección letal
en tus venas azules.
Te he visto fugazmente, cercenado pájaro
del olvido; los flashes de las cámaras
disparando sus efímeras luces
cada vez que apareces. Te he visto
asesinada sobre un lecho de sábanas
revueltas en el apartamento de Manhatan.
No te toca el viento ni la lluvia
sino el ardiente hálito del dios único
que calcina la arena azul en el poniente
donde la carne espera la nueva luz del día;
sino el amor y el fuego del desierto y el légamo del río
y la frescura de la brisa que sopla entre las cañas
de papiro. Hembra sagrada, mujer, triste tu pecho,
triste e invisible tu sexo, que aún suenan como arpas
y sistros. Triste tu piel, que el lino transparente
proclama como olas en el silencio de la orilla.
Pero se alzan jubilosos los ibis y los ánades
cuando acaso transita sobre el agua
la germinal llamada de tu pasión sin límite
y se detiene el disco del sol en su transcurso
y derrama sus manos infinitas;
¡Si el mismo rey envidia tu pecho, y tu piel
y tu sexo, quizá oscuro, como la historia
mítica y milenaria de tu nombre.
En tu mirada, a un lado, el tiempo y el vacío
la lóbrega ebriedad imparable de los días
como el sacral silencio de lo eterno;
al otro la añoranza de un rio inacabable,
de una patria lejana y lacerada.
Quizá quieras volver a casa, tan lejos
en esa oscuridad donde las voces bárbaras
de ignominiosos guardias y esta bruma, esta lluvia,
aherrojan tu libertad ardiente de hembra regia
y el asesino a sueldo de la CIA o el FBI
confiesa el crimen execrable en su lecho de muerte
cuando ya ha prescrito y nada le amenaza.
Dime dónde descansa tu cuerpo embalsamado
resérvame un lugar a tu lado en la tumba
oculta en otra tumba en Westwood Village,
bajo la arena de poniente donde yaces.
Reina de todas las reinas de la tierra,
navío de la luz, bella esposa del tiempo.
No pueden las palabras describir la inocencia
ni tu ausencia absoluta, la beldad terrible
de la muerte. El oro de tu piel y el escondido brillo
de tu secreto persistente amor, ya transgredidas
todas las falsas puertas, ya quebrada la arcilla
con el sello que guardaba tu nombre por los siglos.
Madre admirable, purísima belleza
poderosa, clemente, torre de oro,
y lapislázuli, vaso fiel de placer, tú luminaria
del alba, casa digna de veneración,
inspiración de todos los escribas,
vencedora de la Duat y del Amenti
inmarcesible símbolo de Manhatan,
rubia solar, princesa de Mittani
¡Oh Norma Jean , Nefer, silente herida en Hollywood
en Brooklyn y El Amarna, tú la más bella
entre todas las bellas!

(Alfredo Piquer. Museo. 2016)

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Antonio Tello

Poeta, narrador y ensayista. En 1975, dos años después publicar El día en que el pueblo reventó de angustia, que lo revela como uno de los creadores más originales de la literatura argentina del interior, se exilia con su familia a París y luego a Barcelona, tras ser amenazado de muerte por la Alianza Anticomunista Argentina.

En España desarrolla casi toda su obra literaria. Su poesía – Conjeturas acerca del tiempo el amor y otras apariencias, Sílabas de arena, Nadadores de altura, O las estaciones, Lecciones de tiempo, En la noche yerma, etc.- es valorada por la musicalidad, la precisión y su hondura metafísica. Igualmente ha experimentado con la Poesía visual, serie de imágenes que Unaria Ediciones publicó en 2013 en una edición numerada.

En diciembre de 2015, el Gobierno de Córdoba (Argentina) le concedió el Premio Reconocimiento al Mérito Artístico por el conjunto de su obra y su defensa de la libertad de conciencia y de los derechos de autor. Actualmente es Coordinador del Área de Literatura y Pensamiento de la Agencia Córdoba Cultura y Director del suplemento cultural El Corredor Mediterráneo.

