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LA CLOSERIE DES LILAS | EDICIÓN 2ª (JUNIO 2019)

ÍNDICE DE AUTORES

Evaristo Cadenas

Francisco Delgado-Iribarren Cruz

Ana Galán

Ana García Briones

Ana Garrido

Enrique Gracia Trinidad

Alfredo Piquer

Antonio Tello

* Haz click en el nombre de los autores para ver sus poemas!

Evaristo Cadenas

Villaquejida (León) 1950. Estudia Bachillerato en Villablino y Magisterio en León. Viene a Madrid en 1973. Empieza a escribir poesía y relatos de forma habitual en 2001. Ha colaborado, como tertuliano y presentador, en programas de radio y televisión en emisoras locales.

Le han publicado poemas, relatos, y dibujos en diferentes revistas literarias y libros de poesía colectivos. Algunos de sus micro relatos han sido leídos en el programa “Todos somos sospechosos” de Radio 3 de R. N. E. Es miembro de la Junta Directiva de Versos Pintados del Café Gijón y de la tertulia Aula de Encuentros del Círculo de Bellas Artes. Finalista del Premio de Poesía del C. B. A., en 2006, un premio de micro relato en Radio 3 de R. N. E. y el 30 de Noviembre de 2011 le han concedido el XII Premio de Poesía del C. B. A.

Escribe artículos sobre cine, cuando el tiempo se lo permite, en la revista digital Proverso, dirigida por la poeta Inma J. Ferrero. Desde Octubre 2016 dirige y coordina la Tertulia Poética y Literaria de Retiro “Poesía y amigos en Pacífico”, en el Centro Sociocultural Clara Campoamor.

NUDO EN LA GARGANTA

Soy el que comienza a no existir
y el que solloza todavía.
Antonio Gamoneda

Pocas veces me habréis oído hablar del mar.
En mi paisaje de nacimiento las únicas olas
eran las de las cebadas junto a los tesos.
El cimbrear de los tallos
humedecía los ojos de las espigas.

Mi madre me ponía el abrigo viejo
para acostarme bajo la encina
mientras segaba la mies con la hoz.
Dormía entre la hojarasca
habitado de sueños con cuchillos
que asesinaban insectos para los pájaros.

Pocas veces hablo del mar.
A las cinco de la tarde continuaba
el trabajo en la era, y la trilla
esparcía esporas de insolación.
Cuídate, hijo, de la fiera
que acecha tras las parvas.

Nunca hablo del mar.
Mis manos cogen la herramienta
con la que domesticar a la bestia del frío
que corrompe la serenidad de la nieve.
Mi madre hervía una sopa
en la cocina de carbón. Toma hijo, no llores.

¿Para qué hablar de lo que no sé?
Aquí, a la brigada de los hondones,
me encuentro a salvo del huracán
y de la noche en la que aúllan los perros.
No existo más allá de la memoria,
y mi madre hace mucho que murió.

Me he propuesto invertir en ángeles guardianes
que vigilen éste inhóspito nudo en la garganta.

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Francisco Delgado-Iribarren Cruz

Nació en Valencia en 1985, aunque desde los 2 años vive en Madrid con su familia. Su pasión por la Literatura empieza desde muy niño, devorando los libros de Los Cinco, los clásicos de aventuras y las colecciones del Barco de Vapor. Durante muchos años lee todo lo que se le pone a la vista: periódicos, revistas, libros de entretenimiento y libros de estudio. Sus autores preferidos son Arturo Pérez-Reverte, Gabriel García Márquez y Camilo José Cela, entre otros. Desde los 16 años empieza a escribir algunos poemas, epigramas, palíndromos y más tarde greguerías. Es licenciado en Derecho y diplomado en Relaciones Internacionales por la Universidad Pontificia Comillas (ICADE), donde también hizo dos cursos de Administración y Dirección de Empresas. Durante esta etapa colabora en la revista universitaria Glasnost, con artículos y poemas que encuentran una gran acogida entre la comunidad universitaria.

Francisco ha publicado un total de 9 libros, todos ellos con la Editorial Círculo Rojo: Artes Marciales (2011), Ficcionario (2011), Versos dispersos (2012), Viaja a Santa Fe (2015), Tiempos difíciles (2016), La gran boda medieval de Sébastien y Camille (2016), Namasté Katmandú (2017), El crimen de Archidona (2018) y 35 días en Tailandia (2018).

SIN TI

Sin ti te estoy pensando a todas horas,
te elevo a las regiones más etéreas,
te mezo, subo y bajo y doy la vuelta,
te sueño del ocaso hasta la aurora…

Sin ti te estoy penando sin descanso,
te llevo en los bombeos de mi sangre,
te siento en huesos, alma, mente y carne,
te busco entre las palmas de mis manos…

Sin ti vuelco hacia ti toda mi vida,
y te convierto en una obra de arte.
Sin ti yo sólo vivo para amarte.
Contigo… Yo no sé lo que te haría.

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Ana Galán

Ana Galán Vigo nació en A Coruña. Licenciada en Psicología y Diplomada en Magisterio ha dedicado toda su vida profesional a la enseñanza, como maestra en E. Primaria y como orientadora en la E. Secundaria. Es autora de los poemarios Celdas de luz (2014), Detrás de la sonrisa (2016), Desnudez del hilo (2018) con la editorial Lastura. Tiene poemas editados en varias antologías y en revistas como Calicanto, Piedra del Molino, Álora, Cuadernos del Matemático, Luces y Sombras, Frontera D, La hoja azul en blanco… Premio Círculo de Bellas Artes 2015 y finalista en el premio Soledad Escassi del CBA 2015. Ha participado en numerosos recitales y certámenes poéticos y desde el año 2006 frecuenta tertulias como, Taller de Enrique Gracia Trinidad, Gerardo Diego (Café de Oriente) y el Aula de encuentros del Círculo de Bellas Artes donde continúa. Ha dirigido el programa semanal de poesía Contrapartida en Radio Círculo.

http://anagalan2.blogspot.com/

A VELA

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años…

Konstantin Kavafis

La vida es un velero en alta mar.
Crecerás siendo tú mismo
si de esa isla no pierdes la visión.
Es necesario audaz sabiduría:
cuándo ir a toda vela,
cuándo el placer del agua.

Tensar cabos no es fácil,
debes atar y desatar sin miedo.
Tal vez se rompan contra ti,
la piel abierta,
sin nada que cubra la herida.
Sal y sol formarán cicatriz en el olvido.

Ordena cada rumbo,
capea temporales
resistiendo a la furia de las olas.
Que no te importen los naufragios,
el reto es continuar con otras velas,
que los astros alarguen tu destino.

Mas si nunca alcanzaras Ítaca
tenla siempre en el corazón.
Y no lo dudes,
recoge en el cuaderno de bitácora
el prodigioso hilo azul,
marino de experiencias.
Desnuda tu palabra ante el papel.

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Ana García Briones

Natural de Baños de la Encina ( Jaén ) dónde transcurre su infancia entre calles de piedra y el olor a geranios y lilas de los patios de sus abuelas , lo recuerda como un lluvia fresca que baña todos sus anhelos. Actualmente reside en Linares (Jaén).

Tiene publicados los libros Partos de luz, Anida en mi ser y junto al poeta de Huelva Pedro Javier Martín Pedrós Violines sin música. Sus versos han sido incluidos en diferentes antologías, colabora en blogs y revistas literarias, así como en distintos proyectos solidarios. Es coordinadora del blog literario Siempre Poesía.

http://ana-siemprepoesia.blogspot.com.es/

Para Ana la expresión SIEMPRE POESÍA es un llamamiento a estar siempre vivos , a no quedarnos indiferentes ante la belleza que pasa delante nuestra , ante el sufrimiento o ante los interrogantes en la búsqueda de nosotros mismos. Es un llamamiento a abrir el corazón, a sentir ese relámpago que nos estremece. Por eso cree que es necesaria compartirla y tenerla presente en nuestro día a día.

DAME TU VOZ

Ayer soñé contigo
y tu sonrisa era amplia
como las alas de un pájaro.
Tú creías que la vida
era otra cosa,
pero una nace a veces así, torpe
y todo cuanto toca
se va convirtiendo en cenizas.
A veces, es tarde para rectificar toda una vida
y no acostumbrarse a envejecer
detrás de los cristales.
Yo te dije que apenas ayer mismo,
eras una muchacha
con calcetines blancos
y hoy, te miras al espejo
encogida de hombros,
avanzando insegura entre las sombras.
Levanta tu mirada
y respira toda el agua del cielo,
recuerda siempre la primavera en las calles
el perfume de los besos, a cada paso.
No te quedes desnuda como el desierto.
Dame tu voz
que es mi propia voz,
el canto de un ave aturdida, cruzando el aire
consumida de sueños y tristeza.

¿EN QUÉ PAISAJE RESPIRAN LOS SUEÑOS?

