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EL MAYORDOMO DE BORGES | FABIO BUSSOTTI

Por: Elisabetta Bagli


El 28 de septiembre en una bonita velada presenciamos a una gran presentación en Madrid en la Biblioteca Eugenio Trías de El Retiro, la de “El mayordomo de Borges” de Fabio Bussotti. Intervinieron la Mincione Edizioni, representada por Susanna Panitti, la Revista cultural Proverso, representada por su directora Inma J. Ferrero, la Asociación Italia Altrove, representada por Claudia Giommarini y a la Asociación Amici della Puglia, representada por su Presidente Domenico Maggi. Las fotos están tomadas en esta ocasión.

La novela de misterio es un género literario que hizo su aparición en la segunda mitad del siglo XIX, siendo la madre de muchos detectives que han llegado hasta nuestros días y de otros que se van creando actualmente para animar y dar vida a nuestras lecturas de enigmas e intriga.

En español para indicar una novela de misterio se utilizan las locuciones de novela policíaca (si se trata de una historia en la que interviene la policía) o novela negra (si la novela policíaca tiene un fondo realista socio-político, que también refleja el mundo del crimen organizado que se mueve en entornos sórdidos y violentos).

La serie de novelas policíacas de Fabio Bussotti que gira en torno a la figura del Comisario Bertone forma parte de la novela policíaca clásica, es decir aquella novela policíaca en la que el investigador mientras investiga adquiere una serie de elementos, que aparecen a menudo engañosos para los fines de la misma investigación, y que pero luego serán útiles para la resolución del enigma de la historia. Se diferencia de la novela policía clásica con respecto a los personajes y a los ambientes, porque sus personajes no forman parte de un pequeño círculo de personas y porque las investigaciones no tienen lugar en un único entorno, es más, me atrevo a decir que su entorno es el mundo. De hecho, Bertone, a pesar de ser un molisano que se ha trasladado a Roma hace más de veinte años, y a pesar de haber adquirido algunas peculiaridades y características del romano puro, es decir aquella actitud ajena a los desplazamientos y al movimiento, acaba dando la vuelta a medio mundo para proseguir una investigación, sin tener miedo de hacerlo, ya que actúa de forma casi inconsciente. El Comisario Bertone toma aviones y se catapulta a lugares nunca vistos y conocidos, atrapado sólo por la intuición y por los acontecimientos fortuitos que le llevan a estar en un lugar determinado en un momento determinado con el fin de desentrañar una madeja difícil de manejar. La madeja es la maraña que trata de dominar contra las adversidades desenvolviéndola casi sin darse cuenta, al igual que hacía Ciccio Ingravallo en “Quer pasticciaccio brutto de Via Merulana” de Carlo Emilio Gadda. De ahí el apelativo de Ingravallo, a menudo utilizado para referirse a él por el cuestor Mostocotto.

Aunque, en la lectura, todo parece dejado al azar, de hecho, la sucesión de estos eventos, que se produce casi por accidente se debe a la escritura hábil de Fabio Bussotti, así como a su gran cultura, derivada de sus estudios clásicos, de su inmensa experiencia artística como actor y también de la curiosidad inteligente y viva que lo lleva a investigar en primera persona, mediante el examen del contexto en el que vive, transportándonos a vivir los lugares de la novela como si estuviéramos con él, incrementando nuestro deseo de conocerlos mejor y haciéndonos partícipes de aventuras que nunca hubiéramos pensado vivir.

Cada uno de sus personajes, desde el Comisario Bertone al cuestor Alvarino Mostocotto, a sus fieles colaboradores incluyendo Pizzo, al gran fugitivo y criminal Evaristo Torriani, al anciano Vincenzo Binetti, a las mujeres que le rodean, que lo aman y no lo aman, su ex mujer Giuliana Camilli y la Profesora del Círculo de Bellas Artes de Madrid, Mafalda Moraes, está descrito con rasgos tan específicas que lo hacen único y fácilmente identificable. La caracterización de los personajes no es sólo física, sino sobre todo psicológica: nos encanta Bertone enamorado y la inseguridad disfrazada de Alvarino o el remordimiento de Giuliana por no ser ya la esposa del Comisario o la insatisfacción y un malestar interior, más que por el trabajo, de Moraes que la lleva a comer fuera de horas, intentando convencerse de que es una persona segura de sí misma y de su vida, o incluso nos gusta la calma del anciano Vincenzo Binetti que esconde una dualidad mucho más fuerte y poderosa, no sólo en su mente, sino también en su físico. Sus personajes tienen una caracterización cultural muy pronunciada (a menudo se hace referencia a los estudios realizados por el Comisario y por el cuestor y a los de su ex mujer y de Mafalda Moraes) y también de orden socioeconómico, ya que muchos son los elementos utilizados por Bussotti para reconstruir el ambiente socioeconómico en el que viven los personajes, evidenciando por ejemplo, no sólo qué tipo de trabajo desarrollan, sino también describiendo los hogares donde viven y sus hábitos. Además, no hay que dejar de señalar que los movimientos de algunos personajes, como los que hace el propio Comisario Bertone, nos dan el aliento irónico y cómico de la narración, mientras otros movimientos nos meten en los recovecos más oscuros de la historia, regalándonos momentos de gran tensión, siempre engastados de un toque de ironía.

