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MUJERES DE POE

Por: Alfredo Piquer Garzón


Edgar Allan Poe es casi un lugar común en literatura, uno de los autores cuyo nombre ha sido más universalmente divulgado. También más encasillado como autor de relatos de terror. Todo lo que no significa que sea bien o verdaderamente conocido, incluso hoy; todavía subsisten incertidumbres y contradicciones sobre su biografía.

Si bien la esperanza de vida en los Estados Unidos en la primera mitad del S. XIX rozaba los sesenta y tantos años, la vida de Poe llega sólo a los cuarenta. Su padre, David Poe, había dejado a su primera mujer para casarse con la bella actriz Elizabeth Arnold, de la que nacería Edgar y sus hermanos, abandonando la abogacía para hacerse actor como su esposa. La pareja desemboca así en una vida de precariedad y penurias. David abandonará a la familia y posteriormente ambos cónyuges morirán víctimas de tuberculosis. Edgar tiene apenas un año cuando su padre les abandona y solo dos cuando muere su madre. Será adoptado por John Allan, comerciante de Richmond, y su esposa Frances. Su hermano Leonardo será también acogido por los abuelos; llevará una vida desordenada y morirá a los veinte años. Rosalie, la hermana, hija póstuma y con deficiencia mental, será recogida por la familia McKenzie y relegada más tarde a una institución donde morirá en 1874.

Edgar causara a sus padres adoptivos todo tipo de problemas. Dará problemas en la Universidad de Charlottesville en Virginia, de donde será expulsado. Se ha dicho que antes de los veinte años se ha dado ya a la bebida. Algunos testimonios acreditan sin embargo lo contrario. También se ha hablado de su inclinación al juego. Puedan ser todos, factores de un comportamiento rebelde, inadaptado e indisciplinado. Sin embargo, es preciso decir que Rufus Wilmot Griswold, gran enemigo de Poe, y quizá por exceso de confianza de Poe su ejecutor testamentario o Albacea, se dedicó a desprestigiar vilmente al autor tras su muerte. Griswold publicó capítulos autobiográficos sobre Poe llenos de mentiras y ofensas, tildándole de depravado, borracho y drogadicto (se ha demostrado que Poe no tenía adicción a las drogas). Una de sus biógrafas, Emile Hennequin acusa también a Griswold, de haber levantado esos infundios. Quizá su enquina contra Poe se debió a la competencia de ambos por el afecto de Frances Sargent Osgood, sobre lo que volveremos en este artículo.

Sarah Elmira Royster

En 1823, todavía adolescente, ha conocido a Jane Stith Stanard, madre de un amigo. Edgar está acostumbrado a humillaciones y menosprecios de unos y otros. Un día, en casa del amigo, Jane le coge de las manos y le habla cariñosamente. Poe queda mudo; con prurito juvenil se enamora de ella, la adopta como consejera, le dedicará versos. Cuando al año siguiente Jane Stith muere tras un periodo de demencia, Poe se tiende sobre su tumba toda una noche. Objeto de su amor será después Sarah Elmira Royster, que vive enfrente de la casa de los Allan y que supondrá un nuevo fracaso. En 1825 se promete en matrimonio con Sarah, plan que frustrará la madre de la novia tras la expulsión de Poe de la Universidad de Charlottesville y Sarah se casará con Alexander Shelton. Poe es finalmente rechazado por John Allan, su padre adoptivo que rompe cualquier tipo de contacto con él. Se instala en Baltimore en casa de su abuela y su tía donde empezará a dar clases a su prima Virginia. Virginia Clemm, había nacido en 1822, también en Baltimore.

Pero ante el rechazo absoluto de su padre adoptivo y sin ningún tipo de recursos Edgar decide ingresar en la academia militar de West Point. Miente sobre su edad para poder entrar en el ejército y se alista con el nombre de ‘Edgar A. Perry’. Tras cuatro años llegará al grado de sargento mayor y sin embargo su carrera de militar será anómala por irregularidades e indisciplina y será igualmente expulsado de la Academia, siendo a partir de aquí la literatura su opción decidida. Publicará su primer libro, «Tamerlán y otros poemas» todavía en la época de su ejercicio militar.