¿En qué paisaje
respiran los sueños?

Un cielo sin aves
es parecido
a una tristeza
en los ojos,
a un poeta sin tinta
arrastrado a la dimensión
de los cuerdos.
No te quedes como
un árbol sin hojas,
sin viento,
ausente de brotes,
como una carta
sin noticias dulces,
como una ausencia de aire
en la sangre.
Allí, en los silencios del alma,
escucha la música
que cantan las estrellas.

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Ana Garrido

Actualmente preside a la Asociación Literaria Verbo Azul, desde la que realiza una constante labor de difusión de la poesía como forma de vida, como afirmación de la propia existencia, y codirige junto a Juan José Alcolea su revista “La hoja azul en blanco”. Su obra literaria se ha visto reconocida en varios certámenes entre los que podemos destacar las XLIII Justas Poéticas de la Ciudad de Dueñas (Palencia), el XVI Concurso Internacional de Poesía “Palomar Teresiano de Gotarrendura” (Ávila), el Premio de Poesía “Pedro Marcelino Quintana” de Arucas (Gran Canaria) por el poemario “Traigo en vilo los ojos y las ganas”, el XXI Premio Nacional de Poesía “Poeta Mario López” de Bujalance (Córdoba) por el poemario “Noticia del Asombro”, el XVI Premio Internacional de Poesía “Luis Feria” de la Universidad de la Laguna. el Premio “Flor de Jara” de la Diputación de Cáceres, en su edición de 2017, por “Acaso el espejismo” o el Premio Barcarola de Poesía 2018, por “El ruido transparente”. De corte fundamentalmente intimista, reflexivo, su poesía ha evolucionado hacia la esencialidad, hacia la búsqueda del conocimiento exterior en la indagación de la propia identidad.

LLEGARON DE LA LUZ

LLEGARON DE LA LUZ, desposeídos
de su antiguo lenguaje.
Consagraron las piedras al abrigo del día.

Desoyeron los gritos de los héroes.

En un claro del bosque escogieron la noche
y un lugar junto al fuego.

En esta tierra triste
anterior a la tierra,

se reúnen a veces para rezar a solas.

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Enrique Gracia Trinidad

(Madrid, España, 1950). Autor de más de cuarenta publicaciones, veintiséis de ellas de poesía. Muestras de su obra han sido traducidas a nueve idiomas y figura en antologías o publicaciones de quince países.

Tiene en su haber una docena de reconocimientos literarios por distintos libros, además del Vicente Gerbasi por el conjunto de su obra.

Se dedica a la divulgación cultural (conferencias, cursos, talleres literarios teatro de voz, recitales, radio, etc.). Biografía completa en wikipedia.

HABRÁ QUE TRABAJAR
(Homenaje a Gabriel Celaya)

Era un arma cargada de futuro, pero ahora no es más que un tirachinas, una honda con poca precisión, una regla de escuela convertida en espada, una simple correa con vocación de látigo y el palo de una escoba que quisiera ser lanza.

Era el aire que a veces respiramos, pero ahora se asfixia, tose y respira con dificultad, enferma del pulmón de su conciencia, fatigada y a punto del desahucio.

Era tan necesaria como el pan de cada día, pero la han puesto a régimen sin gluten, medio vegetariana y medio torpe, ni maneja el cuchillo ni rebaña la salsa; siempre se queda hambrienta y sin consuelo.

Fue poesía-herramienta y ahora sirve de poco, lujo sin trabajar en los aceros, cultural vanidad, torpe grito con muy poco futuro, que ni mira de frente ni dice las terribles y bárbaras verdades.

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Alfredo Piquer

Madrid 1951. Licenciado en Filosofía y Letras, especialidad de Historia Antigua, en la U.C.M., Graduado en Artes Aplicadas y Oficios Artísticos (Escuela nº 10 Madrid), en 1985. En 1998 obtiene el grado de Doctor en Bellas Artes por la U.C.M. Desde 1985 y hasta 1999 ha sido profesor numerario de las Escuelas de Artes Aplicadas. Desde 1999 y hasta la actualidad es ‘Profesor Titular de Universidad’ de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Realiza numerosas exposiciones individuales y colectivas nacionales e internacionales de su obra plástica y obtiene diversos premios. Es desde 2005 Coordinador del Grupo de Poesía del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Organiza y coordina numerosos recitales, así como programas de radio en el Círculo de Bellas Artes. También varios recitales en la red de Bibliotecas de la Comunidad. Desde 2011 y hasta 2016 ha organizado, coordinado y presentado el Ciclo de poesía y música ODISEA en “Libertad 8” en Madrid. Ha publicado sus poemas en varias Antologías y revistas literarias. Asimismo ha realizado lecturas individuales en diversos ámbitos poéticos como la Tertulia Rafael Montesinos, la Asociación Prometeo, la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, etc. En 2002 fue Premio de Poesía del Círculo de Bellas Artes y en 2010 finalista del “Ciudad de Mérida”. En 2009 publica el poemario «Paleografías», y en 2012 publica «Mar sobre este altar», ambos de Ediciones Vitruvio; También en 2012 publica «Memoria de Naufragios» de Legados (Netwriters) Ed. En 2016 publica “Tu oscuro nombre” en Ed. “Cuadernos del Laberinto”. En 2017 edita “Circe” y “Museo”, ambos en “Línea de Sombra” Ediciones.

MÁS ANTIGUA TODAVÍA TU BELLEZA EXTRAÑA…

“Dime, dime el secreto de tu corazón virgen,
Dime el secreto de tu cuerpo bajo tierra…”

Vicente Aleixandre

“Pero quien sabría por dónde entrar en su corazón”
Saint John Perse

«Ojalá que la espera no desgaste mis sueños»
Marilyn Monrae

Más antigua todavía tu belleza extraña
tu belleza triste, oh gacela, oh torre,
tu única mirada que contempla el vacío,
la eternidad oscura de tus ojos
sobre las tristes sábanas y la inyección letal
en tus venas azules.
Te he visto fugazmente, cercenado pájaro
del olvido; los flashes de las cámaras
disparando sus efímeras luces
cada vez que apareces. Te he visto
asesinada sobre un lecho de sábanas
revueltas en el apartamento de Manhatan.
No te toca el viento ni la lluvia
sino el ardiente hálito del dios único
que calcina la arena azul en el poniente
donde la carne espera la nueva luz del día;
sino el amor y el fuego del desierto y el légamo del río
y la frescura de la brisa que sopla entre las cañas
de papiro. Hembra sagrada, mujer, triste tu pecho,
triste e invisible tu sexo, que aún suenan como arpas
y sistros. Triste tu piel, que el lino transparente
proclama como olas en el silencio de la orilla.
Pero se alzan jubilosos los ibis y los ánades
cuando acaso transita sobre el agua
la germinal llamada de tu pasión sin límite
y se detiene el disco del sol en su transcurso
y derrama sus manos infinitas;
¡Si el mismo rey envidia tu pecho, y tu piel
y tu sexo, quizá oscuro, como la historia
mítica y milenaria de tu nombre.
En tu mirada, a un lado, el tiempo y el vacío
la lóbrega ebriedad imparable de los días
como el sacral silencio de lo eterno;
al otro la añoranza de un rio inacabable,
de una patria lejana y lacerada.
Quizá quieras volver a casa, tan lejos
en esa oscuridad donde las voces bárbaras
de ignominiosos guardias y esta bruma, esta lluvia,
aherrojan tu libertad ardiente de hembra regia
y el asesino a sueldo de la CIA o el FBI
confiesa el crimen execrable en su lecho de muerte
cuando ya ha prescrito y nada le amenaza.
Dime dónde descansa tu cuerpo embalsamado
resérvame un lugar a tu lado en la tumba
oculta en otra tumba en Westwood Village,
bajo la arena de poniente donde yaces.
Reina de todas las reinas de la tierra,
navío de la luz, bella esposa del tiempo.
No pueden las palabras describir la inocencia
ni tu ausencia absoluta, la beldad terrible
de la muerte. El oro de tu piel y el escondido brillo
de tu secreto persistente amor, ya transgredidas
todas las falsas puertas, ya quebrada la arcilla
con el sello que guardaba tu nombre por los siglos.
Madre admirable, purísima belleza
poderosa, clemente, torre de oro,
y lapislázuli, vaso fiel de placer, tú luminaria
del alba, casa digna de veneración,
inspiración de todos los escribas,
vencedora de la Duat y del Amenti
inmarcesible símbolo de Manhatan,
rubia solar, princesa de Mittani
¡Oh Norma Jean , Nefer, silente herida en Hollywood
en Brooklyn y El Amarna, tú la más bella
entre todas las bellas!

(Alfredo Piquer. Museo. 2016)

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Antonio Tello

Poeta, narrador y ensayista. En 1975, dos años después publicar El día en que el pueblo reventó de angustia, que lo revela como uno de los creadores más originales de la literatura argentina del interior, se exilia con su familia a París y luego a Barcelona, tras ser amenazado de muerte por la Alianza Anticomunista Argentina.

