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LEOPOLDO MARÍA PANERO | EL TRADUCTOR DE LA LOCURA

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


Es difícil describir lo que es una depresión a quien nunca lo ha vivido, a quien no ha sentido en su cuerpo el desgarro continuo de una tristeza que jamás se sacia. Siendo como soy de tendencia triste, melancólica, depresiva, al fin y al cabo, he buscado ventanas en las que el aire sople limpio, y la luz me ayude a querer levantarme porque el nuevo día puede ser un gran regalo.

A lo largo de los años he aprendido que la depresión es astuta y a diferencia de cualquier otro padecimiento que vayamos a sentir en nuestra vida, es una enfermedad que, como duele de una forma completamente diferente a cualquier dolor físico que hayamos experimentado, no se deja comprender, no tiene una solución inmediata y requiere paciencia.

Fue en uno de estos periodos oscuros, en los que me encerraba a cal y canto entre las sábanas que una amiga me llevó un libro de Leopoldo María Panero “Poemas del manicomio de Mondragón”. Al ver el título me sentí ofendida, porque pensé que ella tal vez confundía mi extraña tristeza con la locura. Pero ella me dijo algo que en ese momento me incitó a abrir la primera página de aquel libro. “En gran parte, tú construiste tu depresión. No te fue dada. Por tanto, tú la puedes destruir.” Con esta frase comencé a leer a Panero y a reconocer que toda lucha, por dura que sea, tiene momentos de calma y porque no… De felicidad.

Leopoldo María Panero nace en Madrid en el año 1948, es hijo del también poeta Leopoldo Panero. En sus versos, de signo culturalista y heterodoxo, y a través de su experiencia en centros psiquiátricos, elaboró una compleja visión del mundo. Panero fue incluido por José María Castellet en la antología Nueve novísimos poetas españoles (1970), con versos extraídos de su primera obra, Por el camino de Swan (1968). En Así se fundó Carnaby Street (1970) profundizó en una línea culturalista y anticonvencional, tanto ideológica como desde el punto de vista de la expresión. Después de Teoría (1973), Narciso en el acorde último de las flautas (1979), Dioscuros (1982) y el volumen Poesía 1970-1985 (1986), su producción se caracteriza por un malditismo visionario derivado de sus problemas mentales y su adicción al alcohol y las drogas. Su terrible experiencia quedó reflejada en Poemas del manicomio de Mondragón (1987), Piedra negra o del temblor (1992), y Heroína y otros poemas (1992). Ha publicado también Guarida de un animal que no existe (1998) y Abismo (1999).

Desde su primera juventud, su actitud rebelde e inconformista le acarreó serios problemas de adaptación. Este comportamiento empezó a conformar una imagen concreta y a esbozar el camino vital y creativo que iba a seguir Leopoldo María Panero. El aura de malditismo romántico que empezó a crearse alrededor de su figura a partir de su adolescencia fue tanto obra suya como de las circunstancias externas (fundamentalmente, del constreñimiento familiar y educativo).

Sus duras vivencias en la cárcel (con diversos intentos de suicidio), el alcoholismo y la adicción a las drogas marcaron una poesía hipersensible que bascula entre la lucidez y la locura con un sustrato muy importante en el sentimiento de la pérdida de la niñez y del desvanecimiento de la felicidad y la inocencia, entendido como proceso de destrucción. Muchas de sus referencias poéticas vienen del mundo mágico y fantasioso de la infancia, claves para entender su obra.

Ello quedó reflejado en sus primeros títulos: Por el camino de Swan (1968) y, sobre todo, Así se fundó Carnaby Street (1970). En este último libro las referencias a figuras como el poeta británico T. S. Eliot, el líder revolucionario Ernesto Che Guevara o los anarquistas italianos Sacco y Vanzetti se mezclan con otras a Mary Poppins, el Mago de Oz, Peter Pan o Tarzán, personajes procedentes del cuento infantil, del cómic o del cine, ámbito también muy importante en la imaginería personal del poeta. En 1970 su nombre apareció en la célebre antología de José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles.

En la década de 1970 aparecieron Teoría (1973), Narciso en el acorde último de las flautas (1979) y la obra en prosa En lugar del hijo (1976). En estas obras afianza Panero el soporte culturalista, así como la trasgresión de las convenciones sociales e ideológicas, y especialmente de las expresivas. A esas trasgresiones no se oponen demasiadas alternativas, sino que (como en sus admirados escritores malditos) se muestran caminos de destrucción por la vía de un dolor que, sin embargo, es siempre susceptible de ser poetizado. En esta etapa creativa fueron desvelándose otros temas recurrentes como el sexo (traducido en incesto, homofilia, sadismo, necrofilia y coprofilia), el humor (que exprime la comicidad de lo trágico con resultados siniestros) o la locura, entendida como un desvelamiento del sueño de la normalidad.

Con el tiempo, el tema de la locura y su expresión (incluyendo experiencias psiquiátricas y psicoanalíticas) fue adquiriendo tintes verdaderamente dramáticos debido a su trayectoria vital, ya que vivió largas temporadas en el manicomio de Mondragón (Guipúzcoa). De esta vivencia surgió un importante conjunto de poemas, Poemas del manicomio de Mondragón (1987), algunos de ellos recogidos entre los compañeros del psiquiátrico. Además de esta obra, en la década de 1980 escribió Last river together (1980), El que no ve (1980), Dioscuros (1982), una recreación personal del mundo clásico, y El último hombre (1983), en el que aparece el haiku y rinde homenaje en un largo poema a su querido Ezra Pound.

En 1990 apareció Contra España y otros poemas de no amor, donde se advierte una mayor accesibilidad, y en 1992 Piedra negra o del temblor y Heroína y otros poemas. Capítulo aparte es la obra Tensó, que Leopoldo María Panero escribió en colaboración con el italiano Claudio Rizzo, fuera del manicomio de Mondragón. Señalada aún más si cabe por la locura y el desvarío, en 1998 publicó la obra Mi cerebro es una rosa. Textos insólitos.