Poe se gana la vida a duras penas como articulista y redactor de revistas y publicaciones (a veces de la totalidad del periódico). El Southern Literary Messenger, The evening mirror, The Brodway Journal y otros. A veces usando un pseudónimo (‘Henri Le Rennet’). Incluso al frente de algunas de ellas en las que luchará denodadamente por mantenerlas a flote. Tantas veces por sueldos de miseria. Aun siempre precario, es su modo de vida y por otro lado tendrá en él la posibilidad de publicar sus relatos y adquirir fama literaria. Tras la publicación de “El cuervo”, ya en los años 40, se convierte en una celebridad literaria. Sus relatos elevan muy considerablemente los tirajes de algunos de las periódicos y revistas donde trabaja y publica. Pero ello es inherente a su consideración de escritor ‘rebelde’, aún ‘terrible’ y fuera de esquemas. Los escándalos no le son ajenos. Atacará y acusará de plagio a escritores locales, acostumbrados a la mediocridad del ‘refrito’ publicando a base de copiar de aquí y de allá, incluso al mismísimo Henry Wadsworth Longfellow, poeta estadounidense que escribió trabajos que aún hoy siguen gozando de fama popular, uno de los cinco miembros del grupo conocido como los ‘Fireside Poets’ (Poetas hogareños). No se le perdona que elogie a Tennyson o Browning, ingleses, aun escasamente conocidos en Estados Unidos, y los sitúe por encima de los norteamericanos; se verá envuelto en disputas y pleitos y su alcoholismo le supondrá rechazos y reveses. Ha tenido más de una crisis suicida.

Se enamora perdidamente de su prima Virginia a la que había conocido tiempo atrás con solo siete años de edad y con la que intentará casarse en secreto (tal vez lo hicieron) aunque finalmente lo hará en una ceremonia pública en 1836. Le dedicará relatos como “La carta robada” y todos los biógrafos coinciden en que Poe y Virginia fueron una pareja feliz. Sin embargo, La Tuberculosis hace auténticos estragos en esa primera mitad del XIX y en 1842 Virginia sufre una primera hemorragia pulmonar. Sufrirá la enfermedad a lo largo de una época terrible de penuria hasta su muerte en 1847. El hecho destruye física y moralmente a Edgar siendo al parecer el detonante de una entrega definitiva al alcohol. Aún enamoradísimo de Virginia y destrozado por su muerte, Edgar Allan Poe no renuncia a la compañía, al consuelo y a la comprensión que ha buscado siempre en las mujeres. En 1848 intercambia poemas con Sarah Helen Whitman. Se le declara; Sarah acepta, pero después se arrepiente y rompe con él. Poe se carteará aún con otra mujer: Annie Richmond.

Frances Sargent Osgood

En 1845 había conocido a la poeta Frances Sargent Osgood. Quizá se enamoró de ella y quizá ella de él. Hubo correspondencia entre ambos tras el elogio que Poe, siempre muy duro en sus críticas, hizo de ella en una conferencia. La señora Osgood se ausenta de Nueva York y la esposa de Poe, Virginia, ya enferma, le ruega que escriba a su marido como si pensase en una candidata a sustituirla. Pero los celos de una tercera, Elizabeth F. Allet difunden rumores sobre ambos y convencen a Frances de que exija la devolución de las cartas dirigidas a Poe y a intervención de unos y otros hacen derivar el asunto hacia el escándalo. Frances S. Osgood había dedicado a Poe algunos de sus poemas y Poe le dedicó a su vez el poema de veinte versos “A Valentine” que es en realidad un acróstico especial que contiene el nombre y los apellidos de la destinataria.

En 1849, ya viudos ambos, -Virginia ha muerto en 1847- , Poe recupera su relación con Sarah Elmira Royster y aunque no es lo mismo para Poe el amor en la primera juventud, el amor como pasión, que el amor en última instancia y ya marcado por la muerte de los cónyuges de uno y otro, le propone matrimonio. Sarah acepta, pero Poe morirá antes de realizarlo. Sin que se sepa aún bien donde exactamente y en qué momento preciso, al parecer haciendo un alto en Baltimore de camino a Nueva York, Edgar Allan Poe, ya enfermo, debilitado y delirante, muere tras un coma etílico el 7 de octubre.

