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LA POESIA AI TEMPI DELLA PANDEMIA

Il Giaciglio Pensante

Di: Nicola Foti


Come vive, come prende vita la poesia al tempo della pandemia, della clausura delle persone nelle loro case, nei propri luoghi di lavoro, senza lo slancio delle carezze, degli abbracci, dei rapporti intimi? La poesia è, e sarà sempre inattuale, sorprenderà sempre quel suo carattere che sfugge ad ogni cronaca, ad ogni contingenza. Soprattutto, non sarà mai mestiere, o professione. Non sarà mai finalizzata ad ottenere uno scopo, a raggiungere un obiettivo, a mietere successo. Il poeta vero non vive di poesia, non mangia con la poesia, ma vive per servire la poesia, umile, docile suo adepto, vive per nutrirla, servo suo fedele, suo tormento e sua cura, sua malattia e suo rimedio. La narrativa, anche quella più fantasiosa, la saggistica, i reportages giornalistici hanno altri compiti, che la poesia non ha, non cerca, non vuole: la poesia è, e sarà sempre musica, soffio vitale e fuoco dell’anima. Non va capita in senso logico, non ha bisogno di comprensione in senso semantico, ma, come miele che avvolge e s’insinua nelle pieghe dell’anima, che scivola ora denso, ora etereo, deve essere simbolico, dev’essere metafora, surrealtà, metafisicamente oltre, altrimenti è manifesto, è proclama, è cronaca.

La poesia non è fatta di materia, ma fa della materia sogno. E così, per sempre, oltre i confini infiniti della mente.

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ALBERT CAMUS, EL DESERTOR DEL PARAÍSO

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero

Se yergue el gris como un plateado ovillo, que esparce su perfume entre las fachadas sombrías que daban cobijo al transeúnte. Yo vivo en este frío, en esta indiferencia que marca el ritmo de la soledad que avanza.

Sentada en el manto oscuro del rellano, acompasando la melancolía en el húmedo bostezo de una vela, alimento la tristeza línea a línea; palabra a palabra, mientras se mece en mis labios un nombre, una grafía que da sentido al silencio… Albert Camus.

(Mondovi, Argelia, 1913 – Villeblerin, Francia, 1960) Novelista, dramaturgo y ensayista francés. Nacido en el seno de una modesta familia de emigrantes franceses, su infancia y gran parte de su juventud transcurrieron en Argelia. Inteligente y disciplinado, empezó estudios de filosofía en la Universidad de Argel, que no pudo concluir debido a que enfermó de tuberculosis.

Formó entonces una compañía de teatro de aficionados que representaba obras clásicas ante un auditorio integrado por trabajadores. Luego ejerció como periodista durante un corto período de tiempo en un diario de la capital argelina, mientras viajaba intensamente por Europa. En 1939 publicó Bodas, conjunto de artículos que incluyen numerosas reflexiones inspiradas en sus lecturas y viajes. En 1940 marchó a París, donde pronto encontró trabajo como redactor en Paris-Soir.

Albert Camus empezó a ser conocido en 1942, cuando se publicaron su novela corta El extranjero, ambientada en Argelia, y el ensayo El mito de Sísifo, obras que se complementan y que reflejan la influencia que sobre él tuvo el existencialismo. Tal influjo se materializa en una visión del destino humano como absurdo, y su mejor exponente quizá sea el «extranjero» de su novela, incapaz de participar en las pasiones de los hombres y que vive incluso su propia desgracia desde una indiferencia absoluta, la misma, según Camus, que marca la naturaleza y el mundo.

Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial se implicó en los acontecimientos del momento: militó en la Resistencia y fue uno de los fundadores del periódico clandestino Combat, y de 1945 a 1947, su director y editorialista. Sus primeras obras de teatro, El malentendido y Calígula, prolongan esta línea de pensamiento que tanto debe al existencialismo, mientras los problemas que había planteado la guerra le inspiraron Cartas a un amigo alemán.

Su novela La peste (1947) supone un cierto cambio en su pensamiento: la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir se impone a la noción del absurdo. La peste es a la vez una obra realista y alegórica, una reconstrucción mítica de los sentimientos del hombre europeo de la posguerra, de sus terrores más agobiantes. El autor precisó su nueva perspectiva en otros escritos, como el ensayo El hombre en rebeldía (1951) y en relatos breves como La caída y El exilio y el reino, obras en que orientó su moral de la rebeldía hacia un ideal que salvara los más altos valores morales y espirituales, cuya necesidad le parece tanto más evidente cuanto mayor es su convicción del absurdo del mundo.

Si la concepción del mundo lo emparenta con el existencialismo de Jean-Paul Sartre y su definición del hombre como «pasión inútil», las relaciones entre ambos estuvieron marcadas por una agria polémica. Mientras Sartre lo acusaba de independencia de criterio, de estirilidad y de ineficacia, Camus tachaba de inmoral la vinculación política de aquél con el comunismo.

De gran interés es también su serie de crónicas periodísticas Actuelles. Tradujo al francés La devoción de la cruz, de Calderón de la Barca, y El caballero de Olmedo, de Lope de Vega. En 1963 se publicaron, con el título de Cuadernos, sus notas de diario escritas entre 1935 y 1942. Galardonado en 1957 con el Premio Nobel de Literatura, falleció en un accidente de automóvil.


FRAGMENTOS:

La felicidad es la mayor de las conquistas, la que hacemos contra el destino que se nos impone.«Cartas a un amigo alemán» (1948)

Todos los especialistas de la pasión nos lo dicen: no hay amor eterno si no es contrariado. No hay pasión sin lucha.«El mito de Sísifo» (1942)

Ningún hombre es hipócrita en sus placeres.«La caída» (1956)

Quizá no estaba seguro de lo que me interesaba realmente, pero en todo caso, estaba completamente seguro de lo que no me interesaba. Y, justamente, lo que él me decía no me interesaba.«El extranjero» (1942)

 En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio.«La peste» (1947)


Discurso y entrevista a Albert Camus, al recibir el Premio nobel de literatura 1957


BIBLIOGRAFÍA:
Wikipedia
Lecturalia
Muy interesante

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“CREMATORIO”, UNA NOVELA DE RAFAEL CHIRVES

Por: Evaristo Cadenas Redondo


A modo de biografía.

Dijo Edgar Allan Poe que a una persona, por un solo gesto, por un insignificante detalle, se le podría conocer mucho mejor que si se supiera su biografía.

No se puede entender el fondo de la obra de un escritor si no se conoce, al menos lo más destacado, de sus detalles, de sus gestos y si se dispone de su historia personal bien detallada muchísimo mejor. Nos parece de sumo interés unos mínimos apuntes biográficos sobre nuestro autor preferido de hoy:

Rafael Chirves nació el 27  de junio de 1949 en Tabernes de la Valldigna (Valencia), localidad marítima de 18.000 habitantes. Su padre, ferroviario, falleció cuando Rafael tenía cuatro años. Desde los ocho estudió en internados de huérfanos de ferroviarios, dirigidos por los Salesianos, en Avila, León, y Salamanca. Cuando tenía 16 años vino a Madrid, donde estudió Historia Moderna y Contemporánea. En 1969 se trasladó a París residiendo allí durante un año. También vivió en Marruecos (donde fue profesor de español), y en Barcelona, La Coruña y Extremadura. En el año 2000 regresó a Alicante (Dénia y Beniarbeig). Se dedicó a la crítica literaria durante algún tiempo y posteriormente a otras actividades periodísticas, como las reseñas gastronómicas (en la revista Sobremesa y Vino Selección; también  sobre este género para El País) y los relatos de viajes.

Rafael Chirves falleció a causa de un cáncer de pulmón el 15 de agosto de 2015 a la edad de 66 años.

Obra literaria de Rafael Chirves.

Novelas:

La primera novela que publicó Rafael Chirves fue “Mimoun” en el año 1988, fue Finalista del Premio Herralde. En 1991 publicó en Anagrama “En la lucha final“. También en Anagrama. “La buena letra” en 1992. Le siguen “Los disparos del cazador” en 1994, “La larga marcha” en 1996, “La caída de Madrid” en el año 2000, “Los viejos amigos” en 2003, “Crematorio” en 2007. Premio de la Crítica de narrativa castellana. “En la orilla” en 2013. Premio de la Crítica de narrativa castellana y Premio Nacional de Narrativa. En 20016, póstumamente, “París-Austelitz». Siempre publicó en la editorial Anagrama dirigida por Jorge Herralde.

Ensayos:

“Mediterráneos” en 1997, “El novelista perplejo” en 2002, “El viajero sedentario” en 2004 y “Por cuenta propia» Siempre en Anagrama, como ya dijimos.

Premios literarios:

Por sus primeras obras:

1988: Finalista del Premio Herralde por su primera novela, Mimoun.

1999: Premio alemán SWR-Bestenliste por La larga marcha.

2003: Premio Cálamo al libro del año por Los viejos amigos.

Por Crematorio:

2007: Premio de la Crítica de narrativa castellana (1º).

2007: Premio Cálamo al libro del año.

2008: Premio Dulce Chacón.

Por En la orilla:

2014: Premio de la Crítica de narrativa castellana (2º)

2014: Premio Nacional de Narrativa.