Otros de sus títulos son Cuentos de terror de la literatura anglosajona (1978), Dos relatos y una perversión (1984), El globo rojo. Antología de la locura (1989), Aviso a los civilizados (1991), Suplicio en la cruz (2001) y Me amará cuando esté muerto (2001). La figura de Leopoldo María Panero quedó descarnadamente retratada, junto al recuerdo de sus padres y hermanos, en las películas El desencanto (Jaime Chávarri, 1976) y su continuadora Después de tantos años (Ricardo Franco, 1994).

Leopoldo María Panero muere en Las Palmas de Gran Canaria en el año 2014, dejando tras de sí una vida destilada en la escritura y la desmesura.

CINCO POEMAS

La poesía destruye al hombre

La poesía destruye al hombre
mientras los monos saltan de rama en rama
buscándose en vano a sí mismos
en el sacrílego bosque de la vida
las palabras destruyen al hombre
¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre
de vida!
Sólo es hermoso el pájaro cuando muere
destruido por la poesía.

Ars Magna

Qué es la magia, preguntas
en una habitación a oscuras.
Qué es la nada, preguntas,
saliendo de la habitación.
Y qué es un hombre saliendo de la nada
y volviendo solo a la habitación.

A mi madre

(reivindicación de una hermosura)

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)

El noi del sucre

Tengo un idiota dentro de mí, que llora,
que llora y que no sabe, y mira
sólo la luz, la luz que no sabe.
Tengo al niño, al niño bobo, como parado
en Dios, en un dios que no sabe
sino amar y llorar, llorar por las noches
por los niños, por los niños de falo
dulce, y suave de tocar, como la noche.
Tengo a un idiota de pie sobre una plaza
mirando y dejándose mirar, dejándose
violar por el alud de las miradas de otros, y
llorando, llorando frágilmente por la luz.
Tengo a un niño solo entre muchos, as
a beaten dog beneath the hail, bajo la lluvia, bajo
el terror de la lluvia que llora, y llora,
hoy por todos, mientras
el sol se oculta para dejar matar, y viene
a la noche de todos el niño asesino
a llorar de no se sabe por qué, de no saber hacerlo
de no saber sino tan sólo ahora
por qué y cómo matar, bajo la lluvia entera,
con el rostro perdido y el cabello demente
hambrientos, llenos de sed, de ganas
de aire, de soplar globos como antes era, fue
la vida un día antes
de que allí en la alcoba de
los padres perdiéramos la luz.

Himno a Satán

«Ten piedad de mi larga miseria»

Le fleurs du mal
Charles Baudelaire

Tú que eres tan sólo
una herida en la pared
y un rasguño en la frente
que induce suavemente a la muerte:
tú ayudas a los débiles
mejor que los cristianos
tú vienes de las estrellas
y odias esta tierra
donde moribundos descalzos
se dan la mano día tras día
buscando entre la mierda
la razón de su vida;
yo que nací del excremento
te amo
y amo posar sobre tus manos delicadas mis heces.
Tu símbolo es el ciervo
y el mío la luna:
que caiga la lluvia sobre
nuestras faces
uniéndonos en un abrazo
silencioso y cruel en que
como el suicidio, sueño
sin ángeles ni mujeres
desnudo de todo
salvo de tu nombre
de tus besos en mi ano
y tus caricias en mi cabeza calva
rociaremos con vino, orina y sangre
las iglesias
regalo de los magos
y debajo del crucifijo
aullaremos.

BIBLIOGRAFÍA:

Wikipedia
A media voz

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JACQUES PRÉVERT | LA POESÍA SIMPLE Y ETERNA

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


Fue un día de intensa lluvia en la ciudad de Bruselas, en la que conocí a Jacques Prévert, su poesía me resultó liberadora, hechizante, pero sobre todo humana… Y es que como bien decía el maestro Vicente Aleixandre, la buena poesía tiene que ser sobre todo “humana”.

Acababa de salir del café Magic Rubens, situado en la Rue de la Mantagne y me topé directamente con la lluvia, aquella lluvia maravillosa que hace de la ciudad un lugar encantador y lleno de vida. Paragua en mano, nunca abierto, seguí mi paseo por la Rue de la Madeleine mirando escaparates, deteniéndome en cada rincón que me resguardaba un poco de la lluvia antes de continuar. Acabé pronto en la Galerie Bortier, y no puede hacer otra cosa que entrar al ver aquel despliegue fastuoso de libros que me llamaban desde el otro lado de la acristalada puerta.

Comencé mi exhaustiva búsqueda del tesoro recorriendo lentamente las estanterías, recreándome en la contemplación de las portadas, en la lectura desordenada de algunos párrafos, de algunos poemas sueltos, y el perfume arrebatador de las páginas que me lleva al éxtasis y hace que mi cartera se vacíe con una facilidad vertiginosa. Oculto entre las estanterías, como queriendo pasar desapercibido un libro chiquitito llamó mi atención. A pesar de que ya atesoraba entre mis manos cuatro libros fruto de mi búsqueda corsaria, decidí acercarme a este como si un pálpito amoroso me dijera que entre sus hojas encontraría todo lo amado.

En la portada rezaba “Paroles” Jacques Prévert, aquel título tan directo golpeó suavemente mi corazón de lector, y dejando los otros libros sobre una mesa cercana, decidí que aquella tarde lluviosa de Bruselas, mi amor sería única y exclusivamente aquel libro, ahora puedo decir que no me equivoqué y que a día de hoy renuevo mi amor por este poeta en cada uno de sus poemas.

Jacques Prévert nació 4 de febrero de 1900, Neuilly-sur-Seine, Francia. Poeta, dramaturgo, letrista y guionista francés de carácter rebelde, cultivó todos los géneros literarios, desde la poesía hasta los cuentos para niños. Cuando llegó a París no le resultó fácil el acceso a los cenáculos de moda, ya fuera por parte de los surrealistas de la calle Château, con quienes después entablaría amistad, o en las tabernas literarias de Saint-Germain-des-Prés.