ASTEROIDES

Un niño llama con su lengua sucia, me llama
y lo sigo, camino tras él, amigo, voy tras
él por montañas y hondonadas de basura,
pisando la inmundicia, cruzando riachuelos
corrompidos.
En el cielo de los desdichados
no hay cometas. En el cielo de los desdichados
los ángeles planean en círculo como algunos
pájaros. La noche capital. El tiempo quieto.
Ya no vivo aquí, no puedo seguirte, le digo,
creo decirle, pero lo sigo y desde la cima
descubro la ciudad, la nación que generales
y gerentes crearon en el basural, guardada
por cancerberos albinos.
Me hablas con tu lengua
viciada. Sé que la visión te duele, amigo,
insistes, y, aunque ya no viva aquí, te sigo,
no puedo irme, todavía sigo en este lugar,
cerca de ti, donde late el dolor.
El dolor es
real, me dijiste cuando los perros nos mordieron.
Me hiero para sentir, pero el dolor ya murió.
Está muerto. La luz se apaga, amigo. Veo la
oscuridad. He esperado, quizás aún espero,
pero ahora, llegado el momento, pregunto
¿queda algo ? ¿además del dolor queda algo?


Una nota suena en el aire y la luz del alba
empuja la noche hacia su derrota.
Nada, nadie, dirá, podrá decir, que el día
no sucedió, que la existencia es un
espejismo o el sueño de un extraño.
No hay moral ni inteligencia en el existir.
La razón, acaso la única razón
del día, ajena a toda justicia, es
aproximar el hombre, esa pulsión de
sangre en el corazón de las sombras,
al latido y la visión de la eternidad.
La violencia, el hambre, el destierro y
el amor, todo ocurre en el día y al fin,
una nota tiembla en el aire, la luz decae,
la tarde se agota y el sol, con un rubor
de sombras, deja en el horizonte
la arrebolada estela de su naufragio.

….
sabrás, amigo, que la sangre llegará
al ocaso y a esa playa, donde boquean
los peces que alguna vez fueron hombres,
habitantes de las ciudades, pecios de
civilización hundidos en el fondo
de mares hace tiempo muertos.
Entonces,
volcarás el vino en la mesa, sobre
la espalda tus sueños cargarás y huirás
del dolor. Marcharás. Te irás. Caminarás
hasta que al atardecer de un día cualquiera
mirarás atrás y, flotando en el polvo,
antes de que el aire o la última luz del
día se los lleve, verás el temblor de los
espejismos.
En ese instante, hermano,
en la greda del camino también verás
más breves y hondas tus huellas, aunque la
bolsa de los sueños ya esté vacía.

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LA DEGENERACIÓN DEL DISCURSO POLÍTICO

Por Antonio Tello


El malestar de la cultura, frase con la que Sigmund Freud tituló un interesante opúsculo, es hoy, fundamentalmente, el malestar de una ciudadanía incomunicada y excluida de una verdadera acción política. Tal aislamiento se alimenta de la gran confusión del pensamiento y del proceso de alienación social ejercida desde los centros de poder para establecer un amplio control y hegemonía sobre la clase trabajadora.

El italiano Antonio Gramsci al enunciar su teoría de la hegemonía política describió cómo “la clase dominante utiliza el poder económico y ejerce el control del aparato ideológico del Estado para dar la apariencia de consenso civil y evitar o atenuar la necesidad de coerción  física que caracteriza a la dictadura. De modo que hemos de inferir que la democracia, adulterada por los intereses, sería el sistema ideal para ejercer dicho control y hegemonía de forma “natural”.

Hemos de entender que la “hegemonía no es algo estático sino un proceso dinámico de experiencias, relaciones y actividades cambiantes, que es permanentemente renovado y modificado por la clase dominante para hacer frente y asimilar las acciones que atentan contra ella. En este sentido, la hegemonía comprende las relaciones de dominación y subordinación asimiladas como conciencia práctica que afecta no sólo a la acción política y económica sino a todos los órdenes de la actividad humana”.  De modo que el dominio de las clases dominantes sobre las subordinadas no procede tanto en la violencia explícita que aquéllas pueden ejercer desde el Estado, como de la hegemonía del poder cultural. Este poder cultural se ejerce a través del sistema educativo, las organizaciones religiosas y los medios de comunicación para sancionar y naturalizar la supremacía intelectual y moral de las clases dominantes y neutralizar hasta la posibilidad de cualquier forma de rebelión contra el poder establecido.