En España desarrolla casi toda su obra literaria. Su poesía – Conjeturas acerca del tiempo el amor y otras apariencias, Sílabas de arena, Nadadores de altura, O las estaciones, Lecciones de tiempo, En la noche yerma, etc.- es valorada por la musicalidad, la precisión y su hondura metafísica. Igualmente ha experimentado con la Poesía visual, serie de imágenes que Unaria Ediciones publicó en 2013 en una edición numerada.

En diciembre de 2015, el Gobierno de Córdoba (Argentina) le concedió el Premio Reconocimiento al Mérito Artístico por el conjunto de su obra y su defensa de la libertad de conciencia y de los derechos de autor. Actualmente es Coordinador del Área de Literatura y Pensamiento de la Agencia Córdoba Cultura y Director del suplemento cultural El Corredor Mediterráneo.

ASTEROIDES

Un niño llama con su lengua sucia, me llama
y lo sigo, camino tras él, amigo, voy tras
él por montañas y hondonadas de basura,
pisando la inmundicia, cruzando riachuelos
corrompidos.
En el cielo de los desdichados
no hay cometas. En el cielo de los desdichados
los ángeles planean en círculo como algunos
pájaros. La noche capital. El tiempo quieto.
Ya no vivo aquí, no puedo seguirte, le digo,
creo decirle, pero lo sigo y desde la cima
descubro la ciudad, la nación que generales
y gerentes crearon en el basural, guardada
por cancerberos albinos.
Me hablas con tu lengua
viciada. Sé que la visión te duele, amigo,
insistes, y, aunque ya no viva aquí, te sigo,
no puedo irme, todavía sigo en este lugar,
cerca de ti, donde late el dolor.
El dolor es
real, me dijiste cuando los perros nos mordieron.
Me hiero para sentir, pero el dolor ya murió.
Está muerto. La luz se apaga, amigo. Veo la
oscuridad. He esperado, quizás aún espero,
pero ahora, llegado el momento, pregunto
¿queda algo ? ¿además del dolor queda algo?


Una nota suena en el aire y la luz del alba
empuja la noche hacia su derrota.
Nada, nadie, dirá, podrá decir, que el día
no sucedió, que la existencia es un
espejismo o el sueño de un extraño.
No hay moral ni inteligencia en el existir.
La razón, acaso la única razón
del día, ajena a toda justicia, es
aproximar el hombre, esa pulsión de
sangre en el corazón de las sombras,
al latido y la visión de la eternidad.
La violencia, el hambre, el destierro y
el amor, todo ocurre en el día y al fin,
una nota tiembla en el aire, la luz decae,
la tarde se agota y el sol, con un rubor
de sombras, deja en el horizonte
la arrebolada estela de su naufragio.

….
sabrás, amigo, que la sangre llegará
al ocaso y a esa playa, donde boquean
los peces que alguna vez fueron hombres,
habitantes de las ciudades, pecios de
civilización hundidos en el fondo
de mares hace tiempo muertos.
Entonces,
volcarás el vino en la mesa, sobre
la espalda tus sueños cargarás y huirás
del dolor. Marcharás. Te irás. Caminarás
hasta que al atardecer de un día cualquiera
mirarás atrás y, flotando en el polvo,
antes de que el aire o la última luz del
día se los lleve, verás el temblor de los
espejismos.
En ese instante, hermano,
en la greda del camino también verás
más breves y hondas tus huellas, aunque la
bolsa de los sueños ya esté vacía.

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AMAR AL CINE | AMAR A TRUFFAUT

Por Evaristo Cadenas Redondo


Yukio Mishima

“Durante muchos años afirmé que podía recordar cosas que había visto en el instante de mi nacimiento. Cuando decía eso, los mayores, al principio, se reían; pero luego preguntaban si intentaba burlarme de ellos, y miraban con desagrado la pálida cara de aquel niño tan poco infantil. A veces lo decía en presencia de visitantes que no eran íntimos de la familia y, en esos casos, mi abuela, temerosa de que me tomaran por idiota, me interrumpía secamente y me ordenaba que fuera a jugar a otra parte.” Primer párrafo de “Confesiones de una máscara”. YUKIO MISHIMA

Decía Fernando Pessoa: “En la palabra está contenido todo el mundo”. Empecemos con las palabras: Desde antes de que supiera hablar, mi padre me llevaba al cine. Cuando me convertí en hablador la pregunta que le hacía cada domingo era: “¿Papá, me llevas al cine?” Se puede decir que mi primer amor fue el cine. Cuando algo se convierte en absolutamente necesario ese algo se sublima de tal manera que pasa a ser amor. Amor al arroz con leche, amor a la música, amor a los instrumentos, amor a las rubias, a las morenas, a las cobrizas, y al cine. Siempre el cine. Porque está ahí, fielmente, para cuando lo necesitas. Una amiga me decía la otra tarde: “Lo que más me gusta en la vida es el cine, amo al cine”. A mi también me pasa. No hay nada mejor para evadirse de este infernal mundo, junto con un par de cosas más. La pianista portuguesa, María Joao Pires, afirmaba, en una entrevista, que para ella la música había sido su salvación. De no haber amado a la música no habría resistido. El único sentido de mi vida ha sido y es la música, añadía. Y así. El cine es imprescindible, es el asidero, el resistidero.

Puestos a amar, tan apasionadamente, nada mejor que elegir el cine, y ya de puestos, que sea el francés que es el toca ahora mismo. Lo he amado intensamente no solo porque los franceses fueron los inventores, hermanos Lumiere, y eso, también porque en mi primera infancia, en el cine de mi pueblo, veía muchas películas francesas. Al principio, como es lógico, ni me enteraba. Todo el cine, fuera de donde fuera, me transportaba a mundos muy lejanos del mío, tan escaso en emociones verdaderamente sublimes. Pronto distinguí las numerosas películas de Jean Gabin, Edie Constantini que me gustaban sin saber por qué.

Como ya he dicho, a partir de mis conversaciones, sobre cine, con mi amigo, el que decía de si mismo que era un cinéfilo, empecé a distinguir, a fijarme en el nombre del director, del cámara, la banda sonora, y hasta del vestuario. Ver como hay que ver: observando todo porque el misterio, el secreto, el enigma, puede estar escondido en cualquier mínimo detalle.

Descubrir a Francoise Truffaut.

No se puede escribir de lo que no se conoce. Debió ser en una sala de Arte y Ensayo donde surgió el hallazgo del director de una película que me había conmocionado: Francoise Truffaut, (París, 1936 – 1984). La película era “Los 400 golpes” “Les quatre cents coups”, 1959. Hay que situarse en el momento, en la biografía personal, año 1973, invierno. Cine Estudio del Bellas Artes. Blanco y negro, versión original con subtítulos. El protagonista un chico muy moreno despertando a la vida y que me parecía que era yo mismo. Y los golpes que le daba esa vida en serio que estaba descubriendo. La escuela, el maestro, la familia, la casa, y las calles de París tan llena de peligros y tentaciones. Me preguntaba si ese no sería yo. Hay una escena, en el film, cuando están en la escuela y el protagonista dibujaba, distraído en su mundo interior, y el maestro… no digo más. O el interrogatorio y las respuestas. Las bofetadas sin ton ni son. Eso y muchas cosas parecidas, por no entrar en detalles personales y eso, me habían ocurrido casi idénticas . Y seguramente a mucha gente de mi edad o parecido por aquello del subconsciente colectivo. Los 400 golpes que te va dando la vida o ¿fueron 4.000? El actor principal se llamaba, se llama, Jean – Pierre Léaud, (París, 1944) y que llegaría a ser el actor fetiche, una especie de alter ego de Truffaut, que, oh casualidad, trabajó también con Pasolini. He vuelto a ver la película dos veces por lo menos y sigue manteniendo, como les pasa a los clásicos, la magia, la efectividad cinematográfica, no ha envejecido, y yo, mucho más mayor pero con la misma percepción sobre las cosas de la vida, supongo. Las de antes, y las de ahora, casi curado de espanto. Y… ¿quién fue exactamente Truffaut? Uno de mis directores preferidos o de culto.

Francoise Truffaut, director de casi treinta películas, actor, guionista, crítico cinematográfico y todo aprendido de forma autodidacta. Un genio y así es reconocido. Perteneció a la nouvelle vague, la nueva ola del cine francés, grupo al que también pertenecían Jean Pierre Melville, Jean Luc Godard, Jacques Rivette, Éric Rohmer, y Claude Chabrol. Todos ellos grandes entre los grandes y sus películas han sido, y son, casi todas, iconos del cine de todos los tiempos. El cine francés de aquella época era un referente cultural imprescindible para cualquier aficionado al Séptimo Arte. Y yo tuve la suerte de visionar casi todo aquél cine. Haber nacido hace tanto tiempo, tiene la ventaja de haber conocido y participado en muchas cosas, y ahora la desventaja certera de poder contar con pocas más ¿Cómo iba a vivir sin amar al cine si era casi todo lo que tenía desde un punto de vista personal e intimo?