Durante mucho tiempo la gente de las letras le mantuvo aparte porque consideraban que su poesía era “repugnante” por el hecho de ser demasiado popular. De modo que entró en la literatura por la puerta de atrás. En 1930 rompió colaboración con A. Breton, el representante de los surrealistas, pues le resultaba demasiado autoritario. Un poco más tarde se alejó también del Partido Comunista, en el que nunca llegó a militar.

En 1931 publicó “Intento de descripción de una cena de máscaras en París, Francia”, poema compuesto por antítesis. Su primer guión fue “El crimen del señor Langue” (1935) de Renoir, en el que impuso el fresco aliento de su postura social contestataria. Para la película, el compositor húngaro, Joseph Kosma, compuso la primera pieza de las muchas que harían juntos el poeta y el músico. Prévert formó un espléndido tándem con Marcel Carné que se inauguró con “Jenny” (1936) y prosiguió, en ocasiones incomprendido por la crítica, con obras como el drama “Extraño” (1937) o “Amanece” (1939).

Además, trabajó con otros directores, aunque serán sus trabajos con Carné los que contarán.

En plena ocupación nazi y en condiciones precarias rodaron las joyas cinematográficas “El muelle de las brumas” y “Las puertas de la noche” (1942), y antes de la liberación “Los niños del Paraíso” (1945), considerada una de las mejores películas de la historia del cine. Apreciado en los estudios fílmicos como guionista y como letrista en el mundo de la música, la categoría y la fama como escritor le llegó tras la guerra con el libro de poemas “Palabras” (1946). Participó en los debates políticos e intelectuales con su sentido de la imagen insólita y del humor crítico. Con un estilo sencillo, cercano al lenguaje de la calle, Prévert reconstruye la vida cotidiana y se acerca al lector.

Después de Palabras, escribió “Historias” (1946), “Espectáculo” (1951), “La lluvia y el buen tiempo” (1955) en las que toca los temas del amor, la libertad, el sueño y la imaginación, comprometido siempre y compasivo con los humildes y los desafortunados. Los ataques verbales que hacía contra las instituciones reforzaron su figura de poeta libertario, y su adhesión al surrealismo se vislumbra en el humor de “Fatras” (1966) y “Cosas y otros” (1972).

Los últimos años de su vida se dedicó a escribir letras para canciones que han sido interpretadas por los cantantes más famosos y se conocen en todo el mundo. El volumen Cincuenta canciones Prévert-Kosma (1977) recopila algunas de ellas. También escribió literatura infantil, como Cuentos para niños malos y Canción para cantar a voz en grito, ambas publicadas póstumamente.

Jacques Prévert, murió el 11 de abril de 1977, Omonville-la-Petite, Francia.


POEMAS:

DESAYUNO

Echó café
en la taza.
Echó leche
en la taza de café.
Echó azúcar
en el café con leche.
Con la cucharilla
lo revolvió.
Bebió el café con leche.
Dejó la taza
sin hablarme.
Encendió un cigarrillo.
Hizo anillos
de humo.
Volcó la ceniza
en el cenicero
sin hablarme.
Sin mirarme
se puso de pie.
Se puso
el sombrero.
Se puso
el impermeable
porque llovía.
se marchó
bajo la lluvia.
Sin decir palabra.
Sin mirarme.
Y me cubrí
la cara con las manos.
Y lloré.

PARA TI, MI AMOR

Fui al mercado de pájaros
y compré pájaros
Para ti
mi amor
Fui al mercado de flores
y compré flores
Para ti
mi amor
Fui al mercado de chatarra
y compré cadenas
Pesadas cadenas
Para ti
mi amor
Después fui al mercado de esclavos
Y te busqué
Pero no te encontré
mi amor.

De “Paroles”
Versión de Claire Deloupy

NUBES

Yo fui a buscar mi tricota de lana y el cabrito me siguió
el gris
no desconfía como el grande
es todavía demasiado pequeño

También ella era demasiado pequeña
pero algo ya en ella se manifestaba tan viejo como el mundo
Ya
conocía cosas atroces
por ejemplo
que hay que desconfiar
Y ella miraba al cabrito y el cabrito la miraba
y entonces le venían ganas de llorar
Es como yo
decía
un poco triste y un poco alegre
Y después la iluminó una gran sonrisa
y la lluvia comenzó a caer

De “La pluie et le beau temps”
Versión de Aldo Pellegrini


BIBLIOGRAFÍA

A MEDIA VOZ
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WISLAWA SZYMBORSKA | ALMA ERA UNA PALABRA

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


Desconozco las veces que he acogido entre mis manos sus hojas ya desgastadas, las veces que susurro sus versos detenida ante los visillos de la ventana de mi cuarto, buscando esa luz que se vislumbra inmersa en la palabra. Tal vez quiero recoger entre las redes de mi alma la profundidad del verso, para hacer que me acompañe en el trascurso del camino y así poder hablarte a media voz… Wislawa, y hacer de ti, el secreto que amanece en mis labios.

Poeta polaca nacida en Kórnik, Poznan en 1923, y que muere en Cracovia, 2012. Es onsiderada una de las más singulares de su país, que recibió el premio Nobel de Literatura en 1996. Hija de un funcionario, en 1931 se trasladó con su familia a Cracovia, ciudad en la que se asentó de forma definitiva. Estudió filología y sociología después de la Segunda Guerra Mundial en la Universidad Jagellónica, tras lo cual inició su andadura literaria, consagrada esencialmente a la poesía, aunque también a la crítica y al ensayo en diversas publicaciones periódicas, en particular en Vida Literaria.

Ahí aparecieron desde 1968 sus “folletines literarios”, a modo de poco convencionales críticas, que serían publicados en forma de libro en dos volúmenes, Lecturas facultativas (1973 y 1981). Su primer poema publicado, “Busco la palabra”, apareció en 1945 en el Diario Polaco, y fue a partir del poemario Por eso vivimos (1952) cuando obtuvo reconocimiento público.