Desde su nacimiento en el siglo XIX, los medios de comunicación de masas se constituyeron en el principal vehículo de las políticas hegemónicas. Sin embargo, fue a partir de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, a partir de 1962, con el lanzamiento del “Telstar”, el primer satélite de comunicaciones, que la influencia de los medios se hizo global. Veintiocho años más tarde fue el uso público de internet y la WWW (World, Wide, Web), un fondo de documentación informático, lo que permitió un nuevo salto cualitativo. Para entonces, en este soberbio proceso, los medios de comunicación de masas ya habían desplazado del mensaje la importancia de los contenidos en favor de las formas, fenómeno que Marshall McLuhan enunció con la frase –título a su vez del libro publicado en 1969- “el medio es el mensaje”.

La influencia de los medios sobre las masas y su capacidad para modelar la opinión pública se reveló también como un poderoso factor de control y condicionamiento de la acción de gobierno y del discurso de los políticos, que tendió a ser más simple y esquemático al mismo tiempo que el discurso económico ocupaba el espacio central y se valía de su complejidad técnica para excluir al ciudadano de la comprensión de la realidad y, consecuentemente, invalidarlo para la actividad política.

Esta situación no sólo abrió la puerta del espacio político a los tecnócratas y mercaderes, que han ido desplazando a la mayoría de los políticos profesionales, sino que cambió y contaminó el modo de concebir la política como agente de gestión del bienestar ciudadano. Fruto de esta contaminación es que ahora la clase dirigente farfulla una jerga degradada por los tópicos y la simpleza; una jerga vaciada de argumentos razonables que se vale de frases hechas, eslóganes sin contenidos, insultos y descalificaciones al adversario que apelan a la visceralidad y al instinto de las masas antes que a la inteligencia de los individuos.

El motivo por el que esta tendencia hacia un lenguaje primario y elemental se haya incrementado en la última década es, según recientes estudios sociológicos, la preferencia de las mayorías sociales a oír de los políticos mensajes comprensibles y directos. Investigadores de las universidades de Princeton y Texas afirman que las tendencias observadas en su investigación “sugieren que los votantes se siente atraídos por líderes políticos que convierten problemas complejos y difíciles en fáciles de entender con respuestas intuitivas y seguras”. Esto explica que personajes de lengua torpe y primaria, incapaces de distinguir el Estado de la empresa de la que provienen, hayan accedido a los gobiernos de los países, convirtiéndolos en escenarios de sus fantasías y de sus falsedades.

Mientras tanto los ciudadanos, bloqueado su pensamiento y secuestrada su imaginación, se ven impotentes para entender y participar activamente en beneficio de la comunidad.


Las citas corresponden a “Diccionario político. Voces y locuciones”, Antonio Tello – Viejo Topo, Barcelona, 2012.

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LA ARMADURA ÉTICA DE DON QUIJOTE

Por Antonio Tello


Lo que hace genuina una obra de arte, cualquiera sea su lenguaje, es la densidad con que recrea la realidad del mundo. Una realidad cuyos matices y registros son percibidos según la sensibilidad, lucidez o capacidad de reflexión de cada uno.

Este es el caso de El Quijote y lo que explica que cada uno de nosotros vea cosas que, muy probablemente Cervantes ni se planteó a la hora de escribir. Al menos, no de una manera deliberada. Hasta puedo imaginarme a Francisco Robles, su editor, viendo sus inútiles afanes con la literatura teatral, diciéndole: «Miguel, escríbeme un libro cómico, que guste a la gente, un libro lleno de aventuras», y a Cervantes aceptando a regañadientes el reto y escribiendo, para ver qué pasaba, una primera y tímida aventura, una primera salida de su estrafalario héroe. Puedo imaginarme aquellos pocos folios circulando de mano en mano entre lectores de buen cuño y a éstos haciéndole a Cervantes sus pertinentes comentarios.