Muchos estudiosos han tenido, con todo, la vida y la obra de Edgar Allan Poe. Hablar de las mujeres en la vida de Poe, sin analizar en profundidad y específicamente esas relaciones es lo mismo que decir que en la vida de todo hombre existen mujeres o que las mujeres habitan también este planeta. Poe proyecta su necesidad de afecto en las mujeres, pero no solamente por una cuestión biológica. Su deseo de comunicación, tantas veces sin saber discriminar al interlocutor, su voluntad fuerte, su tendencia a expansionarse de modo total, exponiendo su pensamiento sin disimulo ni precaución, el exceso de franqueza y sobre todo la necesidad y el deseo de una afectividad recíproca, tan pocas veces lograda, le identificaron tal vez más con el otro sexo.

«Tal vez el mejor testimonio de la historia de amor entre Edgar Allan Poe y Virginia Clemm se encuentre en poemas como “Annabel Lee” o “Leonora”…»

Puesto que nos referimos en este artículo a algunos de los personajes femeninos de Poe, sin entrar en ningún tipo de análisis ni menos tratar de establecer modelos o referentes, redactamos nuestro epígrafe sin artículo determinado porque no nos referimos a todas las mujeres y porque tampoco nos referimos, o no solamente, a las mujeres reales de la vida de Poe sino a sus posibles referentes femeninos reales y sobre todo a sus mujeres de ficción; a las especialmente oscuras y por tanto más poéticas desde nuestra apreciación o gusto personal. Posiblemente haya una conexión entre unos y otras porque lo que sí parece cierto es que hay un ingrediente ‘fatídico’ en el lado femenino de su vida. Las mujeres son objeto especial de su dibujo literario, de su consideración y tratamiento poéticos, del planteamiento de la virtud o perversidad, de la transgresión entre la vida y la muerte, en definitiva, de la presencia de la muerte como misterio. Y la frustración, el rechazo, la muerte están presentes de manera continua en la biografía de Edgar Allan Poe.

Si todo ello está en la oscuridad de los relatos o los poemas de Poe es más que lógico. Sus personajes se inspiran tantas veces en personas reales y él mismo proyecta frustraciones propias en ellos. Otras veces construye lo que hubiesen sido sus propios ideales de talante, aptitudes o comportamiento. En una ocasión dice a Sarah Helen Whitman que el ‘Elison’ de “La posesión de Arnheim” tiene mucho de su propia alma. Pero jamás claudica, nunca cambia o invierte su convicción o su inteligencia a tenor de las circunstancias, siempre impuestas por una sociedad que le hubiese encumbrado de haber querido integrarse en su esquema de comportamiento ‘estándar’ burgués y biempensante.

En rigor, Poe empieza antes a escribir poesía que prosa. Todavía casi un niño, en 1822, compone una oda al profesor Joseph H. Clarke en su jubilación. Si la amada muerta es tema recurrente tanto en los poemas como en los relatos de Edgar Allan Poe se debe con probabilidad a su propia experiencia vital, pero no diríamos que todos sus bellos fantasmas son fiel reflejo de su vida real por mucho que la muerte de sus textos sea por frecuente también una metáfora. Poe es romántico hasta la médula, aunque su lírica esté también a veces inmersa en sus relatos. Y sus referentes literarios y sus fuentes de inspiración también existen. Que Poe ha leído a Novalis lo prueba la cita del autor alemán con que Poe introduce su relato ‘El misterio de Marie Rogêt’. No ha transcurrido mucho tiempo desde la desaparición de Novalis (1801) y el eco de su precursora efusión romántica esta todavía vigente y enlaza desde luego con la temática de Edgar Allan Poe. Novalis había conocido en Grüningen a Sophie von Kundt de doce años con la que, en su cumpleaños número trece se comprometió sentimentalmente. La enfermedad (¡tuberculosis!) de Sophie se interpondría en su relación hasta su muerte en marzo de 1796. A pesar de que tal vez la crítica puso especial énfasis en centrar la obra del poeta alemán en torno al amor póstumo por Sophie, lo cierto es que en “Himnen an die nacht”, “Himnos a la noche”, Novalis acusa la marca que ha dejado la desaparición de su joven novia:

“…tú me has anunciado la Noche: ella es ahora mi vida
–tú me has hecho hombre–
que el ardor del espíritu devore mi cuerpo,
que, convertido en aire, me una y me disuelva contigo íntimamente
y así va a ser eterna nuestra Noche de bodas”.