El inicio de su itinerario creativo se produjo bajo las normas estilísticas del realismo socialista imperante y denota tanto el estremecimiento por los crímenes de la guerra reciente como su identificación con los sufrimientos del pueblo polaco y su esfuerzo por superarlos. En esa estela, aunque ya anunciando algunas de las características de su obra posterior, en particular la ironía para abordar poéticamente los dilemas filosóficos que la inquietan, escribió Preguntas hechas a una misma (1954).

Pero será con Llamada al Yeti (1957) cuando romperá definitivamente con los preceptos del régimen, en un ajuste de cuentas con su actitud anterior y también con la de la sociedad oficial. A partir de aquel año, en Polonia como en otros países, se inició un fuerte movimiento de rechazo de la imposición soviética y del doctrinarismo comunista, en forma de rebeldía nacionalista. Szymborska optó por la reflexión filosófica y ética, tomando distancia de los debates concretos, y siempre tiñendo de su peculiar humor sus indagaciones poéticas sobre el espíritu humano individual.

Sucesiva y discretamente fueron apareciendo sus obras de madurez: La sal (1962), Cien alegrías (1967), Todo caso (1972), Gran número (1976) y Gente en el puente (1986), hasta llegar a Fin y principio (1993). Pese a abordar de forma continua lo que considera los más hondos recovecos del ser humano, Wislawa Szymborska tiende a despojar su poesía de gravedad retórica, para lo cual recurre al distanciamiento intelectual y emocional por medio del aludido humorismo presente en casi todos sus libros, junto con el frecuente recurso del lenguaje coloquial, la sencillez, los versos breves y la estructura de estrofas clásica.

Otro de los rasgos de su obra es su facultad para desvelar lo insólito a través de los hechos y los fenómenos aparentemente más insignificantes y cotidianos. En realidad, su visión de la sociedad es pesimista y amarga, de modo que los individuos disponen tan sólo de la lucidez y la ironía para afrontar sus dolorosas relaciones con el medio que les determina.


POEMAS: 

La habitación del suicida

Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?

Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.

No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.

Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.

Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.

Las tres palabras más extrañas

Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

Un terrorista: Él observa

La bomba explotará en el bar a las trece veinte.
Ahora apenas son las trece y dieciséis.
Algunos todavía tendrán tiempo de salir.
Otros de entrar.

El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.
Esa distancia lo protege de cualquier mal
y se ve como en el cine:

Una mujer con una cazadora amarilla: ella entra.
Un hombre con unas gafas oscuras: él sale.
Unos chicos con vaqueros: ellos está hablando.
Trece diecisiete y cuatro segundos.
Ese más abajo tiene suerte y sube a una moto,
y ese más alto entra.

Trece diecisiete y cuarenta segundos.
Una niña: ella va andando con una cinta verde en el pelo.
Sólo que de repente ese autobús la tapa.

Trece dieciocho.
Ya no está la niña.
Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,
eso ya se verá cuando vayan sacando.

Trece diecinueve.
Y ahora como que no entra nadie.
En vez de entrar aún hay un gordo calvo que sale.
Pero parece que busca algo en sus bolsillos y
a las trece veinte menos diez segundos
vuelve a buscar sus miserables guantes.

Son las trece veinte.
Qué lento pasa el tiempo.
Parece que ya.
Todavía no.
Sí, ahora.
Una bomba: la bomba explota.

Experimento

Antes de la película,
en la que los actores hicieron lo posible
para conmoverme e incluso hacerme reír,
proyectaron un curioso experimento
con una cabeza.
La cabeza
momentos antes aún pertenecía a…
ahora estaba cortada,
todo el mundo pudo ver que no había tronco.
Por la nuca colgaban las tuberías del aparato
gracias al que la sangre circulaba todavía.
La cabeza
se encontraba bien.

Sin señales de dolor, o siquiera de sorpresa,
seguía con la mirada el movimiento de la luz de una linterna.
Movía las orejas cuando sonaba un timbre.
con su nariz húmeda sabía distinguir
entre el olor a tocino y la inodora inexistencia,
y lamiéndose con evidente gusto
segregaba saliva en honor a la fisiología.

Fiel cabeza de perro,
bondadosa cabeza de perro,
cuando la acariciaban, entornaba los ojos
creyendo que era todavía parte de un todo
que encorvaba el lomo bajo una caricia
y meneaba la cola.

Pensé en la felicidad y sentí miedo.
Porque si sólo de eso se trataba en la vida,
la cabeza
era feliz.

Un gato en un piso vacío

Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.

Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.

Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.


PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS:

1954, Premio Ciudad de Cracovia de Litera tura.

1963, Premio del Ministerio de Cultura de Polonia.

1991, Premio Goethe.

1995, Premio Herder.

1995, Doctor Honorífico de la Universidad Adam Mickiewicz en Poznań.

1996, Premio del PEN Club de Polonia.

1996, Premio Nobel de Literatura.


OBRA

Por eso vivimos (Dlatego żyjemy, 1952)

Preguntas a mí misma (Pytania zadawane sobie, 1954) Llamando al Yeti (Wołanie do Yeti, 1957)

Sal (Sól, 1962) Mil alegrías, un encanto (Sto pociech, 1967)

Si acaso (Wszelki wypadek, 1975)

Gente en el puente (Ludzie na moście, 1986)

Fin y principio (Koniec i początek, 1993)

De la muerte sin exagerar (1996) No sé qué gente (1997)

Discurso ante la Academia Nobel. Instante (2002).

Dos puntos (2004).

Hasta aquí (2009).