2014: Mejor libro en lengua española de 2013 según el diario El País7‌

2014: Premio Francisco Umbral al Libro del Año

2014: Finalista del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa

CREMATORIO

Rafael Chirbes, desde sus primeras novelas, fue conocido como escritor al que se le tenía en cuenta en los círculos literarios, avalado por prestigiosos premios recibidos. Recomendada la lectura de sus novelas por críticos, profesores de Literatura y en las Escuelas de Escritores. Su nombre, y su obra, saltaron, de forma explosiva, a la fama nacional e internacional cuando apareció publicada, en 2007, la novela Crematorio de la que vamos a hablar hoy.

Según Jorge Herralde, su editor, Chirbes era más conocido y gozaba de más prestigio en Alemania, por ejemplo, que en España. En Francia e Italia también le tienen como a uno de los grandes escritores españoles. Por supuesto fue traducido a casi todos los idiomas.

Crematorio, según palabras de su autor, aparentemente es una novela sobre la corrupción, la especulación inmobiliaria, la llamada cultura del pelotazo, el dinero negro, la droga, el sexo, el tráfico de capitales, ect., pero, dice Chirbes, es mucho más que eso, es una crítica de la España de nuestro tiempo actual, de la llamada, transición, y las otras décadas anteriores que llegan, retrocediendo, hasta todo el franquismo y su represión, impregnado con la rémora de la pos guerra. y la propia Guerra Civil. Es el reflejo real de lo que fue nuestra vida y de lo que es ahora. Y todo junto, en realidad se refiere a la soledad, al amor, a la familia, a la muerte, y en definitiva a la vida con su realidad tan real y dura, y a la vez, tan maravillosa. Esto de maravillosa se me ocurre a mi. Para Rafael Chirbes, en Crematorio, esa palabra no existe, porque todo es terrible.

El escritor Rafael Chirbes creó su propio territorio literario al igual que lo hicieron Gabriel García Márquez con Macondo, Juan Rulfo con Comala, Juan Benet con Región, Willian Faulkner con el suyo, etc. El universo literario de Chirbes está ambientado en el pueblo llamado Misent. Por sus paisajes, la costa, la playa, los rascacielos, los chiringuitos y marjales que describe con verdadera maestría de paisajista, podríamos pensar que se trata de Denia, Cullera e incluso Benidorm.

Crematorio es una novela dura, desagradable incluso, se puede decir que es una novela tan realista, y cruda, que produce sufrimiento. Las descripciones son tan detalladas que crean en el lector un efecto sinéstesico que, con frecuencia, está uno tentado de tirar la novela por la ventana o a la lumbre. Su dureza es casi insoportable, ya dije. Pero tiene la gran ventaja de que se trata de Literatura. Prosa bien escrita, sin posibilidad de poesía, de lírica, de dulzura. Se trata de realismo sucio, sórdido, trágico, realismo de Zola, de Balzac, de Dostoiewski, del primer Camilo José Cela de La familia de Pascual Duarte, o de San Camilo 1936. Para colmar el vaso de la desesperación, el autor no da tregua, escribe todo seguido, como si fuera a borbotones, a diluvios, automáticamente, ni un solo punto y aparte. Menos mal que para cada personaje, que son muchos, se detiene un poco y hace una parada para pasar a otro capitulo. Puedo asegurar que sentí repulsión. Pero, como se sabe, si uno quiere llegar a lo alto, donde está el castillo, no queda más remedio que subir la cuesta. Y merece la pena el sacrificio. Nunca se ha dicho que el Arte tuviera que ser fácil. Un buen libro, muchas veces, acarrea dificultad. Nuestro éxito consiste en superar esa dificultad para poder alcanzar la maestría del artista. Sin duda alguna Rafael Chirves fue un gran artesano de la mejor Literatura.

Decía Chirbes, en sus entrevistas, en conferencias y cosas así, que había empezado a leer con tres años y que cuando estaba estudiando, en internados, fuera de casa, su salvación fue la lectura, la música y el cine. Pues bien, en Crematorio nos encontramos con permanentes alusiones culturales. Habla de Montaigme y sus Ensayos, de gastronomía, de productos gourmet, de vinos, de champagnes, de cócteles, etc. Su experiencia bien documentada como crítico en la revista “Sobremesa”, sale a relucir a la mínima ocasión.

Sus personajes hablan sobre Arquitectura, Música Clásica, Opera, ectc. Menciona a Serrat, a Jaume Sisa, y su célebre canción que dice algo así: “Oh, benvinguts, passen, passen a la casa meva és casa nostra…”, Escúchenla, please. Deep Purple, Rolling Stones, David Bowie y la Velvet Underground, Los Beatles, por supuesto, y muchos más. Una curiosa alusión a la escritora austriaca Elfriede Selinek, ganadora del Nobel de Literatura en 2004. Dice el personaje: “Siniestras como esa tía tan rara que ganó el Nobel, la austriaca esa ¿Has visto que rara es? Gore. Los reyes de Suecia dándole la mano a esa tía tan rara con cara de novia de Drácula”. (novelista, poeta, dramaturga, ensayista, guionista, traductora y activista feminista. Autora de “La pianista“. Sabe tocar, órgano, piano, flauta dulce, guitarra y violín). La película “La pianista“, 2001. Guión basado en la novela de Elfriede Selineck protagonizada por Isabelle Huppert y dirigida por Michel Haneke. Hablando de escritores el propio Rafael Chirbes decía que era admirador del austriaco Thomas Bernhard, del que, oh! casualidad!, vamos a hablar en marzo.

Hay muchas semejanzas, coincidencias, con Bernardo Atxaga, por ejemplo: Chirbes también alude al cuento sobre el criado que huye de la muerte en Bagdad y la encuentra en Basora. (Procede de Las mil y una noches). También, como Atxaga, cita en cursiva y en francés.

Crematorio, está considerada como una de las mejores novelas de lo que va del siglo XXI. Es dura, fuerte, y recomendable como obra de imprescindible lectura, aunque solo sea para que nos enteremos de lo que es bueno en el sentido mejor de la expresión

En el año 2010 se hizo una serie de Televisión llamada Crematorio, que tuvo mucho éxito, protagonizada por Pepe Sancho, aunque no tenía nada que ver con el libro. Aquí queda la recomendación: Suban al castillo. Las vistas son maravillosas..

Postdata: También leí (antes había leído tres de las primeras) esta vez “En la orilla” la novela que sigue a Crematorio. Otra obra maestra de Chirves considerada la mejor novela de aquel año (2014) por El País. Hoy hace sol en la calle. Tenemos que seguir. E. C. R. 

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EL EXORCISTA: UN HITO EN LA HISTORIA DEL CINE

Por: Tomás Sánchez Rubio


El 2 de abril de 1974, en el Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles, se celebró la XLVI edición en la entrega de los premios Óscar a las obras cinematográficas estrenadas durante el año anterior. La ceremonia fue presentada por Diana Ross, John Huston, Burt Reynolds y David Niven. La protagonista de aquella velada fue la cinta El golpe, dirigida por George Roy Hill y con un reparto encabezado por Paul Newman y Robert Redford, tándem que ya había conocido el éxito con Dos hombres y un destino (1969), bajo las órdenes del mismo realizador. De las diez candidaturas a las que fue nominada, ganó siete, entre ellas la de mejor película.

Sin embargo, esa misma noche también se presentaba un filme con el mismo número de nominaciones, si bien los galardones se quedaron finalmente en dos: mejor guion adaptado y mejor sonido. Se trataba de El exorcista, dirigida por William Friedkin, realizador de éxito cuyo labor de dirección había sido premiada dos años antes por The French Connection, cinta protagonizada por Gene Hackman y Fernando Rey. El exorcista contaba con un interesante y solvente plantel de actores tanto principales como secundarios, si bien ninguno de ellos podía ser considerado “una estrella”. Se repartían los papeles protagonistas: Ellen Burstyn, en el papel de Chris MacNeil, madre de Regan; Jason Miller, también escritor, como el melancólico y angustiado padre Karras -personaje que había rechazado Stacy Keach-; Linda Blair, de tan solo catorce años, como Regan Macneil; y el versátil y prolífico actor sueco Max von Sidow, encarnando al exorcista, el sacerdote Lankester Merrin.

El argumento del filme puede resumirse en pocas líneas: Regan es una niña de doce años víctima de fenómenos paranormales que conllevan inquietantes cambios en su persona y la manifestación de una fuerza sobrehumana. Su madre, aterrorizada, tras someter a su hija a múltiples análisis médicos que no ofrecen ningún resultado, acude a un joven sacerdote de la Universidad de Georgetown con estudios de psiquiatría. Este se halla convencido de que el mal puede no ser físico, sino espiritual, es decir, que la niña es víctima de una posesión diabólica. Por ello, tras el correspondiente permiso eclesiástico y  con la ayuda de otro sacerdote, de más edad y con experiencia en ese campo, se dispone a  practicar un exorcismo.