Tal vez el mejor testimonio de la historia de amor entre Edgar Allan Poe y Virginia Clemm se encuentre en poemas como “Annabel Lee” o “Leonora”. Se afirma que también “Ulalume”, es un homenaje a Virginia. En él, el personaje de Psique contesta al poeta (Al ‘yo’ poético en el poema) “Ulalume, Ulalume, es el sepulcro de tu perdida Ulalume”. Leonora se llama también el amor perdido por el protagonista de ‘El cuervo’ donde un ser como un pájaro negro, llega para siempre de modo ineluctable y desesperantemente afirma la imposibilidad del retorno, de la recuperación del pasado, del carácter definitivo de manera absoluta de la muerte. ‘Never more’.

«Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas,
en el dintel de la puerta de mi cuarto»

Efectivamente ‘Annabel Lee’ está muerta
“Y así, durante toda la noche, permanezco tendido al lado
De mi querida, mi querida, mi vida y mi esposa,
allá en el sepulcro junto al mar
en su tumba junto al mar sonoro”.

En 1829 había muerto la que había sido madre adoptiva de Edgar Allan Poe, Frances Allan, en realidad, su única madre. Poe escribe ‘A mi madre’ en el que se habla en realidad de ambas.

“Mi madre – mi propia madre-, que murió a temprana edad,
No era más que mi madre; pero tú
Eres la madre que yo tanto quería… “

También “A Helena” que dedica a Jane Stith Stanard, o “La durmiente” tienen sujeto femenino. En “La durmiente” Poe recurre de nuevo a su argumento emblema:

“¡El amor mío duerme! ¡Oh, puede dormir
tan profundamente como largo sea su sueño!
¡Que los gusanos se deslicen a ella suavemente!

“Leonor” está igualmente muerta: “la vida todavía en la cabellera, la muerte en los ojos”. “Eulalia”, “A F.”, “Para Annie”, “Serenata, “A Isadora”, o “A alguien en el paraíso”, son poemas asimismo con protagonista femenina, y aun ‘necrofilos’, no dejan de ser poemas de amor; en “Serenata”: “…a ti, y a tu fascinante amor, Adelina mía…” y en “A alguien en el paraíso” de nuevo la frustración final de la pérdida de la amada. Mismo tema en “A Elena” (No es el mismo poema que “A Helena”) Cuyos ojos permanecen a través de los años “iluminando y llenando el alma de belleza que es esperanza” como dos “Suaves, centelleantes Venus”: “Y tú, fantasma entre el sepulcro de los árboles”

Otra vez en las estrofas de “Un Peán” (Canto coral griego en honor de Apolo), la joven de precaria y delicadísima salud, finalmente muerta:

“Pero ella se ha ido arriba,
con la joven esperanza a su lado,
y yo estoy embriagado con el amor
de la muerta, que es mi novia.”

Haremos un inciso para decir que “Al Aaraaf” es un poema, no solo simbolista porque sus conceptos y sobre todo su conjunto son casi una bstracción, apenas hay menciones o alusiones a los personajes que detentan su hipotético diálogo, el yo poético, Ianthe la amada, Zante, Nesace, sino porque en su ‘decorativismo’ es casi un poema modernista. Pero “Al Aaraaf” está escrito en 1829 y publicado al igual que “Tamerlán” por la editora Hatch and Dunning por lo que se adelanta estéticamente al modernismo casi unas cuantas décadas. En “Al aaraaf se evoca a Ligeia, figura central de uno de los relatos más impresionantes de Edgar Allan Poe.

Finalmente“Tarjeta del día de San Valentín” es un acróstico dedicado a Frances Sargent Osgood. Pero es un acróstico especial porque no son las primeras letras de cada verso las que componen el nombre de la destinataria del poema sino la primera del primer verso, la segunda del segundo, la tercera del tercero y sucesivamente hasta veinte con lo que tuvo seguramente mayor dificultad en su composición, pero constituye casi un juego en la comprobación de su pequeño secreto y su habilidad.

