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LA DEGENERACIÓN DEL DISCURSO POLÍTICO

Por Antonio Tello


El malestar de la cultura, frase con la que Sigmund Freud tituló un interesante opúsculo, es hoy, fundamentalmente, el malestar de una ciudadanía incomunicada y excluida de una verdadera acción política. Tal aislamiento se alimenta de la gran confusión del pensamiento y del proceso de alienación social ejercida desde los centros de poder para establecer un amplio control y hegemonía sobre la clase trabajadora.

El italiano Antonio Gramsci al enunciar su teoría de la hegemonía política describió cómo “la clase dominante utiliza el poder económico y ejerce el control del aparato ideológico del Estado para dar la apariencia de consenso civil y evitar o atenuar la necesidad de coerción  física que caracteriza a la dictadura. De modo que hemos de inferir que la democracia, adulterada por los intereses, sería el sistema ideal para ejercer dicho control y hegemonía de forma “natural”.

Hemos de entender que la “hegemonía no es algo estático sino un proceso dinámico de experiencias, relaciones y actividades cambiantes, que es permanentemente renovado y modificado por la clase dominante para hacer frente y asimilar las acciones que atentan contra ella. En este sentido, la hegemonía comprende las relaciones de dominación y subordinación asimiladas como conciencia práctica que afecta no sólo a la acción política y económica sino a todos los órdenes de la actividad humana”.  De modo que el dominio de las clases dominantes sobre las subordinadas no procede tanto en la violencia explícita que aquéllas pueden ejercer desde el Estado, como de la hegemonía del poder cultural. Este poder cultural se ejerce a través del sistema educativo, las organizaciones religiosas y los medios de comunicación para sancionar y naturalizar la supremacía intelectual y moral de las clases dominantes y neutralizar hasta la posibilidad de cualquier forma de rebelión contra el poder establecido.

Desde su nacimiento en el siglo XIX, los medios de comunicación de masas se constituyeron en el principal vehículo de las políticas hegemónicas. Sin embargo, fue a partir de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, a partir de 1962, con el lanzamiento del “Telstar”, el primer satélite de comunicaciones, que la influencia de los medios se hizo global. Veintiocho años más tarde fue el uso público de internet y la WWW (World, Wide, Web), un fondo de documentación informático, lo que permitió un nuevo salto cualitativo. Para entonces, en este soberbio proceso, los medios de comunicación de masas ya habían desplazado del mensaje la importancia de los contenidos en favor de las formas, fenómeno que Marshall McLuhan enunció con la frase –título a su vez del libro publicado en 1969- “el medio es el mensaje”.

La influencia de los medios sobre las masas y su capacidad para modelar la opinión pública se reveló también como un poderoso factor de control y condicionamiento de la acción de gobierno y del discurso de los políticos, que tendió a ser más simple y esquemático al mismo tiempo que el discurso económico ocupaba el espacio central y se valía de su complejidad técnica para excluir al ciudadano de la comprensión de la realidad y, consecuentemente, invalidarlo para la actividad política.

Esta situación no sólo abrió la puerta del espacio político a los tecnócratas y mercaderes, que han ido desplazando a la mayoría de los políticos profesionales, sino que cambió y contaminó el modo de concebir la política como agente de gestión del bienestar ciudadano. Fruto de esta contaminación es que ahora la clase dirigente farfulla una jerga degradada por los tópicos y la simpleza; una jerga vaciada de argumentos razonables que se vale de frases hechas, eslóganes sin contenidos, insultos y descalificaciones al adversario que apelan a la visceralidad y al instinto de las masas antes que a la inteligencia de los individuos.

El motivo por el que esta tendencia hacia un lenguaje primario y elemental se haya incrementado en la última década es, según recientes estudios sociológicos, la preferencia de las mayorías sociales a oír de los políticos mensajes comprensibles y directos. Investigadores de las universidades de Princeton y Texas afirman que las tendencias observadas en su investigación “sugieren que los votantes se siente atraídos por líderes políticos que convierten problemas complejos y difíciles en fáciles de entender con respuestas intuitivas y seguras”. Esto explica que personajes de lengua torpe y primaria, incapaces de distinguir el Estado de la empresa de la que provienen, hayan accedido a los gobiernos de los países, convirtiéndolos en escenarios de sus fantasías y de sus falsedades.

Mientras tanto los ciudadanos, bloqueado su pensamiento y secuestrada su imaginación, se ven impotentes para entender y participar activamente en beneficio de la comunidad.


Las citas corresponden a “Diccionario político. Voces y locuciones”, Antonio Tello – Viejo Topo, Barcelona, 2012.

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ALGERNON BLACKWOOD | TERROR AL OTRO LADO DE LA LÍNEA TELEFÓNICA

Por: Tomás Sánchez Rubio


El sábado 27 de febrero de 1909, una semana después de que el diario parisino Le Figaro publicara el Manifiesto Futurista del escritor italiano Filippo Tommaso Marinetti, salió a la luz, en las páginas del periódico británico The Westminster Gazette, el relato corto “You May Telephone From Here” (“Puedes telefonear desde aquí”), de Algernon Blackwood.

The Westminster Gazette, un influyente diario liberal con sede en Londres, fue fundado el 31 de enero de 1893, y se mantuvo independiente hasta comienzos de 1928, cuando se fusionó con su principal rival, el Daily News. En sus treinta cinco años de existencia, incluyó en sus páginas, como era propio de los diarios de la época a un lado y otro del Atlántico, bocetos, humor gráfico y cuentos. En él aparecieron, por ejemplo, los primeros trabajos del autor norteamericano de novela negra Raymond Chandler, de Anthony Hope, o bien de D.H. Lawrence. También se dieron a conocer la escritora de origen neozelandés Katherine Mansfield, o Hector Hugh Munro -más conocido por su seudónimo literario Saki-. Allí reveló el joven y arrebatador poeta Rupert Brooke sus diarios de viaje por Estados Unidos y Canadá, mientras un maduro, pero chispeante Francis Carruthers Gould ofrecía sus ingeniosas caricaturas sobre todo de carácter político.

Poco después de su publicación en The Westminster Gazette, el relato de terror “You May Telephone From Here”, volvió a reeditarse en una antología de 1914, la sexta de su autor, titulada Cuentos de diez minutos (Ten Minute Stories): veintinueve narraciones fantásticas e inquietantes sacadas a la luz por Edward Payson Dutton and Company, de Nueva York. Además del relato mencionado, aparecen en el libro otros inquietantes títulos como “Allanamiento de sueños” (“Dream Trespass”), “La casa del pasado” (“The House of the Past”), “Los que susurran” (“The Whisperers”) o “La extraña desaparición de una baronesa” (“Strange Disappearance of a Baronet”). Efectivamente, Cuentos de diez minutos incluye algunos de los mejores relatos de Algernon Blackwood, convertidos luego en verdaderos clásicos del género, y con la particularidad de que las cinco o seis páginas de que consta la mayoría de ellos pueden leerse efectivamente en menos de un cuarto de hora. Tal es el caso realmente del cuento que nos ocupa. Sin querer destripar el final, si bien lo más importante es su ambientación, admirablemente conseguida en tan breve espacio, y esa desazón que pronto comienza a provocar en el lector, diremos que la acción se desarrolla en una casa de North Kensington, Londres, Una mujer angustiada le pide a su prima que pase un par de noches con ella tras la partida de su marido en tren a París. Con el paso de las horas ambas notan que el teléfono suena repetidas veces y nadie responde del otro lado, así que deciden desconectar la línea telefónica. Sin embargo, de madrugada el aparato suena inesperadamente. La esposa responde: es su marido que tiene que hacerle una importante, digamos, “confesión” …

De carácter paranormal, “Puedes telefonear desde aquí” ofrece como novedad, frente al terror tradicional, la introducción de un avance tecnológico como es el teléfono transformado en vehículo de lo sobrenatural. A este respecto, debemos reparar en el detalle de que “solo” hacía treinta y tres años que el teléfono había sido patentado como invento por el científico británico Alexander Graham Bell -la interesante polémica sobre el descubrimiento o no por parte de Antonio Meucci, veintidós años antes, la dejaremos para otra ocasión… -, en enero de 1876 en Nueva York. Tan revolucionario y popular como necesario en un mundo en expansión, en menos de veinticinco años una de cada cincuenta personas tenía ya teléfono en Estados Unidos, pasando a Europa y a otras partes del mundo con relativa rapidez. Tras posibilitar en 1884 la compañía Bell las llamadas a larga distancia, un empresario de pompas fúnebres de Kansas City, Almon S. Strowger, después de descubrir que su principal competidor en el negocio, que se trataba casualmente del marido de la telefonista local, conseguía sospechosamente más encargos, ideó en 1889 las centrales telefónicas automáticas, es decir, las llamadas sin intermediario, si bien es verdad que tardarían aún en implantarse de modo general.

Lo cierto es que el tema de los mensajes del más allá a través del hilo -o la radiofrecuencia- del teléfono ha sido un tópico de la literatura y el cine de terror constante a partir de Blackwood. Leyendas urbanas como la del “teléfono negro” o la prolífica serie de películas de “llamadas perdidas” en el cine oriental y occidental son prueba de ello…

Respecto a nuestro autor, Algernon Blackwood, diremos que nació el 14 de marzo de 1869 en Shooter’s Hill (una localidad que forma hoy parte de Londres, pero que pertenecía entonces al condado de Kent). Es ese el año en que también nace nuestra Concha Espina, Premio Nacional de Literatura en 1927, y se publican en el mundo La educación sentimental de Flaubert, Guerra y paz, de Tolstoi, o Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne. Con ochenta y dos años, Blackwood sufre una trombosis cerebral que le provoca la muerte el 10 de diciembre de 1951. Al cabo de unas semanas su sobrino llevó las cenizas desde Londres al puerto de Saanenmöser, en el cantón suizo de Berna. Ese mismo año se había publicado La colmena, de C. J. Cela, así como El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, o Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.