OBRA TRADUCIDA AL CASTELLANO

Paisaje con grano de arena, antología, trad. Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski; Lumen, Barcelona, 1997

El gran número. Fin y principio y otros poemas, trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia, Xaviero Ballester, Elzbieta Bortkiewicz, David Carrión, Calors Marrodán y Katarzyna Moloniewicz; Hiperión, Madrid, 1997

Lecturas no obligatorias (Lektury nadobowiązkowe, 1992), prosa; traducción de Manel Bellmunt Serrano, Alfabia, Barcelona, 2004

Instante (Chwila, 2002), trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia; Igitur, Tarragona, 2004 Poesía no completa, antología, trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia, con una introducción de Elena Poniatowska; Fondo de Cultura Económica, México, 2002 (2ed. 2008, con actualización bibliográfica)

Dos puntos (Dwukropek, 2005), trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia; Igitur, Tarragona, 2007

El gran número (Wielka liczba, 1976), Hiperión, Madrid, 2008

Poemas escogidos, antología, trad. Ángel Zuazo López; La Habana, Unión de escritores y artistas de Cuba, 2008

Amor feliz y otros poemas (Miłość szczęśliwa i inne wiersze, 2007), antología, trad. Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia; Bid & co. editor, Caracas, 2010

Aquí (Tutaj, 2009), trad. Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia; edición bilingüe, Bartleby, Madrid, 20095

Antología poética (1945-2006). Traducción de Elzbieta Bortklewicz. Visor Libros, Madrid, 2015.

Prosas reunidas, trad. Manel Bellmunt. Malpaso. Barcelona, 2017.


BLIOGRAFÍA

wikipedia

http://szymborskapoesia.blogspot.com.es/

Cultural (Diario El País)

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EUGENIO MONTALE | LA CADENCIA DEL CREPÚSCULO

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


Me escondí bajo las sábanas con la pequeña linterna que escondía entre las mantas guardadas en el armario. La casa olía a silencio, a quietud serena dónde todos los sueños son posibles. Ya no podía dar marcha atrás y ni el grito de mi madre diciéndome “¡Un día te quedarás ciega!” podría haberme hecho retroceder y no abrir aquel libro.

Mis primeros pasos dentro de la poesía de Eugenio Montale, pertenecen a mi gran amiga Isabella, que a través de “Huesos de sepia”, me abrió la puerta a un nuevo océano de palabras. Sin ella no hubiera sido posible tanto deleite poético en las tardes cargadas de verano, cuando la canícula resuena grave entre las ramas de los árboles.

Que decir tiene que lo mío con Montale, fue un amor a primer verso, un amor que fluye a lo largo de los años haciéndose fuerte en el alma y que jamás te abandona. Por que son sus libros como el amante al que vuelvo de tarde en tarde y al que nunca jamás dejaré de amar.

El poeta Eugenio Montale nace el 12 de octubre de 1986 en la ciudad de Génova (Italia) y muere el 12 de septiembre de 1981 en la ciudad de Milán (Italia). Poeta, ensayista y crítico de música, aportó una visión absolutamente personal de la problemática y las inquietudes del hombre contemporáneo, partiendo de los hallazgos formales del simbolismo y del decadentismo, a los que enriqueció con una voz inconfundible. Montale es considerado con frecuencia uno de los fundadores del hermetismo italiano de entreguerras, la singularidad de su poética desborda no obstante los presupuestos teóricos de este movimiento. En 1975 se le concedió el premio Nobel de Literatura.

Inició sus estudios de letras en su ciudad natal Génova, dedicándose sobre todo al estudio de los poetas clásicos italianos, de la novela francesa y de filósofos como Schopenhauer o Benedetto Croce, interrumpió sus estudios por motivos de salud y para aprender canto lírico, esta afición por la música se reflejaría en muchos de sus poemas y lo llevaría finalmente, en su madurez, a ejercer la crítica musical. En 1917 intervino como oficial de infantería en la Primera Guerra Mundial, experiencia que también tendría resonancia en su poesía. Al término de la cual empezó a relacionarse con los círculos literarios de Génova y Turín, llegando a participar en la fundación de la revista Primo tempo, muy influyente pese a que sólo se publicaron ocho números.

En 1927 se trasladó a Florencia para trabajar en la editorial Bemporad durante un breve período, ya que muy pronto fue nombrado director del gabinete científico literario G. P. Vieusseux, cargo del que fue destituido diez años después por haberse negado a inscribirse en el partido fascista. Eugenio Montale se dedicó entonces a la traducción y a la crítica literaria, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se trasladó a Milán para ocuparse de la sección literaria del Corriere della Sera.

Eugenio Montale tradujo obras de Herman Melville, William Shakespeare, John Steinbeck o Jorge Guillén, mientras que como crítico escribió sobre Ezra Pound, W. H. Auden o Emily Dickinson, además de contribuir, junto con James Joyce (de quien fue muy amigo), al descubrimiento de Italo Svevo. La mayoría de sus escritos críticos fueron recogidos en La farfalla di Dinard (1956), Auto da fé (1966) y Fuera de casa (1969). En 1967 fue nombrado senador vitalicio.

En su primera colección de poemas, Huesos de sepia (1925), casi todos ambientados en los paisajes y escenarios en los que pasó su infancia, expuso ya los temas más característicos de su poética: un sentimiento de cansancio y de soledad, una angustiosa desconfianza en la vida y la conciencia de la inutilidad de cualquier lucha, que, sin embargo, no le empujaban a la autocompasión, a una actitud resignada o al abandono de la esperanza. A través de endecasílabos fragmentados, en un casi sinfónico empleo del verso libre, expresó el “mal de vivir”: la irremediable derrota del hombre, que se halla prisionero en el mundo.

Su siguiente libro fue La casa dei doganieri (1932), y ya en el tercero, Le occasioni (1939), sin abandonar la introspección pesimista, parecía abrirse un resquicio a la presencia de “ocasiones” o casualidades, esos hechos fortuitos que modifican las certidumbres o la vida cotidiana, y que se convertirían en elementos centrales de su poética de madurez.

Tras Finisterre (1943) publicó La bufera e altro (1956), uno de sus más celebrados libros, y acaso el punto en el que su poesía “directa pero difícil, familiar pero esencial, prosaica, pero con frecuencia sublime”, al decir de su traductor Manuel Durán, concilia el escepticismo con la vitalidad, un difícil equilibrio que lo diferenciará de todos sus contemporáneos.