En los relatos Poe pone de manifiesto igualmente el tema de la muerte de la amada, recurrente en toda su obra casi como verdadero ‘leit motiv’, la amada que es el sujeto paradigmático de la belleza, por tanto, ineluctablemente marchitada.

Berenice es el nombre de la esposa del faraón Ptolomeo III Evergetes. La leyenda del ofrecimiento a Venus de su cabellera fue glosada de modo elegíaco por los poetas clásicos y dio nombre a una constelación estelar. Basado al parecer en hechos reales acaecidos en Baltimore en 1833, Poe escribe un relato terrible, aun no exento de la descripción fantasmal de la figura femenina, la prima amada que indefectiblemente muere repentinamente de un ataque de epilepsia -dice Poe- cuando el final del relato parece hablar en realidad de catalepsia, y es objeto de la espantosa profanación de su tumba por parte del propio primo amante, obsesionado por… sus dientes! “…de Berenice creía yo aún más seriamente que ‘tous ses dents etaient des idées’. Ah! He aquí el pensamiento idiota que me ha perdido! Des idées! Ah! Por eso los codiciaba yo tan locamente!”

El tema de ‘Morella’ es la ‘metempsicosis’, la reencarnación en otro ser después de la muerte. Poe recrea en su relato otro precedente de Henry Glassford Bell y lo magnifica de modo espléndido. La opresión terrible del potente intelecto extraño y oscuro de la mujer sobre su esposo llega a convertirse para éste casi en horror. Crecerá la hija de ambos y crecerá sin un nombre. Cuando la madre muere (ineludiblemente), la hija va reproduciendo en su crecimiento como trasunto idéntico y absoluto los rasgos y la personalidad oscura de la madre. Cuando el padre pronuncia el nombre de la madre muerta: Morella, la hija responde: ‘Aquí estoy’. La hija muere también y cuando es llevada a la tumba materna para ser enterrada, el cadáver de la madre no está.

‘Ligeia’ es una obra cumbre en la narrativa de Poe; junto a ‘El hundimiento de la casa Usher’ sean tal vez los hitos más elevados de su prosa. Es también un relato de reencarnación. Era el preferido de su autor y desde luego alcanza una cota de belleza y de poesía rayana en lo emocionante. Ligeia tiene dos fuentes de inspiración, en parte, en uno de los capítulos de ‘Los papeles póstumos del club Pickwick’ de Charles Dickens y también, incluído alguno de los nombres propios, en la historia de Rebeca y Rowena de ‘Ivanhoe’ de Walter Scott. El protagonista, narrador, no conoce el origen de su amada y describe pormenorizadamente su extraordinaria belleza, -Ligeia tiene el pelo negro ‘como el plumaje de un cuervo’-, así como su inmensa cultura, conocimiento, sabiduría. Ligeia cae enferma, pero resiste en una denodada ‘lucha contra la sombra’ pero finalmente muere. Inmediatamente antes, en su lecho de muerte, hace recitar al esposo unos versos que se repiten en la narración en boca de ambos protagonistas y constituyen la cita (de Joseph Glanvill) y la idea de fondo que Poe quiere expresar en su relato: “El hombre no se rinde a los ángeles, ni por entero a la muerte, salvo únicamente por la flaqueza de su débil voluntad”. Tras la pérdida él decorará extravagantemente la torre de la abadía inglesa donde se recluye, con cortinajes y tapices lóbregos, extrañas esculturas egipcias, muebles raros de efecto fantasmagórico cuya visión será aún más extraña y distorsionada por el recurso y el hábito al opio de su dueño, estancia que calificará él mismo de ‘maldita’.