Algernon Blackwood se caracterizó por sus obras fantásticas y por su gran afición al ocultismo. Publicó unas diez antologías de cuentos y escribió catorce novelas, la mayor parte de las cuales quedaron inéditas. Su narrativa busca, al igual que tantas obras del género de terror psicológico, provocar el asombro y el desosiego en el lector más que el horror o el miedo. Sus historias, perfectamente hiladas y ambientadas, buscan y logran sugerir más que mostrar.

Aparte de escritor, fue periodista y narrador de radio. Sus obras son consideradas, por diversos críticos, como las mejores de la literatura del horror y de lo extraño junto con las de sus contemporáneos, considerados clásicos del género, Lord Dunsany, autor de Cuentos de los tres hemisferios, o Arthur Machen, a quien debemos la magistral novela corta El gran dios Pan.

A lo largo de su vida, desempeñó oficios muy variados: granjero en Canadá, minero en Alaska, reportero en Nueva York… De vuelta a Inglaterra, comenzó a escribir sus relatos de terror con gran éxito. Al igual que a otros escritores británicos del género -como es el caso del mencionado Arthur Machen- se le relaciona con la Golden Dawn, organización secreta cuyas enseñanzas pudieron haber influido en la peculiar atmósfera mágica de sus cuentos. Su obra es citada como una de las principales influencias de H. P. Lovecraft; de hecho, el célebre relato La llamada de Cthulhu lo inicia el narrador de Providence con una cita de Blackwood.

En los años 40 y 50 participó a menudo en radio y televisión narrando sus propios cuentos de terror. Amaba apasionadamente la naturaleza, y muchas de sus historias dan fe de ello. Escribió también una autobiografía centrada en sus primeros años, Episodios antes de los treinta (1923).

No obstante lo dicho hasta ahora, a pesar de mi admiración por “You May Telephone From Here”, no puedo dejar de mencionar el relato “The Wendig” (“El Wendigo”), aparecido por primera vez en The Lost Valley and Other Stories (1910), y muy diferente al anterior. Tal vez -junto a “The Willows” (“Los sauces”), de 1908, o “The Sacrifice” (“El sacrificio”), de 1914-, es el cuento más conocido de Algernon Blackwood; sobre todo después de que su criatura acabara incluida en el panteón de los dioses lovecraftianos por August Derleth, antologista estadounidense, primer editor de los escritos de H. P. Lovecraft y fundador de la editorial Arkham House. Fue precisamente ese relato, traducido muy pronto al castellano, el primero que leí de su autor en esa edad en que ya se dibujaba en mí el inquietante gusto por el género sobrenatural… ¿Y qué es el Wendigo? No es fácil de definir. Podemos decir que se trata de una de esas leyendas – ¿vivientes? – en las que siguen creyendo pueblos y tribus ancestrales: mitad hombre, mitad animal, mitad inmortal, que se desplaza con grandes saltos y que corre por encima de los árboles llevando a sus presas. Su velocidad es tal, que la fricción con el aire de la noche acaba quemando los pies de las víctimas… El ser humano se encuentra con algo que está muy por encima de su naturaleza, y que, además, habita el mundo desde mucho antes que él, mucho… Solo con pensarlo da vértigo. Os lo digo yo.

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FEDERICO MADRAZO | MAESTROS DEL RETRATO

EL ATRIL

Por: Isabel Rezmo


Federico de Madrazo y Kuntz principal continuador de la saga de los Madrazo, fue hijo de José Madrazo, también pintor y de Isabel Kuntz Valentini, hija del pintor polaco Tadeusz Kuntz. Su  hija Cecilia fue madre del también pintor Mariano Fortuny y Madrazo, por tanto consuegro de Mariano Fortuny y Marsal;  su hijo Raimundo  de Madrazo, también un notable pintor y máximo representante de la escuela neoclásica cortesana.

Cultivó la pintura histórica y religiosa, y uno de sus cuadros, La continencia de Escipión, le valió el ingreso en la Escuela de San Fernando, si bien debe su renombre a su actividad como retratista. De entre sus retratos al óleo cabe destacar dos: Carolina Coronado y General San Miguel, mientras que sus dibujos más conocidos son los retratos de Mariano José de Larra y de Ponzano.

Fue director del museo del Prado, cargo que tuvo que dejar como consecuencia de la revolución liberal de 1868, recuperando el puesto en 1881.

Este puesto de trabajo fue el exponente de su dedicación a la pintura, realmente el Prado que hay conocemos lo debemos en gran parte a su gestión, tanto la realizada antes del intermedio liberal como después, él vio la importancia de un buen museo y se dedicó a diseñarlo, distribuirlo y dotarlo de los medios técnicos y administrativos necesarios.

Durante el periodo liberal el Museo del Prado pasó a depender del Estado, concretamente del Ministerio de Fomento, que ya gestionaba el Museo Nacional de Pinturas, conocido como de la Trinidad, para ahorrar gastos en la gestión de ambos museo se decidió agrupar todas las obras en el Museo del Prado, así cuando Federico Madrazo volvió a ser su director se lo encontró notablemente engrandecido dedicando los últimos años de su vida a la clasificación y ordenación de las obras de arte incluidas en el patrimonio del Museo del Prado.

Murió siendo Director del Museo del Prado en 1894 a los 79 años.

Fue uno de los más grandes retratistas españoles del siglo XIX. Dotado de una extraordinaria capacidad para idealizar a sus modelos sin despegarse de la realidad y con una insuperable habilidad artística para describir las texturas de la vestimenta y la ambientación de sus retratos, Madrazo alcanzó a acuñar un lenguaje artístico propio, de enorme difusión. Así, influyó en numerosas generaciones de pintores en España, pues su labor como docente fue muy dilatada y estuvo apoyada tanto en el enorme peso social que llegó a acaparar, como en la extrema calidad de sus retratos, que no fue igualada por ninguno de sus rivales.

Magnífico representante del romanticismo y para quien posaron escritoras de la talla de Gertrudis Gómez de Avellaneda y Carolina Coronado. Su obra “La condesa de Vilches” que es Amalia de Llano y Dotres es una de las cumbres pictóricas del siglo XIX y de las más emblemáticas del Museo del Prado. Amalia fue escritora, activista política, actriz y directora de obras de teatro y tertulias literarias. Su retrato queda muy lejos de lo que ella fue.

DATOS BIOGRÁFICOS

Nació en Roma, donde su padre servía al rey Carlos IV en el exilio. Fue bautizado en la basílica de San Pedro del Vaticano y apadrinado por el príncipe Federico de Sajonia. Se trasladó con su familia a Madrid cuando su padre pasó a ser pintor de cámara de Fernando VII, en 1819. Formado en la Academia de San Fernando, Federico sería nombrado académico de mérito en 1831, a la temprana edad de dieciséis años. Por entonces dio comienzo su prematura carrera cortesana con una pintura propagandística encargada por la reina María Cristina, de especial interés iconográfico y simbólico, “La enfermedad de Fernando VII” ( Madrid, Patrimonio Nacional), que le reportó gran fama y reconocimiento desde su primera juventud.

Pero su definitiva formación como pintor, absolutamente cosmopolita, tuvo lugar entre las dos grandes capitales artísticas europeas de su tiempo, siguiendo los pasos de su padre. En 1833 emprendió un viaje a París, ciudad en la que volvería a instalarse entre 1837 y 1839. En esos años estuvo en contacto con lngres (1780-1867), y con otros pintores franceses de éxito -a los que pudo acceder a través de su padre-, participó en los Salons y recibió el encargo de pintar, para la Galerie des Batailles, en el Palacio de Versalles, el cuadro de historia “Godofredo de Boullon proclamado rey de Jerusalén”. A continuación realizó otras pinturas históricas, entre las que destaca “El Gran Capitán recorriendo el campo de la Batalla de Ceriñola” (P07806). En estas obras condensa la influencia del academicismo francés con la búsqueda de referentes formales españoles que complacieran el gusto artístico de la sociedad parisina de tiempos del rey Louis Philippe I (1773-1850). Poco antes de abandonar París había comenzado a trabajar en una de las pinturas de composición capitales de su carrera, “Las Marías en el Sepulcro” (Sevilla, Reales Alcázares). Con el proyecto de concluir ese cuadro se instaló en Roma, ciudad en la que terminaría de perfeccionarse como artista, incorporando a su estilo algunos elementos del purismo de raíz nazarena que pudo conocer allí, directamente, y que no solo afectarían a su plástica, sino también a su modo de concebir la formación artística de sus futuros alumnos.

En 1842 Madrazo regresó a Madrid, donde pronto consolidó su carrera cortesana como retratista real y, ayudado de nuevo por los contactos de su padre, alcanzó el puesto de pintor de cámara. En 1844 pintó el gran retrato de “La reina Isabel II” (Madrid, Academia de San Fernando), con el que asentó definitivamente su puesto como retratista oficial de la Corona. Al calor de su indiscutible protagonismo como retratista de la reina, Federico disfrutó de una gran demanda entre la burguesía y la aristocracia madrileñas. Así, pronto acuñó sus propios modelos retratísticos originales, que tendrían una gran difusión en el mercado artístico de los años centrales del siglo XIX español. De entre la caudalosa producción de esos años, destacan precisamente los retratos en que se sintió más libre y menos apegado a sus propios modelos, como sucede con el espléndido de “Segismundo Moret y Quintana” (P04466), de 1855, o en una de sus pinturas más emblemáticas, “Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches” (P02878). En esos años comenzó a madurar su estilo más característico, en el que adquirieron un gran peso los retratos españoles del Siglo de Oro, que marcarían el resto de su carrera.