Lectura de un fragmento del libro lleno de ironía

 

«Apoye las manos en la pared y mantenga las piernas abiertas. No haga tonterías soy un comisario de policía.»

Siempre con el rostro girado para el otro lado, el ladrón se inclinó hacia delante hasta apoyar las palmas de la mano contra la pared. Luego en una fracción de segundo se transformó, por arte de magia, en el Pelé de la película «Fuga per la Vittoria» de John Houston. Dobló las rodillas echando para fuera el culo. Con el primer salto voló hasta el otro lado del descansillo, junto a la cabina del ascensor y luego haciendo palanca sobre el pasamanos se catapultó hacia atrás: una voltereta formidable, una especie de salto mortal carpado. Cuando Bertone se repuso de la sorpresa, el acróbata estaba ya en el tercer piso. Tenía demasiada ventaja pero el comisario se lanzó igualmente a seguirlo.

«¡Detente! ¡Detente!

En el segundo piso resbaló y se dio un espaldarazo contra la puerta de la agencia de seguros. No se hizo demasiado daño. Se levantó y lanzó sin demasiado convencimiento otro: «¡Detente!» y luego, con la barriga bamboleante, llegó hasta el bajo. Encontró la puerta del portal abierta de par en par. Se asomó a la acera de via Santa Croce in Gerusalemme. Pero nada, el ladrón había desaparecido. Fuera en la calle a aquella hora el consabido tráfico de coches y motos. Sintió que hacía fresco. A la fuerza, pues estaba en calzoncillos y con la pistola en la mano.

———————–

A pocos pasos de ellos, rostros alucinados contemplaban a la extraña pareja. Por orden: el profesor Peppino y su mujer Alba, de regreso de su paseo por los jardines de viale Carlo Felice; la señora Graziela Niccolini con su hija Agnese de ocho años; Marco, joven director del supermercado Pam; y por último Michela, la empleada de la agencia de viajes Orizzonti, que no era capaz de cerrar la boca. Todos allí, sobre la acera, observaban incrédulos a su vecino en calzoncillos y pistola.

Lectura de un fragmento del libro con un toque de ironía

>Giuliana estaba de pie, al lado del Skoda, decidida a morir junto al amor de su vida. El drama inminente, dentro de la más pura tradición italiana, se teñía de melodrama. La abogada Giuliana Camilli, había decidido, ipso facto, que aquel era el último acto del Andrea Chénier. Y para ser más precisos, el final, cuando Maddalena y Andrea se abrazan y, completamente enloquecidos, gritan: ¡Viva la muerte juntos!

Bertone, rabioso, pero todavía inmerso en el mundo real, apuntaba con su pistola al del rugby. Quién sabe si también estaba armado el otro.

¿Quién habría disparado el primero?

El Comisario Bertone vive en Santa Croce in Gerusalemme, una zona del barrio romano del Esquilino y se encuentra a gusto en un ambiente que refleja el típico multiculturalismo romano de hoy. Los mismos delitos, relativamente menores, reflejan una parte de esa realidad que se ha ido creando en la actualidad en nuestra sociedad: hay pushers que “trabajan” en las áreas alrededor de las escuelas, maníacos sexuales que van por ahí mostrando sus atributos a los transeúntes… Pero los extranjeros que poblaron esta zona de Roma son también grandes y honestos trabajadores: nos encontramos con camareras moldovas y chinas que trabajan duro en un ambiente a veces hostil, con el fin de continuar su viaje de la vida. Y el Comisario Bertone los conoce bien.

Desde este punto de vista podemos decir que Bertone está muy cerca de la figura de Maigret, ya que representa la típica persona que vive en un lugar realmente existente, Roma, así como Maigret representa París – en esto se diferencia de Montalbano por ejemplo, ya que Vigata no (¿) es un lugar ficticio-; pero Bertone, sin saberlo, tiene una actitud marcadamente internacional, lo que le lleva a proyectarse en el extranjero, capaz de enfrentarse a los obstáculos y a las dudas con valor e inteligencia, humanidad y proximidad que lo hacen atractivo a los ojos del lector quien, atrapado por sus historias, no se distrae y continúa impertérrito en su lectura.