La película se había estrenado en EE.UU y Cánada en plenas navidades -26 de diciembre- de 1973. En España lo haría el 1 de septiembre de 1975. Podemos calificar su éxito como rotundo, considerándose una de las pocas películas del género de terror en lograr una excelente acogida tanto de crítica como de público, hasta el extremo de convertirse en un clásico de la historia del cine, así como en un fenómeno cultural que ha acabado marcando a varias generaciones de espectadores a nivel internacional. El impacto del filme fue tal, que durante las primeras proyecciones numerosos espectadores sufrieron desmayos, ataques de llanto, crisis nerviosas; algunos sencillamente no fueron capaces de esperar al final para abandonar la sala…

Aparte de recibir un notable número de premios -entre los que se cuentan cuatro Globos de Oro-, en una encuesta realizada en 2008 -entre más de seis mil personas- por la prestigiosa compañía cinematográfica y musical británica HMV, El exorcista fue elegida como la mejor producción de terror de la historia, situándose por delante, en aquel momento, de El resplandor, de Stanley Kubrick, Halloween, de John Carpenter, y Pesadilla en Elm Street, de Wes Craven.

En el año 2000 la Warner Bros. Pictures reestrenó la película en formato remasterizado, siguiendo la moda en la industria del cine de aquellos años de realizar nuevos montajes con escenas no incluidas en la versión original. En verdad, estas no aportaban cambios significativos al desarrollo del filme. Las nuevas escenas incluían las primeras visitas de la Regan al hospital, o bien la famosa imagen de la niña bajando las escaleras de su casa a cuatro patas, a modo de araña, con la espalda curvada. También aparece la conversación entre los sacerdotes Karras y Merrin en la escalera de la casa de la familia MacNeill, así como una especie de epílogo, que ofrecía un nuevo final, en el que el teniente de policía Kinderman conversa con el padre Dyer sobre la dualidad del bien y del mal.

En nuestro país, Radio Nacional de España realizó el 30 de junio de 2010 una adaptación radiofónica de El Exorcista protagonizada por Fernando Huesca como el padre Karras, Miguel Rellán como Merrin, Elena Rivera como Regan MacNeil y la veterana Lourdes Guerras en el papel de la madre de esta. Dicha dramatización fue grabada en directo cara al público desde el Centro Cultural La Casa Encendida de Madrid, y emitida en RNE el 4 de julio del mismo año.

Como premisas del éxito de la película se han señalado, aparte de una serie de efectos visuales, novedosos en aquellos momentos, la austeridad y el realismo de la historia. Efectivamente, los hechos acaecen en una familia monoparental, pero cuyos miembros llevan una vida que podemos denominar “normal”. La irrupción de lo sobrenatural en la cotidianidad de unas personas que trabajan, estudian o se relacionan como tantos pobladores del planeta, provocará en los espectadores, como poco, un cierto desasosiego. Por otra parte, existe un acentuado componente de transgresión por cuanto los ataques a formas y ritos sagrados de la religión católica -y precisamente en un ámbito eclesiástico como es el entorno de la venerable Universidad jesuita de Georgetown-, son visibles y explícitos. La cinta ponía de manifiesto, del mismo modo, la dicotomía entre ciencia y laicismo contemporáneo por un lado, y formas de creencia y religiosidad aparentemente “superadas” en el siglo XX. El director de la cinta llegó a afirmar que se trataba de toda una «parábola del cristianismo, de la eterna lucha entre el bien y el mal…»

Por otro lado, tenemos el sentimiento de culpa permanente que siente uno de los protagonistas, quien, siendo sacerdote, lo hace asemejarse a la figura de esos detectives atormentados que suelen protagonizar las películas de asesinatos en serie. A este respecto, podríamos señalar que tales sentimientos de culpa, basados en unos objetivos profesionales o vocacionales que le apartan de supuestos deberes familiares, pueden ser compartidos por muchas personas de toda condición… Otros ingredientes para el interés y sensación despertadas por El exorcista podrían ser el contraste entre la inocencia de la niña, Regan, frente a sevicia del espíritu maligno; o bien la aparición del elemento arqueológico y legendario, siempre atractivo para buena parte del público.

Debemos tener en cuenta que, antes del lanzamiento de la película, nada como “aquello” había aparecido en la pantalla: hasta ese momento, el terror se limitaba a monstruos “tradicionales” como Drácula, Frankenstein, el Hombre Lobo o bien casas embrujadas y malditas. La posesión demoníaca no había sido aún explorada, y el éxito del filme dará lugar a una serie de secuelas -le siguieron una segunda y tercera parte- e imitaciones de desiguales calidad, enfoque y fortuna.

Por lo dicho anteriormente, no es de extrañar que la polémica acompañara al estreno y a la existencia misma de El exorcista. La filmación sufrió una serie de incidentes que hicieron coincidir su primera proyección con las fiestas navideñas. Desde un primer momento, muchos la catalogaron como una película blasfema que aprovechara las fiestas religiosas para “propagar la palabra del Maligno”. A este respecto, debemos tener en cuenta que no había pasado demasiado tiempo de los terribles asesinatos de personas inocentes perpetrados en California por parte de la llamada “Familia Manson”. No obstante, algunos de los miembros más influyentes de las Iglesias católica y presbiteriana  aplaudieron el filme por su “contribución a la propagación de un mensaje religioso positivo”. Recordemos que, al fin y al cabo, la cinta termina “bien”…

En cuanto a la fuente del argumento debemos recordar que la película se basa en la novela homónima de William Peter Blatty, y cuya lectura recomiendo por diversas razones, entre las cuales destaca la profundidad psicológica en el tratamiento de los personajes. Precisamente fue el propio autor del libro quien adaptó el guion para la versión cinematográfica, ganando, como hemos señalado más arriba, el Óscar en tal categoría.

Blatty, había nacido en Nueva York, el 7 de enero de 1928, y fallecido ese mismo mes, pero de 2017, en Bethesda. Tuvo cuatro hermanos, y estudió con los jesuitas, a quienes admiraba. De periodista pasó a escribir guiones de películas de éxito como El nuevo caso del inspector Clouseau (1964), dirigida por Blake Edwards y protagonizada por Peter Sellers.  Afirmaba que comenzó a escribir El exorcista en la década de 1950, tras leer sobre un caso real de posesión satánica que aquejó a una joven de catorce años de Maryland a finales de los 40. Blatty quedó tan impresionado con el fenómeno paranormal que investigó todo lo relacionado sobre posesiones satánicas.

Publicó el libro en 1971 en Estados Unidos, llegando a vender cerca de trece millones de ejemplares. El éxito de ventas no fue inmediato, sino que se debió sobre todo a la aparición del escritor en un programa de entrevistas muy popular en Estados Unidos, The Dick Cavett Show, donde llamaron a Blatty para sustituir a un invitado que se había puesto enfermo. En España se edita por primera vez en 1975 en la prestigiosa editorial Plaza & Janés, como primer título de la colección Manantial, dedicada a autores contemporáneos. Le siguieron en dicha colección novelas como Odessa, de Frederick Forsyth; Avenida del parque, 79, de Harold Robbins, o Banco –continuación de la afamada Papillon– de Henri Charrière. La portada era de la ilustradora Roser Muntañola, y la traducción se debía a la lingüista y profesora argentina Raquel Albornoz.

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ANTONIO GAMONEDA: LA POÉTICA DE LA OSCURIDAD COMO ORIGEN DE LA LUZ

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero

En algún momento el sol desciende sobre el perfil opuesto de nuestra sombra, y un líquido oscuro se remueve dentro, en lo más profundo, como presagio del abismo que nos aguarda… Entonces nos damos cuenta de que el crepúsculo ha llegado a nuestros labios y las palabras comienzan a marchitarse suavemente en su geografía de ceniza. Resurge aquí la poesía, adquiere vida la estrofa olvidada y los recuerdos se entrelazan entre los versos respirando como un animal herido que retoma su voz, a veces tan asenté… Es tiempo de Gamoneda, tiempo de perderse.

Antonio Gamoneda nació en Oviedo el 30 de mayo de 1931. A los dos años, y tras la muerte de su padre, se trasladó a León con su madre. Su formación intelectual fue básicamente autodidacta, aprendió a leer solo, fijándose en las letras del único libro que había en la biblioteca familiar de León, un volumen que se titulaba ‘Otra más alta vida’, firmado por su padre, un poeta de corte modernista.

Por su fecha de nacimiento se le ha relacionado con el llamado «grupo poético de los años 50» denominación dada por Juan García Hortelano. Este grupo también es conocido como “Generación del 50, del medio siglo o de los niños de la guerra”, denominaciones estas, que da la historia de la literatura española a la generación literaria de escritores nacidos en torno a los años 1920 y que publican en torno a los años 1950; superada la Guerra Civil, y considerados por lo tanto «hijos» de la misma. Entre sus miembros, podemos señalar Blas de Otero, Gabriel Celaya, Rafael Sánchez Ferlosio, entre otros. Como señaló el propio autor: «Mi tipología de escritor ha de ser la que pueda darse, partiendo de 1936, en la suma de unos componentes históricos y biográficos que son, más o menos, los siguientes: pobreza familiar, escasa escuela pública, y la contemplación inocente de la crueldad y la miseria moral de la guerra civil y la posguerra militarizada». Empezó a trabajar en 1945 como recadero en un banco, actividad que compaginó durante muchos años con estudios medios.