A partir de la década siguiente, Madrazo adquirió una gran predominancia en el panorama artístico oficial, pues no sólo fue director del Museo del Prado -sucediendo en el cargo a Juan Antonio de Ribera, rival de su padre, sino que regía también la Academia de Bellas Artes de San Fernando y desempeñó un papel importante en su escuela. Asumió además la función de jurado en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y llegó a ocupar un escaño como senador del reino, acumulando numerosísimas condecoraciones y reconocimientos internacionales, que son testimonio de las repercusiones de su poder y de la enorme fama que alcanzó en toda Europa.

OBRA

Madrazo pintó retratos, sobre todo del mundo aristocrático y de la cultura (Carolina Coronado, Manuel Rivadeneyra, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Ramón de Campoamor, la condesa de Vilches, la marquesa de Espeja, el general Evaristo San Miguel, Larra) y algunos cuadros de historia, si bien casi todos estos son de su etapa juvenil. Cuando se asentó profesionalmente, se dedicó casi por completo a los retratos. Gozó de gran prestigio y tuvo diversos aprendices, como los franceses Léon Bonnat y Jean-Léon Gérôme. En la publicación El Artista, a cuya creación contribuyó, insertó poemas y artículos, y allí publicó algunos grabados. Como ya hemos apuntado en este artículo, su hija Cecilia fue madre del también pintor Mariano Fortuny y Madrazo.

Destacan en su obra el retrato de Isabel II, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando,-de excelente factura-, y el del marido de la reina Isabel, Francisco de Asís, el del rey Alfonso XII, el de quien fuera Presidente del Gobierno Juan Bravo Murillo, el del Presidente de la Primera República Española Nicolás Salmerón, y los de Ramón de Campoamor o José de Espronceda.

De los retratos femeninos el de Leocadia Zamora es el más hermoso por la belleza de la modelo y por el tratamiento del color. Las suaves tonalidades de grises y pardos del fondo hacen que resaltan el blanco del vestido y el azul del manto. El de Elena de Castellví, la mujer del infante don Enrique, hermano del rey Francisco, es de una belleza fría, aparece ataviada con un rico vestido de seda.

 

 

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LITERATURA DE CORDEL

Aquel sillón de cuadros

Por: Inma J. Ferrero


Hace un año leí un artículo que llamó mucho mi atención, hablaba sobre la llamada “Literatura de cordel” en él se hablaba de sus orígenes y se detallaban los lugares dónde este tipo de género literario había sido importado. Siendo como soy una apasionada de la literatura medieval y renacentista, no puede hacer otra cosa que investigar más a fondo sobre el tema. Espero que os parezca tan interesante como a mí me lo pareció y me lo parece.

La literatura de cordel es un género de carácter popular escrito en verso, su origen es tanto oral como escrito. Este tipo de literatura era distribuida a través de los llamados “pliegos de cordel”, que eran unos cuadernillos impresos que no estaban encuadernados y eran exhibidos en unos tendederos de cuerdas para ser vendidos, de ahí su nombre. Su origen se fija en la península ibérica (España y Portugal) y se importa a las colonias de ambos países, siendo en Brasil dónde adquiere su mayor importancia. Los temas que narran son de carácter popular (Sucesos cotidianos, episodios históricos, legendarios o religiosos). Por todo lo anterior podemos decir que se trata de un tipo de literatura cercana al romance o las coplas de ciego.

En cuanto a su forma, podemos decir que están escritos siguiendo el estilo del romance y en muchas ocasiones acompañadas de xilografías. Las estrofas más utilizadas son de dos, seis o diez versos. Lo que favorecía su memorización por parte de los vendedores que los reciban o cantaban en las plazas y en las ferias. Este tipo de literatura al igual que los romances, eran acompañados por instrumentos como la zanfona, el violín, la vihuela, etc. Solían ser vendidos por mendigos o invidentes.

Como ya hemos citado el origen de este tipo de literatura es luso-español, y se sitúa dentro el ámbito histórico de la lírica cancioneril y del romancero del Prerrenacimiento, como se percibe en la obra del renacentista Gil Vicente, situándose por lo tanto en el mismo contesto que la lírica germanesca y las narraciones de aventuras. La literatura de cordel se extiende al teatro del Siglo de Oro. En Portugal y Galicia, por su modo de comercialización recibe el nombre de “Folhetos”. Su expansión a las colonias se realiza a través del comercio marítimo. Pero no solo a las colonias sudamericanas sino también a los reinos de Nápoles y Sicilia, donde este tipo de literatura fue muy apreciado.

Miguel de Unamuno en uno de sus escritos, define este tipo de literatura del siguiente modo:

“Aquellos pliegos encerraban la flor de la fantasía popular y de la historia; los había de historia sagrada, de cuentos orientales, de epopeyas medievales del ciclo carolingio, de libros de caballerías, (…) de hazañas de bandidos, y de la guerra civil de los siete años. Eran el sedimento poético de los siglos, que después de haber nutrido los cantos y relatos que han consolado de la vida a tantas generaciones, rodando de boda en oído y de oído en boca, contados al amor de la lumbre, viven, por ministerio de los ciegos callejeros, en la fantasía, siempre verde, del pueblo.”

Parece comprobado que en España los poetas de tradición culta no fueron partidarios de la divulgación de sus poemas en pliegos sueltos, sin embargo, en Portugal fue el medio tradicional e incluso preferido por vates como Gil Vicente, Baltasar Dias, o Nicolás y Antonio José da Silva. Y así queda referido que los «folhetos» de estos y otros autores se vendían en los tenderetes de las escaleras del Hospital de Todos los Santos de Lisboa y, aun después, en el Arsenal y en la arcada Norte del Terreiro do Paço. Asimismo, en el Cancionero General publicado en 1516 y 1517,3 que recopiló García de Resende recogiendo la obra de 280 autores, aparece ya una clara influencia de la literatura de cordel en la poesía culta y viceversa.


BIBLIOGRAFÍA:

Palabras para el pueblo. Vol. I – Edición: Luis Díaz Vian (ISBN: 978-84-00-07911-6 / Editorial Consejo Superior de Investigaciones Científicas)

Los sefardíes y la poesía tradicional hispánica del siglo XVIII: el Cancionero de Abraham Israel (Gibraltar, 1761-1770) – Paloma Díaz-Mas; María Sánchez Pérez (ISBN: 978-84-00-09670-0 / Editorial Consejo Superior de Investigaciones Científicas)

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“CINE, CINE, CINE, MÁS CINE POR FAVOR”     

Por: Enrique Gracia Trinidad


“CINE, CINE, CINE, MÁS CINE POR FAVOR”                         

(Gracias, Luis Eduardo Aute)

Si Alberti pudo escribir aquello de “yo nací —¡respetadme!— con el cine”, bien se me puede permitir a mí decir que yo me crié con el cine y que también eso merece un respeto.

Hay mucho cine en nuestra vida, en la de todos los que a estas alturas estamos vivos porque en realidad todos hemos nacido con el cine en una u otra etapa.

Los mayores echarán de menos aquello del cine mudo en blanco y negro y las grandes obras maestras, el surrealismo, el expresionismo alemán, la Nouvelle Vague, los grandes musicales… Y recordarán El acorazado Potemkin, Un perro andaluz, El gabinete del doctor Caligari, Ciudadano Kane, Lo que el viento se llevó, Ladrón de bicicletas o Cantando bajo la lluvia. Además de los clásicos de Chaplin, Buster Keaton, Harold Lloyd o Laurel y Hardy,

Otros llevarán en su equipaje algunas más o menos tan antiguas como aquellas: Los diez mandamientos, Horizontes de grandeza, La casa de té de la luna de agosto, Kartum, Ben Hur, El Cid, Aventura en Roma, 55 días en Pekín, El tormento y el éxtasis, Al este del Edén o aquella curiosidad religiosa que fue La historia más grande jamás contada, con un reparto espectacular de estrellas encabezado por un jovencísimo Max Von Sydow en el papel de Cristo.

No sé si observamos que en cuanto te descuidas, durante toda la segunda mitad del siglo XX, por citar una época gloriosa del cine, si no se te cruzaba Gregory Peck conquistando el oeste o matando ruiseñores, o Burt Lancaster cuidando pajaritos en Alcatraz, nadando de piscina en piscina, o de príncipe decadente Gatopardo, siempre se nos aparecía Charlton Heston en plan épico, vestido de Moisés, del Cid, de Juan el Bautista, de terrateniente contra la marabunta de hormigas, de Buonarotti, de Señor de la Guerra medieval o de astronauta en un futuro donde los simios son los amos del cotarro. Podría haber citado a muchos otros, pero lo pongo a él como paradigma porque anduvo un poco denostado por su presidencia de la Asociación Nacional del Rifle, mientras se olvidaba su lucha por los derechos civiles, junto a Brando, Gadner, Newman, Joséphine Baker, Dylan, Joan Baez,  Belafonte o Sidney Poitier, coincidiendo en aquella marcha en que Luther King dijo lo de “I have a dream’. Y es que, con demasiada frecuencia olvidamos la obra de los artistas porque sus ideas sociales o políticas no coinciden con las nuestras: nos cargaríamos la historia de seguir por ese camino.

En fin, amigos, que me da un poco de nostalgia, ahora, cuando va terminando la segunda década del siglo XXI y siguen viéndose las grandes obras maestras del Séptimo Arte, pero alternando con otras de distinto magisterio aunque más espectaculares y ruidosas; ahora que los efectos especiales predominan sobre diálogos y argumentos, ahora que menudean más las series, como si los espectadores necesitasen capítulos cortos en dosis continuadas —algo de droga tiene el asunto—; ahora que son más negocio los videojuegos que las películas y las grandes salas desaparecen o están más llenas de butacas vacías y palomitas que de espectadores.