En alguna parte debo tener tres ejemplares de la revista, francesa, de cine más emblemática. Me refiero, lógicamente, a Cahiers du Cinéma, de segunda mano, compradas en París el 25 de enero de 1977. Aún recuerdo los artículos de Truffaut, y una parte de la entrevista que le hizo a Alfred Hitchcock, leídas en mi precario francés. Porque nuestro director, de ahora mismo, era mucho más que un director de cine, un referente, un maestro capaz de mostrar magistralmente historias y personajes que dejaban huella porque nos veíamos reflejados. Cuando se salía del cine y se pisaba la realidad de la calle te nacía un sentimiento de tristeza porque la nube en la que habías participado, como espectador en la sala oscura, había desaparecido.

Ray Bradbury

Fahrenheit 451 (1966). Dirigida por Francoise Truffaut, rodada en inglés, de ciencia ficción, basada en una novela de Ray Bradbury, interpretada por Oskar Werner, Julie Christie, y Cyril Cusack. Julie Chistie un descubrimiento que durante muchos años fue imagen venerada de belleza y sensualidad por su hermosura como mujer, y como actriz. Recuerden “Doctor Zivago“, por ejemplo. A lo que vamos: Fahrenheit 451 son los grados en los que arde el papel de los libros. El director ambienta la película en una paisaje futurista y se refiere a la quema de libros por la persecución del gobierno a todo lo que significara cultura. Los miles de libros apilados y ardiendo en una hoguera recuerda a las quemas de ejemplares de Literatura, Filosofía, Poesía, Ensayo, y de Obras de Arte, por orden de aquél fantoche que no merece la pena nombrar. El caso es que la he vuelto a ver y se me caían las lágrimas por la pena que me daba que quemaran aquellos preciosos libros, algunos incunables, y me acordaba cuando la vi en 1973 o 1974, y yo, gracias al Rastro, y a la Cuesta de Moyano, empezaba a ser un modesto coleccionista. No hace falta decir que aquí, a los españoles, todo nos llegaba con retraso. Tarde y mal. El gobierno, en la película, prohibía leer libros porque enseñan a pensar. Pensar es peligroso, y además impide la felicidad del que se cuestiona las cosas. Hay que prohibir y quemar. Pobre de aquel que no obedezca. Por orden del señor dictador ¿Ha cambiado algo?

La siguiente película a la que me voy a referir en este apresurado artículo, o lo que sea, es “El pequeño salvaje” (“L`enfant sauvage”), 1969. También visionada por la misma época y en V.O. con subtítulos. Cuenta la historia, basada en un hecho real. Rodada en blanco y negro, como si fuera un documental, con guión de Truffaut y Jean Grifault, fotografía de Néstor Almendros, (otro genio), narra la historia del niño, doce años, encontrado en el bosque en 1790, y biografiado por el Doctor Jean Itard, interpretado por el propio Truffaut. Esta película constituye una de las más emblemáticas del director francés. La he vuelto a ver hace unos días y la impresión que produce, música de Vivaldi, que no se me olvide, sigue siendo la misma de entonces. Es una recomendación. En Santa Intenet se puede ver esta, y las demás.

Después, en futuros posibles artículos, si es posible, hablaré de “Jules et Jim“, “La noche americana“, “La sirena del Mississipi“, “Diario íntimo de Adéle H“, y de “El último metro“. Las que considero imprescindibles y las que he revisitado en estos últimos días o meses. Es tanto, y tanto, y de tanta importancia lo que significa este director y su obra para mi, que siempre me quedaré corto, por su extensión, y por mis ilimitadas limitaciones ¿Qué le voy a hacer?

“Había llegado la hora. Al levantarme, dirigí subrepticiamente otra mirada a aquellas sillas al sol. Al parecer, los que componían aquél grupo estaban bailando, y las sillas se encontraban vacías. Habían derramado un líquido, un brebaje, y aquel líquido lanzaba destellantes y amenazadores reflejos“. Párrafo final de “Confesiones de una máscara”. YUKIO MISHIMA

La única cosa que me queda por hacer es pensar en muchas cosas. Empiezo.

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CEREZAS ROJAS, CESTA DE MIMBRE (IV)

Por Evaristo Cadenas Redondo


PIER PAOLO PASOLINI, TESTAMENTO DE VIDA Y MUERTE

Viento del Este, viento del Oeste

La primera cereza roja que extraigo de la cesta de mimbre dice: “Yo también me levanto por la mañana temprano, para estar dispuesta a comparecer ante él. Me levanto, incluso, aunque durante la noche haya dormido poco o nada en absoluto; me lavo la cara con aceite y perfumes siempre con la idea fija de conquistar por sorpresa el corazón de mi esposo. Pero es inútil: por más temprano que me levante, él ya está en su despacho.” “Viento del Este, viento del Oeste”. Pearl S. Buck (Premio Nobel 1938)

Mi afición al Séptimo Arte iba creciendo y aparte del convencional, veía, con especial interés, aquellas películas que tenían un halo de prohibidas o al menos de minoritarias. Debe ser por eso que mientras hubo dictadura, que prohibía hasta respirar, prefería refugiarme en las Salas de Arte y Ensayo y ver las películas en Versión Original con subtítulos. Sigo prefiriéndolas como es lógico.

Cuando se estrenó en España “Il Decamerone” (1971), la mayoría conocíamos la obra de Bocaccio pero pocos, al menos yo, la habíamos leído. La película de Pasolini muestra la esencia vitalista, la sátira, las sonrisas, los amores apasionados y traidores, el entorno de los rufianes y la suciedad morbosa como elementos destacados de forma explícita en la obra de Bocaccio. El film, rodado en apenas seis semanas, con su equipo de actores y técnicos habitual, se sitúa en el ambiente napolitano, aunque también rodó en Caserta, Ravello, Fossanova y Bolzano, pero el marco principal es Nápoles. Rodará sus mejores planos con las gentes de las calles en las que se mezclan sus inseparables amigos Franco Citti, Nineto Davoli, Guido Alberti y otros conocidos. Para el papel de Giotto aceptó encantado, por sugerencia del filósofo pacifista Sergio Citti, interpretarlo el propio Pasolini, una incursión más en su carrera como actor.

Nuestro Pasolini recuperó en imágenes la esencia bocacciana, la pureza de su mensaje de conceptual alegría, y sobre todo, recuperó la figura de un Bocaccio olvidado para la mayoría.

Las películas que Pasolini denominó “La trilogía de la vida” la componen: “Il Decamerone”, “Los Cuentos de Canterbury” y “Las Mil y una noches“.

“Los Cuentos de Canterbury” – Geoffrey Chaucer

En “Los Cuentos de Canterbury” (1972), basada en la obra de Geoffrey Chaucer, Pasolini afianzó su estilo, el sentido del detalle, la composición representativa del hecho histórico y antropológico, la presencia de una realidad que siempre le interesó mostrar al espectador como crítica de la sociedad pasada y presente. No olvidemos que Pasolini era, como se ha dicho y según sus palabras, fundamentalmente escritor.

Para el rodaje de “Las mil y una noches” (1973) y cerrar la trilogía de la vida, se va
a rodar a Etiopía, Eritrea, el Yemen y Persia. En el marco incomparable de Maesjed-esh-Sha, en Isfahan, encuentra rostros increíbles de personan más increíbles todavía en todas los aspectos, estéticos y humanos que abarcan todos los matices del color que figuran como extras. Es el pueblo que actúa con sus turbantes y togas, ropas en seda y brocados, con toda la magia y magnificencia del esplendoroso Oriente.

Otro escenario impresionante, que fascina por su belleza, es la Mezquita construida en 1706 por el último de los Safavids, donde se rodó la escena de la boda; mientras un burrito se paseaba adornado con preciosas ropas, las bailarinas se contoneaban maravillosamente alrededor del festín. Contemplaban la escena los recién casados y nosotros, los espectadores, quedábamos con los ojos como platos y la boca abierta de admiración. Así es como se hace uno seguidor del Arte y Oficio de uno de los más grandes directores de cine de todos los tiempos, a mi humilde parecer. Curiosamente, el personaje del esposo de esta preciosa boda lo interpreta el hijo del dueño del hotel donde se alojaba Pasolini que, casualmente hablaba italiano, aunque no le hacía falta porque no tuvo nada que decir.

Todo lo que se pueda imaginar en el relato maravilloso quedó reflejado, y ha recorrido de forma oral y musical, todo el esplendor de la corte de Haroun el Rasid que fue filmado fielmente por la cámara de un inspirado Pasolini porque ese realismo está vivo ya que todos los elementos eran reales, edificios, piscina, rostros, trajes, porque sostenía el director que el protagonista de “Las mil y una noches” eran los componentes de la escenografía y el pueblo. El espectador de esta forma se convierte en parte del pueblo.