Aunque cronológicamente, como he señalado, podría pertenecer a la generación de los cincuenta, su obra ha permanecido alejada de cualquier tendencia poética. Lo autobiográfico envuelve toda su obra, pero esto no hace que sea una crónica de experiencias, ni un retrato objetivado de la realidad, sino que, Gamoneda a lo largo de toda su obra describe hechos donde se reviven sensaciones, detalles, en algunos casos fuera de contexto que evocan tiempos pasados, como una suerte de pincelada a la cual el pintor ha otorgado la libertad en referencia a las demás pinceladas del cuadro. Sus poemas, a modo de Orfeo, resurgen del interior, de la profundidad del sentimiento que revive a través de la palabra. Lo que propone en definitiva la poesía de Gamoneda no es mostrarnos la experiencia real, sino la experiencia vital, donde los hechos cobran la fuerza de la pértiga para adentrarse en las honduras del ser.

Gamoneda publicó sus primeros poemas en 1960, como los escritos en 1947 «Sublevación inmóvil». En 1977 aparece su obra Descripción de la mentira,  más tarde en 1979 publica León de la mirada, 1982 publica Blues castellano, 1986 Lápidas, 1987 Edad: (poesía 1947-1986), Libro del frío, 1992, Sección de la memoria, 1993, Poemas, 1996, Cuaderno de octubre, 1997, Pavana impura, 2000, Sólo luz: antología poética, 2000, Arden las pérdidas, 2003, La voz de Antonio Gamoneda, 2004, Reescritura, 2004, Cecilia, 2004, Esta luz : poesía reunida : (1947-2004), 2004, Antología poética, 2006, Visión del frío, 2007, en este mismo año también aparece Antología y voz.  Entre su obra también deja un espacio a la prosa, el ensayo, incluso colabora con artistas plásticos. Entre su prosa, Relación y fábula,1997, Descripción del frío, 2002, Un armario lleno de sombra, 2009. Ha escrito también numerosos ensayos y su obra ha sido traducida al francés, portugués, italiano, entre otros.

Su obra, de una fuerza excepcional, ha sido reconocida tardíamente como una de las grandes voces de la poesía española actual. Entre sus reconocimientos y premios pueden anotarse el Premio Castilla y León de las Letras (1985), el Premio Nacional de Poesía (1988), el Premio de la Crítica de Castilla y León en 2004, el Premio Cervantes, (2006), el Premio Reina Sofía de poesía Iberoamericana, 2006 el Premio Quijote en 2009, la Medalla de Oro de la ciudad de Pau, la Medalla de Plata del Principado de Asturias, el Premio “Leteo”, la Medalla de Oro de la Provincia de León y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes. Es Hijo Adoptivo de León y de Villafranca del Bierzo, y Doctor Honoris causa por la Universidad de León. En 2015, fue nombrado académico correspondiente en León de la Academia de Buenas Letras de Granada.

POEMAS:

Yo, sin ojos, te miro transparente.
En la música estás, de ella has nacido;
de este grito de luz, de este sonido
a mundo amado luminosamente.

Y yo escucho después —agua creciente—
a la música en ti: todo el latido,
todo el pulso del aire convertido
a tu belleza, a tu perfil viviente.

Tumba y madre recíproca, del canto
orientas a tus venas la agonía,
y tus ojos asumen su potencia.

Oh prisión de la luz, después de tanto,
ya veo en el silencio: la armonía
es tu cuerpo, tu amada consistencia.

(De Sublevación inmóvil, 1960)

AMOR

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

(De Blues castellano, 1961-966).

AQUELLO CÁLICES

¿Quién habla aún al corazón abrasado cuando la cobardía
ha puesto nombre a todas las cosas?

Silba el adverbio del pasado. El cobre silba en huesos
juveniles, pero es el día del invierno. Alguien
prepara grandes sábanas
y restablece la oquedad. Sólo hay sustancia en ti,
sustancia azul de desaparecidos.

Aquellos gritos. Y las banderas sobre nosotros.

Ah las banderas. Y los balcones incesantes: hierros
entre la luz, hierros más altos que la melancolía,
nuestro alimento.

Cae
la máscara de Dios: no había rostro.

¿Quién habla aún al corazón amarillo?

Soy el que ya comienza a no existir
y el que solloza todavía.

Es horrible ser dos inútilmente.

Edad, edad, tus venenosos líquidos.

Edad, edad, tus animales blancos.

(De Lápidas, 1986).

FRÍO DE LÍMITES

Huyen heridas por el amanecer, laten sobre las aguas y su blancura se
abre en ti: avefrías.

Viajan de lo visible a lo invisible. Ya
sólo hay invierno en las ramas inmóviles.

(De Libro del frío, 1992)

LA PRISIÓN TRANSPARENTE (frag.)

Estoy cansado.

Cansado de mí mismo; de mi enemistad conmigo mismo.
O de vivir, o de no
vivir, no
sé.

Hoy,
esta mañana, he
considerado lo que queda de mí:
apenas
una fatigada conciencia
y algunos inservibles
bártulos carnales.

Hoy,
algo más tarde, viendo,
desconociendo
mi rostro en el espejo: mis ojos inmóviles,
mi piel oxidada y la turbia
tempestad de
mis cabellos,
he
pronunciado una
sola sílaba:
No.

Una sílaba sola.

¿Qué es de mí?
¿Soy yo monosílabo,

únicamente
negación?

No
sé.

(De La prisión transparente, 2016).


BIBLIOGRAFÍA

Wikipedia

Instituto Cervantes

El placard

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PISSARRO, DECANO DEL IMPRESIONISMO: EL PINTOR DEL CARÁCTER ESENCIAL DE LAS COSAS.

El Atril

Por: Isabel Rezmo

Definido por Duret como el «pintor de la naturaleza rústica», Pisarro mostró preferencia por los temas relacionados con la vida natural y rural, casi siempre con campesinos dando un toque de humanidad a sus obras.

Se le conoce como uno de los «padres del impresionismo» y después neo-impresionista francés.  Como decano del impresionismo tuvo un importante papel de conciencia moral y guía artístico con un destacado papel como guía artístico de su época. Pintó la vida rural francesa, sobre todo los paisajes y las escenas en los que aparecían campesinos trabajando, pero también escenas urbanas en Montmartre. En París tuvo como discípulos a Paul Cézanne, Paul Gauguin, Jean Peské y Henri-Martin Lamotte.

Pissarro fue asimismo un teórico de la anarquía, y frecuentó con asiduidad a los pintores de la Nueva Atenas que pertenecían a ese movimiento. Compartió esa posición con Gauguin, con quien luego tuvo relaciones tensas.​

VIDA Y OBRA

Camille Pissarro nació el 10 de julio de 1830 en la isla de Saint Thomas en las Antillas, en ese entonces pertenecientes a Dinamarca, donde sus padres tenían una floreciente empresa de piezas para navíos en el puerto de Charlotte Amalie, por lo que tuvo la nacionalidad danesa, que conservó toda su vida.​

Hijo de Abraham Gabriel Pissarro, un judío sefardí de origen portugués con nacionalidad francesa y nacido en Burdeos, donde existía una importante comunidad de judíos portugueses. Su madre fue la dominicana Rachel Manzano-Pomié. En 1847, tras concluir parte de sus estudios en Francia, regresó a Saint Thomas para ayudar en el comercio de sus padres. En sus momentos libres se dedicaba a dibujar.​

Posteriormente abandonó su hogar debido a la oposición de sus padres a que se hiciera artista. Viajó a Venezuela (1852), acompañado de su maestro, el pintor danés Fritz Melbye.​ En Caracas y La Guaira se dedicó plenamente a la pintura, realizando paisajes y escenas de costumbres.

En 1855 se trasladó cerca de París, a la localidad de Passy.​ Allí asistió a la Escuela de Bellas Artes de marcado corte académico e influenciada por el estilo de pintores como Eugène Delacroix, Charles-François Daubigny y sobre todo Jean-Auguste-Dominique Ingres, donde lo marcaron Jean-François Millet por sus temas de la vida rural, por Gustave Courbet y su renuncia al pathos y a lo pintoresco, y por la libertad y la poesía de Jean-Baptiste Corot.​ trabajó en el taller de Anton Melbye, hermano mayor de Fritz, pintó paisajes de la comuna de Montmorency.

Entre 1859 y 1861, frecuentó diversas academias, entre ellas la del padre Suisse, donde conoce a Claude Monet, Ludovic Piette, Armand Guillaumin y Paul Cézanne.​ En 1863, Cézanne y Émile Zola visitaron su taller en La Varenne y, en 1865, pasó un periodo en La Roche-Guyon. Expuso en los Salones de 1864 y 1865, donde se presentó como el «alumno de Melbye y de Jean-Baptiste Corot».​  Comenzó a participar regularmente en las tertulias del café Guerbois, con Manet, Degas, Renoir, etc.

Monet y Pissarro coincidieron en Londres, donde conocieron a Paul Durand-Ruel, que se convirtió a partir de ese momento en el marchante oficial del grupo. Pissarro y Monet hicieron en la capital inglesa estudios de edificios envueltos en nieblas.

Su estilo en esta época era bastante tradicional. Se le asocia con la Escuela de Barbizon, aunque pasado algún tiempo evolucionó hacia el impresionismo. Se le considera, junto con Monet y Alfred Sisley, uno de los impresionistas puros, diferenciándose del grupo de los «problemáticos» (Renoir, Degas, Cezanne).