El mundo cambia a marchas agigantadas, y no entusiasma tanto Rock Hudson, el gigante en la extraordinaria película homónima, junto a Elizabeth Taylor y James Dean, como el gigante Gotzilla de este siglo, mucho más formidable que los godzillas de mediados del XX.

Y hablando de gigantismo: Ojalá no olvidemos los nuevos espectadores que en esto de las pantallas, aunque ahora sean minúsculas, “cabalgamos —Newton dijo— a hombros de gigantes”.

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DIEGO FERNÁNDEZ MAGDALENO | ARQUITECTURA FLUIDA DEL SONIDO

Por: Inma J. Ferrero


La revista PROVERSO, tiene este mes el placer de entrevistar al pianista Diego Fernández Magdaleno, el cual ha respondido amablemente a nuestras preguntas.

Diego Fernández Magdaleno nació en Medina de Rioseco. Ha sido director del Congreso sobre Creación Musical Contemporánea de Valladolid y Presidente en España de la Asociación Europea de Profesores de Piano. Actualmente es profesor del Conservatorio de Música de Valladolid, del que fue director durante cuatro años, y miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, en la que ingresó con un discurso centrado en la música española actual.
Varias son las vertientes que se desarrollan en la trayectoria musical del pianista Diego Fernández Magdaleno, pero todas confluyen en su permanente dedicación a la música española contemporánea, siendo en la actualidad una indudable referencia interpretativa y un estímulo constante para la composición de nuevas obras que aumentan el patrimonio musical de nuestro país. Un repertorio con el que está identificado de tal modo que Pedro Aizpurua escribió el que es uno de los mayores elogios que un autor puede hacer a un intérprete: “Ha penetrado en mis obras de manera muy sutil; tanto que, incluso, me ha hecho conocer matices que yo no hubiera advertido por mí mismo”.

Fernández Magdaleno ha protagonizado más de 300 estrenos absolutos de música española para piano de más de setenta compositores. Además, ha rescatado numerosas partituras de autores españoles olvidados injustamente, presentando integrales de músicos como Félix-Antonio, Enrique Villalba, Jacinto Ruiz Manzanares, etc.

El 14 de diciembre de 2009, Diego Fernández Magdaleno estrenó 22 obras en el Auditorio Nacional de Madrid, para conmemorar el primer aniversario del fallecimiento de Ramón Barce, del que fue amigo y, a juzgar por las palabras del propio compositor, intérprete extraordinario. Toda la prensa, general y especializada, se hizo eco en términos de elogio sin fisuras. Por ejemplo, Víctor Pliego de Andrés señaló en su crítica lo siguiente: “Las propuestas fueron muy variadas y Diego Fernández Magdaleno realizó la titánica tarea de estrenarlas todas con su toque impecable y un magnífico sentido de la musicalidad. Además supo encontrar un hilo conductor en la heterogénea colección reunida, y acertó en la manera ordenarlas en una sucesión coherente”.

Es autor de Creación Musical Contemporánea. El compositor Pedro Aizpurua (1999), El compositor Félix Antonio (2001), Dúo Frechilla-Zuloaga (2003), El piano en la obra de Josep Soler (2009), además de obras como El tiempo incinerado (2005), Libro del miedo (2006) y Razón y desencanto (2008).

Ha realizado grabaciones para Radio Nacional de España (Radio 1, Radio Clásica, Radio 5…), France Musique, RAI, BBC, Antena 3 y Televisión Española, y ha llevado al disco música de Aizpurua, García Álvarez, Grèbol y Soler.

Diego Fernández Magdaleno ha sido galardonado en numerosas ocasiones, entre las que cabe citar: Premio Racimo de Música de la Fundación Serrada (2009), Miembro de Honor de EPTA-España (2009), Premio “Un diez para diez” (2011), Premio Servir de Rotary (2012), Hijo Predilecto de Medina de Rioseco (2013)…

Desde noviembre de 2017 preside el jurado del Premio Internacional de Piano Frechilla-Zuloaga.

En noviembre de 2010 le fue concedido el Premio Nacional de Música.

R.P. ¿Por qué el piano y no otro instrumento? ¿Existe una “simbiosis” entre intérprete e instrumento?

D.F.M: Mi primer deseo fue estudiar violín, pero diversas circunstancias hicieron que me dedicase al piano. Creo que hay una relación absolutamente extraordinaria entre un intérprete y el instrumento al que se dedica.

R.P: ¿Qué puede ser lo más complicado que uno se plantea a sí mismo cuando se inicia la carrera de piano?

D.F.M: Es un camino que no tiene final. Por eso es tan apasionante.

R.P: También eres maestro de piano ¿Retroalimenta tu faceta de maestro de piano a la de pianista? ¿Qué piensas de la actual enseñanza musical en España?

D.F.M: Es importante, porque muchas veces el alumno actúa como un espejo. Además, hace que observes el instrumento desde otras manos y una personalidad distinta. En cuanto a la enseñanza musical en España, me gustaría referirme a un hecho que da cierta perspectiva: el año pasado se celebró el centenario del Conservatorio de Valladolid. En unos paneles se mostraban imágenes de todo ese siglo transcurrido. Hay que alegrarse del trabajo realizado y, siempre, hay que mejorarlo.

R.P: ¿Cómo se las arreglan las escuelas de piano con sus propias identidades en un mundo global, donde las fronteras culturales se difuminan constantemente?

D.F.M: Existe una interacción permanente.

R.P: ¿Cuáles son hoy los rasgos que definen a un gran pianista cuando empieza?

D.F.M: Siempre se puede mencionar un rasgo demasiado concreto, al que se objete su carencia en un gran pianista…

R.P: ¿Cómo eliges las obras para tus conciertos?

D.F.M: Cuando hago programas con piezas breves, el proceso de selección y colocación en el programa es muy minucioso, para conseguir una unidad con elementos que contrasten y se complementen entre sí. Me resulta muy atractiva esa parte de mi trabajo.

R.P: ¿Cómo afrontas la preparación de un recital?

D.F.M: Con el mayor respeto a los compositores y al público.

R.P: ¿Con qué compositores te encuentras más cómodo?

D.F.M: Es una pregunta difícil. Lo que puedo decir es que cada día de mi vida toco música de Bach.

R.P: ¿Quiénes son tus modelos en la interpretación pianística?

D.F.M: Muchos. Creo que aprender es lo que mejor hago.

R.P: ¿Es necesario establecer una comunicación especial entre público e intérprete?

D.F.M: Sí, es indispensable.

R.P: ¿Esta relación público intérprete tiene que ver también con la búsqueda de la pureza y de una comunicación más directa, más allá de efectismos o interpretaciones artificiales?

D.F.M: Es que no hay concierto sin público. No puede imaginarse.

R.P: ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

D.F.M: Conciertos y conferencias. Además, muy pronto saldrá un nuevo disco.

R.P: ¿Alguna recomendación para los jóvenes que comienzan sus estudios musicales?

D.F.M: Siempre hemos de dar gracias por dedicarnos a la música.

R.P: Muchas gracias por habernos atendido

D.F.M: Muchísimas gracias. Ha sido un auténtico placer conversar con contigo.

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AMANTINA Y OLIMPIA COBOS | LA FUERZA DE LA PLUMA

Por: Lourdes Páez Morales


A Pilar Alcalá, Presidenta de Noches del Baratillo

“Mis ideas son mías” −declaraba Amantina Cobos Losúa, llevándose el dedo índice a la frente, a un periodista de la revista Estampa el 25 de febrero de 1930. La entrevista se hacía eco de la inminente materialización del Ateneo Femenino de Sevilla, una institución de efímera existencia que sería capitaneada por esta poeta sevillana.

Patrocinio Amancia Cobos −nombre real de Amantina, que figura en el primer escalafón del Magisterio nacional primario, publicado en 1933 por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes− había nacido en León, pero residió la mayor parte de su vida en la ciudad de Sevilla: en 1909 en el número 3 de la Plaza de Alfonso XIII y a partir de 1910 en el número 9 de la Calle Santa Clara, como afirma Carmen Ramírez Gómez en su obra Mujeres escritoras en la prensa andaluza del siglo XX (1900-1950). Era, como muchas mujeres intelectuales de su tiempo, maestra de primera enseñanza, porque durante más de un siglo las mujeres que querían continuar formándose más allá del bachiller, vieron en la Escuela Normal de Magisterio la casi única vía de escape a sus aspiraciones educativas.

Era maestra también, como ella, su hermana, Olimpia Cobos, que además era licenciada en Filosofía y Letras, y una eminente ensayista en defensa del feminismo. Suyas son estas palabras, recogidas dos años después de su prematuro fallecimiento en 1919, y que no dejan lugar a dudas de su altura de miras y la fuerza de su pluma:

¿Retrato de Olimpia Cobos? Por Manuel Villalobos Díaz. Hacia 1921. Foto: Museo de Bellas Artes de Sevilla. Pepe Morón.

Es el feminismo la aspiración que debe tener toda mujer a conseguir una personalidad definida, y sin dejar de ser mujer, o sea dentro de la feminidad propia de su sexo, demostrar que al constituir la mitad de la humana sociedad tiene derecho a tomar una parte activa en todo aquello que al mejoramiento social se refiere, dejando de representar ese ridículo papel de figura decorativa que le está asignado y que los atavismos, las costumbres, la indolencia y la abulia le impiden cambiar por otro más digno, más útil y más humano, que redunde en beneficio para sí, para la familia y para la patria. Mas para esto necesita estar capacitada física, moral e intelectualmente, puesto que de no ser así su intervención conduciría al fracaso.