Pero seguramente Cervantes no necesitaba oír qué opinaban los otros de su pequeño relato para saber lo que tenía entre manos. Él era en principio lector inteligente y sagaz y, como tal, consciente de su talento narrativo. No en vano en el prólogo de sus Novelas ejemplares se jacta de ser «el primero que ha novelado en lengua castellana».

El material que tiene entre sus manos es pura realidad y lo que escribe, El Quijote, una novela realista, pero no en el sentido de crónica de lo evidente que la literatura española adoptará y que le supondrá una losa de la que hasta hoy no ha podido sacarse de encima. No, la realidad que aborda Cervantes en El Quijote es cuasi ontológica, pues trata del ser humano y su relación con el mundo que lo rodea.

La realidad que recrea está sometida a ojos de don Quijote a los caprichos de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y las vuelven según su gusto, y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos; y así eso que a ti te parece bacía de barbero me parece a mí el yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa», como le dice a Sancho.

Es así que, como bien precisa el profesor Martín de Riquer, en la primera salida, don Quijote es quien desdobla su personalidad y desfigura la realidad; en la segunda, son los demás quienes tratan de convencerle de que la realidad no es como él la ve, sino como la ven ellos, y en la tercera, es él quien la ve como se presenta y los demás quienes tratan de engañarle.

En cualquier caso se trata de una realidad trastocada e inestable; una realidad distorsionada por un discurso ideológico del poder que solapa la realidad cotidiana de los habitantes de la España central. Una realidad que no sólo empobrece y aliena a los seres humanos impidiéndoles su natural evolución cultural y progreso social, sino que traiciona los valores éticos fundamentales que han propiciado hasta entonces el desarrollo espiritual, científico y tecnológico de la civilización occidental.

Esta realidad o irrealidad ideológica que impone la Contrarreforma es el correlato de ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiere acordarse Cervantes; es este páramo empobrecido por los censores culturales y religiosos el lugar que habita don Alonso Quijano, el decadente hidalgo en quien don Quijote se encarnará como representación de unos valores éticos a los que las órdenes de caballería dieron sentido práctico, cuando la Iglesia tenía el patrimonio de la conciencia y de la fe en el contexto mítico de la Europa medieval. El principio evangelizador que había dado origen a las órdenes religiosas se prolonga en las órdenes de caballería. De aquí que fuesen los sacerdotes y no los reyes quienes originalmente armaban a los caballeros que salían a la conquista de Tierra Santa, o a luchar contra los musulmanes, con la promesa de indulgencias que les asegurarían la vida en el Paraíso.

Don Quijote, por tanto, no es un loco aunque lo parezca. Si acaso es una fantasía de carne y hueso que se revela a causa de la impostura de una patria de vaga geografía, donde sólo existen aldeas miserables, nobles perdidos en la meseta, delincuentes y falsarios; donde venteros aparecen como castellanos y prostitutas como doncellas; donde prevalecen la pobreza y la injusticia, los entuertos que él sale a desfacer reivindicando la vigencia de los valores esenciales. Unos valores que él representa y que han contribuido a forjar una realidad humana distinta que ahora sospecha oculta detrás de esa otra cambiante por «obra de los encantadores».

El camino del grial de don Quijote es el camino hacia esa otra realidad emergente. Un camino en cuyo transcurso se aboca a reparar injusticias, luchar contra monstruos que son máquinas y destruir falsos personajes y títeres manejados por tramposos, aunque luego acepte indemnizarlos, como al titiritero Maese Pedro. Y en ese camino, el primer signo de genuina realidad que encuentra es la banda del catalán Roque Guinart, un bandolero verdadero, tan gentil como brutal, dueño de esa cínica caballerosidad urbana y laica, que caracteriza la realidad del Renacimiento que don Quijote va a descubrir en Barcelona.