En 1885 se alía a pintores divisionistas y concurre a sus exposiciones. Pissarro, siempre abierto nuevas experiencias estéticas para dar cauce a su creatividad, conoció a los jóvenes Signac y Seurat, que ensayaban una nueva técnica que llamaron puntillismo o divisionismo. Se basaba en aplicar la pintura sobre el lienzo en pequeñas pinceladas yuxtapuestas de colores puros (como un mosaico). Esta técnica requería de un detallado estudio previo de las combinaciones de colores más adecuadas para conseguir el efecto buscado.

En 1890 se separa bruscamente de este movimiento y retorna a la antigua manera impresionista. Desde 1885 vive en Eragny, cerca de Gisors, de donde incursiona a París, Ruán, Dieppe para pintar paisajes y urbanos.

Desde 1896 hasta su muerte siete años después, Pissarro abandonó el divisionismo y retornó a sus orígenes Impresionistas, pero esta vez dedicado principalmente a escenas de tipo urbano. Así, pintó vistas de la ciudad de Ruán y su puerto, y también de París y sus calles.

Esta serie del bulevar de Montmartre, de París, es un excelente ejemplo de la esencia del método pictórico impresionista aplicado a una escena urbana. Aparece una misma vista del bulevar bajo distintas condiciones de iluminación y atmosféricas.

ESTILO

Fue acaso, entre los auténticos impresionistas, el que demostró más inquietudes, y fue, sin duda, uno de los maestros más dotados con los que contó aquella escuela. Fue un espíritu lleno de inquietudes. Quizás su universal curiosidad, como su ‘humanitarismo’, las debiera a su raza hebrea. Desde 1880 sus paisajes rústicos tendieron a poblarse de figuras y acabó pintando, durante unos años, escenas con personajes campesinos, no –como alguien supuso- con la misma intención de Millet, sino cediendo a la tentación de tratar con nueva visión pictórica esos temas, tan sugerentes.

Así como su afán de independencia y de libertad le llevó a renunciar a una cómoda existencia burguesa en una idílica isla del Caribe, esa misma búsqueda de libertad y sinceridad consigo mismo le condujo a rechazar los dogmas académicos al uso. Esto contribuye a explicar que en esta etapa inicial de su carrera esté muy influido por los paisajes de Corot y de los maestros de la Escuela de Barbizon.

Hasta su muerte, alternó la pintura de estos aspectos urbanos con la de sus antiguos motivos rurales, especialmente huertos y frutales en flor. Uno de los primeros artistas en practicar con absoluta convicción la pintura al aire libre

Se destaca la relación de su pintura con sus convicciones políticas: Fue una figura central en la organización de las exposiciones que realizó el grupo impresionista entre 1874 y 1886, y el único artista que expuso en las ocho muestras. Su tema principal fue el paisaje, muchas veces con figuras campesinas, aparte de una secuencia de paisajes urbanos de Rouen y París que comenzó en 1896. Sus temas campesinos reflejaban sus ideas anarquistas. Pissarro estaba convencido de que el futuro de la sociedad estaba en la descentralización y en un regreso a la tierra. Varios de los miembros del grupo neoimpresionista que se formó en las postrimerías de la década de 1880 eran también anarquistas, entre ellos Paul Signac y Maximilien Luce.

Pissarro mostró su interés por  la fotografía  como inspiración, al igual que otros pintores del impresionismo. Con los primeros artefactos fotográficos se podía recoger la luz de un atardecer, robar un instante en la vida cotidiana, captar lo que asoma del interior de una persona… Ese era el punto común con los impresionistas, unos artistas que también captaban un instante, pintaban un momento que habían vivido. Lo que habían experimentado o visto con sus ojos. Artistas como Monet, que llegó a poseer varias cámaras fotográficas, o Degas, quien trabajó y experimento con una de las primeras Kodak que llegaron al mercado, investigaron las posibilidades del color que les proporcionaba esa nueva herramienta.

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CINE Y POESÍA

Por: Evaristo Cadenas Redondo


El cine transformó, para bien, mi personalidad. Contaré algo sobre mi experiencia como espectador. Debo decir que es imposible meter el agua del mar en una taza de café. El cine es el mar, la taza de café, las tres páginas de que dispongo para este precipitado artículo.

Empecé a ver cine mucho antes de aprender a hablar. En mis recuerdos permanecen imágenes múltiples que atestiguan mis principios en el cine de mi pueblo. Tendría ocho o nueve años cuando regresaba a casa con mi padre, noche oscura de invierno, de ver una película y se me ocurrió decirle que quería vivir en Madrid influido por las imágenes del Nodo o de una película con Pepe Isbert o Tony Leblanc. Mi padre no hizo caso. Llevo viviendo en Madrid desde los 23 años.

Cuando niño me parecía que el cine era el Arte más importante, porque juntaba imagen, música y palabra. Arte que transmitía emociones diversas y la vivencia visual producía tal emotividad que era frecuente la sublimación de sentimientos que provocaban el llanto. Llorar en el cine era, y sigue siendo, frecuente. Una vez llegué a casa desconsolado porque aquella noche habían matado a Gary Cooper. No te preocupes hombre, dijo mi padre, el cine es mentira, los actores no mueren de verdad. Al domingo siguiente volvieron a proyectar otra del Oeste y el protagonista era Gary Cooper demostrando que no había muerto. Menos mal que la realidad de las películas no tiene nada que ver con la realidad de la vida o quizá, inconscientemente, prefería la realidad de la vida de cine que la vida real. Por eso me gustaba tanto. Lloré desconsoladamente y quise ser misionero evangelizador de exóticas tribus lejanas, o de leproserías, como el Padre Damián al ver Molokai, la isla maldita (1959), dirigida por Luis Lucia e interpretada magistralmente por Javier Escrivá.

Me identificaba con King Kong y me parecía una injusticia lo que hacían con el pobre animal. Temprano me gustaba ponerme del lado del más débil. La fascinación por el cine era tan grande que quise descubrir más detalles y me hice amigo del hijo del dueño de la Sala para que me dejara ayudarle a montar la película cada domingo en las bobinas para que fueran proyectadas en sus enormes proyectores, valga la redundancia. Descubrí el celuloide, Olvidados” la acetona y el papel de fumar que mi amigo utilizaba para pegar un rollo con otro. Me daba trozos de fotogramas de película que sobraban y que luego, en mi casa en soledad, observaba al trasluz una y otra vez.

Cuando empecé a estudiar en una ciudad, lejos de casa, todos los domingos, en sesión infantil, ponían dos películas. Nunca falté. Poco después, influido por el cine, (la película fue “Anna” con Silvana Mangano, dirigida por Alberto Lattuada en 1951), (“Ahí viene el negro zumbón bailando alegre bayón…“) descubrí la belleza, el erotismo y eso. Explosión salvaje de adolescencia e interés agrandado por ver todas las películas del mundo. 

Un día me encontré con un amigo que me preguntó por la película que acababa de ver. Yo apenas si sabía el titulo. Tienes que aprender a ver cine.: ¿Quién la dirige? ¿Quién es el productor? ¿Quiénes la protagonizan? ¿Quién compuso la banda sonora? ¿En qué lugar está localizada? ¿Quién es el montador? ¿Quién es el guionista? ¿Diseño de vestuario? etc. Aquél amigo me abrió los ojos y me enseñó a analizar el cine de forma más profunda por decirlo así. La primera película que vi con ese criterio, fue “Améríca, América“, (1963) dirigida, producida y escrita por Elia Kazan. Luego vinieron “La caza”, (1966) de Carlos Saura, “Los olvidados”, (1950) de Luis Buñuel y todas las demás de una infinita lista imposible de enumerar.

Así fue el principio, y al poco tiempo las revistas sobre cine, principalmente Nuevo Fotogramas que durante muchos años coleccioné. Y Nickel Odeón, dirigida por Juan Cobos y editada por José Luis Garci, al que tanto debemos los que amamos el cine. En su programa “Qué grande es el cine”, descubrimos el cine de Kurosava, Kusturica, “El intendente Sansho” de Kenzi Mizoguchi  y querer, incondicionalmente, a Kim Novack en Vértigo de Hitchcock.

¿Y la poesía? La poesía está implícita en el cine como lo está en la pura esencia de la vida. Poesía es lo que queda en el corazón al salir de la Sala de Cine después de haber visto una obra de Arte. Poesía es el nudo en la garganta al contemplar cómo se besan los protagonistas, poco antes de The End, porque siempre triunfa el amor. Poesía es la soledad de la Sala del cine a oscuras y los ojos brillantes al contemplar la pantalla iluminada de belleza. “La Gran Belleza“, 2013 de Paolo Sorrentino.

El espacio de que dispongo, tan limitado, solo da para mencionar películas emblemáticas que se significaron por su profundidad poética, y algún aspecto de especial  sensibilidad.

El lado oscuro del corazón. Escrita y dirigida por Eliseo Subiela en 1992. Producción argentina. Intérpretes: Darío Grandinetti, Sandra Ballesteros y Nacha Guevara. Poemas de Mario Benedetti, Juan Gelman y Oliverio Girondo. Cameo de Mario Bendetti recitando en alemán.