Pero, ¿cómo investiga nuestro personaje? Fabio Bussotti logró crear lo que Leonardo Sciascia llamò la “gracia iluminadora” del investigador. No tiene un método investigativo deductivo frío, racional e insensible a lo Sherlock Holmes. Para Flavio Bertone es crucial descubrir cuál fue el recorrido vital del delincuente y las razones por las cuales se han producido ciertos eventos. Podemos decir que el método de investigación de Bertone se asemeja al de Maigret: el denominado método-no-método, es decir, se deja guiar por un conjunto de ideas e impresiones que lo sumergen casi por completo, sin darse cuenta, en el entorno donde se han producido los hechos importantes y significativos para la investigación. De esta manera, obtiene información que le lleva a descubrir, también con una pizca de buena suerte, la personalidad de los protagonistas de la novela policíaca y algunos elementos que determinarán la resolución de la misma.

A pesar de ser el jefe de la Comisaría, Flavio Bertone prefiere actuar en primera persona y delegar en sus empleados sólo las tareas administrativas de la investigación. En estos casos, es importante la contribución del fiel Pizzo que informa minuciosamente de la investigación llevada a cabo por él, aunque sean sólo a través del ordenador o el teléfono.

Como he subrayado anteriormente, a Flavio Bertone no le gusta el lado burocrático de la investigación, y a pesar de no tener un físico atractivo y de ser un hombre que ya ha cumplido los 50 años, decide moverse siempre en primera línea: prefiere ir a la calle, conocer personas, entornos, entrar en las casas e investigar, conocer los hábitos y las costumbres de las personas involucradas, ingresar en su mundo hablando su mismo idioma, respetando su lado humano.

Fiel a su carácter un poco confuso y sui generis, descuidado y torpe, el Comisario Bertone no hace nada para disfrazarse y ocultarse durante una investigación; de hecho, parece querer ser percibido como una advertencia al criminal de turno. No hace falta decir que, incluso en estas situaciones, el talento léxico de Fabio Bussotti destaca, haciendo que este personaje nos parezca cada vez más simpático.

En el mundo en que se mueve Bertone no siempre es posible llevar a los culpables ante la justicia, y aunque en esta novela Bussotti respeta el canon del bien contra el mal, de la justicia contra la injusticia, se descubrirá una verdad sorprendente en la que, tal vez se permiten vislumbrar una serie de suposiciones que mantienen al lector siempre en alerta.

La indudable humanidad de Bertone se demuestra por la rabia dictada por la impotencia de no poder cambiar algunas situaciones (por ejemplo, la relación con Mafalda Moraes o incluso la resolución del enigma de la novela) y ya que no consigue aguantarlas psicológicamente se entrega a la comida y al alcohol para consolarse, como si fueran la panacea para curar todos sus males.

El poeta y escritor Umberto Saba dijo que las novelas de misterio le recordaban las inagotables aventuras de hidalgos y caballeros, con la única diferencia de que, en lugar del caballero, se había colocado al policía. Bertone no puede ciertamente ser definido como un caballero en el sentido antiguo de la palabra, considerando sus andanzas inciertas por la vida, llena de inseguridades y miedos, pero tiene el sentido de la justicia dictada por una conciencia sana y recta que le lleva a actuar de forma totalmente alejada a su naturaleza y que le hace parecer casi heroico a los ojos de los otros personajes y del propio lector (por ejemplo, cuando intenta salvar a Giuliana).

La verosimilitud es una característica que aproxima los personajes al lector, que se siente involucrado en la investigación y casi siente la necesidad de ingresar en ella para contribuir activamente a la identificación de las motivaciones que llevan a los personajes a actuar de cierta manera.

Como se ha podido ver, en esta reseña no he hecho hincapié en el resumen de la trama de “El mayordomo de Borges”, porque al ser una novela policíaca pienso que es mejor leerla directamente y que los lectores saquen sus propias conclusiones, pero he resaltado los puntos principales de la caracterización de los personajes y de la fluida escritura y perfección técnica, incluso en las pausas adecuadas a este género literario, que adopta Fabio Bussotti para contarnos esta historia que es tan vasta en el tema que reducirla en un resumen-reseña sería realmente un “crimen” (ninguna palabra era más apropiada en este contexto). Todo esto porque creo que el libro de Bussotti tiene mucho que ofrecer al lector, así como todos los libros de la serie del comisario Bertone, porque Fabio tiene la peculiaridad de partir de un elemento artístico, en este caso un manuscrito, quizás perteneciente a Borges, con el fin de desentrañar una narrativa que va de la historia a la literatura, a la poesía, involucrando otras artes, como la música, haciendo un juego casi de espejos en el que visiones y realidad están fusionadas en un solo flujo dinámico que llevará al Comisario Bertone y a nosotros, los lectores, al ajuste de cuentas final.