Dijo Pasolini: “Prefiero poner cielo o tierra, antes que poner algo que no refleje la realidad porque eso sería traicionarme, como haber perdido la fe en lo que hago”.

Pasolini durante la grabación de «Lotta Continua» (1974)

A continuación Pasolini rueda “Lotta Continua” (1974) una película sobre un episodio conocido en Italia como el “Caso Pinelli”. Luchas internas entre sindicatos, izquierda tradicional, intereses políticos y cosas de esas que solo interesa para reflejar la propia lucha que tuvo el director con la mitad de Italia que lo detestaba y que en casi todas la películas que hizo sufrió de juicios y más juicios de los que salía indemne pero que le costaban sus disgustos. Ya saben, en todos los sitios se cuecen habas.

Y finalmente rueda su última película como para escapar de su realidad política que sin pensarlo, o tal ve si, resultó ser su “testamento cinematográfico”. En su eterna búsqueda de la libertad y angustiado por el resurgimiento fascista y una vida dominada por el consumismo y por falsa permisividad, rodará “Saló o los 120 días de Sodoma” (1975) para darle una bofetada al mundo y mostrar de que era capaz.

El escándalo no se hizo esperar cuando se estrenó el 23 de noviembre de 1975 en el Festival Internacional de París.

Saló fue la efímera sede de la República Social Italiana, donde Mussolini, entre 1943 y 1045 intentó, en esa pequeña villa a orillas del lago de Garde, implantar un sistema fascista con la presencia de su amante Clara Petacci, de un batallón de las SS como fiel custodio de su Estado Mayor que representan la anticultura, el decadentismo, la muerte y la proscripción de la libertad humana. Allí, en Saló, el fascismo morirá con el arresto y la ejecución del Duce a mano de los partisanos en Dongo sobre el Lago di Como.

El argumento está basado en una obra del Marqués de Sade y en la película se ven las escenas más escabrosas, orgiásticas, y asquerosas que se hayan podido filmar hasta conseguir alcanzar lo insoportable. Pasolini muestra al hombre encadenado al problema religioso por un lado, y al sistema por otro, pero no puede ni quiere impedir un rayo de esperanza en ese atroz infierno, en esa decadencia, en el que un joven comunista muere desnudo que, puño en alto, arremete contra sus enemigos. Entre tanto horror hay algunas escenas memorables que en conjunto componen una película llena de símbolos contra el fanatismo y el poder.

Pasolini dijo a propósito de ésta su última película: “Escandalizar es un derecho. Ser escandalizado, un deber“. Poco antes de morir dejó escritos varios testamentos de lectura muy recomendable, como es toda su obra.

Me he documentado en varios libros y videos de youtube, sobre todo en “En torno a Pasolini” de Roberto Laurenti, Ediciones Sedmay, 1976.

La última cereza roja de la cesta de mimbre: Deseo pensar en el porvenir

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CEREZAS ROJAS, CESTA DE MIMBRE (III)

Por Evaristo Cadenas Redondo


LA CASA DE LAS BELLAS DURMIENTES
“Contempló de nuevo su frente y sus mejillas, y la línea infantil de la mandíbula y el cuello. Aunque ya estaba seguro, levantó ligeramente la colcha que cubría el hombro. Sus senos no eran senos que hubieran amamantado. Los tocó suavemente con el dedo; no estaban húmedos“.
Yasunary Kawabata.

Anna Magnani

De la cesta de mimbre extraigo la segunda cereza y recuerdo cuando mi amigo de León, el que se llamaba a si mismo cinéfilo, decía que el director de una película era el absoluto responsable de su obra, que había que fijarse en todo, en los actores, vestuario, decorados, banda sonora, localizaciones, el mensaje visible e invisible, etc. Ver lo que se ve y lo que se oculta, lo que se dice y lo que se sugiere o intuye. Como en una novela, lo escrito y lo que no. Y empecé a ver cine de otra forma, más crítica, más exigente conmigo mismo ante una pantalla en la sala oscura. Salir del cine con el alma compungida por un sentimiento de complicidad con el autor de lo que había contemplado y esa sensación duraba mucho tiempo, o poco, según la intensidad del significado transmitido.

Cuando, por fin, tuve la oportunidad de ver las películas de Pasolini, no solo quedé fascinado por su obra, también por lo que significa. Enamorado no solo de Anna Magnani en “Mamma Roma”, Silvana Mangano en “Teorema” o Maria Callas, como actriz, en “Medea”, también de Roma, de Nápoles, Florencia, Italia entera, y del italiano como idioma que puedo entender a medias y que me permite imaginar la otra mitad.

EL CINE DE PASOLINI: Poesía, literatura, religión, política, sexualidad, sociología, antropología… TOTALIDAD

Pasolini deja su Bolonia natal, perseguido, física y moralmente, hacia Roma, la gran ciudad, y vivirá con dolor y miserablemente en los extramuros su sinceridad ideológica donde entra en el mundo del sub-proletariado enseñando su verdad y viviendo el terrible problema del hambre, el sexo y el dinero.

“Ragazzi di vita” y “Una vita violenta” serán testimonio de su ciclo de dolor. Su acción pública se va transformando y se convierte en protagonista de la polémica y el escándalo descarnando con su escritura los problemas más candentes de la situación política y social: la corrupción política, sobornos, indiferencia, el sexo, el problema de la enseñanza y la semilla de conformismo que significa la Televisión para el pueblo. Con estos mimbres levantará odios y reproches de todo el ambiente cultural y político de su país.

Descubre Pasolini el cine, y será escritor de argumentos, y actor, y llegará a convertirse en el creador cinematográfico más personal que la Italia del neo realismo haya dado, junto con Roberto Rosellini, hay que decirlo.

Su primera película “ACCATONE” de 1960, es una defensa de la dignidad haciendo comprender que hasta el más deplorable de los personajes, puede sentir, por la acción de la propia vida y el amor, la necesidad de levantarse del fango. En esta película, la primera, aparecen escenas de tal fuerza que se convierten en la premonición de la propia muerte de Pasolini. El mismo escenario y prácticamente la misma situación. Es terrible.

“MAMMA ROMA” de 1962 protagonizada, como se ha dicho, por una inmensa Anna Magnani. Escenas magistrales como la de la boda donde la Magnani se desborda y se hace dueña de toda la pantalla. Hay que pensar que aquí, en España, estas películas estaban prohibidas y se pudieron ver casi quince años después de haber sido rodadas y también, que entonces, el que suscribe por lo menos, éramos jóvenes. La emoción de recordarme en la cola del Cine Estudio Bellas Artes, año 1973, para ver en Arte y Ensayo, esta y las otras, no puede por menos que humedecer los ojos. Hay que ponerse en la piel de los que lo sentíamos.

Obviamente no puedo hacer otra cosa que resumir, y muy de pasada, mencionar las películas más significativas por falta de tiempo y espacio. La única pretensión es difundir apasionamiento personal y transmitir la recomendación de visitar o re visitar la obra de nuestro admirado.

“IL VANGELO SECONDO MATTEO” de 1964. Esta maravilla fue muy bien acogida en el festival de cine de Venecia y merecedora de numerosos premios entre ellos el otorgado por la Iglesia Católica de la época “por haber expresado en imágenes de una auténtica dignidad estética la parte esencial del texto sagrado. El autor ha traducido fielmente con una densidad humana conmovedoras el mensaje social del Evangelio, respetando suficientemente la dimensión divina de Cristo”.

Es inevitable mencionar la anécdota de que la figura de Cristo fue interpretada por el estudiante catalán Enrique Irazoqui y que el papel de la Madre ante la Cruz, la interpretó, con total entrega dramática, la propia madre de Pasolini a la que sugirió que transmitiera ante la pantalla, con el mayor verismo posible, la tragedia de la perdida de su hijo y hermano del director, Guido, fallecido en la guerra.

La película mostraba una vida y pasión de Cristo con tal naturalidad y autenticidad humana que nos parecía más creíble que las que se habían rodado anteriormente producidas en Holliwood, siempre comerciales. Pasolini pensaba que Cristo había sido un revolucionario de su época y que Enrique Irazoqui, al que había conocido a través de la escritora Elsa Morante en Florencia, daba muy bien el tipo de joven airado podríamos decir. La mayoría de los actores principales, extras, y figurantes eran totalmente desconocidos y junto con la fotografía, en blanco y negro, de Tonino de Colli, consigue una obra cinematográfica cargada de poesía y de fuerza eficaz para mostrar con naturalidad el mensaje del Evangelio. Vista ahora, hoy mismo, aún es más conmovedora.