El lado oscuro del corazón II. Escrita y dirigida por Eliseo Subiela en 2001. Producción española y argentina. Intérpretes: Darío Grandinetti, Ariadna Gil y Nacha Guevara. Poemas de Antonio Porchia, Oliverio Girondo, Mario Benedetti, Patricia Díaz Bialet, Cátulo Castillo, Dylan Thomas, Eliseo Diego, Homero Expósito, Alejandra Pizarnik, Vicente Huidobro, Octavio Paz, José Hierro y Antonio Machado.

El poeta y director de cine soviético, Andrei Tarkovski, (El espejo, Solaris), dijo: “La pureza del cine y su fuerza intransferible se muestran no en la agudeza simbólica de las imágenes por muy audaces que estas sean, sino en el hecho de que las imágenes expresan la concreción y la irrepetibilidad de un momento concreto”. Andrei Tarkovski. “Esculpir en el tiempo”.

“El club de los poetas muertos“, dirigida por Peter Weir (1982) Intérpretes: Robin Williams y Ethan Hawke. (Costó 16.400.000 dólares. Recaudó 236.000.000) Óscar al mejor guión original. (Poema de Walt Whitman dedicado a Abraham Lincoln: “Oh capitán, mi capitán“.

 Juan Eduardo Cirlot, poeta, critico de arte y músico (Barcelona, 1916- 1973) quedó tan impresionado por la belleza de la actriz Rosemary Forsyt interpretando el personaje de Bronwy en la película “El Señor de la Guerra” (1965), que la acogió como motivo de inspiración de una gran obra poética titulada precisamente Bronwy.

Memorias de África, dirigida por Sydney Pollack (1987), Intérpretes: Robet Redford, Meryl Streep y Klaus María Brandauer. Música de John Barry. Basada en la novela de Karen Blisen (Isak Dinesen). “Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong” La memorable y poética banda sonora de John Barry potencia infinitamente el despertar de la fibra sensible del espectador.

Muerte en Venecia, dirigida por Luchino Visconti (1971), Intérpretes: Dick Bogarde y Silvana Magano. Basada en una novela corta de Thomas Mann. Nobel de literatura de 1929.

Leolo, (1992) dirigida por Jean Claude Lauzon. El protagonista, preadolescente, le canta a su enamorada: “Bianca, mi dulce amor. Mi único amor.” y también “La soledad es mi palacio”. Leolo es un película cargada de PURA POESÏA.

Ojos negros, (1987) dirigida por Nikita Miljalkov. Marcelo Mastroianni música de Francis Lai. Película de singular tristeza y alegría que resulta, finalmente, poesía pura.

Y… hay que mencionar las Salas de Arte y Ensayo y las películas en Versión Original, con subtítulos, y por lo tanto de Bergman, Dreyer, Truffaut, Renoir, Godard, Passolini, Eisenstein, Fellini, Manuel Oliveira. De los españoles, para que no se diga, Berlanga, Almodovar, Amenábar, Isabel Coixet, Martín Patino y de Luis Eduardo Aute. Aquí me detengo. Comprenderán que el mar es inmenso y la taza de café muy pequeña.

Aute, poeta, director de cine, pintor, dibujante, músico y cantante, cantó maravillosamente:

Cine, cine, cine,
más cine por favor,
que todo en la vida es cine,
y los sueños,
cine son.

Muchas gracias. Les dejo que tengo que ir al cine a ver una coreana. La película es “Parásitos” del director de Corea del Sur, Bon Joon-ho, ganadora del último Festival de Cine de Cannes de 2019.

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DE LITERATURA Y DE CINE: HENRYK SIENKIEWICZ

Por: Tomás Sánchez Rubio


Como todos sabemos, el Premio Nobel es un galardón de carácter internacional que se otorga cada año en reconocimiento a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones meritorias y notables en provecho de la Humanidad, bien durante el año anterior a la concesión, bien en el transcurso de sus carreras. Dicho premio se instituyó en 1895, en sus diversas modalidades, como última voluntad testamentaria del industrial sueco Alfred Bernhard Nobel (1833-1896), propietario de la empresa metalúrgica Bofors especializada en armamento. La Fundación que lleva el apellido del ingeniero se creó en junio de 1900, cuatro años después de su muerte, y los premios empezaron a concederse en 1901. Las categorías en principio galardonadas fueron Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Paz.

Me gustaría aprovechar para hacer mención, como antecedentes de la figura del escritor en cuyo estudio deseo detenerme, de los nombres de aquellos primeros premiados con el Nobel de Literatura. Así pues, en 1901 se le otorga a René François Armand “Sully” Prudhomme, poeta y ensayista francés. En 1902 lo recibe el filólogo e historiador alemán Christian Matthias Theodor Mommsem. El concedido en 1903 va a parar al noruego Bjørnstjerne Bjørnson, célebre por componer la letra del himno nacional de su país.  Frédéric Mistral, escritor en lengua occitana, y nuestro dramaturgo José Echegaray comparten el galardón en 1904.

Será en el año 1905 cuando el Nobel recaiga en Henryk Adam Aleksander Pius Sienkiewicz, escritor polaco, más conocido por Henryk Sienkiewicz. Había nacido el 5 de mayo de 1846 en Wola Okrzejska, una aldea en el este de Polonia, el mismo día que veía la luz en Madrid el conocido compositor de zarzuelas Pío Estanislao Federico Chueca y Robres. Sienkiewicz fallecería en Vevey, Suiza, el año 1916. Hijo de una familia perteneciente a la nobleza campesina, se formó en un ambiente rural donde se mantenían vivas las tradiciones de su patria. Estudió en Varsovia, donde se matriculó en la Facultad de Medicina y luego en Filología. No obstante, dejaría sus estudios en 1869, colaborando desde 1873 en la publicación Gazeta Polska. Cuando, en 1876, se mudó a Estados Unidos durante dos años, continuó trabajando para el periódico enviando artículos en forma epistolar que luego se recopilarían en el libro Cartas del viaje. Desde California viajaría a Francia e Italia; posteriormente visitaría España, Grecia y Turquía, volviendo más tarde a América. En 1882 se hizo cargo de la dirección del periódico conservador Slowo (La Palabra). En las páginas de este comenzó la publicación en serie de la novela A sangre y a fuego, primera entrega de su célebre trilogía completada por El diluvio y El señor Wołodyjowski (1888), donde recrea la resistencia polaca frente a las invasiones del siglo XVII.

Haciendo uso de su prestigio en defensa de la causa de Polonia, dirigió una carta abierta al káiser del Imperio alemán y último rey de Prusia, Guillermo II, en la que se oponía a la germanización de la Posnania y con la que atrajo la atención mundial sobre la suerte de su país.

Se casó en tres ocasiones: con Maria Szetkiewicz —quien murió de tuberculosis exactamente cuatro años después del matrimonio—, María Wolodkowicz —que lo abandonó a tan solo dos semanas de la boda— y María Babska, su sobrina. 

A comienzos de la Primera Guerra Mundial se hallaba en Suiza, donde formó, con Ignacy Jan Paderewsky, ex Primer ministro de su país, un comité para las víctimas de la guerra en Polonia. Nunca volvería a ver su tierra natal. En 1924, sus restos fueron trasladados a la catedral de San Juan en Varsovia.

Su producción literaria, versátil, bien documentada históricamente y con un fuerte componente social, hace de Henryk Sienkiewicz el representante más autorizado de la renovación de la literatura polaca. Sus obras, traducidas a más de cuarenta idiomas, lo convirtieron en uno de los autores más leídos del siglo XX.

Autor prolífico, como narrador se le recuerda sobre todo por sus novelas inspiradas en la historia de Polonia, como la trilogía mencionada anteriormente, o la impresionante Sin dogma, de 1891. Maestro consumado del más recio realismo, son también célebres sus relatos (Nadie es profeta en su tierra, 1872; Bocetos al carbón, 1880), así como sus novelas cortas (Bartek el vencedor, 1882; El torrero, 1880).

Será, sin embargo, la novela histórica ambientada en tiempos del emperador romano Nerón (37-68 d.C.) Quo vadis?, publicada en 1896, su obra más celebrada y popular a nivel internacional. El argumento principal de la novela, que mezcla personajes reales y ficticios, se centra en la historia de amor entre Marco Vinicio y Ligia, dos personas que pertenecen a mundos completamente diferentes: Vinicio es un militar, noble romano, mientras que Ligia, hija de un rey bárbaro que gobernaba un pueblo lejano emparentado con los suevos, es una esclava de Roma adoptada y educada por Aulio Plaucio y su mujer Pomponia Grecina, ambos convertidos a la religión cristiana. Gracias a Ligia, el joven patricio sufre una decisiva transformación y abraza el cristianismo, tras lo cual Ligia accede a casarse con él. 

En la obra llama la atención un personaje trágico y a la vez cómico: el griego Chilón Chilonides, hombre sin escrúpulos morales que está dispuesto a todo, incluso a incriminar al inocente. No obstante, su papel experimenta un cambio radical, ya que, al final, acaba muriendo crucificado en defensa de aquellos a quienes delató falsamente, los cristianos.

Otra figura clave del libro es Petronio, patricio y consejero de confianza de Nerón que, históricamente, en Roma constituiría un ejemplo de gusto y elegancia refinados. Petronio simboliza la cultura clásica del pasado, grandiosa en comparación con la que predomina durante el gobierno del emperador, velada por unos principios en constante decadencia. A lo largo de una lucha continua entre la vida y la muerte, Petronio critica las ideas de Nerón y pierde. Desde un principio su actitud es un suicidio y así precisamente acaba el noble intelectual: suicidándose entre los brazos de su amada, la esclava Eunice.