Ya en la vejez, Eugenio Montale entregó todavía las crónicas de Cuaderno de cuatro años (1977), la sabiduría teórica de Sobre la poesía (1976), y fundamentalmente los memorables poemas de amor que integran las dos partes de Xenia (1964-1969) y el testamento de su estética y su concepción del mundo que significó Satura (1971).


CINCO POEMAS DE EUGENIO MONTALE

Ex voto

Sucede
que las afinidades del alma no lleguen
a los gestos y a las palabras sino que permanezcan
difusas como un magnetismo. Es extraño,
pero pasa.

Puede ser
que sea cierta tan sólo la lejanía,
cierto el olvido, cierta la hoja seca
más que el fresco pimpollo. Todo eso y más
puede darse o decirse.

Entiendo
tu obstinada voluntad de estar siempre ausente
porque sólo así se manifiesta
tu magia. Innúmeras son las astucias
que advierto.

Insisto
en buscarte en la astilla y nunca
en el árbol enhiesto, nunca en lo lleno, siempre
en lo vacío: en eso que hasta el taladro
resiste.

Era o no era
la voluntad de los numen que presidían
tu lejano hogar, extraños
multiformes multialmas animales domésticos;
quizás sólo me lo parecía
o no era así.

Ignoro
si mi inexistencia sacia tu destino,
si la tuya colma el mío que se desborda,
si la inocencia es una culpa o bien
se gesta en el umbral de tus lares. De mí,
de ti todo lo sé, todo
lo ignoro.

(Traducción María Ángeles Cabré)

Fin de año, 1968

He contemplado desde la luna, o casi,
el modesto planeta que contiene
filosofía, teología, política,
pornografía, literatura, ciencias
exactas u ocultas. Adentro está también el hombre
y yo entre ellos. Y todo es muy extraño.

Dentro de pocas horas será noche y el año
terminará entre explosiones de espumantes
y petardos. Quizás de bombas o algo peor,
mas no aquí, donde estoy. Si uno muere
a nadie le interesa con tal que sea
desconocido y lejano.

(Traducción de Horacio Armani)

Día y noche

Hasta una pluma que vuela puede dibujar
tu figura, o el rayo que juega al escondite
entre los muebles, o el guiño del espejo
de un niño, desde los tejados. Sobre las murallas
jirones de vapor prolongan las agujas
de los álamos y, abajo, en la rueda se encrespa el loro
del afilador. Luego la noche agobiante
en la plazuela, y los pasos, y siempre esta dura
tarea de hundirse para resurgir iguales
de siglos, o de instantes, de íncubos que no logran
volver a dar con la luz de tus ojos en el antro
incandescente y aún los mismos gritos y los prolongados
llantos sobre la veranda
si retumba de pronto el golpe que te anuda
la garganta y quiebra las alas, oh inestable
anunciadora del alba,
y se despiertan los claustros y los hospitales
en un delirar de clarines.

(Traducción de Guillermo Fernández)

La casa de los aduaneros

Tú no recuerdas la casa de los aduaneros
sobre la elevación inclinada sobre la escollera:
desolada te espera desde la noche
en que entró en ella el enjambre de tus pensamientos
y se detuvo inquieto.

La marejada azota hace años la vieja muralla
y el sonido de tu risa ya no es alegre:
la brújula gira loca a la ventura
y el cálculo de los dados no regresa.
Tú no recuerdas; otro tiempo trastorna
tu memoria; un hilo se devana.

Tengo todavía la punta; pero se aleja
la casa y sobre el techo la ennegrecida
veleta gira sin piedad.
Tengo la punta; pero tú estás sola
casi ni respiras en la oscuridad.

Oh el horizonte en fuga donde se enciende
rara la luz del petrolero.
¿Es este el paso? (Pulula todavía el oleaje
sobre el acantilado que se desploma).
Tú no recuerdas la casa de esta
noche mía. Y yo no sé quién va y quién queda.

(Traducción de Jorge Aulicino)


BIBLIOGRAFÍA

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BLANCA VARELA | LA TOTALIDAD POÉTICA

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


Me fascina ir a la biblioteca, abrir la puerta y sentir de frente el perfume de las palabras que reposa en las estanterías. Para mí, es toda una liturgia sumergirme en la búsqueda del próximo libro que habrá de fundirse en mi esencia, acariciar parsimoniosamente el delicado tacto de los lomos que poco a poco me revelan sus más íntimos secretos.

Lo encontré un día en el que el sol latía frío en las fachadas. En un primer vistazo dejó caer suavemente en mis labios, la promesa de que ya nada volvería a ser lo mismo tras leerlo. Tomé asiento, abrí sus páginas en la sorpresa de un primer verso “…El coral clava su garra en tu sombra, / tu sangre se desliza, inunda praderas…” Blanca Varela y lo supe, entonces supe que lo había encontrado y que comenzaba una nueva geografía, un nuevo alfabeto al que asirme.

Blanca Varela nació el 10 de agosto de 1926 en la ciudad de Lima (Perú), en el seno de una familia de escritores y artistas.

En año 1943 ingresó a la Universidad de San Marcos para estudiar Letras y Educación. Allí conoció a Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Francisco Bendezú y a quien sería su esposo: el pintor Fernando de Szyszlo. Asistía a la tertulia de Peña Pancho Fierro, dirigido por Alicia y Celia Bustamante y a partir del año 1947 empezó a colaborar en la revista Las Moradas, que dirigía Westphalen.

En el año 1949 fijó su residencia en Paris, donde conoció a Octavio Paz, que fue determinante en su carrera literaria y la conectó con al círculo de intelectuales latinoamericanos y españoles que vivían en Francia y a figuras de la talla de Sartre, Simone de Beauvoir, Michaux, Giacometti, Léger, Tamayo o Martínez Rivas.