Fue en 1920 cuando Amantina recopila todas las obras literarias de su hermana Olimpia, fallecida en el Colegio de Santa Victoria de Córdoba, ciudad donde ejercía su labor como maestra en la Escuela Superior de Magisterio. Bajo el título Reino de ensueño, sale a la luz el volumen de su obra, como recoge el Diario de Córdoba, periódico del que había sido colaboradora hasta su repentino fallecimiento, con una portada alegórica y modernista, diseñada por su cuñado, esposo de Amantina, el pintor sevillano Manuel Villalobos Díaz. Es un conjunto de fragmentarias piezas literarias que van desde artículos a conferencias sobre sociología o arte, pasando por cuentos y otras narraciones sobre sus excursiones que dan a conocer el universo erudito de Olimpia Cobos. La participación en esta obra de las firmas de Alejandro Guichot, Fernando de los Ríos o la poeta sevillana María Tixe de Isern, nos dan una idea de la relevancia de su figura en la sociedad del momento. No en vano pertenecía a diversas corporaciones científicas cordobesas, como la Sociedad de Arqueología y Excursiones, o la Asociación a Monumentos y Lugares Históricos.

Sabemos de sus firmes convicciones religiosas por algunas noticias, como la recaudación de donativos para las obras de la Basílica de Alba de Tormes (Salamanca) donde reposan los restos de Santa Teresa de Jesús, o por las reflexiones vertidas en sus artículos del Diario de Córdoba, una de las cuales, sobre las bibliotecas populares y las bibliotecas al aire libre, publicada el lunes 20 de mayo de 1918, donde manifiesta además su profundo amor por la cultura, y de la que pasamos a transcribir el fragmento final:

Anaquel de la Glorieta de Cervantes. Parque de María Luisa, Sevilla

Existe en Sevilla un lugar de ensueño que se llama la Plaza de América; en este sitio han surgido, en medio de jardines encantados, palacios maravillosos, semejantes a los descritos en los cuentos orientales, debidos al genio de un hombre tan sabio como modesto, el famoso arquitecto Aníbal González, cuyo talento y mérito extraordinario le dan puesto preeminente entre los hijos más ilustres de Sevilla.

En este encantador recinto hay un jardincito, en cuyos bancos, formados de azulejos, se ven los principales pasajes de las aventuras del famoso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Ese jardín es el de Cervantes, cuyo busto en cerámica y una estatua ecuestre de don Quijote, caballero en Rocinante, decoran el lugar; pero no es esto lo que llama la atención del paseante, sino una especie de hornacinas con estantes, hechas de cerámica sevillana, y que contienen las obras del Manco de Lepanto. Y, la tarde de un domingo primaveral cuando los jardines estaban cuajados de flores y el ambiente saturado de azahar, quedé agradablemente sorprendida al ver el Jardín de Cervantes lleno de gentes; obreros de manos limpias y honradamente curtidas por el trabajo, estudiantes, caballeros, casi todos tenían en la mano un libro, ya era el Quijote, ya las novelas ejemplares, quien Persiles y Sigismunda, quien La Galatea. 

Todos leían con interés; los estantes estaban vacíos, y era de suponer que los que no tenían libro esperaban poder conseguirlo.

Y al contemplar el cuadro simpático y atrayente que formaban los lectores cervantinos, su corrección y comedimiento, pensé que después que la religión no hay lazo que más una y hermane a los hombres que la cultura.

El surgimiento de mujeres articulistas en la prensa, como Olimpia o Amantina, intenta superar ese veto que habían sufrido las generaciones anteriores a ellas, viéndose restringidas a publicar en los periódicos solo poemas, que a veces eran mordazmente criticados y ridiculizados por sus compañeros de profesión. Ambas hermanas, fundamentalmente Olimpia, escribieron en prensa sobre los más diversos temas, haciéndose eco de la actualidad social arrojando sus opiniones personales en torno, por ejemplo, a una crisis en el sector de la minería ocasionada por una huelga obrera en las Minas de Riotinto.

Noticia de la Revista Estampa. 25/02/1930

Amantina, aunque enormemente polifacética, focalizó su actividad en la investigación histórica, publicando, por ejemplo, el ensayo titulado Apuntes históricos de San Juan de Aznalfarache, de 1927. Su afán recopilatorio de espíritu historiador le lleva, como hemos visto, a reunir, como homenaje por su fallecimiento, todas las publicaciones realizadas por su hermana, y también a recuperar la memoria de mujeres pioneras de la cultura, en el aplaudido libro Mujeres célebres sevillanas, de 1917, prologado por Luis Montoto, en que aportaba nuevos datos, entre otras, a la biografía de Mercedes de Velilla. Incansable defensora de la educación femenina, la vemos participando en 1919 en un mitin procultura, o, como también hemos visto, fundando el infortunado Ateneo Femenino de Sevilla. No le faltaron reconocimientos del mundo académico, siendo nombrada miembro de la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes de Cádiz, así como del literario, recibiendo el homenaje en 1955 de la Institución literaria decana de Sevilla Noches del Baratillo.

Para terminar, es necesario apuntar que ambas mujeres, Amantina y Olimpia, fueron pintadas por Manuel Villalobos, y sus retratos quedaron un día guardados en los peines de los almacenes del Museo de Bellas Artes de Sevilla. La falta de documentación aportada por quien los donó a la institución en 1961 hace que hoy no podamos discernir cuál es Amantina y cuál el retrato de Olimpia que Villalobos presentó a la Exposición de Bellas Artes de Sevilla en 1921. De nuestra labor investigadora depende volver a ponerle rostro cierto −fundamentalmente a Olimpia, de la que no conocemos la existencia de fotografías en prensa, como sí las hay de una madura Amantina− a estas dos mujeres letraheridas de cuyo nombre, parafraseando a Cervantes, pocos se acuerdan ya.


FUENTES:

http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es

http://prensahistorica.mcu.es

Lourdes Páez Morales. De mujeres, museos y redes sociales. Porque museo viene de musa. Actas del VII Congreso Internacional Investigación y Género. Universidad de Sevilla. 2018.

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PAPUSZA | LÁGRIMAS DEL LARGO OLVIDO

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


Cae lentamente la lluvia sobre la ventana de mi habitación, esas gotas saben de mi nostalgia, de mi deseo de encontrar la palabra que describa todo aquello que se anuda entre mis labios.

Paseo los dedos lentamente por la estantería, leyendo el título, a veces desgastado de esos libros que me alimentan y son mis compañeros de cuarto. Detengo los ojos en un nombre “Papusza”, despacio, muy despacio acaricio el lomo de tesoro que ha decidido acompañarme.

Hace ya 32 años, la poetisa gitana conocida con el nombre de Papusza (muñeca en romaní), murió el 8 de febrero de 1987, en Inowrocław, Polonia, entre la indiferencia y negación de los suyos. Bronislawa Wajs (este era su nombre real) nació el 17 de agosto de 1908, en Lublin, Polonia. Papusza fue una de las mujeres gitanas que más ha contribuido a la transmisión de la cultura gitana gracias a la literatura.

Su familia pertenecía a la comunidad Polska Roma, el grupo nómada más numeroso en el este y norte de Polonia al inicio del siglo XX. Debido a esto Papusza pasó una gran parte de su infancia siendo nómada a lo largo del río Niémen. Su padre murió cuando ella tenía 5 años y su madre se casó de nuevo con Jan Wajs, arpista y alcohólico. Su madre leía las manos y adivinaba la buenaventura y Papusza aprendió de ella el oficio. Pronto se da cuenta de que a su vida le falta algo, su ansia de saber y su curiosidad hacen que rápidamente se interese por querer conocer lo que hay en los libros y en los periódicos. En esa época, en Polonia el de niños alfabetizados o que fueran a la escuela era muy grande. Por tanto, Papusza aprendió en secreto el alfabeto con la ayuda de niños que iban a la escuela y aprendió a leer gracias a una comerciante. Debido a su gran interés por la cultura recibió burlas e insultos por parte de los miembros de su pueblo.

A los 15 años la casaron con un hombre 10 años mayor que ella, al que nunca quiso. Al poco tiempo de casarse su marido ingresa en la cárcel. Más tarde Papusza se casó con el hermano del marido de su madre, Dionizy Wajs de 42 años, también fue un matrimonio forzado. Su nuevo marido (Wajs) era músico, dirigía una orquesta itinerante y Papusza se integró rápidamente en el grupo y cantó canciones tradicionales. Al mismo tiempo, improvisaba poemas, epopeyas y canciones infantiles. Después ella escribe todas sus creaciones en lengua romaní.

Polonia fue el primer país ocupado por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial y fue el país más perjudicado, ya que perdió una gran parte de su población judía y gitana. La familia de Papusza perdió una gran parte de su familia, especialmente durante un violento ataque de su campamento por los nazis en 1943 cerca de Wlodzimierz.

En 1949, Papusza conoce a Jerzy Ficowski, un joven poeta polaco que huía de la policía comunista. Él se refugió en el campamento gitano hasta 1951, pensando que sería más difícil de que lo encontrasen allí. Según él, de esa estancia en el campamento y el tiempo que pasó con Papusza, vinieron todos los problemas de la poeta. El único crimen de Ficowski fue proponer a Papusza traducir sus escritos al polaco y publicarlos. En 1950, una revista polaca publicó los escritos de Papusza y a partir de ahí se inicia su reconocimiento y su desgracia.