Le sigue la película “Ucellacci e ucellini”, 1966, que contaba con el actor profesional Totó y con algunos de los actores noveles como Ninetto Davoli, que pasaría a ser uno de los más presentes e icónicos del cine de Pasolini. Y siempre la música tradicional y la imagen y voz del pueblo en su más alto significado sociológico. Es una constante la imagen en primer plano de los rostros, con los dientes mellados, como reflejo de la pobreza y miseria cultural, y de la otra, de buena parte del sub proletariado de la época.

Edipo Rey

“Edipo Rey”, 1967, su visión de la tragedia de Sófocles con Franco Citti, Alida Valli, Silvana Mangano y Carmelo Vene, mezclando lo mitológico con el realismo. Es una película de gran belleza con simple serenidad y sin efectos cinematográficos que recuerdan a “El Evangelio según San Mateo”. Decía Pasolini sobre esta película que “el cine es un plano secuencia infinito que todos llevamos dentro desde nuestros orígenes hasta nuestra muerte, y solo quedan algunas cosas que los amigos retendrán. (resumo)”.

Aún falta hablar de tantas cosas… La inmensidad solo se puede reflejar con inmensidad y es imposible porque se convierte en inhumana.

La última cereza roja: “Era muy cálida, en efecto. Tenía la piel tan suave que parecía adherirse a la suya. La tragedia procedía de su humedad”. Yasunari Kawabata.

La realidad me enseña que hoy es el día antes y la vida, como el plazo, se va agotando. Respiro hondo, para no desfallecer, pensado en lo mucho y en lo poco.

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CEREZAS ROJAS, CESTA DE MIMBRE (II)

Por Evaristo Cadenas Redondo


LA DANZARINA DE IZU
El sendero subía por la montaña, dando vueltas y vueltas, cuando llegaba al paso de Anagi, descargó de pronto un fuerte aguacero que envolvió el frondoso bosque de cedros en un velo gris pálido.

Yo tenía veinte años, llevaba la gorra de una Escuela Superior y, encima del kimono estampado azul oscuro, una túnica-pantalón Hakama. Colgaba de mi hombro, suspendida de una ancha correa, la bolsa de estudiante. Hacía cuatro días que había emprendido aquel viaje a Izu.
Yasunari Kawabata. (Kioto 1899-1972)

Mientras leía, plácidamente, a Kawabata, por no sé qué asociación, vino a mi mente el recuerdo de Pasolini. Lleva tiempo rondando mi cabeza y urge que hable de él.

PIER PAOLO PASOLINI (Bolonia, Emilia-Romaña, Italia; 5 de marzo de 1922 – Ostia, Lacio; 2 de noviembre de 1975)

Cuando mi amigo de León, el que se llamaba a si mismo cinéfilo, dijo que habían abierto una sala de cine de Arte y Ensayo, en Ordoño II de la capital leonesa, corría por nuestras vidas el excelso año de 1970. Arte y Ensayo quería decir cine prohibido, extranjero, y en idioma original con subtítulos en castellano. Allí, en aquel pequeño cine leonés, descubrí a Ingmar Berman y sus películas El séptimo sello y El manantial de la doncella, Helga, el milagro de la vida de Erich F Bender y la película musical Woodstock. Las ví todas con avidez y entusiasmo pero me dio pena tener que dejar León y no poder ver las anunciadas de Pasolini de quien tenía noticia por la revista de cine “Nuevo Fotogramas”.

En el periodo de seis meses, cosas de la mili y eso, que estuve en Valladolid veía todo el cine de Arte y Ensayo, que me era posible, en el cine Roxy. Recuerdo haber visto por primera vez, una aparición, a Birigite Bardot en sus películas La Verité, e Y… Dios creó a la mujer. Películas de Fellini, François Truffaut, Jean-Luc Godard, y otros. Cuando anunciaban los próximos estrenos siempre estaba alguna de Pasolini pero me tenía que ir de la ciudad. Tuvieron que pasar tres años hasta que vine a Madrid a descubrir el Nuevo Mundo. Y aquí, en Madrid, si que pude ver casi todo Pasolini a veces guardando grandes colas en el Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes, año 1973 y sucesivos hasta que murió el dictador y llegó la “apertura”. (El cine minoritario sigue existiendo, Arte y Ensayo, también).

Lucio Dalla

Arte y Ensayo ¿Qué significaba? A la magia inherente al cine se unía la gran ilusión de poder escuchar a los actores y actrices en su voz auténtica, la verdadera voz en su idioma. Qué maravilla escuchar a Brigitte Bardot, a Anna Magnani, a Silvana Mangano, a Catherine Deneuve, a Romy Shneider y tantas otras en su verdadera forma de hablar. Verlas sin censura, desnudas a veces, fundamental para mi. Confieso que no se casi nada de idiomas pero algo aprendía de todas, y todos, y muy importante: lo que no entendía lo inventaba. Como me pasa ahora con el cine japonés y coreano. Uno y sus ilimitadas limitaciones.

La cereza roja, que sale de la cesta de mimbre, me grita enfurecida que hable de Pier Paolo Pasolini y su significado.

Este mismo mes, día 2 de noviembre, se han cumplido 42 años de su escalofriante muerte. La figura de Pasolini es tan inmensa e influyente que se necesitarían muchos tomos, de apretada letra, para acercarse a la verdadera dimensión de su talento e influencia en la cultura italiana, española, y del mundo entero. En una entrevista que le hacen para la televisión italiana al gran Lucio Dalla (1943-2012), decía que aún vive la memoria y la influencia de Pasolini porque era un ser humano excepcional.

En otra entrevista, esta vez al propio Pasolini, el periodista le pregunta: “¿Qué calificación profesional prefiere usted: poeta, novelista, guionista, actor, crítico, político, o director? y Pasolini responde: “En mi pasaporte consta, simplemente, escritor” y añade: “empecé a escribir de niño, es lo que he hecho durante toda mi vida y así será hasta que muera. Porque escribir es lo que más me importa“.

Pasolini era para mi un objetivo de Arte y Ensayo pero ahora se ha convertido en una multiplicidad de riquezas que explorar. Inagotable por la cantidad de variantes que fluyen y emanan de su figura. Empecemos por analizar brevemente sus inicios.

Cuando era niño, como dice la entrevista mencionada, escribía anotaciones breves no como un diario sino como memorias prematuras en su cuaderno de escuela de pastas rojas. Los Cuadernos Rojos de Pasolini. Desde el principio, su pasión por contar cosas, sus cosas, hicieron de él un prolífico autor de poemas, reflexiones, a modo de ensayo, relatos y novelas. Sobre su madre dice cuando era pequeño: “Para mí mi madre era como Sócrates”. Es impresionante que a tan temprana edad ya destacara en la escuela como niño prodigio literario y por las distintas etapas de sus estudios hasta llegar a la Universidad. Con 19 años escribe: “Rilke es, con Rimbaud y Juan Ramón, uno de los poetas venerados como dioses, y considerados como augustísimos padres de la poesía moderna, que no consigo digerir”. Muy recomendable, para darse cuenta de su dimensión, leer la prolija biografía escrita por el italiano Nico Naldini: Pier Palo Pasolini: Una vida. Traducción de Mercedes del Corral en ediciones Circe, 1992. Leer, tomar notas, y aprehender todo lo que significa, si les parece bien.

L’Isola de Arturo – Elsa Morante

Como no da tiempo para mucho, hablaré de “Las cenizas de Gramsci”. Traducción y prólogo de Antonio Colinas (La Bañeza, León. 1946), en ediciones Visor, 1975. Como se sabe Gramsci, Cerdeña 1891 – Roma 1937, filosofo, teórico marxista y periodista, fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano.

“El año de 1957, cuando Pasolini publica este libro, es particularmente interesante para la narrativa italiana. Gadda publicó Quer pasticcaccio bruto di via Merulana, Calvino su conocidísimo Barone rampante y Elsa Morante su amarga y deliciosa L’Isola de Arturo. Sin embargo, el libro de Pasolini estaba en aquellos años más cerca de una íntima experiencia vital que de significados puramente literarios. Esto a pesar de que ya en 1955 el autor había causado un cierto eco con su novela Raggazzi di vita, que había sido procesada por «oscenidad». Así empieza el prólogo de Antonio Colinas, el insigne poeta leonés, con el título: PASOLINI: ¿UN REALISMO TRASCENDENTE? donde habla, por ejemplo, de que Pasolini utiliza la estrofa y el endecasílabo, que no impide que la acentuación y la puntuación de los versos lleve consigo una carga de desconcierto, de capricho, de ancestral irregularidad. Recomendable la mencionada edición.

Nuestro escritor preferido de este instante, publicó siete libros de poemas, seis novelas, cuatro ensayos, fundó tres revistas, cuatro obras de teatro, seis argumentos y guiones, dirigió, con argumentos y guiones propios, diecinueve películas, varios documentales y una inédita por la manipulación democrática: “Appunti per un ´Orestiade africana”.