“Blanca Varela es una de las voces mayores de la lírica latinoamericana.”

Posteriormente vivió en Florencia. Entre los años 1957 y 1960 vivió en Washington D.C.  con su marido y sus hijos, donde Varela se dedicó a la traducción y el periodismo. Precisamente en el año 1957 Salazar Bondy y Alejandro Romualdo la incluyeron en su Antología general de la poesía peruana. De en los años 1977 a 1979 Varela fue secretaria general del Centro Peruano del PEN Club Internacional, y en calidad de tal acudió a los congresos de Hamburgo (1977), Estocolmo (1978) y Río de Janeiro (1979). Del año 1974 al año 1997 representó en el Perú a la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica. Además, colaboró en numerosas revistas del Perú y el extranjero.

Blanca Varela es una de las voces mayores de la lírica latinoamericana. Su poesía, trabajada con mucho rigor desde los primeros textos, tiene la altura y la intensidad de las mejores composiciones de sus pares femeninos: Gabriela Mistral o Juana de Ibarbourou. Alejada voluntariamente de todo lo que pueda ser reconocimiento literario, gloria u honor público Blanca Varela se ha mantenido en una cierta resistencia cultural, ética y estética, frente a dogmatismos de todo signo y de ello surgió una voz radicalmente moderna y abismalmente volcada en sus raíces.

Octavio Paz escribió sobre su obra: “Blanca Varela es una poeta que no se complace con su canto. Con el instinto del verdadero poeta, sabe callarse a tiempo. Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el amor, el tiempo y la soledad. Y, también, una exploración de la propia conciencia”.

Blanca Varela murió el 12 de marzo de 2009 en la ciudad que la vio nacer Lima.


POEMAS:

A ROSE IS A ROSE

Inmóvil devora luz
se abre obscenamente roja
es la detestable perfección
de lo efímero
infesta la poesía
con su arcaico perfume.

DAMA DE BLANCO

El poema es mi cuerpo
esto la poesía
la carne fatigada
el sueño el sol
atravesando desiertos
los extremos del alma se tocan
y te recuerdo Dickinson
precioso suave fantasma
errando tiempo y distancia
en la boca del otro habitas
caes al aire eres el aire
que golpea con invisible sal
mi frente
los extremos del alma se tocan
se cierran se oye girar la tierra
ese ruido sin luz
arena ciega golpeándonos
así será ojos que fueron boca
que decía manos que se abren
y se cierran vacías
distante en tu ventana
ves al viento pasar
te ves pasar el rostro en llamas
póstuma estrella de verano
y caes hecha pájaro
hecha nieve en la fuente
en la tierra en el olvido
y vuelves con falso nombre de mujer
con tu ropa de invierno
con tu blanca ropa de
invierno
enlutado

EL AMOR ES COMO LA MÚSICA…

IX

El amor es como la música,
me devuelve con las manos vacías,
con el tiempo que se enciende de golpe
fuera del paraíso.
Conozco una isla,
mis recuerdos,
y una música futura,
la promesa.

Y voy hacia la muerte que no existe,
que se llama horizonte en mi pecho.
Siempre la eternidad a destiempo.

LA MUERTE SE ESCRIBE SOLA…

La muerte se escribe sola
una raya negra es una raya blanca
el sol es un agujero en el cielo
la plenitud del ojo
fatigado cabrío
aprender a ver en el doblez
entresaca espulga trilla
estrella casa alga
madre madera mar
se escriben solos
en el hollín de la almohada
trozo de pan en el zaguán
abre la puerta
baja la escalera
el corazón se deshoja
la pobre niña sigue encerrada
en la torre de granizo
el oro el violeta el azul
enrejados
no se borran
no se borran
no se borran

UNA VENTANA

Vuelvo a contar mis dedos.
(La flor helada, la desconocida cabeza
que me acecha se
descuelga y da voces.)
Yo miro las paredes y sus frutos redondos y veloces,
hago cálculos, sumo piedras, cenizas, nubes
y árboles que persiguen a los hombres
y perlas arrancadas de malignos estanques
o de negros pulmones sepultados
y horriblemente vivos.

La araña que desciende a paso humano me conoce,
dueña es de un rincón de mi rostro,
allá anida, allí canta hinchada y dulce
entre su seda verde y sus racimos.

Afuera, región donde la noche crece,
yo le temo,
donde la noche crece
y cae en gruesas gotas,
en mortales relámpagos.

Afuera, el pesado aliento del buey,
la vieja fiebre de alas rojas,
la noche que cae
como un resorte oscuro sobre un pecho.

 


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Biografías y vidas

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HANNI OSSOTT | PERDER LA MEMORIA, ALCANZAR LA LIBERTAD

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


Quizá porque entre mis defectos se halle justamente ese, el de no perder la memoria y asirme a ella como al más preciado de los tesoros, encontré esta frase: “Perder la memoria es alcanzar la libertad: desplazarse y participar del tiempo inocuo” de la poeta venezolana Hanni Ossott, tan distinta y separada de mi modo de entender el mundo, que mi curiosidad me llevó a querer saber más de ella y al deseo de conocer su poesía. Porque como se suele decir: “Los polos contrarios se atraen”.

Así como, por ejemplo, la poesía estadounidense ha tenido como figuras destacadas a autores como Emily Dickinson y Walt Whitman, la británica a escritores como John Keats y Percy Bysshe Shelley, y escritores como Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni y Juan Gelman, entre otros, han quedado en la historia de la poesía argentina, el ámbito poético venezolano tiene en Hanni Ossott a una de sus representantes más importantes.

Hanni Ossott nació el 14 de febrero de 1946 en la ciudad de Caracas (Venezuela). Hija de emigrantes alemanes, quedó huérfana de madre cuando sólo tenía tres años de edad.

A la edad de 21 años ingresa a cursar estudios en la Escuela de Letras, Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad Central de Venezuela, licenciándose en el año 1975. En este año comienza a dar los seminarios: “Historia del afiche” y “Holderlin y la imagen”, en el Instituto de Diseño Neumann (actual Prodiseño).