En sus escritos, Papusza relató las leyendas gitanas, los sueños y las esperanzas de su comunidad, pero también las penas y los problemas como el genocidio. En sus textos se muestran los viajes, durante su infancia. También habla de su cultura, de sus tradiciones a las cuáles estaba muy apegada. Pero también se muestra una mirada crítica sobre su comunidad, mostrando los puntos más negativos, como la pobreza, la dificultad de la vida nómada.

El éxito de Papusza ante la sociedad mayoritaria polaca, no gustó a las diferentes comunidades gitanas. Durante esa época, el comunismo forzaba a la sedentarización de un modo brutal y Papusza fue vista como una traidora, ya que había compartido los secretos de la comunidad gitana. Ellos pensaban que este hecho conduciría al pueblo gitano a la perdición y a una destrucción irremediable. Los conocidos de Papusza en el mundo literario, los que le habían hecho famosa, no pudieron hacer nada por ella ante un régimen que utilizó sus textos para justificar crímenes contra su comunidad. Papusza fue desterrada por los suyos y tuvo que huir con su familia. Mas tarde a causa de una depresión, su marido la tacha de demente y su marido la interna en un hospital psiquiátrico. El destierro obligado la hundió totalmente, porque ella no confiaba en los “no gitanos” y adoraba a su comunidad.


SEIS POEMAS DE PAPUSZA

NADIE ME COMPRENDE

Nadie me comprende,
sólo el bosque y el río.

Aquello de lo que yo hablo ha pasado todo ya,
todo, y todas las cosas se han ido con ello…

Y aquellos años de juventud.

OH, SEÑOR, .ADONDE DEBO IR?

Oh, Señor, .adonde debo ir?
.Que puedo hacer?
.Donde puedo hallar
leyendas y canciones?
No voy hacia el bosque,
ya no encuentro ríos.

!Oh bosque, padre mio,
mi negro padre!

El tiempo de los gitanos errantes
paso ya hace mucho. Pero yo les veo,
son alegres,
fuertes y claros como el agua.
La oyes
correr
cuando quiere hablar.

Pero la pobre no tiene palabras…
… el agua no mira atrás.

Huye, corre, lejos, allá
donde ya nadie la vera
Nadie me comprende,
solo el bosque y el río.

Aquello de lo que yo hablo
ha pasado todo ya, todo,
y todas las cosas se han ido con ello…
Y aquellos años de juventud.

CANCIÓN DE LOS BOSQUES

¡Ah, mis bosques!

No os cambio por nada
en este gran mundo blanco,
por nada, ni por el oro
ni las piedras preciosas;
las piedras preciosas
hacen hermosos fuegos
y llenan los ojos de muchos hombres.

Pero mis montañas de piedra
y cerca del agua las rocas
me son más queridas que las deseadas piedras
que hacen hermosos fuegos.

En mi bosque por la noche
cerca de la luna brillan los fuegos,
lucen como las piedras preciosas
que los ricos llevan en sus manos.

¡Ah! ¡Mis bienamados bosques!

Arboles que huelen a salud

¡Cuántos
Cuántos chavorrillos gitanos habéis criado
como si fueran vuestros pequeños!

Si el viento mece el alma como si fuera una hoja,
el alma nada teme.

Los niños gitanos cantan,
aunque sufran, aunque estén hambrientos
saltan, juegan y bailan, como el bosque les
ha enseñado.

¡BUENOS DÍAS, GITANOS!

Sueño

La radio emite en romanó.

Escucho su voz:

“Buenos días, gitanos, grandes y pequeños!

¡Qué tengáis salud y fortuna!”

Estudio, micrófono, música.

Los gachés bailan con nosotros.

Los gachés se ríen con nosotros.

Estoy feliz.

Sueño

La radio emite en romanó.

Escucho su voz:

“¡Huid lejos, gitanos, jóvenes y mayores!

¡Huid, huid muy lejos!”

Granadas, bombas, armas, cuchillos.

Los gachés nos golpean.

Los gachés nos asesinan.

Estoy desolada.

VÍA LACTEA GITANA

Quiso Dios y lo consiguió
que la Tierra y el Agua se casasen.

La Tierra y el Agua ruegan a Dios
un hijo varón, el Sol, de corazón.

La Tierra engendró cinco veces
y nacieron cinco hijas, estrellas:

Primera estrella: Flor

Segunda estrella: Fe

Tercera estrella: Manzana

Cuarta estrella: Pájaro

Quinta estrella: Esperanza

La Tierra y el Agua exclaman
un hijo varón, el Sol, desean.

Dios escucha y dice:
“¡Jurad y prometed!

Cada año sacrificaréis un cordero,
y con su sangre señalaréis la frente del niño

Y le llamaréis Pan”

La Tierra y el Agua lloraban de alegría y dijeron:
“¡Hemos hecho un juramento!”

EL VIENTO SOPLA DENTRO DE MÍ

El viento sopla dentro de mí,
llueve dentro de mí,
llena de agua estoy,
los ojos fluyen afuera
truena dentro de mí,
la ira empuja hacia fuera
golpea sobre el corazón como en un yunque,
toda mi alma buena, mendiga, vocea,
la obligan a salir de mí,
cierra los ojos,
retorciéndose las manos,
se levantan,

Se abre la boca,
las palabras pequeñas las dejo dentro de la boca :
¡Quisiera volverme buena!
¿Lo has oído?
Quiero el sol conocer.


BIBLIOGRAFÍA

Wikipedia

Eldiario.es

 

 

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REMEDIOS VARO | EL SUEÑO Y EL SÍMBOLO

EL ATRIL

Por: Isabel Rezmo


Remedios Varo fue una pintora y escritora española perteneciente a la generación del 27 y afín al movimiento surrealista.  Anglès no sólo fue su lugar de origen, sino también la materia prima y aporte de la substancia enigmática que recorrerá toda su producción artística.

La influencia paterna marcará su impronta con las enseñanzas de dibujo técnico, mientras una síntesis entre simbolismo, surrealismo y fantasía, junto a las teorías freudianas acerca de la complejidad del inconsciente, alimentarán la originalidad de una obra rica en detalles y sugestiones. Sin duda, no podemos obviar a pintores como Goya, El Greco o El Bosco, claras constantes en la obra de remedios, al igual que la literatura de Edgar Allan Poe o de Julio Verne.

Haber pertenecido al grupo surrealista durante la estancia en París, junto el resto de influencias estéticas y personales, determinará la plena configuración de un lenguaje propio y de vanguardia, en consonancia al carácter independiente de la mujer que fue.  La vanguardia alumbrada por André Bretón, -maestro y amigo de la pintora- germinaría en México, gracias a la sensibilidad y genialidad de la artista allí desarrollaría con plenitud el estilo y la personalidad artística con los que alcanza el reconocimiento al conjunto de su trabajo pictórico tanto en tierra latinoamericana, como estadounidense.

VIDA Y EXILIO

Nacida en la provincia de Gerona y en el seno de una familia liberal, pudo cultivar sus inquietudes culturales, las cuales plasmaba en sus ilustraciones desde edad temprana.

Remedios estaría en contacto con diversas culturas gracias a la movilidad, que desde pequeña la llevaría a explorar nuevos mundos; desde su Gerona natal, Tánger (Marruecos), Madrid, París y Barcelona. Remedios se entregó al arte gracias al apoyo familiar. Una vez que se graduó de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, n la que tuvo como profesores a Manuel Benedito y Julio Romero de Torres; se interesaría por la corriente surrealista que seducía a París. Tras una breve temporada en la metrópoli francesa, se asentó en Barcelona con su primer marido Gerardo Lizárraga; en donde se involucraría en el colectivo «Logicofobistas», tal y como explica Kate Hodges. «Este movimiento tenía por objetivo aunar el arte y la metafísica de un modo que desafiara a la lógica y a la razón», afirma la autora.

Después de una estancia en París, pasó a Barcelona y compartió taller con el pintor Esteve Francés, con quien se introdujo en la estética de la vanguardia y se interesó por el surrealismo.

En 1936 participó en la Exposición Logicofobista realizada en Barcelona y, desde entonces, se acercó a los componentes del surrealismo francés. Durante la Guerra Civil (1936-1939) conoció al escritor francés Benjamin Péret y, tras un tiempo de vida en común en España, marcharon a París. En la capital francesa participó en las reuniones y exposiciones surrealistas. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Remedios Varo abandonó París y se instaló en México (1941).

Allí empezó a trabajar como artesana, pero enseguida pasó a formar parte del grupo surrealista y a relacionarse otra vez con Esteve Francés y, sobre todo, con la pintora británica Leonora Carrington, cuyo fuerte ascendiente artístico fue definitivo en la concepción estética de la creadora española. También formaron parte del grupo al que era asidua Octavio Paz, César Moro, Eva Sulzer, Gunther Gerzso, José Horna y Gordon Onslow-Ford, entre otros. Durante su estancia en México, conoció a artistas como Frida Kahlo y Diego Rivera, Varo participó en las exposiciones First Papers of Surrealism de Nueva York (1942) y Le Surrealisme de la Galería Maeght de París. En 1956 presentó su primera gran exposición de carácter individual en Ciudad de México; a partir de ese momento se convirtió en uno de los nombres más reconocidos de la pintura del país. De hecho, no fue hasta la década de 1950 cuando se dedicó por completo a la creación pictórica, persuadida por Walter Gruen, su último marido un político refugiado austriaco devoto de su obra, que la convenció para que se dedicase exclusivamente a la pintura y le proporcionó la estabilidad que necesitaba.

En 1955 México acogió su primera exposición.​ En 1958 Varo obtuvo el primer lugar en el Primer Salón de la Plástica Femenina en las Galerías Excélsior.​

Destacó durante la época del muralismo mexicano, no como muralista sino con sus pinturas exhibidas en diversas instituciones mexicanas, entre ellas en el Instituto Nacional de Cardiología donde cuelga la pintura Retrato del Dr. Chávez (1957), homenaje al médico mexicano Ignacio Chávez, cardiólogo de la pintora.