En un breve párrafo Poe cuenta eficazmente el nuevo matrimonio de su protagonista con la rubia de ojos azules Lady Rowena Trevanion de Tremaine, como sucesora de la inolvidable Ligeia. Pero Rowena enfermará igualmente y desde su lecho, oye ruidos, `percibe movimientos extraños. Beberá una copa de vino donde el esposo ve caer como desde el aire unas extrañas gotas de color ‘rubí’ sin que ella se dé cuenta. Rowena empeora y muere. Su cadáver, de pronto parece volver a adquirir coloración y calor para volver a caer en la frialdad y la muerte, adquiriendo viscosidad repulsiva y rigidez cadavérica. Sin embargo, el proceso se repite una y otra vez a lo largo de la noche en una pugna delirante y terrorífica y finalmente el cadáver amortajado se levanta definitivamente. Cuando la mortaja cae, el cabello de la mujer es “más negro que las alas del cuervo de medianoche” y los ojos, “son los grandes, los negros, los ardientes ojos” de Lady Ligeia.

‘El hundimiento de la casa Usher’ es y sin reducirlo ni mucho menos a uno solo de sus aspectos y sus temas, un relato de catalepsia. Su éxito y su popularidad fueron rápidos; también su influencia ha sido notoria. Se ha especulado con un referente real en los hermanos James Campbell y Agnes Pye Usher, enfermos, hijos de unos amigos íntimos de Elizabeth Arnold Poe, madre de Edgar, sin que haya nada seguro en ello. También existe diversidad de opiniones sobre las posibles fuentes literarias del relato. Su tema, es desde la intención del autor, la identificación y la unicidad de la casa, como un ser vivo, con sus moradores. En destino de una y otros es el mismo, está íntimamente ligado. En lo anecdótico, es también un personaje femenino, el de la hermana lady Madeline, el que, presa como en tantos otros argumentos de Poe, de extraña enfermedad, estando su hermano sobre aviso del tipo de su enfermedad, fallece en apariencia por lo que es enterrada en un ataúd atornillado y depositado en una lóbrega y profunda cripta aherrojada con una pesada puerta de plomo. Cuando el protagonista narrador trata de calmar el ánimo del hermano ya enajenado de su propio horror, leyéndole una historia, el contenido de esta coincide de modo metafórico con los ruidos y chirridos que se oyen en la cripta. La hermana aparentemente muerta ha quebrado y escapado de su ataúd y aparece en la estancia arrastrando también a su hermano a una muerte real y definitiva. El huésped, en su huida presa de terror presencia el hundimiento de la casa, “los helados muros, las ventanas parecidas a ojos vacíos”, bajo el fétido y profundo estanque que se extendía ante ella.

«‘Ligeia’ es una obra cumbre en la narrativa de Poe…»

‘Eleonora’ es un precioso relato al que quizá habría que calificar en realidad como poema en prosa cuyo final sorprende por inesperado. Se escribe probablemente en 1841, mucho antes de la muerte de Virginia. Su historia es una historia romántica y bucólica, aunque la descripción del paisaje ideal donde se desarrolla es desde luego asimismo romántica en el sentido esta vez de la época histórica. Las descripciones de Poe se adelantan casi al simbolismo y al modernismo. A pesar de todo, su protagonista morirá irremediablemente como no podía ser de otro modo, y como tantas otras en los relatos de Poe. Cuando se espera que caiga la maldición sobre el enamorado que ha quebrado finalmente el juramento hecho a la amada muerta, enamorándose nuevamente ya lejos del “valle de la hierba polícroma” de la ‘fúlgida y seráfica’ Ermengarde, la maldición o el castigo no se producen y una voz dulce le dice: “Duerme en paz…” “Quedas relevado por razones que te serán dadas a conocer en el cielo, de tus votos para con Eleonora”.

Mencionaremos también ‘El retrato ovalado’ en el que la vida en la ejecución del retrato de la amada progresa lentamente en paralelo a su pérdida por parte del modelo, la propia mujer del artista que dócil y siempre sonriente al requerimiento de su esposo el pintor, tras muchas semanas de haber posado para la obra, extingue poco a poco su propia vida. Cuando el cuadro recibe su último toque definitivo, el artista lo ve y grita: ¡En verdad es la vida misma! y vuelve los ojos bruscamente despavorido y estremecido de horror hacia su amada que está muerta.