De hecho, también la música comparece en esta aventura y la banda sonora de esta novela policíaca es Afterglow del grupo Génesis, que también es también el título de un poema de Borges. Precisamente en estas situaciones se revela el alma poética de Fabio Bussotti que nos hace escuchar la voz de Phil Collins y la de Borges que tocan, sugieren, proponen y seducen al lector y al Comisario Bertone al mismo tiempo, en una intrincada, sugestiva y contundente trama:

Afterglow es una palabra intraducible que define el límite último, el confín impalpable entre el día y la noche. El brillo desesperado y final.</p>

Se terminó. Al final, se terminó

Y Fabio – Borges añaden poesía sobre la poesía al enigma del libro:

... no todos los anocheceres son iguales. Algunos son silenciosos como linternas mágicas, otros cuentan historias, otros incluso son como canciones.

Al igual que las otras novelas de la serie, “El mayordomo de Borges” es una novela única, una novela policíaca que vale la pena leer con mucho cuidado, aunque, por experiencia personal, os digo que una relectura (yo tuve el privilegio de leerlo en italiano y en español, traducido por la talentosa Nuria Fernández) sin duda le dará la perspectiva exacta de lo que ha hecho Fabio Bussotti junto con su compañero de aventuras, Flavio Bertone. Es un libro que hay que guardar en nuestra librería, junto con los demás de la serie.

Después de mi breve disertación sobre la novela policíaca de Fabio Bussotti, tendría una pregunta que hacerle a nuestro autor: las iniciales del nombre del Comisario curiosamente coinciden con las del autor, ¿podría resolver este enigma, querido Bussotti?

1- ¿Cuál es el misterio detrás del resultado positivo de esta serie de novelas protagonizadas por el Comisario Bertone?

2- El escritor policíaco italiano Camilleri se reunió en julio de 2013 con John Simenon, hijo del escritor belga Georges Simenon, autor de la saga de Maigret y le dijo que se inspiró en el Comisario inventado por su padre y aprendió a escribir novelas de misterio como ayuda en la producción de RAI de la serie TV con Gino Cervi. ¿Cuál es el modelo de inspector de Fabio Bussotti, si tiene uno?

3- Además, en esta conversación, Camilleri dijo: “No sé inventarme cosas desde cero, tengo que partir de la realidad, de las noticias reales”. ¿Es lo mismo para Fabio Bussotti?

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IL CAMERIERE DI BORGES | FABIO BUSSOTTI

Da: Elisabetta Bagli


Il 28 settembre scorso in un bel pomeriggio siamo stati alla presentazione del romanzo “El mayordomo de Borges” (Il cameriere di Borges) di Fabio Bussotti, presso la Biblioteca Eugenio Trías de El Retiro. Sono intervenuti La Mincione Editore, rappresentata da Susanna Panitti, la Rivista Culturale Proverso, rappresentata dalla sua direttrice Inma J. Ferrero, l’Associazione Italia Altrove, rappresentata da Claudia Giommarini e l’Associazione Amici della Puglia, rappresentata dal suo Presidente Domenico Maggi. Le foto sono state fatte in questa occasione.

Il giallo è un genere letterario che ha fatto la sua comparsa nella seconda metà dell’ottocento e ha dato i natali a molteplici detectives che sono giunti fino ai nostri giorni, mentre altri se ne sono creati e se ne creano per animare e movimentare le nostre giornate di lettura con misteri ed enigmi.

In spagnolo per indicare un romanzo giallo si usano le locuzioni novela policíaca (se si tratta di una storia che ha le connotazioni poliziesche, con interventi delle forze dell’ordine) o novela negra (qualora nella novela policíaca- romanzo poliziesco- si abbia uno sfondo realista e socio-politico, riflettendo anche il mondo della criminalità organizzata che si muove in ambienti sordidi e violenti).