EL APENINO
I
Mudo teatro de las dunas ebrias, calcinadas:
muda es la luna que te hace vivir,
tibia luna sobre los prados de Lucchesia,

tan humanos: luna ardiente en las costas
de Versilia, tan entera sobre el vacío
del mar, atónita sobre las estibias,

sobre quillas y velas recogidas,
después de los viajes de la antigua
y popular pesca entre Elba y el Argentario…

Anna Magnani

Una pequeña muestra que pretende crear en el posible lector el ansia por ir a la Biblioteca, leer, y masticar, lentamente, la poesía que habla de quién la escribió. Porque escribir es reflejarse y eso hizo toda su vida Pasolini. Reflejarse en lo que hizo y en cómo lo hizo. Para el siguiente artículo, la ardua y gratificante, tarea de escribir sobre su cine. El Arte y Ensayo de uno de mis preferidos desde que lo descubrí. Y la cereza roja habla de Anna Magnani o de…

“Me parecía que toda mi cabeza se diluía en agua clara, que iba goteando lentamente dejando tras sí la dulzura de una dicha incomparable”. Así termina Kawabata su novela corta “La danzarina de Izu”. Y yo termino con ganas de empezar algo. Hay tanto que hacer. Pienso, mientras, cojo una cereza roja de la cesta de mimbre.

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CEREZAS ROJAS, CESTA DE MIMBRE

Por Evaristo Cadenas Redondo


“Chieko vio que las violetas en el tronco del viejo arce habían florecido.

“¡También este año florecen!”, pensó, y así saludó a la recién llegada primavera“.

De esta forma tan poética comienza la deliciosa novela corta “Kioto” del escritor japonés Yasunari Kawabata, (1899-1972), premio Nobel de Literatura de 1968. En esto iba yo pensando cuando me di cuenta de que mis pasos me habían llevado, como sin querer, hasta la Filmoteca Española de Madrid. Entré en su confortable cafetería, pedí una coca cola con aceitunas manzanilla, y leyendo el boletín informativo del mes de septiembre, me enteré de que se le estaba haciendo un homenaje al director de cine Abel Ferrara.

En el vestíbulo del Cine Doré, como se sabe sede de la Filmoteca Española, grandes carteles anuncian el ciclo. En el más llamativo aparece una señorita semidesnuda, con sombrero y gafas, simulando la imagen icónica de la película “Lolita” (1962), de Stanley Kubrick. El cartel, con letras grandes pone: Adictos a Ferrara, Septiembre – Octubre y con letras más pequeñas la lista de las películas que conforman el ciclo.

En el mismo boletín se nos informa de quién es, para los que no lo sepan, Abel Ferrara y de que presentará su obra maestra Go Go Tales (2007) en el Doré el jueves 14. Al día siguiente impartirá una clase magistral en La Casa Encendida y ofrecerá un concierto con una banda local en la sala Moby Dick. De manera que así fue como la primera cereza roja salió de mi cesta de mimbre.

ABEL FERRARA: Nueva York (1951), director y guionista de cine. Procedencia italiana e irlandesa. Lo que casi nadie sabía es que Ferrara empezó, en su primera juventud, como rockero antes de dedicarse al cine. En muchas de sus películas aparecen sus canciones, con y siempre, un especial gusto por la música en sus bandas sonoras.

Suele acompañarse, en sus conciertos, de su propia banda, Alive in France, pero para el que dará en la sala Moby Dick de Madrid lleva a Héctor Navío al bajo, Jaime Vaquero a la batería, y el propio Ferrara a la voz y guitarra.

Hay que sumar a su frenética actividad como director y guionista la de actor, productor, editor y director de fotografía.

Antes de seguir voy a dar un apunte personal: Mi amigo de cuando yo estudiaba en León, el que se llamaba a si mismo “cinéfilo”, me aconsejaba que cuando fuera a ver una película me fijara bien en quién era el director. Un director de cine es como un escritor o un poeta. Recuerda que el que imprime su sello personal a una película es su director, por eso existe el llamado cine de autor, me decía. Y le hice caso.

Las películas de Ferrara se distinguen de las otras porque su sello personal queda de manifiesto desde el primer fotograma o desde la primera pincelada musical. Efectivamente sus películas son adictivas. Su extensa filmografía demuestra que poco a poco su inclasificable trabajo ha ido creando el universo Ferrara, podríamos decir. Desde los infiernos underground neoyorquino, el horror, la super violencia, el cine documental y los retratos pasolinianos de los últimos años, muestran a un director que huye de las etiquetas y convenciones que impone la industria del cine.

Los críticos le llaman francotirador del cine contemporáneo y cosas así ¿De qué habla Ferrara cuando habla de cine? Pues habla de lo que tanto nos gusta ver a todos: nuestras obsesiones adictivas al sexo, las drogas, la religión, la violencia verbal y de la otra, los mundos oscuros y turbulentos, las perversiones, el poder, el arte, la tecnología, y eso, lo que está pero no se ve. Esas cosas de la vida que sabemos que otros viven y nosotros no podemos por cobardía o porque simplemente no nos lo podemos permitir. Lo prohibido siempre atrae. Pues de eso habla y de muchas cosas más que dice sin decir. Por supuesto que me refiero al cine y como se sabe el cine es mentira, pura ficción. En la vida real cada uno se apaña como puede. El cine en todo caso sirve como catarsis, por eso nos gusta tanto el de Abel Ferrara y el de todos los demás que nos pellizcan el inconsciente como lo hace él.

En sus películas se le nota el aprendizaje de Darío Argento, Roland Barthes, Nicholas Ray, Monte Hellman, John Cassavetes o Martin Scorsese. Pero con la diferencia de que ha creado su propia estética y ha influido claramente en otros como el mismo Martin Scorsese sin ir más lejos.

De su extensa filmografía no puedo decir otra cosa que es eso, muy extensa y que en España solo se han podido ver, en salas comerciales, ocho o nueve títulos. Dice Carlos Pumares, el crítico de cine más crítico, de memoria prodigiosa, que algunas películas son muy malas pero que tienen tres o cuatro escenas magistrales, y que ya dejan de ser tan malas. Eso pasa con Abel Ferrara: muchas escenas magistrales incluso es sus peores películas. Voy a referirme, brevemente, a las que yo he visto entre el cine, la tele e internet, todas en versión original con subtítulos.

New Rose Hotel (1998), Ángel de venganza (1981), China Girl (1987), El funeral (1993) Go Go Tales (2007) Pasolini (2014) Teniente corrupto (1992) The Addiction (1995) y el documental Napoli, Napoli, Napoli (2009)

Tendría que hablar de la dirección de actores. Son varios los que repiten en sus películas convirtiéndoles en parte indivisible o “alter ego” del propio Ferrara. Es el caso de Willem Dafoe, principalmente, también de Cristhopher Walken, Harvey Keytel y Matew Modine. En una entrevista Pier Paolo Pasolini decía que el cine es una nueva forma de lenguaje, y en la forma de hacer cine Abel Ferrara, como en el de los grandes, se tiene acceso a varias lecturas, a múltiples interpretaciones no solo por lo que se ve en la pantalla sino por todo el mundo de sugerencias que traslucen en el fondo de su mensaje. Al recomendar que se interesen por el cine de este, a mi parecer, importante director de cine, como por azar, surge la inconmensurable figura de Pier Paolo Pasolini al que tanto admira Ferrara y del que yo fui un fiel seguidor.

De la cesta de mimbre ha salido una nueva cereza roja: PIER PAOLO PASOLINI.

Como voy mal de espacio, y de tiempo, para hacer boca voy a incluir un poema de Pasolini (Italia, 1922-1975):

SUPLICA A MI MADRE
Es difícil decir con palabras de hijo
aquello a lo que en el corazón bien poco me parezco.
Tu eres la única en el mundo que sabe de mi corazón
eso que ha sido siempre, antes de todo otro amor.
Por eso debo decirte eso que es tan horrible conocer:
es dentro de tu gracia donde nace mi angustia.
Eres insustituible. Por eso estás condenada
a la soledad de la vida que me has dado.
Y no quiero estar solo. Tengo un hambre infinita
de amor, de amor de cuerpos y almas.
Porque el alma está en ti, eres tú, pero tú
eres mi madre y tu amor es mi esclavitud.
He pasado la infancia esclavo de este sentido
alto, irremediable, de una obligación inmensa.
Era el único modo de sentir la vida,
el único color, la única forma; ahora ha terminado.
Sobrevivimos y es la confusión
de una vida renacida fuera de la razón…
Te suplico, ah… te suplico; no quieras morirte;
estoy aquí, solo contigo, en un futuro abril…

Con doloroso nudo en la garganta me prometo a mi mismo hacer un especial sobre el director de cine, guionista, escritor, poeta, ensayista, filósofo… a quien tanta gente, no solo en Italia, su país, admiraba y reconocía. El día 2 de noviembre de 1975 fue asesinado.