En el horizonte de don Quijote y de Sancho, Barcelona aparece como algo palpable donde los encantamientos tienen el rango de trucos, como el de la cabeza cortada que habla, y los ciudadanos trabajan, pasean, se divierten y viven la angustia de la guerra. Aquí don Quijote escapa de la ficción, se humaniza y siente miedo por primera vez. No lo vemos, pero acaso se esconde o queda paralizado durante la escaramuza en el puerto, donde ve caer a su lado a dos soldados muertos. Es un Quijote de carne y hueso, que ve y huele la sangre y la muerte reales y no recreadas en la realidad ficticia que ha habitado hasta poco antes.

Barcelona aparece así como la concreción de una realidad práctica, vital, productiva y utilitaria, fruto de un pensamiento que pone al hombre como centro del universo y hacedor de su propio destino. Un pensamiento, el humanista, que se opone a la concepción divina de la realidad que defiende la Contrarreforma, que tiene uno de sus grandes baluartes en la España católica, en la Castilla mesetaria, «ese lugar de la Mancha» de cuyo nombre Cervantes no quiere acordarse. En el nuevo contexto social, don Quijote parece perder cuerpo y presencia; parece diluirse en la nueva realidad mediterránea y es entonces, en ese trance de aparente debilidad,  cuando se hacen presentes también en Barcelona las fuerzas que se oponen a su misión reivindicadora.

Don Quijote es desafiado por el Caballero de la Blanca Luna. Como en el pasado, el desafiamiento consiste en quitar la fe a alguien a modo de reparación por un daño infligido. En el espacio mítico del medioevo la existencia del individuo dependía de la fe y su derrota en duelo singular suponía aceptar la razón del vencedor, que era una forma de muerte cuando no la muerte misma.

– Insigne caballero y jamás como se debe alabado don Quijote de la Mancha, yo soy el Caballero de la Blanca Luna, cuyas inauditas hazañas quizás te le habrán traído a la memoria; vengo a contender contigo, y a probar la fuerza de tus brazos, en razón de hacerte conocer y confesar que mi dama, sea quien fuere, es sin comparación más hermosa que tu Dulcinea del Toboso; la cual verdad si tú la confiesas de llano en llano, excusarás tu muerte, y el trabajo que yo he de tomar en dártela; y si tú peleares y yo te venciere, no quiero otra satisfacción que dejando las armas y absteniéndote de buscar aventuras, te recojas y retires a tu lugar por tiempo de un año, donde has de vivir sin echar mano a la espada, en paz tranquila y en provechoso sosiego, por que así conviene al aumento de tu hacienda y a la salvación de tu alma; y si tú me vencieres, quedará a tu discreción mi cabeza, y serán tuyos los despojos de mis armas y caballo, y pasará a la tuya la fama de mis hazañas. Mira lo que te está mejor, y respóndeme luego, porque hoy todo el día traigo de término para despachar este negocio». (II, LXIV)

Don Quijote no rehúsa el combate y se enfrenta a la muerte «encomendándose al cielo de todo corazón y a su Dulcinea». El combate es breve y a la primera embestida don Quijote da con sus huesos en tierra. El vencedor le coloca la lanza en el cuello para que, a cambio de su vida, reniegue de la belleza de Dulcinea en favor de su dama de acuerdo con los términos del desafío.

– Vencido sois, caballero y aun muerto, si no confesáis las condiciones de nuestro desafío.

Don Quijote, molido y aturdido, sin alzarse la visera, como si hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma, dijo:

– Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra. (II, LXIV)

Este es sin duda uno de los momentos más bellos y emotivos del libro. Vencido en buena lid, don Quijote reconoce su derrota, pero no rinde su dignidad. En este momento sabe que la fidelidad a su amada es la columna vertebral de su existencia de caballero, que su palabra es su razón de ser, la armadura ética de todo hombre cualquiera sea la realidad que habite.