La serie di Romanzi gialli di Fabio Bussotti che ruota intorno alla figura del Commissario Bertone fa parte del cosiddetto giallo classico (novela policíaca), ovvero quel giallo nel quale un investigatore mentre indaga acquisisce una serie di elementi, che spesso appaiono fuorvianti ai fini dell’investigazione, ma che poi saranno utili per la risoluzione dell’enigma della storia. Differisce dal giallo classico per quanto concerne personaggi e ambienti, perché i suoi personaggi non fanno parte di una ristretta cerchia di persone e perché le indagini non si svolgono in un solo ambiente, ma oserei dire che il loro ambiente è il mondo. Infatti, Bertone, pur essendo un molisano che si è trasferito a Roma da più di vent’anni, e pur avendo acquisito alcune peculiarità e caratteristiche del romano puro, ovvero quell’indole non avvezza agli spostamenti e al movimento, si trova a girare mezzo mondo per seguire un’indagine e non ha paura di farlo, perché lo fa quasi incoscientemente. Il Commissario Bertone prende aerei e si catapulta in luoghi mai visti e conosciuti, mosso solo dall’intuito e da eventi fortuiti che lo portano a essere in un determinato luogo e in un determinato momento al fine di dipanare la districata matassa che si trova a maneggiare. La matassa, il groviglio che tenta di dominare contro le avversità sciogliendolo quasi senza avvedersene, proprio come faceva Ciccio Ingravallo in “Quer pasticciaccio brutto de Via Merulana” di Carlo Emilio Gadda. Di qui l’appellativo di Ingravallo, spesso usato dal questore Mostocotto.

Anche se, nella lettura, tutto ciò sembra affidato al caso, nella realtà, il susseguirsi di questi eventi, verificatisi quasi incidentalmente è dovuto alla sapiente scrittura di Fabio Bussotti, nonché alla sua grande cultura, originata dagli studi classici, dalla sua immensa esperienza artistica di attore e anche da quella curiosità intelligente e viva che lo trascina a investigare in prima persona, esaminando il contesto in cui vive, trasportandoci a vivere i luoghi del romanzo come se stessimo insieme a lui, accrescendo il nostro desiderio di conoscerli meglio e rendendoci partecipi di avventure che mai avremmo pensato di sperimentare.

Ognuno dei suoi personaggi, dal Commissario Bertone al questore Alvarino Mostocotto e ai suoi collaboratori fedeli tra cui Pizzo, al criminale super ricercato Evaristo Torriani e all’anziano Vincenzo Binetti, alle donne che lo circondano, lo amano, ma non lo amano, la sua ex Giuliana Camilli e la Prof.ssa delle Belle Arti di Madrid Mafalda Moraes, è descritto con delle caratteristiche talmente peculiari che lo rendono unico e facilmente individuabile. La caratterizzazione dei personaggi non è solo fisica, ma è soprattutto, psicologica: ci piace molto Bertone innamorato e l’insicurezza mascherata di Alvarino o il rimorso di Giuliana per non essere più la moglie del commissario o l’insoddisfazione intima più che lavorativa della Moraes che la porta a mangiare a sproposito, fingendosi sicura di se stessa e della sua vita, o anche alla pacatezza dell’anziano Vincenzo Binetti che nasconde una dualità ben più forte e potente non solo nella sua mente, ma anche nel suo fisico. I suoi personaggi hanno una caratterizzazione culturale molto spiccata (spesso fa riferimento agli studi fatti dal Commissario e dal Questore e a quelli della sua ex e di Mafalda Moraes) e anche di ordine socio-economica, giacché molteplici sono gli elementi usati da Bussotti per ricostruire l’ambiente socio-economico in cui vivono i personaggi, parlando non solo del loro lavoro, ma anche delle loro case e delle loro abitudini casalinghe, per esempio. Inoltre, non dobbiamo dimenticarci di sottolineare che i movimenti di alcuni personaggi, per esempio proprio quelli del Commissario Bertone, ci danno il giusto respiro ironico e comico della narrazione, mentre altri movimenti ci inoltrano negli anfratti più bui della storia, donandoci momenti di grande tensione, ma sempre con una punta di ironia.

Lettura di un brano pieno di ironia

«Apoye las manos en la pared y mantenga las piernas abiertas. No haga tonterías soy un comisario de policía.»

Siempre con el rostro girado para el otro lado, el ladrón se inclinó hacia delante hasta apoyar las palmas de la mano contra la pared. Luego en una fracción de segundo se transformó, por arte de magia, en el Pelé de la película «Fuga per la Vittoria» de John Houston. Dobló las rodillas echando para fuera el culo. Con el primer salto voló hasta el otro lado del descansillo, junto a la cabina del ascensor y luego haciendo palanca sobre el pasamanos se catapultó hacia atrás: una voltereta formidable, una especie de salto mortal carpado. Cuando Bertone se repuso de la sorpresa, el acróbata estaba ya en el tercer piso. Tenía demasiada ventaja pero el comisario se lanzó igualmente a seguirlo.
«¡Detente! ¡Detente!