En la obra, junto a Petronio aparecerán también el temible prefecto del pretorio Tigelino, Séneca, Lucano o los apóstoles Pedro y Pablo. Con un argumento ágil y perfectamente trabado, se mezclan en la novela la intriga y la acción con emotivas escenas llenas de dramatismo. 

Diversos autores afirman que Quo vadis? es una epopeya del cristianismo. El dato parece innegable, si bien la obra es compleja y engloba aspectos puntuales de la historia polaca. Se retrataría la represión centralizadora que tuvo lugar en Polonia cuando esta desapareció del mapa de Europa en el año 1795. Los territorios polacos quedaron divididos entre Prusia, el Imperio ruso y el Imperio austrohúngaro y el país no volvió a aparecer como tal hasta 1918, tras el final de la Primera Guerra Mundial. Siendo así, Sienkiewicz asemejaría el sufrimiento que padecieron los cristianos a aquel que sufrieron los polacos durante ese continuo estado de dominación y dependencia por parte de otras potencias.

Lo cierto es que la obra rápidamente empieza a ser traducida a otros idiomas. En España, entre otras ediciones, tendremos la clásica de Editorial Valdemar, traducida por Mauro Armiño. Del mismo modo, Quo vadis? comienza pronto a conocer versiones cinematográficas, las dos primeras italianas y mudas: una, dirigida por Enrico Guazzoni, de 1912; y la otra, de 1924, realizada por Gabriello D´Annunzio y Georg Jacoby.

A las recreaciones antes mencionadas les siguieron al menos tres más; si bien, la más conocida es la dirigida por Mervyn LeRoy en 1951, que contó con un elenco de actores memorable -Peter Ustinov, memorable en su interpretación de Nerón, Robert Taylor y Deborah Kerr-, así como con unos medios que hacían de ella una auténtica superproducción de casi tres horas de metraje. Se estrenó en los Estados Unidos el 25 de diciembre de 1951. Sin embargo, en España no llegó a los cines hasta el 11 de febrero de 1954. A partir de entonces, en nuestro país se convirtió en un clásico cada mes de marzo o abril, coincidiendo con la Semana Santa, primero en las salas y luego en televisión; del mismo modo que otras películas de la misma década y que compartían parecida temática, como es el caso de La túnica sagrada (1954), de Henry Koster; o Ben-Hur (1958), de William Wyler, cinta basada en la novela del mismo título de Lewis Wallace.

Cabe decir que la película Quo vadis fue candidata a ocho premios Óscar, no obteniendo finalmente ninguno. Es justo afirmar que ese año, efectivamente, competían con la cinta una serie de películas varias de las cuales han acabado alcanzando el rango de obras maestras dentro de la Historia del Cine. Tal es el caso de Un americano en París, de Vincente Minnelli; Un lugar en el sol, de George Stevens; Un tranvía llamado Deseo, de Elia Kazan, o bien Muerte de un viajante, de László Benedek.

Respecto al director de Quo Vadis, Mervyn LeRoy (1900-1987) había conocido anteriormente el reconocimiento general con trabajos como Senda prohibida, de 1942, protagonizada por el mismo Robert Taylor; o Mujercitas, de  1949, basada en la novela homónima de Louisa May Alcott, y que contaba con una jovencísima Elizabeth Taylor entre su magnífico elenco de actores.

Precisamente, entre la inicial Liz Taylor y la definitiva Deborah Kerr para el papel de Ligia en Quo vadis, se barajaron dos nombres más: Lana Turner y una desconocida actriz inglesa recomendada por Alec Guinness a LeRoy a instancias del actor Felix Aylmer que era su profesor de dicción. La chica se llamaba Audrey Hepburn y fue rechazada porque la Metro deseaba para el papel un nombre “conocido”.

Junto a Patricia Laffan, en el papel de Poppea Sabina, y Leo John Glenn como Petronio, resulta reseñable, por curiosa, la breve intervención del más tarde popular actor Bud Spencer como guardia romano.

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ARTURO BENEDETTI MICHELANGELI | EL ARTE DE LO ETERNO

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


Siempre necesito volver a él… soy tan oscura abrazada a la tristeza, tan liviana en los contrastes de la penumbra de este pensamiento incierto.

A menudo camino atendiendo solo a sus notas, la cadencia que se va desplegando sobre mi gris, la rígida geometría pierde su aliento y el alfabeto carece de toda importancia. El silencio desciende cuajando los edificios de amistosas sombras. Es entonces cuando extraño mirar al cielo, seguir el orden que la noche traza en los tejados manchados de olvido. Quisiera formar parte de la penumbra, difuminar mis contornos ablandando el ruido que jamás sosiega sus pasos… Y ser nota, nota aferrada a sus dedos.

La desaparición de Arturo Benedetti Michelangeli en Suiza el 12 de junio de 1995, derriba una de las torres más altas del piano contemporáneo. Un artista y virtuoso de semejante talante musical, sensible y ético no se da todos los días, ni siquiera entre los grandes. Una figura incomparable: su arte era él, su estilo no se parecía sino a él, su exigencia, llevada a extremos, era la de él. Considerado como uno de los grandes virtuosos del piano del siglo XX. También se le considera el pianista italiano más importante después de Ferruccio Busoni.

Arturo Benedetti Michelangeli, nació en Brescia (Norte de Italia) el 5 de enero de 1920. Sus primeras clases de música le fueron impartidas a los 3 años, al principio con el violín, que pronto cambió por el piano. A los diez años entró al Conservatorio de Milán. En 1938, a sus 18 años, comenzó su carrera musical internacional al concurrir al concurso Eugène-Ysaÿe celebrado en Bruselas, donde acabó en 7 posición (Arthur Rubinstein era miembro del jurado y quien otorgaba los premios. Dio el primer premio a Emil Gilels, y de Michelangeli dijo que su interpretación fue insatisfactoria, pero que mostró un técnica impecable). Un año después ganó el primer premio en el Festival Internacional de Ginebra donde fue aclamado como un nuevo Liszt por el pianista y presidente del jurado Alfred Cortot.

Michelangeli fue conocido por sus perfectas interpretaciones en cuanto a las notas se refiere. El crítico musical Harold Schonberg dijo de él: Sus dedos no pueden errar al golpear una tecla o emborronar un pasaje al igual que una bala no puede cambiar de dirección cuando ya ha sido disparada. Lo misterioso de Michelangeli es que en muchas piezas románticas, él parece inseguro emocionalmente, ya que su indefectuosa técnica perturba el fluir musical. El profesor y comentarista David Dubal añade que fue el mejor con las primeras obras de Beethoven pero que parecía inseguro interpretando Chopin, pero que fue diabólico en obras como la chaconne de Bach-Busoni o en las Variaciones Paganini de Brahms.

Su repertorio era notablemente pequeño para un pianista con su prestigio. Debido a su obsesivo perfeccionamiento muy pocas de sus grabaciones fueron sacadas al mercado durante su vida, pero fueron aumentadas por numerosas grabaciones no autorizadas de sus conciertos en directo. Sus grabaciones autorizadas más destacadas fueron sus interpretaciones en directo en Londres del Gaspard de la Nuit de Ravel, la Sonata para piano nº2 en si bemol menor de Chopin, el Carnaval op.9 de Robert Schumann y Faschingsschwank aus Wien, Op. 26.

Benedetti Michelangeli era un gran ventilador del etnomusicologia y del estimatore de venir de la canción popular de la tradición oral, particularmente, vista su gran pasión para la montaña, del área Trentina. Los diecinueve harmonizations de las canciones populares que dedicaron al coro de la S.A.T. de Trento representan su solamente actividad como compositor: una producción pequeña, en la cual pero la elegancia inmensurable del stilistica está todo el incluido que la tiene siempre contraddistinto.

Michelangeli fue hipocondríaco y también famoso por cancelar algunos de sus recitales en el último minuto. Su último concierto fue el 7 de Mayo de 1993 en Hamburgo. Después murió tras una larga enfermedad en Lugano el 12 de Junio de 1995.

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GIOVANNI BOLDINI | EL PAGANINI DE LA PINTURA

El Atril

Por: Isabel Rezmo


Proverso abre el atril con la figura del artista Giovanni Boldini (Ferrara, 1842 – París, 1931).  Podemos considerarlo en palabras actuales  como   el instagramer más influyente y poderoso del mundo del arte. En su extensa obra predomina el retrato de bellísimas mujeres que pasean por maravillosos jardines o exhiben su riqueza recostadas de manera indolente en rincones de sus lujosas mansiones. Pueden acariciar un perro, tocar el piano o aparentar que leen un libro, pero siempre miran directas al artista en poses sugerentes formando una rica galería de la sociedad cosmopolita de la que él fue un protagonista esencial.

A lo largo del tiempo se le consideró un artista superficial  por su imagen de hombre de mundo y artista complaciente con su clientela.  Fue un artista de moda durante mucho tiempo y atento a los incontables encargos de la alta sociedad.  Pero  el éxito social y económico no puede sustraer el reconocimiento de su talento artístico.  En sus obras tuvo las influencias de otros maestros indiscutibles españoles   como en el caso de Sorolla, llegando  a ser grandes amigos.  Tuvo un estilo único que mantuvo a lo largo de toda su vida, basado en la intuición del instante y el movimiento, reflejado con rápidas pinceladas, pero sin perder nunca de vista la figura y la expresión del retratado.