Por esto Don Quijote afronta la muerte sin renegar de los principios que defiende. Como Sócrates, que no acepta huir como le proponen sus amigos y bebe la cicuta; como Thomas Moro, que se niega a plegarse a los intereses de Enrique VIII de Inglaterra, porque la transgresión de las leyes conduce al caos, y es ejecutado por ello, don Quijote espera que la lanza le atraviese el cuello sabiendo que aquello que él encarna –la justicia, la honradez, la dignidad, el valor- trasciende la muerte. Lo que hasta entonces era una intuición, la visita a Barcelona se lo ha revelado casi como una certeza.

Las sociedades tradicionales – dice Alfred Weber- se modernizan cuando son capaces de desarrollar junto a los avances científicos y tecnológicos sus instituciones históricas, sus creencias y sus valores, porque son los valores morales y las conductas de las personas los que en definitiva marcan las tendencias del progreso, sin olvidar que al mismo tiempo los cambios tecnológicos, como los que en ese tiempo histórico se están produciendo, implican nuevos modelos de organización social.

Don Quijote parece comprender cuando siente la punta de la lanza en el cuello que, en un mundo donde la razón empieza su gobierno y se impone con la realidad de los hechos concretos, es el momento crucial en que su actitud debe servir para hacer visible tanto el anacronismo de todo encantamiento de la realidad como la vigencia de la integridad ética y el derecho humano al sueño y a la esperanza en el mundo de la razón. Con este gesto de alta dignidad don Quijote pone las cosas en su sitio antes de regresar al lugar que a él le corresponde.

Con la restauración del orden lógico y complejo de la realidad, don Quijote resulta tan poderoso e incómodo para quienes sólo aceptan la razón y el pragmatismo como única realidad, como para aquellos otros que viven en la impostura ideológica del pasado, como los Duques, el Cura y el Bachiller recurriendo al engaño, al disfraz y a la destrucción de las ideas contenidas en los libros que la imprenta ha empezado a popularizar. Por eso pienso que El Quijote es mucho más que la primera novela moderna; El Quijote es la primera alegoría de la modernidad que trata del radical tránsito desde el mundo mítico y deísta del medioevo al mundo racional y pagano – laico –  del Renacimiento.

Acabado el duelo con el Caballero de la Blanca Luna, la suerte del Caballero de la Triste Figura está echada y, vencido y «deslocado», es obligado a regresar a su aldea por su vencedor. También Sancho comprende con su pragmático sentido común que todo se ha acabado y que debe regresar junto a su amo a la aldea de la que partieron un anochecer ya lejano en el tiempo, pero no puede dejar de pensar que soñó y que ahora  «la luz de la gloria de sus hazañas escurecida, las esperanzas de sus nuevas promesas deshechas, como se deshace el humo en el viento».

Aunque abatido, don Quijote, por su parte comprende que la experiencia le ha servido para confirmar lo que ya sabía: para reconocerse en su verdadero ser, en la esencia de su identidad.

– Yo sé quien soy –respondió don Quijote-. y sé que puedo ser, no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama (I, 5). Dice en el temprano capítulo 5 de la primera parte.

Pero, aun así, aun sabiendo quien es, don Quijote convierte su regreso en una afirmación de su identidad y la de Sancho como vía necesaria para liberar definitivamente al viejo hidalgo de su encantamiento y, como representante de un pasado ya caduco, dejarlo morir en paz.

En su regreso a su patria innominada, Don Quijote no quiere dejar duda alguna acerca de quien y lo que es y, reconociendo la validez de otras realidades que, como la suya, están llenas de valores y falsedades, recurre a un personaje del Quijote apócrifo de Alonso de Avellaneda para dar fe de que él y Sancho son los personajes genuinos. Y Álvaro Tarfe, tal el personaje elegido, así lo declara y da fe ante un alcalde que encuentran en el camino de que esos que tiene ante él son los verdaderos don Quijote y Sancho y no los que él conoció en el otro libro.

A partir de ese momento, don Quijote empieza a deslocarse y, como en una película de Chaplin, a alejarse, a diluirse «como humo en el viento», para vivir eternamente en el imaginario como paladín de la justicia mientras deja el trance de la muerte al hombre de carne, a don Alonso Quijano.

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