En el segundo piso resbaló y se dio un espaldarazo contra la puerta de la agencia de seguros. No se hizo demasiado daño. Se levantó y lanzó sin demasiado convencimiento otro: «¡Detente!» y luego, con la barriga bamboleante, llegó hasta el bajo. Encontró la puerta del portal abierta de par en par. Se asomó a la acera de via Santa Croce in Gerusalemme. Pero nada, el ladrón había desaparecido. Fuera en la calle a aquella hora el consabido tráfico de coches y motos. Sintió que hacía fresco. A la fuerza, pues estaba en calzoncillos y con la pistola en la mano.

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A pocos pasos de ellos, rostros alucinados contemplaban a la extraña pareja. Por orden: el profesor Peppino y su mujer Alba, de regreso de su paseo por los jardines de viale Carlo Felice; la señora Graziela Niccolini con su hija Agnese de ocho años; Marco, joven director del supermercado Pam; y por último Michela, la empleada de la agencia de viajes Orizzonti, que no era capaz de cerrar la boca. Todos allí, sobre la acera, observaban incrédulos a su vecino en calzoncillos y pistola.

Lettura di brano di tensione con punta di ironia

Giuliana estaba de pie, al lado del Skoda, decidida a morir junto al amor de su vida. El drama inminente, dentro de la más pura tradición italiana, se teñía de melodrama. La abogada Giuliana Camilli, había decidido, ipso facto, que aquel era el último acto del Andrea Chénier. Y para ser más precisos, el final, cuando Maddalena y Andrea se abrazan y, completamente enloquecidos, gritan: ¡Viva la muerte juntos!

Bertone, rabioso, pero todavía inmerso en el mundo real, apuntaba con su pistola al del rugby. Quién sabe si también estaba armado el otro.

¿Quién habría disparado el primero?

Il Commissario Bertone vive a Santa Croce in Gerusalemme, una zona del quartiere Esquilino di Roma e si trova a suo agio in un ambiente che riflette la tipica multiculturalità romana dei nostri giorni. Gli stessi crimini, relativamente minori, riflettono una parte di quella realtà che si è venuta delineando attualmente nella nostra società: ci sono i pusher che “lavorano” nelle zone intorno alle scuole, i maniaci sessuali che vanno in giro mostrano le loro impudicizie ai passanti… Ma gli stranieri di cui è popolata questa zona di Roma sono anche, e soprattutto, dei grandi e onesti lavoratori: e allora troviamo cameriere moldave e cinesi che lavorano duramente in un ambiente a volte ostile, per poter proseguire il loro viaggio vitale. E il Commissario Bertone li conosce bene.

Da questo punto di vista possiamo dire che il Commissario Bertone è molto vicino alla figura di Maigret, in quanto, anche egli rappresenta la tipica persona che vive in un luogo realmente esistente, Roma, così come specularmente Maigret rappresenta Parigi – in questo si differisce da Montalbano per esempio, visto che Vigata è un luogo fittizio -; ma Bertone, a sua insaputa, ha un’indole internazionale, che lo porta a proiettarsi verso l’estero, capace di affrontare ostacoli e perplessità con coraggio e intelligenza, con un’umanità e una prossimità che lo rendono affascinante agli occhi del lettore, che attratto dalle sue vicende, non si distrae e continua imperterrito nella sua lettura.

Ma come indaga il nostro personaggio? Fabio Bussotti è riuscito a creare quella che Leonardo Sciascia definì la “grazia illuminante” dell’investigatore. Non ha un metodo investigativo deduttivo freddo, razionale e insensibile alla Sherlock Holmes, per Flavio Bertone è fondamentale scoprire quale è stato il percorso fatto dal colpevole e le motivazioni per le quali si sono verificati determinati fatti. Possiamo dire che il metodo investigativo di Bertone assomiglia molto a quello di Maigret: è il cosiddetto metodo non metodo, ovvero si lascia guidare da una serie di intuizioni e impressioni immergendosi nella quasi totalità, e senza rendersene conto, nell’ambiente in cui si sono verificati i fatti importanti e significativi per l’indagine. In questo modo, acquisisce delle informazioni che lo conducono a scoprire, anche sorretto dalla buona stella, le personalità dei protagonisti del giallo e alcuni elementi che saranno determinanti per la risoluzione dello stesso.

Nonostante Flavio Bertone sia il capo del Commissariato preferisce agire in prima persona e delegare ai suoi collaboratori solo le incombenze amministrative delle indagini. In questi casi, fondamentale è l’apporto del fedele Pizzo che lo informa minuziosamente sulle ricerche da lui effettuate anche solo attraverso il computer o il telefono.