“Chieko se sentó delante del espejo y soltó el largo cabello. Le gustaba llevarlo recogido en lo alto de la cabeza.
– ¡Madre! – gritó Chieko a través de la puerta corredera.
Vibraban en su voz muchas emociones”
(“Kioto“, de Yasunari Kawabata)

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INTERRELACIONES

Por Evaristo Cadenas Redondo


No hace mucho que empecé a conocer la obra del aclamado novelista, y director de cine, Paul Auster. Descubrí, por ejemplo, que en casi todas las obras del prolífico y versátil escritor norteamericano, cobra especial significado el azar o las también llamadas interrelaciones.

Como se sabe todos estamos sometidos a fuerzas poderosas, e inexplicables, que nos llevan de un acontecimiento a otro. La cesta de cerezas está siempre llena, y al tirar de una, aparece otra, y otra, y así siempre. El también llamado “efecto dominó”. Una vez encontré, apoyada en un árbol de la calle, una bolsa que me llamó la atención. La observé y en ella había dos marcos de cuadros, con cristal y todo, en perfecto estado. La cogí y la dejé sobre una pared frente a la mesa de trabajo en la oficina. Los marcos me reclamaban a gritos que pintara dos cuadros para darles sentido. Al día siguiente por azar hallé un fajo de invitaciones de boda impresas en papel pergamino de calidad extraordinaria.

En una semana había pintado diez acuarelas en el reverso de las invitaciones, y una de ellas fue cartel para un recital del Aula de Poesía del Círculo de Bellas Artes. Sin querer me convertí en pintor ocasional de acuarelas. A esto, y a mil experiencias parecidas, es a lo que yo llamo las “interrelaciones”. (Existen muchas clases de interrelaciones: por ejemplo las que existen entre la música y la informática.)

LA GRAN BELLEZA

Una de mis grandes pasiones es el cine. Hubo un tiempo en el que me convertí en cinéfilo o por lo menos en ferviente aficionado a ver en cuanto más cine mejor. Y lo que conlleva: lector habitual de la revista llamada entonces “Nuevo Fotogramas“, y de todo lo que cayera en mis manos sobre cine, y lógicamente el visionado de miles de películas. Sesión de programa doble, estrenos, arte y ensayo en versión original, y así. El cine era mi refugio en los tiempos de frías pensiones, que fue abundante, y descubrimientos de vida y muerte, y puedo decir, con total certeza, que el cine me dio la vida. Y la música, y la poesía, y… tantas cosas que han servido, y sirven, de “agarraderos” para resistir.

Tuve un amigo que sabía de cine mucho más que yo, lo cual no es difícil, y me abría los ojos. “Fíjate en la espalda de Kim Novack en “Vértigo” de Hichcock. No dejes de ver “El manantial de la doncella” de Bergman“. La banda sonora. Fíjate en la banda sonora”, me decía. Cuando mi amigo dejó de estar porque se quedó en León,  me las ingenié yo solo. En Madrid me encontré con el paraíso. Una media de seis pelis a la semana durante varios años. Y el rastro. Colecciones de carteles y afiches, de otras revistas, y aún guardo, como si fueran incunables, dos ejemplares de la revista “Nickel Odeon” editada por J. L. Garci y dirigida por Juan Cobos. En el número de Otoño de 1997 colaboraban, entre otros, José María Merino, Medardo Fraile, y Eugenio Trías. En el número de verano 1999 colaboran Miguel Marías, Juan Manuel de Prada, Cayetana Guillén Cuervo,  Antonio Giménez – Rico y algunos más. Como se ve, cine y literatura caminan juntos y yo era, soy aficionado a eso, y a más.

El caso es que hace tres años vi una película que resucitó la nunca olvidada pasión. Me refiero a la del director de cine italiano Paolo Sorrentino titulada “La gran belleza”,  (“La grande bellezza”) Italia, 2013. Desde el primer fotograma y en los siguientes de sus 145 minutos de duración, percibí que me encontraba ante un clásico de ahora, ante una película que recuerda a Fellini y su “La dolce vita”, “Ocho y medio” y guiños a Ferreri, Escola y Monicelli, por ejemplo.

Nada más empezar, en la pantalla aparece una cita del gran escritor francés Celine del libro “Viaje al fin de la noche”, que dice: “Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación. El resto no son sino decepciones y fatigas. Nuestro viaje es por entero imaginario. A eso debe su fuerza. Va de la vida a la muerte. Hombres, animales, ciudades y cosas, todo es imaginado. Es una novela, una simple historia ficticia”.

Paolo Sorrentino se basa en esta idea, que es una declaración de intenciones de la película, y casi de todas las suyas.

El director y guionista, junto a Umberto Contarello, inventa un artefacto cinematográfico que refleja una Roma poblada por intelectuales, aristócratas, políticos, artistas y nuevos ricos. El protagonista, Jep Gambardella, está entre ellos. Escritor de éxito por una sola novela: “El aparato Humano”, periodista y vividor, que celebra su jubilación a los 65 años, y se encuentra ante el desencanto y agotamiento de su estilo de vida tan frenético, y absurdo, entre fiesta y fiesta en su ático frente al Coliseo. La crisis del jubilado, y la reflexión sobre la utilidad – inutilidad de la vida. Sexo, drogas, apariencia, y así se pasa las noches, todas las noches. La única salvación es el recuerdo de su amor imposible de juventud.

El personaje principal, interpretado magistralmente por el actor Toni Servillo, es un observador como lo fue, en su momento, Marcello Mastroianni, describe la patética y deprimente decadencia de una ciudad que no ha cambiado en el medio siglo que separa “La dolce vita” y “La gran Belleza”. La verdadera protagonista es Roma y su belleza extrema, que se encarga de potenciar el preciosismo de la extraordinaria fotografía de Luca Bigazi que maneja la cámara como otra protagonista añadida. Las escenas se suceden unas a otras y cada cual por si misma es una obra de arte. Es tal la fascinación que se siente al ver esta película que se queda uno con el deseo de volver a verla incontables veces. “La gran belleza que busco nunca la encuentro“, dice el protagonista.

El Arte, la Iglesia, la burguesia, los intelectuales, son vistos como el reflejo de la gran mentira que es la vida, según Sorrentino. Este filme ha ganado innumerables premios, entre ellos el Oscar a la mejor película de habla extranjera en 2013. La banda sonora es otro más de los hallazgos, y Rafaela Carrá su más destacada figura. Por espacio no puedo seguir. Veánla si aún no lo han hecho o repitan.

Y Roma. Llegamos a Roma la ciudad de la que dice un dicho popular que no basta con una sola vida para descubrirla (“Roma, non basta una vita“). Roma con su magia envenena de belleza a todo aquel que la visita. Sobre Roma no puedo hablar porque Roma es Roma, ya saben.

LA FÁBRICA DE LA BELLEZA

No es cosa de que cuente mi viaje personal a Italia pero si puedo decir que llegamos a Florencia y allí, en el Museo Nacional del Barguello, se está exponiendo “La fábrica de la Belleza, la manufactura Ginori y su Pueblo de Estatuas”, la primera muestra en Italia de obras de porcelana producidas en Doccia. Esta exposición, y todo lo que se expone en el Museo, es de belleza tal que llegó un  momento en el que verdaderamente me sentí enfermo por la impotencia que supone no poder contemplar tanta hermosura como existe, y lo ínfimo que uno es. No, no quiero nombrarlo. Pero lo sufrí, y mucho. Porque a Florencia hay que vivirla para saberlo.

Y llegamos a la realidad de aquí, y resulta que Paul Auster ha sacado nueva novela y todo el mundo literario está revolucionado y dice que este año va a ser el año Auster. La nueva novela, 4 3 2 1,  editada por Seix Barral, 960 páginas, traducida por Benito Gómez Ibáñez. Una obra magistral sobre el poder del destino llamada a coronar la obra de Paul Auster, según la publicidad masiva de Seix Barral. (Así cualquiera). En la rueda de prensa que dio el escritor en Fundación Telefónica tuvo un recuerdo para el que dijo que había sido su amigo, el poeta americano John Ashbery, fallecido el día tres de este mes a la edad de 90 años.

Y lo uno lleva a lo otro, y leo algunos poemas de John Ashbery y descubro estos tres versos de su libro “Una ola” (1984) que dice así: “Atravesar un dolor y no saberlo,/ el portazo de un coche en la oscuridad./ Salir a un terreno invisible”. Y estos otros: “y nos preguntamos si también nosotros nos hemos ido,/ sepultados en nuestro amor,/ el amor que nos definió tan solo un rato,/ y cuando retrocede unos pocos pasos, para tener otra perspectiva, teme haberse encontrado con la eternidad entretanto”. Y así es como leí al poeta, totalmente desconocido para mi, estos días, y me di cuenta, una infinita vez más, lo pequeño, lo ínfimo que uno es.

Menos mal que me queda el consuelo de aferrarme a lo que los japoneses llaman “la belleza de la imperfección”.

Tengo tanto que hacer que no se por donde empezar.

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