La vida de Remedios se vio rodeada de misticismo, sus temas de interés iban desde la teoría psicoanalítica hasta la alquimia, tal como se expresa en múltiples cuadros suyos.

Creación de las aves (1957)

Su obra anterior a la Guerra Civil es poco conocida, pero lo que se ha conservado indica la dirección que iba a seguir en los años posteriores: imaginería onírica dentro de los parámetros del surrealismo ortodoxo (que después se haría más libre) e ingenuismo estilístico.

Su conciencia narrativa, a menudo recargada de figuras tomadas de los cuentos infantiles, llega en algunas obras a hacerse casi sofocante. Aun siendo ello interesante, la autora dio lo mejor de sí cuando se ocupó más en crear relaciones espaciales y cromáticas per se, liberadas de abigarramientos iconográficos. No obstante, son muy célebres sus exploraciones de diminutos mundos fantásticos (con evidentes evocaciones del mundo medieval y de la pintura de El Bosco y Brueghel el Viejo), su gusto por las escenas referidas a la alquimia y sus metamorfosis de la figura femenina, mito primero de la creación simbolizado como fuente natural de belleza y regeneración.

Poco conocida, aunque al menos tan interesante como su pintura, es su obra escultórica. Se trata de una colección de piezas elaboradas a partir de huesos, espinas de pescado y toda suerte de restos orgánicos, alambres, cuerdas, etc. Muchas de ellas presentan apariencias de fósil fantástico, esqueleto animal o tótem tribal; son obras verdaderamente conseguidas y dignas de enriquecer el cuadro de honor de las mejores rarezas de la figuración surrealista española.

Hasta el final de su vida no consiguió vivir de la pintura. Siempre realizó trabajos artísticos de supervivencia, sobre todo como ilustradora publicitaria. También pintó instrumentos musicales y muebles; realizó los decorados de la película “La aldea maldita”, de Florián Rey; falsificó por encargo cuadros de Giorgio de Chirico y diseñó trajes y tocados para teatro y ballet junto a Leonora Carrington y Marc Chagall.

Falleció el 8 de octubre de 1963 en la Ciudad de México de un infarto de miocardio. En su estudio se encontraba la última obra que pintó, Naturaleza muerta resucitando, y el boceto del que sería su siguiente cuadro, Música del bosque.

 A su muerte, André Breton escribió: “El surrealismo reclama toda la obra de una hechicera que se fue demasiado pronto”.

OBRA Y RECONOCIMIENTO:

Surrealismo, psicoanálisis, mística.

“Remedios ríe pero su risa resuena en otro mundo” con esta frase Octavio Paz describió a la pintora surrealista Remedios Varo, frase que combina plenamente al mirar sus cuadros en los cuales logró representar mundos oníricos, impregnados de misticismo y paisajes inquietantes, que se complementan con personajes inverosímiles, y que nos trasladan a la parte más profunda de su esencia.

 Para Varo la coalición de dos mundos, uno que todos aseguramos comprender y otro que sólo pocos llegan a conocer, fue la única manera en la que sus sueños e ideas pudieron ser materializados antes de que su inspiración explotara dentro de su mente ingeniosa, libre y creativa.
Quienes admiran su trabajo conocen los temas a los que la pintora española, naturalizada mexicana, recurría con constancia: ciencias, arquetipos psicoanalíticos, la Tierra y su origen, el espacio y su infinidad, y todo lo
que nos conecta con ello. Sin embargo, desmenuzar los elementos de sus pinturas va más allá de un análisis estético; una parte de su obra pertenece a una corriente basada en la experimentación artística –el surrealismo– pero otra es el conjunto de sus sueños lúcidos, de sus vivencias fantásticas y de su indiscutible capacidad para convertir lo ordinario en enigmático.
 Una creadora con reconocimiento internacional, especialmente en México y Estados Unidos, pero que en nuestro país es una absoluta desconocida, a pesar de haber nacido en un pequeño pueblo catalán llamado Anglès y de haber desarrollado los primeros años de su carrera en Madrid y Barcelona antes de marcharse para no regresar jamás, por culpa de la guerra y la dictadura.

“Llegué a México buscando la paz que no había encontrado, ni en España la de la revolución ni en Europa la de la terrible contienda, para mí era imposible pintar entre tanta inquietud”.

Ella, o un ser que la representa, se encuentra dándole la espalda a una figura geométrica, perfecta y casi condicionante. Ésta representa aquel sistema en el que a la pintora le fue imposible encontrar el equilibrio que siempre necesitó para dejar bailar su pincel al ritmo de su creatividad.

Bajando las escaleras encapuchada y con las manos asegurándose una a la otra, ella huye de todo lo establecido, se aleja de esas convenciones que le impiden liberar su pensamiento. Mientras da un paso, su mirada se dirige hacia los papeles que escapan por una puerta entreabierta que no sugiere nada; esto significa que sólo Remedios y esas ideas en forma de palabras sobre papel, son lo único que se atreve a salir de ahí, a cruzar los límites y a buscar la inspiración faltante. Sobre ella se encuentran las miradas expectantes de quienes deja atrás, no es necesario que la pintora los detalle demasiado para darnos cuenta de que permanecen inmóviles, cobardes y perplejos; tal vez orgullosos o celosos de la hazaña de esta valiente viajera.

La mayoría  su obra pictórica  están en el Museo de Arte Moderno de México (MAM)

Remedios Varo se llamaba realmente María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga. Vino al mundo con una enfermiza salud y problemas cardíacos y con el peso de ser la que venía a remediar la muerte de una hermana. El nombre, Remedios, marca heredada de su rama familiar, tendrá unos efectos psicoanalíticos para ella, porque tendrá que vaciarlo de este significado y connotaciones para hacerlo suyo. Y eso lo conseguirá a través de sus obras oníricas e imaginarias, donde combina el dualismo siempre presente en sus obras entre lo científico y lo mítico, lo sagrado y lo profano. Remedios, adscrita al surrealismo, conoce también el psicoanálisis, estudia la alquimia y el esoterismo y todo lo traslada a sus cuadros de personajes sublimados y dotados de un cierto androginismo consciente, poblados de entes de ojos almendrados y apariencia etérea. Los símbolos y elementos ocultos, con claras alusiones a los Arcanos del Tarot, son presencia constante en sus pinturas con personajes que emergen de los colores en actitudes poco usuales: contemplativos, oníricos, pasivos portadores de una simbología extremadamente poderosa que invoca la magia, la imaginación y la mística, elevados a través de maquinarias que viajan a través de los cuatro elementos que a su vez se corresponden con las energías superiores del mundo simbólico, arquetipos en diversos planos de la realidad, a menudo tomando como base la figura femenina, mito primigenio de la creación, símbolo del origen natural de la belleza, la génesis y la regeneración, para representar estados mentales internos del alma mediante potentes sugerencias.

En sus obras está presente el inconsciente colectivo que propicia la creatividad y permite la evolución psíquica como parte del evolucionismo que comparte toda la humanidad, partiendo de la interpretación onírica que comunica dichos arquetipos a través del inconsciente para aflorar al consciente a partir de una serie de imágenes, transposiciones, reconocimientos o experiencias comunes al género humano que despiertan asociaciones en los espectadores.

‘El Flautista’ (1955)

Sus obras reflejan la valentía de una mujer que siempre pintó a través de su intuición, el mundo esotérico que la rodeaba. Sólo alguien como Remedios Varo fue capaz de unir varios mundos en un solo lienzo, de concebirlo todo desde la magia de su voluntad artística y de encontrar sistemas planetarios –y sus respectivos efectos– en todo lo que tenía frente a ella.

Después de su muerte ha tenido varios reconocimientos póstumos:

En 2007 la escritora cubana Zoe Valdés publica la novela “La cazadora de astros” en la que recupera la historia de la artista.En 2008 fue reconocida por la ciudad de Barcelona con una placa en unos jardines del barrio Diagonal Mar que desde entonces llevan su nombre: “Jardines Remedios Varo”.​La Universidad de Barcelona organizó entre 2008 y 2009 seminarios internacionales para celebrar el 70 aniversario del exilio de la pintora hispanomexicana Remedios Varo motivado por la guerra, sirviendo la ocasión también para promover la figura de esta artista poco conocida en Cataluña donde nació. Las ponencias se reunieron en el volumen Remedios Varo. Caminos del conocimiento, la creación y el exilio (2013).  La pintora fue destacada post mortem en la Megaofrenda por el Día de Muertos de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), en el 2013, dedicando las ofrendas a su trabajo artístico plástico.

En el año 2000, Walter Gruen, su viudo, donó la colección de obras de Remedios Varo al Museo de Arte Moderno de México. La mayoría de estas obras fueron legalmente compradas a coleccionistas privados que a su vez las habían adquirido legalmente en galerías. Fueron declaradas monumento artístico mexicano el 26 de diciembre de 2001.

Por medio de un movimiento judicial,   en ese año la española Beatriz María Varo Jiménez, sobrina de Remedios y también pintora, fue declarada por el Juzgado Décimo Tercero de lo Familiar en el Distrito Federal de México como única y universal albacea de la sucesión de bienes de su tía Remedios Varo.

En marzo de 2005 el Instituto Nacional de Bellas Artes de México apeló el dictamen, el cual se suspendió temporalmente en lo que las instancias judiciales competentes revisaban el caso.

Cabe señalar que, en vida, la pintora vendió o regaló la mayoría de sus obras, aduciendo que lo que más le importaba era el proceso creativo, no las obras en sí; las cuales, al dejar de pertenecerle, dejaron también de ser, de acuerdo a la ley, parte de su herencia.