Come ho già sottolineato, a Flavio Bertone non piace l’aspetto burocratico delle indagini, e nonostante non abbia un físico prestante e sia un uomo che ha già virato i 50 anni, decide di muoversi sempre in prima linea: preferisce scendere per le strade, conoscere persone, ambienti, entrare nelle case e investigare, conoscere le abitudini e i costumi delle persone coinvolte, entrare nel loro mondo parlando il loro stesso linguaggio, rispettandone il loro lato umano.

Fedele al suo personaggio un po’ confusionario e sui generis, trasandato e goffo, il Commissario Bertone non fa nulla per mascherarsi e nascondersi durante un’investigazione; anzi sembra proprio voglia farsi notare come monito di avvertimento per il criminale di turno. Inutile dire che anche in queste situazioni le chicche lessicali di Fabio Bussotti la fanno da padrone, rendendoci questo personaggio sempre più simpatico.

Nel mondo in cui si muove Bertone non sempre si riesce ad assicurare il colpevole alla giustizia e anche se in questo romanzo Bussotti rispetta il canone del Bene contro il Male, della Giustizia contro l’Ingiustizia, si scorpirà una verità sorprendente, nella quale si lasciano intravedere alte verità e una serie di supposizioni che mantengono il lettore sempre in allerta.

L’indiscutibile umanità di Bertone viene dimostrata dalla rabbia dettata dall’impotenza di non poter cambiare alcune situazioni (ad esempio la relazione con Mafalda Moraes o anche nel caso della risoluzione dell’enigma del giallo) e non potendole sopportare psicologicamente si getta a capofitto nel cibo e nell’alcool per ricevere conforto, quasi fossero la panacea per curare tutti i suoi mali.

Il poeta e scrittore Umberto Saba diceva che i romanzi gialli gli ricordavano le inesauribili avventure cavalieresche, con l’unica differenza che, al posto del cavaliere, era stato messo il poliziotto. Bertone non può di certo definirsi un cavaliere nel vero senzo della parola, considerando il suo andare incerto per la vita, ricco di insicurezze e di timori, ma ha quel senso della giustizia dettato da una coscienza integra e diretta che lo portano a operare in modi totalmente lontani dalla sua indole e che lo rendono quasi eroico agli occhi degli altri personaggi e dello stesso lettore (per esempio, quando cerca di salvare Giuliana).

La verosimiglianza è una caratteristica che rende empatici i personaggi con il lettore che si sente coinvolto nell’indagine e quasi sente il bisogno di entrarvi per contribuire, in modo attivo, all’individuazione delle motivazioni che li portano ad agire in un determinato modo.

Come si è potuto notare, in questo mio scritto non ho fatto perno sul riassunto della trama de “Il cameriere de Borges – El mayordomo de Borges”, perché essendo un giallo credo sia meglio venga letto direttamente e che i lettori traggano le loro conclusioni, bensì ho evidenziato i punti salienti della caratterizzazione dei personaggi e della scrittura scorrevole e tecnicamente perfetta, anche nelle pause giuste del giallo, che adotta Fabio Bussotti per farci conoscere questa storia che è talmente vasta nell’argomento trattato che ridurla in un riassunto-recensione sarebbe davvero un “crimine” (mai parola fu più adatta in questo frangente). Tutto ciò perché credo che questo di Bussotti sia un libro che debba essere letto, così come tutti i libri della serie del Commissario Bertone, perché Fabio ha la particolarità di partire da un elemento di filone artistico, in questo caso un manoscritto, forse di Borges, per poter dipanare una narrazione che passa dalla storia fino alla letteratura, alla poesia, coinvolgendo le altre arti sorelle, una fra tutte la musica, facendo sì che in un gioco quasi di specchi si abbiano visioni e realtà fuse in un’unico flusso dinamico che porterà il Commissario Bertone e noi lettori alla resa dei conti.

Infatti, anche la musica viene coinvolta in questa avventura e la colonna sonora di questo romanzo giallo è Afterglow dei Genesis che è anche il titolo di una poesia di Borges. Proprio in questi frangenti si rivela l’animo poetico di Fabio Bussotti che ci fa ascoltare la voce di Phil Collins e quella di Borges che suonano, suggeriscono, proprongono e seducono il lettore e il Commissario Bertone nel contempo, in una trama intricata quanto mai suggestiva e avvincente:</P

Afterglow es una palabra intraducible que define el límite último, el confín impalpable entre el día y la noche. El brillo desesperado y final.