Algunas narraciones de Edgar Allan Poe incurren todavía en el tema casi obsesivo de la muerte inevitable de la amada, la belleza definitiva y terriblemente marchita y el consecuente terror que inspira la presencia o el retorno o la reencarnación de su entidad fantasmal, la transgresión entre la vida y la muerte. Berenice, Ligeia (“Ligeia, la amada, la augusta, la bella, la sepultada”), Lady Rowena. Lady Madeline Usher: todas ellas devienen finalmente en figuras espectrales, como las etéreas mujeres pintadas por Bernard Knopf. Eleonora habla a su esposo con voz que se oye misteriosamente. Morella abandona su tumba para reencarnarse en su propia hija. Ligeia regresa del más allá por medio de Rowena Trevanion. La joven esposa del pintor traslada su vida al lienzo oval. Y sin embargo, como explica Margarita Rigal en su ensayo ‘Aspectos estructurales y temáticos recurrentes en la narrativa breve de Edgar Allan Poe, (Univ de Castilla la mancha Cuenca 1998) a pesar de las apariencias no hay “vampiros” en los relatos de Poe. El tema del ‘vampiro’ aparece en Europa en el siglo XVIII y evoluciona paulatinamente hasta desembocar en el tópico que conocemos hoy del ser de ultratumba, maligno y ‘bebesangre’, conformado en la actualidad también desde la novela de Bram Stoker e instancias cinematográficas basadas en él; pero en Poe no hay succionadores de sangre de afilados colmillos ni tampoco seres demoniacos ni malignos; sus relatos están poblados de reencarnados y fantasmas pero sus espectros son mucho más sutiles, más poéticos, más ‘bellos’. Entre otras cosas porque casi siempre se trata de mujeres. “El miedo, -dice Margarita Rigal Aragón en su libro, nunca procede del exterior sino que está en nosotros mismos.”

Charles Baudelaire

Entre las fuentes principales donde Julio Verne se inspiró está Edgar Allan Poe. Verne lee a Poe y aprende y asimila del maestro, de su coherencia semántica y temática, de lo imaginativo de su inspiración. Prueba de esta admiración es el intento de continuación de Las aventuras de Arthur Gordon Pym en La esfinge de los hielos, por poner un ejemplo; o el artículo dividido en cuatro capítulos, que tituló Edgar Poe y sus obras, publicado en abril del año1864. Charles Baudelaire había traducido en 1848, un año antes de la muerte de Poe, sus obras que se publicaron en Francia entre 1856 y 1857 bajo el Título Historias extraordinarias. En su ensayo sobre Edgar Allan Poe, Baudelaire escribió: “Desde la entraña de un mundo voraz, hambriento de materialidad, Poe se lanzó a sus ensueños. Ahogado por el ambiente americano, escribió en su “Eureka” * esta dedicatoria: “¡Ofrezco este libro a quienes han depositado su fe en los ensueños, considerándolos las únicas realidades!

Edgar Allan Poe es un escritor inmarcesible. Desde su muerte hasta hoy, ha sido alternativamente alabado o denostado. Fue confiado y tal vez ingenuo en el sentido más adulto y maduro del término; integro y consecuente en sus ataques a la mediocridad de su entorno. Consciente de las propias deficiencias y caídas. Tal vez el mayor daño se lo causó a sí mismo. Su obra trasciende las épocas, porque su inteligencia creativa y literaria queda de manifiesto en ella independientemente de unas u otras lecturas, de una u otra óptica. A pesar de todas la enormes dificultades y la ‘fatalidad’ de tantos momentos en su vida, mantuvo una voluntad tenaz desde su propia idiosincrasia peculiar, desde su convicción. Y no claudicó ante la fama o la vulgaridad. La fiebre de lo misterioso, lo sublime, la belleza ‘que no es sino el principio de lo terrible’ como expresó Rilke, le había atacado. La poesía está tanto en sus poemas como en sus relatos, con enorme belleza y emoción. La deuda de la historia de la literatura y la creación con Edgar Allan Poe es impagable.


* (Tratado de ‘Astronomía trascendente’ que Poe escribe de manera entusiasta y que sin embargo no alcanza ningún éxito)

Referencias:

V.V.A.A. Edgar A. Poe. Poesía completa (Edición bilingüe) Libros Rio Nuevo 2ª Ed. Barcelona 1975

V.V.A.A. Edgar Allan Poe. Cuentos Completos. Penguin clásico. Ed. Española. Barcelona 2015

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