Finalmente, el 11 de enero de 2008,  se emitió una sentencia donde señaló que la Federación, entendida como la nación mexicana, es la única y legítima propietaria de las obras de Remedios Varo.

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LAFCADIO HEARN Y LOS ESPÍRITUS DE ORIENTE.

Por: Tomás Sánchez Rubio


Léucade, conocida hasta el siglo XIX por Santa Maura, es, junto con Corfú, Paxos, Ítaca, Cefalonia, Citera o Zante, una de las Islas Jónicas de Grecia. Su superficie es de poco más de trescientos metros cuadrados y consta, en la actualidad, de unos 26.000 habitantes. Allí nacieron el poeta y dramaturgo Aggelos Sikelianos (1884-1951) y la cantante de ópera Agnes Baltsa (1944).

También vino al mundo en aquella isla, un 27 de junio de 1850, Patrick Lafcadio Hearn, periodista y escritor cosmopolita, profundo conocedor y divulgador de la cultura japonesa en Occidente. Ese mismo año de 1850 tendrá lugar el nacimiento, en Edimburgo, de Robert Louis Stevenson, en tanto que fallecerá, en su París natal, el gran novelista Honoré de Balzac.

Lafcadio -gentilicio de Léucade (Lefkada)- era hijo de una campesina griega de la vecina Citera, Rosa Antonia Kassimati, y de un cirujano militar irlandés católico, Charles Bush Hearn, que se encontraba allí con motivo de la ocupación inglesa. Recordemos que fue el XIX un siglo de todo menos tranquilo en la historia de Grecia: tras la Guerra de la Independencia contra el Imperio Otomano, se desarrolla un largo periodo de inestabilidad civil con la directa intervención de otros países en su política interna. Después del asesinato de Ioannis Kapodistrias (1831), primer jefe de Estado de la Grecia independiente, las potencias europeas con el apoyo de Rusia designaron como rey a Otón Wittelsbach, hijo de Luis I de Baviera. En 1862, tras su deposición, Inglaterra logró que la Asamblea helena nombrara monarca a Jorge I, hijo del rey de Dinamarca y cuñado del príncipe de Gales…

El caso es que la familia de Lafcadio Hearn, siendo él todavía un niño, se traslada a Dublín, donde Charles deja a su mujer y a su hijo al ser destinado a las Indias Occidentales; por su parte la madre, rechazada por la familia del marido, vuelve a su patria confiando al pequeño a una tía abuela paterna en Gales, la cual se obstinaría, sin demasiado éxito, en que cursase la carrera eclesiástica. Sufre nuestro autor una infancia bastante triste y solitaria. Aparte de padecer el abandono de sus padres, así como la muerte de su hermano mayor al poco de nacer él, tiene lugar en su adolescencia la pérdida accidental del ojo izquierdo, siendo precaria de por sí la visión del derecho. Sin embargo, como es propio de los grandes espíritus creadores, tales circunstancias no impidieron que se convirtiese en un absoluto apasionado de la lectura, haciéndose de un bagaje cultural y lingüístico que le permitiría desenvolverse dentro del mundo de las letras y el periodismo a lo largo de toda una prolífica vida. Estudió, aparte de en Gran Bretaña, en Francia, de cuyo idioma, así como del español, realizaría traducciones.

En 1869 llegó a Estados Unidos. De Nueva York, donde se ganaba la vida trabajando en restaurantes, pasó a Cincinnati (Ohio), ejerciendo de corrector de pruebas y luego como redactor en The Cincinnati Enquirer y en The Commercial. Más tarde marcharía a Nueva Orleans para trabajar en el periódico Ítem; allí se interesa por el vudú, la historia, la cocina y los barrios marginales, tema este sobre el que también había escrito en su anterior etapa de Cincinnati. En 1881 empezó a trabajar en The Times and Democrat. Recopila sus trabajos periodísticos en Hojas sueltas de literatura extraña (1884) y en Gombo Zhebes (1885). Sus textos comienzan a aparecer en las revistas de Nueva York y en 1887 publica Fantasmas de la China. The Harper’s Magazine le envió como corresponsal a la Martinica, donde permaneció dos años y medio; fruto literario de esa estancia fueron Two years in the French West Indies (1890), la mejor descripción de estas islas editada hasta hoy, así como Youma, The Story of a West-Indian Slave, o la novela Chita. Publica, asimismo, varias traducciones de escritores franceses importantes, como Guy de Maupassant o Gustave Flaubert.

En 1890 decide marchar a Japón -en pleno periodo Meiji-, para escribir allí una serie de artículos destinada también a The Harper’s Magazine. Poco después de su llegada a Yokohama, rompió las relaciones con este periódico, comenzando su carrera docente como profesor de Literatura inglesa -llegó a ejercer la enseñanza en la Universidad Imperial de Tokio-. No obstante, en los veinticuatro años transcurridos en Japón hasta su muerte, no dejaría de escribir y publicar sobre el país que lo acoge y cuyas gentes y costumbres ejercen tan gran fascinación desde un primer momento sobre él.

La base de los cuentos de fantasmas orientales sobre los que Hearn escribirá con frecuencia, dentro de una variada producción literaria dedicada a Japón, se encuentra en las historias populares que le narraba su esposa, Setsuko Koizumi (1869-1932). Se trataba de cuentos tradicionales de espectros y aparecidos. Gracias a Setsuko, oriunda de una familia de samuráis y con la que tiene cuatro hijos, Lafcadio se zambulle en la cultura nipona: se nacionaliza como japonés y abraza el budismo, adoptando además el nombre de Koizumi Yakumo a partir del apellido de su nueva familia política. Junto a su esposa consiguió la estabilidad que había estado buscando en sus viajes; su dominio de la lengua local era imperfecto y ella ignoraba el inglés, pero ambos podían comunicarse en un japonés rudimentario.

El 26 de septiembre de 1904 Hearn fallece en Tokio, víctima de un ataque al corazón, un mes después de la desastrosa derrota en Port Arthur de Rusia frente a Japón, acaecida durante la guerra que enfrenta a ambas potencias. En ese mismo año, desde el punto de vista literario asistimos a una serie de acontecimientos reseñables: el dramaturgo José de Echegaray obtiene el primer premio Nobel de Literatura concedido a un español; nacen los escritores Graham Greene y Pablo Neruda, y fallece el escritor y dramaturgo ruso Antón Chéjov.

La localidad de Matsue, donde residió Hearn con su familia, honró su memoria dedicándole el Lafcadio Hearn Memorial Museum. En Okubu se le recuerda con un parque con su nombre y presidido por una efigie suya. Por otra parte, la tumba puede visitarse en el cementerio Zōshigaya, en Toshima (Tokio). En dicho camposanto reposan los restos de otras celebridades como Ogino Ginko (1851-1913), primera mujer licenciada y practicante de la medicina occidental en Japón, o el actor Hiroshi Kawaguchi (1936-1987).

Merece destacarse, de entre las ediciones en castellano de la obra de nuestro autor, Fantasmas de la China y del Japón, volumen que pertenece a la colección Clásicos y Modernos de Ediciones Espuela de Plata (2011). Con prólogo de Luis Alberto de Cuenca, filólogo, poeta y ensayista, recupera en sus poco más de doscientas páginas, la impecable traducción al castellano del poeta, periodista y diplomático uruguayo Álvaro Armando Vasseur (1878-1969) de la edición de 1920, debida a Biblioteca de La Prensa de Lima. Fue el primero de los libros de Hearn editados en castellano. La pulcra traducción de Vasseur respeta el lenguaje poético, el cuidado vocabulario y las delicadas imágenes del autor. Recordemos que Ediciones Espuela de Plata, como sello editorial complementario del Grupo Renacimiento, se creó en 1999 para autores hispanoamericanos y universales, siendo en 2003 reconocida por el Ministerio de Cultura con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural. En esta colección Clásicos y Modernos han visto a la luz novelas como El hombre que fue jueves, de G. K. Chesterton; o bien La isla del tesoro, de R. L. Stevenson.

En la mencionada edición, formada por Los Fantasmas de la China, por una parte, y Los Fantasmas del Japón por otra, merecen especial atención los relatos “La leyenda de la tejedora Celeste”, “El último pensamiento de un decapitado” o “El devorador de sueños”.

Los célebres fantasmas japoneses de Lafcadio Hearn inspiraron toda una tradición de cine y literatura paranormal que llega hasta Hideo Nakata (n. 1961), director de películas como Ringu (The ring), de 1998, pero estrenada en España en 2000. No obstante, su herencia directa más notable se encuentra en el director Masaki Kobayashi (1916-1966). Su filme, El más allá (Kwaidan), de 1964, con casi tres horas de metraje y con guion de Yôko Mizuki, es una colección de cuatro historias de fantasmas -cuatro relatos sin conexión aparente entre sí: “El cabello negro”, “la mujer de nieve”, “Hoichi, el hombre sin orejas”, o “En una taza de té”- extraídas del libro Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things (1903) escrito por Hearn, donde unos relatos son tradicionales o populares y otros de creación propia. El denominador común es que están protagonizados por espíritus que interactúan con los vivos. Recordemos que “Kwaidan” es una transcripción arcaica de “Kaidan”, que significa “historia de fantasmas”. La película de Kobayashi ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Cannes de 1965, recibiendo, ese mismo año, una nominación al Óscar a la mejor película extranjera.
Otras obras que merecen destacarse de nuestro autor serían Visiones del Japón menos conocido (1894), o bien Kokoro. Impresiones de la vida íntima del Japón (1891); traducida esta al castellano por el intelectual y político español Julián Besteiro.

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