Se terminó. Al final, se terminó

E Fabio – Borges aggiunge poesia su poesia all’enigma del libro:

… no todos los anocheceres son iguales. Algunos son silenciosos como linternas mágicas, otros cuentan historias, otros incluso son como canciones.

Come gli altri romanzi della serie, “Il cameriere de Borges – El mayordomo de Borges” è un romanzo unico, un romanzo giallo che vale la pena di leggere con estrema attenzione, anche se, per esperienza personale, vi dico che una rilettura (ho avuto il privilegio di leggerlo sia in italiano, sia in spagnolo, tradotto dalla bravissima Nuria Ferández) vi darà senz’altro la dimensione esatta di quanto è stato fatto da Fabio Bussotti insieme al suo simpatico compagno d’avventura, Flavio Bertone. È un libro da tenere senz’altro nelle nostre librerie, insieme agli altri della serie.

Dopo questa mia breve dissertazione sul giallo di Fabio Bussotti, avrei una domanda da porre al nostro autore: le iniziali del nome del Commissario curiosamente coincidono con quelle dell’autore, ci potrebbe risolvere questo enigma, caro Bussotti

1- Qual è il mistero che si nasconde dietro l’esito positivo di questa serie di romanzi che vede protagonista il Commissario Bertone?

2- Il giallista italiano Camilleri incontrò a luglio del 2013 John Simenon, il figlio dello scrittore belga Georges Simenon, autore della saga di Maigret e gli disse di essersi ispirato al commissario inventato dal padre ed aver appreso a scrivere gialli come aiuto nella produzione RAI dello scenaggiato con Gino Cervi attore. Qual è il modello di ispettore di Fabio Bussotti, se ne ha uno?

3- Camilleri, inoltre, in questa conversazione disse “non so inventrami cose ex novo, ho bisogno di partire dalla realtà, dalla cronaca vera”. Anche per Fabio Bussotti vale lo stesso?

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ARS AMANDI entra en las Escuelas Oficiales de Idiomas

Por: Elisabetta Bagli


El 1 de marzo pasado la Revista Proverso, en las personas de los artistas Elisabetta Bagli, Inma j. Ferrero, Fabio Bussotti, Barbara Teti y Rosa Gallego del Peso, fue invitada a la Escuela Oficial de idiomas de Alcalá de Henares para interpretar el espectáculo “ARS AMANDI” durante las clases de italiano.

Pese a la lluvia impresionante de aquella tarde, dentro del aula donde se actuaba había un sol radiante y todos los colores del arcoíris ya que los artistas interpretaron el sentimiento del amor con el que se juega, se vive… las emociones que el mismo provoca, fuertes y delicadas al mismo tiempo, el entusiasmo que se encuentra en los ojos que vibran al mismo tiempo en las personas que se quieren y que desean vivir momentos irrepetibles, la ironía y el placer que se mezclan… Todo eso y mucho más han cantado como noveles juglares Inma J. Ferrero y Elisabetta Bagli con sus poemas originales extraídos de sus obras literarias y Fabio Bussotti declamando los versos de Dante del V canto del Infierno, los de Ragazzoni y Bukowski, más irónicos, pragmáticos y melancólicos, pero no menos representativos de este sentimiento universal, sacro y al mismo tiempo irreverente que es el amor, todo acompañado por la música de la guitarrista Barbara Teti y las bellas e impactantes imágenes de la artista plástica y fotógrafa Rosa Gallego del Peso.

“Ars Amandi” es un proyecto que reúne a varios artistas de distinta procedencia artística que interactúan entre ellos creando algo original en el panorama de las artes escénicas, haciendo que las sinergias positivas que se generan entre ellos se puedan tocar con los sentidos. Todo esto y mucho más disfrutaron los estudiantes de la EOI de Alcalá de Henares asistiendo a este recital poético-musical.

La patria de Cervantes ha acogido muy bien a estos artistas, que entusiasmaron a los estudiantes, quienes aplaudieron y pidieron un bis que el actor Fabio Bussotti regaló declamando la poesía “Ballata” de Ernesto Ragazzoni, con un final dedicado a nuestro cantante internacionalmente reconocido Domenico Modugno.

El amor lo canta también Cervantes como bien sabemos y os dejo con unos versos del gran autor español dedicados al amor, extraídos de la Galatea «No son los celos señales de mucho amor, sino de mucha curiosidad impertinente; y si son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta; y así, el enamorado celoso tiene amor, mas es amor enfermo y mal acondicionado».

El próximo mes Proverso volverá a estar con vosotros para compartir muchas más noticias desde el mundo de las artes y espectáculos.

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