En el año 1978 obtuvo la cátedra “Necesidades expresivas” en la Escuela de Letras y a lo largo de la década siguiente impartió los cursos “Poesía y poetas”, “Literatura y vida”, “Lo apolíneo y lo dionisíaco”, “Literatura alemana”; además, desempeñó el puesto de jefa del Departamento de Disciplinas Literarias.

Más tarde viaja a Grecia para cursar estudios sobre Platón y Heráclito en la Universidad de Atenas. En esta época ya domina siete idiomas a la perfección: italiano, francés, latín, inglés, alemán, español y griego.

Ossott se siente desilusionada por su experiencia académica en Atenas y decide irse a Londres a cursar estudios de filosofía, por consejo de su amigo el historiador Manuel Caballero, con el que meses más tarde contrae matrimonio, y quien por entonces cursaba estudios de posgrado en Oxford.

No solo se dedicó su vida a la poesía y a impartir clases, también desempeñó una gran labor como traductora y como crítica de arte. Entre los autores que tradujo cabe destacar a: Rainer Maria Rilke, David Herbert Richards Lawrence, Johann Wolfgang von Goethe, Johann Christian Friedrich Hölderlin, Friedrich Wilhelm Nietzsche y Emily Dickinson.

Entre sus obras las más significativas son: Espacios para decir lo mismo (1974); Memoria en ausencia de imagen, memoria del cuerpo (1979); Hasta que llegue el día y huyan las sombras (1983); El reino donde la noche se abre (1986); Plegarias y penumbras (1986); Imágenes, voces y visiones (1987); Cielo, tu arco grande (1989); Casa de agua y de sombras (1992); El circo roto (1993) y Cómo leer la poesía (2002).

Recibió el Premio Nacional en la II Bienal de Poesía Ramos Sucre (1976), por su obra Formas en el sueño figuran figuran infinitos. El Premio Municipal de Literatura Mención Prosa, (1987), y el Premio CONAC Poesía Francisco Lazo Martí, en 1988.

La poeta, traductora y crítica Hanni Ossott falleció en Caracas, el 31 de diciembre de 2002, a raíz de un paro respiratorio. Sus cenizas fueron esparcidas en los jardines de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV.


POEMAS

La noche y la luz

La Noche se va haciendo en mí
profunda
revocable como una estación
La oscura esfera de lo oscuro
ha inundado mi ámbito
y se cierra como el beso de dos cúpulas
Ya yo no sé cuál es mi fondo
Soy ahora noche entera
Conservo palabras
pero hoy
ellas no son lo suficientemente diurnas
no pueden guiarme
no son linterna
ni lamparita de media noche
Pienso en Delfos, debo recordar Delfos
cóncava
iluminada
abierta

Debo pensar en el espacio más luminoso del mundo
Delfos, lugar nocturno hecho luz
Es preciso
es preciso realizar de la noche la Luz

(Abril, 1982)

Roturas

He roto capítulos, noches
imágenes de un álbum viejo
Incendiaria
he acabado con frases
reflejos en un cuaderno de notas
Hay cosas por las que no hablaré más
Pero todo vuelve a surgir, punzante
entre el silencio decidido
y apela y demanda

He guardado papeles, memorias, hojas
aminoro así el dolor
y preciso sus perfiles
hundo el asalto de imágenes entre sombras
acallo.

No he despedazado la memoria de instantes de dicha
diminutos tiempos de un abismarse sobre lo sin fondo
de las cosas

no he descuartizado el abrazo
ni la rara plenitud que invade frente al mar

Debo cumplir rituales una y otra vez
debo repetirme y repetirlos
y no saberlos
pues líquidos huyen
para que fundemos siempre de nuevo
la continuidad de nosotros mismos.

De la tierra

De lo profundo, de la más honda concavidad de la tierra
lo que expulsa grito y desmembramiento

Del corazón ardiente de la tierra
los fangos y el llanto
la carne y el querer
el ansia, las ansias
y el horror, y la parálisis ante el horror
la pérdida de habla y forma

Del fondo hirviente
el deseo
y el cuido en el deseo
la protección de la forma del ser
el amparo del círculo del ser
la perseverancia

De las honduras, las siempre en brasas
este corazón en quema
arriesgando origen y forma
abismándose
en lo sin fondo, sin límite

De lo bajo, fuego circular, el pensamiento
pensándose extraño al ardor
separándose
rompiendo carnes
dolido del extravío

(Octubre 1983)

La mordida profunda

Hay una mordida profunda
incisiva
en el centro de mi sexo
por la cual yo me erijo como yo misma
y soy,
y poseo y dono.
Regalo mi cuerpo mi ansia.

Hay una mordida en mí
que doblega al otro
lo arrodilla, lo inclina

por esa mordida se abre un vasto mar de vacíos
vértigos
precipitaciones
abismos

Me cruza una pendiente
me traza un precipicio
en el amor…
y en todas mis secretas junturas
con cuido, con recelo, tú te avienes a mí
y no me sabes.

Prevalece lo raro

A Rainer y Paula Ossott

Prevalece el misterio
que haya amor
que haya odio
que existan cuerpos

Prevalece lo raro
las relaciones
los Cantos Gregorianos
el arte, el corno francés

Prevalece el incendio de nuestras pasiones
la rara faz de uno que no se ha ido
sino que se queda
e insiste
por amor y odio

Prevalecen las extrañas miradas
y los cuerpos que no pueden tocarse
por miedo
por extrañeza
por temor.

Prevalece la distancia entre los amigos
la palabra no dicha
el gesto guardado
los silencios
en medio de la ebriedad

Prevalece que haya los otros y lo otro
la “otredad”
el más allá de mí
y el más allá de ti
la extrañeza
de lo que nunca puede alcanzarse

Prevalece este raro plenilunio

(Junio, 1991)


BIBLIOGRAFÍA

Venezuela e historia

Poemas del alma

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