 INICIOS Y RECONOCIMIENTO

Giovanni Boldini (Ferrara, 31 de diciembre de 1842 – París, 11 de enero de 1931) fue un pintor italiano.

Boldini fue el octavo de 13 hijos de Antonio y Benvenuta Caleffi. Su padre, nativo de Spoleto, era pintor de matriz purista, alumno de Tommaso Minardi (1787 – 1871), y restaurador. Se dice que, dotado de notable técnica, hacía buenas copias de obras de Rafael y de paisajistas venecianos. De su padre recibió Zanin (como era conocido familiarmente Giovanni) las primeras enseñanzas de dibujo.

Desde 1858 frecuenta los cursos de pintura de Girolamo Domenichini (1813 – 1891), autor de los frescos, de tradición académica, del Teatro local, y de Giovanni Pagliarini (1809 – 1878), que se impartían en el Palacio de los Diamantes. Tuvo también la oportunidad de conocer bien a los grandes pintores ferrareses del Quattrocento, además de Dosso Dossi y el Parmigianino.

Su primera obra importante fue Il cortile della casa paterna, (El patio de la casa paterna), un óleo fechado en el año 1855. Le siguen, fechados a fines de la década de 1850, un Autorretrato a los dieciséis años y los retratos de su hermano Francesco, de Maria Angelini y de Vittore Carletti.

En 1862 se inscribe en la Academia de Bellas Artes de Florencia, donde fue alumno de Stefano Ussi (1822 – 1901) y de Enrico Pollastrini (1817 – 1876). Frecuenta el conocido lugar de encuentro de los artistas florentinos, el Caffè Michelangiolo, donde conoce Giovanni Fattori, Odoardo Borrani, Telemaco Signorini, Cristiano Banti, del cual es huésped en sus villas de Montorsoli y de Montemurlo, y Michele Gordigiani (1830 – 1909) y ya manifiesta su interés, que no abandonará jamás, por los salones elegantes de la aristocracia y de la burguesía, siendo huésped de la familia Falconer, para los que decora con témpera en seco, entre 1867 y el 1870, las paredes de una salita de su villa en Pistoia, «La Falconiera» «La Falconiera». La villa será comprada en 1938 por la viuda del pintor y en ella se guardan aún un centenar de sus obras.

En el 1866 marchó a Nápoles con Banti, a quien retratará en varias ocasiones. En 1867 hace un viaje a Francia, con los Falconer: en Montecarlo pinta el Generale spagnolo («Una de las mejores cosas de mi juventud», dirá). En París visita la Exposición Universal y conoce a Edgar Degas, Alfred Sisley y Édouard Manet.

Se establece en Londres en 1870, invitado por William Cornwallis-West, a quien había conocido en Florencia. Este pone a su disposición un estudio en el centro de la ciudad, frecuentado por la alta sociedad, pero a fin de año se encontraba nuevamente en Florencia.

En octubre de 1871 se establece en forma estable en París, abriendo un estudio en la Avenida Frochol y luego a la Plaza Pigalle, donde vive con la modelo Berthe. Trabaja para el marchante más importante de París, Goupil, para quién trabajaban ya pintores de gran éxito como Mariano Fortuny y Ernest Meissonier, además de los italianos Giuseppe Palizzi y Giuseppe De Nittis. Pinta una serie de cuadros de género al gusto dieciochesco, muy de moda en la época.

En 1874 expone con éxito en el Salón de París su cuadro Las Lavanderas. Termina su relación amorosa con Berthe e inicia una con la condesa Gabrielle de Rasty, de quien expone un retrato en el Salón de 1875. En mayo retorna brevemente a Ferrara a causa de la muerte de su madre. En 1876 viaja a Alemania, donde conoce y retrata al gran pintor Adolph von Menzel, y a Holanda, donde admiró las obras de Frans Hals.

En 1886 retrata por primera vez a Giuseppe Verdi sobre tela y le regalará el retrato siete años después en Milán, pero no satisfecho con el resultado lo retratará nuevamente utilizando pastel sobre papel, en 5 horas. El pintor guardó este retrato para sí, presentándolo a la Exposición de París de 1889 y en 1897 a la Primera Bienal de Venecia, donándolo finalmente a la Galería de Arte Moderna de Roma en 1918. l 5 de febrero de 1887 asiste en el Teatro alla Scala de Milán al estreno del Otello de Verdi, habiendo sido invitado al palco. En 1889 es nombrado «Comisario» de la sección italiana de la Exposición Universal de París, exponiendo tres de sus retratos, uno de los cuales es el famoso Retrato de Emiliana Concha de Ossa, sobrina del embajador chileno ante la Santa Sede, Luis Subercaseaux.

En la primavera de 1900 fue huésped, en Palermo, de la familia Florio, para pintar el retrato de Donna Franca. La pintura no satisfizo a su marido, a causa del amplio escote y de las piernas descubiertas un poco debajo de las rodillas. El retrato fue modificado y vendido después (1928) por el enorme monto de un millón de liras. Posteriormente, el cuadro fue robado por los ocupantes nazis en París, y llevado a Alemania, donde sufrió serios daños que obligaron a cortarle su parte inferior.

En 1904 Boldini pide la mano de Alaide Banti, hija de su amigo pintor Cristiano, pero la boda no se llevó finalmente a cabo, y en París inicia una relación con la señora de Joss de Couchy.

Con el inicio de la Primera Guerra Mundial, en 1914 se traslada a Niza en compañía de su modelo Lina, hasta 1918. Ya enfermo, con la vista débil, en 1926 conoce a la joven periodista Emilia Cardona, con quien se casa el 29 de octubre de 1929.

Murió en París, el 11 de enero de 1931. Sus restos descansan junto a los de su familia en el Cimitero Monumentale della Certosa di Ferrara.

TECNICA Y OBRA

Su virtuosismo, mezclado con su éxito entre la alta sociedad de la época le valió el sobrenombre  el “Paganini de la pintura”. Se le considera  uno de los pintores más influyentes del París de los artistas al final del siglo XIX.

Influyó  en la obra de  los pintores españoles que acudieron a París -un influjo mutuo, en todo caso- como Fortuny, Madrazo, Zamacois, y también inter(re)ferencias con autores como Sorolla, Ramón Casas, Román Ribera y otros.

Su estilo   siempre interroga con un toque psicológico a sus modelos, rodeado de una gestualidad bastante temperamental, como se ve en el retrato de Mery Donegany, en el que están definidas las bases de su personalidad pictórica y su preciosismo. En otros cuadros intuimos  una cierta mirada a la pintura áulica del XVII, como demuestra el retrato de Un viejo y desdeñoso general español.

Pero sus manos aprenden rápidamente, las pinceladas se sueltan y cuando llega al París de la III República, en 1871, ya tiene un marcado peso en su obra la pintura de moda: cuadros de pequeño formato que desatan una fiebre entre las familias poderosas.

Mientras el impresionismo llega a Montmartre, Boldini se esfuerza en representar la alegría de vivir del gran mundo, aunque también será perceptible, y creciente con los años, el perfume de la decadencia.  Condesas de mirada perdida y elegantes vestidos, señoras lánguidas de generosos escotes en salones suntuosos, siempre con poses efectistas o ficticias. Es seguramente en esta época en la que Boldini se gana a pulso esa fama de superficialidad que la crítica y sobre todo el mercado tratan de limpiarle en los últimos años.

align=»justify»A finales de los años 70 del XIX, Boldini ya abjura del retrato de moda. Busca nuevos caminos y aquí la muestra cobra más interés y enseña otros caminos, con paisajes y escenas de las calles, como la Plaza Clichy.

Los cruces de caminos con Madrazo y Fortuny son parte del mapa de su ciudad pictórica. Del mismo Fortuny se muestra una obra singular: la Playa de Portici, de 1874, un cuadro tardío que da una idea de los logros que el pintor habría sido capaz de realizar si no hubiera muerto poco después.

Los retratos aumentan de tamaño y muestran un creciente dominio técnico. Sirven de ejemplo los de Concha de Ossa, la condesa de Vitta o mujeres anónimas como la Dama rubia en traje de noche. Y en obras de menor formato, series de desnudos en posturas imposibles que subrayan los encantos del cuerpo femenino desde la mirada del pintor voyeur.

Al tiempo, en esta etapa abre nuevas vías experimentales, como las Parejas danzantes  o los  Pensamientos, en las que depura colores y formas en invocaciones casi abstractas. Sin embargo, Boldini sigue fiel al retrato, su gran género, en el que alcanza todos los virtuosismos, como muestra el dedicado a James Abbot McNeill Whistler, en 1897, dotado de una enorme expresividad. El dandi cosmopolita aparece con un toque de indolencia, sentado en una silla Luis XIV, y refleja todo el encanto y la decadencia de un mundo que se agota, veloz, en el camino a la Primera Guerra Mundial.

Y tal vez la obra cumbre de la muestra sea el retrato de Cléo de Mérode, que propició hipérboles de la crítica difícilmente justificables, cuando lo calificaron de Gioconda del XIX.

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